🎴Prólogo 🎴
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Niñez
3 años
—¡Eres una inútil! ¡Por eso tu madre nos abandonó a todos! ¡Todo esto es tu culpa, Rubí! —el aliento de mi padre olía a alcohol y cigarrillo.
Mis lágrimas no dejaban de escapar de mis ojos mientras mi padre me golpeaba con la correa sin piedad. Cada golpe era más fuerte, mi visión se nubló por las lágrimas y las risas de fondo me hundían el corazón.
Mis hermanos mayores riéndose de mí mientras mi padre me golpeaba sin piedad... Sin duda, sufriendo mientras me aferraba a Lex, mi peluche de conejito.
—¡Deberías haber muerto en el parto y tu madre seguiría aquí! —el último golpe fue demasiado fuerte antes de que mi padre me agarrara del cabello, arrastrándome hasta mi habitación para dejarme encerrada ahí. Temblando mientras apretaba a Lex contra mi pecho, llorando desconsoladamente.
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Adolescente
17 años
Tenía una cerveza en mi mano; las luces de neón iluminaban el rostro de todos los que estaban ahí. La discoteca estaba repleta de personas bailando, besándose con descaro y más. Yo estaba tomando cerveza, observando a un chico guapo que también me miraba con una sonrisa ladeada.
—Ni se te ocurra, perra —una voz chillona me hizo desviar la mirada. Lily. Era la chica popular de la escuela y estaba enamorada del mismo chico al que yo estaba mirando.
—¿Qué? —pregunté, mirándola mientras tomaba un trago largo de cerveza.
—No te acerques a Niragi. Él es mío y tú... bueno, solo eres una perra —Lily y sus amigas se burlaron de mí, pero yo solo sonreí, guardándolo todo dentro de mí.
—Al menos no soy tan puta como tú, que se deja manosear por cualquier hombre —solté antes de irme. A pesar de que tuviera un carácter fuerte, los comentarios me afectaban, pero solo los guardaba dentro de mí.
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Adultez
25 años
—Rubí, recuerda que mañana tienes una sesión de fotos. Hoy tienes que ir a una entrevista y probar ropa nueva —dijo mi asistente, anotando todo en su libreta.
Ser una modelo famosa y profesional era agotador, pero lo amaba. No importaba el cansancio o el estrés, amaba ser modelo.
—Claro, me iré a arreglar —respondí antes de irme a mi camerino. Llegué y tuve una pequeña visita.
—¿Me extrañaste, princesa? —un hombre de cabello rosa y cicatrices en las comisuras de sus labios sonrió de forma burlona, apoyado en la mesa mirándome con intensidad.
—No, nunca lo haré —mentí descaradamente.








