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La Familia Caster.

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Sinopsis

1882 - 1883 Para algunos son criminales. Para otros, justicieros. Los Caster han pasado años robando a quienes creen que merecen ser castigados. Pero cuando sus enemigos comienzan a crecer en número, la familia tendrá que enfrentarse a algo peor que la ley: el miedo, las dudas, la verdad.

Estado:
hace 2 meses
Capítulos:
3
Rating
3.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
16+

Forajido del Oeste.

Misuri — 5 de abril de 1882

La noche era cerrada, una inmensa masa negra que devoraba los contornos de la tierra. Una niebla espectral se aferraba a los prados, convirtiéndolos en un océano de sombras.

A lo lejos, dos jinetes emergieron de las tinieblas.

Jack y Marko.

Sus caballos avanzaban con paso firme, aunque el cansancio comenzaba a pesarles en las patas.

El silencio entre ambos resultaba casi insoportable.

Y los dos lo sabían.

—Qué maldito fastidio... —gruñó Marko, irritado—. ¡Somos pistoleros, no exploradores!

—Mmm... no es un buen momento, Marko —respondió Jack sin apartar los ojos del mapa.

—Nunca lo es para el responsable, Jack.

Jack suspiró. Estudió el mapa una última vez antes de doblarlo y guardarlo en la alforja.

—Falta poco para llegar a la hacienda —dijo, con el cansancio arrastrándose en su voz.

—¿La abandonada? —Marko esbozó una media sonrisa—. Espero que sea grande.

Ambos continuaron atravesando las oscuras llanuras de Misuri.

Horas después, la silueta de la hacienda apareció finalmente en el horizonte.

A medida que se acercaban, un olor penetrante a madera podrida y humedad les inundó las narices.

—Ahg... vaya lugar —murmuró Marko, cubriéndose la nariz con el antebrazo.

Desmontaron.

Marko se estiró y Jack imitó el gesto.

—Mi espalda me va a matar —gruñó el primero.

—Ah, ya somos dos —admitió Jack.

Sin más preámbulos, los hermanos se adentraron en la mansión.

El piso crujió bajo sus botas.

Las sombras parecían danzar sobre los muros y, desde alguna habitación cercana, objetos caían al suelo sin que nadie pareciera haberlos tocado.

Ambos desenfundaron.

Avanzaron lentamente por el pasillo hasta llegar al salón principal.

Marko dio un paso.

Crack.

—¡Ahhh...!

El suelo cedió bajo sus pies.

Marko quedó hundido hasta las piernas, atrapado entre las tablas podridas.

—¡Maldición! ¡Qué susto! —admitió, entre la ira y la vergüenza.

Jack esbozó una leve sonrisa, extendió una mano y lo ayudó a salir.

—Gracias por nada —bufó Marko.

—Mmm.

Unas ratas cruzaron el salón entre chillidos agudos.

Pero, entre aquellos sonidos, había algo más.

Algo que no encajaba.

Una respiración.

Lenta.

Contenida.

Marko dejó de sonreír.

—¿Notaste lo mismo? —susurró.

—Shh...

Los dedos de Jack se tensaron alrededor del gatillo.

Entonces, en la penumbra, una sombra se movió.

Rápido.

Demasiado rápido.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Tres disparos desgarraron el silencio.

Jack y Marko se lanzaron detrás de unos escombros mientras las balas astillaban la madera a su alrededor.

—¡Mierda!

Un par de sombras intentaron rodearlos.

Marko asomó el revólver.

¡Bang!

Uno de los atacantes cayó con un grito corto y ahogado.

Jack esperó.

Observó.

Calculó el momento.

¡Bang!

Otro cuerpo cayó de espaldas, atravesando el suelo podrido.

Los atacantes restantes respondieron con una ráfaga furiosa.

¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang!

Las balas silbaron alrededor de los hermanos.

Jack y Marko permanecieron agachados detrás de la madera, con el corazón golpeándoles el pecho.

Los tambores de sus revólveres quedaron vacíos.

Silencio.

Por un instante.

Al otro lado de la habitación, los atacantes comenzaron a recargar a ciegas, guiándose únicamente por la memoria.

Marko miró a Jack.

Jack asintió.

Ambos se levantaron al mismo tiempo.

¡Bang! ¡Bang!

Dos cuerpos más cayeron con golpes secos.

El último atacante soltó un grito agudo, casi infantil. Arrojó el arma y echó a correr.

Marko lo siguió con la mirada.

Luego levantó el revólver.

¡Bang!

El hombre cayó de bruces.

Jack salió de detrás de los escombros.

—Eso no era necesario —dijo, observando el cuerpo—. Ya se había rendido.

—Era una sabandija. Nadie lo extrañará —respondió Marko con una sonrisa arrogante mientras el humo escapaba lentamente del cañón.

Jack miró a su hermano y suspiró.

—No voy a discutir contigo. Arreglemos este lugar para la banda.

Comenzó a retirar los escombros.

Marko suspiró y empezó a sacar los cadáveres.

Unos minutos después...

—Ya saqué los cuerpos —murmuró Marko.

—Gracias.

—Eh... ayúdame con esas tablas.

—Seguro.

Marko levantó unas tablas podridas.

Entonces, un chillido agudo rompió el silencio.

Se agachó.

Entre la madera había una pequeña criatura.

Un tejón de tres patas.

Marko lo observó durante unos segundos.

—¿Estás perdido, pequeño? —susurró.

Su voz había cambiado.

Había algo diferente en ella.

Algo que Jack no escuchaba desde hacía mucho tiempo.

Marko sacó unos arándanos de su bolsa y los dejó en el suelo.

El tejón dudó.

Olfateó.

Finalmente se acercó y comenzó a comer.

Marko sonrió.

Esta vez, de verdad.

—¿Un tejón americano?

La voz de Jack hizo que Marko diera un pequeño salto.

—¡Por Dios! ¿Cómo...? —exclamó, llevándose una mano al pecho.

Jack sonrió.

—Para ser un forajido, eres muy fácil de asustar.

—No es cierto... idiota.

—Bueno, debemos continuar.

—Supongo.

Marko se levantó.

Pero sintió un pequeño peso sobre su pierna.

Bajó la mirada.

El tejón estaba trepando por su pantalón.

—¿Qué...?

Lo tomó con cuidado y lo metió dentro de su bolso.

Jack lo observó en silencio.

—No digas nada.

—No iba a hacerlo.

—Bien.

---

Unas horas después...

Jack esperaba en la entrada de la mansión la llegada de la banda.

Marko se sentó junto a él.

—¿Licor?

—¿Bourbon?

—¿Te gusta?

—Claro...

Ambos bebieron en silencio.

Sobre ellos, el cielo estaba cubierto de estrellas. La luna iluminaba la vieja mansión, dándole un aspecto casi mágico.

Por un momento, ninguno de los dos parecía un forajido.

Solo eran hermanos.

—¿Por qué no hacemos esto más seguido? —preguntó Marko con cierta nostalgia.

Jack giró lentamente la cabeza.

—¿Qué cosa?

—Esto...

Marko levantó la botella.

—Ser hermanos.

Jack no supo qué responder.

Soltó un suspiro profundo.

—Eres un imbécil. Matas sin razón.

Marko frunció el ceño.

—¿Hablas del hombre que intentó escapar? Era un forajido.

—No es eso.

—Entonces, ¿qué?

Jack permaneció en silencio durante unos segundos.

—Bien. Hace tres meses, en Montana, una chica murió por un disparo tuyo. ¿Lo recuerdas?

Marko bajó lentamente la mirada.

Jack negó con la cabeza.

—Lo supuse. Solo recuerdas lo que te conviene.

Dejó caer la botella y se levantó.

Se apoyó contra el marco de la entrada.

—Esa vez... fue... fue un accidente. Lo juro —dijo Marko, acariciando al tejón dentro del bolso.

Jack no respondió.

Simplemente apartó la mirada.

A lo lejos, entre la niebla, comenzaron a aparecer las siluetas de una carreta y catorce jinetes.

La banda.

Víctor, el líder, desmontó y se acercó a los hermanos.

Miró la mansión.

—Lindo lugar escondido. Servirá.

Luego miró a Jack y Marko.

—Ustedes dos descansen un poco.

Se giró hacia los demás y alzó la voz.

—¡Bien, holgazanes! ¡A trabajar y a organizar todo!

La banda comenzó a descargar sus pertenencias.

---

A la mañana siguiente

Los primeros rayos del sol iluminaron el rostro de Jack.

Despertó lentamente.

Entonces escuchó unas botas acercándose por el pasillo de madera.

—¿Cansado? —preguntó Molly mientras fumaba—. Pues lo estarás más.

Jack se giró y se sentó sobre el viejo colchón.

Los resortes rechinaron bajo su peso.

—¿Qué hay para hoy?

—Víctor quiere que veas a Victoria en el bar del pueblo.

Jack se puso de pie y buscó su ropa.

Se colocó el pantalón, todavía manchado con el barro de la noche anterior; la camisa morada, arrugada como si una vaca la hubiera masticado; el chaleco vaquero negro y polvoriento; y las botas viejas y gastadas.

Por último, tomó el sombrero.

Lo observó durante unos segundos antes de colocárselo.

—¿De tu padre? —preguntó Molly.

—No.

Jack hizo una pausa.

—De mi madre.

Molly guardó silencio.

—Entiendo. Lo lamento.

—No te preocupes —respondió Jack con voz seca—. Era una basura.

Se colocó el sombrero y suspiró profundamente antes de salir.

Al llegar junto a su caballo, le dio unas palmaditas en el cuello.

Luego montó.

—Cuídate, Jack —dijo Molly desde la entrada.

Jack respondió con un gesto, sin mirar atrás.

El caballo avanzó tranquilamente por las llanuras.

Mientras cabalgaba, Jack admiró el paisaje con una leve sonrisa.

Por un instante, casi olvidó su misión.

---

Casi una hora después, llegó al pueblo.

Jack alzó la mirada.

Entró lentamente por la calle principal.

A medida que avanzaba, los lugareños dejaban lo que estaban haciendo para observarlo.

Susurros.

Miradas frías.

Desconfianza.

—¿Estás muy lejos de casa, no? —le escupió un anciano desde una puerta.

Jack lo ignoró y continuó su camino.

Pasó frente a la comisaría.

El sheriff lo observó.

Jack le devolvió la mirada.

Poco a poco, la gente dejó de trabajar.

El único sonido era el viento levantando polvo en medio de la calle.

—Tú... no eres de por aquí —dijo el sheriff.

Silencio.

—No, señor.

El sheriff asintió.

—Compórtate y no conocerás a mi amigo.

Apartó ligeramente la tela de su abrigo, dejando ver el revólver que llevaba al cinturón.

Jack mantuvo la mirada firme.

—Linda Colt.

El sheriff soltó una pequeña risa.

—Gracias.

Su sonrisa desapareció.

—Y más te vale cumplir.

Se sentó frente a la comisaría sin apartar los ojos del forajido.

Poco a poco, la gente volvió a sus quehaceres.

---

Más adelante, Jack desmontó y entró al bar.

La música se detuvo.

Todos voltearon a verlo.

—Los forajidos no son bienvenidos —gruñó un hombre desde la barra.

—No soy eso, señor.

Jack hizo una pausa.

—Soy un alma libre.

—¿No es lo mismo?

Jack ignoró el comentario y subió las escaleras.

En el piso superior encontró dos caras conocidas.

Victoria y Thor.

Se acercó a la barra.

—Un whisky.

—Me preguntaba cuándo llegarías —dijo Victoria, golpeándole amistosamente la espalda.

El cantinero sirvió el vaso.

—Siempre es un placer verte, Victoria —respondió Jack con una leve sonrisa.

—Víctor quiere que hagamos un trabajo.

Hizo una pausa para beber.

—¿Puedes dejar de beber y simplemente decirme cuál?

Victoria soltó una carcajada.

—Jajajaja. De acuerdo.

Terminó su botella de un trago.

—Avalo encontró unos compradores y debemos escoltarlos.

—De acuerdo. ¿Cuándo iremos?

—Son las...

Victoria miró el reloj.

—Las nueve de la mañana. Debemos estar allí a las doce.

—Bien. Vamos avanzando.

Jack terminó su whisky de un sorbo y se levantó junto a Victoria.

Antes de salir, se detuvo.

—¿Y qué hay de Thor?

Victoria miró al gigante.

—¿Él? Solo vino a beber.

Suspiró.

—Irlándeses...

Ambos comenzaron a bajar las escaleras.

Entonces Marko entró al bar y chocó con un hombre.

La música se detuvo en seco.

—¿Qué diablos?

Marko empujó al hombre.

—¿Tienes algún problema?

El hombre devolvió el empujón.

Marko no esperó.

Lanzó el primer golpe directo a su mandíbula.

¡Pum!

El hombre cayó al suelo.

Cinco hombres se levantaron de sus mesas.

—Chico rudo, ¿eh? —dijo el más grande, apretando los puños.

Marko sonrió.

—Aquí los espero.

Los hombres lo rodearon.

Marko lanzó un golpe.

El grandote lo esquivó con una facilidad insultante.

—Muy lento, niño.

El castigo llegó de inmediato.

Cuatro golpes.

Dos al estómago.

Uno a la mandíbula.

Otro a las costillas.

Marko escupió saliva ensangrentada y retrocedió tambaleándose.

—¡Oye, amigo! ¿Qué tal un whisky para llevar? —gritó Victoria.

Una botella voló por el bar.

¡Crack!

El vidrio se estrelló contra la cabeza de uno de los agresores.

El hombre cayó de rodillas, aturdido.

—Ya verás, niña.

El segundo hombre corrió hacia Victoria.

Ella levantó ambos brazos para protegerse, pero el sujeto era más grande.

La embistió contra la pared.

Golpe tras golpe.

Jack quiso intervenir.

Pero alguien lo agarró por detrás, inmovilizándole los brazos.

—No es buena idea hacer eso —gruñó Jack.

Tensó los músculos y lanzó un codazo hacia atrás.

¡Pum!

El atacante recibió el golpe en las costillas y soltó un gemido.

Jack volvió a golpearlo.

Esta vez en la mandíbula.

El hombre cayó inconsciente sobre la madera.

Mientras tanto, Marko continuaba recibiendo golpes.

Labio partido.

Ojo hinchado.

Respiración pesada.

—¿Cansado, niño? —se burló el grandote.

Risas.

Golpes.

Sangre.

De repente, una silla se estrelló contra la espalda de dos hombres.

¡Crack!

Ambos cayeron.

El grandote apartó la mirada durante un instante.

Marko aprovechó.

Un golpe rápido directo a la sien.

El hombre cayó inconsciente antes de comprender qué había ocurrido.

Marko, agotado y jadeando, levantó la mirada.

Vio a Jack.

Gruñó con disgusto.

Como un perro que odiaba recibir ayuda.

Al otro lado del salón, Victoria intentaba liberarse del hombre que la tenía acorralada.

Entonces Thor bajó las escaleras.

Caminó hacia ellos con una tranquilidad casi insultante.

Miró a Victoria.

Miró al agresor.

Luego miró una silla.

La tomó.

¡Crack!

La silla se estrelló contra el cráneo del hombre.

El sujeto cayó al suelo como un saco de papas.

Victoria aprovechó para tomar una botella rota y lanzársela al hombre inconsciente.

Solo por capricho.

—Uff... gracias, grandote —dijo, recuperando el aliento.

—Mmm —gruñó Thor, completamente aburrido.

Pero la pelea todavía no había terminado.

Dos hombres más corrieron hacia él.

Uno lanzó un golpe directo.

Thor apenas lo esquivó.

Los nudillos rozaron su mejilla.

El contraataque llegó de inmediato.

Un gancho brutal.

El hombre cayó inconsciente.

El segundo intentó golpearlo por la espalda.

Victoria se interpuso.

Lanzó un uppercut que hizo retroceder al hombre.

Thor terminó el trabajo con un gancho directo a la mandíbula.

El hombre cayó.

Su cabeza golpeó el suelo.

¡Pum!

—Eso fue muy brutal, Thor —dijo Victoria, mirando al sujeto—. Sería un milagro que vuelva a comer sólidos.

—Esa era la idea.

Thor sonrió ligeramente.

Los forajidos miraron alrededor.

Cuerpos por todas partes.

Sangre fresca sobre la madera.

Sangre seca.

Sillas rotas.

Vidrios esparcidos.

Los pocos pueblerinos que quedaban observaban con una mezcla de rabia y terror.

Todos excepto uno.

Un hombre permanecía de pie.

Sonreía.

—¿Tipos rudos, no?

Marko se limpió la sangre del labio.

—Yo me encargo del poste.

Corrió hacia él.

En el camino tomó una botella de una mesa y la rompió contra el torso del hombre.

El vidrio se hizo añicos.

La cerveza empapó su camisa.

El hombre ni siquiera se inmutó.

Solo sonrió.

Y lanzó un gancho.

¡CRACK!

El golpe impactó en la mejilla de Marko.

No fue un golpe normal.

Fue como recibir la patada de un caballo.

Marko cayó al suelo, completamente noqueado.

El hombre se sacudió los pequeños fragmentos de vidrio de la camisa.

—Decepcionante.

Desde la barra, Thor sonrió.

Agarró una botella llena y la sopesó en la mano.

—Interesante.

Bebió.

Victoria arrastró a Marko lejos de la pelea, agarrándolo por el cuello de la camisa.

—Idiota —susurró.

Más por costumbre que por enojo.

Entonces Jack avanzó.

El hombre lo miró.

—Espero que dures más.

Jack observó a su oponente.

Era más alto.

Más ancho.

Tenía manos enormes y una expresión confiada.

—Después de esto extrañarás tu rostro —dijo Jack.

Lanzó el primer golpe.

El hombre lo esquivó por poco.

El puño de Jack rozó su mejilla.

Entonces el hombre embistió.

Fue como recibir el impacto de un tren.

Jack salió despedido y se estrelló contra la pared.

La madera crujió.

Perdió el aire.

Antes de recuperarse, el hombre lo agarró de la camisa y lo pateó hacia la salida.

Jack cayó por los escalones.

Rodó hasta la calle.

Terminó de espaldas en el barro.

El agua fría y sucia se filtró por su cuello y sus mangas.

Un escalofrío recorrió su cuerpo.

El hombre salió detrás de él.

Sus botas salpicaban barro a cada paso.

—¿Eso es todo, niño?

Abrió los brazos.

Como si la pelea ya hubiera terminado.

Jack se levantó tambaleándose.

Las piernas le temblaban.

Las costillas le ardían.

Respiró hondo.

Escupió sangre.

Miró al hombre.

Luego miró a la multitud que comenzaba a reunirse.

—Bien.

Se limpió la boca con el dorso de la mano.

—Esto ya es personal.

Jack avanzó.

Golpeó al hombre.

El sujeto tambaleó, pero consiguió levantar los brazos.

Jack no se detuvo.

Gancho al hígado.

Codazo a las costillas.

Otro golpe.

Y otro.

El hombre comenzó a retroceder.

La respiración de Jack era irregular.

Entonces el hombre respondió.

Crack.

Su puño impactó contra el rostro de Jack.

El dolor llegó un instante después.

Jack escupió.

Algo blanco cayó al barro.

Un diente.

La multitud comenzó a crecer.

Primero fueron unos pocos.

Luego una docena.

Formaron un círculo alrededor de los dos hombres.

Desde el bar, Thor gritó:

—¡Vamos, Jack! ¡Destrípalo!

—¡Gabriel! ¡Dale a esa sabandija! —gritó alguien.

Jack y Gabriel volvieron a mirarse.

No había tregua.

Solo sangre.

Puño contra rostro.

—¡Ah! —Jack sintió cómo se le partía el labio.

—¡Ahgg! —Gabriel escupió sangre.

Gabriel bloqueó un golpe.

Atrapó el puño de Jack en el aire.

Y respondió con un golpe directo al rostro.

Jack cayó de espaldas.

El barro frío volvió a abrazarle el cuello.

Todo comenzó a girar.

La calle se volvió borrosa.

Gabriel lo agarró de la camisa y lo levantó como si fuera un trapo sucio.

Entonces comenzó a golpearlo.

Una vez.

Otra.

Otra.

Pum.

Crack.

Pum.

Cada golpe resonaba en el cráneo de Jack.

La sangre salpicaba el barro.

Algunos espectadores retrocedieron.

Otros se acercaron.

—¡Sí! ¡Mucho mejor que los golpes de mi esposo! —gritó una mujer entre la multitud.

—¡No, idiota! —la voz de Marko atravesó el ruido.

Pero Jack apenas podía responder.

Sus brazos caían cada vez que intentaba levantarlos.

Su rostro era una máscara de sangre.

—¿Cansado, niñita? —se burló Gabriel.

La burla fue suficiente.

Jack levantó lentamente la mirada.

No respondió.

Se impulsó hacia adelante con lo último que le quedaba.

Crack.

Su frente chocó contra el rostro de Gabriel.

La nariz del hombre se rompió.

La sangre brotó de inmediato.

Gabriel soltó la camisa.

Se llevó las manos al rostro, cegado por el dolor.

Jack se levantó.

Derribó a Gabriel de un empujón.

Ahora era él quien estaba encima.

Agarró al hombre por el cuello de la camisa.

Y comenzó a golpearlo.

Pero aquello ya no eran puñetazos.

Eran codazos.

Cortos.

Brutales.

Uno.

La sonrisa perfecta de Gabriel desapareció.

Dos.

Sangre.

Tres.

Un corte se abrió en su frente.

El rostro del hombre comenzó a deformarse bajo los golpes.

El hombre atractivo de unos minutos atrás había desaparecido.

Ahora solo quedaba un rostro ensangrentado y machacado.

Los pueblerinos que antes gritaban comenzaron a guardar silencio.

Ya nadie celebraba.

Nadie aplaudía.

Salvo Thor.

Solo se escuchaban los golpes.

Jack continuaba.

Su respiración era agitada.

Golpeaba como un animal.

Victoria dio un paso hacia él.

—¡Jack! ¡Ya está! ¡Está más allá que acá! ¡Detente!

Jack levantó el brazo.

Estaba a punto de golpearlo una última vez.

¡BANG!

Un disparo heló la calle.

Jack se quedó inmóvil.

El sheriff estaba de pie frente a la comisaría.

El humo todavía escapaba de su revólver.

—Ya te divertiste suficiente.

La multitud se abrió para dejarlo pasar.

El sheriff miró a Jack.

Luego miró a Gabriel.

—Tú.

Le apuntó con el revólver.

—Lárgate de mi pueblo.

Jack soltó la camisa.

El cuerpo de Gabriel cayó al barro con un sonido húmedo.

Jack se levantó tambaleándose.

Parecía un borracho.

Sus manos temblaban.

Miró a Gabriel.

Ya no sabía si el hombre respiraba.

Respiró profundamente.

Incluso el aire le sabía a hierro.

Retrocedió lentamente.

Subió a su caballo.

Los demás forajidos hicieron lo mismo.

Nadie habló.

Solo se escucharon las herraduras golpeando el barro.

Y el bostezo de Thor.

La banda se alejó.

---

Las primeras palabras llegaron cuando el pueblo desapareció en el horizonte.

—Diablos, Jack... —dijo Victoria con voz ronca—. Eso fue...

Guardó silencio.

Miró el rostro ensangrentado de Jack.

Esperó una respuesta.

Jack no dijo nada.

Solo continuó cabalgando.

¡Cuéntale a il tasso americano lo que piensas sobre este capítulo!
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author

esta bien, tienes la idea de como quieres tus personajes.

pero dale más personalidad, que no sean de personalidad o personajes planos. de

El miró hacia los campos

su estómago rigio

miró a la mujer

le dijo tengo hambre, dame algo de comer

dales sensores. es decir más sentimiento que le duele, lo que siente, su estado de ánimo lo que ve etc

así:

Él apartó la vista del horizonte, donde el sol poniente convertía las espigas de trigo en un mar de cobre ondulante. El aire olía a tierra seca y a la promesa de un guiso espeso. Clavó los ojos en la mujer, que revolvía la olla con paciencia milenaria, el calor del fuego tiñéndole las mejillas de rojo.

​—Tengo hambre —dijo, y su voz sonó áspera, como el roce de dos piedras—. Dame algo de comer.

"Escribir es un terreno difícil de navegar"... te deseo suerte 💪 sigue así!!! ^-^-// chau!

2 meses

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