𝑷𝒓𝒐́𝒍𝒐𝒈𝒐
—Efusividad Endocrina omega— dijo el hombre vestido de blanco frente al escritorio repleto de archivos médicos. El ambiente en esa pequeña habitación se volvió tenso irremediablemente, incluso sí ella no terminaba de comprender.
—¿Qué?— Makino murmuró llenándose de inquietud por la seriedad en el rostro contrario. Por instinto, arrullo más cerca de su pecho al pequeño niño que dormía plácidamente en sus brazos protectores.
—Se trata de un Caos Osmótico Primario— explicó diligentemente aquel beta —Una condición hormonal de nacimiento que se caracteriza por una expulsión descontrolada de feromonas.
—¿Feromonas?; pero Luffy tiene tres años… No expulsa feromonas.
—Aun no, hasta que pase por su primer celo en la edad adolescente. Escuche señora Makino, esta enfermedad es extraña y son pocos los casos registrados; sin embargo Luffy ha mostrado los síntomas iniciales, conocidos por ciertos medios como “los infantiles “, por la edad en que se presentan y también por el riesgo que plantean.
—¿Riesgos?— Makino se inclina, su expresión cada vez mas angustiada.
—No debería asustarse. Los primeros síntomas varían entre cambios de humor repentino, poco desarrollo en su motricidad, debilidad o largas jornadas de sueño. Su sistema también será frágil ante otras enfermedades. Será mejor que evite cambios bruscos de temperatura o ambientes que puedan estresarlo.
“Sin embargo, a partir de su primer ciclo de calor todo se volverá más peligroso para él. Inconscientemente expulsara cantidades exuberantes de feromonas tentativas para alfas e incómodas para otros omegas. Él puede sentirse acalorado por las noches o aturdido por su propio aroma; todo dependerá de su desarrollo”.
—¿Cómo se puede tratar?— preguntó la mujer omega quedándose con la frase “tentativas para alfas” en su cabeza. Tenía un mal presentimiento.
—Desgraciadamente no hay cura por medio de medicamentos. Lo mas factible será que después de su primer celo, Luffy tome un inhibidor de feromonas diariamente.
Makino hace una mueca. No, absolutamente no puede dejar que su cachorro dependa de esas drogas que solo atribuyen problemas futuros, pero tampoco podría dejarlo a merced de cualquier alfa aprovechado.
El medico parece leer sus pensamientos, pues antes de que ella pueda formular una frase coherente, él empieza a hablar. —Existe una marca de inhibidor con escasos efectos secundarios. SMILE… Son más costosas que las comunes, pero son una buena opción para el bienestar de su cachorro.
A pesar de que seguía insegura, tomó la pequeña hoja en la que el médico anotó el nombre del inhibidor. Por mucho que le doliera que su pequeño tuviera que recurrir a consumirlos diariamente, no iría en contra de las recomendaciones del hombre de bata blanca.
Era el experto, después de todo.
—Por cierto, señora Makino, la condición hormonal de Luffy es realmente extraña, sin embargo en un par de casos investigados, se descubrió algo que ayuda a controlar la expulsión involuntaria de feromonas…
—¿Algo?— preguntó con una pequeña esperanza floreciendo en su pecho.
—Si, aunque no es algo que los médicos hayan comprobado directamente, en realidad la información viene de los propios pacientes al tener ciertas experiencias— Makino enarca una ceja esperando que el beta deje de dar tantas vueltas y vaya al punto. Lo consigue, pero lo que el hombre dice a continuación la deja helada. —Un alfa…
—…
—P-pero no cualquier alfa… Debe ser un Dominante. La energía y aroma que ellos expulsan son fuertes y demandantes; prácticamente obligan a las feromonas omegas a estabilizarse.
—…
—Claro, esto es algo que debería hablar con él cuando tenga la edad suficiente…
Makino no escuchó mucho más, se limitó a asentir y murmurar incoherencias hasta que terminó la consulta.
. . .
—¿Puedes creerlo Livia?— estaba exaltada, abrumada, quizá ofendida —Los profesionales aseguran que la cura a una enfermedad, a la que obviamente no le han dado importancia, es relacionarse con un Dominante.
—Sí dudas de tu médico, puedes ir al consultorio de mi ex marido, aunque no creo que te vaya a dar otros datos.
—No dudo de las palabras del doctor Crocus, pero desearía que este mundo se preocupara más por los omegas.
—Hemos mejorado como sociedad Makino. Claro que aún hay un largo camino por recorrer, pero todo cambio requiere de tiempo.
Era un alivio tener una amiga como Livia, siempre atenta, serena y sofisticada. La conoció durante la adolescencia y no la soltó. Su amistad era lo mas preciado que tenía, a parte de su cachorro, claro está.
Makino sonríe antes de llevar la taza de té a sus labios. Estaban en la sala de su casa, puesto que la llamó en cuanto salió del consultorio del doctor Crocus y ella apareció dos horas después en su puerta.
—Entonces…— empieza Livia tomándola por sorpresa —¿Qué es lo que quieres hacer?
—¿Mhn?
—Podría proponer algo… Sí no te molesta…
Se muestra repentinamente nerviosa, algo poco común en su amiga.
—Por supuesto, ¿De qué se trata?
—De mi hijo… Law. Estoy segura de que es un Dominante; yo soy alfa, pero toda la familia de su padre son Dominantes. Estoy segura de que tiene el gen, aunque aún no lo ha manifestado. Me haré cargo de su crianza, será digno y protector; un alfa ideal para Luffy…
Por un momento Makino se siente fuera de sí.
—Lo siento… Fui muy atrevida— Livia inclina la cabeza con respeto y eso la hace reaccionar.
—De hecho, no parece una mala idea… Bueno confío en que Law se volverá un gran alfa bajo tu crianza, pero no me veo capaz de obligar a Luffy a salir con alguien. Por eso será mejor que se conozcan, se vuelvan cercanos y sí desarrollan sentimientos entonces estará bien, pero de lo contrario… Los dejaremos en paz.
—Eso me parece bien— responde Livia sonriendo con dulzura.
Solo quedaba esperar… Esperar a que Law despertará el gen Dominante y esperar a que Luffy manifestará los síntomas preocupantes de su condición.
No podían decidir sobre la vida de sus hijos, pero darían pequeños empujones para juntarlos. Ambas sabían que no conseguirían mejores familias políticas.
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