Te conocí una noche cualquiera abril
Te conocí una noche cualquiera de abril, hace ya tres años... y nunca imaginé que alguien pudiera hacerme sentir tanto como tú.
Lo que empezó siendo algo irreal, con el tiempo se volvió intenso... y también desgarrador.
Porque tenerte era eso: perfectamente imperfecto.
Yo apenas comenzando mi vida, aprendiendo a ser, a entenderme, a crecer...
Y tú, con la mitad de tu historia ya escrita, intentando comprenderme sin perderte en el intento.
Éramos dos personas que nunca debieron coincidir... pero lo suficiente como para cambiarnos para siempre.
Yo aprendí contigo lo que realmente significa amar: lo que se siente una relación sana, real, mutua. Aprendí lo que quiero... y también lo que no estoy dispuesta a perder.
Y tú... aprendiste que el amor no entiende de edades, que a veces llega en la forma más inesperada y aún así es capaz de sanar lo que nadie más pudo.
Fui esa persona que llegó a llenar tus días, a curar tus heridas... y a admirarte en cada una de tus versiones.
Y tú fuiste quien me enseñó que todo es posible, que la vida no espera... y que los sueños se construyen, no se imaginan.
Al final, entendimos algo que nunca dijimos en voz alta:
No importa el tiempo, la distancia o lo que pase después...
Siempre nos perteneceremos.
Porque una parte de mí vive en ti...
pero todo tú, te quedaste en mí.








