1.
Los personajes pertenecen a Mo Xiang Tong Xiu.
ADVERTENCIA: Lenguaje y contenido +18, además con temática de dominación y sumisión. Si eres sensible a estos temas, te recomiendo no leer. Además, la personalidad de los personajes debieron ser adaptadas para el contexto de dominación y sumisión, así que son totalmente ooc.
1.
Habían millones de rumores en toda China sobre la mansión Yiling Laozu. Unos decían que era el prostíbulo más grande, caro y fino de todo el mundo. Otros aseguraban que se trataba de la organización mafiosa clandestina más peligrosa en la faz de la Tierra que se escondía bajo la fachada de un club nocturno VIP. En los casos más extremos, como la comunidad extremadamente religiosa de Gusu encabezada por la familia Lan, profesaban que aquella enorme casona no era más que la casa del diablo, con miles de demonios y horrores escondidos en cada uno de sus rincones y, por supuesto, su líder no podría ser otro que la mano derecha del mismísimo creador del infierno... o eso era lo que decía Lan QiRen, el padre y patriarca de los religiosos Lan.
Por supuesto, todos estos rumores no eran más que patrañas infundadas por la ignorancia de las personas, pues nadie dentro del país conocía a ciencia cierta la verdad oculta tras aquella mansión, menos aún la que se escondía detrás de su descarado dueño; Wei WuXian.
Por supuesto, su sola presencia y la de los que habitaban aquella enorme mansión habían llamado bastante la atención de todos los vecinos en la gran avenida Lotus Pier, pero nunca nadie se había atrevido a averiguar por su cuenta lo que esos muros escondían. Y es que las personas que entraban y salían de aquel lugar eran bastante peculiares, como si el hecho de que aquella enorme casona tuviera cámaras de seguridad, numerosos guardias día y noche, además de sensores de movimiento en cada metro, no fuera ya lo suficiente intimidante.
Al dueño del lugar se le veía una vez cada tanto, siempre tan bien vestido con sus elegantes y carísimos trajes, acompañado de unos enormes hombres a sus espaldas y con una sonrisa traviesa en los labios. Era algo peculiar como el porte y la elegancia de su cuerpo contrastaban magníficamente con su rostro juguetón y peligrosamente atrayente. Y si bien muchas mujeres solteras a lo largo de Lotus Pier habían deseado tener la oportunidad de conocerlo, no había sido posible. El hombre iba y venía a su antojo, desapareciendo cada tantos meses y apareciendo siempre cuando menos se le esperaba.
Por ello, cuando el nuevo brillante y bastante inesperado negocio de la avenida Lotus Pier se mudó justo frente a Yiling Laozu, portando nada más y nada menos que el apellido Lan, el suceso se convirtió en el centro de atención durante días.
¿Cómo un lugar llevado por una familia religiosa iba a coexistir con otro que se rumoreaba podía ser un prostíbulo o el hogar mismo de una agrupación mafiosa?
Wei WuXian, a quién no se le veía asomarse desde hace algunos meses y que jamás había compartido una sola palabra con alguna persona a lo largo de la avenida, esperó a los nuevos vecinos ese día fuera de la enorme casona, acompañado como siempre de sus gigantes gorilas y su sonrisa ladina. Más allá de cualquier tipo de reacción que cualquiera hubiera esperado de su parte, parecía bastante divertido con la situación. Tal parecía que la naturaleza religiosa de los Lan había llegado a sus oídos, así que aparentemente estaba ya medio imaginando el tipo de encuentro que tendría con sus nuevos vecinos...
Y no se equivocó.
Se dice que ese día de la mudanza, Lan QiRen, un padre que se había caracterizado toda su vida por su infinita paciencia, su frialdad a la hora de solucionar asuntos y su enorme capacidad de mantener a raya sus emociones en nombre de su dios, gritó y se enfureció tanto que no hubiera sido algo sorprendente el ver humo saliendo por sus orejas. Mientras que, por otro lado, el misterioso Wei WuXian no dejó de reír y verse plenamente satisfecho.
—Piénselo, padre Lan —había dicho Wei WuXian entonces, a lo que sea que había propuesto a un enfurecido Lan QiRen que lo fulminaba con la mirada—. Yo sé lo que hago, tengo buen ojo para estas cosas.
El padre Lan no había respondido, viéndose por primera vez en su vida seriamente tentado en arrojar la biblia que siempre llevaba en su mano al rostro petulante que sonreía frente a él en esos momentos. El deseo de hacerlo era más que evidente en sus ojos claros.
—Ah, y por cierto...—Wei WuXian había inclinado la cabeza hacia un lado, pensativo—. ¿De dónde exactamente proviene su familia? Porque una vez conocí a unos Lan verdaderamente...
—Dudo mucho que mi prestigiada familia haya tenido algo que ver con tu infame persona alguna vez en la vida, Wei WuXian. —Los ojos del padre habían ardido en llamas furiosas—. Tú y yo jamás tendremos algo que ver en esta vida, lo juro y pongo a mi dios de testigo. El día en que estemos relacionados, que me parta un rayo y mi alma sucumba al descanso eterno.
Lejos de verse ofendido por aquellas palabras, Wei WuXian se había reído a carcajada limpia por un buen momento antes de volver la mirada hacia el hombre mayor. Había una chispa de diversión oscura brillando en sus pupilas grises, como si disfrutara de un chiste privado.
—Cuidado con sus palabras, Padre Lan. Verá, he aprendido a lo largo de mi vida que uno no debe hacer promesas tan a la ligera. Pero no se preocupe, yo tampoco quiero tener relación alguna con usted. Mis Lan, los que yo conocí, eran mucho más divertidos y agradables que ustedes. Que su Dios me salve de verme relacionado con personas como usted el resto de mi vida. Pídaselo en sus oraciones en mi nombre, ¿sí? Gracias.
Y así, había comenzado una larga guerra entre Wei WuXian y los Lan, una que, para desgracia o fortuna de ellos, tomó un rumbo completamente diferente no mucho tiempo después a manos de nada más que el sobrino de Lan QiRen y su mayor orgullo....
Ese día, Wei WuXian se encontraba encerrado bajo la protección de las cuatro paredes de su oficina, un lugar que dentro de Yiling Laozu era altamente respetado al punto en que nadie entraba sin autorización suya... lo que, por supuesto, debía haberle entregado una especie de protección ante cualquier amenaza... menos ante ella.
La puerta se abrió con un estrépito, a pesar de que había sido cerrada con llave previamente, y Wei WuXian, que había estado dormitando sobre su escritorio, dio un gran salto en su silla y casi cayó de espaldas, tomado totalmente con la guardia baja.
Al alzar la mirada, con los ojos bien abiertos, se encontró con unos furiosos ojos azules que le fulminaban y unos carnosos labios carmesí que se contraían para enseñarle los dientes en amenaza pura.
—Wei WuXian...
La mano de la poderosa mujer se alzó y Wei WuXian se agachó en un acto reflejo, esquivando sólo por unos pocos centímetros lo que fuera que ella le había arrojado a la cabeza. Sin embargo, no esperaba que ella también estuviera preparada para su respuesta, y de pronto su hombro derecho recibió un impacto que envió un pequeño dolor punzante a lo largo de su brazo.
Gimiendo teatralmente, Wei WuXian sacó el paño blanco que adornaba su saco y lo sacudió frente a su rostro mientras se dejaba caer al suelo con mucho dramatismo.
—Wen Qing, oh mi poderosa Wen Qing, me rindo. Por favor, cesa el fuego. Este mortal ha sucumbido ante tu maravilloso poder. Por favor apiádate de su pobre alma y dale un respiro.
Wen Qing resopló entre dientes, pareciendo pensarlo seriamente, pero entonces sus ojos azules se oscurecieron al ver la forma en que el costoso traje de Wei WuXian entraba en contacto con el suelo... Para colmo, ese descarado hombre rodó sobre sí mismo un par de veces, alejándose rápidamente de su mirada mortal y sus pies rápidos que se habían acercado hacia él con intención asesina.
—¡Eh, eh! ¡Quieta! ¡Quieta, mujer! Te recuerdo que no estamos en buenas posiciones justo ahora, y aunque no vería nada que no haya visto antes, deberíamos mantener la relación estrictamente familiar-profesional tú y yo. No quiero que me rompan las piernas, muchas gracias.
La expresión furiosa de ella vaciló cuando lo vio taparse con exagerada expresión de agravio los ojos y sus pasos cesaron, quedándose muy quieta en su lugar al comprender a qué se refería exactamente.
Wen Qing vestía el uniforme femenino que correspondía dentro de la mansión, con su linda minifalda negra y su top carmesí de hombros descubiertos pero mangas largas, eso sin contar los asesinos par de tacones que adornaban sus pies, un lindo y llamativo conjunto de ropa que ella misma había escogido cuando habían inaugurado el negocio y que, efectivamente, tenía los efectos que ella esperaba con los clientes. Sin embargo, en ese preciso instante, los ponía en una situación bastante incómoda, estando Wei WuXian en el piso y con la ventaja de poder observar más allá de cualquier cosa.
Haciendo una mueca de disgusto por haberse visto vencida, Wen Qing retrocedió hasta una distancia prudente y Wei WuXian se rió, complacido con su triunfo.
—Ponte de pie, maldita sea —siseó ella, apretando los dientes.
Wei WuXian le envió una enorme sonrisa, acomodándose sobre el suelo de tal forma en que estuviera recostado de lado y con su cabeza apoyada en su mano.
—¿Para qué? ¿Para que puedas atacarme a tu antojo? Yo creo que no...
—Wei WuXian... —masculló ella, ya cansada de todo ese tonto juego. Para demostrar su enfado, dio un pisotón y lo fulminó con la mirada—. ¡La dejaste plantada, Wei WuXian!
—Nope —negó él despreocupadamente, sacudiéndose las pelusas del saco—. Fue ella la que asistió a un encuentro al que jamás accedí a ir. Se lo dije. Todo terminó ese día.
—Es la quinta, Wei WuXian. ¡La quinta! —le recordó Wen Qing, y alzó una mano para apuntarlo peligrosamente con el dedo índice—. Será esta la última vez que te presento o te busco una sumisa. Me cansé de tus mierdas. De un tiempo para acá, ninguna es de tu agrado o no cumple con tus malditos requisitos. Eres un quisquilloso.
Él frunció los labios, sintiendo cierta molestia ante el hecho de que no podía negar las acusaciones de su amiga,
—¿Qué quieres que haga, A-Qing? Lo intento, de verdad lo hago, pero siempre hay algo que no me convence del todo. Y si no es mutuo, ¿qué sentido tiene todo esto? No me gusta engañar a las personas.
—Tal vez no estás buscando en los lugares correctos —masculló Wen Qing, suspirando. Gran parte de su molestia parecía haberse desvanecido ante la imagen de un verdaderamente complicado Wei WuXian.
Jamás he buscando en el lugar correcto, porque el correcto lo dejé ir hace mucho...
Wei WuXian sacudió bruscamente la cabeza para alejar esos pensamientos.
—¿Quieres que consiga un sumiso esta vez? —le propuso Wen Qing, malinterpretando su silencio—. Hace muchísimo tiempo que no intentas con uno...
Algo dentro de Wei WuXian tiró, causando una ligera molestia en su pecho.
—No —respondió rápidamente, adoptando una expresión mucho más solemne—. Nada de hombres. Lo sabes, Wen Qing.
Ella no respondió, pero la mirada en sus ojos expresaba su enorme deseo por hablar más profundamente de aquel tema de lo que Wei WuXian usualmente permitía. Después de todo, la mansión al completo estaba en conocimiento de que Wei WuXian era abiertamente bisexual, y de hecho habían conocido una que otra pareja suya a lo largos de los años, pero nadie entendía realmente su apasionada negativa a la hora de escoger a un sumiso varón. Con las mujeres no había problema, siempre y cuando el interés fuera mutuo, Wei WuXian accedía y procuraba llevar una relación satisfactoria para ambos, respetando los límites anteriormente establecidos como siempre hacía. Sin embargo, con los hombres era un asunto completamente distinto... y nadie comprendía porqué.
Ni siquiera Wen Qing, quién había sido su eterna compañera en este peculiar camino.
Entonces ella se acercó unos pocos pasos y dejó caer ante él una pequeña carpeta. No dijo nada, pero la mirada en sus ojos y la forma en que había extendido la carpeta ante él lo decía todo.
Con un suspiro, Wei WuXian la tomó y comenzó a hojearla. Cada rostro que allí había, aunque era nuevo, joven y llamativo, no ejercía ni siquiera una pizca de atracción e interés en él. No, al menos, como en el pasado.
—¿Qué estás pensando ahora mismo, pequeño idiota? —le gruñó de pronto su amiga al advertir la expresión oscura en su rostro.
Él sonrió fríamente, sin alzar los ojos.
—Tal vez no se trata de los demás, sino de mí. Tal vez el problema soy yo...
No había terminado de hablar cuando unos dedos se colaron por el lóbulo de su oreja y le dieron un fuerte tirón, causando que un siseo de dolor saliera rápidamente por sus labios. Sorprendido, alzó la mirada hacia Wen Qing que se había alejado rápidamente tras haber logrado su malvado cometido.
—No hay nada malo en ti, A-Xian —dijo ella, soltando un profundo suspiro.
—Claro —se rió él entre dientes—. Por eso es que me dejaste y te fuiste con mi hermano.
Wen Qing reculó, haciendo una mueca.
Wei WuXian cerró entonces la carpeta y la lanzó hacia ella. Wen Qing la atrapó en el aire, sin mirarlo directamente. Él sonrió.
—Relájate, A-Qing. Sólo estoy bromeando. Ambos sabemos que fue decisión mutua y que, en realidad, encuentro que tú y A-Cheng están hechos el uno para el otro. Y así como tú encontraste a tu persona correcta, yo algún día encontraré la mía. Sólo... déjame hacerlo por mi cuenta, ¿sí? Ya no me traigas a nadie más ni intentes arrastrarme a tus citas a ciegas, ¿de acuerdo?
Wen Qing se quedó en silencio un minuto antes de murmurar:
—Pero... alguien pidió por ti hoy.
—No, nada de eso. Yo ya no hago eso, todos lo saben. Me jubilé.
—Eres demasiado joven aún. ¿De qué carajos me estás hablando?
—Y aunque estuviera viejo, esas mujeres de allá afuera aún me querrían, ¿verdad? —Wei WuXian le guiñó un ojo y sacudió la cabeza ante la mirada mortal de su amiga, suspirando—. Como sea, me jubilé de dar clases, no de lo demás. Así que asegúrate de que lo sepan, ¿sí?
—Bien.
—Ah, y a esa persona que me pidió... pues dile a Mo XanYu que se haga cargo.
El ceño de Wen Qing se frunció al escuchar aquello.
—Pero esta mujer sabe diferenciarte de él. Ha sido tu fiel seguidora por años, se dará cuenta.
—¿Y eso qué? —Wei WuXian se encogió de hombros—. Tendrá la opción de decidir quedarse con XanYu o no. Y la verdad, sé que lo hará. Ese chiquillo aprende rápido y ya es hora de que ponga en práctica lo que sabe.
Sin darle más tiempo a su amiga de replicar, Wei WuXian se colocó de pie de un salto y se dirigió hacia la puerta que estaba a su derecha. Una risa silenciosa salió de sus labios cuando vio cómo uno de los ojos de Wen Qing se contraía en un tik al advertir la suciedad que había quedado en su traje como prueba de su tonto juego en el suelo.
—¿A dónde vas?
—Dame un respiro, mujer. Es hora de mi deleite privado.
Aunque Wen Qing no tenía idea de qué estaba hablando Wei WuXian, no hizo pregunta alguna al respecto. Lo conocía lo suficientemente bien para saber que el hacer preguntas sólo serviría para hacer que su cabeza doliera.
—¿No vas a averiguar qué sucede con el nuevo negocio? —inquirió ella, frunciendo los labios con desaprobación—. Idiota, ¿no te preocupa que podamos vernos afectado con eso? Los clientes...
Wei WuXian soltó una carcajada de golpe, interrumpiendo así las palabras de Wen Qing.
—Mujer, ¿sabes siquiera de qué será ese negocio que te estás preocupando?
—¿Tú sí? —Wen Qing alzó una ceja.
—De hecho, sí. —Wei WuXian volteó a verla con una sonrisa ladina en sus labios—. Será una academia de música clásica, A-Qing. Música clásica y religiosa. —Sacudió la cabeza con diversión, riéndose entre dientes—. ¿Lo puedes creer? Una academia de música clásica y religiosa justo al frente de una academia de dominación y sumisión. ¿Qué tan retorcido tiene que ser el destino para que suceda algo así? Lan QiRen estaba que echaba humo por las orejas cuando se enteró de lo que va nuestro negocio, y seguramente su gente está toda escandalizada. Qué cosa más tonta. El sexo es algo tan natural como respirar. y es importantísimo saber reconocer lo que te gusta en él así como también tus límites. Nosotros simplemente ayudamos a quienes tienen gustos como los nuestros. ¿Qué tiene eso de malo? Si te gusta algo, debes haberlo bien, especialmente bajo las sábanas.
Wen Qing parecía sorprendida, y Wei WuXian no podía culparla. Después de todo, el rol de ella sobre la academia se basaba netamente en los clientes y concertar sus citas, era siempre Wei WuXian quién se encargaba de todo lo demás, incluso de la posible competencia... o de los problemas que su negocio podía causar a su alrededor.
—Bueno, ya lo sabes. Son dos negocios con objetivos completamente distintos, así que dudo que seamos afectados de alguna forma. Ahora, sí me disculpas, es la hora de mi descanso y deleite personal, así que me despediré aquí.
Dándole una última sonrisa a su amiga a modo de despedida, Wei WuXian abrió las puertas dobles a su derecha y salió al balcón, volviéndolas a cerrar detrás de sí para mantener su privacidad. Sabía que Wen Qing no lo molestaría más en un par de horas, pues ella respetaba su privacidad y sus descansos, así que se permitió soltar un suspiro de alivio al enfrentarse al aire limpio de afuera e ir a acomodarse en su lugar favorito.
Se había salvado de una buena reprimenda por pura suerte. Y es que Wen Qing era la única mujer en el mundo que lograba decirle todas sus verdades a la cara, regañarlo cuando algo hacía mal y ponerlo en su lugar cuando lo necesitaba. Y es por eso que ella era su mejor amiga, aunque muchas personas no pudieran comprender su aceptación al hecho de que ella estuviera con su hermano adoptivo en la actualidad. Pero para Wei WuXian no importaba nada, salvo que tanto ella como su hermano fueran felices.
Por supuesto, su felicidad también importaba, no era tan buen samaritano como para sólo importarle la felicidad ajena.
Y precisamente por ello es que en ese instante estaba allí, sentado en el balcón, el que convenientemente le daba una buena vista de toda la extensión de Lotus Pier, incluso del inmaculado edificio frente a ellos...
Con una sonrisa medio traviesa, alzó su mano derecha y echó un vistazo al costoso reloj en su muñeca.
Eran las siete en punto, la hora en que comenzaba su escenario favorito del día.
Y como todos los días, puntualmente, vio a aquel misterioso hombre de hombros anchos salir al balcón del edificio Lan y comenzar su rutina de práctica.
Wei WuXian nunca, en las pocas semanas que llevaba disfrutando de aquel espectáculo, pudo verle el rostro a aquel desconocido, y no sabía si eso era bueno o malo. Todo lo que había podido observar era su negro cabello que siempre lo llevaba sujetado en una coleta baja, sus brazos fuertes y musculosos con su pálida piel que se dejaban ver por sus camisetas sin mangas, y su espalda ancha, de apariencia tan fuerte como una roca, que se flexionaba con una facilidad envidiable.
Era un espectáculo como ningún otro ante sus ojos, unos ojos que siempre habían sabido admirar y contemplar la belleza tanto masculina como femenina. Y había sido aquella vista a aquellos admirables músculos que se flexionaban a la hora de hacer los estiramientos, o la forma en que su cuerpo se contorsionaba sobre sí mismo al bailar, lo que lo había hipnotizado desde el principio y conducía su mente, de por sí ya oscura y bastante pervertida, en un sinfín de fantasías exquisitas que se moría por cumplir... pero que ni siquiera tenía la seguridad de poder realizar alguna.
De haber sabido que se flecharía así con un bailarín de la academia enemiga, Wei WuXian se hubiera reído de sí mismo durante días. Sin embargo, la forma en que todo había sucedido era una completa sorpresa. Simplemente había bastado con que un día cualquiera se asomara al balcón, a las siete en punto, y que sus ojos cayeran sobre esa figura que danzaba con gracilidad absoluta en el balcón del frente, y la fuerza de atracción había hecho lo suyo por sí sola.
¿Qué tan retorcido era el destino entonces?
Riéndose por lo bajo de sí mismo, Wei WuXian se inclinó sobre el barandal de su balcón, sin despegar en ningún momento sus ávidos ojos sobre la figura masculina que ensayaba sus bailes frente a él a unos cuantos metros de distancia.
—Ah —suspiró para sí, sintiendo el fuego del deseo arder dentro de él como llamas que se alzaban y hacían estremecer cada parte de su cuerpo. Sus manos picaban por estirarse y tocar... apretar... incluso su boca pedía a gritos saborear, morder...—-. ¿Cuándo será el día en que pueda tenerte? Es una lástima que aparentemente estemos en polos realmente opuestos en el mundo...,
De pronto, como si su voz, que estaba a metros de distancia, hubiera llegado a los oídos de aquel bailarín, este alzó la cabeza bruscamente en su dirección.
Fue entonces cuando Wei WuXian se encontró mirando fijamente unos ojos tan claros como el vidrio mismo que, a la luz del sol, tenían reflejos dorados.
Su corazón dio un salto, tomado con la guardia baja, y de pronto su mente arrojó un sinfín de imágenes del pasado. Imágenes que Wei WuXian se había esforzado por reprimir durante años...
¿Dónde es que había visto esos ojos dorados antes...?
Tras una larga búsqueda por toda la enorme casona, Wei Ying lo encontró en el porche, sentado en los escalones y justo bajo la luz de la luna que iluminaba su agraciado rostro y lo hacía ver aún más hermoso de lo que era.
Sonriendo, se acercó rápidamente y con un salto se dejó caer a su lado de tal forma en que ambos quedaron sentados hombro a hombro.
—Te estuve buscando por todas partes. ¿Acaso te estás ocultando de mí?
El joven no respondió. Ni siquiera le echó una mirada. Siguió mirando al frente con expresión carente de emoción, pero sus ojos contenían un toque de tristeza que a Wei Ying no le pasó desapercibido.
—Eh, ¿qué es ese ánimo? —inquirió, pasándole un brazo por los hombros en ademán simpático. Pensó que el chico se alejaría, ya que bien sabía él que odiaba el contacto físico, pero para su enorme sorpresa el joven se quedó muy quieto en su lugar—. ¿No deberías estar festejando que desde hoy eres legalmente apto para ingerir alcohol, ir a discotecas y hacer lo que quieras con tu vida? Cuando estuve en tu lugar, aproveché cada minuto de mi nuevo estatus, ¿sabes?
El ceño del chico se frunció ligeramente.
—Solo eres unos cuantos años mayor que yo —le recordó casi en un gruñido.
Wei Ying sonrió, satisfecho con haberle sacado alguna reacción. Sabía que el chico odiaba cuando mencionaban su diferencia de edades.
—¿Qué pasa? —le preguntó con genuina preocupación, inclinándose para mirar más de cerca su rostro joven y hermoso—. ¿Acaso estás así porque me marcho? ¿Estás triste por mí?
El chico volvió a quedarse en silencio, pero esta vez Wei Ying pudo advertir un ligero cambio en su actitud. Al chico se le curvaron ligeramente los hombros hacia adelante y su respiración se entrecortó, volviéndose inestable.
Todo rastro de diversión desapareció para Wei Ying, que hizo una mueca con los labios al comprender de pronto lo importante que era esa situación entre los dos.
Y es que no había sido ciego ni tonto. Había sabido lo que se escondía en el corazón de ese joven al advertir cómo sus ojos dorados lo seguían siempre a donde fuera, con ese brillo de absoluta adoración en sus pupilas...
Lo había sabido después de esas miradas tímidas tras las pestañas, o la forma en que siempre rehuía de su presencia entre quejas cuando era él mismo quién buscaba estar a su lado, o el tierno nerviosismo que le embargaba cada vez que se encontraban solos...
Lo había sabido desde el principio, pero había tomado la decisión de fingir que no. Después de todo, eso era lo mejor, ¿no?
Sabía que era lo mejor, sabía que había tomado una decisión sabia y responsable. Sin embargo, cuando en ese momento miró aquel rostro inundado en profunda tristeza, su corazón sucumbió más rápido de lo que jamás hubiera creído posible y todo pensamiento que tuvo dentro de su cabeza era sobre el deseo de consolar a aquel joven corazón que sólo merecía amor y cosas maravillosas.
De pronto, una idea cruzó por su cabeza y Wei Ying, que no era su naturaleza el pensar dos veces las cosas, no dudó en lanzarse de lleno a ello.
No había mal alguno si quería que tuvieran una despedida digna y bonita, ¿verdad?
—Lan Zhan —masculló, pasándose la lengua por los labios repentinamente resecos. Un deseo desconocido le recorría de pronto las venas—. Lan Zhan, tú... ¿has dado ya tu primer beso?
Los ojos dorados del chico se abrieron de sopetón, llenos de sorpresa. Tras un segundo de congelamiento, le echaron un breve vistazo a Wei Ying, como si intentarán determinar si aquello era otra broma de su parte, y al ver la seriedad en el rostro del hombre esos labios jóvenes se contrajeron en una mueca. Quiso alejarse del abrazo, pero Wei Ying lo mantuvo preso en su agarre.
Gruñendo por lo bajo, el chico resopló y desvió la mirada. A Wei Ying le sorprendió darse cuenta de que no se le sonrojaban las mejillas, sino que eran las puntas de sus orejas las que poseían un tierno tono sonrosado. No pudo evitar reírse al ver eso, inclinándose para susurrar en ese joven oído:
—Tomaré eso como un no.
Lan Zhan gruñó nuevamente e intentó alejarse, pero Wei Ying no lo permitió. Sonriendo en todo momento, alzó su mano libre y tomó la barbilla del joven para dirigir su mirada hacia él. Al instante, sus ojos se conectaron y ambos se quedaron allí, mirándose fijamente el uno al otro por un lapso de tiempo indefinido.
Entonces, Wei Ying se inclinó sobre ese joven y azorado rostro hasta que sus labios quedaron a escasos centímetros del otro.
La respiración de Lan Zhan se entrecortó, pero sus ojos le mantuvieron la mirada a Wei Ying con mucho esfuerzo.
—¿Quieres que te lo dé yo? —inquirió Wei Ying, sonriendo.
Pasó un buen momento de silencio. El mundo entero parecía haberse desvanecido alrededor de los dos. La celebración que se llevaba a cabo dentro de la casona ni siquiera se escuchaba desde donde estaban y todo lo que podían oír a su alrededor era un envolvente silencio que convertía el ambiente aún más tenso y electrizante entre ambos.
Ante la falta de respuesta del chico, que parecía haberse petrificado en su lugar, Wei Ying chasqueó la lengua y comenzó a alejarse.
—Bueno, si no quieres...
No había alcanzado a avanzar ni dos centímetros cuando de pronto la mano de Lan Zhan se cernió a su brazo, impidiéndole alejarse más. Wei Ying volteó a verlo, sonriendo con satisfacción ante la molestia que veía brillar en aquellos orbes dorados.
—¿Qué? ¿Tienes algo que decirme? Te escucho.
Lan Zhan contrajo el rostro, como si de pronto un enorme dolor interno lo atacara. Sus ojos dorados vacilaron, enviando miradas desde las pupilas grises de Wei Ying hasta sus labios. El deseo estaba escrito en cada centímetro de su rostro, pero el joven tan terco se negaba en redondo a decirlo en voz alta.
Wei Ying, sabiendo que el chico no se soltaría tan fácilmente, se inclinó sobre él de tal modo en que Lan Zhan se vio obligado a retroceder casi a trompicones, quedando encerrado entre el cuerpo de Wei Ying y el pilar a sus espaldas.
Teniéndolo así, sin poder escapar de sus brazos, Wei Ying repentinamente se sintió tan extasiado que una ola de excitación le recorrió el cuerpo como un latigazo. Impulsado por eso, volvió a inclinarse sobre esos labios hasta que sólo un centímetro los separaba uno del otro.
—Pídemelo —susurró, y Lan Zhan aspiró bruscamente cuando sintió los labios de Wei Ying apenas rozando los suyos con el toque de una pluma. Este le sonrió, satisfecho con esa respuesta—. Pídemelo, Lan Zhan. No lo haré hasta escucharlo de tus dulces labios. Hazlo.
Lan Zhan parpadeó, y por un momento se vio tan adorablemente confuso y desorientado que Wei Ying casi sucumbió a su deseo de comerle la boca. Afortunadamente tuvo el suficiente autocontrol para serenarse hasta ahí, ya que nada pudo haberle preparado para el deleite que experimentó cuando Lan Zhan tomó una profunda bocanada de aire por la boca y susurró:
—Wei Ying... bésame. Por favor.
Con un gruñido de satisfacción por tan dulces palabras, Wei Ying colocó una mano bajo la nuca del joven y empujó sus rostros hasta encontrarse.
En un principio, el beso fue suave. Wei Ying tuvo la decencia de recordar que aquel era el primer beso del chico, por lo que se conformó con mover suavemente los labios sobre los contrarios y no presionar más a Lan Zhan, que parecía estar fuera de su zona de confort y se mantenía estático en su lugar. No obstante, algo sobre la postura tensa del joven no le gustó. Su deseo era hacer de aquella situación tan especial como pudiera, dejarle un recuerdo dulce a Lan Zhan, y asegurarse a su vez que el chico lo disfrutara. Así que, llevado por nada más que este genuino deseo, Wei Ying lentamente comenzó a acariciar la nuca del chico con los dedos en un intento de relajarlo, mientras su mano libre buscaba una de las de Lan Zhan y le daba un apretón.
Funcionó. El cuerpo del joven comenzó a relajarse lentamente contra él, así que Wei Ying aprovechó la oportunidad para avanzar un poco más.
Sí le iba a dar una primera experiencia, tenía que hacerlo bien, ¿verdad?
Lentamente, deslizó los dedos por la piel de su nuca hasta avanzar a su cabello, deleitándose con la suavidad del tacto y la forma en que fácilmente este se enredaba entre sus nudillos. Esta caricia pareció llegar profundamente a Lan Zhan, quién para su enorme deleite suspiró profundamente contra su boca y entreabrió los labios. Así, teniendo la situación a su favor, Wei Ying despacio deslizó su lengua por el contorno de aquellos suaves labios, pidiendo autorización para profundizar el beso.
Fue algo un tanto cómico y nuevo para Wei Ying, quién nunca en su vida había sido tan cuidadoso a la hora de besar a alguien ni había tenido que suprimir tanto sus deseos en el acto en sí, lo que era ciertamente algo que no jugaba a su favor, pues nunca había esperado que aquellos jóvenes labios tuvieran el sabor más dulce y tentativo que hubiera probado en toda su vida. Fue toda una prueba a su autocontrol mientras esperaba, y tras un breve momento de vacilación luego del contacto sorpresa, Lan Zhan finalmente abrió lentamente la boca para él con un jadeo.
Wei Ying no estaba seguro de cómo sucedieron las cosas a continuación.
No supo si fue esa timidez y vacilación que destiló Lan Zhan cuando de pronto lo envolvió en sus brazos y se empujó hacia él en completa entrega. O la forma en que su aliento se mezcló dentro de su boca, con un sabor tan peligrosamente tentativo que dispersó todo pensamiento coherente en su cabeza. O tal vez esa fuerza de atracción que los empujó a ambos hasta que sus cuerpos quedaron presionados entre sí, tan malditamente juntos que Wei Ying podía sentir cada curva y extensión del cuerpo de Lan Zhan contra él.
No lo sabía con exactitud, pero algún punto de ese interminable beso su autocontrol se dispersó en una neblina, volviéndose cada vez más difícil de invocar dentro de él.
De pronto, se estaban besando tan apasionada y furiosamente que más de una vez sus dientes chocaron entre sí, causando que se estremecieran al contacto.
Lan Zhan era joven e inexperto, pero aprendía rápido. Repetía con exquisita exactitud cada cosa que Wei Ying hacía en su boca, y pronto descubrieron que juntos podían marcar un ritmo deliciosamente lento pero profundo.
Entonces el tiempo se ralentizó, y el ambiente a su alrededor comenzó a tornarse realmente sofocante, caliente...
Wei Ying se sentía extasiado a un punto en que jamás había experimentado en su vida. Había algo allí, en la forma en que el chico respondía a su toque, la forma en que su cuerpo se adaptaba fácilmente bajo el suyo y accedía a cada una de sus peticiones, que despertaba dentro de él un tipo de deseo desconocido y oscuro que hacía vibrar su cuerpo en anticipación. Y así, embriagado como estaba por el exquisito sabor de esos besos, su mente comenzó repentinamente a perderse en un espiral de oscuras fantasías que nunca antes había imaginado siquiera.
Y entonces comenzó la verdadera tortura, porque todo lo que la mente de Wei Ying podía conjurar en forma de pensamientos era su profundo deseo, esa repentina necesidad que le invadió de tomar aquellos brazos que lo abrazaban con tanta pasión y doblegarlos a su antojo, de empujar aquel joven y entusiasmado cuerpo que se presionaba contra él hasta hacer que fuera suyo por completo, hasta hacerlo rogar y pedir clemencia por su toque... Lo quería todo, incluso apartar aquellas tontas telas que obstaculizaban su camino para llegar a aquella brillante y pálida piel, la misma que quería marcar en profundidad, lamiendo, mordiendo y succionando cada centímetro.
El sólo pensamiento de ello en su cabeza hacía que su cuerpo experimentara un dolor agudo y penetrante por la fiera necesidad, así como también un halo de profunda excitación que hacía estremecer hasta la última terminación nerviosa de su cuerpo.
Quería morderlo. Quería presionarlo.
Quería... someterlo.
Lo peor de todo aquello era que Lan Zhan, su dulce, joven e inexperto Lan Zhan, no parecía en absoluto poco dispuesto a cumplir sus bajos deseos, pues cada parte de su cuerpo estaba en completa merced de él, en una actitud completamente dócil que estaba enloqueciendo a Wei Ying de mil formas.
“Vamos, Lan Zhan...“, pensó Wei Ying con la pizca extremadamente pequeña e insignificante de cordura que quedaba en su cabeza nublada por el deseo y los dulces besos que compartía con el joven. Una ola de pánico le recorrió la columna vertebral un segundo cuando se dio cuenta de que parte de sus fantasías se estaban cumpliendo, pues sin ser completamente consciente de ello había deslizado los labios por el largo y exquisito cuello del joven, dejando arrastrar la punta de sus dientes por esa piel extremadamente sedosa y cálida al contacto. “Detenme. Haz que pare...“.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que ser precisamente Lan Zhan quién despertara ese tipo de deseos tan sucios y oscuros en lo más profundo de su cuerpo? ¿Por qué tenía que ser Lan Zhan quién tuviera la piel más tersa y cálida que hubiera tocado antes en la vida? ¿Por qué tenía que ser Lan Zhan quién tuviera ese cabello suave, sedoso y largo, exactamente como a él le gustaba para jalar a su antojo...?
¿Por qué Lan Zhan, de entre todas las personas?
Sólo le quedaba aferrarse a esa pizca de cordura que quedaba dentro de él, y con ella rogarle al joven que estaba bajo su merced para que apelara a la coherencia, para que juntos encontraran nuevamente el camino correcto...
Sin embargo, para su enorme desgracia, tortura y deleite en partes iguales, Lan Zhan hizo exactamente lo contrario.
Un sonido ahogado y exquisito salió de aquellos finos labios, que estaban rojos e hinchados por la acalorada sesión de besos, y de pronto el joven inclinó el cuerpo bajo Wei Ying de tal forma en que este pudo sentir cada centímetro deslizándose contra él.
Fue ese sonido, tan poco esperado por Wei Ying tratándose de su recto Lan Zhan, lo que envió su mente a la perdición misma y, antes de que pudiera darse cuenta siquiera, se había arrojado sobre él por completo, sometiéndolo bajo su cuerpo contra el piso, tomando una de las piernas del chico para envolverla alrededor de su cintura y así empujar deliciosamente contra él con tal fuerza que, de haber estado aún la ropa presente entre ellos, hubiera llegado profundamente...
—¡Wei Ying...!
Lan Zhan hizo un sonido gutural desde lo más profundo de su garganta. Sus orbes dorados pestañearon en la oscuridad, con un deje de humedad que enloqueció a Wei Ying, y por un momento, cuando se miraron fijamente el uno al otro, pareció que iba a decir algo en la perdición de su placer. Luchó por dejar ir las palabras, tomando respiraciones erráticas por la boca mientras esta intentaba formar las sílabas, pero tras un momento de interna lucha se rindió con un gruñido de frustración y simplemente alzó la cabeza para capturar los labios de Wei Ying con los suyos, alzando las caderas en una clara invitación...
Invitación que Wei Ying, perdido como estaba entre las emociones de su corazón y las sensaciones de su cuerpo, iba a aceptar a toda costa. Pero entonces...
Hubo un sonido desconcertante proveniente del interior de la casona y entonces alguien carraspeó, murmurando cosas bajo su aliento.
Tanto Wei Ying como Lan Zhan reconocieron al portador de aquella voz. El primero sintió entonces por fin una ola de lucidez y claridad llegar a su mente, mientras que el segundo maldecía internamente en completa desdicha.
Lentamente, Wei Ying soltó su fiero agarre del joven Lan Zhan, soltando sus manos y dejando que sus cuerpos se aflojaran lentamente. Sin querer ser demasiado brusco al separarse, depositó un suave beso en aquellos hinchados labios que jadeaban contra su boca y entonces rodó sobre sí mismo, alejándose de los brazos y piernas con los Lan Zhan lo había estado envolviendo, y se dejó caer a su lado en el piso, de espaldas.
Jadeaba fuertemente, como si hubiera corrido durante millones de kilómetros sin parar, y el tonto de su corazón latía desbocado contra sus costillas de tal forma que, al tomar respiraciones profundas, sentía un pinchazo de dolor en las costillas.
Se quedaron allí unos momentos, completamente quietos sobre el suelo e intentando calmar sus respiraciones erráticas y la compleja situación en sus pantalones. Wei Ying no tenía que ser adivino para saber que el joven a su lado no estaba contento con la situación, podía sentir su molestia y descontento desde su lugar.
—Lan Zhan... —masculló Wei Ying, y se sorprendió al escuchar lo ronca que se oía su voz.
El joven ni siquiera lo dejó terminar. Se sentó bruscamente a su lado, negándose a mirarlo directamente. Incluso se había colocado de pie al segundo siguiente, más que dispuesto a alejarse de allí tan rápido como sus piernas se lo permitieran sino fuera porque Wei Ying reaccionó rápido y lo sujetó por la muñeca.
—Hey, no te vayas así. Hablemos.
Lan Zhan no respondió. Desde su posición en el suelo Wei Ying sólo podía verle la espalda, por lo que se puso de pie en un intento de observarle el rostro. Justo cuando se posicionaba sobre sus pies, el joven repentinamente volteó hacia él, tomándolo por sorpresa.
—¿Por qué?
Wei Ying se tardó en responder, más que nada porque observaba, realmente estupefacto, las marcas rojizas que el chico tenía en sus labios, toda la extensión de su cuello e incluso en sus clavículas. Marcas de besos, succiones y mordidas que él mismo había dejado a su paso hace sólo unos minutos...
—¿Ah?
—¿Por qué lo hiciste?
Parpadeando, Wei Ying subió la mirada hacia el rostro del joven frente a él. Entonces un nudo se formó en su estómago al ver la furia y decepción que brillaba en aquellos ojos dorados que lo miraban fijamente.
—Uh, quería despedirme...
Algo titiló en los ojos dorados de Lan Zhan, pero este mantuvo el rostro impasible.
—¿Sólo por eso, Wei Ying?
Wei Ying tragó con fuerza, decidiendo al instante que era incapaz de mentir y herir así al chico que estaba frente a él.
—No —reconoció con una mueca—. No sólo por eso. Yo... lo quería.
Lan Zhan inclinó la cabeza, buscándole la mirada con seguridad.
—¿Entonces?
Lo sabía. Wei Ying sabía muy bien qué era lo que Lan Zhan quería de él. Sin embargo, también sabía que era imposible dárselo...
—Lan Zhan... —murmuró, cerrando los ojos por un momento—. Me tengo que ir. Lo sabes.
Hubo un momento de silencio.
Entonces Lan Zhan, tras tomar una respiración profunda, apartó bruscamente su muñeca del agarre de Wei Ying y, cuando este abrió los ojos, se aseguró de darle la mirada más furiosa y dolida que nunca nadie le había dado en toda su vida, la misma que acompañó sus noches durante diez años sin descanso alguno.
—Hubiera sido mejor que no hubieras hecho nada, Wei Ying. Lo hubiera preferido mil veces antes que esto.
Y así, sin más, el joven había dado media vuelta sobre sus talones para alejarse de allí.
Esa había sido la última vez que se habían visto cara a cara.
Cuando Wei Ying se fue al día siguiente, Lan Zhan no estaba por ninguna parte dentro de la casona y nadie jamás pudo dar con él, pero junto a la cama de Wei Ying había dejado una inmaculada cinta blanca con patrones de nubes bordados en toda su extensión.
La cinta Lan, la que no debía ser tocada ni mucho menos entregada a nadie más que el ser amado, a la persona que amarías el resto de tu vida.
Y definitivamente Wei Ying no fue merecedor de tal gesto. Él lo sabía y lo tuvo presente siempre por diez largos e interminables años...
Cuando Wen Qing, que hace solos unos minutos había salido de la oficina de su amigo tras regañarlo, se encontró de nuevo con él en el pasillo se sintió verdaderamente sorprendida. Y más aún al ver la expresión el rostro de Wei WuXian, quién parecía alguien que había encontrado la luz tras años y años de oscuridad absoluta.
—¿Qué...? —comenzó a decir ella, pero Wei WuXian no la dejó terminar.
Casi ansiosamente se acercó rápidamente en su dirección y le extendió un sobre.
—Hazme un favor, A-Qing, y entrega esto por mí.
Frunciendo el ceño en abierto desconcierto, Wen Qing bajó la mirada hacia el sobre en su mano y leyó lo que estaba en la portada. Al instante abrió la boca, llena de incredulidad.
Era una invitación a la celebración de nuevos miembros de la academia, lo que generalmente era Wen Qing quién las entregaba y elegía a los próximos participantes. Pero eso no era lo sorprendente del asunto, sino el hecho de que la invitación estaba destinada a alguien con apellido Lan.
—¡¿Estás malditamente loco?! —siseó furiosa, fulminándolo con la mirada—. ¿Quieres declararle la guerra a ese viejo padre Lan o qué?
Entonces, Wei WuXian hizo algo que la tomó totalmente desprevenida.
Con una expresión inusualmente intensa y completamente seria, él la sujetó por los hombros y la acercó hacia sí para fijarle la mirada.
—A-Qing, esto es algo muy importante para mí. De esto dependerá mi felicidad de ahora en adelante, así que... ¿lo harás?
Tras un largo momento de silencio en donde ella analizó la expresión y el fiero deseo en los ojos de su amigo, Wen Qing se rindió con un suspiro.
—Bien, lo haré.








