Único.
—Bien, pongan eso por ahí —indicó David. —Ah, Bill, deja eso, Georg o Gustav pueden moverlo.
—Pero quiero ayudar —insistió Bill, tomando la pesada caja de herramientas, la cual intentó levantar pero el peso lo llevó hacia abajo.
Detrás suyo escuchó unas risas de sus amigos y compañeros de banda.
—Bill, déjalo, ve a no sé… ¿Pintarte las uñas? Deja que los fuertes nos encarguemos de eso —indicó Georg con una sonrisa socarrona.
Bill giró la cabeza viéndolo por encima del hombro, con fastidio, mientras seguía encima de la caja de herramientas.
—Me estoy arrepintiendo de haber aceptado vivir con ustedes —murmuró el vocalista.
—Será temporal, no te preocupes, princesa —Georg volvió a reírse.
Gustav suspiró, cansado de tanto mover cajas de mudanza a la casa que la banda compartiría por unos meses.
—Hazle caso a Georg, Bill, no es porque seamos mala onda, pero te harás daño, tienes una mala técnica para levantar cosas pesadas y sí lo haces, seguramente no aguantes el peso, y no queremos que te hagas mierda la espalda o te salga una hernia —arguyó el baterista, con una pequeña sonrisa.
—Qué sí puedo, me tratan como si fuera de cristal —bufó Bill, sentándose de piernas cruzadas.
—Bibi—llamó Tom, que cargaba un televisor ancho y muy pesado, sin tanto problema. —Hazle caso, no sería bueno que te lastimes, ve a relajarte o si quieres ayudar simplemente ordena algunas cosas de la sala o la cocina, cosas que puedas hacer.
Bill rodó los ojos, desviando la mirada hacia otro lugar.
—Me caga que me tengan por menos, no soy una chica, ni débil, nunca me dejan ayudar ni nada para este tipo de cosas de “hombre” —farfulló Bill.
Y era verdad, Bill había notado esto, todos a su alrededor lo consentían de una manera que, debía admitir, en un principio no le molesto, que hicieran cosas por él, pero eventualmente comenzó a molestarse al sentirse inútil, podía verse afeminado y pintarse las uñas, teniendo a veces una actitud de princesa, pero seguía siendo un chico que quería hacer cosas y ayudar.
Pero no lo dejaban ayudar.
Sobre todo Tom, su hermano mayor por diez estúpidos minutos, su gemelo, él sobre todo lo protegía, actuando como el más fuerte de los dos, sólo porque era más masculino y frecuentaba más el gimnasio.
Qué tontería, no era cómo que Bill se fuera a quebrar por levantar algo pesado.
[...]
Ya instalados, cada quien estaba en su habitación, Bill estaba frente a su tocador, peinándose el cabello y amarrándolo en una coleta, para soportar mejor el calor del verano.
De repente tocaron a su puerta, para después abrirla lentamente.
Por el reflejo del espejo pudo ver que era Tom.
—Bill… —masculló Tom, asomándose sólo un poco por la puerta.
—¿Sí? —preguntó Bill, volteando la cabeza para verlo, alzando una ceja al ver a Tom inquieto.
Tom dudó por unos segundos, tomando aire y sonriendo levemente.
—¿Tienes un peine extra? —preguntó el gemelo de rastas.
Bill frunció el ceño, entreabriendo los labios. —¿Un peine?
Tom asintió nervioso. —Sí…
—Pero, tú no tienes… Tienes rastas, ¿crees que te sirva un peine? ¿No sería mejor un cepillo? —cuestionó Bill, sacando un cepillo de madera gruesa de uno de los cajones de su tocador. —Este es bueno para deshacer nudos complicados sin maltratar el cabello.
Tom se acercó y tomó el cepillo, apretandolo con la mano. —Tienes razón, gracias, Bill, me quedo con el cepillo —dijo con rapidez, saliendo de la habitación.
Bill se quedó un poco confundido, pero finalmente alzó los hombros y siguió con lo suyo.
[...]
Desde la mudanza cada uno de los miembros de la banda estaba en su rollo, unos todavía adaptándose a vivir juntos bajo un mismo techo y no simplemente estar en el tour bus.
Gustav era quien cocinaba para todos la gran parte del tiempo, Georg se encargaba de la limpieza y Bill del orden.
Pero Tom, Tom estaba algo distante y distraído, desde que se habían mudado, ya no salía de la casa.
Incluso cuando el resto salía a comer afuera o a beber, y lo invitaban, pero no, él preferiría quedarse solo en casa.
Nadie le prestó demasiada atención, aunque cuando volvían a casa notaban que Tom había limpiado zonas cómo la sala y la cocina.
Y podría parecer normal, que había estado viendo la televisión o cocinando algo.
Pero, notaban que sólo limpiaba algunas zonas en específico, como los bordes del sofá, en reposa brazos o las esquinas de la mesa.
Incluso un día, Georg notó unas gotas sobre la alfombra de la sala.
Tom dijo que había estado tomando agua y el vaso se le cayó.
Bueno, eso era un accidente normal, ¿no?
[...]
Bill se había levantado en medio de la noche, para ir a beber agua pues debido al calor le había dado una sed intensa.
Bostezó pasando por las habitaciones de Georg y Gustav, qué aún desde afuera y con las puertas cerradas podía escuchar como roncaban.
Pero al pasar por la habitación de Tom, no escucho ronquidos, pues Tom no roncaba, él dormía muy lindo, en silencio y quieto, pero, por eso mismo, Bill se detuvo.
Escuchaba movimiento en la cama y lo que parecían suspiros, o cogidas de aire desesperadas.
Cómo si se estuviera sofocando.
Eso lo preocupó de inmediato, por lo que se acercó a la puerta y pegó la oreja a la madera.
Logrando percibir un gemido muy ahogado.
Que hizo sonrojar a Bill, pues su cabeza lo malinterpreto de inmediato, y luego se quejaba de qué Tom era un sinvergüenza por decir cosas inapropiadas cuando los entrevistaban en Estados Unidos, aprovechando que no sabían alemán para decir tonterías obscenas.
Su cabeza intentaba llevarlo a un sentido inapropiado, así que Bill se golpeó la frente, antes de tomar el pomo de la puerta, girando con suavidad y abriendo un poco, para asomar su ojo y asegurarse de qué su hermano no estuviera ahogándose con su almohada o algo por el estilo.
Tom efectivamente tenía la cara contra la almohada, con sus rastas rubias sueltas y desordenadas.
Pero eso no era lo importante.
Sino su mano tomando el cepillo de Bill, mientras se empujaba el mango de madera gruesa y lisa en su coño.
Con su trasero alzándose hacia arriba cada vez que entraba.
Bill pasó el dorso de su mano por debajo de su nariz, retirándose en hilo de sangre que se deslizaba mientras sentía una punzada dolorosa en el pene.
Definitivamente no debía de estar viendo eso, y tampoco sentir el pene alzarse como la línea roja en un termómetro indicando que había llegado a 50°C.
Pero, no podía dejar de ver a su gemelo, a su culo y su coño.
Toda su testosterona alterandose por la escena.
Los labios del coño de Tom eran cerrados, gordos, con un degradado rojizo hacia el interior de su vagina, y estaba cuidadosamente depilado.
En ese momento todo se armó por sí solo en la cabeza de Bill, en la de arriba.
Las quedadas a solas desde que se habían mudado y las zonas particulares que limpiaba.
Tom se masturbaba cuando estaba a solas; y con eso, también recordó una conversación que había escuchado hacía semanas.
Bill debía admitir que era un poco entrometido, aunque en aquella ocasión, no sabía que Tom se había quedado solo en el tour bus, mientras hablaba con alguien por teléfono.
No sabía con quién, pero se estaba quejando de qué se encontraba frustrado, por la falta de privacidad y sus ganas de tocarse, hablaba mientras estaba acostado de lado en su cama, con la mano metida entre las piernas, aunque estaba vestido con pantalones.
Tom sacó el cepillo de su interior, dejando un hilo transparente entre su vagina y la punta del cepillo, girándose sobre la cama.
Con las mejillas sonrojadas y labios entreabiertos, frotando la punta del cepillo con su resbaloso coño.
Jadeando de manera suave, y alzando la mirada al sentirse observado.
Notando la abertura de la puerta, y cómo Bill lo miraba con un ojo.
Tom cerró los labios y las piernas instintivamente, intentando cubrir su entrepierna con su camisa blanca holgada, la única prenda que vestía en ese momento.
Bill bajó la mirada rápidamente y entró en la habitación cerrando detrás de él.
Estaba por disculparse, pero Tom se levantó de la cama con lentitud, viendo fijamente el bulto pronunciado en el pantalón de su pijama.
Tom extendió la mano y acunó el pene de Bill con la mano, mientras subía la mirada.
Bill se puso nervioso ante el contacto, incluso si era por encima de la ropa.
—Estás excitado… —murmuró Tom, apretando las piernas.
—Creí que necesitabas ayuda… —respondió Bill en el mismo tono.
Tom se mordió el interior de la mejilla, acariciando la longitud y grosor caliente de su hermano.
—Déjame ayudarte —musitó Bill ladeando la cabeza y dando un beso sobre un costado de su mandíbula. —Nunca dejas que te ayude en nada… —recordó.
Tom cerró los ojos, sin dejar de acariciar al azabache.
Abrió los ojos después de unos segundos, y tomó a Bill por su camisa, jalandolo con él hacia la cama.
Bill se dejó guiar hasta la cama, viendo las bragas sobre el suelo, con una mancha de humedad fresca.
Tom se acostó sobre la cama, subiendo las piernas y abriéndolas para Bill, dejando ver su coño mojado y palpitante.
Bill se puso sobre una rodilla, y se inclinó sobre la pelvis de Tom, dando besos por su monte de venus, hasta llegar a su clítoris, comenzando a chupar mientras sus dedos se deslizaban entre sus labios.
Tom tomó un puñado de pelo de la cabeza de Bill y la apretó, empujando su rostro contra su vulva, manchándolo de sus fluidos y apretando su cabeza con los muslos.
Bill abrió la boca, sacando su lengua y presionando contra su hendidura, dando un lenguetazo, saboreando sus jugos salados.
Su pene ya se alzaba completamente, goteando, sintiendo la necesidad de enterrarse.
Por lo que después de meter su lengua en su vagina y penetrar un par de veces, sintiendo a Tom deshacerse en temblores, Bill se puso de pie.
—Acuéstate en la cama —indicó Tom, con la voz entrecortada.
Bill obedeció y se acostó a su lado, y casi de inmediato Tom se sentó sobre él, presionando su coño contra el pene de Bill, manchando su pantalón con su lubricación.
En sus ojos desbordaba el deseo que había contenido por largas semanas, y por fin, Tom podía consentir a su coño, y mucho mejor, con un pene de verdad, en lugar de estarse frotando en el sofá, en la mesa, en su cama o usando objetos cómo si fueran un dildo.
Tom se frotó en la erección dura de Bill, disfrutando estar encima de él.
Pero, quería tenerlo adentro ya, por lo que se deslizó un poco hacia atrás, bajando los pantalones y ropa interior de Bill, y su polla se alzó orgullosamente con la punta roja cubierta de preseminal.
Tom se apoyó en sus rodillas, y tomó el pene de Bill, frotando el glande entre sus labios antes de guiarlo a su agujero y descender.
Bill tomó la caderas de Tom, y lo empujó hacia abajo, entrando de un sólo, a lo que Tom se arqueó y gimió en voz alta mientras hacía la cabeza hacia atrás.
En ese momento olvidaron que no eran los únicos en casa.
Bill sonrió mientras respiraba entrecortado al ver su miembro completamente desaparecido en el interior de su hermano, bajando sus manos de su cadera hasta sus muslos tensos y tonificados.
Tom se apoyó en su pecho, con sus paredes vaginales apretando fuertemente al pene Bill, sintiendo desde adentro sus venas y su grosor.
Bajando la mirada hasta su vientre, notando el pequeño bulto que se había formado, de lo profundo que estaba Bill tocándolo.
Aprovechando la profundidad, y que su clítoris había quedado presionado contra la piel de Bill, Tom se inclinó un poco, teniendo que apoyar sus manos sobre el colchón, al costado de la cabeza de Bill.
Para comenzar a mover sus caderas hacia adelante y atrás, en un ángulo específico para estimular su clítoris y al mismo tiempo disfrutar de la penetración.
Sus movimientos eran suaves pero consistentes, buscando más su propio placer frustrado de semanas, que también el de su hermano.
Pero a Bill no le molestaba estar siendo montado como un muñeco sexual, pues estar dentro de la vagina de su hermano era su recompensa.
Apretado, caliente y muy acogedor, viendo su propia punta del pene sobresalir por debajo del vientre de Tom cada pocos segundos.
Su gemelo tenía el ceño fruncido, con los ojos cerrados, y labios tensos, con sus rastas moviéndose con él, a Bill le parecía la persona más ardiente con la que había estado en ese momento.
El mejor coño en el que había estado, y claro, tenía que ser el de su propio gemelo, habían sido hechos el uno para el otro.
Quería golpear el interior de Tom, hasta venirse y dejar bien depositada su semilla en su útero.
Pero Tom se encargó de eso, cuando enderezó la espalda y comenzó a saltar sobre su polla, succionando fuertemente cada vez que bajaba como si fuera un trampolín, haciendo un ruido seco de sus pieles chocando.
Tom llevó sus dedos a su clítoris e hizo círculos, contrayendo su interior mientras salpicaba a Bill con su venida y apretaba con su interior y muslos.
Bill puso los ojos en blanco corriéndose con todas sus fuerzas dentro de Tom.
Su hermano se dejó caer sobre él, apoyando la cabeza en su pecho mientras buscaba aire y teniendo espasmos que hacían temblar sus piernas.
Removiendo sus caderas al sentir que Bill seguía erecto en su interior, incluso después de haber eyaculado.
Tom estaba sensible, por llegar a su orgasmo y con más razón quería volverse loco encima suyo, deslizando su coño hacia arriba y abajo en el pene de Bill, haciendo que su semen caliente y espeso se empujara más en su interior, pero eso también ayudaba a que fuera más fácil moverse.
Definitivamente Tom no había acabado, y observó fijamente a Bill, quien le sonrió.
Tom puso una de sus rastas detrás de su oreja y lo observó muy serio.
—Ya no quiero usar tu estúpido cepillo como una polla, ahora te usaré a ti —dictaminó Tom.
Bill asintió rápidamente, ensanchando su sonrisa.
—Siempre te voy a ayudar, Tomi —aceptó Bill.








