V.
La dosis requerida para simular una falla coronaria en un adulto de setenta kilos no es tan alta como la literatura médica sugiere. El secreto está en la paciencia. En ver cómo el pulso disminuye y el rostro cambia de color sin que la víctima entienda qué le está pasando.
El sujeto intentó hablar, pero la parálisis muscular es rápida.
Lo fascinante no es la muerte en sí. Lo fascinante es el pánico en los ojos de quien sabe que no podrá pedir ayuda.





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