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EL PELIGRO DE AMAR A TU ENEMIGO

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Sinopsis

Amar a Ren Keitani fue el pecado. Convertirse en su filo será el peligro. Umi Maeda ha cruzado una línea de la que ya no puede regresar. Tras descubrir la verdad que se ocultaba detrás del Boss de Kendo, ha decidido permanecer a su lado, aunque hacerlo signifique enfrentarse a su antigua vida, desafiar a la familia Onobi y aceptar que la justicia no siempre se imparte dentro de la ley. Pero sus enemigos han dejado de esconderse. Mientras los Onobi mueven sus piezas y una amenaza del pasado se prepara para regresar, Kendo se enfrenta a una guerra capaz de destruirlos a todos. Viejas heridas volverán a abrirse, las lealtades serán puestas a prueba y Ren deberá elegir hasta dónde está dispuesto a llegar para proteger a la mujer que se ha convertido en su única debilidad. Umi quería ser su razón. Ren le pidió que fuera su filo. Ahora tendrán que descubrir si su amor puede salvarlos… o si será el arma que sus enemigos utilizarán para acabar con ambos. SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE DE LA BILOGÍA «AMAR A TU ENEMIGO». Es necesario leer primero «El pecado de amar a tu enemigo».

Genero:
Erotica,Romance
Autor/a:
Ansonieta
Estado:
hace 2 días
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1# Arco Ren Keitani: Encuentro


Nombre: Umi Maeda.

Alias: Agente “M”.

Género: Femenino, heterosexual.

Edad: 24 años.

Rango: Ascendida a detective hace apenas seis meses.

Sigo leyendo el informe de la candidata elegida por Gan para ayudarnos a cazar a ese degenerado de Takemi Murakami. La fecha del intercambio es inminente y no podemos esperar más para atar el último, y más importe, cabo.

Como en todos los informes que me entregan, no aparece ninguna foto ni descripción física. Es una de mis normas al cumplir los encargos: no me interesa conocer con antelación el rostro de las personas a las que voy a utilizar, matar o extorsionar. ¿Para qué? ¿Va a cambiar algo?

Estoy decidido a cumplir con mi cometido, con la promesa que hicimos de niños.

Soy un Guardián.

Según lo escrito por Gan, la llamada “agente M” es experta en artes marciales y todo un portento físico. Tiene infinidad de premios en competiciones de tiro, de supervivencia e incluso en kárate y boxeo. Leo que es la actual campeona en combates de la comisaría y ya van tres años consecutivos.

Tuerzo el gesto sin poder evitarlo al imaginarme a una mujer fornida, de brazos y piernas musculosos, pelo corto, y mirada fría y severa. Conociendo mi suerte, seguro que tiene bigote, voz estridente y es más fea que un puto grano en el culo. Un bufido escapa de mis labios al recordar que Randy y Drake están en uno de los Clubs de Takemi convenciendo a sus damas de que abandonen a ese tipo y se vengan a uno de los locales de Kendo. Malditos “suertudos”... Otra vez, ser alguien demasiado atractivo, ha jugado en mi contra.

Como me decía sensei Madama, la belleza es una puta arma de doble filo.

Vuelvo a centrarme en el informe. Según este, la condecorada y disciplinada agente Umi Maeda (seguro que el nombre es lo único bonito que tiene), es siempre la última en abandonar la planta donde está situado su despacho. Parece ser que entra a la oficina algo más tarde que el resto de detectives porque entrena desde el amanecer, y en consecuencia, se queda en comisaría hasta que cae la noche para así, igualar el horario de sus compañeros.

Miro con interés el enorme edificio de obra vista que tengo enfrente. Son las nueve y media de la noche, y según mis informantes, la única persona que queda en la planta seis de la Comisaría Central de Tokyo, es Umi Maeda.

Alzo una mano y dos maleantes que quieren unirse a Kendo aparecen de detrás de una furgoneta de la policía. Sus órdenes son claras: distraer a los agentes de la entrada mientras yo, accedo a los ascensores que me llevaran a la planta seis y a la detective que aún sin saberlo, va a ayudar a Kendo a quitar de en medio a su rival más directo.

Los días de gloria de Takemi Murakami y su maldita banda Hiruiyan, están contados.

Los dos granujas entran en la comisaría, espero unos segundos y les imito. La puerta automática se activa, y asomo la cabeza para ver cómo los dos policías que están en la entrada persiguen a los adolescentes, estos llevan varios expedientes en sus manos y corren en dirección contraria a la que tengo que dirigirme. Entro en la sala y me escabullo hasta los ascensores, mi mirada se posa en las cámaras de seguridad y sonrío sabiendo que Rea, ya ha hackeado el sistema y en el caso de que intenten acceder a ellas para identificarme, no encontrarán nada.

Desde el ángulo en que me encuentro no veo qué sucede en la entrada, pero por los sonidos que percibo, creo que nuestros candidatos han permitido que los detengan cuando se han percatado de que he cruzado la entrada sin problemas. Sin duda tendrán mi visto bueno el día que presenten su petición oficial para formar parte de Kendo. Así es como me gusta que se realice el trabajo, de manera rápida y sin causar más revuelo del necesario.

Un pitido me avisa de la llegada del ascensor. Las puertas se abren y me posiciono bien los puños de mi americana Versace antes de entrar en el espacio metálico. Pulso el botón de la planta seis y me observo en el espejo: Hoy llevo un traje azul noche con camisa oscura, chaleco negro y corbata a juego. El azul oscuro combina con el azabache de mi cabello y resalta mis ojos de ese intenso verde que tanto sufrimiento me acarrearon de niño.

Tras años de ocultarme (y a pesar de que han pasado más de diez desde que no lo hago), confieso que aún me causa satisfacción poder mostrarme tal y como soy. Tengo veintisiete años y esa belleza que ya poseía de niño, no ha disminuido ni un ápice. Ahora mis rasgos son más sobrios y masculinos, pero sigo poseyendo un atractivo tan armonioso, que es imposible no llamar la atención. Mi más de metro noventa de estatura y mi complexión atlética y tonificada completan mi impecable outfit. Si los informes no están equivocados (cosa que dudo); la agente Umi Maeda, como buena heterosexual, no será indiferente a mis encantos.

Otro pitido me avisa de que he llegado a mi destino. Salgo del ascensor y me dirijo al último despacho del pasillo de la izquierda. La puerta está cerrada y sonrío al leer “agente M” en el cartel identificativo pegado a la madera. Toco con mis nudillos a la puerta y oigo un «adelante» desde el otro lado.

De acuerdo, la voz de Umi Maeda, al igual que su nombre, tampoco me desagrada.

Abro la puerta, entro en el despacho con tranquilidad y lo que veo me deja a punto de abrir la boca y babear como un jodido idiota.

Umi Maeda, más conocida como agente “M”, no es para nada como esperaba.

Santa mierda.

Está de espaldas, y ya me ha dejado sin aliento.

Ella continúa a lo suyo, se encuentra de pie, hojeando unos expedientes, ajena a mi presencia; y yo aprovecho para observarla...

Mi mirada recorre con avidez los sencillos y gastados jeans que se adhieren a sus caderas y dibujan un culo tan jodidamente sexy como apetecible.

Es de mediana estatura, su figura es esbelta y lleva el cabello castaño claro recogido en una alta cola de caballo que me permite apreciar la gracilidad de su cuello.

Trago duro.

¿Por qué carajos acaba de acelerárseme el pulso al imaginarme enterrando mi rostro en su cuello?

¿Por qué tengo la necesidad de acercarme a su posición y saber a qué huele?

Ella se voltea y siento que mi mundo se tambalea.

Mierda.

Es preciosa, tan jodidamente bella que me falta el aliento:

Grandes y hermosos ojos color miel con vetas doradas que destellan cuál oro; labios carnosos, rojizos y tan apetecibles como un vaso de agua fresca en un sofocante día de verano.

Quiero beber de ella, necesito saciar esa sed que acaba de dominarme nada más verla.

La sencilla camiseta negra que viste, a pesar de ser holgada, me permite adivinar que sus pechos no cabrían entre mis manos. Joder, debe tener unas tetas fabulosas.

Nuestras miradas se encuentran, ella me contempla con interés y juro que esos ojos de gata destellan con un brillo aún más intenso al observarme.

Mi respiración se acelera, mis manos se humedecen y un calor arrollador recorre cada poro de mi piel.

Permanezco estático, incapaz de hablar ni moverme.

No puedo parar de mirarla.

Joder, estoy perdido.

Por primera vez en años, me olvido de Kendo y de la razón de por qué me encuentro en ese despacho. Lo único que domina mi mente es el deseo de acercarme a la agente “M” y oírla gemir mi nombre.

Es entonces cuando, apenas sin percatarme, me pongo en movimiento motivado por ese pensamiento. Quiero besarla, quiero saber a qué demonios huele su piel.

Ella entrecierra los ojos con desconfianza, es un gesto apenas perceptible, pero para alguien como yo; es una señal de alerta.

De pronto, me golpea la realidad. Es igual a una puta jarra de agua fría despertando mis sentidos.

¿Qué mierda pasa conmigo?

Estoy aquí por algo importante, me mueve una promesa; una promesa inquebrantable y sincera.

Ella es una jodida agente de policía y yo, uno de los altos mandos del grupo criminal con mayor crecimiento de la ciudad.

Detengo mi leve avance y por su mirada sé que los próximos segundos van a ser determinantes para el éxito de mi misión. Le regalo una suave sonrisa de despiste y me llevo la mano a la parte posterior de la cabeza.

—Hola... —saludo amistosamente, algo en mi ronca y potente voz parece sorprenderla, pero enseguida la veo reponerse y sonreír levemente— ¿La agente “M”? —pregunto con curiosidad, ella asiente y señala la puerta.

—Eso pone en el cartel—responde, a pesar de que su respuesta puede parecer cortante, su tono es afable.

Yo asiento también sonriendo ante su ambigüedad y doy un paso más para acercarme a ella, si la cosa no sale bien, voy a tener que usar la fuerza antes de que la agente “M” acceda a la pistola que, según mi informe, guarda en el primer cajón de su escritorio. Ella esta vez no parece turbada y yo avanzo otro paso más.

—Era para asegurarme... —explico, ella sonríe levemente sin dejar de mirarme. Me gustan demasiado sus ojos y no puedo apartar la mirada—... ¿Puedo acercarme? —cuestiono poniendo mi mejor cara de chico bueno, la agente “M” sonríe y asiente.

—Sí, por favor. Pasa y toma asiento —responde señalándome la silla vacía que se encuentra a su lado. Lo cierto es que no voy a sentarme, me sería imposible inmovilizarla si estoy sentado, pero avanzo un par de metros más y me sitúo frente a ella.

De cerca es aún más hermosa y esos ojos se ven más fascinantes e hipnóticos.

Mierda.

Necesito oler su piel.

Estoy a punto de lanzarme sobre ella, inmovilizarla y decirle de una vez por todas quién soy y qué carajos quiero, pero debo ceñirme al plan.

—Me han dicho que la agente “M” es la que se ocupa de los temas relacionados con la organización criminal llamada Hiruiyan —comento pendiente de su reacción.

Su gesto esta vez no es para nada sutil. Su mirada se endurece, un destello de ira ilumina sus doradas pupilas, y yo, solo puedo pensar que se la ve aún más hermosa con ese aire de peligrosidad que desprende.

—¿Han intentado extorsionarte? —cuestiona con enfado, joder cabreada aún me pone más—. Sé que desde hace años, una de las formas que Hiruiyan usa para financiarse es chantajeando a empresarios de su zona de influencia —explica con profesionalidad.

Demonios, qué preciosa se la ve con las mejillas encendidas de ira.

El que me confunda con un hombre de negocios debido a mi aspecto, me causa tanta ternura como aprensión. Tengo ganas de decirle que sí, pasarme horas contándole una historia inventada e invitarla a cenar. No obstante, Kendo si su contrario lo merece (al igual que Hiruiyan), es tan poco escrupulosa, sangrienta y despiadada como cualquier organización criminal de renombre.

—Mmmm... —respondo en tono meditativo como si fuera un maldito cobarde y temiera denunciarles, ella asiente y se acerca un poco más a mí, intentando ganarse mi confianza.

Eso es preciosa, acércate; no sabes las ganas que tengo de oler tu piel.

—Esa maldita banda criminal amenaza con hacer daño a los seres queridos de sus víctimas, ya sabes: mujer, novia, hijos... —aclara mirándome con interés—. También extorsionan con dejar salir a la luz secretos oscuros e incómodos —continúa en un tono de preocupación sincero que me da a entender que la agente “M”, aparte de ser una mujer muy hermosa, también es una buena persona.

—Entiendo... —dejo caer en tono neutro intentando que ella, debido a mi falta de decisión, se acerque un poco más a mí, pero permanece en su posición sin moverse ni un ápice.

Maldita sea, necesito oler su piel.

—Las víctimas no se atreven a denunciar y acceden a sus peticiones por miedo a las represalias. —Ella continúa con su charla, ajena a mi desesperación por tenerla cerca—. Hiruiyan es, en la actualidad —matiza—, la banda criminal más sanguinaria y peligrosa de Tokyo, pero te aseguro que si decides denunciarles. —Su mirada dorada se posa en mí con determinación—. Voy a protegerte de cualquiera que intente hacerte daño, te lo prometo —asegura sin un ápice de duda.

Debería reírme ante sus palabras pero, por el contrario, su afirmación causa que algo en mí se estremezca... ¿Protegerme? Es ella la que está en peligro, es ella la que está en el punto de mira del cerdo de Takemi por meter esa preciosa nariz en los asuntos de Hiruiyan. La observo con interés y veo determinación en su mirada.

Umi Maeda no está mintiendo.

Esta mujer es tan jodidamente valiente como inconsciente.

La miro con incomprensión, no entiendo como no es consciente del peligro que corre; ella malinterpreta mi gesto, posa su mano sobre mi brazo y se acerca, por fin, a mi posición.

Juro que tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no cerrar los ojos con deleite cuando una maravillosa esencia a azahar y jazmín, inunda mis fosas nasales. ¿Es su perfume? ¿Su champú? Sea lo que sea, acaba de convertirse en mi olor favorito.

—No debes preocuparte, no permitiré que te hagan daño ni que te extorsionen —repite de nuevo, yo niego, tan preocupado como cabreado ante la realidad de que, en verdad, le importa mi seguridad y yo le estoy tomando el pelo.

A la mierda.

No voy a seguir con esta puta pantomima ni un jodido segundo más.

—Lo cierto es que no tengo mujer, pareja ni hijos —respondo de manera cortante, ella me mira con interés, creo que si ahora mismo inclinara levemente la cabeza, podría besarla, pero por desgracia, no puedo hacerlo—. Tampoco me preocupa que salgan a la luz mis trapos sucios. —continúo, sus ojos se entrecierran—. Tengo demasiados y son casi de dominio público —sigo hablando sin poder apartar la mirada de su boca—. Creo que, en cuanto me presente, entenderás a qué me refiero —aclaro sin un ápice de duda, sus ojos se entrecierran en gesto de incomprensión y yo sé que en pocos segundos voy a mandar el plan a la mierda.

—No acabo de entender...

—Mi nombre es Ren.

Su mirada se endurece.

—Ren Keitani.

La velocidad con la que la agente “M” se aparta de mi posición y rueda sobre la mesa para extraer la pistola del cajón de su escritorio, me deja atónito.

Joder, a pesar de mi intento por atraparla, es demasiado rápida y soy incapaz de evitar que acceda al arma. Ella me apunta con rapidez, pero valiéndome de mi amplia experiencia, tras un leve forcejeo (más largo de lo que me esperaba), soy capaz de desarmarla.

Para mi sorpresa, a pesar de estar sin su pistola, no se rinde y me regala un potente derechazo en la mandíbula que consigue que me tambaleé.

No puedo evitar sonreír con satisfacción; joder con la agente “M”.

Recuerdo los datos sobre sus conocimientos en lucha del expediente y cuando vuelve a atacarme, estoy más que preparado.

Soy el discípulo de Rayko Fujiwara noble imperial y general del reino nipón.

Alzo mi brazo y bloqueo el gancho de izquierdas que se dirigía a mi sien, “M” no se rinde y me ataca con una potente patada circular, me agacho con rapidez y la evito. Podría lanzarme contra ella, tirarla al suelo e inmovilizarla. Sin embargo, la caída sería demasiado brusca y podría dañarla.

Quiero hacerle muchas cosas, pero ninguna de ellas es lastimarla.

Vuelvo a bloquear su ataque, debería pasar a la acción, pero soy incapaz de hacer otra cosa que no sea bloquear sus envites. He de reconocer que es más buena que muchos de mis hombres y eso me agrada.

Es rápida, es hábil, es fuerte e inteligente, pero yo soy el mejor luchador de los bajos fondos de Tokyo y hay cosas que ninguna jodida academia, ni dojo, van a enseñarle.

Bloqueo sin problemas sus dos puñetazos y la combinación de golpes que me dedica. Es entonces cuando me percato de que, en un descuido, acaba de dejar desprotegido su flanco izquierdo.

Sé que es mi oportunidad.

Me cuelo entre el hueco que ha mermado su defensa, la agarro con fuerza sin dañarla y la volteo con rapidez, inmovilizándola contra el escritorio.

Ella está de espaldas a mí, entre la mesa y mi cuerpo.

Diablos, la tengo dónde quería, pero sin poder hacerle lo que me gustaría.

—Dejémonos de rodeos, agente “M” —le hablo al oído, intentando que mi voz sea firme y no me delate el placer que siento al pegar mi cuerpo contra el suyo y hundir mi rostro en su cuello.

Si el paraíso tuviera un olor específico, este sería el maravilloso perfume a jazmín y azahar que desprende Umi Maeda.

—Estás incumpliendo infinidad de leyes —avisa en tono amenazador, no puedo evitar reírme con sarcasmo al oírla.

—Como si eso me resultara un problema... —respondo burlón.

Ella intenta escabullirse y hago más férreo mi agarre.

—Estate quieta —le ordeno molesto.

La agente “M” me ignora y continúa debatiéndose.

No puedo evitar soltar una breve risa.

—Tan terca como hermosa... —murmuro junto a su oído.

Noto cómo su grácil cuerpo se tensa contra el mío.

Despacio, casi sin darme cuenta de lo que hago, rozo con suavidad mi nariz contra la curva de su cuello.

Cierro los ojos un instante.

Jazmín.

Azahar.

Maldición...

—No quiero hacerte daño... —confieso en un tono mucho más bajo, casi para mí mismo.

—Entonces, ¿a qué has venido? —cuestiona con recelo, joder que bien huele.

—Vengo a proponerte un trato... —dejo caer haciendo uso de toda mi disciplina para evitar que una incipiente erección me delate, ella niega desde su posición.

—No hay nada que puedas ofrecerme y vaya a interesarme —afirma orgullosa.

No puedo evitar dejar salir una ronca y profunda carcajada mientras pego más su cuerpo al mío.

Mierda, su precioso culo presiona contra mi entrepierna de manera tan jodidamente placentera que tengo que reprimir un jadeo.

—¿Estás segura de eso? —pregunto en su oído, burlón.

Observo con satisfacción como la piel de sus brazos y de su cuello se eriza y no puedo evitar sonreír con agrado al percatarme de que no le soy tan indiferente como pretende hacerme creer.

—¿Te envía Takemi? —cuestiona con desagrado.

Niego, todavía pegado a su espalda.

—No —mi respuesta es rotunda—. Estoy aquí justamente por lo contrario —afirmo sin un ápice de duda. Su silencio me indica que he despertado su interés.

—Explícate —ordena finalmente.

A pesar de que su osadía por exigirme que hable me agrada más de lo que quiero reconocer, no puedo olvidar cuál es su rol y cuál el mío.

Tengo una misión.

—Creo que no estás en posición de exigir nada —aviso en tono frío mientras hago mi agarre más férreo, a pesar de eso, no llego a lastimarla.

En apenas cinco minutos con ella, solo tengo claras dos cosas: La primera, quiero follarme a la agente “M” y la segunda; me pegaría un tiro antes que hacerle daño.

—Ahora mismo podría hacerme con esa pistola tuya y vaciarte el puto cargador en la cabeza —amenazo con voz oscura.

A pesar de mi revelación anterior, tengo que cumplir con mi papel de mafioso despiadado y ella no tiene por qué saber que acaba de convertirse en una excepción para mí.

—Eres tú el que has irrumpido en mi despacho —responde sin amedrentarse, carajo me encanta esta mujer—. Tengo derecho a saber qué quieres de mí —afirma con decisión.

Una sonrisa de satisfacción escapa de mis labios ante su réplica.

—Exacto, tienes todo el derecho a saber, pero no a exigir —rebato pegando más mi rostro a su oído. Mierda, su olor me trae loco—. No soy un hombre acostumbrado a recibir órdenes —afirmo con decisión.

—¿Acaso no tienes un superior en Kendo? —ironiza arrogante—. Debes estar más que acostumbrado a recibir órdenes —sentencia con desdén.

Maldita sea, como no pare de provocarme, voy a acabar volteándola y besándola para que se calle de una puta vez.

—Agente “M” —aviso con un suspiro de hastío—. Será mejor que uses la cabeza, y empieces a actuar y hablar con sangre fría. Según tu informe, eres una mujer inteligente... No cabrees a alguien que ha venido a ofrecerte algo que será muy beneficioso para ambos...

Ante mi sorpresa, su rígida postura se relaja, y muy a mi pesar, tengo que aflojar mi agarre y apartarme levemente de su cuerpo. Deja salir un suspiro de rendición y veo como asiente.

—Está bien... —dice con los dientes apretados—... Te escucho —afirma relajando la totalidad de su cuerpo.

Acepto su gesto y la suelto por completo, evitando dejar salir un gruñido de frustración al separarme de ella.

La agente “M” se voltea y vuelvo a perderme en el oro líquido de su mirada, en sus labios y en ese rostro tan jodidamente perfecto. Pasan un par de segundos, ya debería haber empezado a hablar, pero estoy ensimismado contemplándola y ni me percato.

Ella también me observa con atención, sus ojos recorren mi cara con estupor y por primera vez en años, me alegro de ser tan atractivo e irresistible.

Los segundos pasan y ambos seguimos perdidos en el otro, hay una tensión sexual de la hostia, pero sé que si intento algo; Umi Maeda, le pondrá fin enseguida. Es una buena profesional y yo represento todo lo que ella juró combatir.

—Takemi Murakami va a recibir un enorme cargamento de droga en un par de días —explico finalmente rompiendo el contacto visual para sacar un cigarro de mi camisa, lo enciendo y me aparto un poco evitando que el humo del pitillo le moleste—. Es el envío de droga más grande que va a entrar a Tokyo en décadas —aclaro, ella entrecierra los ojos, no sé si debido al humo o por el interés que mis palabras le causan—. Es droga de primera calidad y una vez la tenga en su poder, pretende adulterarla y conseguir prácticamente el triple de material —Nuestras miradas vuelven a encontrarse, la suya muestra interés, la mía; determinación. Doy una calada a mi cigarro y clavo mis ojos en los suyos—. Si eso ocurre, el poder y la reputación de Hiruyan, crecerán de manera desorbitada y conociendo como conozco a ese miserable, las muertes en los bajos fondos de la ciudad por sobredosis, aumentarán de manera alarmante. —Sus orbes dorados destellan de ira al oír mi afirmación—. Takemi no tiene ningún tipo de escrúpulos y su droga adulterada es veneno, va a desatar mucho dolor y sufrimiento entre las personas humildes...

Lo cierto es qué no sé por qué le explico esto, pero tengo la intuición de que la vida de la gente de los bajos fondos, al igual que para mí, es importante para Umi Maeda.

—¿Estás proponiéndome lo que creo? —pregunta estupefacta.

Asiento con decisión, dejando salir el humo para luego dar otra calada.

—Si aceptas el trato, te proporcionaré el día, lugar y hora exacta en la que se producirá el intercambio —afirmo, sus ojos me observan con interés, obviamente no se fía de mí y eso es algo que ya teníamos previsto.

—¿Eso no supone algún tipo de traición, no tenéis una especie de código en la Mafia? ¿Algo así cómo líneas rojas? ¿Honor? —cuestiona.

Pienso en Haru y niego.

Es ahora cuando voy a condenarme, este es el momento exacto en que voy a perder cualquier punto positivo, que por pequeño que fuera, hubiera logrado con ella. Tengo que hacerle creer que soy un tipo de persona totalmente opuesto a mi verdadera realidad como ser humano.

Ren Keitani, a ojos de la policía, debe ser implacable, sádico, sanguinario y cruel. Sólo existe su propio beneficio.

—La ética, la moral o cualquier tipo de honor —explico, ella me observa con interés—. Me importan una mierda —sentencio, arrogante mientras doy otra calada, sus ojos se entrecierran con desagrado.

—Sólo me atañe llegar a lo más alto, mi único interés es ser el Boss de la Mafia de Tokyo y Takemi y su banda, hoy por hoy, son el mayor impedimento para lograrlo. Me da igual incumplir el código, me da igual matar a quien se interponga en mi camino... Nada es más importante que conseguir mi meta —aclaro con maldad, juro que ver ese destello de desagrado en sus ojos me duele más que cualquier maldito puñetazo.

—Ahora, agente “M” te toca decidir si vas a colaborar conmigo o no...

—Antes has hablado de la gente de los bajos fondos y me ha dado la impresión de que esas personas... te importaban. —comenta con acierto.

Dejo salir una sonrisa burlona para condenarme aún más, esto es más doloroso que una jodida patada en las pelotas.

—Sólo me importa llegar a lo más alto —repito—, pero puedo garantizarte que Kendo, tendrá más escrúpulos y será mejor para la ciudad, de lo que los de Hiruyan lo serán jamás. —Nuestras miradas vuelven a encontrarse, yo doy una última calada al cigarro, dejo salir el humo y luego lo apago—. Si Hiruyan se hace con ese cargamento, Kendo no podrá plantarle cara y Takemi acabará proclamándose el Boss de la Mafia de Tokyo. —Me pauso y la observo con determinación—. Créeme, qué Takemi Murakami se convierta en el Boss, es lo peor que puede ocurrirle a la ciudad. —Señalo el montón de papeles y expedientes de su mesa—. Estoy convencido de que ya sabes de qué es capaz. Es una maldita plaga...

—¿Y qué te hace mejor que él? —me interrumpe con desdén—. ¿Acaso no sois iguales?

Su afirmación me molesta y me cabrea tanto que no puedo evitar dar un paso amenazante hasta su posición. Ella no se acobarda, me dedica una furibunda mirada y alza su rostro con decisión. No puedo evitar dejar salir una sonrisa de satisfacción mientras niego y respondo con decisión:

—Ren Keitani puede ser muchas cosas agente “M”, pero jamás ha abusado ni violado a una mujer —apunto sincero, volvemos a estar muy cerca y su fascinante olor me envuelve. Mierda, ¿qué carajos me pasa?—. Takemi es un jodido psicópata, un depredador que viola, golpea y mata sin ningún tipo de escrúpulos. —continúo centrándome en la realidad, veo en sus hermosos ojos algo parecido al reconocimiento y el dolor, sin duda sabe de qué estoy hablando—. No es un mafioso, es un puto asesino desquiciado disfrazado de Yakuza. —Sé por su mirada qué está de acuerdo conmigo—. Creo que simplemente por el hecho de quitar de en medio a un enfermo como Takemi, vale la pena que sopeses mi oferta —finalizo mirándola con interés.

—¿Cómo sé que, después de ayudarte, no irás contra mí? —cuestiona con curiosidad, yo asiento ante la lógica de su pregunta.

—Es sencillo, no tengo motivos —afirmo, ella me mira sin comprender—. Si aceptas el trato y luego de detenerlo, intentas ir por mí, tú tienes más que perder que yo —explico encogiéndome de hombros—. Nadie en comisaría te mirará con buenos ojos e incluso pueden detenerte por colaborar con Ren Keitani... No ganaría nada quitándote del medio, agente “M” —Ella me observa meditativa, lo que me da a entender, que está sopesando mi oferta—. Sé que no vas a traicionarme porque tal y como ocurre con Takemi, a pesar de saber que soy culpable de cientos de delitos, no tenéis pruebas contra mí. No me preocupas —afirmo tajante—. No eres importante —sentencio en una falaz mentira porque desde que me perdí en esa mirada de ámbar y oro, Umi Maeda ha pasado a estar bajo protección directa de Ren Keitani, a pesar de que ella no lo sabrá jamás.

El silencio domina la estancia, “M” se aleja levemente y pierde la mirada en algún punto de la pared que hay tras de mí, su actitud es meditativa y aprovecho para volver a observarla con avidez:

A pesar de su imponente belleza, viste de manera sencilla y recatada. Vuelvo a centrarme en su bonito rostro. No usa maquillaje, apenas un poco de kohl perfilando sus hermosos ojos, y sonrío al pensar que se vería como una jodida diosa con cualquier prenda que vistiera. Me sorprende no haber percibido en ella esa arrogante mirada que regalan la mayoría de mujeres que poseen una belleza tan devastadora. Se saben bellas, se saben hermosas y no pueden evitar la soberbia que destella en sus ojos, pero Umi Maeda, no.

Y eso me excita y me intriga a partes iguales.

Agradezco que el puto psicópata de Takemi lleve los últimos seis meses enfrascado en el inminente envío de droga y haya olvidado investigar a la agente “M”. Estoy convencido de que si lo hubiera hecho, al verla, habría ido a por ella. Disfruta desfigurando a mujeres hermosas, disfruta rompiendo y dañando lo que es bello, porque todo en él es horrendo, sucio y apesta.

La necesidad de quitar a Takemi de en medio se ha incrementado a un punto de no retorno. Al inicio de nuestra conversación, antes de que supiera quién era yo, ella juró protegerme y ahora, voy a ser yo el que la proteja. También seré el guardián de Umi Maeda y como en el caso de la ciudad de Tokyo, lo seré desde las sombras.

—Acepto el trato. —La afirmación de la agente “M” me saca de mis pensamientos y me roba una sonrisa de satisfacción—. Takemi Murakami es demasiado peligroso, no puedo permitirme perder la oportunidad de meterle entre rejas.

—Yo preferiría que le pegarás un tiro y lo quitarás del medio —respondo sincero encogiéndome de hombros—, pero eso ya es cosa tuya. —Ella me mira como si fuera un bicho raro y niega con rotundidad.

—Soy una agente de la ley, no una asesina. Yo no disfruto matando —afirma sincera mirándome con desdén, no puedo evitar entrecerrar los ojos ante su gesto.

—¿Insinúas que yo sí disfruto matando, agente “M”? —cuestiono burlón, ella me mira con seriedad.

—¿Acaso no lo haces? —pregunta con recelo.

Bien, mi disfraz de hombre malvado, sádico y sin escrúpulos permanece intacto; mi sonrisa irónica se hace camino.

—Sólo cuando decido qué a quién mato, se lo merece —sentencio volteándome en dirección a la puerta.

“M” ya ha aceptado mi oferta y sé que si me quedo más tiempo voy a acabar lanzándome sobre ella para besarla, terminar con Takemi y cumplir con Haru es mucho más importante que mi deseo por ella.

—¿Cuándo me harás llegar la información? —cuestiona, con interés; mi respuesta es voltearme ligeramente.

—Te he dejado sobre la mesa mi tarjeta de visita —explico volviendo a perder mi mirada en la puerta—. Envíame un mail, y te daré todos los detalles. —Esta vez sí que me detengo y me doy la vuelta por completo—. Lo ideal sería que me escribieras desde tu correo personal, supondría mucho menos trabajo para mí acceder a tu e-mail sin tener que borrar rastro. También se podría decir que lo tomaría como una señal de confianza, aunque debo avisarte que, digitalmente estoy blindado y cada semana cambio mi dirección de correo electrónico —finalizo en tono serio, ella asiente y vuelvo a darme la vuelta mientras alzo mi mano en señal de despedida—. Ha sido un placer, agente “M”...

—¡Ren! —Oír mi nombre en sus labios hace que mi pulso se acelere y me resulta imposible controlar la instantánea erección que me tensa los pantalones, joder solo ha dicho mi nombre, parezco un puto crío de trece años.

Me volteo levemente (lo suficiente para que nuestras miradas se encuentren, pero el bulto en mis pantalones no me delate), el gesto que hago con mi cabeza la invita a continuar.

—¿Sí, “M”? —pregunto con interés.

—Sólo Dios debería decidir quién merece vivir y quién no... —sentencia con una mirada de reproche que me rompe en dos, ahora si estoy seguro de que me desprecia.

Trago duro. Seguiremos con el teatro, la función debe continuar.

—Dios no existe, agente “M” —afirmo con maldad—. Y cualquiera que haya pasado su infancia en la Grieta como yo, puede afirmarlo. —Nuestras miradas se encuentran, veo interés en la de ella y niego—. En poco tiempo, Ren Keitani será lo más parecido a Dios que reinará en Tokyo...

—¿Es una amenaza? —cuestiona con los ojos entrecerrados, niego con vehemencia.

—No —sentencio sin dudarlo—. Es una promesa —afirmo con sinceridad, luego le sonrío levemente—. Espero ese e-mail, agente “M”. Cuanto antes tengas esa información, antes podrás preparar la redada... —La miro con intensidad—... Reitero: ha sido un placer.

Esta vez no le doy pie a una réplica y abandono el despacho.

Salir de la comisaría no me supone un problema, una vez dentro, no van a pedirme las credenciales para abandonar el edificio. Dejo la comisaría atrás y camino un par de manzanas hasta dónde está aparcado mi coche. Es mi antiguo Chevy, tiene el motor trucado, pero exteriormente no llama la atención y por eso lo he elegido. Por el momento prefiero pasar desapercibido, únicamente si la situación lo requiere, utilizo algún vehículo de alta gama.

Conduzco hasta La Central, guardo el Chevy en el parking y subo en el ascensor hasta la planta superior dónde tenemos nuestro despacho, guarida, sala de recreo o como Dios quiera llamarlo.

Las puertas del ascensor se abren y veo enfrente de mí al chalado de Haru mirándome con ansiedad, estoy seguro que el tiempo que ha transcurrido desde que dejé el edificio para reunirme con la agente “M”, se lo ha pasado caminando de arriba a abajo por la sala principal dominado por incertidumbre. El recuerdo de la hermosa detective logra que mi corazón se acelere e inspiro, intentando dominar mis desbocados latidos.

—¿¡Ha aceptado?! —pregunta Haru acercándose a mí con ansiedad, yo asiento.

—Sí, pero tal y como creía Gan, solo ha accedido a detenerle —explico, él frunce el ceño—. No ha querido ni contemplar la idea de matarle —matizo, Haru deja salir un gruñido de hastío y patea al aire. Le miro y niego, está como una cabra.

—Tendremos que matarle en la redada —afirma con nerviosismo, deduzco por el temblor de su voz que va hasta los ojos de anfetaminas y niego mientras le miro con seriedad.

—Ninguno de nosotros va a matar a Takemi el día del intercambio, Haru —afirmo rotundo, él niega inquieto—. He dado mi palabra a la detective que ha aceptado el trato. —Le miro con seriedad—. Ya habíamos hablado sobre esto —aclaro, su mirada se ensombrece y no puedo evitar compartir su frustración, suspiro y poso mi mano sobre su hombro—. Sabes que hay cosas peores que la muerte, y estoy seguro de que tu hermano las merece todas, en prisión será un blanco más fácil —insinúo, una sádica y peligrosa sonrisa se dibuja en el rostro de mi interlocutor mientras asiente y se dirige al mueble bar para prepararse una copa.

Oigo a Randy reír y dirijo mi mirada a las escaleras que descienden del piso superior, mi hermano, Gan y Ruri bajan por estas bromeando sobre quién sabe qué. Intuyo que Drake debe estar fuera al no verle junto a ellos. Haru se sitúa a mi lado, acercándome un vaso de whisky, mientras da un largo trago al suyo y asiento agradeciendo su gesto.

—¿Eso que tienes en el pómulo es un moretón? —cuestiona mi amiga con preocupación una vez se ha situado a mi altura. Masajeo sin percatarme la zona en la que intrépida agente “M” me ha golpeado con su potente gancho de izquierdas y asiento.

—Sí —respondo molesto, Ruri me mira sorprendida y el idiota de Randy deja salir una burlona carcajada, juro que voy a matarlo.

—Esa tal agente “M”, ¿es tan fea como creías? —pregunta mi hermano, burlón—. De lo que estoy seguro es de que si ha conseguido golpearte, es aún más bruta de lo que te imaginabas —continúa divertido mientras le da un codazo cómplice a Haru y ambos rompen a reír como idiotas.

—¿Ha aceptado? —pregunta Ruri con interés, vuelvo a asentir mientras le doy un largo trago a mi vaso de whisky sin poder evitar que los destellos dorados del preciado licor, me recuerden a los hermosos ojos de Umi Maeda, mi corazón vuelve a latir desbocado y apuro el contenido con avidez.

—Sí —afirmo sacando un cigarro de mi camisa para encenderlo—. La detective y su equipo detendrán a Takemi el día del intercambio —le digo a la joven de pelo plateado, ella asiente con satisfacción, mientras el bobo de Randy continúa riendo con Haru a costa mía.

—¿Cómo ha logrado golpearte? —cuestiona Ruri con interés, ajena a las burlas de Randy, me encojo de hombros mientras le doy una larga calada al cigarro.

—¿Cien kilos, Ren? —bromea mi hermano refiriéndose al ficticio peso de “M”—, ¿ciento veinte? —insiste rompiendo a reír con el idiota de Haru haciéndole coro, tenso la mandíbula y poso mi furibunda miranda en él.

—No creo ni que pese sesenta y tres kilos, Randy —confieso con los dientes apretados, todos me miran sin comprender, excepto Gan que sonríe burlón mientras dirige su mirada al suelo con disimulo, no obstante, percibo su gesto y gruño por lo bajo.

—¿Por qué coño no me lo habías dicho? —pregunto molesto dirigiéndome a él, Gan sonríe con satisfacción mientras se encoge de hombros.

—Siempre insistes en no querer saber el aspecto de las personas a las que tienes que coaccionar, esta vez no tendría por qué ser diferente —afirma con tranquilidad.

Sé qué tiene razón, jamás me he dejado influir por el físico de nadie a la hora de cumplir un encargo, pero me engaño pensado en que quizás, si hubiera sabido lo hermosa y jodidamente sexy que era la agente “M”, no me encontraría en esta situación de suspiros velados y palpitaciones frías.

—¿Qué ocurre con esa detective? —pregunta Ruri con interés.

Me volteo y les doy la espalda, dirigiéndome al mueble bar para servirme otra copa, que responda Gan si quiere.

Veo como el de la cicatriz saca su móvil del bolsillo y tras un par de toques, le pasa el terminal a su hermana. Desde mi posición observo como Ruri sonríe divertida, no hace falta ser adivino para saber que está viendo una foto de la agente “M”. Randy le quita el celular de las manos y deja salir un silbido de admiración mientras le enseña la pantalla a Haru, que se ríe como un jodido loco. Dios, tengo ganas de mandarlos a todos a la mierda, irme a mi planta y darme una ducha.

Pero antes de largarme, tengo que dejarles claro algo importante a todos ellos. La puerta se abre y al ver aparecer a Drake acompañado de Kojiro, sé que es el momento para informarles.

—Buenas —saluda mi amigo de la infancia, Kojiro alza la mano—, ¿Cómo ha ido en comisaría, Ren? —cuestiona con interés—. ¿Han aceptado la propuesta? —su pregunta deja vía libre a mi petición.

—Sí, la agente Umi Maeda ha accedido a detener a Takemi —Drake sonríe con satisfacción y Kojiro asiente—. Aprovechando que estamos todos reunidos quiero dejar una cosa clara —Drake y nuestro contable me miran sin comprender, pero el resto me observan divertidos—. La detective Umi Maeda a partir de hoy —Poso mi mirada en cada uno de ellos con seriedad—. Está bajo mi protección directa, y por tanto —matizo—, de todo Kendo. Es una buena profesional y se está jugando su reputación y el pellejo con toda esta mierda —explico con seriedad.

Los recién llegados asienten conformes, Kendo acostumbra a proteger a las personas que les prestan su ayuda, no es nada nuevo para ellos. Randy, Ruri y Gan me miran divertidos, Haru en cambio, permanece serio e impasible.

—¿Ya te las has follado, hermanito? —pregunta Randy burlón, mi iracunda mirada debe ponerle sobre aviso, porque alza las manos y recula un par de pasos sin borrar esa jodida sonrisa burlona. Haru, por el contrario, me mira molesto.

—Nuestra prioridad es acabar con Takemi —respondo cortante—, fóllarme a la agente “M” no va a ayudarnos con eso, sólo complicaría más las cosas, deja de decir estupideces, Randy —espeto con enfado, él asiente —. Le hicimos una promesa a Haru, él está jugándose más que nadie y no voy a traicionar su confianza ni poner en peligro nuestro objetivo por colarme en las piernas de nadie —Esta vez es Haru quién sonríe, sé que le preocupaba que fuera poco profesional con este tema, pero lo primero es lo primero—. Esperaremos el correo de “M” y tras recibirlo, decidiremos cual es la manera más hábil de proceder —sentencio.

Todos me miran y asienten con seriedad. Cada día que pasa estamos más y más cerca de cumplir esa promesa que hicimos de niños. Tokyo será nuestra, y desde las sombras, protegeremos a los más débiles.

—Prepararé unas copas —dice Ruri entendiendo la solemnidad del silencio que ha dominado el ático—. Brindaremos por El Viejo, llamaré a Rea para que venga y después saldremos todos a tomar algo —explica dirigiéndose al mueble bar—. Hoy tenemos mucho que celebrar —afirma con una sonrisa.

Todos asentimos al oírla, avanzo hasta colocarme a su lado para ayudarla con las bebidas. Parece que no voy a poder irme a casa, ducharme y largarme. Hoy es un día para celebrar.


**Nota de la Autora**

Sé que este capítulo ya lo habéis leído, pero recordad que era un adelanto de esta nueva novela.

El siguiente capítulo continúa en el pasado y va justo detrás de este, es un capítulo súper importante!!

Por favor, no olvidéis dejarme vuestras impresiones, me motivan como no tenéis idea!!

Nos leemos en el siguiente capítulo?

Gracias por tanto!!!

¡Cuéntale a Ansonieta lo que piensas sobre este capítulo!
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