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AMOR A DISTANCIA ||CAPITULO ÚNICO|| kookmin

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Sinopsis

Después de años de amistad, Jimin y Jungkook descubren que aquello que siempre creyeron que era solo cariño se ha convertido en algo mucho más profundo. Pero justo cuando finalmente se atreven a reconocer sus sentimientos, Jungkook recibe una oportunidad de trabajo en Los Ángeles que lo obliga a marcharse. Kilómetros de distancia, horarios diferentes y la ausencia de los abrazos pondrán a prueba lo que sienten. Entre videollamadas que se alargan hasta la madrugada, mensajes enviados con una sonrisa y promesas hechas a través de una pantalla, ambos descubrirán que amar también significa aprender a esperar. Porque cuando dos corazones realmente quieren estar juntos… ¿puede la distancia convertirse en el mayor obstáculo? Jimin × Jungkook ✓ Historia 100% mía ✓ Sin copias ✓ Sin adaptaciones

Genero:
Romance
Autor/a:
minjungk7
Estado:
Completa
Capítulos:
3
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

CAPITULO ÚNICO

Jimin miraba por la ventana de su pequeño apartamento en Seúl mientras sostenía una taza de café entre las manos.

La ciudad estaba iluminada.

Las calles se encontraban llenas de personas que iban y venían, los autos recorrían las avenidas y las luces de los edificios parecían pequeñas estrellas atrapadas entre enormes estructuras de concreto.

Era una vista que Jimin había contemplado cientos de veces.

Sin embargo, aquella noche se sentía diferente.

Quizás porque llevaba demasiado tiempo mirando hacia el mismo lugar esperando encontrar algo que sabía que no podía ver.

O, mejor dicho, a alguien.

Jungkook.

Su Jungkook.

El hombre que se encontraba a miles de kilómetros de distancia, al otro lado del mundo, en Los Ángeles.

Jimin suspiró y apoyó lentamente la frente contra el cristal frío de la ventana.

Ocho meses.

Habían pasado exactamente ocho meses desde que Jungkook se había marchado.

Ocho meses desde aquella despedida en el aeropuerto.

Ocho meses desde el último abrazo antes de que la distancia se convirtiera en parte de sus vidas.

Jimin todavía recordaba perfectamente aquel día.

—Prométeme que vas a volver —había susurrado mientras abrazaba a Jungkook con fuerza.

—Te lo prometo.

—¿Aunque sea difícil?

—Aunque sea difícil.

—¿Aunque nos extrañemos demasiado?

Jungkook había sonreído y acariciado suavemente su cabello.

—Especialmente por eso.

Jimin cerró los ojos al recordar aquellas palabras.

Al principio, todo había parecido sencillo.

Se escribían desde que despertaban hasta que se iban a dormir. Se enviaban fotografías de cualquier cosa, incluso de las cosas más insignificantes.

Una taza de café.

Una canción.

El cielo.

Una comida.

Cualquier detalle servía como excusa para decirse:

“Estoy pensando en ti.”

Las videollamadas también eran frecuentes.

A veces hablaban durante horas.

Otras veces solo podían verse durante unos minutos debido a sus horarios.

Pero incluso esos pequeños momentos eran suficientes para hacer feliz a Jimin.

Porque podía verlo.

Podía escuchar su voz.

Podía observar aquella sonrisa que tanto amaba.

Y, aunque no pudiera tocarlo, sentía que Jungkook estaba un poco más cerca.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la distancia comenzó a hacerse más pesada.

Los días se convirtieron en semanas.

Las semanas, en meses.

Y aquellos meses comenzaron a dejar un vacío que ninguna pantalla podía llenar.

Jimin tomó su teléfono y revisó la hora.

Era tarde en Seúl.

Pero sabía que probablemente Jungkook todavía estaría despierto.

Como si el destino hubiera escuchado sus pensamientos, el teléfono comenzó a vibrar.

Jungkook estaba llamando.

Una sonrisa apareció inmediatamente en los labios de Jimin.

Respondió.

La pantalla se iluminó y allí estaba él.

Jungkook.

Con el cabello ligeramente despeinado y una sudadera negra.

—¡Jimin-ah! —saludó con una sonrisa.

El corazón de Jimin dio un pequeño salto.

—Hola, Kookie.

—¿Por qué tienes esa cara?

—¿Qué cara?

—Esa cara de que estás pensando demasiado.

Jimin soltó una pequeña risa.

—Te conozco demasiado bien.

—Y yo a ti.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Simplemente se miraron a través de la pantalla.

Era extraño.

Habían sido mejores amigos durante años.

Se habían contado secretos, habían compartido sueños, habían reído hasta que les dolía el estómago y habían estado juntos en los momentos más difíciles.

Pero ahora Jimin entendía que todo aquello había sido el comienzo de algo mucho más grande.

Porque en algún momento, sin darse cuenta, había comenzado a mirar a Jungkook de una manera diferente.

Ya no era solamente su mejor amigo.

Era la persona que hacía que su corazón latiera más rápido.

La persona que buscaba cuando estaba triste.

La primera a la que quería contarle algo bueno.

La última persona con la que quería hablar antes de dormir.

Su hogar.

Su amor.

—Te extraño —murmuró Jimin.

La sonrisa de Jungkook desapareció lentamente.

—Yo también.

—Mucho.

—Más de lo que imaginas.

Jimin bajó la mirada.

—A veces siento que ocho meses son demasiado tiempo.

—Lo sé.

—Y tengo miedo.

Jungkook frunció el ceño.

—¿Miedo de qué?

Jimin tardó unos segundos en responder.

—De que algún día la distancia deje de dolernos porque nos acostumbremos a estar separados.

Jungkook lo observó en silencio.

Después acercó su rostro a la cámara.

—Mírame.

Jimin levantó la mirada.

—La distancia puede cambiar nuestros horarios. Puede hacer que tengamos días malos. Puede hacer que nos extrañemos hasta sentir que no podemos más.

Hizo una pequeña pausa.

—Pero no puede cambiar lo que siento por ti.

Los ojos de Jimin comenzaron a humedecerse.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo.

Jimin sonrió.

—Te amo, Kookie.

Jungkook sonrió de nuevo.

—Yo también te amo, Jimin.

Aquella noche hablaron durante mucho tiempo.

Hablaron de sus proyectos, de las cosas que habían hecho durante el día y de todo lo que querían hacer cuando finalmente estuvieran juntos.

—Cuando vuelva, quiero llevarte a nuestro restaurante favorito —dijo Jungkook.

—¿Ese donde siempre dices que la comida es demasiado picante?

—Porque tú eliges los platos más picantes.

—¡Porque tú dijiste que podías soportarlo!

Jungkook soltó una carcajada.

—Y sufrí por amor.

Jimin negó con la cabeza entre risas.

—Eres un idiota.

—Pero soy tu idiota.

—Eso sí.

Ambos sonrieron.

Antes de despedirse, Jungkook se quedó mirándolo durante unos segundos.

—Jimin.

—¿Sí?

—No puedo darte detalles todavía, pero tengo algo muy especial planeado para nosotros.

Jimin arqueó una ceja.

—¿Qué estás tramando?

—No puedo decirte.

—Kookie…

—No.

—Solo dame una pista.

—Ninguna.

—Una pequeña.

—Tampoco.

Jimin hizo un pequeño puchero.

—Eres malo.

—Ya lo descubrirás.

—¿Cuándo?

Jungkook sonrió misteriosamente.

—Pronto.

La llamada terminó.

Jimin se quedó mirando la pantalla apagada.

“Pronto.”

Aquella palabra se quedó dando vueltas en su cabeza.


Los días siguientes transcurrieron con normalidad.

Jimin continuó trabajando en sus proyectos musicales, reuniéndose con personas y ocupándose de sus responsabilidades.

Pero había algo diferente.

Una pequeña esperanza había comenzado a instalarse en su corazón.

Quizás Jungkook estaba planeando una visita.

Aunque intentaba no hacerse demasiadas ilusiones.

No quería decepcionarse.

Así que siguió con su vida.

Hasta que una semana después recibió un mensaje.

Jungkook:“¿Puedes estar listo a las 7 p. m.?”

Jimin frunció el ceño.

Jimin:“¿Listo para qué?”

La respuesta llegó rápidamente.

Jungkook:“Solo hazme caso.”

Jimin:“Kookie, no me gustan tus misterios.”

Jungkook:“A las 7.”

Jimin miró el teléfono confundido.

Durante el resto de la tarde intentó descubrir qué estaba planeando.

Pensó que quizás había organizado una videollamada especial.

O tal vez había enviado algo a su apartamento.

Incluso llegó a pensar que simplemente quería hacerle una broma.

A las siete menos diez, Jimin estaba sentado en la sala.

Llevaba ropa cómoda y había preparado algo para comer.

Miró el reloj.

6:58 p. m.

6:59.

7:00.

En ese preciso instante...

Toc, toc.

Jimin levantó la cabeza.

Su corazón comenzó a latir rápidamente.

Miró hacia la puerta.

No esperaba a nadie.

Se levantó lentamente del sofá.

Volvieron a tocar.

Jimin caminó hasta la entrada.

Su mano se posó sobre el picaporte.

Durante un segundo tuvo una sensación extraña.

Como si su corazón ya supiera lo que sus ojos todavía no habían visto.

Abrió la puerta.

Y el mundo pareció detenerse.

Frente a él estaba Jungkook.

Con una pequeña maleta a su lado.

El cabello despeinado.

Una sonrisa enorme.

Y los ojos llenos de emoción.

Jimin no pudo hablar.

Simplemente lo miró.

Una vez.

Dos veces.

Como si necesitara asegurarse de que no estaba soñando.

—¡Sorpresa! —dijo Jungkook.

Los ojos de Jimin se llenaron inmediatamente de lágrimas.

—¿Jungkook…?

—Sí.

—¿Qué haces aquí?

Jungkook sonrió.

—Te dije que tenía algo especial planeado.

Jimin no pudo contenerse.

Corrió hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas.

Jungkook dejó escapar una pequeña risa antes de rodearlo con sus brazos.

Durante unos segundos ninguno dijo nada.

Solo se abrazaron.

Jimin cerró los ojos.

El aroma de Jungkook.

Su calor.

Su respiración.

Todo aquello que había extrañado durante ocho meses estaba nuevamente entre sus brazos.

Y entonces comprendió cuánto había necesitado aquel momento.

—Estás aquí —susurró.

—Estoy aquí.

—De verdad estás aquí.

—De verdad.

Jimin comenzó a llorar.

Jungkook acarició suavemente su espalda.

—Hey… no llores.

—No puedo evitarlo.

—¿Son lágrimas de felicidad?

Jimin se separó un poco y lo miró.

—Sí.

Jungkook limpió una lágrima de su mejilla.

—Entonces puedes llorar todo lo que quieras.

Jimin soltó una pequeña risa entre lágrimas.

—Te extrañé demasiado.

—Yo también.

—Pensé que tendría que esperar meses.

—Yo también pensaba eso.

Jimin lo miró confundido.

—¿Entonces?

Jungkook respiró profundamente.

—Terminé el proyecto antes de lo previsto. Cuando me dijeron que podía regresar, lo primero que pensé fue en ti.

Tomó las manos de Jimin.

—No quería avisarte porque quería darte una sorpresa.

—Lo lograste.

—¿De verdad?

Jimin sonrió.

—Nunca había tenido una sorpresa mejor.

Jungkook lo abrazó nuevamente.

—No más distancia.

Jimin cerró los ojos.

—No más llamadas a medianoche.

—No más despedidas por una pantalla.

—No más contar los días.

—Solo nosotros.

Jimin levantó la mirada.

—¿Te vas a quedar?

Jungkook sonrió.

—Sí.

—¿Cuánto tiempo?

—Todo el que pueda.

—Eso no es una respuesta.

Jungkook acercó su frente a la de él.

—Entonces te daré una mejor.

Hizo una pequeña pausa.

—Me quedo.

Jimin sonrió entre lágrimas.

—¿De verdad?

—De verdad.

Jimin volvió a abrazarlo.

Habían pasado ocho meses separados.

Ocho meses de mensajes.

Ocho meses de llamadas.

Ocho meses de noches en las que ambos deseaban poder atravesar una pantalla.

Pero todo había valido la pena.

Porque ahora Jungkook estaba allí.

No en una fotografía.

No detrás de una pantalla.

No al otro lado de una llamada.

Estaba frente a él.

Real.

Cerca.

En casa.

Aquella noche no hicieron nada extraordinario.

No salieron a ningún lugar.

No necesitaron una cena elegante ni una celebración.

Simplemente se sentaron juntos en el sofá.

Jimin apoyó la cabeza sobre el hombro de Jungkook mientras este entrelazaba sus dedos con los suyos.

Hablaron durante horas.

Recordaron momentos de su pasado.

Se rieron de las cosas más tontas.

Y, por primera vez en mucho tiempo, el silencio no se sintió vacío.

Se sintió tranquilo.

Porque ya no había kilómetros entre ellos.

Antes de irse a dormir, Jimin volvió a mirar por la ventana.

Las luces de Seúl seguían brillando.

Pero esta vez no parecían tan lejanas.

Jungkook se acercó por detrás y rodeó su cintura con los brazos.

—¿En qué piensas?

Jimin sonrió.

—En que hace unas horas estaba mirando esas luces sintiéndome solo.

—¿Y ahora?

Jimin giró entre sus brazos.

—Ahora tengo todo lo que necesito.

Jungkook sonrió.

—Te amo.

—Yo también te amo.

Jimin apoyó la cabeza sobre su pecho.

Y mientras escuchaba los latidos del corazón de Jungkook, comprendió que la distancia había intentado ponerlos a prueba.

Había habido días difíciles.

Noches de tristeza.

Momentos de dudas.

Pero también había aprendido algo.

Amar no siempre significaba tener a la persona que amas a tu lado.

A veces significaba esperar.

Confiar.

Resistir.

Y elegir a esa persona incluso cuando los kilómetros parecían interminables.

Porque cuando dos corazones realmente quieren permanecer juntos, ninguna distancia es lo suficientemente grande para separarlos.

Jimin cerró los ojos.

Esta vez no tenía que imaginar los brazos de Jungkook.

No tenía que conformarse con escuchar su voz por teléfono.

No tenía que mirar una pantalla para sentirse cerca de él.

Jungkook estaba allí.

Y esta vez no pensaba dejarlo ir.

Finalmente, después de ocho largos meses...

Estaban juntos.

En el mismo lugar.

Bajo el mismo techo.

Sin kilómetros entre ellos.

Sin despedidas.

Sin pantallas.

Solo ellos.

Jimin sonrió.

Porque, después de tanto tiempo, finalmente había entendido que algunas personas no importa qué tan lejos estén...

Siempre encuentran el camino de regreso a casa.

Y para Jimin, su casa siempre había sido Jungkook.

Fin. 💜

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