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彡[ᴅᴀʀᴋ ʜᴇᴀʀᴛ]彡★KOOKMIN★

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Sinopsis

Jungkook es un CEO frío, calculador e implacable, dueño de una de las empresas más importantes de Seúl. Nadie se atreve a cuestionarlo y mucho menos a acercarse demasiado a él. Su corazón fue destrozado hace tiempo, y desde entonces construyó una fría fachada para esconder al hombre que alguna vez supo amar. Jimin, en cambio, es su fiel secretario. Amable, paciente y dedicado, permanece a su lado incluso cuando el carácter de Jungkook hace que todos los demás quieran alejarse. Pero Jimin guarda algo que Jungkook no comprende: una lealtad que va mucho más allá de su trabajo. Entre reuniones, noches interminables en la oficina y miradas que dicen más que las palabras, las barreras de Jungkook comienzan a resquebrajarse. Porque quizá el corazón que juró no volver a sentir sea precisamente el que Jimin consiga hacer latir otra vez. 🖤 Un corazón roto. 🥀 Un amor inesperado. 🔥 Y un secreto capaz de cambiarlo todo.

Genero:
Drama
Autor/a:
minjungk7
Estado:
Completa
Capítulos:
13
Rating
5.0 (1 reseña)
Clasificación por edades:
13+

CAPÍTULO 1 — Entre el amor y el dolor

El reloj marcaba las 7:30 a. m. y Jimin ya se encontraba frente a la entrada de la empresa, una imponente torre de cristal ubicada en el corazón de la ciudad.

Con un suspiro, ajustó su corbata y comprobó una última vez que su apariencia estuviera impecable. No podía permitirse llegar tarde. Mucho menos cometer algún error.

Desde que había comenzado a trabajar para Jungkook, su rutina diaria se había vuelto rigurosa y meticulosa. Cada tarea debía realizarse a la perfección y no había lugar para equivocaciones. Cualquier pequeño descuido parecía ser suficiente para despertar el descontento de su jefe.

Aun así, Jimin estaba decidido a seguir adelante.

Quería demostrarle que era capaz.

Aunque para ello tuviera que soportar sus miradas frías, sus comentarios mordaces y aquella actitud distante que parecía reservada especialmente para él.

En cuanto entró a la oficina, sintió cómo varias miradas se dirigían hacia él.

Algunos empleados lo observaban con lástima. Otros simplemente lo miraban con curiosidad.

Todos sabían lo difícil que era trabajar directamente con Jeon Jungkook.

Pero nadie entendía cómo Park Jimin conseguía soportarlo sin rendirse.

Jimin fingió no darse cuenta de las miradas mientras caminaba por el pasillo. Mantuvo la vista al frente y se concentró en la lista mental de tareas que debía completar durante el día.

Cuando finalmente llegó a su escritorio, encontró una pila de documentos que había dejado preparada la noche anterior.

Suspiró.

Aunque ya los había revisado varias veces, sabía que tendría que hacerlo nuevamente.

Jungkook era conocido por su perfeccionismo. Un simple error podía convertirse en un problema mucho mayor de lo necesario.

Jimin tomó el primer documento y comenzó a revisarlo.

Sin embargo, apenas había terminado de leer la primera página cuando escuchó unos pasos firmes acercándose.

Su corazón dio un pequeño vuelco.

No necesitaba levantar la mirada para saber quién era.

—Sr. Park.

La voz de Jungkook sonó fría y calculada, sin una pizca de amabilidad.

Jimin levantó la cabeza.

—¿Tiene listo el informe para la junta de hoy?

Jimin respiró profundamente antes de responder. Se obligó a mantener una postura firme, aunque por dentro sintiera que aquella mirada podía hacerlo tambalear.

—Sí, Sr. Jeon. Lo revisé varias veces para asegurarme de que todo estuviera en orden.

Jungkook permaneció en silencio durante unos segundos.

Lo observó detenidamente, como si estuviera buscando algún defecto en su respuesta.

Finalmente, extendió una mano.

Jimin tomó los documentos y se los entregó.

Por un instante, esperó alguna señal de aprobación.

Quizás una palabra.

Un simple “bien”.

Pero no recibió nada.

Jungkook comenzó a hojear las páginas con expresión seria. Sus ojos recorrieron rápidamente cada una de ellas hasta que su ceño se frunció.

—¿Es todo?

Jimin parpadeó.

—Sí. Eso es todo, Sr. Jeon. Incluí todas las cifras y los análisis que solicitó.

Jungkook levantó la mirada.

Lo recorrió de arriba abajo con una expresión difícil de interpretar y, finalmente, dejó los documentos sobre el escritorio con un golpe seco.

—Para la próxima, espero que se esfuerce más. No tengo tiempo para trabajos mediocres.

Jimin sintió que aquellas palabras se clavaban en su pecho.

Pero no respondió.

Jungkook simplemente se dio la vuelta y se marchó, dejándolo atrás con el corazón apretado y una desagradable sensación de fracaso.

Jimin cerró los ojos durante unos segundos.

Respiró profundamente.

Una vez.

Dos veces.

Intentó calmar las emociones que amenazaban con desbordarse.

Sabía que trabajar para Jungkook no sería fácil, pero cada día parecía convertirse en un desafío mayor.

Y, aun así, había algo que lo impulsaba a continuar.

Quizás era su orgullo.

Quizás eran sus ganas de demostrar que podía estar a la altura de las expectativas de Jungkook.

O quizás...

Era aquella conexión inexplicable que sentía hacia él.

Una conexión que ni siquiera él mismo lograba comprender.

Porque, aunque Jungkook parecía hacer todo lo posible por alejarlo, Jimin no podía evitar sentir que detrás de aquella frialdad existía algo más.

Algo que todavía no conseguía descubrir.


A lo largo del día, la situación no mejoró.

Jungkook le hizo repetir algunas tareas varias veces, cambió instrucciones a último momento y criticó hasta los detalles más pequeños.

Jimin permaneció en silencio.

Trabajó con diligencia, concentrándose en cada una de sus responsabilidades y haciendo todo lo posible por no demostrar cuánto le afectaban las palabras de su jefe.

Los demás empleados observaban la situación de reojo.

Algunos sentían compasión por él.

Otros simplemente sentían curiosidad.

Todos parecían preguntarse cuánto tiempo más podría soportar aquel trato.

Para Jimin, cada jornada se había convertido en una prueba de resistencia.

Sabía que debía ser fuerte.

No quería dejarse intimidar.

Pero cada comentario de Jungkook era como una pequeña herida que, con el paso de los días, comenzaba a doler mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.


Finalmente, la jornada laboral llegó a su fin.

La mayoría de los empleados ya se había marchado, pero Jimin seguía sentado frente a su escritorio.

Revisaba uno de los informes por última vez.

No quería dejar ningún cabo suelto.

No quería darle a Jungkook otra razón para criticar su trabajo al día siguiente.

Fue entonces cuando escuchó nuevamente aquellos pasos.

Jimin levantó la mirada.

Jungkook estaba allí.

La tensión volvió a instalarse en el ambiente.

—¿Todavía aquí? —preguntó Jungkook, arqueando ligeramente una ceja.

—Sí. Quería asegurarme de que todo estuviera en orden para mañana.

Jungkook asintió.

Su expresión continuaba siendo fría, pero durante un instante ocurrió algo extraño.

Jimin creyó ver una pequeña chispa diferente en sus ojos.

Curiosidad.

Quizás sorpresa.

Fue apenas un segundo.

Después desapareció.

Jungkook volvió a adoptar aquella expresión imperturbable que Jimin conocía demasiado bien.

—Muy bien. Entonces espero que no haya errores esta vez. No voy a tolerar otro día de trabajo mediocre.

Y, sin decir nada más, se giró para marcharse.

Ni siquiera se despidió.

Jimin lo observó alejarse hasta que desapareció por completo del pasillo.

Entonces soltó el aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo.

Se quedó solo en aquella enorme oficina.

Agotado.

Cansado.

Emocionalmente destrozado.

Por momentos pensaba que lo mejor sería renunciar.

Alejarse de Jungkook.

De aquella empresa.

De todo aquello que estaba comenzando a consumirlo poco a poco.

Pero algo dentro de él se lo impedía.

Su corazón, por alguna razón que ni siquiera lograba comprender, seguía aferrándose a la idea de que detrás de aquella personalidad distante había algo más.

Algo que merecía la pena descubrir.

Quizás Jungkook no era realmente la persona que aparentaba ser.

Quizás existía una razón para su comportamiento.

O quizás Jimin simplemente estaba buscando una excusa para permanecer cerca de él.

Con un suspiro, recogió sus cosas y abandonó la oficina.

Era el último en marcharse.

Mientras caminaba bajo las luces de la ciudad, una mezcla de tristeza y determinación se apoderó de él.

A pesar de todo el dolor, estaba decidido a continuar.

Quería demostrarle a Jungkook que era mucho más que un simple empleado.

Quería que algún día pudiera verlo de otra manera.

Aunque no sabía cuánto tendría que soportar para conseguirlo.


Esa noche, cuando finalmente llegó a casa, Jimin no pudo evitar sentirse completamente abrumado.

Dejó sus cosas a un lado y se dejó caer sobre la cama.

El silencio de la habitación le permitió escuchar sus propios pensamientos.

Una y otra vez, las palabras de Jungkook regresaron a su mente.

“No tengo tiempo para trabajos mediocres.”

Jimin cerró los ojos.

¿Por qué le afectaba tanto lo que Jungkook pensara de él?

¿Por qué necesitaba tanto su aprobación?

No tenía respuestas.

Solo sabía que el amor y el dolor parecían entrelazarse peligrosamente dentro de su corazón.

Después de unos minutos, abrió los ojos y observó el techo.

—Solo un poco más... —susurró.

Solo un poco más.

Se prometió que aguantaría.

Que demostraría su valor.

Que conseguiría que Jungkook entendiera que él no era como los demás.

Sin embargo, Jimin todavía no sabía hasta dónde lo llevaría aquella promesa.

No sabía los desafíos que tendría que enfrentar.

Ni el dolor que aquel sentimiento terminaría provocándole.

Porque lo que Jimin ignoraba aquella noche era que su vida estaba a punto de cambiar.

Y que, tarde o temprano, la persona que más dolor le estaba causando sería también la misma que terminaría ocupando un lugar imposible de borrar de su corazón.

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