El lobo que halla al conejo lunar
“Hay tantas estrellas a mi alrededor y aun con ello, me siento tan sola”
La luna no deja de lamentarse en el cielo. El pequeño conejo en la tierra, con sus largas orejas caídas siente tristeza por la soledad de la luna.
“¿Por qué no tienes un amigo?” Pregunta el conejo de orejas caídas.
“Porque nadie quiere venir a estar conmigo.” Responde la luna.
" ¡Yo seré tu amigo! ¡Podemos ser felices así!” Exclama el conejo de orejas caídas.
“¿De verdad lo harías? ¿No tienes a nadie que te ame?”
La luna está sorprendida ¡Un conejo! La criatura que todos en la tierra aman está dispuesta a alejarse para ser su amiga. Para habitar en su órbita.
“Hay mucha gente, pero me siento muy solo... Hasta que llega la noche y hablamos sin parar. Eres, en realidad, mi única familia ¿Por qué no habría de querer estar contigo?”
El conejo de orejas caídas estira sus pequeñas patas delanteras hacia la luz fuerte y blanca que hace caer el color cobrizo de su pelaje.
“Si eso es así ¡Seré yo quien te ame! Cómo nadie lo había hecho.”
El conejo de orejas caídas nota que, en la luna, sus saltos son más grandes, sus orejas flotan y su pelaje ahora blanco se esponja. Cuchichea y salta sobre la luna, los demás animales lo miran a lo lejos. Se vuelve el tema de cada noche como la luna llevó a un conejo y ni siquiera en sus momentos de oscuridad, se la escuchó llorar de nuevo.
Riendo sin parar por la pequeña criatura que no deja de saltar y quererla.
Cierra el libro tapa dura y mira la portada. Sus enormes ojos brillantes por la historia que ha leído cientos de veces. Se levanta de la cama, la cola de pelaje esponjoso se agita de un lado a otro. Deja el libro en la cama y va hacia la ventana. No puede llegar a ella por lo bajito que es. Admira la luna en el cielo. Redonda y blanca que ilumina ligeramente a su alrededor.
—Luna, también quiero un conejo ¿Por qué no me lo das? Te prometo que aullaré todas las noches—Recuesta la mejilla—. ¡Y te haré dibujos bonitos todos los días! Por favor... No quiero seguir solo.
El chillido perruno y las orejas caídas acompañan los sollozos infantiles. La puerta del pequeño cuarto se abre.
—Jungkook, silencio ¿Que dijimos de estar chillando?
Regresa a su cama, escondiéndose entre las sábanas. Sus orejas plegadas a su cabeza y la cola metida entre sus piernas. Abraza el libro y la puerta es cerrada de nuevo. Enciende su linterna releer el pequeño cuento: El conejo lunar.
—M-me prometió que podría-
—No puedo prometer las reglas. Lo siento Jimin, pero las cosas funcionan así.
Casi cae de cara por el montón de libros en sus brazos. La puerta cerrada en su nariz y la bibliotecaria se aleja. Da un suspiro decepcionado y empieza a caminar por la enorme biblioteca universitaria para colocar los libros en su lugar. Estuvo tentado a quedarse con uno referente a la literatura realista.
Lo coloca en su lugar. No necesita problemas. Se hace atrás el cabello y acomoda la larga oreja sobre su hombro. Tener orejas caídas no es precisamente funcional. Sobre todo, las suyas que son de pelaje esponjoso y blanco. Ser un beastman de conejo mini loop trae mil complicaciones. Desde su estatura, que sus orejas son largas hacia abajo; se esponja de solo respirar y le da hambre a cada dos minutos.
Toma sus cosas y se dirige a la salida de la biblioteca, pasa su tarjeta de asistencia y sale. Es un día deprimente y gris. Todo lo opuesto a lo que alguien que usará el transporte público, necesita. Va dando algunos brincos, sus orejas rebotan y su ropa vaporosa, pero oscura y cerrada da ligeros tumbos.
—Un conejo aquí.
Su oreja derecha se levanta ligeramente.
—Te dije que había uno.
—Ni siquiera tiene Alpha.
—Tal vez esté para el festival de emparejamiento.
— ¿¡Quieres un conejo!?
— ¡Por un rato! Puedo devolverlo después. Eso es lo genial de los conejos.
Jimin los mira con el entrecejo fruncido y el grupo se da a la fuga, intimidado y avergonzado de ser escuchados. Mira la hora y bufa. El autobús tardará en llegar y tendrá que aguantar más estupideces de todos en esta universidad.
Dicho y hecho, en la parada del autobús hay un grupo de personas. Ninguno es beastman, pero de cinco, tres son Alphas junto a dos betas. Tomó asiento sin decir nada y con solo cinco minutos, empezaron a molestarlo. Jalarle las orejas, hablar directamente bajo ellas, tironear su pelaje, pedirle tonterías. Como si fuese una especie de animal.
—Anda conejito, haz algún truco.
—Puede que no oiga con esas orejas de mierda.
— ¡Haz! ¡Algo! ¡Conejito!
Da un quejido y retrocede sin lograr que dejen de jalar su oreja derecha, gritan directo a la misma le empieza a doler en todos los aspectos. Un gruñido los distrae y por la cercanía de la persona, el grupo se aparta de Jimin que soba su oreja. El olor a Alpha abunda, Jimin se hace atrás al instante, casi encogido en el rincón mientras el beastman lobo gruñe al grupo. Amenazando al mostrar sus colmillos.
—Piérdanse, ahora—Ordena antes de dar un ladrido rabioso. El grupo se va corriendo y él se relaja—. ¿Qué mierda pasa en Seúl? En todos lados son unas basuras. —queja en voz alta mientras sacude sus brazos mojados por la lluvia.
—Gracias por la ayuda. —dice Jimin desde su lugar.
—No hay de qué. —responde sin pensar.
Jimin se sienta a una distancia prudencial. Mira su celular de vez en cuando, maldice por lo bajo y es capaz de ignorar el que el beastman no deja de mirarlo. Fija, constante. Relame sus labios, juega con su oreja, revisa que sus perforaciones estén bien. Hasta que el desconocido grande, alto, vestido de negro con largas orejas perrunas en la cabeza, hable:
—Me llamo Jungkook. Jeon Jungkook. —Se presenta, su cola no deja de agitarse.
—Park Ji-Min, un gusto.
Jungkook mueve con más fuerza la cola.
—Eres un conejo albino.
Jimin no dice nada ¿No es obvio?
—Nunca había visto un conejo como tú. Blanco y con las orejas caídas. —comenta y Jimin no puede dejar de ver ese borrón que es la cola inquieta del beastman.
— Eh ¿Vale? M-me alegra que descubriera algo nuevo. —dice Jimin, confundido.
— ¿Estudias aquí?
—No.
—Ummm...
Jimin se muerde el labio inferior. Huele más fuerte ahora, pero no es agresivo o dominante. Más bien lo percibe como una invitación, casi un saludo. Se pone rojo por la cercanía. No la suficiente para invadir su espacio personal. Jungkook olisquea discreto y leve. Un chillido perruno se le escapa y una sonrisa tímida se extiende en sus labios.
—Eres muy bonito. —Arruga la nariz y baja las orejas en un gesto casi sumiso. Jimin levanta ligeramente las suyas y se pone colorado. Fue un poco extraño, pero no puede decir que lo haya incomodado. Jungkook es bastante tierno y hasta amable en su forma de acercarse.
A partir de ahí para Jimin es natural verlo todos los días que va a la biblioteca a trabajar. Casi siempre en mismo punto. Antes o después por ver al lobo deambulando. Las primeras ocasiones, solo un saludo tímido a lo lejos y poco más. Cuando pasaron los días se volvió algo más cercano: darle alguna bebida, algún dulce, mostrar los dibujos que hace, mostrar la guitarra que suele llevar a todos lados.
Ahora mismo está en una etapa de recibir regalos: dibujos de distintas cosas. La luna, conejos, su persona de fotos que Jungkook preguntó si podía tomar. Bolígrafos bonitos, algunos de colores, cuadernos para hacer apuntes ¡es mucho! ¡Muchísimo! Jungkook es muy amable en darle tantos regalos, pero cuando le pregunta por qué lo hace, nunca responde. Solo lo mira mientras mueve la cola sin parar como un perro emocionado.
Su pelo y pelaje luce gris y blanco en las raíces a veces, pero al día siguiente es negro. Supone que es un lobo blanco. En corea no hay de esos. Que lobo tan peculiar.
—Te gustan los... perros ¿No?
—Me gustan los animales en general. Me dan miedo las mariposas. —admite Jimin. Jungkook se gira un momento y Jimin nota que tira algo al piso, muy lejos. Vuelve a girar y tiende una bolsa pequeña.
Dentro hay un set de cinco plumas de colores. Cada uno decorado hermosamente de distintos animales. Un perro -tinta negra-, polluelo -amarillo-, gato -rojo-, ballena -azul oscuro-, pájaro -purpura-. Tiene la sensación de que visto este set, pero con seis plumones.
—Son muy bonitos.
Jungkook no deja de mover la cola, complacido.
— ¿No falta un color?
—Eh...
—No importa, puedo comprarlo yo- ¿A-a dónde vas?
Jimin trata de no reírse, Jungkook empieza a buscar en el piso la pluma que tiró. De tinta azul celeste con decoración de mariposas.
—Que frío.
Jimin queda sin ver un momento. Baja la chaqueta hasta sus hombros. Olisquea, el hedor de Alpha. A un lado Jungkook en camiseta que deja ver sus brazos. Uno lleno de tatuajes. Ambos gruesos y musculosos; el cabello medio rizado y largo con raíces ligeramente blancas. Jimin se sonroja volviendo la vista al frente. Usa la chaqueta hasta que el autobús llega.
—Querías este libro ¿No?
—Sí, pero—Da una risa cansada—. No puedo tomarlo. Es-
—Toma.
—No.
—Lo pedí para ti. No se darán cuenta.
—Yo no puedo tenerlo—Empuja el libro hacia Jungkook—. No es cosa de conejos.
Balancea los pies y cuando llega el autobús, se lleva un susto de notar que Jungkook marcha y deja el libro ahí a propósito. No tuvo más opción que llevárselo.
— ¿Te gustan los dulces?
Jimin asiente al mismo tiempo que tiene las mejillas llenas de mochis que Jungkook le acaba de dar. El beastman lobo saca otra caja de su bolso y la pone en el asiento. Jimin pone rojo de vergüenza. Jungkook arruga la nariz, divertido; se ata el cabello totalmente negro y empuja ligeramente la caja para animarlo a tomar más.
—No, no tienes que pagarme. Son un regalo.
—Me hace sentir mal que te esfuerces tanto y no-
— ¡Es un regalo! —Insiste Jungkook con las orejas caídas. Jimin hace puchero. Jungkook le dio un dibujo demasiado bonito. Acuarelas, tinta dorada, mucho cuidado en cada detalle. Le sabe mal tomarlo. Ya tiene varios y siente que debería pagarle por su esfuerzo.
—No me des más de tu trabajo y dedicación.
—E-está bien así. —Jungkook permanece con las orejas caídas. Jimin empuja una tras su hombro.
—N-no para mí, solo—Se frota la cara con una mano—. Eres tierno y amable, solo no te entiendo ¿Qué quieres de mí?
El lobo no responde.








