Capítulo 1
Ryoga Hibiki había regresado a Nerima después de cinco largos años, no podía evitar sentir una gran nostalgia recorriendo su cuerpo pero sabía que había hecho lo correcto al irse de allí porque ese lugar representaba demasiadas cosas que cambiaron su vida.
A pesar de todo, él no estaba solo en todo esto. Cargaba con cuidado y protección a una niña de ojos marrones y cabello oscuro en sus brazos. La pequeña se encontraba cansada de la larga caminata y a su lado, caminaba una mujer de cabellos rojizos que parecían resaltar por el brillo del día.
Ella miraba todo con curiosidad. Era la primera vez que se encontraba ahí y le parecía un lugar bastante encantador y sereno. La idea de vivir allí le agradaba a cada paso que daba.
Sabía que el chico andaba buscando algo en específico por lo que decidió preguntar con notable curiosidad.
—Ryoga, cariño. —llamó a su esposo con voz dulce. —¿A dónde se supone que estamos yendo?
El chico viró su rostro a un lado, sintiendo como el calor inundaba sus mejillas. Explicarlo era fácil, pero admitir lo que sucedía era diferente.
—Papá se perdió de nuevo. —habló aquella niña entre risas y señalando la cara de su padre. Levantando su cabeza para observarlo mejor. —Está avergonzado.
La joven también rió al notar el problema en el que se encontraban. No podía confiar demasiado en el sentido de orientación de su pareja, lo sabía y aún así le dejaba una que otra oportunidad para que pudiera tomar ese liderazgo.
—Dime a dónde quieres ir. —dijo ella, dando la vuelta para que el chico la mirara mejor. —Será mucho más sencillo llegar a ese lugar a que estemos dando vueltas sin detenernos.
Ryoga suspiró, seguía con su rostro algo acalorado y, claro, incluso con el pasar del tiempo, no lograba superar aquel pequeño problema. Aún así, siempre se sentía apoyado por su esposa e hija.
Aquella joven acarició su mejilla con cuidado.
Una exclamación de sorpresa interrumpió su momento de felicidad que los obligó a regresar a ver de quien provenía ese sonido.
La pequeña niña pasó a los brazos de su madre manteniendo la mirada curiosa en la joven al frente suyo.
—No lo creo… ¿En serio eres tú? —Una chica de cabellos azules miraba con asombro y hasta algo de pánico al grupo de personas que ella cree conocer tan bien. Se acercó con cautela intentando agarrar su brazo y fallando en el intento cuando la otra chica se alejó temerosa.
No sabía quién era y sentir a su pequeña hija tan tensa por la desconocida era algo que no le gustaba para nada. No estaba dispuesta a tolerar esas cosas si la incomodaban.
—¿Te conozco? —La pelirroja trataba de mantenerse serena, a pesar de todo, ante el golpe de emociones que la inundaron por parte de la contraria.
Antes de que las cosas se complicaran más, Ryoga interrumpió el acercamiento de Akane haciendo que ella fijara su mirada en él. Buscaba calmarla de la manera más rápida y sencilla posible, era obvio que habría una reacción de este tipo.
—Akane. Soy Ryoga ¿Te acuerdas de mí? —Quería que la chica centrara su atención en otra cosa. Incluso si era haciendo preguntas tontas. Solo esperaba una afirmación de su parte.
—Si… Si. Ryoga… ¿Cómo estás? —Ella parecía temblar a cada palabra que salía de sus labios. Estaba afectada por todo lo sucedido. —Hace mucho que no te veo. —Sus ojos iban de su rostro al de la pelirroja detrás suyo.
—Bien, gracias. —murmuró con incomodidad. —Escúchame bien, por favor. Sé que todo esto es confuso en especial porque ella-
—Se parece a Ranma. —dijo con un tono de seriedad, que discernía de su pose y expresión insegura.
—Lo sé. Son muy parecidos, demasiado, pero no es él. —Aclaró lo más rápido que pudo. Con un movimiento de su mano, pidió que la otra joven se acercara. —Se llama Saori Hibiki. Es mi esposa.
—Saori. —llamó. —Te presento a Akane Tendo, una vieja conocida.
¿Esposa?
—Mucho gusto. —dijo la pelirroja aunque seguía con una actitud reservada. Había bajado a su hija para tener libre los brazos en caso de que algo pasara. Ese instinto protector se mantenía presente.
—Pero… —Akane seguía dudosa. —Es igual a Ranma. ¿Cómo es que te llamas Saori? ¡Tú debes de ser él!
Ryoga negó. Agarró con algo de fuerza a la chica Tendo por los hombros.
—Mirala bien Akane. —dijo alzando la voz un poco. —Sus ojos son diferentes. ¿Lo notas?
Era verdad. Ranma tenía sus iris de un color celeste y que eran llamativos para la mayoría de personas que lo rodeaban, pero aquella chica tenía sus ojos de un muy extraño rosa tirando a rojo, era algo hipnótico fijarse en ellos porque no era normal que alguien tuviera ojos así.
—Yo- —Estando cerca de ella podía ver que Akane tenía ojeras. —Lo siento solo que… Las cosas no han sido fáciles desde el día en el que Ranma desapareció.
La chica suspiró entrecruzando sus brazos en un intento de abrazarse a sí misma.
—En fin, lamento haberlos incomodado. No era mi intención. —Se inclinó haciendo una reverencia de 90º. —¿Quisieran ir a mi casa? Supongo que vienen desde lejos.
Las mochilas que cargaban, y que hasta ahora se había dignado a notar, se veían pesadas.
—No sería mala idea. —Saori aceptó agarrando la mano de su hija. —Creo que nuestra casa temporal aún no está disponible para habitarla.
Siguiendo a Akane, la pequeña familia empezó a caminar. Akane y Ryoga iban adelante mientras que Saori y la niña caminaban detrás de ellos.
—Me sorprende saber que estás casado. —dijo Tendo con una sonrisa algo forzada. —Dejamos de saber de ti casi al mismo tiempo en el que Ranma se fue.
—Ah sí, fui a China. Quería aprender nuevas técnicas de combate. Fue ahí donde conocí a Saori.
—Me alegro por ti. Tu vida se ve perfecta. —dijo ella. —Al menos a alguien le tiene que ir bien después de todo.
Llegaron al Dojo Tendo y la nostalgia invadió a Ryoga, el lugar prácticamente se veía igual que hace años, pero claro, habían ciertas remodelaciones que le daban un aspecto bastante fresco y moderno. Tenía que adaptarse a las tendencias del mundo actual.
—Voy a pasar primero, tengo que… aclarar algunas cosas antes para evitar que haya otro problema. Tu entiendes. —murmuró con rapidez para entrar sin esperar una respuesta.
—Papá… ¿Por qué ella actúa tan raro? —Su hija había caminado hasta su lado y jaló de su pantalón para llamar su atención.
—No te preocupes de eso, Miyuki. —respondió Ryoga con una sonrisa. —Solo está algo confundida, pero no es nada malo.
Saori pasó su brazo alrededor del de su esposo intentando recibir algo de apoyo por parte del contrario. No sabía si era buena idea venir a vivir en Nerima después de todo. Lo que menos quería era causar problemas y que alguien reaccionara así a su llegada no era algo bueno.
Akane volvió a aparecer permitiéndoles por fin que pasaran dentro de la casa.
—Cuando dijiste que se parecía a Ranma no pensé que sería a ese nivel.
Fueron recibidos por Nabiki Tendo quien admiraba con gran sorpresa el rostro de la joven pelirroja.
—Me llamo Saori Hibiki, es un gusto conocerlas. —Hizo una pequeña reverencia, quería dar una buena impresión.
—Nabiki, no seas grosera. —La voz de Kasumi reprendió con dureza a su hermana. —No le hagas caso por favor. —dijo esta vez, dirigiéndose a la chica con algo de pena.
Entonces notó a la acompañante que se escondía detrás de ambos chicos como si deseara que no la vieran.
—¿Y tú cómo te llamas pequeña? —preguntó la mayor, agachándose un poco.
Ryoga le dió una pequeña palmadita en su cabeza, alentándola a presentarse.
—Soy Miyuki. Miyuki Hibiki y tengo cinco años. —dijo mostrando su mano con los cinco dedos levantados.
Las tres hermanas sonrieron enternecidas por la dulzura de la niña al hablar.
—Pasen al comedor. El almuerzo está listo.
…
La tarde había sido algo incómoda, primero cuando se presentaron con el señor Tendo y luego, siendo esto un caso más especial, cuando el señor Saotome volvió a casa y vió a la chica de cabellos rojizos. Tener que explicarle que ella no era su hijo y, al final, tener que calmarlo fue algo complicado.
Se lo vió bastante afectado, al inicio estuvo en shock para luego abrazar a Saori con fuerza y empezar a llorar mientras murmuraba un montón de cosas sin sentido.
Con las cosas explicadas, Genma parecía más entristecido y afectado y simplemente desapareció hacia el piso superior, después de eso no volvió a bajar.
—Hay algo que no entiendo. —dijo Saori, después de un rato y con algo de timidez. No quería complicar más la situación. —¿Por qué dicen que soy Ranma? Por lo que entiendo él es un hombre y yo…
—Lamentamos que tengas que pasar por cosas así de incómodas. —habló Kasumi con suavidad. —El ex prometido de mi hermana tenía una pequeña particularidad. Él se transformaba en chica cuando el agua fría lo tocaba y volvía a ser hombre cuando lo mojaban con agua caliente.
—Supongo que debes de haber escuchado sobre los estanques malditos de Jusenkyo. —interrumpió Nabiki el relato de su hermana. —Seguro que Ryoga te comentó algo sobre eso, él era parte de las personas que sabía sobre eso.
—Umm.. Creo que sí, pero no lo recuerdo bien. —rió la chica apenada. Acariciaba con su mano los cabellos de su hija, quien se había quedado dormida con la cabeza apoyada en sus piernas.
Ryoga negó.
—Te lo comenté cuando recién nos conocimos. —dijo con diversión. —A veces eres demasiado distraída así que supondré que no me prestaste atención del todo.
Saori se rió.
—Lo siento, sabes como soy.
Akane miraba la escena de la pareja frente suyo, pero no pudo preguntar nada puesto que su padre se le adelantó.
—¿Por qué no nos cuentan un poco sobre su vida chicos?
….








