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Hatsuhinode - Ranma y Ryoga

Sinopsis

Ranma inicia el año con una sensación diferente en su corazón y ¿qué mejor manera de expresarla a la luz del primer amanecer del año? - One shot por fin de año/año nuevo - Los personajes no me pertenecen. - "Hatsuhinode" es la tradición japonesa de observar el primer amanecer del año nuevo (1 de enero).

Genero:
Romance
Autor/a:
Sileneyg
Estado:
Completa
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

O N E

El fin de año… momento en el que todo el mundo parece volverse agradecido por la mayoría de cosas de las que se quejó durante una gran parte de los meses. 

A pesar de ello, Ranma no podía negar lo mucho que disfrutaba de aquellas fechas. Primero porque tenía vacaciones así que descansaba más tiempo y también porque de alguna manera le gustaba todos los rituales que la gente preparaba para terminar e iniciar el próximo año.

El invierno seguía algo fuerte en la mañana del 31 de diciembre, pero esa no fue una gran excusa para las personas que se movilizaban constantemente y la familia Tendo (con los Saotome incluidos) no iban a actuar diferente.

Durante el resto del día, se encargaron de preparar su comida y de la ropa que usarían para la visita al templo y escuchar las campanadas cuando llegara la medianoche. El chico sentía que tal vez algo podría llegar a ser diferente en estos momentos, una idea daba vueltas en su cabeza sin cesar y tuvo que armarse de mucho valor para poder decirla a la única persona en la que podía confiar por ahora.

O sea, todos aquellos que lo conocían sabían perfectamente que hace mucho había superado la vergüenza provocada por la maldición de Jusenkyo por lo que era natural observar a Ranma en su versión femenina caminando por diferentes lugares de vez en cuando.

Y en esta ocasión, decidió que le gustaría recibir el nuevo año como una mujer. Lo podría hacer perfectamente, si no fuera porque también deseaba usar un kimono y peinado correcto.

Tener que pedirselo a Akane fue difícil, pero la joven peliazul no tuvo problema en ayudarle. Solo tuvo que rociarla en agua fría para salir corriendo del dojo, agarradas de la mano, y así comprar la ropa adecuada porque ella podía prestarle alguno de los que tuviera, pero le parecía mejor que la otra joven tenga el suyo propio.

Después de unas largas horas de búsqueda, en la que combinaron colores de acuerdo a sus gustos o probando también aquellos que salían de su zona de confort, lograron regresar a casa con varias fundas en mano.

La pelirroja dejó sus zapatos en la entrada con cuidado y al girar hacia la sala, se congeló en su lugar, todo porque observó una cabellera negra con una pañoleta tan conocida ahí.

Ranma no esperaba que Ryoga estuviera en el dojo conversando tan tranquilo con su padre y el señor Tendo, por lo que los nervios la atacaron cuando sus miradas se cruzaron. Su corazón empezó a latir desbocado y sin darle tiempo a que el chico la saludara, huyó hacia su habitación.

Desde algunas semanas atrás, las cosas eran algo extrañas entre ellos y no quería que fuera tan notoria la forma en que su rostro enrojecía y quemaba por el simple hecho de entablar una conversación con él.

Minutos después llegó Akane con una expresión confundida al notar el estado en el que se encontraba, pero no dijo nada, solo la ayudó a prepararse en una calma reconfortante.

Ignorando la pena inicial debido a su desnudez, primero se vistió con un nagajuban blanco bastante suave y cálido, lo que ayudaría a que soportara el frío de la noche. Luego, se puso el kimono encima, este era de un tono blanco perlado, con unos bonitos detalles de flores rosadas y lilas en la parte inferior y en las mangas que eran bastante anchas.

Akane cerró la tela con sus manos y luego puso alrededor de su cintura un obi de color rosado claro con hilos dorados tejidos en forma ondulada por toda su extensión. Lo ajustó con precisión para que el kimono no se abriera ni fuera a caerse debido a un movimiento exagerado y formó un lazo en forma de tambor.

Tendo había notado la timidez de Ranma por lo que realizó ese tipo de musubi sencillo y elegante para que no llamara tanto la atención.

Finalmente, la pelirroja se puso unos calcetines tabi y las típicas sandalias zōri las dejó a un lado para ponérselas en la entrada de la casa.

—Estás preciosa —dijo Akane alejándose un poco para observarla bien.

—Umm, gracias —respondió Ranma algo incómoda—, por todo.

—Es lo de menos, solo falta una cosa.

Tendo sacó una cajita llena de peinetas y horquillas de varios colores y formas.

—Tenemos que hacerte un peinado muy bonito —recalcó con voz suave—, para que puedas usar esto.

—¿No crees que es demasiado? —Ya se estaba arrepintiendo.

—Para nada. —La joven negó moviendo su cabeza y mano a la vez—. Voy a prepararme, hasta eso cepilla tu cabello.

La chica salió de la habitación antes de que Ranma pudiera replicar.

Inhalo profundo y soltó el aire de forma ruidosa. Tenía las manos entumecidas y una presión creciente en su corazón, aun así, intentaba buscar algún kanzashi que le gustara y combinara con su llamativo cabello.

Se zafó la trenza y empezó a pasar el cepillo con lentitud.

¿Por qué Ryoga estaba en el dojo? No lo había visto en toda la semana y cuando menos quería que apareciera…

Se miró en el espejo.

¿Qué estaba haciendo?

…

Después de varios minutos, Ranma y Akane bajaron para encontrarse con el resto de la familia y Saotome no logró disimular su sorpresa al darse cuenta de que Ryoga también los acompañaría en sus rituales de fin de año.

El chico se veía bien. Usaba un kimono azul marino con un estampado de olas color celeste, llevaba amarrado un obi delgado más oscuro en su cintura y esta tenía unos filos dorados para resaltar. Pero la pañoleta que siempre usaba hacía cierto tipo de ruido a todo el conjunto, mas no se atrevió a decir algo. No le correspondía de todas maneras.

Todos se pusieron unas bufandas gruesas y una vez bien vestidos en sus respectivos kimono y zōris se dispusieron a salir de la casa con alegría renovada.

La noche había llegado hace varias horas y las calles se encontraban iluminadas en cada rincón. Niños corrían y jugaban, vendedores se esforzaban para que las demás personas compraran alguno de los amuletos que cargaban encima y otros caminaban con tranquilidad.

La familia se dirigía al templo con calma, todavía faltaba para que llegara la medianoche, así que se dieron el tiempo de disfrutar de su alrededor.

Ranma se había quedado atrás junto con Ryoga. Akane y sus hermanas iban en conjunto, riéndose de algo que no podía escuchar mientras su padre, más adelante, conversaba animadamente con Soun.

Los únicos callados eran ellos.

Ranma no negaba sentirse extraño al ver como Ryoga no intentaba acercarse a Akane teniendo una oportunidad idónea. El muchacho lucía pensativo.

El silencio entre ambos era algo incómodo, se podía sentir una tensión diferente que solo ponía mucho más nerviosa a la chica. Evitaba a toda costa observarlo para no decir alguna estupidez por compromiso.

No entendía en qué momento se volvió tan complicado tener una conversación normal con Hibiki cuando las burlas y los insultos eran algo normal en su relación. Ahora solo podía pensar en una manera de huir de él sin que luciera que lo estaba evitando a propósito.

Escondió su rostro en la bufanda, resoplando y bajando la mirada. No quería decir nada, ni respuestas ni preguntas extrañas. Nada. Pero la voz grave de Ryoga, algo rasposa por el frío, rompió ese ambiente y sus planes en segundos.

—No pensé que el señor Tendo me fuera a incluir en sus planes.

El chico esperaba una respuesta a lo que dijo con algo de temor. No quería ser ignorado como sucedió más temprano.

—Es un buen hombre —contestó la pelirroja con dificultad luego de un rato—, además, tú le agradas mucho.

Ryoga sonrió levemente y la conversación terminó ahí, de forma natural aunque no se sentía correcto. Pero él no quería rendirse tan fácil, le incomodaba demasiado estar así con Ranma. Nunca fueron los mejores amigos ni nada parecido como para que su repentina ausencia emocional lo afectara, aún así decidió decir algo diferente para sacarle algunas palabras a la joven.

—Es una ocasión especial para estar en familia y de cierta manera me alegra ser parte de. —Miró a la joven, la oscuridad de la noche no opacaba la belleza del kimono o tal vez se trataba de ella misma lo que llamaba su atención. Detallo su ropa, el obi cuidadosamente doblado y los adornos en su cabello—. Incluso te peinaste diferente.

Ranma se tocó el cabello como reflejo, se había realizado dos trenzas que se unían en dos moños en la parte de atrás, además se puso un adorno floral que tenía varias piezas colgantes que tintineaban entre sí.

—Quería verme bien —respondió con simpleza, a pesar de la sensación burbujeante en su estómago por la observación contraria.

Ryoga no dijo nada más, frustrado, y ambos siguieron su camino hasta llegar al templo.

Había mucha gente, pero al ser un lugar sagrado el silencio era importante. Por eso solo se podía escuchar murmullos lejanos de las conversaciones entre las personas y algunos roces cuando se repartían las bebidas calientes.

La familia entró después de hacer fila por un largo rato y las campanadas empezaron a sonar incluso antes de que lograran encontrar un espacio adecuado para estar.

En los templos era normal que se realizara un ritual budista conocido como Joya no Kane, donde se tocan las campanas 108 veces para purificar los 108 deseos o impurezas humanas. El hecho de que estas empezaran a sonar era porque faltaba una hora para recibir el nuevo año.

Después de varios minutos, lograron ubicarse cerca de las paredes del templo y se arrodillaron para empezar con la reflexión personal.

Ranma pensó que sería sencillo realizar ese movimiento puesto que lo había realizado millones de veces con un kimono masculino. Se inclinó con rapidez sin tener la precaución debida, enredándose con la tela y uno de sus pies resbaló hacia adelante haciendo que perdiera el equilibrio con facilidad.

Casi cae de espaldas, pero no esperaba que unas fuertes manos se posaran en su cintura para sujetarla con fuerza.

Ryoga se encontraba detrás suyo, no tuvo que regresar el rostro para saberlo porque el aroma tan característico del chico inundó sus sentidos a una velocidad vertiginosa y su corazón volvió a agitarse como loco.

—¿Estás bien? —Ryoga mantenía el contacto y, a pesar de las telas que los separaban, Ranma aseguraba sentir a plenitud la calidez de las palmas del chico.

Se separó rápido, nerviosa y con el rostro empezando a calentarse por la pena. Se puso a su frente y agradeció su ayuda.

Está vez, con mayor control de sus movimientos logró arrodillarse sin problema y soltó un suspiro cargado de muchas emociones, las cuales se intensificaron en el momento en el que Hibiki se ubicó a su lado, demasiado cerca para su gusto.

Apretó el kimono con sus manos, rogando porque todo se acabara de una vez.

El sonido de las campanas hacían eco en el lugar, no sabía cuántas llevaban ya, pero le restó importancia y cerró los ojos intentando concentrarse en su propia respiración.

Y como si el destino no quisiera ayudarla…

—Estás más torpe que de costumbre. —Ryoga se había inclinado en su dirección para decir esa burla en voz baja.

Ella se giró hacia él levemente.

—En cambio tú estás demasiado pendiente de mí como para ignorarlo —replicó ella con una sonrisa, siendo la primera contestación ingeniosa que había logrado formular. La broma salió con una facilidad impresionante de sus labios puesto que no lo pensó mucho.

Ryoga se tensó un poco y soltó una risa que se encargó de disimular al poner su mano en la boca.

Ranma volvió a mirar al frente ignorando ese calor placentero que recorrió su cuerpo al ver al chico tan feliz y nuevamente empezó a sentir aquella bola pesada en la boca del estómago.

Mientras los segundos pasaban, se sentía más nerviosa. Sus pensamientos siempre iban en la misma dirección.

No sabía si el temblor de su cuerpo era por el frío de la noche o por estar tan consciente de la presencia del contrario a lado suyo. Odiaba tanto sentirse así, verse vulnerable ante una persona de la que jamás admitiría que…

Maldición.

Contuvo la respiración como si eso fuera a detener el maremoto que era su cabeza en esos instantes.

Es que tenía que ser tan idiota.

Una persona normal buscaría enamorarse de la persona con la que tiene un compromiso establecido, pero en cambio ella se había enamorado de alguien más.

De alguien que decía ser su rival amoroso y de batallas.

De aquel hombre que se encontraba tan calmado a pesar de estar a tan solo unos centímetros de distancia suyo. Siendo él en todo su esplendor.

Saotome lo miró de reojo, esperando no ser descubierta. Ella actuaba como si realmente estuviera haciendo algo malo por solo fijar sus ojos en él.

Ryoga siempre le había parecido un joven atractivo. Cabello oscuro y ojos marrones, musculoso, pero delicado cuando era necesario, nariz respingada y mandíbula marcada.

Y sus labios…

Sacudió la cabeza. Estaba yendo demasiado lejos.

Otra campana sonó a lo lejos.

¡No podía ser cierto! ¡Estaba actuando como una preadolescente enamorada!

Ocultándose, ignorando lo que siente y asustada por cualquier movimiento que el chico que le gustaba hiciera.

Porque sí. Le gustaba Ryoga. Estaba enamorada de él.

Su cara empezó a arder de nuevo

Habían pasado tanto tiempo juntos, haciendo millones de cosas que en algún momento ese sentimiento que nunca supo darle nombre se transformó en cariño, amor.

Y tenía tanto miedo al rechazo que prefiero pretender que no sabía lo que pasaba.

Cuando todos esos silencios incómodos, las mejillas coloradas, el titubeo y las manos temblorosas se pudieron evitar si es que ella hubiera sido valiente al aceptar lo que sentía.

—Faltan dos campanadas para las doce. —Escuchó a una mujer murmurar a lo lejos.

Este año acababa con una sensación amarga por haber callado tantas cosas. Era increíble cómo esa hora parecía pasar volando mientras estaba sumida en sus preocupaciones.

¡Pero era Ranma Saotome! ¡No podía seguir siendo una cobarde!

Sí, estaba enamorada de Ryoga Hibiki y nadie podía hacer nada para impedirlo.

Y sonrió mientras la última campanada resonaba en todo el lugar. Por primera vez, podía asegurar que estaba en paz con lo que su corazón le decía.

En un instante observó como todas las familias empezaban a intercambiar saludos entre ellos al igual que deseos de prosperidad y amor para los meses que venían.

Los Tendo, su padre, Ryoga y ella incluida también lo hicieron, con inclinaciones de cabeza y susurros que expresaban tanto en pequeñas palabras. Todo con una naturalidad que expresaba el aprecio mutuo que había entre familias y amigos. Porque en el dojo las cosas podían ser muy caóticas la mayoría de los días y aun así, eran cosas que querían mantener en su vida.

El silencio seguía presente en todo el templo a pesar de las felicitaciones en voz baja por la llegada de un nuevo año. Sabían que sería de mala educación interrumpir la solemnidad del evento de forma caótica.

Minutos después, la familia decidió salir del lugar antes de que las cosas se complicaran mucho más.

Aprovechando el tumulto de gente que se formó en la entrada, Ranma caminó a toda prisa hacia uno de los puestos que vendían amuletos.

Estaba empezando el primer día del año y no iba a desperdiciar ni un segundo más.

….

Akane, Ryoga y Ranma caminaban en dirección contraria a la del dojo. Se separaron de los demás después de un buen rato en el que pasearon por diferentes zonas para disfrutar de la felicidad que suele traer el nuevo año. La joven peliazul tuvo la idea de ir a un mirador para observar el primer amanecer y de alguna forma arrastró a los otros dos chicos con ella.

Tendo caminaba delante de ellos con alegría. Se veía emocionada por lo que no se daba cuenta de que iba dejándolos atrás.

—Creo que se le olvidó que estamos con ella —mencionó Hibiki divertido por la manera en la que Akane iba de un lado a otro viendo sus alrededores—. Parece una niña pequeña.

Ranma soltó una risita, aunque algo incómoda por la forma en que él chico veía a la otra joven. Que hubiera aceptado lo que sentía no significaba que estaría conforme con la idea de que a él le gustaba otra persona.

—No importa —respondió—. Lo bueno es que estamos juntos para hacernos compañía.

Ryoga se sonrojó un poco, ocultando parte de su rostro con la manga de su kimono.

—Es verdad… Este primer día se siente diferente, pero aún no logró descubrir por qué.

Ranma solo sonrió, apretando entre sus manos (ocultas dentro del kimono) un objeto importante, y ambos siguieron el camino. A veces compartían ciertas palabras durante el trayecto, pero era habitual estar en silencios largos, con las voces ajenas y el trinar de los pájaros de fondo.

Ella avanzaba con pasos cortos, algo incómoda por el cuidado que debía tener por el obi y el kimono mientras que Hibiki caminaba con mayor rapidez, pero asegurándose de estar siempre a su lado. Ajustando su ritmo como si se tratara de un cuidado involuntario que le apretaba el pecho cada vez que se daba cuenta.

El cielo empezaba a aclararse de a poco hasta que llegaron al mirador. Sorpresivamente no había demasiada gente. A excepción de alguna que otra pareja y grupos de amigos, pero cada una tenía su propio lugar para mantener la intimidad.

Akane sonrió encantada con la vista que tenía del lugar y se acercó corriendo hacía el barandal para admirar mejor la ciudad desde esa altura.

Ryoga y Ranma se quedaron algo alejados, igual de sorprendidos por lo hermoso que se veía el cielo en esos momentos.

Los tonos azules y morados se mezclaban con el rosa anaranjado provocado por los rayos que empezaban a aparecer aunque el sol todavía no saliera. Era un tipo de degradado precioso que arrancaba más de un suspiro a cualquier que estuviera viéndolo. A pesar de ello, Ranma sentía como la tensión en sus hombros no desaparecía, es más parecía aumentar a cada segundo.

Prometió no tirarse para atrás y eso era lo que haría.

—Ryoga —llamó al contrario con voz temblorosa. Utilizando todo el valor que lograba reunir en esos momentos. No esperaba desarmarse con la simple mirada que el contrario le brindó.

El viento sopló con fuerza en ese instante, levantando los mechones de cabello que se habían soltado del peinado.

—¿Está todo bien? —El joven se acercó a la chica con cautela. Él no notaba la inquietud que presentaba su compañera, o al menos no lo demostraba.

A pesar del nudo en su pecho, la chica continuó:

—Quería darte algo —dijo con dificultad— ¡pe-pero primero cierra los ojos!

Ryoga abrió la boca para replicar mientras fruncía el ceño, pero luego calló e hizo caso. ¿Ranma regalando algo? ¿A él?

Sintió como la mano de la chica agarraba su brazo con suavidad mientras escuchaba el sonido de la ropa ajena moviéndose. Esa mano bajó hasta la suya propia y se vió obligado a mostrar la palma con cierta incomodidad. No estaba acostumbrado a ese tipo de cosas.

Algo suave fue puesto ahí, no podía distinguir su forma todavía, pero al menos sabía que era algo pequeño.

—Ya puedes abrirlos.

Con el permiso concedido, abrió sus ojos y observó con sorpresa el amuleto que ahora tenía con él.

Era un omamori de tela color blanco con pedazos verdes a los lados, amarrado con un hilo grueso y suave de color dorado en la punta, creando un tipo de lazo precioso a simple vista. Varios kanjis bordados en negro y dorado adornaban el bolso y todo quería decir una sola cosa.

—¿Protección? —preguntó con una sonrisa tonta en los labios.

Ranma asintió y vaciló un poco para responder.

—Siempre terminas perdiéndote incluso si se trata de ir a la esquina de cualquier lado —dijo con cierta diversión—. Y sueles estar lastimado la mayor parte del tiempo por eso y compré ese amuleto pensando en que sería un buen augurio para…

El tono de su voz fue bajando a medida que hablaba y terminó por inclinar la cabeza hacia un lado.

—Tú me entiendes.

“Para que no te pierdas tanto”

“Para que regreses siempre.”

O al menos eso fue lo que Hibiki creyó comprender con su discurso. Así que solo asintió sin poder borrar la expresión conmovida que había adoptado.

—Gracias.

Ranma susurró un “de nada” y la mirada que él le dió, la forma en la que agradeció… Una calidez se formó en lo más profundo de su corazón y cuando quiso acercarse un poco más…

Un rayo de sol le dió directamente en la cara, rompiendo el ambiente que se formó entre ambos. Soltó un suspiro que rápidamente se transformó en vapor por la frustración repentina. Pero Ryoga, por otro lado, ya se había girado en dirección al paisaje, inmerso en el cambio de color del cielo por la salida del astro.

Era gracioso como Hibiki tomaba muchas cosas de la vida cotidiana con una tranquilidad envidiable, exceptuando sus momentos de crisis.

En cambio ella… era un manojo de nervios sin sentido. En el templo había aceptado su enamoramiento al joven y se prometió hacer algo con ello, pero nunca se consideró una persona a la que le gustara dar discursos extensos o palabras tontas que jamás podrían expresar sus sentimientos.

Dio un pasó hacia Hibiki, acortando aquella distancia que empezaba a irritarla. El aire se volvió más pesado de repente, los latidos desordenados de su corazón dolían y al parecer eso era lo único que podía escuchar en sus oídos en ese momento.

Acercó su mano izquierda al rostro del chico, llamando su atención y haciendo que él girara el rostro en su dirección de nuevo.

—¿Qué…-

Ryoga no logró completar su pregunta porque fue jalado hacia abajo y en menos de un segundo los labios de Ranma se posaron sobre los suyos torpemente. El contacto fue dulce y tierno, pero tímido en todo su esplendor.

El chico no tuvo tiempo para reaccionar ante lo que estaba sucediendo porque ese beso duró muy poco, pero fue lo necesario para que se quedara congelado una vez se separaron. A pesar de ello, todavía podía sentir el ligero roce en sus labios.

—Feliz año —dijo ella con una risa casi silenciosa e incontrolable por la expresión desarmada del otro.

Ryoga siguió callado, con la cara ardiendo de la vergüenza y siendo imposible para él mantener su mirada en aquellos ojos celestes de la pelirroja.

Ranma se acercó de nuevo y enlazó su brazo con el de él. Estaba ilusionada y muy feliz al darse cuenta de que el rechazo que tanto temía era muy lejano, así que se permitió tener un poco de contacto físico con mayor confianza.

El año había iniciado distinto y, por una vez, esperaba con ansias lo que vendría.

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