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Dinoaventuras en el Mesozoico

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Sinopsis

Una colección de cuentos para todos los que aman los dinosaurios y las historias llenas de imaginación. Cada historia presenta diferentes dinosaurios protagonistas y valores importantes. Déjate llevar por un mundo lleno de aventuras prehistóricas.

Genero:
Fantasy,Adventure
Autor/a:
RRGM
Estado:
hace 13 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
13+

Albany: El viaje a casa

Albany abrió los ojos y lo primero que vio fue la espuma del mar tocando sus patas. La arena estaba húmeda y el cielo aún mostraba nubes oscuras de la tormenta que había pasado.

Era una joven dryosaurus, pequeña pero rápida, con ojos grandes y curiosos. Recordó haber sido arrastrada por la crecida del río, separándola de su manada durante la tormenta.

- ¿Mamá? ¿Taulo? ¿Dónde están todos? – llamó Albany, pero el canto de las aves marinas fue su única respuesta.

Aunque estaba asustada, Albany sabía que no podía quedarse ahí.

Su hogar estaba en una meseta en el interior de la isla, protegida por el Gran Árbol, donde los dryosaurus vivían en paz, a salvo de los peligros del exterior. Así que, con decisión, y algo de temblor en las patas, emprendió el viaje de regreso a casa.

Albany dejó atrás la playa y se adentró en la selva espesa.

Tras mediodía de caminata, llegó a un claro amplio, bañado por la luz del sol, donde muchas manadas de dinosaurios herbívoros se habían reunido: parasaurolophus, triceratops, maiasauras y otros pastaban juntos tranquilamente.

- ¡Oh! ¿Qué haces allí oculta, pequeña? – preguntó una madre parasaurolophus con sus crías protegidas bajo sus patas -. Pobre criatura, te ves terrible. ¡Ven, aquí estás a salvo!

Albany se acercó con cautela, pero los dinosaurios del claro eran amables y le ofrecieron comida y agua. La pequeña dryosaurus se sintió segura y se quedó allí a recuperar fuerzas.

Nadie le preguntó de dónde venía ni a dónde iba. Los dinosaurios del claro compartían la sombra de los árboles y la tranquilidad de la comida en abundancia.

Durante los siguientes dos días, Albany se había acostumbrado a la comodidad del claro. Sin embargo, cada vez que veía a las otras manadas, no podía dejar de sentir anhelo por su hogar. Las familias de dinosaurios del claro eran unidas. Albany participaba en sus actividades diarias y jugaba con los más pequeños que la veían con curiosidad.

Esa noche, Albany miró al cielo y pensó en su familia. Extrañaba a su madre, a su hermano Taulo, y el calor de su manada.

- Debo volver – dijo Albany a los dinosaurios al día siguiente.

Los dinosaurios del claro intentaron convencerla de quedarse.

- Más allá del claro hay terribles depredadores – advirtió un viejo camarasaurus.

- Y la zona prohibida. Un lugar extraño que muchos evitan – murmuró una maiasaura.

Pero Albany estaba decidida. Agradeció sus cuidados, escuchó sus consejos y se despidió de ellos con una reverencia. La pequeña dryosaurus emprendió su camino, guiada por el deseo de reencontrarse con los suyos.

Siguiendo los consejos de los dinosaurios del claro, Albany evitó a las manadas territoriales cuyos rugidos se oían a lo lejos. La competencia por alimento y los ataques de los depredadores los habían vuelto desconfiados de otros dinosaurios.

Mientras cruzaba un campo abierto, Albany escuchó pequeños chillidos entre la hierba. Era la primera vez que la dryosaurus escuchaba esos chillidos y no supo identificar a quiénes pertenecían. Creyendo que se trataba de dinosaurios inofensivos, Albany siguió los chillidos hasta toparse con un grupo de compsognathus carroñando los despojos de un dinosaurio.

Los compys lanzaron chillidos furiosos y mostraron sus pequeños dientes afilados para proteger su presa de la intrusa. Albany entendió su error y retrocedió lentamente mientras los compys la seguían con la mirada. Aunque ella no era grande, era más alta que ellos y tenía patas fuertes para correr. Cuando Albany se alejó lo suficiente, los compys dejaron de prestarle atención y volvieron a carroñar su presa.

La pequeña dryosaurus respiró aliviada y continuó su camino evitando acercarse a ruidos desconocidos. Caminó hasta que anocheció, entonces buscó un lugar seguro y se acostó a dormir.

Al día siguiente, Albany reanudó su viaje siguiendo la ruta que le recomendaron los dinosaurios del claro.

Le tomaría varios días llegar a casa a través de esa ruta, que daba un largo rodeo por gran parte de la isla, pero la mantendría fuera de peligro. Mientras caminaba, algo llamó la atención de Albany. Una larga estructura metálica cubierta de plantas. Le recordó a la cerca que rodeaba su hogar.

- Este podría ser un camino más rápido a casa – pensó la pequeña dryosaurus.

Albany cruzó la cerca y siguió avanzando por el sendero de tierra hasta encontrar un par de objetos extraños de metal, autos y jeeps, abandonados en una zona de hierba alta. La pequeña dryosaurus se distrajo observando aquellos objetos.

De pronto, sus instintos le decían que algo andaba mal. Estaba siendo observada. Albany corrió a ocultarse detrás de un tronco caído.

Desde su escondite, Albany miró a los alrededores. No había nada, solo un silencio incómodo. Contuvo la respiración hasta que sintió que le faltaba el aire. De repente, un pachycephalosaurus solitario apareció del otro lado del camino.

Albany respiró aliviada, se había puesto nerviosa por nada. Estaba a punto de salir de su escondite para saludar al dinosaurio, cuando unos gruñidos desde la hierba alta la pusieron en alerta. Un grupo de velociraptores emergió de la hierba corriendo con dirección al pachycephalosaurus que fue incapaz de reaccionar a los depredadores. Albany contuvo el aliento mientras vio a los raptores cazar al desprevenido dinosaurio. La pequeña dryosaurus escuchó su corazón saltar en su pecho mientras los furiosos ruidos de la cacería cesaban.

Albany estaba aterrada.

- Creo que ya no me gusta este camino – recapacitó.

Albany sabía que no podía quedarse allí. Esperó en silencio a que los depredadores estuvieran distraídos con su presa para llevar a cabo su escape.

Cuando la oportunidad se presentó, Albany tuvo que luchar con su propio cuerpo que se negaba a moverse. Su torpeza llevó a que uno de los raptores se diera cuenta de su presencia.

Al encontrarse con la mirada del depredador, Albany entró en pánico. Sin pensar, corrió con todas sus fuerzas, esquivando troncos, ramas y raíces sin mirar atrás. Solo quería alejarse del peligro.

Cuando finalmente se detuvo, el depredador ya no la seguía, si es que alguna vez la siguió. Albany comprendió que estaba demasiado lejos para volver por donde había venido.

Agotada, se refugió bajo un arbusto y durmió sin soñar.

Al día siguiente, Albany despertó con fuerzas renovadas. Caminó medio día hasta llegar a una colina desde la cual vio su hogar a la distancia: la meseta y el Gran Árbol. Calculó que le tomaría un par de días llegar a su destino.

- Quizás el camino corto no fue una mala idea – pensó.

Pero entre ella y su hogar, se encontraba la temida zona prohibida.

Albany suspiró y, con determinación, se puso en marcha. Los árboles y senderos de tierra dieron paso a caminos grises y estructuras gigantes de concreto: laboratorios, tiendas y edificios abandonados. A pesar de estar cubiertos por la naturaleza, aún se sentía que allí hubo algo especial. Albany miró con curiosidad pantallas rotas y juguetes polvorientos sin comprenderlos.

Mientras exploraba las calles abandonadas, Albany no notó que un par de carnotaurus la acechaban. El viento cambió de dirección y reveló su olor. Justo a tiempo, Albany los vio y corrió hacia la ventana rota de un laboratorio por la que se escabulló. Los depredadores rugieron furiosos, no iban a rendirse tan fácil.

Dentro, Albany exploró los pasillos del laboratorio hasta encontrar una sala con incubadoras vacías. Recordó una historia que los más ancianos de su manada solían contar: sobre criaturas de piel suave y ropas blancas que ayudaban a nacer a los dinosaurios y que un día, sin explicación, se fueron; poco después, los dinosaurios se expandieron por la isla.

Albany sacudió la cabeza para aclarar sus pensamientos. No tenía sentido distraerse pensando en ello cuando todo lo que quería era llegar a casa. Volvió al pasillo y caminó hasta la parte posterior del edificio donde encontró una salida. Miró a los alrededores para asegurarse que el camino estuviera despejado y, rápidamente, corrió al bosque.

Había sobrevivido a la zona prohibida, pero el peligro aún no había pasado. Sin que Albany se percatase, los carnotaurus habían captado su olor.

A la mañana siguiente, Albany sentía que estaba muy cerca de casa. En su cabeza, podía oler el aroma de las plantas de la meseta y escuchar el eco de las llamadas conocidas.

Mientras bebía de un arroyo, Albany escuchó pasos pesados. Los carnotaurus estaban al acecho. La pequeña dryosaurus debía actuar con inteligencia. No podía permitir que la siguieran hasta su hogar.

Con astucia, Albany se cubrió con hojas y logró evadir a sus perseguidores. Sabía que ese truco no le funcionaría por siempre, en algún momento tendría que lidiar con ellos. Fue entonces cuando escuchó un fuerte ronquido entre los árboles. Siguiendo el sonido, descubrió a un tiranosaurio rex dormido.

Albany controló sus emociones y mantuvo la calma. Vio al depredador dormido y recordó que el tiranosaurio y los carnotaurus son cazadores territoriales. La pequeña dryosaurus ideó un plan arriesgado: guiaría a los carnotaurus hacia el tiranosaurio y los pondría unos contra otros.

Albany corrió hacia los carnotaurus y los provocó con un chillido agudo desafiante. Los depredadores la persiguieron sin pensarlo. Albany los condujo cerca del tiranosaurio, pero uno de los carnotaurus logró emboscarla y la hizo caer.

Rodeada, Albany pensó que era el final. Pero entonces, el tiranosaurio apareció rugiendo, atraído por el escándalo. Los carnotaurus se olvidaron de Albany para enfrentarse a la nueva amenaza.

La pequeña dryosaurus aprovechó la confusión para escapar. Oculta entre la vegetación, vio a los carnívoros luchar hasta que el tiranosaurio obtuvo la ventaja y empezó a perseguir a los carnotaurus que huían alejándose. Su plan había funcionado. El ruido se perdió en la distancia y Albany cayó rendida de cansancio.

Cuando despertó, todo estaba en calma. Albany se levantó y, con paso firme, ascendió el último tramo hasta la meseta.

Allí estaba la cerca metálica que marcaba el territorio de su manada. Se detuvo un instante para mirar atrás y contemplar el largo viaje que había recorrido. Recordó a los dinosaurios del claro, los peligros enfrentados y cómo su ingenio le permitió superar a los depredadores más peligrosos.

Cruzó el umbral y fue recibida con gritos de alegría. Su madre la abrazó con el cuello, y su hermano Taulo corrió a su lado dando brincos de felicidad.

Bajo la sombra del Gran Árbol, la manada celebró su regreso.

- Estoy en casa – Albany dejó salir un chillido de alivio.

FIN

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Bien escrito

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Trama absorbente

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Buenos personajes

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Buenos personajes

Diálogos potentes

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Diálogos potentes

author

Aquí estoy apoyando este nuevo proyecto. Me gustaron las referencias a Parque Jurásico, la verdad es que a mí también me decepcionó un poco en las últimas películas. Esperaré con ansias un nuevo capítulo

12 horas
1

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