Prólogo
Hay personas que aprenden a vivir en la sombra mucho antes de saber por qué lo hacen. Crecen acostumbrándose a ser invisibles, a que su voz se pierda entre el ruido de los demás, a creer que su único propósito es no estorbar. Construyen un muro alrededor de sí mismos, ladrillo a ladrillo, hecho de sonrisas fingidas y palabras que se tragan antes de salir.
Y entonces llega alguien que no sabe de muros. Alguien que se acerca despacio pero sin dudar, que te mira como si realmente te estuviera viendo, que te ofrece su mano sin pedirte explicaciones ni promesas. Alguien que te enseña lo que es sentirse importante, sin siquiera darse cuenta de que te está salvando.
Pero el amor no siempre llega a tiempo. A veces aparece justo cuando el dolor ya ha echado raíces tan profundas que nadie alcanza a verlas. Cuando la culpa y el miedo ya han tomado la palabra, y el silencio se ha vuelto tu única compañía.
Esta es la historia de dos almas que se encontraron demasiado tarde, o quizás demasiado pronto. De todo lo que pudieron compartir y no se atrevieron. De que la peor despedida no es la que se dice llorando, sino la que se lleva en silencio, cuando todavía quedan mil cosas por decir.