1ra Carta a Julieta
Imagínate que en lugar de esconderte volaras.
Imagínate que en lugar de juzgarte simplemente anduvieras, gritaras y te desnudaras.
Que poquita confianza tienes de ella, y de ti, de tu esencia descarada y tempestuosa.
¿Te da miedo acaso? ¿Qué te domine la ira, el refugio de las lágrimas, el dolor interminable ese que te encanta, el que pone de rodillas y te implora que le mimes?
La victima le dices ahora y antes era tu única fórmula, tu única pócima.
Eres esclava, esclava de las expectativas, de los logros y ni siquiera has lograda nada, o al menos eso es lo que te dices querida e inocente Julieta.
Deja de mentirte a ti misma, deja de meterme en tus líos, deja de permitirme agusanar tu mente sin ni siquiera dejarme conocer el guión.
No soy tu enemiga, no soy tu rival, pero si eso te mantiene con vida, si eso es lo que te hace sentir que tu vida tiene un sentido lo acepto, lo abrazo.
Me tomaré cada gota de ese elixir nefasto e insípido y a veces hasta ácido, pero me gusta.
Al menos me puedo dar el lujo de decir que de alguna manera me miras, como tu contrincante o la causante de todas tus penas pero me miras.
Espero que te quede claro que Rodrigo no es nada mío, que él y yo ya no tenemos nada, no desde que me enteré de lo que él había hecho contigo.
Me duele profundamente Julieta, no tu situación, pero si lo que él te hizo. Me dio nauseas saber que se atrevió a someterte de tan atroz manera y cuando solo tenías once años. Sus calumnias y sus mentiras, sus mártires narrativas, me las tragué todas en su momento si, fui una reverenda pendeja por que le creí todo Julieta.
Así como dices en tus cartas que te sientes así me siento yo también a veces, un poco perdida, y profundamente avergonzada de haberte olvidado, de haberme apartado, de haberme ido sin habértelo dicho, pero no fue para herirte, fue lo mejor. Tú ya no me querías, tu ya no me mirabas, ni siquiera contestabas mis llamadas, ya que más daba si me despedía o no.
Tengo que confesar también que sentí un gran alivio cuando recibí tu primera carta y aunque quise comerte viva, te lo juro que eso sentía, a la vez esperaba que una vez más me escribieras, aunque sea otra de tus groserías, otra de tus historias en donde yo te había hecho todo lo que dices que te hice.
Sé que mi silencio te ha mantenido activa, por que te conozco bien, se que mi silencio te mantiene con energía suficiente para seguir vociferando en letras todo tu rencor hacia mí. Que siga Julieta, no te detengas, porque sé el agujero en el que te encuentras, por que yo hace cinco años estaba en ese mismo desierto, estaba completamente amargada, sin color en el centro, así como te describes, vacía, sin vida. Pero no te acomodes mi Juli, no es permanente, y así tan pinche atrevida como siempre has sido, de ninguna manera soportara tu naturaleza tenerte acurrucada en esa cueva moribunda de conmiseración.
Que más te digo, nada. Estoy por graduarme, finalmente, y la ausencia de Rodrigo ya no me perfora el corazón como hace un par de años.
No pares de injuriarme Julieta, hazlo las veces que necesites, solo que ya me cansé de no responderte. Espero que me leas, hasta aquí o hasta donde aguantes o quieras. Se perfecto que no querrás dejar ni una sola migaja de esta carta fuera de tu análisis y de tu poderosa respuesta.









Genial la propuesta que haces