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Lucía y Darío

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Sinopsis

Para todo aquel que se interese por esta historia voy a ser claro. Este es un romance sí, pero slow burn y de distancia. Ellos literalmente se despiden porque Lucía se va a estudiar a otro país. Es también la primera novela que publico, más no la primera que escribo. Los capítulos están enfocados en la vida de cada uno siendo de doble perspectiva o doble pov. TW: aunque no se dice explícitamente trastornos mentales, sí están presentes durante toda la obra.

Genero:
Romance
Autor/a:
Clara_creep
Estado:
hace 5 horas
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1: Café frío

 17 de agosto, año 1. 12:30 am

El sonido del despertador sonó durante unos 5 segundos antes de que pudiera apagarlo.

Se suponía que debía dormir, pero estuve pensando en lo que pasará en unas horas, lo que hizo que no pudiera ni cerrar los ojos. En el fondo lo sabía, por lo que no pasé las horas acostado viendo la oscuridad y maté el tiempo intentando distraerme.

Hace poco que nos graduamos, a veces siento que todo va a seguir igual, siempre decíamos que las clases eran lo peor de nuestras vidas. Ahora que terminaron las extraño más que nunca.

Es normal que para un adolescente le parezca horrible tener que ir a clases todos los días, pero es el sentimiento de pertenencia, algo fijo que, con el tiempo termina siendo más agradable, más por las personas.

Hasta que por algo que desconoces, dejas de conectar con ellos y con el tiempo, ya no hay razón suficiente para regresar, al final siempre puedes conectar con alguien más.

Pensé que siempre iba a ser así, que era algo normal, pero hubo una persona que sí se quedó, Lucía.

Me levanté de la silla y fui a prepararme para ir al aeropuerto, no era la primera vez que iba, puesto que tengo un tío que frecuenta mucho ese lugar y a veces iba con papá para acompañarlo.

Salí de bañarme y noté cómo tenía un mensaje no leído.

— ¿Ya despertaste?

Con las manos aún mojadas, respondí un sí, de seguro tú ya estás lista.

Esperé unos segundos la respuesta y comencé a vestirme, tomé la ropa que ya había preparado unas horas antes.

Tras esto, salí a ojear el refrigerador para comer algo antes de irme, sabiendo lo cara que es la comida en el aeropuerto. Simplemente tomé una caja de jugo de naranja, llenando un vaso hasta la mitad y me hice unas tostadas rápidas.

Mi celular vibró y vi el mensaje que decía.

—Recuerda que pasaremos por ti a la 1:30

Terminé de comer mirando un capítulo de una serie que estaba repitiendo, nunca me canso de esas comedias cotidianas las “sitcoms”, es como mi lugar seguro.

Finalmente recibí una llamada, era ella, Lucía.

—Ya estamos llegando apresúrate— dijo sin siquiera saludar

—Sí, ya estoy listo

Recogí mis llaves y salí sin avisar, el frío de la madrugada me abrazó, no era tanto como lo esperaba, pero agradecí llevar un abrigo.

Quise abrazarla tras entrar en el auto, pero simplemente me quedé con unas buenas noches en voz alta para todos.

—Y ¿Pudiste meter toda tu vida en las maletas cómo me lo prometiste?

—Casi, no venden maletas de tamaño Darío

Solté una risa nerviosa a su comentario simple, sería algo normal, yo mismo soltaría algo similar después de eso, pero no quería poner incómodo el trayecto.

Logré observarla sin que se diera cuenta, llevaba consigo unos audífonos de diadema que le había regalado, aun seguían con el micrófono adicional puesto y una almohada vieja de cuello. Parecía estar muy bien preparada.

— ¿Sabes cuánto dura el trayecto? – le pregunté llamándola, tocándole el hombro

—Mm, depende, quizá unas 5 o 6 horas, a no ser que termine en una isla desierta y tenga que llamar a mi almohada Wilson

De nuevo solté una risa leve.

Dos bromas en la madrugada no era algo común por parte de ella, recuerdo que en las clases en la secundaria justo en la mañana llegaba siempre de mal humor, realmente batallaba con levantarse temprano a pesar de que tenía un buen horario de sueño.

Después de una hora de recorrido finalmente llegamos, el sitio se veía algo imponente de noche.

Bajamos del auto y noté cómo traía dos grandes maletas de color rojo vino que parecían recién compradas, decidí tomar una y la otra la llevaba su padre, mientras ella seguía con los audífonos y la almohada, además de una mochila en su espalda que parecía llevar pocas cosas y un bolso de mano.

Iba caminando mirando al suelo escuchando la conversación que tenían con ella, que en su mayoría eran solo recomendaciones que seguramente ya habían establecido.

—Recuerda tener el pasaporte en mano y procura estar atenta para cuando avisen para abordar tu vuelo— dijo su padre

—Sí papá, lo tengo en la mano desde que salimos de casa – dijo enseñándoselo

— ¿Por qué no sacaste tu abrigo de la maleta? — preguntó su madre

—No tengo frío – refutó cruzando los brazos

Eso no tiene sentido, me solía reír de su poco aguante para el frío, además de que llevaba un peinado recogido que solía hacerle su madre para las clases.

Después de unas recomendaciones sobre dinero y comida, finalmente llegamos a las puertas del aeropuerto, con unas últimas recomendaciones de su madre sobre no salir de noche y no hablar con extraños.

Dejé de escuchar un poco esperando algo más, no escuché ni un “diviértete” o un “buena suerte” por parte de ellos, quizá ese era mi papel aquí.

¿Siquiera era posible que ellos la abrazaran antes de irse? No logro imaginar eso, aunque sí recuerdo que la llevaron a comer a un buen restaurante después de que ella les notificara de que había sido aceptada.

Pasamos las puertas automáticas y me quedé viendo el panorama, podía ver a gente caminar con sus maletas, otros sentados y en frente unas filas en la parte del check-in, cuando noté que siguieron sin mí. Me apresuré para alcanzarlos cuando vi que sus padres se detuvieron dejándola hacer la fila sola.

Percibí una forma de caminado más lento en comparación a como caminaba por el parqueo, dejé la maleta quieta junto a ellos e intenté llegar hasta ella.

—Déjala Darío, ella sabe qué hacer

Me volteé a mirarlo, su expresión seria me hizo retroceder a tomar la maleta de nuevo. Me tomó por sorpresa dicha orden.

De todos modos, sabía que ella estaría bien, es algo que llevaba mucho tiempo planeando, quizá demasiado para mí.

¿Ella iba a estar bien? Sí, sé lo mucho que se ha preparado. Podía verla de espaldas, con una postura recta mientras tenía pegado el pasaporte a su cuerpo.

Tras unos segundos le dieron unos papeles a firmar y regresó con una sonrisa.

—Listo, ayúdenme a entregar las maletas – dijo tomando la maleta que traía su padre

—Casi, casi que sí te llevas toda tu vida en estas maletas tan grandes y pesadas – mencioné

—Jajaja, si supieras todo lo que tuve que dejar en casa, si hubiera llevado todo lo que quería me faltarían unas 3 maletas más

—Sí y con todo eso, no podrías concentrarte nunca

Ambos continuamos riéndonos mientras sus padres nos esperaban detrás.

Finalmente fuimos en dirección a las sillas de espera y yo me quedé quieto unos segundos mientras empezaban a caminar, ella parece muy feliz.

—Hey, nos vamos – dijo llamándome con su mano

Continuaba con la sonrisa un poco calmada de antes, no entendía por qué no ha mostrado ni una pizca de tristeza, ¿Debería, o de nuevo ese es mi papel aquí?

Mientras caminaba continuaba esa expresión en su rostro, ¿Ese tipo de alegría vino desde que fue aceptada? No podía evitar pensar en si es algún tipo de felicidad tan diferente a la que alguna vez haya compartido conmigo.

— ¿No vamos a ir a desayunar? – preguntó Lucía en general

—No, y no deberías comer nada pesado, es mejor que no tengas que ir al baño durante el vuelo – contestó su padre

—Perdón, es que Darío dijo que tenía hambre – añadió volteándose a mí

— ¿Qu... qué? No, yo no dije eso – la incomodidad que había tratado de evitar había llegado

—Bueno, búsquense algo liviano – dijo la madre

Ambos me parecían personas amargadas, recuerdo que Lucía solía ser parecida, ¿Acaso se debe a la falta de amigos? Aunque la madre a veces intentaba ser empática, no dejaba de darme miedo también.

Dejamos las cosas junto a ellos y cuando nos dimos la vuelta otra recomendación de, no se vayan lejos.

— ¿Lejos?, yo sí que me iré lejos, muy, muy lejos – dijo Lucía lo suficientemente lejos de sus padres para que no la escucharan

Decidí no seguirle la broma esta vez y mientras pasábamos por en frente del check-in Lucía sacó su celular. Lo revisó unos segundos y luego me preguntó.

— ¿Te quieres tomar una foto conmigo?

Miré unos segundos su celular, mientras ella me miraba.

—Está bien

Después de tomar la foto seguimos nuestro camino. ¿Hacia a dónde? Recuerdo que mencionó que yo tenía hambre, aunque comí algo liviano, no tenía hambre en realidad.

— ¿Por qué esa cara? Es mí primera vez en un aeropuerto, pensé que sería algo divertido

—No es nada... ya he venido un par de veces aquí

Tras escucharme noté que soltó un leve suspiro bajando sus hombros.

—Es el sueño quizás

— Entonces... ¡Vamos a por un café! – regresando su entusiasmo

Seguimos caminando, en las grandes ventanas no se podían llegar a ver bien los aviones de afuera, me quedé quieto sin querer una vez más.

—Oye Darío – llamándome mientras me ponía la mano en el hombro

—Sí ¿Qué pasa?

Se me quedó viendo unos segundos.

—Tengo frío – dijo mientras se frotaba los brazos encogiéndose

—Jajaja, lo sabía, es raro que sea yo el único con un abrigo

Ella siguió caminando y dudándolo un poco me quité el abrigo y se lo coloqué por la espalda.

Ella se detuvo y terminó de colocárselo con una pequeña risa.

...

Finalmente llegamos a una cafetería.

Ella se sostenía la barbilla pensando en qué escoger, mientras que yo me adelantaba para pedir un mocca frío.

Por su parte escogió un latte irlandés. Nunca había escuchado de esos, de igual manera tras verlo ya servido se me fue la intriga de saber a qué sabe, puesto que odio los cafés calientes.

A pesar de que no había casi nadie en el local, ella se dirigió hacia la entrada esperándome.

—Ven vamos, quiero seguir viendo el aeropuerto

No entendía por qué su empeño en mantenerse moviéndose, ¿Sería porque en unas horas estaría sentada durante mucho tiempo?

Tras caminar entre la multitud que empezaba a aparecerse y entre tantas pantallas y locales alcancé a escuchar una conversación, mientras Lucía observaba unas almohadas en una tienda.

—Prométeme que no te quedarás mucho tiempo, ahora tendré que avisar sobre el retraso nuestra boda

Logré escuchar de repente a una mujer hablando cerca de mí.

—Sabes que esto va a mejorar mi trabajo... solo serán unos 6 meses – respondió el hombre recogiendo su maleta

—Deberás escribirme siempre y llámame, no lo olvides

—Sí amor, esta será la última vez, lo prometo

La mujer comenzó a llorar cuando se lanzó a abrazarlo.

¿Así se supone que debería ser?

Me quedé viendo la escena, parecía una película. Además, son solo seis meses.

Me giré para notar que Lucía había seguido caminando.

Seis meses, eh.

Antes de seguir pensándolo tuve que cambiar de mano el café porque se me estaba congelando la mano.

— Hey ¿Te congelaste? – preguntó Lucía acercándose a mí —Ven quiero ver algo más de cerca

La seguí hasta que llegamos a unos ventanales que dejaban ver el exterior aun de noche. Se podían divisar algunos aviones.

—Me da un poco de miedo volar

—Me lo imaginé

Ambos notamos más adelante cómo parecía que uno iba a despegar y seguimos caminando en su dirección.

Finalmente despegó, dando las 4:30am. Ambos nos quedamos mirando al avión.

—Me da miedo volar...

Volteé a verla y ella estaba mirando su reloj en la mano.

—Solo espero que allá todo sea más fácil – dijo acercando su cara a la ventana

—Eso no tiene sentido – añadí rápidamente

— Mm bueno, para mí es diferente... siento que allá todo será mejor, poder empezar de nuevo, no sé.

Tras escucharla me quedé mirándola sin quererlo y ella continuaba mirando tras la ventana.

Por mi parte no he logrado pensar en qué voy a hacer, así que no pude responder.

Realmente no lo entiendo.

Quería decir algo, lo que fuera, pero su expresión me lo estaba dejando claro.

Me quedé en blanco y después mi cuerpo se tensó, no podía moverme lo único que pasaba por mi mente era ella y sus ganas de irse lo antes posible.

Puedo confirmarlo una vez más, está muy alegre hoy, raro porque eso no pasa en las mañanas.

Recordando días del pasado mi cuerpo se relajó, mis manos también y el vaso de café sin tomar se me resbaló cayendo al suelo.

Continuaba viéndola cuando lo escuché caer, lo sostenía desde mi brazo izquierdo, la mayoría del café que salió disparado quedó en mi pantalón, lo demás fue esparcido en varias direcciones.

Y como no, una pequeña parte terminó llegando hasta ella.

Lucía se giró rápidamente a mirarme.

— ¿Qué pasó?

Miré debajo, seguía sin poder responder.

—Darío... ¿Estás bien? – me preguntó agachada ligeramente

Podía ver el charco que había hecho, mis manchas y las suyas.

—Sí... perdón se me resbaló

Nuestros pantalones eran casi del mismo tono azul oscuro, pero los zapatos no, los suyos eran blancos y los míos negros. Cuando me di cuenta fui rápidamente a buscar unas servilletas.

— ¡Espera!

—Ya vuelvo – dije antes de alejarme

Al regresar vi cómo ya había una persona limpiando la escena y a Lucía sentada en una silla.

Llegué y me agaché para limpiarle los zapatos.

—Perdón

—No es nada

Intentó tomar una, pero me negué.

Escuché algo vibrar en su bolso.

—Son mis padres, ya me están llamando – dijo sin contestar la llamada

Logré limpiar lo más que pude, las manchas de sus zapatos habían desaparecido, pero en su pantalón quedaron manchas oscuras que, fácilmente podía interpretarse como agua.

—Tranquilo, de verdad que no es nada

Se levantó y añadió.

—Creo que ya es hora

Esta vez pude caminar a su lado sin detenerme. Llegando de nuevo a la zona de registro, me entregó el abrigo y seguimos hasta llegar donde sus padres.

—Ten los papeles– dijo la madre

Lucía se acercó a ella con los brazos extendidos, terminando en un abrazo rápido, el cual repitió con su padre.

Claro, no sin antes más recomendaciones.

—Avísanos cuando llegues

Al final se giró para verme, así que opté por levantar mi mano a la altura de mis hombros despidiéndome.

—Bueno adiós, Lucía, que te vaya bien

—Adiós... Darío – dijo frunciendo el ceño

Finalmente empezó a caminar, seguía siendo muy lento desde mi parecer, quizá estaba cansada.

No dejaba de pensar hace un rato, debí tomar mi café cuanto antes, terminar de beberlo todo.

¿Eso habría bastado?

¿Haberlo disfrutado al menos? Recuerdo haberlo visto, su color y aroma, aunque no pude probarlo.

Al final, solo limpiar el desastre que dejó.

Quizá debí sostenerlo con más fuerza sin distracciones. Ese tuvo que ser el principal problema, a pesar del frío, fue solo mi descuido.

Siempre puedo ir a comprarme otro, aunque ese haya sido caro, da igual, no fui yo quién pagó después de todo.

Lucía estaba a punto de llegar a su fila donde había otras personas esperando pasar el control de seguridad.

Respiré hondo, llenando mis pulmones del aire frío que me rodeaba y exhalé.

¿Cuánto tiempo pasará para volvernos a ver?

No son solo 6 meses, es casi un año, sé que vendrás en vacaciones.

Sí, lograré esperar lo que haga falta, no dejamos nada pendiente después de todo.

Justo cuando me preparaba para verla aparté la mirada tragando saliva.

Ya estoy listo, pronto volveré a mi casa para poder dormir, siento un calor raro en los ojos. De nuevo... debe ser el sueño.

Mientras intentaba distraerme escuché.

—Hey Darío, ¿Me acompañas?

No pude responder de inmediato, ¿Qué significaba esa pregunta?

Me miraba fijamente a los ojos mientras me hacía señales con la mano. ¿De que la acompañara?

¿A dónde? No pude evitar sonreír ligeramente.

Por un segundo, solo por un segundo, pensé que esa pregunta tenía otro significado.

En verdad, sí te acompañaría a donde fueras.

Sin pensarlo caminé hacia delante.

Llegamos a la fila donde estaba ella antes.

Ella se acercó a mi oído tocándome el hombro.

— ¿Está todo bien?

Estoy seguro de que no había nada raro en mí, muy seguro.

—Sí, ¿Por qué?

— ¿Qué clase de despedida fue esa? — preguntó presionándome el hombro

—Perdón, es que... me siento incómodo con ellos ahí

—Jajaja, yo también lo estoy... estoy algo nerviosa— dijo mirando al suelo

Faltaban pocas personas para que llegara el turno de Lucía.

— Gracias por acompañarme hasta aquí, este aeropuerto queda un poco lejos y gracias por quedarte todo este rato aquí conmigo

—No es nada, fue divertido

Lucía finalmente me abrazó, tardé unos segundos en devolvérselo.

—Ya doy por hecho que el camino de regreso será incómodo

—Sí y además, hueles mucho a café— dijo riéndose

Yo también me reí.

No te pongas mal, no te pongas mal ahora.

Atención, el vuelo 18 con dirección a Boston está por abordar

—Bueno, ahora sí estoy lista— dijo acomodándose el bolso

—Bueno, buen viaje

—Nos vemos en vacaciones

—Sí

Lucía pasó el control de seguridad y desapareció entre la gente.

No tenía ganas de regresar todavía, pero sus padres me hicieron un llamado para irnos.

—Quiero que este año pase rápido

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