Chapter
Era un verano infernal en Seúl.
El tipo de verano que te hace sudar solo con respirar, que te pega la ropa al cuerpo y te deja sin fuerzas.
El aire acondicionado del apartamento de Jungkook llevaba tres días encendido sin parar, pero el calor seguía colándose por las rendijas como un animal persistente.
Jungkook estaba tumbado en el sofá en pantalones cortos de color gris y sin camiseta; su cuerpo marcado brillaba con una capa fina de sudor, los abdominales definidos, los brazos fuertes, los tatuajes que recorrían su piel. Tenía el pelo oscuro y húmedo pegado a la frente y estaba viendo una película de acción que no le interesaba en absoluto.
Su novia Sana había salido hacía una hora, había dicho que iba a comprar al supermercado, que necesitaba cosas para la cena.
Jungkook le había dicho que se diera prisa, que hacía demasiado calor para estar solo. Pero en realidad agradecía un poco de tiempo a solas, un poco de paz.
La puerta se abrió sin llamar.
—¿Jungkook?
La voz era suave, con un tono cantarín que Jungkook conocía demasiado bien. Se giró en el sofá y vio a su primo Jimin parado en el marco de la puerta.
Y como siempre que lo veía, sintió que el aire se le atascaba en los pulmones.
Jimin tenía veinte años, pero parecía más joven. Su pelo rubio caía en ondas suaves sobre sus hombros, su piel era pálida casi translúcida y el vestido de verano que llevaba, un vestido amarillo claro que le llegaba a medio muslo, resaltaba cada curva de su cuerpo.
Su cintura era pequeña, tan pequeña que Jungkook podría haberla rodeado con una sola mano, sus caderas eran anchas con esa curva que hacía que sus vestidos siempre le quedaran perfectos; y sus tetas eran redondas y firmes, del tamaño perfecto para llenar sus manos.
Jungkook lo sabía porque las había mirado más veces de las que estaba dispuesto a admitir.
—Jimin —dijo, incorporándose. —¿Qué haces aquí?
El rubio levantó una bolsa de comida.
—Mi madre me ha mandado a traerte esto, dice que no comes bien y que seguro estás perdiendo peso.
Jungkook se rió.
—Eso es mentira, como perfectamente.
—Eso es lo que dice ella —respondió Jimin, caminando hacia la cocina. —Yo solo obedezco.
Jungkook no pudo evitar mirar sus piernas mientras caminaba; eran largas, torneadas y el vestido se movía como si fuera una extensión de su cuerpo. Sus pies pequeños apenas hacían ruido contra el suelo de madera.
—¿Dónde está Sana? —preguntó Jimin dejando la bolsa en la encimera de la cocina.
—Ha ido a comprar —dijo Jungkook, sin apartar los ojos de él. —Vuelve en un par de horas.
Jimin asintió y se giró, sus ojos se encontraron con los de él, y en ese momento algo cambió en el aire.
Algo eléctrico, algo peligroso.
—Hace mucho calor —dijo Jimin, abanicándose con la mano. —¿No tienes el aire acondicionado más fuerte?
—Está a tope —respondió Jungkook, con la voz un poco más ronca de lo normal. —Pero el verano es una mierda.
—Sí —dijo Jimin, sentándose en el brazo del sofá, a su lado. —Una mierda.
Sus muslos se rozaban. Su perfume algo floral, algo dulce llenaba el aire.
Jungkook sintió cómo su polla comenzaba a endurecerse bajo los pantalones cortos.
—Estás muy marcado —dijo Jimin sin filtro mirando su torso.
Jungkook levantó una ceja: —¿Perdona?
—Nada —dijo Jimin, sonrojándose. —Olvídalo.
Pero no lo olvidó, y Jungkook tampoco.
—¿Quieres beber algo? —preguntó Jungkook levantándose.
—Sí —dijo Jimin. —Agua.
Jungkook fue a la cocina y sacó dos vasos. Cuando volvió, Jimin estaba sentado en el sofá con las piernas cruzadas, el vestido se le había subido un poco mostrando más muslo del que debería.
Jungkook se sentó a su lado y le entregó el vaso haciendo que sus dedos se rozaran. Y ese roce, ese simple contacto, fue como una chispa en un campo de gasolina.
—Gracias —dijo Jimin con la voz más baja de lo normal.
—De nada —respondió Jungkook.
Se quedaron en silencio un momento. Los dos mirando al frente, los dos sintiendo la tensión crecer entre ellos como una marea que no podía detenerse.
—Jungkook —dijo Jimin finalmente.
—¿Sí?
—¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
Jimin se giró hacia él, sus ojos oscuros brillaban con algo que Jungkook no había visto antes.
—¿Alguna vez has pensado en mí?
Jungkook sintió que el corazón se le paraba.
—¿A qué te refieres?
—A esto —dijo Jimin, con voz temblorosa. —A... nosotros.
Jungkook tragó saliva, sabía a lo que se refería, lo sabía perfectamente.
Porque él también lo había pensado, miles de veces. Millones de veces. En la ducha, en la cama, en las reuniones familiares donde tenía que fingir que no lo miraba.
—Jimin —dijo, con la voz ronca. —Eres mi primo.
—Lo sé —dijo. —Pero eso no responde mi pregunta.
Jungkook lo miró, lo miró de verdad. Vio el deseo en sus ojos, la inseguridad en sus labios temblorosos, la esperanza en sus manos apretadas.
—Sí —dijo finalmente. —He pensado en ti más de lo que debería.
Jimin soltó el aire que parecía haber estado conteniendo.
—Yo también —susurró. —Desde que tengo memoria.
—No sabes lo que dices.
—Sí lo sé —dijo Jimin, con voz firme. —Sé que quiero que me toques, que me beses, que me hagas tuyo.
Jungkook sintió que el mundo se detenía.
—Jimin...
—No me digas que no —dijo, acercándose. —No me digas que está mal porque lo sé. Lo sé, Jungkook. Pero no me importa.
Jungkook lo miró un momento más. Y luego, dejó de pensar.
Se inclinó y lo besó.
El beso fue hambriento.
No fue suave ni fue tierno, fue un beso desesperado, un beso de años de deseo contenido, de miradas robadas, de noches en vela pensando en lo que no se atrevía a hacer.
Jungkook puso una mano en su nuca y lo atrajo hacia él, su otra mano encontró su cintura, esa cintura pequeña que siempre había querido tocar. Sus labios se movieron contra los de Jimin con una urgencia que lo asustaba.
Jimin gimió contra su boca; un sonido pequeño, ahogado, que hizo que la polla de Jungkook saltara.
—Joder —susurró él, separándose un momento. —Eres tan dulce.
—Cállate y bésame —respondió Jimin tirando de su pelo.
Jungkook obedeció y lo besó de nuevo, más profundo, metiendo su lengua en su boca. Jimin respondió al instante, enredando su lengua con la de él, chupando, mordiendo.
Las manos de Jungkook comenzaron a moverse; subieron por su espalda sintiendo la suavidad de su piel a través del vestido. Bajaron hasta sus caderas, apretando, reclamando y luego subieron de nuevo hasta el borde de sus tetas.
—¿Puedo? —preguntó Jungkook contra sus labios.
—Puedes hacer lo que quieras —respondió Jimin. —Todo.
Jungkook no necesitó más permiso.
Bajó las manos hasta sus tetas y las apretó; eran suaves, cálidas, perfectas. Podía sentir sus pezones duros a través de la tela del vestido.
—Joder —susurró. —Son perfectas.
—Me encanta que las toques —dijo Jimin, arqueando la espalda. —Más.
Jungkook apretó más fuerte, moldeando sus tetas con las manos, jugando con sus pezones a través de la tela.
Jimin gemía contra su boca, moviendo sus caderas contra él.
—Jungkook —jadeó. —Necesito más.
—¿Más qué?
—Más de ti, todo de ti.
Jungkook lo levantó del sofá y lo llevó a su habitación.
La habitación de Jungkook era grande, con una cama matrimonial que ocupaba casi todo el espacio. Las cortinas estaban cerradas, dejando la habitación en una penumbra cálida y acogedora.
Jungkook tumbó a Jimin en la cama y se colocó sobre él.
—Quiero verte —dijo, con la voz ronca. —Quiero verte desnudo.
Jimin no dijo nada, solo se levantó, tomó el dobladillo del vestido y se lo quitó por la cabeza.
Jungkook se quedó sin aliento.
Debajo del vestido, Jimin llevaba un sujetador de encaje negro y una tanga a juego. Su piel pálida contrastaba con la tela oscura, y sus tetas se veían aún más perfectas de lo que había imaginado.
—Eres hermoso —susurró Jungkook. —Siempre lo has sido.
Jimin sonrió, pero no dijo nada. En lugar de eso, se llevó las manos a la espalda y desabrochó el sujetador dejándolo caer a un lado.
Jungkook tragó saliva.
Sus tetas quedaron al descubierto. Redondas, firmes, con pezones rosados y duros apuntando hacia él. Eran perfectas, del tamaño exacto para llenar sus manos.
—¿Te gustan? —preguntó Jimin con una sonrisa pícara.
—Me encantan —dijo Jungkook con la voz ronca.
Bajó la cabeza y tomó un pezón en su boca, chupó suavemente y luego con más fuerza. Jimin gimió y arqueó la espalda, presionando su teta contra su boca.
—Ah... —gimió. —Así...
Jungkook chupó y mordió sus tetas con devoción. Sus manos apretaban su cintura, dejando marcas rojas en su piel. Pasó de una teta a la otra, lamiendo, succionando, mordiendo suavemente.
—Tus tetas son deliciosas —dijo Jungkook, con la voz ronca. —Podría pasarme horas chupándolas.
—Hazlo —rogó Jimin. —Hazlo todo.
Jungkook siguió bajando, besó su estómago, sus caderas, el borde de su tanga, y uego con un movimiento lento se la bajó.
Su coño quedó al descubierto, estaba empapado, brillante y jugoso. Jungkook podía ver cómo sus labios se abrían ligeramente y cómo su clítoris asomaba entre ellos.
—Joder —susurró. —Estás tan mojado.
Jungkook no perdió tiempo y bajó la cabeza lamiéndo su coño.
El sabor explotó en su lengua, un sabor salado, dulce y adictivo.
Jimin gritó aferrándose a sus cabellos.
—¡Jungkook!
—Te he soñado así —dijo Jungkook, entre lamidas. —Te he soñado gritando mi nombre.
Lamió con ganas metiendo su lengua en su coño, moviéndola, saboreando cada gota. Sus dedos encontraron su clítoris y comenzaron a frotarlo en círculos.
—Ah... ah... —gemía Jimin. —Así... no pares...
—¿Te gusta? —preguntó Jungkook, levantando la cabeza.
—Sí —jadeó. —Me encanta, me encanta que me comas el coño.
Jungkook sonrió y volvió a bajar: lamió, chupó, metió dos dedos en su coño mientras seguía trabajando su clítoris con la lengua.
—Me voy a correr —gimió Jimin.
—Córrete —ordenó Jungkook. —Córrete en mi boca.
Jimin llegó al orgasmo con un grito; su cuerpo se tensó y sus caderas se movieron contra la boca de Jungkook, pero él siguió lamiendo hasta que dejó de temblar.
Jungkook se incorporó y se quitó los pantalones cortos. Su polla saltó libre, dura y grande con la cabeza roja brillante.
Jimin la miró y sus ojos se abrieron.
—Es enorme —susurró.
—Y va a estar dentro de ti —dijo Jungkook colocándose entre sus piernas.
Se tomó un momento para mirar a su primito; estaba tumbado en su cama, desnudo, con el pelo rubio extendido sobre la almohada, sus tetas subiendo y bajando con la respiración agitada y su coño brillante de placer.
—¿Estás seguro? —preguntó Jungkook.
—Nunca he estado más seguro —respondió Jimin.
Jungkook asintió y alineó su polla con la entrada de su coño, empujó lentamente.
—Ah... —gimió Jimin.
—¿Te duele? —preguntó Jungkook.
—No —dijo jadeando. —Solo... es grande.
Jungkook siguió empujando hasta que estuvo completamente dentro, el coño de Jimin lo envolvía en un calor húmedo y era tan apretado, tanto que Jungkook tuvo que contenerse para no correrse al instante.
—Joder —susurró. —Estas tan apretado.
—Fóllame —pidió Jimin. —Fóllame fuerte.
Jungkook comenzó a moverse; sus embestidas eran lentas al principio, profundas, sintiendo cada centímetro de su coño. Luego aceleró.
Jimin gemía como una perra en celo soltando maldiciones.
Jungkook la folló más rápido, más fuerte. Sus caderas chocaban contra las de él, y el sonido de sus pieles llenaba la habitación.
—¿Te gusta? —preguntó Jungkook, con la voz entrecortada.
—Sí —gimió Jimin. —Me encanta tu polla.
—Dime que eres mío —ordenó Jungkook.
—Soy tuyo.
Jungkook lo folló más rápido, más duro. Jimin se aferraba a las sábanas gimiendo sin control.
—Me voy a correr —gimió.
—Córrete —ordenó Jungkook.
Jimin llegó al orgasmo con un grito, su coño se apretó alrededor de la polla de Jungkook y este sintió que el orgasmo se acercaba.
Pero no quería terminar todavía.
Se retiró y lo giró.
—Ponte de rodillas —ordenó.
Jimin obedeció, apoyando las manos en la cabecera. Jungkook se colocó detrás y lo penetró de nuevo.
—¡Ah...! —gimió Jimin.
Jungkook lo folló con fuerza con sus manos aferradas a sus caderas. Jimin gimía, moviendo sus caderas hacia atrás para recibirlo más profundo.
—Eres tan puta —dijo Jungkook, con la voz ronca. —Tócate —ordenó. —Toca tu clítoris mientras te follo.
Jimin metió una mano entre sus piernas y comenzó a frotarse, sintiendo como el orgasmo se acercaba de nuevo.
—Me voy a correr —gimió, la saliva escurriendo de su boca.
Jimin llegó de nuevo orgasmo con un grito y el cuerpo temblando, y Jungkook se corrió dentro de él al fin gimiendo su nombre.
—Jimin...
Se quedaron así un momento, jadeando, sudorosos. Jungkook se retiró y Jimin se desplomó en la cama.
Jungkook se tumbó a su lado y lo abrazó sin salirse de su coño.
—Eso ha sido... —dijo Jimin.
—Increíble —completó Jungkook.
Pero entonces, la puerta de la habitación se abrió.
Sana estaba parada en el marco de la puerta, su cara era una mezcla de sorpresa, dolor y rabia.
—¿Qué mierda está pasando aquí? —gritó.
Jungkook se retiró de Jimin de un salto.
—Sana... no es lo que parece...
—¿No es lo que parece? —gritó ella. —¡Estás follándote a tu primo! ¡Tu primo, Jungkook!
Jimin se cubrió con la sábana, con los ojos llenos de lágrimas.
—Sana, lo siento —dijo Jimin, con la voz temblorosa.
—No me hables —dijo Sana, con los ojos inyectados en sangre. —No me hables, puta.
—Sana, cálmate —dijo Jungkook, levantándose.
—¿Que me calme? —gritó ella. —¡Me acabas de ser infiel con tu primo! ¡Y quieres que me calme!
Jungkook se pasó una mano por el pelo.
—Lo siento —dijo. —De verdad que lo siento.
—¿Cuánto tiempo lleva esto pasando? —preguntó Sana, con la voz quebrada.
—Es la primera vez —dijo Jungkook. —Te lo juro.
—¿La primera vez? —repitió Sana, incrédula. —¿Y eso lo hace mejor?
Jimin se levantó de la cama con la sábana envuelta alrededor de su cuerpo.
—Sana —dijo, con la voz temblorosa. —La culpa es mía, yo lo provoqué.
—Cállate, no quiero oirte. —dijo Sana.
—Sana, podemos hablarlo.— Dijo Jungkook un tanto desesperado.
—¿Hablar? —gritó ella. —¡No hay nada que hablar! ¡Se acabó, Jungkook!
Sana se giró y salió de la habitación, dando un portazo.
Jungkook se quedó parado, con la mirada perdida.
Jimin se acercó a él y le tocó el brazo.
—Jungkook...
—No —dijo él, apartándose. —No me toques.
—Lo siento —susurró Jimin.
—Yo también —dijo Jungkook con la voz rota. —Yo también.
Se vistieron en silencio.
Jimin se puso el vestido amarillo y recogió sus cosas.
Jungkook se puso los pantalones cortos y se sentó en el borde de la cama.
—¿Qué va a pasar ahora? —preguntó Jimin.
—No lo sé —dijo Jungkook. —Supongo que tengo que arreglar esto con Sana.
—¿Y conmigo?
Jungkook lo miró, sus ojos estaban llenos de tristeza.
—No lo sé, Jimin. De verdad que no lo sé.
Jimin asintió y caminó hacia la puerta.
—Lo siento —dijo antes de salir. —Por todo.
—Yo también —respondió Jungkook.
Jimin cerró la puerta, y Jungkook se quedó solo en la habitación, con el olor de su primo todavía en las sábanas.
Se quedó allí sentado durante mucho tiempo, pensando en lo que había hecho. En lo que había perdido y en lo que nunca podría recuperar.
Pero en el fondo, muy en el fondo, no podía arrepentirse. Porque por un momento, solo por un momento, había tenido lo que siempre había deseado.
A Jimin.









primera 👅
hola me encantó ... espero un capítulo extra dime que se quedan juntos kookmin
ashhhh ésa sana q soporte 🙄🙄🙄