Noche de cacería
Ailah corría con todo lo que sus piernas dieran. No sabía cuánto tiempo llevaba haciéndolo, quizá diez minutos, quizá una hora, ha perdido la noción.
En aquel bosque, el tiempo parecía haberse detenido. Los enormes árboles se alzaban a ambos lados como columnas negras, sus ramas entrelazadas ocultando casi por completo el cielo. La luz de la luna apenas conseguía atravesar el espeso follaje, proyectando manchas plateadas sobre el camino.
Ailah tropezó con una raíz. —¡Ah!
Extendió las manos y logró recuperar el equilibrio antes de caer. Siguió corriendo, sus pulmones ardían.
Cada respiración era más difícil que la anterior y sus piernas apenas respondían. Sentía los músculos temblar por el cansancio, pero sabía que detenerse significaba perder. Y perder significaba morir.
Detrás de él se escuchó otro aullido, Ailah se estremeció. Era profundo y largo, demasiado cerca.
Miró por encima del hombro. Nada.
Solo árboles, sombras y oscuridad.
—No... no...
Se obligó a continuar.
Había escuchado historias sobre aquella noche, eran rumores que pasaban de oido en oido y sin exactitud verídica.
La Luna Roja. Una noche que aparecía cada cuatro o cinco años, cuando la luna adquiría un tono rojizo y las antiguas reglas de las manadas hacían una excepción y abría posibilidades a los humanos comunes a un mundo inimaginable mucho mejor.
Esa noche comenzaba laCacería.
Los participantes eran seleccionados al azar por la luna. Alfas, omegas humanos. Todos tenían que sobrevivir hasta el amanecer.
Ailah jamás había imaginado que terminaría formando parte de ella. Mucho menos que sería perseguido desde el primer momento en que fue detectado por un alfa.
Otro aullido atravesó el bosque. Esta vez acompañado por el sonido de ramas quebrándose.
Ailah aceleró. Sus piernas protestaron, ya no podía. Pero siguió.
Había dejado atrás el lugar donde comenzó la cacería hacía tanto tiempo que ya no recordaba la dirección. Tampoco sabía dónde estaban los demás participantes. Solo sabía una cosa. Había un alfa siguiéndolo.
Uno que no había vuelto a su forma humana. Uno que parecía haberlo elegido como presa. Ailah apretó los dientes.
—¡No voy a morir aquí!
Un fuerte ruido surgió detrás de él.
Se giró, dos ojos brillaron entre los árboles. Ailah se quedó paralizado. Un enorme lobo emergió lentamente de las sombras, su pelaje oscuro apenas se distinguía contra la noche. Era mucho más grande que cualquier lobo normal y sus pasos eran silenciosos.
Un alfa.
Ailah retrocedió.
El corazón le golpeaba con fuerza.—Tú...
El lobo inclinó ligeramente la cabeza, Ailah sintió que el miedo le recorría todo el cuerpo.
El alfa avanzó.
Un paso. Luego otro, Ailah retrocedió. El lobo continuó acercándose.
—¡Aléjate!
Ailah se dio la vuelta y corrió. No llegó lejos. Escuchó un poderoso golpe detrás de él. Después, el sonido de algo acercándose a una velocidad imposible.
Ailah apenas tuvo tiempo de mirar hacia atrás. El enorme lobo saltó.
—¡NO!
Ailah cayó al suelo, cerró los ojos. Durante un instante creyó que todo había terminado. Sintió el impacto a pocos centímetros de él.
Abrió los ojos lentamente, el lobo estaba sobre él.Pero no lo había atacado. Ailah permaneció inmóvil, demasiado asustado para respirar.
El alfa levantó la cabeza. Entonces Ailah lo vio, el lobo se quedó observándolo. Por primera vez, aquella mirada ya no parecía la de un cazador. Parecía reconocimiento.
Ailah tragó saliva.—¿Quién eres?
El lobo retrocedió lentamente.
Y entonces ocurrió algo todavía más extraño. La luna salió de entre las nubes, una luz roja bañó el bosque. La marca de Ailah sintió un calor extraño en su mano, bajó la mirada, también estaba brillando.
—¿Qué...?
Un sonido lejano interrumpió el momento, después otro y otro.
El alfa levantó inmediatamente la cabeza. Ailah comprendió entonces que aquella criatura no lo estaba cazando. Lo estaba siguiendo por otra razón.
El lobo se colocó delante de él. Como si intentara protegerlo de algo que se aproximaba.
Ailah sintió que el miedo regresaba. Entre los árboles comenzaron a aparecer nuevas siluetas.
Ailah retrocedió.—¿C-cuántos son...?
El alfa gruñó.
Los ojos de las criaturas brillaron bajo la Luna Roja.
El lobo frente a Ailah levantó la cabeza y lanzó un poderoso aullido. La respuesta llegó desde todo el bosque.
Ailah comprendió finalmente la verdadera naturaleza de la Cacería. No se trataba simplemente de sobrevivir hasta el amanecer.
La Luna Roja había despertado... y ahora todos lo sabían.








