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Historia sin título

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Sinopsis

Sophia McQuaid, un nombre poco conocido, pero a la vez muy hablado, una detective privada, ella y su mejor amigo Walter O'Brien, quién es un genio formaron un equipo con otros genios llamándolo Scorpion. Un viejo amigo les pedirá ayuda y desde ese momento la vida de los 4 genios y la detective cambiará por completo para siempre.

Genero:
Action
Autor/a:
RayForceGP
Estado:
hace 16 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

|01| PILOT

PILOTO

NARRADOR OMNISCIENTE

CALLAN, IRLANDA

Varios helicópteros se dirigían a una casa; al aterrizar, varios agentes bajaron con armas.

—WALTER —grita el hombre llamando a su hijo.

Los agentes entraron a la casa y se dirigieron a las escaleras. Subiéndolas, abrieron una puerta cerrada y encontraron a un niño con un papel y un lápiz.

—Convenio de inmunidad para permiso de extradición, fírmenlo y les diré cómo ingresé a la NASA —dice el niño temblando levemente.

—Cabo a comando —dice un agente por la radio— tenemos a Scorpion, es solo un niño.

El niño camina esposado, siendo escoltado por varios agentes, viendo a sus padres y hermanas mayores asustados.

—Solo quería los planos de una nave de guerra —dice el niño justificándose.

La hija del medio, Juno, trata de acercarse a su hermanito, pero uno de los agentes se lo impide en el segundo en que su cuerpo se movió.

Aparece un auto negro y de él baja un hombre y una pequeña niña pelirroja quienes se dirigen al niño. Al llegar, el hombre se arrodilla, quedando a la altura de un Walter de 11 años.

—¿Cómo te llamas, hijo? —pregunta el hombre calmado mientras la niña rubia inclina levemente la cabeza, curiosa.

—Walter —dice una voz femenina, por lo que Walter vuelve al presente.

—Walter... —¿Escuchaste? —pregunta una chica rubia.

—Sí, dijiste “me tomó por sorpresa” —le responde Walter.

—No puedo creer que termines conmigo.

—Admito que has sido paciente.

—Los tres meses más largos de mi vida. No eres fácil, Walter.

NARRA SOPHIA

Veía cómo Walter, mi mejor amigo, terminaba con su actual novia; debo admitir que la chica es muy paciente. Tratar con Walter es como una misión imposible si no eres como él. Admiro a esa rubia, pero estoy segura de que mi amigo lo arruinará completamente.

—Oye, les pago para que arreglen el internet, no hables —dice el dueño.

—¿Terminas conmigo mientras trabajas? —pregunta la rubia. Yo lo dije, él lo arruinó completamente.

Sonrío aguantando mi risa; era obvio que pasaría algo así, conozco a mi amigo.

—Soy más eficiente —sonríe mi amigo mientras responde.

—Puede que lo intentes, Walter, pero estás a millones de kilómetros de ser normal —dice la rubia para después irse.

—Te dije que no saldría bien —digo sentándome frente a él—. Admito que te tuvo paciencia; no es nada fácil tratar contigo, eres un poco insensible.

—Gracias —dice sonriendo.

—No era un cumplido —digo cuando ambos nos levantamos para terminar nuestro trabajo.

—Tú eres igual.

—Sorpresa, sorpresa —digo un poco sarcástica y riendo levemente.

[🔍]

Veo al dueño regañar a un niño, creo que es el hijo de una de las camareras.

—Paige, otra vez tu hijo juega con los saleros.

—Ya sé, Nimos, le esta costando trabajo adaptarse a la escuela, regresará la otra semana, prometido —responde la que deduzco es Paige.

Desconecto los cables de la computadora y Walter y yo nos dirigimos hacia el niño que por lo que escuché se llama Ralph.

Walter mueve una piezas al igual que Ralph, yo solo los veo jugar atenta a cada movimiento que hacen ambos.

La chica se nos acerca.

—Disculpen, ¿Puedo ayudarles?

—No, mejor ayúdalo a él —le responde mi amigo y ambos nos dirigimos a la puerta

—Ya sirve la conexión —le digo al dueño— no regañes al niño.

[🔍]

Walter y yo estábamos en el auto de él escuchando la radio.

—Si quieres ganar dinero por 7.83 dólares, ¿qué mes tiene 28 días?

—Todos —respondemos él y yo.

—Sí sé la respuesta —dice una voz femenina mientras Walter gira el manubrio—. ¿Febrero?

—Tenemos una ganadora —dice el locutor.

—Idiotas —dice mi amigo mientras yo asiento, estando de acuerdo.

Salimos del auto al llegar y entramos, encontrándonos a Happy haciendo algo con los cables para la luz y a Sylvester con una tiza, regañándola.

Walter cierra la puerta mientras yo dejaba mis cosas en mi lugar.

—¿Por qué estás robando la electricidad? —pregunta Sly.

—Es un préstamo —dice Happy— hasta que nos devuelvan la nuestra.

—Creí que pagábamos las cuentas gracias a lo que hacías en el banco —dice Walter a Sly.

—Así era, trabajé por 3 días en un importante algoritmo y por eso...

—Te perdiste en los números y olvidaste pagar la cuenta de la luz —interrumpe Walter a Sly.

—Y la del agua y la renta, todo estaba en efectivo y se perdió —dice Happy.

—Está por ahí... Aquí.

—¿Cuándo fue la última vez que comiste? —le pregunto a Sly.

—¿Hablas de comida? —me pregunta.

Le muestro una manzana roja y se la lanzo.

—Te llegó esto hace unos minutos —el de lentes me da un sobre, el cual guardo para no leerlo ahora. Creo saber qué es.

—Oigan, ya está, terminé el trabajo de Lynwood, Toby recogerá el pago —dice Happy.

—¿Toby? ¿Por qué tú no? —pregunta Walter.

—Le instalé al contratista un sistema automatizado de carga y me llamó linda... Tuve que golpearlo —dice Happy.

—¿Y Toby dónde está exactamente? —pregunto yo.

Nadie responde, por lo que esperamos un momento cuando escuchamos un ruido. Era Toby. Iba a hablar, pero Toby hizo una señal de silencio.

—Bajen la voz, solo un minuto.

—Amm, Toby, dime que tienes el pago de Lynwood —dice Walter.

—Antes... ¿Saben que casi triplicó el pago de Lynwood?

—Entonces, ¿esos rufianes te persiguen para felicitarte? —pregunta Happy.

—No puede ser —digo frotándome las manos sobre la cara.

—Les gané en el póker a los pobres novatos, se les dilataban las pupilas al tener una buena mano.

—No —interrumpe Sly a Toby—. Un psicólogo de Harvard debe saber que a la gente no le gustan las trampas.

—Te odio —le dice Happy a Toby.

—Claro que no —le recrimina Toby.

—En conjunto tenemos un CI de casi 800 y no podemos pagar las cuentas —dice Walter.

—Tuvimos un mal día —dice Toby.

—Llevamos así 2 años —le recuerdo a Toby.

—La razón por la que Sophia y yo abrimos esta compañía fue porque podemos ofrecer más que solo arreglar Reuters.

—Walter, estoy leyendo un libro sobre ataques de pánico ante estresores financieros.

—Oigan, si esto se desploma, solo díganmelo, porque tengo un primo que tiene un taller en Phoenix...

—No importa cuánto lo intentemos y sé que lo intentan... Estamos a kilómetros de ser normales.

Todos quedamos en silencio. Se escuchan unos golpes, por lo que todos nos sobresaltamos. Toby nos hace una seña para que nos quedemos en silencio.

Un par de minutos, alguien habla o, mejor dicho, grita.

—¡Seguridad interna! —gritan del otro lado.

—¿Para ti? —le pregunta Walter a Toby.

—No —responde Toby.

—Buscamos a Walter O’Brien y Sophia McQuaid —vuelve a decir. Veo algo pasar por debajo de la puerta de metal. Happy lo recoge.

—Una placa —nos dice Happy.

Happy nos la tira y ambos la observamos, y puedo leer “agente especial”, por lo que asiento para que Happy abra.

Veo entrar al hombre y empiezo a negar junto a Walter.

—No. No. No. Largo... largo... largo de aquí ahora —dice Walter, y yo asiento, estando de acuerdo con él.

—No vendría si no estuviera desesperado, créanme —nos informa.

—¿Creerte? ¿Es un chiste? —le pregunto molesta.

—¿Ustedes...? —empieza Happy.

—El agente federal Cabe Gallo... —le digo.

—Trabajamos juntos años atrás, el resultado fue desfavorable —dice Walter.

—Olvídenlo, O’Brien y McQuaid, los necesito... —dice Cabe—. Hace 45 minutos se actualizó automáticamente el software de la torre de control de Los Ángeles, tenía un virus. Ahora todo el sistema falla.

—Entonces todos están incomunicados —dice Happy.

—No hay comunicación entre el aeropuerto de Long Beach y Burbank. Desviaron los vuelos que venían, menos los que empezaban a descender. 56 de ellos no tenían comunicación. La NSA intenta reconectar los satélites, el FBI manda señales en clave morse desde el observatorio. Los necesitamos en los sistemas —dice, sacando algo desde su bolsillo trasero—. Sin guías de aterrizaje, los aviones se quedarán sin combustible.

—Y chocarán... y chocarán, chicos —nos dice Sly, lo cual me aterra, pero no lo demuestro.

—Parece que la catástrofe es inminente —dice Walter.

—Busca a alguien más ahora —digo molesta, apoyando a mi mejor amigo.

—¿Aceptarían un cheque federal de 50.000 dólares para cada uno? —nos dice Cabe—. Les daría un cheque a todos —dice después de un segundo de silencio viéndonos a todos—. Prodigo en mecánica, psicólogo reconocido, calculadora humana, mentes brillantes usando con la mitad de su capacidad. ¿Quieren hacer algo de provecho? Es ahora, si no, personas y metal caerán en menos de 2 horas. ¿Qué deciden?

—Con todo y nuestro medio CI, no seríamos capaces de creerte, otra vez —dice Walter después de unos momentos en silencio por nuestra parte—. ¿Hacerlo a un lado, superarlo y olvidarlo? No es opción para personas con memoria fotográfica —le dice con molestia.

—Denos un minuto —dice Happy mientras palmea el hombro de Walter y me agarra del brazo.

Happy, Walter y yo nos alejamos del resto a paso lento y nos juntamos los tres.

—Usando la lógica —nos dice Happy—. No dejaremos que esas personas caigan del cielo.

—Escucha, no le creemos —digo, mientras Walter se cruza de brazos y yo coloco mis manos en los bolsillos de mis pantalones.

—Entiendo —nos dice—. Pero sin entrada de capital, estos dos volverán a robar bancos —señala a un Sylvester alterado y a Toby tratando de calmarlo—. Y el próximo analista forense que conozcan no será lindo como Walter o una detective privada como Sophia. En lo personal, está bien, puedo cuidarme sola...

—El tiempo corre —nos avisa Gallo—. Tenemos 56 aviones que aterrizar.

Volteo a ver a mi equipo por unos segundos y decido. Volteo a ver a Walter y ambos asentimos, sabiendo lo que piensa el otro.

—El aeropuerto de Los Ángeles es el centro de conexión de los demás —digo yo.

—Arréglalo ahí y se autocorregirá en Long Beach y Burbank... —me dice.

—Si el problema está ahí, lo primero será borrarlo, luego bajar el programa viejo y así podrán aterrizar —le corrige Walter.

—¿Entonces lo harán? —nos pregunta a Walter y a mí.

—Vamos al aeropuerto, arreglamos el problema. Hay un 90% de triunfar —nos dice Sly.

—Ve por tu equipo —dice Walter—. También el nuestro.

Los chicos buscan sus cosas y yo desabrocho el botón de arriba de mi blusa azul.

—Debes haber estado siguiéndonos la pista para encontrarnos tan fácil —le digo.

—Me ascendieron a la oficina de Los Ángeles, lo más obvio es que los buscaría.

—Su lenguaje corporal sugiere que es verdad a medias —dice Toby yéndose.

Sly nos pasa nuestros bolsos a Walter y a mí, por lo que le agradezco en un susurro.

—Por supuesto, hay un 10% de que todos mueran —dice Sly.

—Si nos traicionas, entraré a la red, en menos de una hora, te desapareceré —el genio a mi lado le dice a Gallo, mientras yo me coloco mi blazer, y Walter y yo nos vamos al auto.

[🔍]

Estamos todo el equipo junto con Gallo y un conductor.

—Muy bien, escuche, cuando la NSA y el FBI fallen, ¿nosotros ganaremos algún bono? ¿Eh?, apuesto doble o nada —dice Toby.

—Toby —lo regaño.

—Solo por curiosidad —me responde.

—¿Fueron tu primera opción? —le pregunta el conductor a Gallo.

—Walter O’Brien es una de las 5 personas más inteligentes con vida y Sophia McQuaid es una excelente estratega, por eso —le responde Gallo.

Escuchamos cómo dice por la radio que no se puede llegar al aeropuerto.

—Entendido —dice Gallo por la radio.

—Pida un helicóptero —dice Toby a Gallo.

—El tráfico aéreo está suspendido hasta que esto se resuelva.

—Sin helicóptero, se reduce a un 17% de éxito —nos informa Sly.

—Cállate, sabiondo —dice el conductor.

—Repite eso y será mejor que tengas seguro dental —dice Happy.

—¿Así se comportan todos los genios?

—Llegaremos a una solución si todos cierran la boca —dice Walt.

—Quiero silencio —dice Gallo. En eso me llega una idea.

—No tenemos que ir al aeropuerto, solo necesitamos una conexión inalámbrica confiable que no se desconecte. Acabamos de arreglar una cerca de aquí —digo yo—. Te dije que sería útil —le recuerdo a mi mejor amigo sonriendo burlona.

Llegamos a la cafetería y entramos. Walter y yo nos dirigimos hacia el router mientras Gallo saca a todos.

—Ralph —llamo al niño y él me mira—. Me alegro de verte —digo mientras conecto unos cables a mi computadora y hago unas cosas.

—Tenemos 89 minutos antes de que el primer avión se estrelle, sus vidas están en nuestras manos —dice Gallo.

Escucho a Paige y Sylvester hablar, pero me concentro en lo importante ahora.

—Happy, crea los comandos de comprobación de sistema cuando se estabilice. Sylvester, calcula la probabilidad al enlazarnos con el programa. No queremos el mismo problema mañana. Toby, un buen receptor —dice Walter.

—Sophie, trae café, esto me tomará como 90 segundos.

—¡Al diablo con esto! Los intestinos y cerebros mancharán toda la ciudad —dice Sly.

—De hecho, si los tanques de combustible explotan con el impacto, no encontrarás cuerpos —dice Happy.

—El vaso lleno de sangre se quema más lento —le digo junto a Toby y nos señalamos con el dedo mirándonos divertidos.

—Oigan —nos llama Paige—, por favor cuiden su lenguaje cerca de mi hijo... respeten donde trabajo, gracias —dice, yéndose. La quedo mirando, admirada.

—Pueden conectarse —dice Gallo entrando—. Al aeropuerto. El supervisor del tráfico aéreo está en línea, es Brooks —nos dice pasándonos el radio. Tecleo algo en mi computadora lo más rápido que puedo, hackeando las cámaras y todo en un segundo para poder tener el control.

—Muy bien —murmura Walt a mi lado—. Señor Brooks, mi compañera entrará a la seguridad del aeropuerto, girará las cámaras para ver los monitores y nosotros desde aquí los guiaremos por cada paso.

—¿Con quién hablo? —dice Brooks—. No estoy de acuerdo en que se conecte a este aeropuerto.

—Entonces no haga preguntas sencillas de contestar —digo—. Me llamo Sophia McQuaid y estamos aquí para arreglar sus problemas que usted es incapaz de resolver. Dé media vuelta y salude a la cámara, señor Brooks —digo moviendo la cámara—. Estamos a las 10 en punto, nuestra meta es reiniciar su computadora y aterrizar esos aviones. Para lograrlo, presione control C entre los parpadeos, exactamente cuando diga ahora. ¿Listo?.... Ahora.

—Lo perdí, fue rápida.

—Sigamos —dice Walt—. Tú, magas cortas, corbata, el de los anteojos —dice cuando agrando la imagen de la cámara hacia el chico—. ¿Codificas, no?

—Un poco, ¿Cómo supiste?

—Golpe de suerte —digo yo—. ¿Tu nombre?

—Randy —responde.

—Randy, toma el lugar del señor Brooks —dice Walter.

—Hablan de aviones que caerán, yo soy un pasante.

—Te acabo de ascender —dice Gallo—. Siéntate.

—Señor Brooks, ¿podría darle a Randy el disco original de instalación del programa? —le pregunto por el radio.

—El programa se instaló hace 15 años, no tengo idea de dónde está —me responde—. La compañía quebró.

—¿Y sus respaldos? —le pregunto.

—Almacén de datos Blackester —responde.

—Quiero una copia del programa viejo del servidor de respaldo, se la envío a Brooks, lo descarga y el sistema funcionará como si nunca hubiera entrado el virus —les aviso.

—Blackester de Cementura, al noroeste, al otro lado del tráfico —dice Sly.

—Debemos saber que se hacen respaldos de los programas cada 12 horas y toca a las 5 —nos informa Brooks.

—En 20 minutos el último programa utilizable estará corrupto —dice Walter—. Happy, Toby, vayan al servidor y traigan el respaldo.

—Sylvester, llama al centro de datos, diles que van para allá —le digo a Sly—. Yo prepararé la conexión con el aeropuerto.

—Peites, llévalos —dice Gallo a otro agente—. Estamos en contacto.

—Chicos, díganle a la camarera que volveré —nos dice Toby.

—Toby, en situaciones como esta los errores por descuido te asecharán, lo sabemos por experiencia —dice Walter.

—Walter, siempre estoy concentrado, ¿Han visto mi sombrero? —dice Toby.

—Tengan, creí que tenían sed —dice Paige, dejando dos vasos de agua con hielo.

—Gracias —le digo bebiendo un poco de agua.

—Tienes anemia —dice Walter—. Por eso tienes las uñas picadas, por eso tu esmalte se ve cuarteado, necesitas más hierro.

—Oye, yo no pregunté, Einstein.

—Einstein tenía un CI de 160, yo 197.

—El mío es normal —le digo sonriendo de labios cerrados.

—Wow, debes saber todo sobre mí si eres tan lista.

Él la mira de arriba a abajo, analizándola y luego a Ralph.

—Usas calzado barato, él ortopédico. Lo que ganas se lo das a Ralph. Lo oscuro bajo tus ojos es por falta de sol, porque tienes dos empleos —digo.

—Respecto al padre del niño, hice unos cálculos y creo que fue por problemas de comunicación interpersonal —termina Walter, pero creo que eso fue excesivo.

—Ah, entonces nos separamos porque tengo problemas de comunicación y yo creí que fue por la rubia en el trabajo. ¿Quién eres tú para decirme que mi esmalte es barato? Eso hirió mis sentimientos, ¿entienden?

—Sí... yo... —digo tartamudeando un poco—. Reconozco que nos han dicho eso muchas veces.

—¿Y mi esmalte es malo? Porque Ralph me lo pone, él adora pintar y no me digan que también necesita ayuda. Él está discapacitado, tengan empatía.

Volteo a ver a Ralph y veo cómo juega con Sly al ajedrez con las especias para la comida.

—¿Discapacitado, eh? —le dice parándose—. Mira a Sylvester y a él. ¿Sabes lo que hacen? Los fósforos son los reyes, las jaleas las reinas, los sobres de azúcar son los caballos. Está jugando al ajedrez con un gran maestro que está por perder.

—Sophie, ¿viste eso? Jaque mate en ocho movimientos, este niño es asombroso.

—Y no le gusta pintar tus uñas... lo hace porque quiere tocar tu mano —le informo—. Pero no puede soportar el contacto físico... ayúdalo o no se conectará contigo.

—Lamento darte las malas noticias —dice Walter—. Pero tu hijo es un genio.

[🔍]

—Walter, Sophia, nos acercamos al centro de datos, tendremos los respaldos pronto —nos dice Happy por el radio.

—Entendido, Happy —le digo—, esperaremos.

Esperamos unos momentos.

—Walter, tenemos un problema, nadie abre —nos comunica Happy.

—Eres ingeniera mecánica, abre la puerta —le dice Gallo.

—Tengo las herramientas, pero tomará mucho más que los 6 minutos que hay antes de que se actualicen los servidores —responde Happy.

—Peites, mételos —le ordena Gallo.

—Walt, Sophie, les pido que no dejen hablar al federal —nos pide Happy después de unos segundos.

—4% de probabilidad de lograrlo —dice Sly.

—En 5 minutos el programa que necesitamos desaparecerá, si eso pasa, 20 mil personas morirán.

—El centro de datos está abandonado, regresemos al equipo, las 5 cabezas piensan mejor que una, entonces tal vez en 1 hora podamos...

—Para entonces, 2 aviones no tendrán combustible, ¿creen tener la respuesta después?

—Momento... ¿aceptaron que 2 aviones caerán? —nos pregunta Paige.

—Perdemos 2 aviones para salvar 54, el sacrificio se tiene que hacer, llama a la FBI y diles que perderemos 2 aviones —le dice a su compañero.

—El agente Gallo implementa la teoría del bien mayor, las pérdidas son aceptables, mientras el resultado sea mayor —le explico a la mujer frente a mí.

—No, no lo es, salven todos los aviones, la gente normal salva a todos.

—No somos normales.

—No me importa —le dice a Walter—. Usa tu coeficiente de 197, respira hondo y reinicia.

La mujer se sienta después de suspirar.

—Reinicia, reinicia, eso es —dice Walt—. Happy, reinicia la alarma de la puerta, bajaremos el voltaje de las 10 cuadras cercanas al centro de datos.

—¿Dejar sin electricidad a una parte de Los Ángeles? —pregunta retóricamente el federal—. Apaguemos solo ese edificio.

—No podemos hacerlo tan preciso —le respondo—, pero una pequeña sobrecarga abrirá la puerta y podremos entrar.

—Me deberás nueva herramienta.

—Lo siento, tenemos que encontrar la caja de conexiones municipal que cubre el área —dice Walter.

—Debe estar en una calle principal —les comunico.

—Calcula los kilovoltios que se necesitan para una sobrecarga en un radio de 10 cuadras.

—No, no, no, no, no, ahora no, Sylvester —me quejo al verlo frente a la pizarra, sin hacer cálculos.

—Oye, oye, ¿qué estás haciendo? —pregunta Gallo al ver a Sly moviendo las tizas.

—No puedo calcular sin orden, es parte de mi proceso.

—Mi proceso involucra mi pie en tu trasero —le dice Gallo.

—Para atrás, agente —le advierto al verlo acercarse a Sylvester.

—Te ayudo —dice la camarera, tirando casi todas las tizas—. Solo uno, es el grande y el pequeño, están en orden —le extiende una tiza.

—¡Funciona! —Sly borra lo que hay en la pizarra y empieza a calcular.

—Sylvester, no quiero presionarte con tu proceso.

—500,000 kilovoltios.

—De acuerdo —Walter le da una palmada en el hombro.

—Bien hecho —le halago.

—Necesitamos 500,000 kV exactamente. ¿Puedes hacerlo? —pregunta Walt a Happy por radio.

—Por favor, ¿quién encendió la oficina esta mañana? Yo me encargo. Muy bien, ¿listos? Aquí voy.

—Entramos, entramos —escucho a Toby después de unos segundos.

[🔍]

—La conexión al satélite falló, ¿dónde está su gente? El tal Toby no me da mucha confianza.

—Toby era pobre —recuerdo—, apostó para pagar sus estudios y así obtuvo su doctorado a los 17 años.

—Nosotros necesitamos arreglos —le dice Walter—, antes de entrar a tu mundo.

—Sé que el resultado fue devastador. Los estuve vigilando.

—Enderecen sus asientos y suban sus mesas, esos aviones aterrizarán con bien.

—Felicitándose como siempre, siempre él.

—Quiero una estatua mía en el aeropuerto —le dice Toby a Gallo.

—¿Ahora qué?

—Tan fácil como enviar un archivo —le contesto.

—Sr. Brooks, en un momento recibirá un archivo sin virus del programa, solo tiene que abrir su mail y seguir el enlace.

—¿Qué? —pregunto en un susurro al leer lo que aparece en la pantalla—. Error, el disco duro está dañado, los archivos no sirven.

—Lo sacamos con cuidado —dice Happy a un lado mío.

—¿Cómo lo trajeron? —pregunta Walter acariciando su mentón.

—Lo envolvimos en una toalla dentro de la guantera de la puerta para que no se cayera.

—¿En la puerta estaba... la bocina? —Walt agacha la cabeza.

—Sí —responde Toby, dudativo—. ¿Y?

Walter se levanta del asiento y yo volteo a verlo preocupada.

—¿Qué?

—El imán borró el disco duro. Ya no sirve.

Mi amigo da vueltas por el lugar.

—Ah, no fue mi culpa, no sabía nada sobre imanes y las bocinas del auto.

—Has robado cientos de ellas, Toby.

El de sombrero se sienta angustiado. Coloco mi mano en su hombro para tranquilizarlo cuando veo cómo para su mano por su cabello.

—No queda nada de lo que necesitamos —anuncio a todos.

—Me escribió el FBI —avisa Gallo—, no tienen nada.

—Menos de un 1%.

—¿Walter? —le llamo al verlo estar en silencio.

Él me mira, pero solo se va y yo le sigo de inmediato junto al agente.

—¿Saben lo que diré? —pregunta el mayor al ver cómo el genio azota la puerta.

—Había un cuarto equipo, siguiendo los aviones por radar, sobrevolando el océano. Aviones de caza —digo, lo único que se me ocurre que se pueda hacer.

—¿Los derribarás? —pregunta Paige consternada.

—El mismo protocolo se activó en el 9/11 para prevenir muertes en tierra —argumento.

—¿Puedes pensar en otra opción? —pregunta el agente al genio, el cual niega en silencio.

Gallo saca su celular y llama a alguien.

—Llama al Director Merritt, dile que debemos activar la cuarta opción.

—¡Oye, Walter! —llama Paige y me agarra del brazo para acercarme—. Sé lo que ocurre.

—De hecho, solo hay 100 personas en el mundo que en realidad saben algo y, por desgracia, tú no eres una de ellas.

Paige se queda callada, por lo que yo decido intervenir.

—Estás haciendo lo que Marc hace cuando no puede resolver un problema, siente pánico, se bloquea. Cuando no sabes algo, sientes que no sabes nada.

—Para fines prácticos, mi hemisferio derecho no sirve. Las personas con CI alto tienen baja la IE, Inteligencia Emocional. Estos grandes discursos y charlas motivacionales no me sirven. Funcionan en atletas, en niños, en camareras, en soldados. No funcionan en personas como yo —me señala y después a él.

—Ah, claro, yo solo soy la tonta soldado.

—No te dije así.

—Te conozco, Walter, puedo saber que estás asustado —trato de calmarlo—. No sabes cómo resolver el problema y te aterra porque personas morirán.

—Si mueren, no es por mí.

—Y tampoco vivirán por ti —le recuerdo—, porque estás renunciando, te estás alejando. Lo haces como la última vez.

—¡NO ME DIGAS CÓMO LO QUE SENTIRÉ CUANDO ESAS PERSONAS MUERAN, YA LO SÉ!

—¡Yo también lo sé! —le recuerdo—. Walter, no quiero tener más sangre en las manos —mi voz se corta—. Digo esa solución porque pienso como un soldado, porque soy un soldado. Tú no, debes pensar en algo, eres la única esperanza de esas personas.

El genio se apoya en sus rodillas y mira atrás mío. Volteo encontrando al pequeño niño.

Paige habla con su hijo y se lo lleva.

—Tengo una idea —Walter me agarra del brazo y ambos entramos a la cafetería.

—No cuelgues —le pido al agente cuando paramos frente a él.

—Diles que hay una oportunidad —Gallo voltea a vernos.

—Tendrá que esperar, señor, tenemos algo más.

—El programa de los aviones —empieza mi amigo una vez el agente cuelga la llamada—. Tienen una copia para comunicarse con la torre. Si despegaron antes de la actualización del día, como un vuelo de Australia o Nueva Zelanda, ellos tienen el programa limpio a bordo.

—Entiendo, pero es el mismo problema, lo que necesitamos está lejos y no hay forma de contactar a la gente que lo tiene.

Walter se queda en silencio un segundo, supongo que pensando en una solución para el problema inmediato.

—Sí la hay.

[🔍]

—El aeropuerto de Clement está a 20 minutos, si llego en 10, podré descargar el programa.

—Si cerramos los caminos que llevan al aeropuerto de Clevert, tomará tiempo. Es una mala jugada, las pistas son muy pequeñas.

—Es un pequeño riesgo —trato de hacerle entrar en razón.

—Hay un vecindario justo al lado. Si algo sale mal, se llevará media calle.

—En realidad son cuatro, pero no dejaré que eso pase.

—No sé si será suficiente que la policía acordone las calles, hablamos de calles principales de una gran ciudad. Existen riesgos, hay procedimientos.

—Sé lo que haces, te estás protegiendo por cualquier accidente —le recrimino.

—No cambio protocolos por vidas.

—¿Vidas? ¿De pronto te importan las vidas?

—Podemos discutir el pasado luego, ahora, si quieres mi ayuda, déjame hacer las llamadas y ver si puedo hacer lo que pides. En marcha —ordena a sus hombres.

Los cuales le siguen rápidamente.

—Sé que cree que está ayudando, pero no hay tiempo para burocracia —digo en cuanto los agentes se van.

—Happy, si logro ingresar al DOT, ¿podrás manipular los semáforos?

—Son secuencias estandarizadas. Claro que sí.

—Bloqueas las calles, y conducimos muy rápido. Tal vez lo logremos. Toby, quiero que tú y Sophie revisen las listas de embarque...

—De pasajeros con sus teléfonos encendidos —interrumpe Toby.

—Walt —lo llamo—, lo tenemos. Tranquilo.

Toby saca mi laptop de mi bolso y yo me acerco a él.

—De acuerdo, necesito mejorar el programa de la antena inalámbrica para tener la señal del avión. Alguien tendrá que llevarme allá.

—Amm, eh, no tengo mi permiso —dice Sly—. Yo tomo el autobús, entiendo la mecánica básica de cómo hacer que...

—Silvester —lo llama el de rulos—, te necesito aquí ayudando a Sophia y Toby, pero gracias, amigo.

Después de unos momentos, Paige se ofrece para llevarlo, desatando una pequeña discusión entre ella y Walter. Ella ganó, por lo que se fueron rápidamente.

—440 personas a bordo y todos apagan sus celulares porque están en un avión, ¿cómo me voy a comunicar con ellos? —pregunto retóricamente, mientras agarro mi laptop usada por Toby para teclear yo misma.

—Reviso el tránsito —habla Happy para darle instrucciones a Walter y Paige—. Les abriré camino. Chicos, tranquilos, pero no puedo cambiarlo en Barrington.

—Casi llegamos, Toby, Sophie, ¿encontraron a un pasajero, en algún avión, con el teléfono encendido?

—Silvester, necesito más nombres de pasajeros —le pido, aún tecleando al máximo de mi capacidad.

—Todos los programas son muy viejos, no puedo hacerlo en 5 minutos. Aunque alguien lo tuviera encendido, ¿cómo nos comunicaremos a 36 mil pies?

—Programas viejos, sí, tenemos que encontrar a alguien con un teléfono análogo.

—Los receptores son 10 veces más fuertes que los nuevos. Puede tener señal allá arriba —dice Happy.

—Descarto a los menores de 50 —tecleo—. No ganan más de 6 cifras, no trabajan en una compañía tecnológica.

—¡¡Vendedores!! —me dice Toby—. Ellos nunca apagan sus celulares, el riesgo de perder un negocio... Y... da, da, da —tecleo todas las características para eliminar candidatos—. Gordon Tully, vendedor de plásticos de Reseda, regresa de un viaje de negocios, servicios vinculados a un retro 864 análogo.

—Llamalo —me dice Sly.

Agarro mi celular para copiar el número y llamar al hombre.

—¿Hola? —contesta el teléfono.

—Sr. Tully, ponga atención, soy de Seguridad Nacional —miento descaradamente—. Hay una emergencia en el vuelo, tiene que ayudar.

—Buen intento, Sully. Te veo en la oficina, idiota —piensa que soy hombre.

—No, no soy Sully, porque Sully no sabría que si mira por la ventana verá las montañas de Santa Mónica y que justo arriba de ellas verá a 2 F22, listos para dispararles desde el cielo. Necesito que se pare, llame a un sobrecargo para que le dé el teléfono al piloto.

[🔍]

Escucho desde mi lugar todo lo que sucede, desde que el piloto y Walter hablan de cómo el avión debe volar a cierta distancia de la torre de control.

—Habla el capitán Pike, tengo confirmación, cambio. ¿Pudo descargar el programa? —junto mis manos, esperando la afirmativa.

—No —suspiro al escuchar la voz de Walter—. Hay mucha diferencia entre el avión y la computadora en la torre, cambio.

—Sr. O’Brien, tengo 240 almas a bordo, por favor dígame que hay algo más que podemos hacer.

Hay unos minutos de silencio en la radio. Muerdo mi labio tratando de calmarme.

—Happy, quiero que me des un Ferrari 458.

—Quita el tapón de la gasolina, ahí está el desbloqueo de emergencia del motor.

—De acuerdo.

—A la izquierda del compartimiento del motor, presiona el ECMO.

Escucho la conversación para descargar el programa de forma inalámbrica, junto a advertencias y soluciones.

—¡Funcionó! —escucho un susurro, pero no puedo distinguir si es real o no.

—Atención, atención. Comunicación restablecida —tras escuchar eso, todos en la cafetería celebramos con gritos, aplausos, abrazos o choques de palmas.

—¡SÍ!

—¡OH!

—En unos momentos estarán todos en tierra a salvo. Por favor, confirmen.

—Tu mamá lo hizo —le dice Sly a Ralph.

[🔍]

Todos nos reunimos en el aeropuerto, pasados un par de minutos.

Walter y yo nos acercamos a Cabe, y él nos da los sobres con nuestra paga.

—Un trato es un trato.

—Paige se ganó su parte —dice Walter.

—Yo me encargo. Cuando trabajamos juntos, nada salió como nosotros queríamos. Esperaba que con el paso del tiempo, las cosas cambiaran.

—¿Paso del tiempo?

—Vine a Los Ángeles a iniciar un equipo de respuesta. En cualquier momento lidiaremos con armas nucleares, niños perdidos, dinero falsificado... tan bien que colapsaría la economía en menos de un mes. Los malos son más listos, los agentes nunca pensarían como ustedes. Tengo el apoyo del gobierno de Norteamérica. Necesito su ayuda, y ustedes necesitan un hogar.

Walter voltea a verme y yo asiento con una sonrisa ladeada.

—Ten —le da un papel doblado.

Cabe lo desdobla para leerlo.

—Grandes salarios, autos, laboratorio de investigación... ¿autorización de portar armas?

—Ese es solo para mí —aclaro.

—Sabía que lo pediría.

—Era lógico que lo hicieras.

Estrechamos las manos y él se va.

Nos acercamos a nuestros amigos con sonrisas.

—A ver, labios abiertos, inclinados hacia adelante... ¿tienen algo que decirnos?

—Nos ofreció trabajo —anuncia Walter sonriendo.

—¿También a mí?

—Somos un equipo, ¿no? —contesto a Toby.

—La camarera se fue para ir a casa con su hijo, no la vieron.

—Vamos, te llevo —le digo a mi amigo—. Sé dónde vive y debo recoger a los niños.

[🔍]

Toqué la puerta de la casa de Felipe.

—Sophia —dice él al abrir la puerta y verme.

—Hola —saludo.

—¿Qué haces aquí? —pregunta, confundido—. Creí que te llegó la notificación.

—Así es, pero eso no implica que no pueda ver a mis hijos.

—No es fin de semana, deben ir a la escuela. Tenemos un acuerdo.

—Lo sé, y lo entiendo. Solo será por esta semana, tengo un nuevo trabajo estable, estoy yendo a terapia. Felipe, solo quiero estar con ellos, por favor.

—Está bien, pero los quiero el domingo a las 19:00.

—Seguiré tus órdenes.

—Pasen.

Entro a la casa, la cual antes compartimos, pero ahora él la comparte con alguien más.

Walter me sigue de cerca.

—Walter, Sophia, ¿qué hacen aquí? —pregunta Paige al vernos.

—Yo quería hablar contigo —Walter trata de distraer a la rubia.

—¿Qué sucede?

—Nada, cariño —la tranquiliza Felipe—. Sophia viene por Marc y Justin.

—¿Por qué? —pregunta confundida.

¿En serio ella no sabe quién soy?

—Porque Sophia es la madre de los mellizos —responde, inseguro de la respuesta a esa confesión.

Paige se queda estática, y Walter la lleva para hablar en privado.

—Iré por los niños —me dice mi esposo.

—Hola, Walter, Sra. McQuaid —nos saluda Ralph, al parecer está al tanto.

—Hola —respondemos el saludo.

El niño deja otro control para que Walter se acerque a jugar. Los dejo tranquilos.

—Yo... En serio no tenía idea de que tú eres la exesposa de Felipe —se acerca a mí Paige.

—Lo noté por tu reacción —digo sin mostrar emoción—. Solo una pequeña acotación, Felipe sigue siendo mi esposo —ella me mira sorprendida—. Ante la ley —aclaro—. Y aunque yo aún lo amo, él dejó de hacerlo y te eligió a ti. Por lo que yo no me meteré en su relación, mientras ustedes no se entrometan en mi relación con mis hijos.

—Tenlo por seguro.

—Solo recuérdaselo a Felipe, la palabra de un Comando es más importante que la de un asistente legal ante un tribunal de justicia.

—Se lo recordaré.

—¡Mami! —escucho a mis mellizos, por lo que volteo justo cuando Justin me abraza y Marc se queda un poco alejado.

—Aquí están sus cosas —Felipe me da un bolso, por lo que lo agarro.

—Gracias.

—¿Nos vamos? —pregunta Walter acercándose a nosotros—. Hola, pequeño —sacude el cabello de Marc, quien se queja.

—Hola, tío Walt —saludan los mellizos.

Los cuatro salimos de la casa. Los niños nos cuentan qué han hecho en las dos semanas que no nos hemos visto.

Walter conduce esta vez, para que yo esté con mis hijos.

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