Chapter
La lluvia golpeaba suavemente el cristal de la ventana del apartamento de Jimin, un sonido que llenaba el silencio de la habitación.
Jungkook ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta allí. Su mente era un torbellino de adrenalina, culpa y un deseo tan abrumador que le nublaba la vista.
Había salido de su propio apartamento, el que compartía con su novia, con la excusa de que iba a comprar algo de emergencia a la farmacia.
Una mentira tan fácil y tan podrida que casi le había hecho vomitar.
Pero la necesidad de verlo, de tocarlo, de estar dentro de él, era más fuerte que cualquier remordimiento.
Aparcó su coche a dos calles de distancia como siempre y caminó bajo la lluvia con la capucha de su sudadera puesta, sintiéndose como un criminal.
Y en cierto modo lo era.
Abrió la puerta del edificio con su propia llave, un privilegio que Jimin le había dado meses atrás en un momento de debilidad o de confianza que aún no lograba descifrar.
Subió los escalones de dos en dos con el corazón latiéndole tan fuerte que podía sentirlo en la garganta.
Llamó a la puerta con dos toques suaves, un código que habían establecido.
La puerta se abrió casi al instante, y allí estaba; Jimin llevaba un vestido de seda color champán que se pegaba a sus curvas de una manera que debería estar prohibida, su pelo de un rubio platino impecable caía en ondas suaves sobre sus hombros, sus ojos oscuros y penetrantes lo miraron con una mezcla de diversión y hambre.
No dijo nada.
Simplemente se hizo a un lado para dejarlo pasar.
Jungkook entró y cerró la puerta a su espalda, el clic de la cerradura resonó en el silencio.
El aroma de Jimin, una mezcla de su perfume caro y algo más profundo, algo que era solo suyo, lo envolvió de inmediato. Era el olor de la tentación, del pecado, de todo lo que no debería desear.
—Estás empapado —dijo Jimin, su voz suave y grave acariciando el aire entre ellos.
Jungkook se pasó una mano por el pelo mojado sin apartar la vista de él.
—No podía esperar más.
Jimin sonrió, una sonrisa lenta y peligrosa que le puso los pelos de punta.
—Siempre tan impaciente. — El rubio se acercó a él, sus pasos lentos y deliberados sobre la madera fría del suelo. Se detuvo a tan cerca que Jungkook podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo, levantó una mano y le acarició la mejilla, sus dedos fríos contra su piel caliente y húmeda. —Mira cómo has venido, como un perrito callejero buscando un poco de calor.
Jungkook tragó saliva; la humillación y el deseo se mezclaban en su interior creando una droga adictiva.
—Por favor —susurró, su voz ronca y quebrada.
—¿Por favor, qué? —preguntó Jimin, inclinando la cabeza, sus labios a centímetros de los suyos.
—Ya sabes qué. —Jungkook deslizó sus manos hasta la cintura del rubio, la tela de seda se sentía como agua bajo sus dedos. —Por favor, Jimin.
Jimin rió suavemente, un sonido que vibraba en el pecho de Jungkook.
—Dime lo que quieres, quiero oírlo.
Jungkook cerró los ojos, el rostro de su novia apareció por un instante en su mente, y lo apartó con violencia.
No había espacio para ella aquí.
Solo estaba Jimin, solo estaba esto.
—Te quiero a ti —dijo abriendo los ojos. —Te quiero dentro de mí, te quiero deshaciéndome, quiero que me hagas olvidar mi propio nombre.
La sonrisa de Jimin se ensanchó.
—Eso es. —Le agarró la cara con ambas manos y lo besó.
Fue un beso brutal, posesivo donde había nada tierno en él. Jimin mordió su labio inferior, y Jungkook gimió abriendo la boca para dejarlo entrar. Sus lenguas se encontraron luchando por el dominio, aunque Jungkook sabía que ya había perdido. Siempre perdía con Jimin.
Se agarró a sus caderas, apretando con fuerza necesitando anclarse a algo real.
Jimin se apretó contra él y Jungkook pudo sentir la suavidad de sus pechos contra su pecho, el calor de su cuerpo a través de la fina tela del vestido. Su erección era dolorosa, presionando contra la cremallera de sus jeans.
Jimin se separó respirando con dificultad, sus labios estaban hinchados y brillantes.
—Desnúdate —ordenó dando un paso atrás. —Quiero verte.
Jungkook obedeció sin dudar y se quitó la sudadera mojada de un tirón, dejándola caer al suelo con un ruido sordo. Luego se desabrochó los jeans que se le pegaban a la piel y se los bajó junto con los boxers. Su pene ya estaba erecto palpitando con necesidad.
Se quedó de pie frente a Jimin, desnudo y vulnerable, bajo su mirada escrutadora.
Jimin lo recorrió con la vista, deteniéndose en su pecho, en su estómago, y finalmente en su entrepierna. Se humedeció los labios.
—Eres tan hermoso —murmuró. —Y tan mío.
Jungkook sintió que se sonrojaba, odiaba y amaba la forma en que él lo hacía sentir. Como un objeto, como una posesión, pero también como el centro de su universo.
Jimin se acercó de nuevo pero esta vez no lo besó, se arrodilló frente a él.
Jungkook contuvo la respiración; la visión de Jimin con su vestido de seda arrodillado ante él era casi demasiado.
Jimin levantó una mano y acarició su muslo, luego subió lentamente, sus dedos rozando la piel sensible de su ingle. Finalmente su mano rodeó la base de su pene.
Jungkook gimió cerrando los ojos: —Por favor...
—Shhh —lo silenció. —Déjame hacerlo.
Jimin se inclinó y lo tomó en su boca.
El calor húmedo de la boca de Jimin en su verga fue un shock para Jungkook, abrió los ojos de golpe y miró hacia abajo viendo cómo la cabeza de Jimin se movía sobre él.
El rubio empezó con movimientos lentos casi perezosos usando su lengua para acariciar la punta sensible, saboreándolo.
Jungkook gimió, sus manos se aferraron a la cabeza de Jimin, enredándose en su pelo rubio.
—Dios, Jimin... —jadeó, sus caderas empujando instintivamente hacia adelante.
Jimin se detuvo, apartándose con un sonido húmedo. Miró hacia arriba, sus ojos oscuros brillando con malicia.
—No, quieto.
Jungkook asintió, mordiéndose el labio para no suplicar.
Jimin volvió a su tarea, esta vez con más intensidad. Empezó a mover la cabeza más rápido, tomándolo más profundo, usando la mano para acariciar lo que no podía alcanzar con la boca. El sonido de su boca trabajando sobre él era obsceno, húmedo y perfecto.
Jungkook sentía que el placer se acumulaba en su bajo vientre, una presión creciente que amenazaba con explotar.
—Jimin, para... —jadeó. —Voy a...
Jimin no paró; al contrario, redobló sus esfuerzos chupando con más fuerza, mirándolo a los ojos con una intensidad que lo desarmaba por completo.
Jungkook no pudo resistir, con un grito ronco su cuerpo se tensó y se corrió en su boca, sus caderas temblando con la fuerza de su orgasmo.
Jimin lo bebió todo sin apartarse hasta que él terminó de temblar. Entonces, se levantó lentamente limpiándose la comisura de los labios con un dedo.
Jungkook lo miró sin aliento con las piernas temblando.
—Eso ha sido... —empezó, pero no pudo encontrar las palabras.
—Solo el principio —dijo Jimin con una sonrisa satisfecha. —Ahora, a la cama.
Jungkook no necesitó que se lo repitiera. Lo siguió hasta el dormitorio, su cuerpo aún vibrando por el orgasmo. La habitación estaba a media luz, la lluvia seguía golpeando la ventana. La cama era grande, con sábanas de satén gris que reflejaban la pálida luz de la lámpara.
Jimin se detuvo al lado de la cama y se dio la vuelta para mirarlo.
—Desabróchame.
Jungkook se acercó, sus dedos aún temblorosos. Encontró la cremallera del vestido en la espalda de Jimin y la bajó lentamente. La tela de seda se abrió, revelando la piel suave de su espalda.
Jungkook no pudo evitarlo, se inclinó y presionó sus labios contra su columna vertebral, besando cada vértebra mientras bajaba la cremallera.
Jimin soltó un suspiro suave inclinando la cabeza hacia un lado para darle más espacio, el vestido se deslizó por sus hombros y cayó al suelo. Debajo, no llevaba nada.
Jungkook se quedó sin aliento; la visión de su cuerpo desnudo, de sus curvas perfectas, de su piel impecable, lo golpeó como un puñetazo en el estómago.
Jimin se giró para enfrentarlo.
Era mayor que él, y se notaba en la seguridad de sus movimientos, en la forma en que llevaba su cuerpo, en la confianza que irradiaba. Sus pechos eran medianos y firmes, con pezones rosados y erectos. Su cintura era estrecha, sus caderas suaves, y entre sus piernas su coño jugoso.
—Ven aquí —dijo Jimin sentándose en el borde de la cama.
Jungkook obedeció arrodillándose frente a él; sin necesidad de que se lo pidiera empezó a besar sus muslos subiendo lentamente.
Jimin abrió las piernas para él, invitándolo.
—Sabes lo que quiero —dijo Jimin, su voz ronca.
Jungkook asintió y se inclinó; el olor de Jimin era embriagador, una mezcla de almizcle y algo dulce. Pasó su lengua por sus labios vaginales, saboreándolo por primera vez en esa noche.
Jimin gimió, sus dedos se enredaron en el pelo de Jungkook.
—Así... —jadeó. —Justo ahí.
Jungkook lo lamió con devoción, explorando cada pliegue, cada centímetro de su coño. Lo probó, lo saboreó, lo adoró con su boca. Jimin se movía contra él, sus caderas ondulando, sus gemidos llenando la habitación. Jungkook deslizó un dedo dentro de su coño, luego dos, mientras su lengua jugaba con su clítoris.
—No pares —ordenó Jimin, su voz tensa. —No te atrevas a parar.
Jungkook no tenía intención de hacerlo. Aumentó el ritmo de sus dedos curvandolos hacia arriba, buscando ese punto que lo hacía gritar; y lo encontró.
Jimin arqueó la espalda, un grito ronco escapó de su garganta y su cuerpo se tensó mientras se corría en la boca de Jungkook.
Él bebió todo lo que le dio sin apartarse, hasta que Jimin se derrumbó en la cama jadeando.
Jungkook se levantó limpiándose la boca con el dorso de la mano; su erección había vuelto más dura que antes.
Jimin lo miró desde la cama con los ojos entrecerrados.
—Ven —dijo extendiendo los brazos hacia él. —Te quiero dentro.
Jungkook no necesitó más invitación. Se subió a la cama, colocándose entre las piernas de Jimin que levantó las rodillas, abriéndose para él.
—¿Estás listo? —preguntó el rubio con una sonrisa juguetona.
—Siempre para ti —respondió Jungkook, y se deslizó dentro de su coño.
El calor, la humedad, la presión hicieron que Jungkook gimiera, enterrándose hasta el fondo. Jimin jadeó, sus uñas clavándose en los hombros de él.
—Joder —susurró.
Jungkook empezó a moverse lentamente al principio, saboreando cada embestida. Jimin era perfecto, se adaptaba a él como un guante, apretándolo de una manera que lo volvía loco. La lluvia seguía golpeando la ventana, un ritmo constante que se mezclaba con el sonido de sus cuerpos.
—Más fuerte —pidió Jimin, sus piernas rodeando la cintura de Jungkook. —No te contengas.
Jungkook obedeció, aumentó el ritmo embistiendo con fuerza, sus caderas chocando contra las de Jimin con un sonido húmedo y obsceno.
La cama crujía bajo ellos, el cabecero golpeando la pared.
—Así, así... —gemía Jimin, sus ojos cerrados, su cabeza echada hacia atrás. —No pares.
Jungkook no podía parar aunque quisiera. Estaba perdido en él, en el calor de su cuerpo, en el sonido de sus gemidos, en el olor de su coño. Lo besó con desesperación mordiendo sus labios, bebiendo sus jadeos.
—Eres mío —gruñó Jungkook contra su boca. —Solo mío.
—Sí —jadeó. —Tuyo, tod tuyo.
Jungkook lo giró sobre la cama poniéndolo en cuatro, se colocó detrás y volvió a entrar más profundo esta vez.
Jimin gritó, agarrándose a las sábanas de satén.
—¡Jungkook!
Él lo agarró de las caderas embistiendo con un ritmo salvaje casi animal.
El sonido de su piel chocando llenaba la habitación.
Jungkook miraba hacia abajo, viendo cómo su miembro entraba y salía de su coño, cómo sus nalgas temblaban con cada embestida.
—¿Te gusta? —preguntó él, su voz ronca.
—Sí... —gimió Jimin. —Me encanta, eres tan jodidamente bueno.
Jungkook sonrió orgulloso, deslizó una mano por la espalda de Jimin acariciando su columna y luego bajó hasta su clítoris. Empezó a frotarlo con el pulgar, al mismo ritmo de sus embestidas.
Jimin gritó, su cuerpo tensándose.
—¡Voy a...!
—Hazlo —lo urgió Jungkook. —Córrete para mí.
Y Jimin lo hizo; un grito ronco, su cuerpo temblando, su coño apretándose alrededor de Jungkook de una manera que lo llevó al límite. Jungkook aguantó un poco más, queriendo prolongar el momento pero era imposible; con un gruñido se corrió dentro de él, sus caderas empujando una última vez antes de derrumbarse sobre su espalda.
Se quedaron así un momento, jadeando, sudorosos, pegados el uno al otro.
La lluvia seguía cayendo, un sonido suave y constante que los envolvía.
Finalmente, Jungkook se apartó y se dejó caer en la cama a su lado.
Jimin se giró acurrucándose contra su pecho y Jungkook lo rodeó con un brazo, acariciando su pelo.
—Deberías irte —dijo Jimin en voz baja sin mover la cabeza.
—Lo sé —respondió Jungkook, pero no hizo ademán de moverse.
Sabía que su novia lo estaría esperando, que le escribiría mensajes, que se preocuparía.
Sabía que estaba jugando con fuego que en cualquier momento todo podía explotar en su cara.
Pero en ese momento con Jimin entre sus brazos, con el olor a sexo aún en su piel, no le importaba.
—Es peligroso —murmuró Jimin. —Un día lo va a descubrir.
—No me importa —dijo Jungkook, besando su frente. —No me importa nada cuando estoy contigo.
Jimin suspiró cerrando los ojos.
—Eres un tonto.
—Lo sé.
Se quedaron en silencio, escuchando la lluvia.
Jungkook sabía que tenía que irse, pero se dio unos minutos más. Solo unos minutos más. Luego se levantaría, se vestiría, y volvería a su vida perfecta.
Dejaría a Jimin en su apartamento con su vestido de seda en el suelo y su olor en las sábanas.
Pero por ahora, solo por ahora, era suyo.
Y eso era suficiente.
—Jimin —dijo Jungkook, su voz suave.
—¿Sí?
—Para la próxima vez ya no te pongas perfume de nuevo, no quiero que ella lo huela.
Jimin sintió que el corazón se le aplastaba, solo sonrió en la oscuridad: —No lo haré.
—Y no uses ese labial que se queda en la piel, ya sabes cuál.
—Lo sé.
—Porque si lo usas ella lo va a notar, y entonces todo se acabará.— Jungkook suspiró y lo abrazó con más fuerza. —No dejaré que eso pase.
Jimin no respondió, solo se acurrucó más contra él, su respiración volviéndose lenta y regular.
Jungkook miró hacia la ventana viendo las gotas de agua correr por el cristal.
Sabía que estaba jugando con fuego, que tarde o temprano se quemaría.
Pero en ese momento, con el cuerpo de Jimin aún temblando por él, con el sabor de su coño en su boca, no le importaba.
Se quedaría unos minutos más.
Solo unos minutos más y luego se iría.
Pero no antes de que el sol empezara a asomarse por el horizonte, tiñendo el cielo de gris.
Solo entonces, Jungkook se levantó con cuidado sin despertar a Jimin. Se vistió en silencio evitando mirar la cama, evitando pensar en lo que dejaba atrás.
Antes de salir se detuvo en la puerta y lo miró una última vez; Jimin dormía profundamente, su pelo rubio extendido sobre la almohada, su cuerpo desnudo apenas cubierto por la sábana de satén.
Jungkook sonrió, una sonrisa triste y cansada. Luego cerró la puerta y se fue con el corazón dividido entre dos mundos, sabiendo que nunca podría pertenecer a ninguno de los dos.
Al llegar a su coche, encendió el motor y se quedó sentado un momento mirando la lluvia que aún caía.
Sacó su teléfono, tenía doce mensajes de su novia.
«¿Dónde estás?»
«¿Por qué tardas tanto?»
«¿Estás bien?»
«Te extraño.»
«Contéstame, por favor.»
«Jungkook.»
«Jungkook.»
«Jungkook.»
Jungkook suspiró y apagó la pantalla, guardó el teléfono en el bolsillo y condujo hacia casa, con el sabor de Jimin aún en sus labios y el peso de su traición sobre sus hombros.
Sabía que esto no podía durar para siempre pero por ahora, mientras pudiera, seguiría yendo a ese apartamento, seguiría suplicando, seguiría perdiéndose en él.
Porque Jimin era su debilidad, su adicción, su pecado favorito.
Y no estaba listo para renunciar a él.








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