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Half Cigarette [YeHyun/YeKyu]

Sinopsis

Kim Jong Woon es un subordinado cualquiera en una pequeña empresa de marketing en Seúl. Su superior, Cho Kyu Hyun, tiene una especie de repelencia u odio infundado hacia él. Este detalle no tiene mucha importancia para ninguno de los dos. Una tarde, cuando Jong Woon decide visitar a su hermano mayor termina topándose con algo verdaderamente inesperado y un poco perturbador. Ahí, en el apartamento de su hyung, está Cho Kyu Hyun, su jefe, teniendo sexo con su hermano. ¿Este inesperado encuentro cambiará en algo la relación de empleado y jefe? ¿Qué otros secretos podrá estar ocultando Kyu Hyun y, cómo estos harán que Jong Woon se sienta cada vez más y más atraído hacia él? Historia basada en el manga de nombre "Half Cigarette". No tengo el derecho sobre los personajes. Pueden contar esto como una obra reinterpretada o intervenida, esto, porque habrá mucho del contenido original que se adaptara a mi estilo de escritura y mucho que no viene en la obra original. Esta historia no pretende ofender a nadie. Sí no eres fan de la pareja en cuestión o del género de lectura, por favor no lo leas. ¡Gracias! Half Cigarette [YeHyun] 2025

Estado:
Completa
Capítulos:
6
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Cap I. Kim

CAP I. KIM JONG WOON



Pov Jong Woon






Escuché la alarma de mi celular en el mismo lugar en donde lo había dejado anoche —mala decisión— debajo de mi almohada. El aparato vibró estrepitosamente en el lado derecho de mi rostro, cuando la vibración pasó a mi nunca y el sonido fue aminorándose, me di cuenta de que era momento de levantarse. La luz del sol, implacable como siempre, se escudriñaba entre los pliegues de las cortinas en la ventana de mi habitación. Sentí la calidez recorriendo mi cuerpo mientras me debatía entre dormir cinco minutos más o levantarme, algo que debí haber hecho hace quince minutos si quería estar a tiempo en la reunión de esta mañana.

Me giré una, dos y tres veces antes de incorporarme sobre la cama. Divisé el mismo desorden de ayer y antier y el día anterior a ese. He estado viviendo en este apartamento desde hace tres años, el mismo tiempo que llevo trabajando en la pequeña compañía Hoesa Media. La paga siempre puede estar mejor, pero al menos me dio lo suficiente para llenarme de unos cuantos lujos como este apartamento dos metros y medio más grande que el anterior.

—Maldición. ¿Cómo olvidé sacar mi traje de la secadora? —encontrarme en calzoncillos en el baño no era la mejor, pero tampoco la más alejada de la mayoría de mis mañanas—. Joder. No tengo tiempo para esto.

Es bien sabido que las cosas nunca salen cien por ciento como deberían, de hacerlo, el mundo sería aburrido. Casualmente soy del tipo de persona que tiende, particularmente, a tomarme pequeñas desgracias como estas con el mejor humor posible. Si me la paso gruñendo aquí, pelándome conmigo mismo por mi idiotez habitual, se me haría más tarde y es tiempo que puedo invertir en vestirme y darme prisa.

Caminé a la habitación con las prendas arrugadas, pero limpias al fin y al cabo, y comencé a vestirme. Cuando terminé de colocarme la corbata me di una mirada al espejo, es obvio que no es de mis mejores nudos, pero es lo mejor que puedo hacer. Mi cabello está un poco desordenado, nada que no arregle un poco de fijador. Cuando era estudiante solía llevar el flequillo sobre la frente. Por supuesto, ese tipo de cosas deben cambiar cuando uno se involucra en el mundo laboral; la imagen es importante, eso es lo que dicen. Después de graduarme me olvidé del flequillo, el delineador debajo de los ojos, peiné mi cabello hacia atrás y olvidé lo genial que se sentía ser joven.

Corrí a la sala de estar por mi maletín, el que está sobre la mesa junto con todo el material que necesito para esta reunión, misma en la que ya debería haber estado presente hace un rato, pero qué diablos. Estuve despierto durante tres días terminando esa presentación, sería peor no ir y dar mi esfuerzo por perdido. Mi traje desaliñado no importara cuando me feliciten por la propuesta.

Salí del apartamento con el maletín colgando de mi brazo derecho. Me di un pequeño momento, como todos los días, y observé el cielo. Parece que será un día soleado, al menos, lo más soleado y despejado que nos permita la contaminación. El calor iba en aumento en comparación a las madrugadas. Para cuando llegué al subterráneo ya estaba sudando, pero encontré un asiento vacío; lo estaba porque los demás ya estaban en sus trabajos, a excepción de mí, por supuesto. Tomé asiento al lado de la salida del vagón. La hora en mi reloj apuntaba a que llevaba media hora de retraso, eso sin contar los quine minutos extra hasta la próxima parada. Como dije, mi sueldo podría estar mejor, al menos lo suficiente para que cambiara el transporte público a un auto.

—Let’s stay up all night —susurré lo que, según recuerdo, era el pedazo de una canción que escuché hace unos días en la radio.

Sí, mi memoria no es la gran maravilla, lo increíblemente increíble es el edificio de la compañía Park, el lugar de mi reunión. La familia Park, bien sabido por todo Seúl, es una de las más influyentes en el mercador coreano hoy en día; se puede notar que les sobra el dinero y no encuentran qué hacer con el por lo ostentoso y abstracto de la mayor parte de su decoración. La imponente puerta giratoria de seis metros es lo primero que vez antes de una recepción ordenada, azulejos marmoleados, personas elegantes en traje, madera y oro por todos lados, eso junto al enorme escritorio de tres lindas chicas bajo el logo, también dorado, de ParkCompany. La decoración no queda solo allí. Hay pantallas gigantes por todos lados, todas repiten el mismo infomercial a la par y sin errores. Los elevadores, cinco en total, tiene puertas doradas, casa uno acompañado de una pequeña planta artificial y una obra pictórica de, al menos para mí, dudoso valor artístico.

Caminé lentamente entre el resto de empleados y clientes, lo hice con una sonrisa, fingiendo que mi traje no estaba arrugado y que había venido corriendo desde el subterráneo. Una persona presionó por mi el botón que le indiqué. Las puertas se abrieron por fin y los próximos veinte segundos me dediqué a observar el tablero que marcaba el número del piso. Piso número veintiocho, esa es mi parada. Cuando las puertas se abrieron por segunda vez e topé con una imponente oleada de empleados, todos siempre en movimiento, pulcros y estilizados, yendo de un lugar a otro con carpetas en su mano izquierda y el celular en la derecha. Mientras caminaba hacia la recepción, me sentí un poco intimidado por esa visión perfecta de empleados trabajadores y, obviamente, puntuales.

—Lamento la demora —le mostré una sonrisa.

La chica detrás del escritorio me miró de arriba abajo. No tiene que verme de esa manera, sé que no me veo tan atractivo como siempre. Pensé en un esfuerzo por mantener mi sonrisa.

—Ahm... Sí, no se preocupe. El CEO Park lo está esperando —dijo con un cierto tartamudeo.

Sonreí en respuesta—. Gracias —salió de detrás de su escritorio, fue delante de mí y me indicó el camino, uno bastante conocido, porque esta no es la primera vez que he estado aquí. Una vez delante de la puerta con el logo de la compañía más el nombre del CEO, la chica me ofreció una pequeña reverencia, abrió la puerta y la cerró detrás de mí luego de anunciarle al hombre dentro que el empleado Kim de Hoesa Media ya estaba aquí.

*El viejo Park es el fundador de las empresas Park; bastante obvio el nombre, lo sé. Por cuestiones de salud su hijo había tomado el cargo hace algunos meses. Su nombre es Lee Teuk, Park Lee Teuk. ¿Qué puedo decir sobre él? Creo que es alguien agradable, bastante centrado y maduro, es decir, parece que conoce perfectamente el rumbo que desea seguir para que la empresa de su padre siga prosperando como hasta ahora. Con el cambio de dueño nuestra relación con la empresa no se vio afectada. El joven dueño de las empresas Park se mostraba complacido con nuestros desempeño hasta ahora. Sí, Lee Teuk es un buen sujeto. Sí, me permito llamarle de manera informar dentro de mi cabeza; si mi jefe llegara a escuchar que trato a uno de sus mayores inversores como otro más de mis amigos de tragos me despediría sin pensarlo.

—Jong Woon-sshi —dijo en un tono amable para luego estrechar mi mano.

Claro, el término de formalidades se me impone solo a mí.

Saludé de la misma forma. Coloqué mi antebrazo contra mi vientre y me incliné un poco antes de tomar su mano—. Es bueno verlo de nuevo —le dije en un tono formal— Aquí mismo tengo las propuestas de este mes —al tratar de sacar las carpetas de mi maletín éstas terminaron por salir volando hasta el piso casi como en un truco de magia— Mierda...

Este tipo de cosas me pasan solo a mí.

LeeTeuk soltó una carcajada— Siempre es gratificante verte, sin duda —me ayudó a recoger los documentos del piso— Aún con esa apariencia, siempre andas por ahí sacando una sonrisa a todo el mundo.

—Es vergonzoso que lo diga de esa manera.... —tomé asiento frente a su escritorio— En fin, en cuanto al nuevo producto que estuvo en tiempo de prueba —le mostré las propuestas en las que había pasado noches enteras trabajando—, me parece que es factible comenzar a proveer al extranjero. El producto fue bien recibido en Japón y las ventas han ido aumentando gratificantemente, además, las cifras permanecen estables.

El joven Park nunca hablaba demasiado durante las reuniones, no porque no entendiera de lo que le estaba hablando, o porque le diese igual si las cosas se hacían de una forma o de otra, lo hacía porque le agradaba lo que escuchaba. La empresa Park está enfocada en el mercado de la gastronomía y sus metas eran sencillas: Difundir las bases de la comida tradicional coreana fuera de Asia.

—Eso es todo —dije después de casi media hora. No me gusta andarme con rodeos, pero es algo que la política de la empresa me obliga.

LeeTeuk sonrió complacido—Me parece bien —dijo sin más. Ese solía ser siempre su reacción. — Tengo otro producto en mente, es algo en lo que venimos trabajando desde hace algunos meses, pero creo que debemos afinar algunos detalles antes de poder tratarlo con tus superiores.

Me levanté del asiento—. Como diga, señor —asentí levemente.

LeeTeuk volvió a estrechar mi mano—. Nos estaremos viendo, JongWoon-sshi —sonrió y cuando lo hacía siempre se le marcaba un hoyuelo en caja mejilla— Podríamos salir a beber un día de estos. Conozco un buen lugar.

Volví a asentir—. Nos vemos pronto.

Salí de esa oficina sin mayor pena ni gloria. Una vez fuera solté un pequeño suspiro y me encaminé de nueva cuenta hasta el ascensor. En el pequeño trayecto sentí la mirada de varios sobre mí persona, pero dado a que sé perfectamente que no se debe a mi atractivo fue mejor pasarlos por alto. Mi humor ha mejorado después de un rotundo éxito. Ahora de regreso a la oficina. Hoesa queda a otro par de paradas en el vagón por la línea 9B, de ahí solo debes caminar por unas cuantas calles hasta la entrada del edificio; una que no era tan ostentosa como la del edificio Park. Las puertas de un elevador menos sofisticado y que hacía un ruido extraño cuando se detenía, se abrieron. Ante mí no apareció la magnífica vista de la ciudad de Seúl sino una serie de cubículo con números asignados, el mío era el número once. Al lado del mío, en el número doce se encontraba mi compañero de trabajo, su nombre es Shim ShinDong. Se trata de un tipo un tanto robusto, con mucho carisma, uno que supera el mío por varios puntos.

—Buenos días —le saludé al tiempo en que silbaba de nueva cuenta la tonada de una melodía.

—¡Waa! ¿Qué tal te fue con Park? —preguntó mientras que separaba su silla del escritorio— ¿Y por qué demonios tienes esa sonrisa cuando aquí estamos hasta el cuello de trabajo?

Sonreí de lado—. Estuvo bastante bien, parece que le convencieron las propuestas —ante su pregunta solo respondí con un encogimiento de hombros— Vamos viejo, siempre terminamos el trabajo de una u otra forma.

—Eso es algo que diría un mocoso como tú —dijo SeoYoon, una compañera de trabajo mucho mayor que ShinDong y que yo— Aquí vienes de nuevo con ese patético optimismo que solo hace que una anciana como yo se ponga de mal humor.

Negué entre leves risitas—. No diga que es una anciana, es una mujer madura que varios podrían llegar a considerar muy atractiva —bromeé como de costumbre.

—Estoy seguro de que esta anciana tiene más suerte en las citas que cualquiera de nosotros dos —dijo ShinDong en medio de risas.

—¿De qué estás....

—Kim —mi apellido fue dicho en un tono muy sombrío.

Giré lentamente.

—KyuHyun sunbaenim.... —sentí como mis aires de bromista se esfumaban en un dos por tres.

La oficina, aunque no gozaba de una buena iluminación, siempre tendía a volverse aún más sombría cuando este aterrador castaño con semblante amargado hacía su aparición. Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados y yo sabía que estaba furioso conmigo por alguna razón como de costumbre. No es por afirmar nada, pero puedo decir con casi toda seguridad que no soy quien encabeza la lista de sus personas favoritas; con esa actitud retorcida, lo más probable es que este tipo tuviese dos listas, y en la lista de las personas que odia ahí sin duda me encontraba yo.

El hombre me observó con los ojos medio cerrados. Su rostro estaba tenso y tenía los labios bien apretados; sin duda estaba enojado. Los ojos de este intimidante castaño, a quien tenía que referirme como “superior”, se asemejaban a dos dagas con un único objetivo, penetrar cada fibra sensible de mi cuerpo con una sola mirada. Me analizó de arriba abajo como solía hacerlo todos los días; parecía una especie de escáner humano.

—Tú... —gruñó—, Kim, ¿te atreviste a presentarte de esta forma delante de Park LeeTeuk?

—¿Eh?

—Ese traje en pésimo estado —hizo una mueca de desagrado— ¿En qué demonios estabas pensando?

Fui estúpido al creer que nadie lo notaría porque obviamente él sería el primero en hacerlo.

—Esto... bueno...

No me dejó continuar—-. Como miembro de esta empresa sé que te encuentras al tanto de que la imagen lo es todo, en especial frente a uno de nuestros clientes más ejemplares —dijo sin titubear— Al presentarte en ese estado no haces otra cosa que dejarnos en vergüenza a todos. ¿Crees que voy a permitir algo como eso?

Bajé la mirada. Este sujeto tiene una habilidad formidable para afectar mi buen humor.

—Me disculpo por mi apariencia.... —aunque, no es como si lo hubiese hecho a propósito.

Bien, supongo que a pesar de todo no tengo los suficientes argumentos como para defenderme y él tiene los suficientes para molestarse. Es obvio que le gusta cuidar de la apariencia de esta empresa tanto como cuida de la suya. Es mejor que lo conozcan de una vez. Su nombre es Cho KyuHyun. Como ya pudieron darse cuenta, él es quien manda en este lugar, digamos que no es precisamente el dueño de la empresa, pero si es uno de los socios mayoritarios, y claro, está a cargo de este sector en específico. Del tiempo que he trabajado con él, lo catalogaría como un hombre de carácter frívolo y controlador que tiende a estar siempre de mal humor. Como ya dije, le gusta cuidar de su apariencia, además, su forma de hablar siempre es muy correcta y fluida con un léxico extenso. A diferencia de mí, que solo gozo del sueldo suficiente como para abastecerme de víveres cada mes y de pagar la renta de mi apartamento, el castaño parece tener el sueldo suficiente como para abastecer su closet cada semana. Su cabello es de un tono castaño oscuro un poco ondulado, el cual lleva pulcramente peinado en dos partes; la parte izquierda regularmente estaba más arriba que la derecha. Tiene un par de años más que yo, pero no lo aparenta. Luce bastante bien conservado a pesar de lo que dicen por ahí, ya saben, eso de que cuando te enojas con frecuencia tu rostro se arruga.

—En fin —negó levemente—, con referencia a la reunión con Park —en su mano derecha sostenía una carpeta— ¿Esto es lo mejor que pudiste hacer? —preguntó rudamente— Por lo que veo, lo único que hiciste fue preparar una presentación mediocre. Te lo he dicho miles de veces, Kim, es mejor que comiences a tomarte en serio las cosas de una vez.

—Pero, el CEO Park parecía complacido....

Me miró con los ojos bien afilados y los labios fruncidos— Nadie te preguntó nada, Kim —puso sus manos sobre su cintura y me miró con aires de superioridad, además de un claro desagrado— Deberías aprender a dejar de culpar a los demás por tu incompetencia.

No tuve oportunidad alguna de rebatir, él era mi superior y cuando me ordena, implícitamente, que cierre la boca, tengo que hacerlo. Joder. ¿Cómo se supone que funciona la mente de un dictador como él? ¿Cuál es su maldito problema? Me pregunté al mismo tiempo en que desataba el nudo mal hecho de mi corbata. Había salido de la oficina hace unos veinte minutos y ahora me encuentro en mi apartamento. No catalogaría este día como uno de los mejores, pero tampoco uno de los peores, al menos la reunión salió bien, y fuera de ello... creo que ni siquiera vale la pena mencionarlo.

—Siempre es lo mismo con ese tipo —dije con cierto tono exasperado. Mi saco se deslizó desde mis hombros y cayó por detrás de mi espalda al piso—. Nunca quiere escuchar lo que dicen los demás. Siempre quiere tener la razón en todo. Es tan molesto.

Cho KyuHyun tenía algo malo. Un hombre como él que, a sus veintisiete años, se había consolidado como ejecutivo mayor dentro de una empresa sin duda era admirable, pero había algo podrido en su personalidad. Si yo fuese él no me gustaría tener que vivir de esa manera, no debe ser para nada saludable. Debe haber algo mejor que andar siempre de mal humor, debe haber otra cosa que le divierta además de hacerme la vida miserable. Vaya, jamás creí que tendría que recibir órdenes de un tirano como él.

—Bien, creo que me merezco un trago —saqué dos botellas de soju. Papá me había enviado un par de cajas hace algunos días— ¿Eh? Creo que son demasiadas —abrí las otras dos cajas de cartón, éstas se encontraban llenas— Vaya, jamás me atrevería a rechazar un buen vaso de soju al regresar el trabajo, pero esto va a desperdiciarse.

Serví un poco de dicho líquido en mi vaso.

—Ahhh —hice vibrar mi garganta y cerré mis ojos—, sí que es delicioso —sonreí, por un momento se me había olvidado el amargo momento que me había hecho pasar ese desagradable sujeto—. Bien, creo que no se puede evitar —caminé hasta el armario para ponerme ropa más cómoda—, le llevaré esta caja a hyung.

Me coloqué una sudadera holgada de color negro junto con unos pants grises, me calcé con los tenis que estaban al lado de la entrada, los cuales ya estaban un poco gastados y salí del apartamento nuevamente. Me pregunto qué tipo de cara pondría mi superior si me viera llegando al trabajo con un atuendo como este, seguramente pondría una cara más fea a la de hoy. Sonreí divertido ante la imagen mental y bajé las escaleras. Dado que la caja, aunque no era muy grande, pero si muy pesada, decidí que era mejor tomar un taxi a tener que cargar con ella todo el camino hasta el subterráneo y luego hasta el edificio en el que vive hyung.

—¿Debí haberlo llamado antes? —me pregunté ya una vez en el pasillo del octavo piso.

Así es, no soy hijo único. Soy el segundo hijo del adorable matrimonio entre mi omma, Im Bo Kyung, y mi appa, Kim Sang-gon. Mi hermano mayor se llama YunHo; nuestros nombres no son muy parecidos salvo en la pronunciación. Ya que hablamos de él, tengo que destacar que su personalidad es completamente contraria a la mía en diversos aspectos, de hecho y ahora que lo pienso, me recuerda un poco a la retorcida personalidad de mi superior. YunHo hyung es siete años mayor que yo y trabaja como médico en el hospital SungHan. Lo sé, suena grandioso, por eso debe ser que mi hermano es considerando el blanco de varias mujeres de las cuales él tiene el placer de aprovecharse cada que se le venga en gana y sin mostrar remordimiento alguno. Mi hermano tiene fama de mujeriego desde que tengo memoria. No mal entiendan, quiero mucho a mi hyung, pero eso no me impide ser consciente de algunos de sus defectos.

—Bien, como sea, solo dejaré esto y me iré —dije delante de la puerta del apartamento— ¿Cuál era la contraseña? —lo medité un momento— ¡Cierto!

Oprimí aquella serie de números sobre la cerradura eléctrica.

—Con permiso —dije mientras que agachaba la mirada hacía mis zapatos para poder quitármelos, pero antes de que pudiera siquiera poner un pie dentro, una escandalosa e irreal escena me dejó petrificado justo en mi lugar.

Bien, ver a una persona en cualquier tipo de situación sexual ya es por defecto algo incómodo; al menos, a mí no me gustaría ser atrapado de esa manera por nadie. Ahora, si a dicha incomodidad le sumamos que una de esas dos personas es tu hermano mayor, y por si fuera poco, agreguémosle que la segunda, esa a la que le pertenece el trasero que mi hermano está penetrando, se trata de nada menos que mi superior, Cho KyuHyun, ¿no se habrían quedado congelados?

El cuerpo de dicho castaño se estremeció estando debajo de YunHo. Pude notar que mi superior llevaba una especie de vendaje sobre los ojos, esto le hizo más fácil la tarea de no tener que verme a la cara. El castaño le pidió a YunHo que se detuviera, pues se había dado cuenta de una tercera presencia frente a ellos, pero mi hermano hizo caso omiso y arremetió con fuerza dentro de su cuerpo. KyuHyun sunbaenim gimió de una forma aguda, algo que jamás había escuchado y sus caderas se curvearon hacía arriba al mismo tiempo en que todo su cuerpo se tensó.

La lengua de YunHo, húmeda y escurridiza, se paseó desde su cuello y hasta su lóbulo mientras que una de sus manos viajó lentamente desde su pecho y hasta entre sus piernas. Mi hermano me miró de reojo, él aún se encontraba medio vestido. Cho KyuHyun por su parte solo llevaba puesta una camisa blanca, esa misma con la que le había visto en la oficina hasta hace poco. Era la primera vez que veía al impecable Cho en esas condiciones tan inaceptables, casi completamente desabrochada y arrugada.

Tragué saliva con dificultad y sentí como mis ojos se abrían al máximo. Por un momento, y debido a la sorpresa, tuve miedo de dejar caer la caja que estaba en mis manos, pero me aferré a ella con mi mano izquierda mientras que la derecha aún sostenía la perilla de la puerta. Aún en estado de shock, y con la poca cordura que me quedaba, cerré la puerta de golpe. Mi rostro comenzó a acalorarse al igual que todo mi cuerpo. Eso había sido demasiado bochornoso.... No, para empezar, ¿¡qué demonios había sido eso?! No creo estar lo suficientemente ebrio como para haber alucinado ¿o si? Maldición, no, ni en mis peores pesadillas podría haber imaginado algo como esto.

Mi jefe, Cho KyuHyun, el castaño tirano que hace mi vida miserable, se encontraba en el piso del apartamento de mi hermano teniendo sexo con él. Mi hermano... Mi hyung estaba teniendo sexo con mi jefe.

Pasaron un par de minutos, tal vez menos y la puerta del apartamento fue abierta de pronto. Yo, que me encontraba de espaldas, giré para toparme con el mismísimo Cho KyuHyun, quien salió por detrás de la puerta cargando su saco en una de sus manos. El castaño me miró de una forma a la que ya me tenía acostumbrado. Tal y como solía hacerlo en la oficina, me miró con un aire retador y aunque sus labios no se movieron casi pude escucharlo decir que mejor mantuviese la boca cerrada o estaría muerto. La camisa blanca que llevaba puesta, ahora con la mayoría de botones en su lugar, seguía encontrándose maltratada, ni siquiera la tenía fajada dentro de sus pantalones. Su cinturón caía descuidadamente por sus caderas, pero eso parecía no importarle. Había rastros de sudor en su rostro y en su cuello. Sus labios se fruncieron en una notoria y tensa línea.

Caminó en línea recta y nuestros hombros chocaron. El castaño me empujó como en un arrebato por mantener su orgullo. Su espalda estaba recta, ni siquiera hizo por esquivar mi mirada y su semblante era mortífero.

—Sal de mi camino —dijo con voz profunda e irritada.

Esto es una maldita locura...

Pensé siguiendo los pasos del castaño mientras que éste se alejaba a lo largo del pasillo. Lo último que vi fue a él de brazos cruzados esperando que las puertas del elevador se abrieran y luego desapareció detrás de éstas. ¿De verdad acaba de suceder?

—¿Qué es lo que haces aquí? —giré a mis espaldas. Se trataba de mi hermano. YunHo se encontraba recargado contra el marco de la puerta, semidesnudo y con su pantalón aún mal abrochado—¿Por qué no me llamaste?

—Ehm... Yo, bueno...—traté de sonreír—, quise traerte un poco del soju que me envió papá.

YunHo entrecerró los ojos como si estuviese molesto por algo; no se necesitaba profundizar para darse cuenta de que se debía a mi presencia.

—Entra... —dijo con desgano.

¿Ah? ¿Qué hay con la reacción de estos dos? ¿Acaso están saliendo? Pero... pero ambos son hombres. Fuera de eso, mi hermano es el más grande mujeriego que conozco desde que tengo uso de razón. Esto tiene que ser una maldita broma.

Entré al apartamento con pasos lentos y un poco inestables. Mientras me quitaba los zapatos, me fue imposible no sentirme incómodo al estar parado en el lugar en donde mi jefe y mi hermano habían estado teniendo sexo. Cerré la puerta detrás de mi y alcancé a hyung en la sala de estar. YunHo se encontraba sentado en un enorme sofá blanco en medio de la habitación. El mayor me observó desde su lugar, casi al instante, se estiró hacia la mesita frente a él para tomar una cajetilla de cigarros que estaba allí.

—¿No habías dejado de fumar?

—Últimamente el trabajo ha estado pesado en el hospital, esto me ayuda a relajarme —dijo y encendió un cigarrillo.

Una de las pocas cosas que hyung y yo tenemos en común es ese mal hábito de fumar.

—¿Quieres uno? —extendió la cajetilla hacia mí.

—Tengo los míos, gracias —dije y rasqué mi nuca levemente.

Había dejado la caja con botellas de soju en el piso antes de tomar asiento en el otro sofá más pequeño al lado del de YunHo. Puse mis manos sobre mis muslos y froté un par de veces. El silencio y la situación eran incómodas por obvias razones; casi siempre se me ocurre algo bueno para romper el hielo, pero esto es otro nivel de incomodidad que no sé cómo manejar. Tomé mi propia cajetilla de cigarros de uno de los bolsillos de mis pantalones. Le pedí a hyung su encendedor y dejé que el humo fluyera entre mis labios al mismo tiempo en qué traté de que las palabras correctas fluyeran dentro de mi cabeza.

Di una calada más y exhalé lentamente —. ¿Por qué estabas teniendo sexo con mi jefe?

Mi hermano soltó un pequeño bufido —. ¿Cómo puedes preguntar eso de la nada?

—¿Qué dices? Es lo más normal de preguntar luego de lo que acabo de ver —mi hermano cerró los ojos un momento.

Soltó un sonido de resignación con sus labios—Fue hace dos años —dijo—, KyuHyun vino al hospital en el que trabajo —me sorprendió escuchar que llamaba al castaño sin ninguna clase de honorifico; aunque no era nada extraño según el tipo de relación que parecían tener—, la forma en cómo se me quedó viendo durante la consulta me pareció extraña, así que se lo pregunté directamente.

—¿Qué fue lo que te dijo? —pregunté con curiosidad.

—Dijo que mi rostro le parecía bastante similar al de uno de sus subordinados —dijo con tranquilidad—. Le dije que probablemente se trataba de mi hermano. Entonces, cuando le dije tu nombre él me dijo que, en efecto, se trataba de ti.

—Ya veo...

YunHo dejo que el humo saliera del pequeño hueco entre sus labios.

—Los ojos de KyuHyun son intimidantes, ¿no es cierto? —preguntó de la nada— Dice que las personas le dicen cosas como esas siempre, que la forma en cómo los ve les incómoda. —YunHo sonrió— Lo que dijo después de eso es que eres una persona que actúa diligentemente en el trabajo, y luego simplemente comenzamos a hablar del tipo de idiota que eres para todo.

—¿Y te haces llamar mi hermano? —pregunté con molestia.

—Te lo digo como un halago. —apagó el cigarrillo en el cenicero de cristal sobre la mesa— Nunca me imaginé que KyuHyun pudiese decir algo bueno de ti —apoyó su mentón sobre la palma de su mano—, incluso mencionó que tiene grandes expectativas puestas en ti y que tiene gran admiración por tu determinación.

No lo creo... ¿Me estás diciendo que ese amargado si aprecia un poco todo mi esfuerzo?

—En fin, creo que comencé a interesarme por él después de que seguimos hablando, entonces finalmente lo invité por un trago. —aquello volvió a confundirme— Al principio se veía confundido, pero con el tiempo nos dimos cuenta de que realmente nos llevamos bien —su semblante no denotaba ninguna emoción en relación a lo que decía—, podría decirse que ahora estamos saliendo.

—¿Bromeas? —pregunté con incredulidad— ¿Cómo puedes salir con un hombre? Sé que eres del tipo a quien le gusta jugar con las mujeres.

Se quedó en silencio un momento.

YunHo sonrió levemente—. Hay algo en él que me atrae...

No dijo más.

¿Algo que le atrae? Bueno, creo que podría decirse que el tipo tiene lo suyo, es decir, jamás había pensado en eso, pero fuera del hecho de que es un maldito tirano, no tiene tan mal aspecto. Pero... ambos son hombres. No creo que... Entonces recordé vívidamente la imagen de mi jefe siendo penetrado por mi hermano. Vi sus labios abriéndose y gimiendo de forma descontrolada. Bien, supongo que eso deja el concepto de atractivo dentro de otro nivel, ¿no es así?

Me sentí un poco acalorado de pronto. Vaya, jamás creí que podía llegar a tener este tipo de pensamientos respecto a mi jefe. Es demasiado vergonzoso....

¿Ahora cómo haré para verlo a los ojos?

— ~ —

Por si se lo preguntan, no, no había vuelto a tocar el tema con mi hermano ni mucho menos con mi superior. Había pasado una semana aproximadamente desde lo acontecido en el apartamento de YunHo. Podría decirse que las cosas se encuentran un poco tensas en el trabajo, aunque bien podría ser cosa mía solamente, pues me da la impresión de que mi jefe está tratando de aparentar que nada de eso sucedió; me gustaría que fuese tan fácil para mí como parecer serlo para él. El temperamento del castaño sigue siendo el mismo mal humorado de siempre, sigue tratándome de manera fría y sus quejas con las de costumbre. Así que, dejando de lado el hecho de que yo no podía dejar de pensar en lo sucedido, aparentemente todo seguía igual en nuestra relación de jefe y subordinado.

Observé el semblante del castaño mientras que éste se encontraba detrás de su escritorio. Lucía como una persona completamente diferente a la que vi ese día. ¿Cómo pudo haber puesto una expresión como esa?

—En cuanto al negocio con las empresas Yoon, será mejor que vuelvas a revisar estas propuestas —dijo con sus ojos fijos en computador. Llevaba unas gafas redondas puestas—, ¿Kim?

—Ah... —negué levemente mientras parpadeaba un par de veces—, con respecto a eso. Me preguntaba puedo llevarme el material extra que fue entregado hoy por el asistente de CEO para revisar algunos puntos para la estrategia de comercialización.

KyuHyun sunbaenim no giró a verme. Su rostro lucía igual de inexpresivo que siempre. —No veo ningún problema —dijo con voz tranquila, pero firme al mismo tiempo—, pero será mejor que termines con el informe durante lo que resta del día.

—Si, señor —dije, le di una leve reverencia y me encaminé hacia la puerta.

La puerta de la oficina de su oficina fue golpeada antes de que yo saliera. ShinDong entró mostrando una sonrisa como de costumbre. —¡Buenos días, KyuHyun sunbaenim! —antes de cerrar la puertas detrás de mí giré levemente por sobre mi hombro. De inmediato me di cuenta de cómo mi superior alzaba la vista de su computador y dirigió su vista hacía el recién llegado.

Mmmm, parece que soy el único al que no mira a los ojos. En realidad ya lo había notado antes, pero pensé que se trataba solo de mi imaginación. Está claro que aunque se muestre así de tranquilo, en realidad se encuentra avergonzado por esto tanto como yo. Ahhh, maldición. Esto se está volviendo complicado. ¿Cómo pasamos a estar involucrados en esta rara situación? Tal vez él esté conforme ignorando todo, pero a mí me está causando problemas.

—Incluso mencionó que tiene grandes expectativas puestas en ti y que tiene gran admiración por tu determinación — esas fueron las palabras de YunHo.

Sin duda hyung debió haber mal entendido todo. Con esa actitud solo me queda claro que este tipo jamás pudo haber dicho nada bueno sobre mí, está claro que me odia. En fin, no puedo seguir dándole vueltas a lo mismo. Si quiero que esto deje de ser incómodo para ambos; más para mí, por supuesto, tengo que hablar claro con él.

Tuve que esperar a que fuese la hora del almuerzo, era el único momento en que la oficina se quedaba completamente vacía y por lo general el castaño era el último en salir a comer. Esta vez no fue la excepción. Lo vi salir de su oficina con la mirada baja pero con una postura recta en su espalda. Esperé a que se acercara lo suficiente para llamar su atención. Él aún no se había dado cuenta de mi presencia, pues puedo jurar que lo vi respingar cuando comencé a hablar.

—KyuHyun sunbaenim —dije con un pésimo intento de sonrisa para acercarme lentamente hasta él— ¿Tiene un segundo?

Él se quedó bien quieto incluso después de que colocara mis labios cerca de su oído, mi hombro incluso chocó contra el suyo.

—¿Qué...

—Mi hermano ya me lo contó todo. —comencé a susurrar—En ese momento me encontraba bastante sorprendido, pero quiero que sepa que eso no cambia en lo absoluto la imagen que tengo sobre usted. —dije de manera amable—De hecho, ¡Los apoyo a ambos! —mis ojos se contrajeron mientras que mis labios se curvearon en una sonrisa aún más enmarcada— El amor no tiene genero alguno, ¿no es eso cierto? —por alguna razón, mi boca no se cerraba— Mi hermano puede ser un completo idiota, pero le agradeceré que cuide de él...

—Kim —me interrumpió— Será mejor que te calles de una vez. No me interesa nada de tu palabrería sin sentido.

Mi sonrisa desapareció.

—Pero...

—Es mejor que vayas a almorzar —me miró de forma cruel—, si tienes el tiempo de venir a soltar toda esa sarta de estupideces, deberías tenerlo para aumentar tu rendimiento en el trabajo —su voz se tornó aún más fría de lo usual— ¿Sabes que puedo reemplazarte en cualquier momento?

¡¿Qué?! ¡¿De nuevo con esa actitud de mierda?! ¡Solo intentaba ser amable!

Mis manos se tensaron. No había sido esta mi intención, pero este sujeto no cambia, siempre sabe qué decir para ponerme de mal humor.

—Aún cuando actúa de esa manera.... —dije mientras que éste intentaba retomar su camino hacía el ascensor— Es obvio que está tratando de evitarme por lo que sucedió.

—No sé de qué estás hablando. — definitivamente estaba tratando de huir.

—¡KyuHyun sunbaenim! —me apresuré a tomarlo con fuerza del brazo, tal vez utilicé demasiada fuerza o tal vez la distancia entre nosotros no era tanta, pero terminé con el rostro sonrojado de este castaño a unos cuantos centímetros del mío.

Los ojos de este tipo... ¿Siempre fueron así de vacilantes? No, él siempre actúa seguro de sí mismo, entonces... ¿Por qué tiembla de esta manera? ¿Por qué sus pupilas se dilataban y su rostro de tiñó de ese color tan... atrayente?

Es como sino pudiese apartar mi vista de él. KyuHyun sunbaenim reaccionó de inmediato y se zafó de mi agarre con un violento movimiento de parte de su brazo derecho. El momento en que nuestras miradas se encontraron había durado muy poco. Los ojos marrones del castaño me miraron de manera vacilante otra vez. Me daba la impresión de que estaba asustado, de que no tenía el coraje de enfrentarme, aunque antes nunca se lo pensó dos veces para gritarme a la cara. ¿Por qué estaba actuando así? Era tan extraño...

—Tú... —tartamudeó—, cada vez que te veo, no puedo evitarlo... Aun cuando lo único que quiero es olvidarme de todo —le miré, pero no sabía de qué estaba hablando— ¿Sabes? —sus cejas se curvearon hacía adentro, se veía un poco desconsolado—, te pareces mucho a él.

—¿De qué...

—Tu rostro, tu forma de comportarte, incluso tu aroma y el sonido de tu voz —me miró con una enorme tristeza oculta detrás de ese par de cuencas cristalinas—, ambos huelen a tabaco.

—¿Eh? — él estaba hablando de YunHo —¿yo? ¿Parecerme a mi hermano?— pregunté sintiéndome confundido— ¿Qué quieres decir con querer olvidar? ¿Acaso, terminaron? —pregunté sin tacto alguno— Tú... ¿De verdad amas a mi hyung?

Los ojos se mi superior se cerraron un momento. Su cuerpo se tensó, sus manos se cerraron en forma de puños y su respiración estaba levemente alterada. Algunos segundos después abrió los ojos, parecía haber recuperado la compostura. Sin decir una palabra más, retomó sus pasos por sobre el pasillo. Sus pisadas fueron pesadas, el eco que generó sus zapatos contra el azulejo llenó el silencio alrededor; sentí como si fuese el sonido de mi corazón.

Antes de llegar al elevador giró a verme.

—No quiero que algo como esto interfiera en mi trabajo —su voz no sonaba a la de siempre, incluso su pronunciación, la que siempre era perfecta, era inentendible en algunas partes. Este no era el Cho KyuHyun de siempre y eso me alteraba— Así que por favor olvida lo que viste ese día —oprimió el botón del ascensor—, y, Kim...

Vi el perfil de su rostro antes de que las puertas del elevador se abrieran.

—La forma en cómo te traté.... —hizo una pequeña pausa— Lo lamento... Estuve desquitándome contigo—y así como si nada, se fue.

¿Qué demonios acaba de pasar? ¿Él... se disculpó conmigo? ¿Qué mierda fue lo que le hizo YunHo, para que esté actuando de esa manera?

Joder....

— ~ —

KyuBaby88

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