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Prueba de Sangre (Condenadas de la Inmortalidad 1)

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Sinopsis

Janine era una chica normal de 17 años hasta que una noche fue drogada durante una fiesta y despertó en un laboratorio secreto. Allí conoce a Ayden, otro joven que corrió la misma suerte. Juntos deberán planear su escape mientras enfrentan una transformación irreversible que cambiará sus vidas para siempre y descubrirán oscuros secretos relacionados con su pasado. ADVERTENCIA: Esta historia incluye temas como violencia, rituales científicos, abusos, torturas y lenguaje vulgar que pueden ser sensibles para los lectores.

Genero:
Horror
Autor/a:
Boreal Pink
Estado:
hace 13 horas
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Prólogo

Las salas del laboratorio eran un caos. El estruendo de las explosiones resonaba por todas las instalaciones. Varios cadáveres yacían en el suelo, junto a instrumentos y maquinarias destruidas. Algunos de los cuerpos tenían los cuellos desgarrados, como si alguna criatura los hubiera mordido.

La oscuridad reinaba en el lugar, con los cables chispeando, iluminando las salpicaduras carmesí que teñían las paredes. Varios prisioneros corrían por los pasillos, escapando del desastre que se había generado. Sus gritos hacían eco a los alrededores, algunos escapaban por los ventanales rotos o por las brechas abiertas en los muros, y otros aprovecharon la situación para interceptar a los guardias que intentaron detenerlos disparandoles con sus fusiles, mordiéndolos en la carótida para luego dejarlos tirados.

Debilitada por la sed, pero determinada a proteger a su descendencia, Vianna avanzaba por los corredores, vestida con una bata blanca, el cabello ondeado desordenado y con Janine envuelta en una manta blanca contra su pecho. La niña lloraba entre sus brazos, asustada por las explosiones, por lo que tuvo que apretarla contra su pecho y tapar sus oídos con ambas manos. El humo se volvía cada vez más espeso, dificultando la visión. Varias cañerías rotas expulsaban gas con un fuerte silbido mientras las explosiones continuaban sacudiendo las instalaciones.

Algunos guardias sobrevivientes salieron de los pasillos, apuntando a ambas con fusiles con miras láser. Los ojos de Vianna enrojecieron y sus colmillos se alargaron, lista para defender a su hija.

—¡Deténganse! — ordenó uno de los guardias.

En ese instante, ella pasó a gran velocidad, haciendo volar a los soldados que chocaron contra la pared. Algunas salpicaduras de sangre mancharon los blancos azulejos. Vianna observó los alrededores, para asegurarse de que no hubieran más guardias acechandolas.

La pequeña Janine sollozaba desconsoladamente en sus brazos, pero a la vez Vianna se obligada a controlar los impulsos de la sed apretando la mandíbula. No quería lastimar a su hija, por lo que se centró en salir rápidamente de aquel lugar. Alzó la vista hacia arriba y vio que había una ventana abierta.

—Resiste Janine. Ya casi salimos — le dijo a su bebé, acariciando su frente con delicadeza.

Presionó a la niña contra su pecho, flexionó sus piernas y con todas sus fuerzas dió un gran salto hacia la ventana. La noche era relativamente oscura, con algunas estrellas iluminando el cielo, desde abajo se podían ver varios soldados disparando contra quienes habían escapado de la prisión. Desde la azotea, Vianna pudo observar a otras madres, como ella, que cargaban a sus bebés en brazos, mientras huían de la catástrofe. Un sentimiento de angustia la invadió, al imaginar cuántas personas y familias pudieron ser víctimas de los crueles experimentos que se llevaron a cabo en este temible lugar.

Un pequeño láser rojo apuntaba a su pecho, algo que ella notó de inmediato al bajar la vista. Miró hacia el frente y vio que un francotirador las estaba apuntando a ella y a su hija. Vianna frunció el ceño, siseando, afilando aún más sus colmillos, mientras seguía sosteniendo a Janine en sus brazos, que no dejaba de llorar.

Vianna dejó delicadamente a su hija en el suelo brevemente, aprovechando que al guardia se le trabó el arma para ir velozmente hacia él y desmayarlo de un solo golpe. Luego volvió a sostener a Janine en sus brazos enseguida.

Brincó hacia el otro lado de la azotea a distancias cortas, de un tejado a otro, sosteniendo a su bebé con firmeza, escapando lo más rápido posible. Las explosiones eran cada vez más grandes, dando lugar a varios focos de incendios en varias partes de las zonas destruidas. Vianna miró hacia atrás brevemente y pudo ver a algunas personas ardiendo en llamas, por lo que tuvo que tapar los ojos de su hija con la mano, mientras seguía moviéndose con agilidad y cuidado, para no lastimar a la bebé.

Se paró en un lugar seguro, tomándose unos segundos para ver el estado de Janine, antes de seguir el camino. Pudo notar que sus mejillas estaban rojas, de tanto llorar, a su vez, agudizó sus oídos y se dió cuenta de que tenía hambre, además de miedo por el caótico panorama. Sin pensarlo más de una vez retomó el recorrido hasta poder salir de allí lo más pronto posible. Ya habrá tiempo para que madre e hija se alimenten.

Alzó la mirada y pudo ver la salida, dónde las edificaciones metálicas terminaban. Avanzó con cuidado, esquivando las explosiones y a los guardias que seguían disparando a quienes intentaban escapar del lugar. Varios cadáveres quedaron tendidos en el suelo, en medio de charcos de sangre, algunos de ellos, estaban incendiándose por el alcance del fuego.

De pronto, uno de los vampiros se interpuso en medio del camino, golpeándola en el pecho. Vianna tuvo que sostener a Janine con todas sus fuerzas para evitar que se le resbalara de las manos, intentando hacer una estrategia para alejar al agresor de ellas. Pero la criatura estaba decidida a no dejarlas ir.

—¡Maldición! — exclamó ella, adolorida por el golpe.

—¡Entrégame a la niña! — dijo el hombre.

—¡De ninguna manera! — respondió Vianna con severidad.

Él se lanzó hacia ella con toda la velocidad, mientras Vianna lo esquivaba teniendo cuidado de que Janine no se cayera. La depositó en un lugar seguro, mientras se dirigía a enfrentarse a su adversario.

Caminó hacia el frente, esperando encontrarlo, pero vio que no estaba. Miro los alrededores, sus sentidos agudizados le decían que estaba muy cerca, preparándose para atacar. De pronto sintió que algo la empujó desde atrás, desplazándola fuertemente contra una muralla que colapsó aún más con el impacto.

Ella se incorporó de inmediato en cuanto vió que su oponente se dirigía hacia ella al abrir los ojos. Vianna detuvo el golpe sosteniendo el brazo del vampiro. Luego lo agarró del cuello estampándolo lo contra la pared. Su expresión denotaba furia contenía mientras mantenía arrinconado a su agresor.

—¿Por qué buscas a mi hija? ¿Quién te envío? — preguntó ella furiosa.

Él no respondió, tan solo le propinó una patada en el abdomen haciendo que ella lo soltará. Vianna cayó al suelo, mientras el vampiro seguía golpeándola con saña. De pronto miró hacia la esquina y vio que había un tubo de metal roto tirado en el suelo. Gateó hasta donde estaba el objeto con rapidez. Tenía la sospecha de que buscaban a su bebé para convertirla en conejillo de indias, tal cómo hicieron con ella misma desde el día en que la capturaron. Y eso era algo que no iba a permitir.

En cuanto el hombre intentó dar el golpe final, Vianna con todas sus fuerzas le clavó el tubo en medio de su pecho. Él quedó paralizado por el golpe mientras miraba brevemente su herida, chorros de sangre brotaban por el gran orificio que ella le hizo. Luego cayó al suelo y no volvió a moverse.

Vianna volvió a buscar a Janine rápidamente, usando su super velocidad para ir hacia donde estaba ella, dejando atrás el cuerpo de su oponente. Esquivó los obstáculos, varias maquinarias se habían implosionado, los estruendos hacían eco por todo el ambiente, mientras el fuego se iba propagando aún más. Manchas de kerosene y otras sustancias estaban dispersadas por el suelo. Algunos chispazos sobresalían de las instalaciones, junto con los líquidos.

En cuanto Vianna llegó al lugar donde estaba Janine, vió que otro hombre la sostenía en brazos, por lo que la desesperación comenzó a invadirla. Él comenzó a correr velozmente al verla, por lo que ella también se puso en marcha. En ese momento, la estructura donde la bebé estaba había colapsado, por lo que la vampiresa usó su agilidad para esquivar el derrumbé. Una vez que lo consiguió, continúo con la persecución.

Aquel vampiro llevaba la delantera, saltando cada uno de los edificios con precisión, mientras presionaba a la bebé contra su pecho. Vianna, invadida por el pánico, lo siguió incansablemente. Tenía miedo de que él consiguiera llevarse a su hija y luego no volver a verla. Varios pensamientos se cruzaron en su cabeza, aún sin saber las intenciones de aquel hombre.

—¡Devuélveme a mi hija! — le gritó.

A su alrededor las explosiones continuaban, mientras las llamas seguían propagándose. Los prisioneros habían roto el enrejado que daba a la salida, algunos de ellos tuvieron la desgracia de ser alcanzados por el incendio, mientras que otros consiguieron escapar, dirigiéndose hacia afuera, donde la zona descampada reinaba.

La persecución continuó hasta que finalmente llegaron a las llanuras. La oscuridad era total, lo único que iluminaba eran las llamas que habían alcanzado grandes alturas, acompañadas de explosiones y estructuras cayendo en picada. Por un momento, Vianna perdió el rastro de aquel vampiro, y lo que es peor, también de su pequeña hija.

—¡Janine! — gritó angustiada llamándola.

Caminó aún más hacia los pastizales, hasta que escuchó un agudo llanto proveniente de los arbustos. Desesperada corrió a gran velocidad, y finalmente pudo encontrar a su hija sana y salva, pero sin ninguna señal de aquel hombre qué la sostuvo en los brazos. Pero eso ya no le importaba, porque ahora había recuperado a su bebé; sobre todo habían conseguido salir del laboratorio.

Se cubrió la boca al sentir los impulsos de la sed dominando, conténiendose para no morder a Janine. La miró a los ojos mientras la acariciaba con delicadeza. Comenzó a cantarle una canción de cuna para calmarla, balanceándola suavemente de un lado a otro, antes de volver a ponerse en marcha. De pronto vió que un auto negro se aproximaba por aquella ruta que estaba allí cerca. Las luces del vehículo iluminaban los alrededores. Vianna sintió alivio, supo inmediatamente de quienes se trataban.

Corrió hacia el vehículo en cuanto este se detuvo frente a ella. Cuando la puerta se abrió pudo ver qué sus hermanas y su cuñado habían venido por ella.

—¡Vianna, qué alegría encontrarte! — dijo Nicole, con la emoción recorriendole a flor de piel.

—¡A mí también me alegra verlos! — respondió Vianna — Por un momento creí que no lo lograría.

—¿Y ese bebé? — preguntó Jessica frunciendo el ceño confundida.

Vianna sonrió, continuándo acunando a su hija, antes de responder.

—Bueno… Ella es mi hija Janine — contestó, aunque algo nerviosa por la reacción de su familia.

—¡¿Tuviste un bebé?! — dijo Alexandro con expresión de asombro por lo que ella acababa de decir — ¿Cómo es posible?

—Es una larga y complicada historia — respondió Vianna — Ya les contaré en el camino.

Inmediatamente, Vianna subió junto a su hija al vehículo. Luego, Alexandro presionó el acelerador, antes de que el laboratorio colapsara aún más y el fuego los alcancé. A Jessica le brotaron algunas pequeñas lágrimas sanguineas al ver el rostro de su sobrina, mientras una sonrisa se le dibujaba en su rostro, revelando parcialmente sus colmillos. Nicole no se quedó atrás, después de la incertidumbre que tuvieron de no saber si su hermana iba a escapar con vida o no de aquel abominable lugar, ahora tenía la certeza de que no solo ella estaba a salvo, sino que ahora también acababa de conocer a una nueva integrante de la familia.

—Es hermosa Vianna — dijo Jessica emocionada.

—Se parece mucho a ti — continuó Nicole — Y a Theresa también por igual.

En ese momento, a Vianna la invadió el sentimiento de tristeza y nostalgia al recordar a su hermana perdida Theresa. Que hasta el día de hoy no tienen certeza de dónde está. Jessica analizó los rasgos de Janine, frunció el ceño en cuanto notó algo en particular en ella.

—¿Ella también es…? — intentó preguntar.

—Pues sí — respondió Vianna.

—Esperemos que no le ocurra lo mismo que a nuestra hermana — continuó Nicole.

—Yo también lo espero — contestó Vianna, con un tono de preocupación por el futuro de su hija.

La oscuridad reinaba en el lugar, con el humo y el fuego dispersándose, mientras varias dotaciones de bomberos, patrullas policiales y ambulancias iban directo a contener el desastre y a ayudar a los sobrevivientes. Por ahora, los Jeager solo podían pensar en el bienestar familiar y asegurarse de que Janine tenga un futuro seguro.

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