Prologo
Una mirada basta para darme cuenta de que el final de este mundo ha llegado.
¿Cómo evitas una catástrofe cuando tus propias acciones son la causa?Esa pregunta me persigue mientras escapo de las garras de mis enemigos. Colmillos afilados desgarran cuellos y devoran sin cesar a los seres humanos, arrastrados por una marea interminable de sangre y desesperación. Vivo aterrada en un mundo que avanza, sin freno alguno, hacia el Apocalipsis.Mis jadeos se intensifican bajo el fuego que consume los edificios. El cielo está cubierto por una nube gris que aprisiona la luz. Aun así, sigo huyendo, impulsada por un instinto primitivo de supervivencia.No sé cuántas horas han pasado desde que me alejé del lugar donde aparecieron los monstruos. Y en medio del caos me asalta una pregunta cruel:¿qué intento proteger, si ya lo he perdido todo?Mi hermano, Mateo, fue asediado hasta desaparecer. Nadie me espera. Mis padres fueron aniquilados de una forma tan brutal que solo quedó el silencio. Me siento sola, vagando en un mundo que no me quiere, segura de que pronto caeré en un abismo oscuro que lo devora todo… incluso a mí.Los gritos se agudizan bajo la tormenta de humo y ceniza que se expande a mi alrededor. La gente intenta huir, pero cae frente a mis ojos. Uno tras otro son consumidos por depredadores que no conocen el perdón. Y aun sabiendo que soy parte del mal que desaté, me veo obligada a resguardarme.El olor a metal impregna las calles. Todos corren buscando dónde esconderse, y yo cargo con una culpa que tardé demasiado en reconocer. Una furia recorre mi cuerpo: exige respuestas, verdades que quizá jamás encontraré.Mi corazón, indeciso ante el destino que se me ha impuesto, se pregunta si Jack —el hombre que me enseñó a sobrevivir en un mundo de peligro— hizo de mis días una lucha constante por seguir con vida. Lo veo corriendo a mi lado, protegiéndome de los no muertos que se lanzan hacia mí sin piedad.Y al otro lado… está el Rey de la Oscuridad. Un hombre ligado a mis recuerdos más íntimos, aquel junto a quien encuentro la paz que creí perdida. Él sabe quién soy realmente. De algún modo, soy la reencarnación de su antigua esposa, y ahora estoy frente a sus ojos.Suspiro con dificultad. Este mundo ha cambiado mis decisiones. Ya no sé qué es lo que realmente quiero.El estruendo se extiende entre los edificios. Fragmentos de vidrio caen sobre mí como una sentencia inevitable. Los cuerpos son devorados por una infección que no tiene piedad. El mundo ha perdido su color; solo el rojo y el negro dominan este universo que se quedó sin luz.El dolor me oprime el pecho. El pánico se apodera de mí tras la revelación de un destino que siempre me ha acompañado.¿Cómo debería reaccionar?¿Aceptar una condena interminable, repetir este camino y sufrir una y otra vez?¿Quién soy realmente, más allá de la mujer que fue su esposa?Si este mundo se ha apagado, necesito saber cómo acabar con la desesperación y cuál es la maldición que me arrebató todo.Nada volvió a ser igual desde la última conferencia del Rey Penumbra dirigida al mundo entero.Los sobrevivientes que resistieron tras la invasión permanecen en la ciudad, luchando por sus vidas. Yo corro por las calles buscando a quienes aún pueden ser salvados, y entre el caos logramos regresar al refugio con más personas.Golpeamos la puerta con fuerza. Dos hombres, opuestos en personalidad, miembros de la Reforma del Cáliz —una organización dedicada a desentrañar la verdad oculta de la historia— nos reciben.—¿Cómo les ha ido? —preguntan.Sus ojos reflejan determinación y orgullo al verme traer gente del exterior. Mientras sirven comida a los recién llegados, me detengo un momento para buscar a Alexis. Me acerco para hablar de lo ocurrido antes, pero Jack se interpone, toma mi mano y me conduce al interior.—Tenemos que hablar de los planes —dice—. ¿De verdad crees que rescatar gente provocará una rebelión?—¿Qué otra opción tenemos? —respondo, dudosa.La medicina escasea, los vendajes no alcanzan y los alimentos comienzan a acabarse. Me acerco a quienes intentan levantarse sin lograrlo. Los cubro con mantas y les ofrezco un poco de agua.Mi destino ya ha sido moldeado. No soy la chica que alguna vez creyó en los cuentos de hadas ni en los finales felices. No existe tranquilidad en un mundo que lo ha perdido todo, y aun así, aquí estoy, guiando una rebelión contra el monstruo que me arrebató a mi mejor amiga, Lilith.Sé que no pasará mucho tiempo antes de que todos estemos sometidos a un régimen implacable.De pronto, unos golpes alertan a todos los presentes. Nos detenemos, conteniendo la respiración.Y allí están.Los Siete Reyes de la Destrucción.Los hermanos de Alexis se colocan frente a mí para protegerme, mientras los humanos y yo quedamos atrás, esperando el momento exacto para escapar.Una sonrisa cruel se dibuja en los rostros de los villanos.—¿Nos extrañaron?










