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Me Enamoré de la Princesa de Hielo

Todos los derechos reservados ©

Sinopsis

Yukina Shirogane es conocida en la Preparatoria Seirian como la "Princesa de Hielo". Seria, distante y rodeada de rumores desde secundaria, aprendió a mantener a todos lejos para no volver a ser traicionada. Ren Kisaragi, en cambio, es alegre, amable y no cree en juzgar a alguien sin conocerlo. Cuando comienza a acercarse a Yukina con naturalidad, poco a poco logra atravesar la distancia que ella ha construido. Entre rumores, malentendidos, nuevas amistades y heridas del pasado, Yukina tendrá que decidir si puede volver a confiar en alguien... antes de que el miedo vuelva a alejarla de todos.

Genero:
Drama
Autor/a:
AkiroWrites
Estado:
hace 39 minutos
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Capítulo 1 -Un nuevo año, misma distancia

Los pétalos de cerezo caían lentamente sobre las calles de Kamakura.

Algunos permanecían unos instantes suspendidos en el aire antes de dejarse llevar por la brisa de aquella mañana de abril, mientras otros terminaban sobre las banquetas, los jardines de las casas o los hombros de los estudiantes que caminaban hacia sus respectivas escuelas.

Era una imagen habitual durante aquellas fechas.

El comienzo de la primavera.

Y, con ella, el inicio de un nuevo ciclo escolar.

Entre los numerosos estudiantes que avanzaban por el camino hacia la Preparatoria Seirian, una chica caminaba completamente sola.

Su paso era tranquilo. Ni demasiado rápido ni demasiado lento.

Llevaba el uniforme perfectamente acomodado: la chaqueta negra cerrada sobre la camisa blanca, el moño rojo cuidadosamente colocado, la falda gris sin una sola arruga visible y unas calcetas negras que cubrían buena parte de sus piernas.

Su cabello negro caía ligeramente por debajo de sus hombros, moviéndose suavemente con cada ráfaga de viento. Un flequillo recto cubría su frente y enmarcaba unos ojos de un intenso color carmesí.

Yukina Shirogane.

Segundo año.

Su expresión era seria, aunque no particularmente hostil.

Simplemente caminaba mirando al frente.

Sin embargo, aquello era suficiente.

-Es ella...

Un murmullo nació entre un pequeño grupo de estudiantes que caminaba algunos metros delante.

Yukina no reaccionó.

-¿Shirogane?

-Sí.

Dos chicas voltearon discretamente hacia atrás.

Cuando sus miradas se encontraron por accidente con la de Yukina, ambas regresaron inmediatamente la vista al frente.

-Pensé que quizá se cambiaría de escuela...

-Yo también.

-Hablen más bajo...

Yukina continuó caminando.

Aquello tampoco era nuevo.

Desde hacía tiempo había aprendido que, cuando entraba en algún lugar, las conversaciones podían disminuir de volumen.

Que algunas personas comenzaban a observarla.

Que otras simplemente preferían alejarse.

Y aquella mañana no parecía ser diferente.

Al cruzar la entrada principal de la Preparatoria Seirian, el ambiente era considerablemente más animado.

Decenas de estudiantes se reunían en el patio frontal. Algunos se reencontraban después de las vacaciones, otros hablaban emocionados sobre sus nuevos profesores y varios trataban de encontrar a sus amigos entre la multitud.

Pero la mayor concentración se encontraba frente a unos grandes paneles colocados cerca del edificio principal.

Las listas de asignación de grupos.

Yukina dirigió la mirada hacia ellos.

Antes de ir al edificio de segundo año debía comprobar en qué salón estaría durante aquel ciclo.

Caminó hacia las listas.

Mientras se acercaba, los murmullos comenzaron nuevamente.

-Shirogane viene para acá.

-¿En serio?

-Espero que no esté en mi salón...

Un chico que estaba frente a uno de los paneles dio un pequeño paso hacia un lado al notar que Yukina se aproximaba.

Después otro hizo lo mismo.

Sin que nadie dijera nada directamente, se abrió un pequeño espacio frente a las listas.

Yukina lo observó durante apenas un instante.

Luego siguió caminando.

No agradeció.

Tampoco protestó.

Simplemente se colocó frente al panel correspondiente a los estudiantes de segundo año.

Sus ojos comenzaron a recorrer los nombres.

2-1.

No estaba allí.

Pasó a la siguiente columna.

2-2.

Tampoco.

A pocos pasos de ella, una conversación continuaba en voz baja.

-No está en el mío.

-Qué suerte.

-Todavía falta el 2-3.

Yukina movió la mirada hacia la última lista.

Comenzó desde arriba.

Apellido por apellido.

Hasta encontrarlo.

Shirogane, Yukina.

Sus ojos permanecieron sobre aquellas letras durante un par de segundos.

Después miró el encabezado. Clase 2-3.

Ese sería su salón.

Un nuevo año.

Un nuevo grupo.

Nuevos compañeros.

Aunque Yukina dudaba que aquello fuera a cambiar demasiado las cosas.

-¿Dónde quedó?

-En el 2-3.

-Ah...

Hubo una pequeña pausa.

-Menos mal.

Yukina apartó la vista de la lista.

No necesitaba girarse para saber quién había hablado.

Tampoco le interesaba.

Acomodó ligeramente la correa de su bolso sobre el hombro y comenzó a alejarse de los paneles.

Detrás de ella, las conversaciones recuperaron lentamente su volumen habitual.

Como si su sola presencia hubiera provocado durante unos instantes una pequeña interrupción.

Yukina avanzó hacia el edificio de segundo año.

Clase 2-3.

Aquello era todo lo que necesitaba saber.

Al menos por ahora.

Después de apartarse de las listas, Yukina entró al edificio principal.

Como cada mañana, se dirigió hacia los casilleros de la entrada y cambió sus zapatos por los uwabaki que utilizaría dentro de la escuela.

A su alrededor, el ambiente seguía siendo animado.

Había estudiantes hablando sobre las vacaciones, otros comparaban los salones que les habían tocado y algunos trataban de organizarse para subir juntos a sus nuevas aulas.

Yukina cerró la puerta de su casillero.

2-3.

Segundo piso.

Acomodó nuevamente su bolso sobre el hombro y comenzó a caminar.

No había avanzado demasiado cuando las primeras voces llegaron hasta sus oídos.

-Mira... es Shirogane.

-¿La Princesa de Hielo?

-Shh, no digas eso tan fuerte.

Yukina continuó caminando sin cambiar el ritmo.

Un poco más adelante, dos chicas que conversaban junto a una ventana bajaron la voz al verla aproximarse.

-Dicen que nunca habla con nadie.

-Yo escuché que si intentas acercarte, simplemente te ignora.

-Pues yo no pienso comprobarlo.

Yukina pasó junto a ellas.

Ninguna volvió a decir una palabra hasta que estuvo varios metros adelante.

No era algo que le sorprendiera.

Ni siquiera le molestaba ya.

Al doblar por otro corredor, aparecieron nuevas voces.

-¿Sabes en qué grupo quedó?

-Creo que en el 2-3.

-Qué mal por los que estén ahí.

-Mi amiga estuvo con ella el año pasado.

-¿Y?

-Dice que es exactamente como cuentan.

-¿Qué cuentan?

La chica dudó un momento antes de responder.

-Ya sabes... todas esas cosas.

-Ah...

Era curioso.

La mayoría ni siquiera podía explicar exactamente qué eran todas esas cosas.

Solo repetían lo que habían escuchado de alguien más.

Un rumor contado suficientes veces terminaba convirtiéndose en una verdad para quienes nunca se molestaban en comprobarla.

Yukina lo sabía mejor que nadie.

-También dicen que hizo llorar a una chica el año pasado.

-Yo escuché que fue una discusión.

-No, no. Según me dijeron, ni siquiera tuvo que decirle mucho.

-Qué miedo...

Yukina ni siquiera volteó.

Continuó subiendo las escaleras.

Podrían decir lo que quisieran.

Siempre había sido así.

O, mejor dicho... desde la secundaria.

Durante un instante, su mirada perdió parte de aquella indiferencia habitual.

Solo durante un instante.

Después volvió a ser la misma.

Había aprendido hacía mucho tiempo que prestar atención a aquellas voces no servía de nada.

Al principio había sido diferente.

Hubo una época en la que intentó explicarse.

Una época en la que creyó que, si decía la verdad, alguien terminaría escuchándola.

No ocurrió.

Las personas que conocía le dieron la espalda.

Incluso aquellas en quienes había confiado más que en nadie.

Personas a las que alguna vez había considerado importantes.

Personas que, cuando más necesitó que creyeran en ella, eligieron no hacerlo.

Después de aquello, Yukina había aprendido una lección sencilla.

No confiar en nadie era mucho más fácil que volver a ser traicionada.

Así que dejó de intentarlo.

Dejó de preocuparse por lo que otros pensaban.

Dejó de buscar explicaciones.

Y, sobre todo, dejó de esperar algo de los demás.

Había pensado que entrar a la preparatoria podría significar un nuevo comienzo.

Nuevos compañeros.

Un lugar donde nadie la conociera.

Una oportunidad para dejar atrás todo aquello.

La realidad resultó bastante distinta.

Los rumores también llegaron a Seirian.

No sabía exactamente cómo.

Quizá alguien de su antigua secundaria conocía a algún estudiante de la preparatoria.

Quizá una historia pasó de una persona a otra hasta terminar allí.

O quizá simplemente había cosas de las que era imposible escapar.

Fuera cual fuera la razón, durante su primer año los susurros comenzaron nuevamente.

Y para cuando quiso darse cuenta, Yukina Shirogane ya tenía una reputación.

Fría.

Inaccesible.

Arrogante.

Difícil de tratar.

Algunos incluso habían comenzado a llamarla de aquella manera.

La Princesa de Hielo.

Un apodo que Yukina nunca había elegido.

Y que tampoco le interesaba corregir.

-Ahí va...

-Definitivamente sigue dando miedo.

-No entiendo cómo puede caminar como si no escuchara nada.

Yukina pasó frente a ellos.

En realidad, los había escuchado perfectamente.

Simplemente había aprendido a no demostrarlo.

Finalmente llegó al segundo piso.

Los números de los salones aparecieron uno tras otro mientras avanzaba por el corredor.

2-1.

2-2.

Y finalmente...

2-3.

Yukina se detuvo frente a la puerta.

Desde el interior podía escuchar numerosas voces.

Risas.

Saludos.

Compañeros que seguramente se reencontraban después de las vacaciones.

Personas preguntándose quién sería su profesor.

Conversaciones completamente normales para el primer día de un nuevo ciclo escolar.

Yukina observó durante un instante la pequeña placa junto a la entrada.

Otro año.

Otro salón.

Otro grupo de personas que probablemente ya había decidido quién era ella antes de siquiera dirigirle la palabra.

Su expresión no cambió.

Deslizó la puerta.

Y entró.

Las conversaciones se apagaron casi de inmediato.

No fue un silencio absoluto al principio, sino una especie de caída gradual. Una risa que se cortó a la mitad. Una conversación que bajó de volumen. Una silla que dejó de arrastrarse.

Hasta que, en apenas unos segundos, casi todo el salón quedó en calma.

Varias miradas se dirigieron hacia la entrada.

Y después, inevitablemente, comenzaron los murmullos.

-¿Shirogane...?

-¿Qué hace ella aquí?

-No me digas que quedó en este salón...

-Genial. Qué mala suerte.

-Ya estamos condenados desde el primer día.

-Habla más bajo.

-¿Por qué? Si es verdad.

-Dicen que el año pasado tampoco se llevaba con nadie.

-Pues mejor ni acercarse.

Yukina permaneció junto a la puerta unos instantes.

No porque aquellos comentarios le importaran.

Simplemente estaba buscando dónde se encontraba la distribución de los asientos.

Al verla avanzar, algunos estudiantes apartaron ligeramente las piernas para dejarle más espacio del necesario. Otros evitaron mirarla directamente cuando pasó junto a ellos.

Una chica incluso tomó su bolso del asiento vacío que tenía al lado y lo acercó hacia sí, como si Yukina pudiera decidir sentarse allí por simple capricho.

Ella no reaccionó.

Ni una palabra.

Ni una mirada.

Ni siquiera una expresión de molestia.

Era exactamente lo que todos esperaban de ella.

Y quizá también era la razón por la que los rumores nunca dejaban de crecer.

Al fondo del salón encontró una hoja colocada junto al pizarrón.

La distribución de los lugares.

Yukina buscó su apellido.

Shirogane.

Recorrió rápidamente el pequeño esquema con la mirada.

Hasta encontrarlo.

Se quedó observando aquel lugar durante un segundo.

Última fila.

Junto a la ventana.

Por primera vez en aquella mañana, algo había salido bien.

Al menos, desde su perspectiva.

Yukina se alejó del pizarrón y caminó hacia el fondo del salón.

-¿En serio le tocó hasta atrás?

-Bueno... mejor.

-Mientras no se siente cerca de mí.

-Qué suerte tiene el de enfrente.

-¿Suerte?

-Sí. Por lo menos no tendrá que verla todo el día.

Yukina escuchó aquel último comentario.

No volteó.

Continuó caminando hasta llegar a su pupitre.

Era prácticamente el mejor lugar que podía haberle tocado.

Al lado de la ventana.

Lejos de la entrada.

Lejos del centro del salón.

Y, sobre todo, sin nadie detrás de ella.

Nadie podría observarla constantemente desde su espalda.

No tendría que soportar la sensación de que alguien cuchicheaba justo detrás de su asiento.

Tampoco tendría que preocuparse por llamar demasiado la atención cada vez que mirara hacia fuera.

Para cualquier otro estudiante quizá habría sido solamente un pupitre más.

Para Yukina, era suficiente.

Dejó su bolso junto a la mesa y tomó asiento.

Las conversaciones comenzaron a regresar poco a poco.

Primero en susurros.

Después con mayor naturalidad.

Como si el salón entero hubiera necesitado unos momentos para acostumbrarse a su presencia.

Yukina no prestó atención.

Colocó el codo sobre el escritorio y apoyó la mejilla sobre la palma de su mano.

Luego dirigió la mirada hacia la ventana.

Desde aquel punto podía ver parte de la calle frente a la preparatoria, algunos tejados cercanos y, sobre todo, las ramas de los cerezos que se extendían alrededor del terreno escolar.

Los pétalos seguían cayendo.

Llevados suavemente por el viento.

Algunos giraban en el aire an es de desaparecer de su campo de visión.

Otros se acumulaban sobre el suelo formando pequeñas manchas rosadas.

Yukina siguió uno de ellos con la mirada hasta que dejó de verlo.

Por unos instantes, todo lo demás desapareció.

Los murmullos.

Las risas.

Los comentarios.

Las miradas.

El salón entero.

Aquel paisaje era suficiente para mantener su mente lejos de todo lo que ocurría a su alrededor.

Yukina se había vuelto bastante buena haciendo aquello.

Encerrarse dentro de sus propios pensamientos.

Crear una distancia entre ella y los demás incluso cuando estaban a pocos metros.

Era más sencillo así.

Mientras no prestara atención, nada de lo que dijeran tendría importancia.

Mientras no se acercara a nadie, nadie podría decepcionarla.

Y mientras no confiara... no tendría que volver a pasar por lo mismo.

Sus ojos continuaron siguiendo la lenta caída de los pétalos.

Al menos aquel asiento no estaba tan mal.

Quizá aquel nuevo ciclo escolar tampoco tendría que serlo.

Solo necesitaba hacer exactamente lo mismo que el año anterior.

Mantenerse al margen.

No involucrarse.

Y dejar que los días pasaran.

Eso era todo.

O al menos... eso era lo que Yukina pensaba aquella mañana.


Mientras Yukina permanecía perdida en el paisaje que se extendía más allá de la ventana del salón 2-3, en la entrada de la Preparatoria Seiran la mañana continuaba con el mismo bullicio de siempre.

Decenas de estudiantes seguían cruzando las puertas principales.

Algunos caminaban apresurados después de haberse quedado dormidos, otros revisaban una última vez las listas de grupos, y varios permanecían reunidos con amigos a quienes no habían visto durante las vacaciones.

Entre todos ellos, dos chicos parecían no tener ninguna prisa por entrar.

-¿No crees que ya tardaron demasiado?

Ren Kisaragi miró por encima de las cabezas de los estudiantes que se acercaban desde la calle.

Tenía dieciséis años y una apariencia abierta que encajaba perfectamente con su manera de ser. Su cabello negro estaba ligeramente despeinado, con algunos mechones rebeldes que parecían negarse a mantenerse en su lugar. Sus ojos transmitían una amabilidad difícil de ocultar y, aun sin proponérselo, su expresión normalmente parecía estar a un paso de convertirse en una sonrisa.

A su lado, Kaito Hayase permanecía con los brazos cruzados.

Era ligeramente más alto que Ren y su cabello rubio ligeramente oscuro, también algo despeinado, contrastaba con una mirada mucho más seria. Sus ojos agudos y su expresión tranquila solían darle una apariencia fría a primera vista.

-Llevas preguntando lo mismo desde hace cinco minutos.

-Porque llevan tardándose más de cinco minutos.

-Eso no tiene ningún sentido.

Ren volteó hacia él.

-Claro que tiene sentido.

-No. No lo tiene.

Ren guardó silencio durante un momento.

Frunció ligeramente el ceño.

-Bueno... en mi cabeza sí lo tenía.

Kaito soltó un pequeño suspiro.

-Eso explica muchas cosas.

-Oye.

Una ligera sonrisa apareció en el rostro de Ren.

Kaito apartó la mirada hacia la entrada.

A pesar de aquella expresión seria, no parecía realmente molesto.

Ren volvió a estirarse ligeramente para tratar de observar más lejos.

-Aoi dijo que estaría aquí temprano.

-Aoi también dijo eso el primer día que entro a la secundaria.

-Cierto.

-Y llegó quince minutos tarde.

-También cierto.

Ren se quedó pensando.

-Pero esta vez parecía muy convencida.

Kaito levantó una ceja.

-¿Y eso cambia algo?

-Un poco.

-No cambia nada.

Ren rio suavemente.

-Bueno, quizá no

.

Ambos continuaron esperando.

No era casualidad que estuvieran allí.

Habían acordado encontrarse antes de entrar, como habían hecho en otras ocasiones. Después de las vacaciones, comenzar el nuevo ciclo escolar juntos se había convertido casi en una especie de costumbre.

Aunque, evidentemente, dos integrantes del grupo todavía no habían aparecido.

-¿Y Mio? -preguntó Ren.

-Probablemente venga con Aoi.

-Eso pensé.

-Entonces deja de mirar cada tres segundos.

Ren volvió a mirar hacia la calle.

-No estoy mirando cada tres segundos.

Kaito lo observó.

Ren esperó.

Tres segundos después, volvió a asomarse.

Kaito cerró los ojos.

-Increíble.

-¿Qué?

-Nada.

Ren ladeó la cabeza, genuinamente confundido.

Kaito prefirió no explicarlo.

Aquella clase de conversaciones no eran extrañas entre ellos.

Ren era así.

Optimista, espontáneo y, en ocasiones, demasiado ingenuo para darse cuenta de ciertas cosas. Tenía la costumbre de preocuparse por los demás antes que por sí mismo y era capaz de detenerse a ayudar incluso a una persona que acababa de conocer.

Kaito era prácticamente lo contrario.

Más serio.

Más observador.

Pensaba antes de actuar y normalmente era quien terminaba evitando que Ren se metiera en problemas innecesarios.

O intentando evitarlo, al menos.

-Por cierto -dijo Ren-, ¿ya viste tu salón?

-Sí.

Ren esperó la respuesta.

Kaito no añadió nada.

-¿Y...?

-¿Y qué?

-¿Cuál te tocó?

-2-3.

Los ojos de Ren se abrieron.

-¿En serio?

-Sí.

Una enorme sonrisa apareció inmediatamente en el rostro de Ren.

-¡A mí también!

Kaito lo miró de reojo.

-Ya lo sabía.

Ren parpadeó.

-¿Cómo?

-Tu nombre estaba en la misma lista.

-Ah.

Hubo un pequeño silencio.

-Entonces, ¿por qué no me dijiste?

-Porque quería ver cuánto tardabas en descubrirlo.

Ren entrecerró los ojos.

-A veces eres una mala persona.

-Y aun así sigues aquí.

-Porque soy muy buena persona.

-Eso tampoco tiene sentido.

-Para mí sí.

-Ese es precisamente el problema.

Ren volvió a reír.

A pocos metros de ellos, un grupo de chicas de segundo año había comenzado a observarlos discretamente.

O al menos eso creían.

-Mira, son Kisaragi y Hayase.

-Ya los vi.

-Kisaragi sigue siendo lindo...

-Yo prefiero a Hayase.

-¿En serio? Da un poco de miedo.

-Eso es lo bueno.

-¿Qué tiene eso de bueno?

-No sé... se ve más maduro.

Otra de las chicas miró hacia Ren.

-Kisaragi es más fácil de tratar. El año pasado ayudó a mi amiga cuando se le cayeron todas sus cosas en las escaleras.

-Escuché que también ayudó a unos estudiantes de primero cuando se perdieron.

-Eso sí suena a él.

Ren pareció notar que las chicas los miraban.

Sus ojos se encontraron accidentalmente con los de una de ellas.

En lugar de apartar la mirada, Ren simplemente sonrió y levantó ligeramente una mano a modo de saludo.

-Buenos días.

Las tres chicas se quedaron paralizadas.

-B-Buenos días.

Ren volvió la mirada hacia Kaito como si nada hubiera ocurrido.

Las chicas se alejaron rápidamente entre murmullos.

-¡Nos saludó!

-Te dije que era lindo.

-¿Por qué respondiste así?

-¡Me puse nerviosa!

Kaito observó a Ren durante un par de segundos.

-Sigues haciendo eso.

Ren ladeó la cabeza.

-¿Hacer qué?

-Saludar a cualquiera que te mire.

-¿Está mal?

-No.

-Entonces no veo el problema.

Kaito volvió a suspirar.

Ren sonrió.

Desde el año anterior, ambos habían comenzado a llamar bastante la atención entre algunas estudiantes de Seiran.

Ren, por su facilidad para hablar con prácticamente cualquiera.

Kaito, a pesar de que rara vez mostraba interés en aquella clase de atención.

Curiosamente, ninguno parecía darle demasiada importancia.

Especialmente Ren.

-Aunque ahora que lo pienso... -murmuró.

-¿Qué?

-Si estamos juntos otra vez, este año podría ser divertido.

Kaito lo miró de reojo.

-Todavía ni siquiera has entrado al salón.

-Precisamente.

Ren llevó ambas manos detrás de la cabeza.

-Es un nuevo año. Seguro pasan muchas cosas.

-Preferiría que no pasaran demasiadas.

-Qué aburrido eres.

-Realista.

-Aburrido.

-Responsable.

-Aburrido responsable.

Kaito lo miró fijamente.

Ren mantuvo la sonrisa durante unos segundos.

Luego apartó lentamente la mirada.

-...Voy a dejarlo ahí.

-Buena decisión.

Ren volvió a observar hacia la entrada.

Todavía no había señales de Aoi ni de Mio.

-En serio... ¿dónde estarán?

Kaito revisó la hora.

-Si Aoi sigue siendo Aoi, probablemente corriendo hacia aquí en este momento.

Ren sonrió.

-Entonces llegará gritando desde la otra esquina.

-Probablemente.

Y, como si aquellas palabras hubieran sido una predicción... una voz comenzó a escucharse a lo lejos.

-¡REEEEN! ¡KAITOOO!

La voz volvió a escucharse desde la calle.

Ren levantó una mano casi de inmediato.

-¡Aquí!

Kaito no hizo lo mismo.

Simplemente dirigió la mirada hacia el origen de aquella voz.

Dos chicas se acercaban rápidamente hacia la entrada de la Preparatoria Seirian.

La primera caminaba varios pasos por delante, moviendo una mano en alto mientras trataba de abrirse paso entre los estudiantes.

La segunda venía detrás de ella con mucha más calma.

Ren sonrió al reconocerlas.

-Al final sí llegaron.

-Apenas -respondió Kaito.

-Pero llegaron.

-Ese no es el punto.

Ren estuvo a punto de contestarle cuando las dos chicas estuvieron lo suficientemente cerca para distinguirlas con claridad.

Y entonces se quedó quieto.

Kaito también.

Ambos miraron a la chica que venía al frente.

-¿Eh?

Ren parpadeó.

La chica se detuvo frente a ellos.

-¿Qué?

Ninguno respondió inmediatamente.

Aoi frunció ligeramente el ceño.

-¿Por qué me están viendo así?

Ren ladeó la cabeza.

La miró una vez.

Luego otra.

Finalmente señaló hacia ella.

-¿Aoi?

La expresión de la chica cambió de inmediato.

-¿Quién más iba a ser?

-No sé.

-¡¿Cómo que no sabes?!

Ren dio medio paso hacia atrás.

-Es que...

Volvió a observarla.

Durante la secundaria, Aoi había llevado el cabello largo, de un tono café oscuro que caía bastante por debajo de sus hombros.

Aquella chica seguía teniendo el mismo rostro.

Los mismos ojos.

La misma manera de hablar.

Incluso la misma expresión de indignación que Ren conocía perfectamente.

Pero su cabello era completamente distinto.

Ahora apenas sobrepasaba la altura de su cuello, quedando por encima de los hombros, y el antiguo café oscuro había desaparecido por completo.

En su lugar, un llamativo tono naranja resaltaba incluso entre la multitud.

Ren abrió ligeramente los ojos.

-Te cortaste el cabello.

Aoi lo miró fijamente.

-Gracias por darte cuenta.

-Y lo pintaste.

-Eso también.

-Mucho.

-¿Qué significa "mucho"?

Ren señaló su cabello.

-Que está muy naranja.

Aoi entrecerró los ojos.

-Es naranja porque lo teñí de naranja, genio.

-Ah.

Kaito llevó una mano a su frente.

-Cinco minutos.

Mio, que finalmente había llegado junto a ellos, lo miró.

-¿Cinco minutos para qué?

-Para que empezaran.

Mio observó a Ren y Aoi.

-Fuiste optimista.

-Oigan.

Aoi cruzó los brazos.

Ren seguía mirándola.

Ella levantó una ceja.

-Bueno, ¿y?

-¿Y qué?

-¡Mi cabello!

-Ah.

Aoi esperó.

Ren se quedó pensativo.

-Se ve diferente.

-...

-Mucho.

-¡Eso ya lo sé!

-¿Entonces para qué preguntas?

Aoi abrió la boca.

Se quedó inmóvil un segundo.

Después miró a Mio.

-¿Ves con lo que tengo que lidiar?

Mio respondió con total tranquilidad.

-Desde hace años.

-Gracias por el apoyo.

-De nada.

Ren sonrió como si no hubiera ocurrido nada.

Aoi soltó aire por la nariz y volvió la mirada hacia Kaito.

-Tú sí vas a decir algo útil, ¿verdad?

Kaito examinó brevemente su nuevo estilo.

A diferencia de Ren, no pareció sorprendido durante demasiado tiempo.

-Te queda bien.

Aoi parpadeó.

-¿En serio?

-Sí.

Su expresión se iluminó.

-Sabía que podía confiar en ti.

-Aunque...

La sonrisa de Aoi desapareció poco a poco.

Kaito continuó:

-Llama bastante la atención.

Aoi tocó uno de los mechones cercanos a su rostro.

-Ese era un poco el punto.

-Lo imaginé.

-¿No te gusta?

-No dije eso.

-Entonces sí te gusta.

-Dije que te queda bien.

Aoi sonrió satisfecha.

-Para ser tú, prácticamente es un cumplido enorme.

-Era un cumplido normal.

-En idioma Kaito, eso equivale a escribir un poema.

Ren asintió con absoluta seriedad.

-Tiene razón.

Kaito los miró a ambos.

-No la animes.

-¿Por qué no?

-Porque luego no se detiene.

Aoi colocó una mano sobre el hombro de Ren.

-Tú sí me entiendes.

Ren hizo lo mismo sobre el hombro de ella.

-Siempre.

Mio los observó durante un par de segundos.

-Esto va a ser un año muy largo.

Kaito asintió.

-Sí.

-¡Oigan! -protestaron Ren y Aoi al mismo tiempo.

Los dos se miraron.

Hubo un breve silencio.

-Deja de copiarme -dijo Aoi.

-Tú me copiaste.

-Yo hablé primero.

-Lo dijimos al mismo tiempo.

-Entonces pensaste demasiado lento.

-¿Cómo puedes pensar lento una palabra?

-No sé, tú sabrás.

Ren frunció el ceño.

Aoi sonrió.

Kaito volvió a suspirar.

Mio, por su parte, simplemente observó la escena con la expresión tranquila de alguien que ya había presenciado aquello demasiadas veces.

Así eran Ren y Aoi.

Podían discutir por absolutamente cualquier cosa.

Una palabra.

Una mirada.

Quién había llegado primero.

Quién había entendido mejor una broma.

Incluso por quién había empezado una discusión que ninguno de los dos recordaba.

Y, aun así, parecían entenderse mejor de lo que ellos mismos estaban dispuestos a admitir.

Si Aoi hacía algo impulsivo, Ren normalmente la seguía.

Si Ren proponía alguna idea absurda, Aoi era probablemente la primera en apoyarlo.

Y cuando ambos decidían algo al mismo tiempo... Kaito y Mio solían ser quienes tenían que lidiar con las consecuencias.

-Por cierto -dijo Ren-, ¿por qué decidiste cambiarlo?

Aoi tocó nuevamente su cabello.

Esta vez su expresión fue algo más tranquila.

-Porque quería.

Ren esperó.

-¿Eso es todo?

-¿Necesito otra razón?

-Supongo que no.

-Entrar a preparatoria se siente como empezar algo nuevo. Así que pensé que yo también podía cambiar un poco.

Ren sonrió.

-Tiene sentido.

Aoi lo señaló.

-¿Ves? Esa era la respuesta correcta desde el principio.

-Pero sigo pensando que está muy naranja.

-¡Ren!

Él comenzó a reír.

Aoi intentó darle un golpe ligero en el brazo, pero Ren se apartó a tiempo.

-¡Regresa!

-¡No!

-¡Tú empezaste!

-¡Solo dije la verdad!

Ambos comenzaron a moverse alrededor de Kaito.

Kaito cerró los ojos.

-No soy una barrera.

-Entonces muévete -dijo Aoi.

-No.

-¡Kaito!

Ren se asomó detrás de él.

-Gracias.

-Tampoco te estoy protegiendo.

-Pero está funcionando.

Mio pasó junto a los tres.

-Los van a regañar antes de entrar el primer día.

Aoi se detuvo.

Ren también.

Kaito señaló hacia Mio.

-Escúchenla.

-Está bien... -murmuró Aoi.

-Sí... -añadió Ren.

Kaito los observó con cierta sospecha.

Demasiado fácil.

Mio se giró hacia ellos.

Su apariencia, a diferencia de la de Aoi, no había cambiado demasiado desde el año anterior.

Su cabello continuaba siendo largo y caía suavemente por su espalda, con las puntas ligeramente onduladas. La única diferencia evidente era que ahora lo llevaba un poco más largo que durante su último año de secundaria.

Ren la observó.

-Tú sí sigues igual.

Mio llevó una mano hacia su cabello.

-Me creció.

-Eso iba a decir.

Aoi lo miró.

-No ibas a decir eso.

-Sí iba.

-No.

-¿Cómo sabes lo que iba a decir?

-Porque te conozco.

-Yo también me conozco.

-A veces lo dudo.

Kaito intervino antes de que comenzaran nuevamente.

-Mio, ¿ya revisaron sus salones?

Ella negó con la cabeza.

-Todavía no.

-Aoi quería venir primero con ustedes -añadió Mio.

Aoi volteó inmediatamente.

-¡Mio!

-¿Qué?

-¡No tenías que decirlo así!

Ren

sonrió.

-¿Querías vernos primero?

-¡No te emociones!

-No me estoy emocionando.

-Tienes esa cara.

-¿Qué cara?

-Esa.

Ren miró a Kaito.

-¿Qué cara tengo?

-La de siempre.

-Eso no ayuda.

-No pretendía ayudarte.

Mio soltó una pequeña risa.

Aoi cruzó los brazos, ligeramente avergonzada.

-Solo pensé que sería mejor entrar juntos. Eso es todo.

Ren la observó unos segundos.

Después sonrió.

-Yo también.

Aoi lo miró.

-¿En serio?

-Claro.

Ren señaló la entrada de la escuela.

-Después de todo, es su primer día aquí.

Por primera vez desde que había llegado, la expresión de Aoi se suavizó.

Mio también levantó ligeramente la mirada hacia el edificio.

La Preparatoria Seirian.

Para Ren y Kaito, aquel lugar ya era familiar.

Habían pasado allí todo su primer año.

Conocían los edificios, algunos profesores, los clubes e incluso los lugares donde era mejor pasar el descanso.

Pero para Aoi y Mio aquella mañana era diferente.

Era su primer día como estudiantes de preparatoria.

-Además -continuó Ren-, si se pierden podemos enseñarles dónde están las cosas.

Aoi regresó inmediatamente a su expresión habitual.

-No nos vamos a perder.

-Yo me perdí el año pasado.

-Precisamente por eso no eres un buen ejemplo.

-Kaito me encontró.

-Porque me llamaste cuatro veces -respondió él.

Mio miró a Ren.

-¿Cómo te perdiste?

-El edificio es grande.

Kaito negó con la cabeza.

-Confundió el tercer piso con el segundo.

Mio guardó silencio.

Aoi también.

Ambas miraron a Ren.

-¿Qué? -preguntó él.

-Nada -respondió Mio.

-Absolutamente nada -añadió Aoi.

Ren entrecerró los ojos.

-Siento que me están juzgando.

-Correcto -dijo Kaito.

Los cuatro permanecieron juntos frente a la entrada durante unos instantes más.

A su alrededor, algunos estudiantes continuaban observándolos de vez en cuando.

Varias chicas reconocían a Ren y Kaito del año anterior y ahora comenzaban también a preguntarse quiénes eran las dos chicas que los acompañaban con tanta familiaridad.

Sin embargo, ninguno de los cuatro parecía prestarle demasiada atención.

Para ellos, aquello simplemente era lo habitual.

Ren sonriendo mientras decía cualquier cosa que se le pasara por la cabeza.

Aoi respondiéndole inmediatamente.

Kaito intentando mantener cierto orden.

Y Mio observando a los tres con aquella calma que muchas veces la convertía en la única persona verdaderamente neutral del grupo.

Kaito revisó nuevamente la hora.

-Ahora sí deberíamos entrar.

Aoi levantó una mano.

-Primero tenemos que revisar nuestros salones.

-Las listas están cerca del edificio principal -explicó Ren-. Vamos con ustedes.

Kaito lo miró.

-Nosotros ya sabemos dónde estamos.

Ren encogió los hombros.

-¿Y?

-Podrían ir solas.

-También podríamos acompañarlas.

Aoi sonrió inmediatamente.

-Exacto.

Kaito miró a Ren.

Luego a Aoi.

Después a Mio.

Mio se limitó a encogerse ligeramente de hombros.

Kaito suspiró.

-Está bien.

Ren y Aoi chocaron las palmas.

-¡Vamos!

Los dos comenzaron a caminar al mismo tiempo.

Kaito los observó alejarse.

-Definitivamente fue un error dejarlos reencontrarse.

Mio comenzó a caminar junto a él.

-Solo fueron vacaciones.

-Fueron demasiado cortas.

Mio sonrió ligeramente.

Y los cuatro entraron finalmente a la Preparatoria Seirian juntos.

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