Capítulo de prueba
Este no es el capítulo oficial, es uno de los primeros borradores. La historia oficial será publicada en el 2027 pero quisiera saber que opinan de estás primeras pinceladas. Mientras tanto bienvenidos a este mundo que anhela instalarse en sus corazones.
Su mirada perdida en la grada detrás del podio, sus ojos sin brillo fijos en su presa.
Mírame, estúdiame, interésate en mí. No me importa que me aceptes como tu nieta pero sí tu reconocimiento como individuo. Así que me mantendré en tu rango de visión para que cuando no me encuentres no puedas apartar tus pensamientos de mí
-. Su mente fluía en una única dirección interrumpida por un ligero dolor en sus piernas. - Puneo, suéltame-. Murmuró intentando que el gato abriera las manos. Este se acomodó en su regazo pero la vibración proveniente de esa criatura no era suficiente para cambiar su enfoque hasta que sintió el calor de una palma en su cabeza.
-Dame a Puneo, tienes que subir al palanquín-. Aquella voz profunda y monótona sacudió su corazón antes de anclarla a la realidad.
Sin decir una sola palabra acomodó un rulo rebelde y emprendió el camino que había ensayado tantas veces, pasos ligeros pero firmes. Cabeza en alto y mirada dulce, con su pelo perfectamente recogido, nada fuera de lugar. Detrás del palanquín cientos de aspirantes de Népiter de todas las clases sociales empezaban a formarse, cuánto mayor la cercanía al palanquín más alto su estatus. Al llegar su escolta la ayudó a subir siendo su última tarea formal hasta el regreso de su maestra.
- Izan, cuida de Puneo sabes cómo se pone cuando no estoy cerca-. Susurró antes de cerrar la cortina sin esperar respuesta.
El leve balanceo indicaba una nueva etapa en su vida y lo único que rogaba era que ninguno de sus portadores tropezara.
-Eres la señorita más noble de Népiter, al menos en esta generación, todo saldrá bien-. murmuraba para sí misma cuando gritos llenaron su cabeza seguidos de un estruendo.
Al tomar las cortinas una voz masculina informó de la situación.
-El palanquín de Mertuno se ha caído
Una leve sonrisa se dibujó en su cara mientras contenía la risa con todas sus fuerzas.
- ¿Debemos parar la procesión? - indaga nuevamente la voz masculina
- No, no podemos hacer esperar a nuestra gente por una persona ajena -. Su sonrisa se amplía más con cada palabra saboreando el momento.
Sin más el palanquín avanza constante y firme, la procesión detrás es ordenada a pesar de los ocasionales murmullos. Al llegar a la base de la escala de embarque las cortinas se abren suavemente. La misma voz que la guío durante el trayecto ahora tiene un rostro.
-Señorita Nyxvaris-, dijo al ponerse de rodillas extendiendo un pequeño frasco con una mirada que busca complicidad- que las constelaciones guíen su camino.
Sin decir palabras toma rápidamente el frasco pero su mano es capturada. Con un ligero beso en la base de sus dedos el joven continúa hablando.
-Puede que no me reconocieras, soy Barak -. Su sonrisa realmente llegaba a sus ojos - Soy amigo de tu primo.
-Su alteza, tercer príncipe-. Al apartar la mano para hacer la reverencia este la tomó por los hombros.
-Tu primo no habla mucho de ti, pero yo siempre quise una hermana.
Las mandíbulas de Esmeray se apretaron instintivamente y sus palmas empezaron a sudar, no importa cómo continúe esta conversación sería malo.
-Desde hoy serás mi hermana menor, siempre que necesites algo ven a buscarme. De todos modos no es como si tú primo fuera a ayudarte por sobre su hermana-. Sabiendo que no obtendría respuesta se colocó detrás de ella y la empujó levemente elevando la voz - Tu puedes hermanita.
Obligándose a no mirar atrás sube por la escalada de embarque y en la parte más alta de la misma abre el frasco y vierte el líquido que escurre lentamente por la madera, cuando este llegó al final dio inicio al embarque de la tripulación de Népiter, lo mismo ocurría en otras dos embarcaciones, excepto por la de Mertuno que desde la caída del palanquín no había podido recuperar el ritmo.
Ya habiendo transcurrido unas horas los habían dividido en dos grupos. Casi sin personal a bordo y sin rastro de estudiantes de años superiores, lo que la alejaba del tercer príncipe.
-Chicas no se queden atrás -. Alentaba la guía- Solo un piso más, recuerden que el piso superior es de ustedes y el inferior de los chicos.
-¿Qué pasa con el del medio? - Indagó alguien.
- No es relevante, sólo las áreas comunes.
Después de un breve recorrido se fueron indicando los camarotes, la mayoría albergaban seis personas, algunas tres pero la suya solo una, a ella misma.
-La señorita más noble de Népiter, privilegios y atención-. Murmuró con desprecio en la soledad del espacio-
Solo somos el ejemplo de que pueden rompernos cuando quieran sin importar el estatus, el eslabón más débil un simple adorno. Me pregunto si Radisha habrá superado su caída
-. Solo de pensar en eso una sutil risa escapó entre sus labios.
Un leve crujido proveniente de debajo de la cama la puso en alerta, sus pupilas se dilataron y sus palmas perdieron temperatura. Al inclinarse para mirar, el barco se sacudió violentamente, tirándola al suelo. Con esto un anuncio llenó cada rincón: Ya hemos pasado la grieta, desde hoy solo son un número más en la academia, lugar, nombre y prestigio solo dependerá de ustedes mismos.
Instintivamente tocó su collar y allí vibraba un lazo realmente fuerte aunque ella no quisiera admitirlo.
- Tengo mis anclas, no estoy sola-. Se reconfortaba cuando el crujido volvió.
Una segunda sacudida apagó las velas y el camarote se sumió en la oscuridad. Sobre sus piernas sentía un dolor punzante y de su collar salió una criatura.
La cola de Chip se prendió con una pequeña llama suficiente para ver qué tenía encima.
-¿Puneo? Debías quedarte con Izan -. El gato ronroneó en respuesta y el ratoncito movía su cola molesto haciendo danzar las sombras al mover la pequeña fuente de luz.
La puerta se abrió de golpe apenas sin tiempo para esconder al gato. El ratoncito ladeo la cabeza.
La guía lo miró detenidamente antes de hablar.
- Un ratón de fuego, esperaba algo más- su voz destilaba burla- digno.
- Es útil, leal y de bajo mantenimiento, ideal para la academia.
- Ya veo-. Extiende la bandeja que trae en la mano- Tu cena-. Informó antes de cerrar la puerta, sin darle tiempo de reaccionar añadió- Si necesitas el baño haz sonar la campana solo podrás salir dos veces en el día, elige bien el momento.
Al mirar la escasa ración llamó a Chip al interior del collar y observó con resignación a Puneo sacando la mitad de la avena para quien las mira con desprecio.
Los días pasaron lentamente, sin poder interactuar con nadie a excepción de cuando le entregaban comida o escoltaban al baño.
Su mirada recorrió el amplio espacio, preguntándose si algún conocido había abordado el barco también. Pensando en descansar la última noche antes de llegar a la academia tomó con resignación una pieza de pan y carne seca pero antes de salir una voz hizo eco llamando su atención.
-Mañana llegaremos a la Academia, yo aspiro al área de jinetes -. En el centro del comedor la voz resonaba.
- Parece un pavo real -. Murmuró Esmeray para sí misma.
- Es sanadora -, sus ojos la miraban con pereza - al igual que yo.
Así como llegó se fue. Un escalofrío le recorrió la espalda, mientras se preguntaba quién era aquel chico. Pero su atención fue rápidamente redirigida con la llegada de un hombre, desde que entró solo se escuchaba el sonido de sus pasos.
-Jóvenes y señoritas, me presento soy su supervisor en jefe, teniente de navío Daly. Imagino que nunca han estado en un banquete, ya sea por su estatus o porque aún son muy jóvenes. Espero que está noche coman, disfruten y descansen; lo necesitarán-. Con sus palabras un sin fin de platos entraron en el comedor reemplazando las sencillas raciones y el ambiente cambió.
La comida era abundante y variada, algunos tomaban grandes bocados con sus manos otros esperaban que los más espabilados dejaran lugar. Ver tanta comida fresca es un lujo exclusivo de la alta nobleza.
Se que no escatiman, pero es excesivo
-. Agudizando su vista continuó divagando sin prestar atención a nadie en particular barriendo cada rostro con rapidez-
Confinados en nuestros camarotes toda la semana, si veo cómo se comportan puedo buscar aliados
-. Al menos eso pensaba.
Un fuerte olor dulce llenaba el ambiente, algo que ella no podía reconocer pero su vista se nublo ligeramente y un espeso humo blanco ascendía desde las uniones de la madera. Con gran esfuerzo giró su mirada hacia Daly, este reía o al menos eso creía ya que el sonido no llegaba a sus oídos. La comida en el suelo y aglomerados en la salida los aspirantes cayeron uno a uno.
La superficie danzante del agua mecía con brusquedad las burbujas que en ella se posaban. En su interior los aspirantes yacían dormidos.
-Buena suerte renacuajos -. Fue la última instrucción de Daly antes de chasquear sus dedos, mientras las ahora siete embarcaciones se alejaban lenta y constantemente en todas direcciones fusionándose con la noche.
Los ojos le ardían y sus pulmones luchaban por encontrar oxígeno.
Está salado
-. Era en todo lo que podía pensar cuando su cabeza salió a la superficie la golpeó el rugido de las olas que se mezclaban con gritos sin una fuente clara. -¿Puneo? -. Murmuró intentando no tragar agua.
Al girarse chocó contra alguien y ambos se hundieron. Una mano cálida la toma por el brazo sacándola a la superficie, sin poder distinguir quién la mantenía a flote.
- Esmy, debes calmar tu respiración.
El silencio se implantó entre ambos, sin soltarla por un segundo, aunque ella intentaba liberarse su cuerpo no respondía- Joven Kister, debería buscar a su prometida en vez de ayudarme a mí.
- Así que puedes reconocer mi voz a pesar de no verme-. Exclamó alegremente negándose a confesar que dejó caer el palanquín para huir de su prometida, rogando que el enojo la mantuviera alejada por un buen tiempo.
Cuando su cuerpo se liberó del agarre se topó con una tabla, aferrándose a ella como salvavidas se dispuso a intentar encontrar la dirección correcta, pero lo único que distinguía eran las olas que reflejaban la luna y pequeñas luces de colores flotando en la superficie a la lejanía. Sin embargo el número de voces a su alrededor parecía haber disminuido.
Al tocar su cuello se percató de la ausencia de su collar. Sus movimientos son cada vez más bruscos y desesperados, interrumpidos por la misma voz de antes.
- Los supervisores nos quitaron nuestras pertenencias antes de sacarnos del barco, tus anclas están a salvo- habla con confianza, demasiada para el gusto de ella - nos las devolverán al llegar a la orilla.
- ¿Cómo? -. Su voz apenas un susurro, su mente tiritaba más que sus dientes impidiéndole hablar con claridad.
- Si encontramos la orilla recuperarás a Puneo. Ayúdame a encontrarla y yo te llevaré hasta ella.
Al mirar el cielo señala hacia la izquierda, al ver que este no se movía sigue su mirada, una gran parte de los aspirantes nada en dirección contraria siguiendo por dónde se fue la embarcación principal- Las aves buscan tierra firme para descansar, no un barco que se adentra en el mar-. Explicó con esfuerzo.
Sin saber cuánto tiempo ha pasado todavía no se distingue tierra firme, pero sin importar cuánto naden parece no haber fin.
Habiendo transcurrido un par de horas no paraba de preguntarse si eligió el camino correcto, su cuerpo no dejaba de temblar. Ya no escucha a su acompañante, en realidad no escuchaba nada. Sus dedos seguían aferrados a la tabla o eso pensaba ya que no se había hundido.
-Esmeray reacciona - su vista enfocó con esfuerzo un rostro que le desagrada.
-Sam, tengo frío.
Sus ojos luchan por mantenerse abiertos, mientras sus pensamientos se alejaban.
Samael, ya no es Sam, es el joven Kister.
-Algo me tocó, algo me sigue-. A tan solo unos metros los lamentos de un chico se hicieron presentes- Yo, yo me rindo. Quiero volver a ...- el agua simplemente se lo tragó.
- Nada, solo nada- gritó.
Sola entre las olas, maldice por lo bajo anhelando aunque fuera aquella incómoda compañía. Hacía horas que lo había perdido en el caos o eso sentía ella, no podía distinguir distancia ni tiempo solo la soledad del momento.
Con las manos entumecidas, cada movimiento era una tortura, cada roce, sombra y sonido una persecución, una advertencia.
Mirando hacia la profundidad sin distinguir ni su propio reflejo, la superficie se movió bruscamente y un alarido escapó de su garganta, con todas sus fuerzas se alejó de aquel lugar sin saber cuánto ha avanzado, su cuerpo la obligó a detenerse nuevamente.
Aquellas luces de colores que desde el principio los acechaban se alejan y acercan a voluntad, así como aparecen pueden desaparecer o multiplicarse.
Algo me sigue, la cosa que se tragó a aquel chico viene por mí, me ha seguido todo este tiempo. Necesito salir de aquí a dónde sea, ¿y si pido renunciar? No, eso no es opción, no le daré la razón a ese viejo, haré que se arrepienta, que
- su respiración se cortó, bajando lentamente por su espalda una sensación caliente y viscosa.
-El líquido de esta alga es excelente para entrar en calor, ¿no crees? - exclamó ladeando la cabeza antes de suspirar- Ella también se desmayó.
Al abrir los ojos lo primero que ve es el cielo ya sin estrellas al intentar sentarse se cae al agua. Rápidamente es sacada a la superficie.
-El sanador-. Murmuró
-¿Puedes nadar? Me cansé de llevarte.
-No tenías que hacerlo en primer lugar-. Su voz se apaga lentamente al notar un calor reconfortante en su cuerpo.
-Te desmayaste por mi culpa, pensé que eras alérgica al alga Rasol.
-¿Algas? - una risa involuntaria se escapa de sus labios- ese líquido caliente era por las algas, pensé que era saliva.
- ¿Y por qué te escupiría?
Por mi cordura fingiré no haberlo escuchado
-. Mirando a su alrededor se percata de una gran montaña- ¡Ya casi llegamos, eres un genio!
- Solo nadé en la misma dirección que tu seguías. ¿Puedes nadar?
- Si, ya me bajo-. Su cuerpo ya no tiritaba y su pelo estaba humedecido -
Hace cuánto rato está empujando esta tabla conmigo.
- No pesas, la tabla era más pesada que tú-. Fue lo último que dijo antes de alejarse.
-Su pelo parece espuma-. Susurró al aire, antes de enfocar su vista en la montaña, con la poca claridad que el cielo prestaba continuó nadando.








