Capítulo I: Presupuesto y Proyecciones
El sol brillaba sobre los magníficos 42 acres de Haghase de Kirimizli. En el centro del predio, sentado sobre un tronco podrido mientras se impregnaba el bigote con cera de abeja real, el Rey Razeh contemplaba sus dominios.
—¡Es un feo y está calvo, Majestad! —gritó el Bufón desde una distancia prudencial. —Galileo —dijo Razeh sin levantar la vista del espejo de mano—. Arrójalo al foso.
Galileo, sosteniendo un hacha más grande que un ternero, suspiró levemente bajo su capucha de cuero (mientras fantaseaba con que alguien lo amarrara fuertemente con cuerdas de cáñamo) y empujó al Bufón al agua. Abajo, el Kraken ya agitaba sus tentáculos con un entusiasmo francamente cuestionable y propio de la animación asiática no censurada.
—Necesito un castillo —declaró Razeh, limpiándose los dedos—. Las elfas del reino vecino no van a venirse en un establo para cuando aplique la Ley FVCK. Feimina, tráeme a los contratistas.
Feimina ajustó sus anteojos redondos, miró su libreta de papiro y dio un taconazo con sus 1.45 metros de estatura. Minutos después, aparecieron los chalanes liderados por Torose, quien venía rascándose la panza bajo su túnica azul. A su lado, el Capitán Jeff Fisher intentaba alinear a la guardia, aunque terminó distrayéndose con una mariposa.
—A ver, Torose —dijo el rey—. No tengo tiempo para mampostería. Tráeme al mago rubio ese que no habla al hacer magia... el nerd ese que invoca cosas. Sí… Hará un castillo con madre de un tris.
Feimina y Torose se miraron. En cuanto escucharon la palabra “nerd”, enviaron una paloma mensajera con orden de captura para “un wero con anteojos y varita”.
![Eres mía [#1]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_4344f13bc3a0abb8b1c504d5bd3ac0a3.jpg)







