Capítulo 1
—Esta ropa es maravillosa, Diva. Es tan suave, abrigada y hermosa que a mi niña le encanta usarla; no le molesta para nada al caminar. Definitivamente te comprare si haces más.
El orgullo que sintió la joven Diva con las palabras de su prima Linda fue el motor para empezar a crear prendas suaves con su propio cabello. Era un proceso difícil a sus tiernos trece años, pero con el tiempo aprendería a la perfección, estaba segura. Había adorado aprender a coser junto a su madre, confeccionando pequeños conjuntos para ella y los futuros hermanos que se suponía algún día tendría. Aunque esos hermanos y hermanas nunca llegaron, ella mantenía la esperanza de utilizar esas enseñanzas para establecerse en la Ciudad del Lino algún día, y poder tener su propio taller de ropa para los niños pequeños de las distintas ciudades y, en el futuro, para sus propios hijos.
A la joven coneja de la raza angora le encantaba ir con su padre a la ciudad. Allí, él vendía el cabello de su clan a distintas hilanderas, y Diva había aprendido el proceso viéndolas trabajar mientras lo esperaba. Para ella era fascinante ver cómo ese cabello suave, pero molesto, que parecía crecer sin control, podía transformarse en hilos delicados; y saber que esos hilos se usaban para productos de lujo.
Ese año, ella había decidido separar una parte e intentar crear el hilo por su cuenta. Su madre y sus primos también le cedieron algunos mechones para que pudiera cumplir su meta. Le tomó una semana entera refinarlo, pero había valido la pena.
Le había entregado el primer suéter y los primeros pantalones a su prima Linda hacía dos meses para su hija Poppy. La pequeña de tres años nunca podía quedarse quieta y solía quitarse la ropa porque era muy rígida y no le permitía moverse con comodidad. Diva había visto el problema, intentó solucionarlo y ahora se alegraba mucho de haberlo hecho. Ver a la pequeña Poppy corriendo por todas partes la hacía muy feliz.
—¿Irás al festival de la gran noche del almacén? —preguntó Linda.
Diva asintió con la cara roja. No podía evitarlo; saber que participaría con sus padres era emocionante, pero entender que el pueblo estaría lleno de habitantes y de otros visitantes que venían a participar le resultaba agobiante. Pero sus padres querían que asistieran, así que ella iría.
…………………….
Cuando Linda se marchó junto a Poppy y su gran vientre de embarazada, la madre de Diva, Eva, entró con un vestido de mangas largas, pero fresco, de colores pasteles y un montón de lazos para el cabello. Eva adoraba a su única cría, su hermosa conejita de rostro sonrojado y mirada cariñosa. Para ella, su niña era el ser más hermoso y frágil del mundo, y debía mimarla con todo su ser.
—Cariño, ponte este. ¿No es hermoso?
El vestido largo de colores brillantes y mangas anchas nunca habría sido la elección de Diva. Era demasiado llamativo, demasiado largo, con demasiados encajes… Un vestido diseñado por completo para llamar la atención. Ella le sonrió a su madre, agradeciéndole el tiempo que se había tomado en coserlo; se lo puso y le modeló a la mujer, que la miraba con ojos brillantes. Luego, se sentó frente al hermoso tocador blanco que su padre le había construido, mientras veía por el espejo cómo su madre le hacía pequeñas trenzas y le colocaba un montón de lazos pequeños.
Cerró los ojos tratando de evitar la vista, pero era difícil. No sabía cómo decirle a su madre que ese no era el tipo de ropa que ella usaría. El tiempo que la mujer se había tomado en confeccionarlo era demasiado como para que ella simplemente lo despreciara, así que prefirió ignorar sus gustos, sonreír y pasar un lindo momento con su familia.
……………….
El ambiente de la plaza estaba lleno de personas con sus mejores atuendos, niños corriendo bajo los ojos vigilantes de sus padres, luces de farolas y guirnaldas de papel, flores y telas en la gran plaza central. También se escuchaba el hermoso canto del coro del clan de aves que el pueblo había contratado. Este había sido el festival más grande hasta ahora; la ocurrencia de cambiar la fecha al inicio del otoño en lugar del final había sido todo un éxito.
Pero lo que más le gustó a Diva fueron los pequeños puestos de ventas que sus vecinos habían improvisado.
Tal vez el próximo año ella también podría poner el suyo. Ver cómo las personas se acercaban de puesto en puesto, comprando, charlando y riendo, la ponía muy nerviosa, pero a la vez despertaba todo su entusiasmo. Sí, el próximo año ella también participaría. Trabajaría todo el año en tejer cosas hermosas que Vendería y comenzaría a ahorrar para cuando abriera su taller en la Ciudad del lino.






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