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Confusión Adolescente

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Sinopsis

Carlos está interesado en conseguir novia en su último año de secundaria. Simples confusiones pueden cambiar todos los planes.

Genero:
Romance
Autor/a:
DaliaG White
Estado:
hace 4 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

La Carta

—Las eucariotas son aquellas cuyo material genético se encuentra encerrado en un núcleo verdadero, delimitado por una doble membrana. A diferencia de las procariotas, poseen un citoplasma altamente organizado con orgánulos membranosos. Incluyen animales, plantas, hongos y protozoarios.

—¿Entiendes lo que está diciendo?

—No entiendo ni madres —. Miro como José se pone el gorro de su sudadera, se agacha sobre su escritorio y se esconde detrás de Juan, para seguir jugando en el teléfono.

—Las células eucariotas contienen en principio mitocondrias, orgánulos que habrían adquirido por endosimbiosis de ciertas bacterias primitivas, lo que les dota de la capacidad de desarrollar un metabolismo aerobio. Ingresa al link si quieres sa…

—¿Cómo dijiste Eduardo? —interrumpe la maestra.

—… Que les pasaría un link para que conocieran más sobre la célula eucariota, profa.

—Dame las notas que trajiste.

Eduardo le pasa una libreta, la maestra lee y entonces levanta la mirada, pone una de sus manos en su cabeza, frunce el ceño como si le hubiera llegado un dolor repentino. Tal vez estaba considerando cambiar de trabajo para no tener que lidiar con adolescentes en secundaria.

—Les dije que podían traer notas para guiarse en las exposiciones. Pero tú, Eduardo, pegaste una hoja de máquina sobre esta libreta. Estás leyendo algo que copiaste de internet. Dime, ¿qué fue lo que entendiste?

—¿Reprobé? —pregunta Eduardo en su lugar.

—Todavía no. Siéntate. ¿Quién sigue?

—Yo —Juan toma la cartulina sobre su escritorio y se dirige hacia el pizarrón. La persona que esconde a José lo ha dejado al descubierto.

—¡José! Dame ese teléfono.

El grito de la maestra lo asusta, no puedo evitar soltar una carcajada. No tengo idea de cómo este wey siempre pasa los exámenes, nunca estudia. Biología, historia, geografía, siempre está distraído en cada una de las materias que tenemos.

—¿Podré recogerlo al final de clase verdad?

—Sí, pero si vuelve a ocurrir tendrán que venir tus papás.

José resopla molesto. No tiene más remedio que ver como Juan tiene problemas para colocar la cartulina. Se forma una pequeña sonrisa burlona en sus labios.

—José, pásame cinta —. Le ordenan.

—Carlos, ¿tienes cinta? — Me voltea a ver —. No tengo en mi lapicera.

—Imbécil. Lo único que cargas ahí es un lápiz —. Meto mi mano en mi mochila. Pero solo encuentro una cinta color rosa de princesas. Tal vez mi hermana la puso ahí.

—¿Qué pedo con tu cinta? —pregunta José en cuanto se la doy.

—Chicos —aplaude la maestra —. Rápido, no tenemos todo el día, todavía faltan más exposiciones —. Se dirige a su escritorio, revuelve papeles, toma una carpeta color crema y la utiliza como abanico.

No presto mucha atención a lo que dice Juan y su colorida cartulina. Esta clase me aburre demasiado, solo necesito repasar sobre el tema para aprenderlo rápidamente. Nunca me he considerado una persona estudiosa, en realidad, casi nunca estudio, pero fue en primer año cuando me di cuenta de que podía sacar buenas calificaciones con facilidad. Tengo cosas más importantes que pensar.

—Oye, Marce —susurro a mi lado izquierdo.

—¿Qué quieres?

—Me debes un favor.

Marce rueda los ojos, pero después asiente. Claro que me lo debe, hice su tarea de historia durante toda la semana.

—¿La tienes? —pregunta al tiempo que se acomoda los lentes.

—Chicos. Silencio —. Nos llama la atención la maestra.

—Sí —continuo en voz baja. Esta chica morena, guapa, pero amargada, será mi mensajera. Hojeo mi libreta, entonces saco un sobre. Tiene una carta.

—Para Ariel, 2B. Ya sabes, el salón cercano a los baños de los profesores.

—Ya sé cuál es el salón. Ahí va mi amiga Inés, ¿la recuerdas?

— No, no me interesa —digo —. Solo haz lo que te pedí.

—¿Por qué no simplemente vas y la invitas? Eres un miedoso.

—A las chicas les gusta este tipo de cosas, ¿no? Pensará que soy un romántico.

Las personas aplauden cuando Juan termina su exposición, así que aprovecho para darle el sobre a Marce y me uno a los aplausos. Desde hace medio año una chica llamó mi atención, y esa es Ariel. Es bastante popular en la secundaria, tiene el cabello color azabache y tan largo que le llega a la cintura, además de unos ojos verdes preciosos, es casi tan alta como yo. No podía permitir ser el único del grupo sin una pareja antes de la graduación. Hasta el inútil de José tiene novia.

—Yo creo que eres un cursi —Marce gira la carta sobre sus manos. Por un momento temo que quiera leer lo que contiene.

—No la abras —digo.

—No quiero leer cursilerías. Y menos si vienen del ser menos romántico que conozco.

—Como sea. Ariel, 2B.

—Sí, sí —. Marce sacude la mano en el aire y gira sobre su escritorio. Nuestra conversación terminó.

—Carlos, recuerda que mañana serás el primero en exponer —. Me dice la maestra mientras sale del salón. No me di cuenta cuándo recogió sus cosas.

—Sí maestra.

—Chicos, vamos a la cafetería. Quiero unas obleas con salsa —dice José emocionado.

—¿Solo eso tragas wey? —pregunta Juan.

—Te dolerá la panza si comes eso todos los días —digo —. Bien hecho —. Me dirijo a Juan —. Gracias a ti no tuve que exponer hoy, tardaste mucho.

—Solo dije lo necesario, te miré, no pusiste atención.

—No entiendo de que se preocupan. Los dos son unos cerebritos. Mejor rolen la tarea de ética.

Los tres salimos del salón para ir a la cafetería. Tenemos solo diez minutos entre clases para poder ir al baño, cafetería o donde sea.

—No paso la tarea gratis —digo.

—¿No somos amigos?

Atravesamos la jardinera que está en el centro de la secundaria. Nuestro salón se encuentra al otro extremo de la cafetería.

—Mira quien va ahí —dice José.

—¿Dónd..? — Al voltear choco con una persona. Un chico más bajo que yo, está gordo —. Fíjate por dónde caminas, pendejo.

—Tú te atravesaste, baboso.

—¿Qué le pasa a ese? — Juan se apresura para alcanzarlo. Pero José lo detiene del brazo.

—Deja en paz a ese gordo. Dicen que se agarró con Ulises.

—¿El de 3E? — Mi sorpresa se nota en mi rostro —. Tiene que ser una broma.

—No sé si lo has notado, pero aunque luzca así, nadie lo molesta.

Intento mirar nuevamente a esa persona, pero se ha perdido entre la multitud de alumnos. Ulises es el más problemático de toda la secundaria. ¿Por qué era la primera vez que escuchaba un chisme así? Continuamos caminando hacia la cafetería.

— ¿Y cuándo pasó eso? Ni siquiera me enteré.

—El año pasado… — José se detiene en seco. Tiene un rostro dubitativo, como si fuera a contar alguna historia de terror —. Según dicen, su papá anda en cosas turbias, y cuando se metió en problemas con Ulises, aparte de que le dio una golpiza, lo amenazó.

— ¿Cosas turbias? —pregunta Juan confundido.

—Sí, pandillas, narco, lavado de dinero. Que sé yo, tampoco quise investigar sobre eso.

Antes de que podamos seguir hablando, suena la campana que indica que se ha terminado el tiempo. Debemos regresar a clase.

—Noooo, wey, yo quería mis obleas con salsa. Creo que hablé demasiado.

—Ni modo, no falta mucho para el recreo. Regresemos, porque toca álgebra y no quiero perderme la clase.

—Sí. Yo tengo cosas que preguntarle al profe —digo.

—Ah, son unos aguafiestas, jamás me podré ir de pinta con estos amigos que me cargo.

Solo caminamos en vano, e incluso tuvimos que correr al final para lograr entrar a clase. El profesor Humberto no perdona ni dos minutos de retraso. Apenas me siento, miro fijamente a Marce esperando una respuesta, rodar los ojos es su hábito, niega con la cabeza.

Debemos resolver un ejercicio en parejas, perdón por Carmen, pero en esta ocasión, su amiga se juntará conmigo.

—¿Entonces?

—Todavía no se la doy. Diez minutos entre clase no es suficiente. Lo haré en el recreo.

—No hice tu tarea toda la semana para nada.

—Ya te dije que en el recreo. Y si no, deja de ser un tibio y ve tú.

—Bien —resoplo. —Ya resolvamos el ejercicio.

Marce sonríe. Antes de iniciar con la actividad escribe la fecha sobre la parte superior de su libreta, agrega una pequeña estrella al final, como siempre.

—Sabes… — Empieza —. Tú eres bueno con los números. Resuélvelo tú. Eres un sabelotodo.

—No, debemos hacerlo juntos. Oye…

—¿Qué? —pregunta.

—¿Has escuchado rumores de que alguien le partió la madre a Ulises? Un gordo.

—No sé de qué hablas, ¿un gordo? Que yo no sepa, no. Pero suena divertido, le voy a preguntar a Inés —. Entonces cambia de tema —. Sabes, me causa gracia que seas el único sin novia.

—No te burles demasiado pronto. Porque eso va a cambiar.

—Ya veremos —Marce sostiene su lápiz entre la nariz y sus labios —. Ya veremos. ¿Puedo regresar con Carmen?

—De acuerdo.

Tomo mi lápiz, resuelvo rápidamente el ejercicio. Me quedo viendo por la ventana, los nervios se apoderan momentáneamente de mí, es la primera vez que entrego una carta. Volteo a ver a mis amigos, parece que José no entiende la explicación de Juan.

—Toma —. Me dice el profesor. Me sobresalto al escucharlo —. Un ejercicio avanzado para ti.

—Gracias —sonrío —. Ya me estaba aburriendo, profe.

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