Capítulo 1
Londres siempre olía a prisa. A café barato, lluvia recién caída y personas demasiado ocupadas como para detenerse a mirar a alguien más. Celine Ashwell se había acostumbrado a existir así. Sin ocupar demasiado espacio. Sin hacer ruido. Sin esperar demasiado de nadie. El reloj de la estación marcaba las 6:17 de la mañana cuando salió del turno nocturno de la cafetería con los dedos helados y el cansancio adherido a la espalda como una segunda piel. La ciudad apenas despertaba. Los taxis salpicaban agua sobre el pavimento mojado, algunas luces seguían encendidas detrás de edificios antiguos y el viento frío de noviembre le golpeó el rostro apenas cruzó la puerta del local. Había dormido tres horas. Tres horas miserables que no alcanzaban ni para engañar al cuerpo. Pero dormir demasiado era un lujo reservado para personas con dinero, estabilidad emocional o padres vivos. Y Celine no tenía ninguna de las tres. La cafetería tampoco ayudaba. Turnos eternos. Clientes groseros. Pedidos mal escritos. Café derramado sobre el uniforme. Sonrisas falsas tan agotadoras como limpiar mesas pegajosas a las dos de la mañana. A veces abría el local antes del amanecer y otras cerraba pasada la medianoche. Había días donde hacía ambos turnos seguidos porque las cuentas no esperaban, la renta tampoco y la universidad mucho menos. Al principio creyó que podría soportarlo. Trabajar. Estudiar. Sobrevivir. Pero la realidad no negociaba con nadie. Y el agotamiento terminaba cobrándose todo. Ajustó la bufanda alrededor de su cuello mientras revisaba por quinta vez el correo desde el celular. Nada. Ningún mensaje. Ninguna actualización. Ninguna respuesta sobre la convocatoria del Proyecto Vanguard, el programa académico más prestigioso de Weston University. Una beca. La oportunidad de representar a Weston en Edimburgo junto a un grupo selecto de estudiantes. Y también la única posibilidad real que tenía Celine de seguir pagando Medicina sin destruirse trabajando. Respiró hondo. Todavía no podía permitirse derrumbarse. Aunque muy dentro de ella sabía que aquella beca representaba mucho más que una oportunidad académica. Era una salida. Una manera de respirar. Una posibilidad de construir algo parecido a un futuro. Subió al autobús y tomó asiento junto a la ventana empañada, abrazando la mochila contra el pecho. Dentro llevaba apuntes subrayados, hojas dobladas, bolígrafos sin tapa y una libreta llena de fórmulas médicas escritas con tinta azul. Pero también llevaba algo mucho más peligroso. Esperanza. La misma que aprendió a no sentir demasiado desde los diez años. Desde el accidente. Todavía podía recordarlo algunas noches. El ruido metálico. Los vidrios rompiéndose. La sangre. Los gritos. Después...Nada. Solo hospitales. Pasillos blancos. Personas mirándola con lástima. Y luego el orfanato. Paredes frías. Comida horrible. Niños rotos aprendiendo a sobrevivir como podían. Ahí entendió algo importante. Nadie iba a salvarla. Tenía que hacerlo sola. El celular vibró entre sus manos.
Hailey: —¿Sigues viva o oficialmente te convertiste en zombie universitario?
Celine: —Buenos días para ti también.
Hailey: —Son las seis de la mañana, Celine. Esto ni siquiera cuenta como horario humano. A esta hora las personas normales siguen dormidas abrazando su dignidad.
Celine: —Ya salí del turno.
Hailey: —Eso no respondió mi pregunta principal.
Celine: —¿Cuál?
Hailey: —¿Dormiste o simplemente cerraste los ojos veinte minutos mientras estudiabas anatomía?
Celine: —Dormí algo.
Hailey: —Esa respuesta me preocupa muchísimo.
Celine: —Tres horas.
Hailey: —Perfecto. Cuando colapses en medio del campus voy a vender entrevistas diciendo que fui tu mejor amiga. Necesito sacarle provecho económico a tu tragedia.
Celine: —Eres horrible.
Hailey: —Pero carismática. Hay diferencia.
Celine: —No estoy segura de eso.
Hailey: —Claro que sí. Las personas horribles no preguntan si sus amigas desayunaron.
Celine: —¿Estás preguntando eso?
Hailey: —No. Honestamente no me importa. Solo quería parecer buena persona cinco segundos.
Hailey: —Mi mamá volvió a insistir con que deje Medicina y estudie algo “más elegante”.
Celine: —¿Más elegante que salvar vidas?
Hailey: —Según ella, sí. Dice que una Bennett no debería pasar noches enteras estudiando cadáveres.
Celine: —¿Y qué le dijiste?
Hailey: —Que prefería ver órganos humanos antes que hombres ricos hablando de inversiones durante tres horas.
Celine: —Eso debió salir excelente.
Hailey: —Mi padre casi se atraganta con el vino.
Celine: —Hoy publican los seleccionados para el Proyecto Vanguard.
Hailey: —Vas a quedar.
Celine: —No lo sabes.
Hailey: —Sí lo sé. Das miedo académicamente hablando. A veces siento que si abro tu cerebro voy a encontrar fórmulas flotando en lugar de pensamientos normales.
Celine: —Eso sonó perturbador.
Hailey: —Pero cierto. Además, nadie estudia como tú.
Celine: —Hay personas mejores preparadas.
Hailey: —Sí, probablemente. Pero ninguna tan obsesiva.
Celine: —Gracias... supongo.
Hailey: —Fue un cumplido, psicópata académica.
Celine: —Tengo miedo de no lograrlo.
Hailey: —Ey. Mírame.
Celine: —No puedo. Estamos hablando por teléfono.
Hailey: —No arruines mi momento emocional con lógica.
Celine: —Lo siento.
Hailey: —Escúchame bien, Celine Ashwell. Te rompiste la espalda trabajando, estudiando y sobreviviendo mientras medio campus llora porque la cafetería no tenía leche de almendras. Mereces esa beca más que cualquiera.
Hailey: —Y cuando quedes vas a terminar encerrada durante meses haciendo investigaciones eternas con algún estudiante insoportable.
Celine: —Eso suena terrible.
Hailey: —Lo será. Especialmente si te toca alguien de Administración.
Celine: —¿Por qué?
Hailey: —Porque la mayoría se creen dueños del mundo.
Celine: —Qué agradable imagen acabas de darme.
Hailey: —Estoy ayudando a prepararte psicológicamente.
Celine: —Lo haces fatal.
Hailey: —Lo sé.
Hailey: —Aunque si me preguntas, el peor de todos debe ser Derek Vancroft.
Celine: —Creo haber escuchado ese nombre.
Hailey: —Todo Weston lo ha escuchado.
Celine: —¿Quién es?
Hailey: —Heredero multimillonario. Deportista. Popular. Inteligente. Ridículamente atractivo, según media universidad.
Celine: —Suena insoportable.
Hailey: —Exactamente.
Celine: —Ya me cae mal.
Hailey: —Ni siquiera lo conoces.
Celine: —No necesito conocerlo para sospechar de alguien que tiene demasiadas cualidades perfectas.
Hailey: —Eso fue prejuicioso.
Hailey: —Definitivamente eres mi persona favorita.
El autobús se detuvo frente a la universidad. Los enormes edificios de piedra se alzaban entre la niebla matutina. Celine observó el campus a través de la ventana. Su estómago se tensó. Porque en algún lugar de ese día la estaba esperando una respuesta. Una que podía cambiarlo todo .Y aunque intentaba mantenerse tranquila...El miedo seguía ahí. Silencioso. Persistente. Esperando junto a la esperanza. Sin que ella supiera cuál de los dos terminaría ganando.


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