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El Amor De Dos Cuidadores

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Sinopsis

Henry es un joven adulto, pero en lugar de ir a la universidad él ha vívido seis meses como un bebé de menos de dos años en una guardería, recientemente ha tomado la oportunidad de vivir con dos cuidadores en un nuevo hogar. La vida de bebé sería tan sencilla... Si tan solo no estuviera enamorado de ambos, ¿decidira perseguir sus sentimientos por Matthew y Hanna?, ¿o dejara ir lo que siente por la pareja para sumirse en una regresión aún más profunda?

Genero:
Erotica
Autor/a:
Henr1Kobal
Estado:
hace 4 horas
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

1. Cariño matutino


[Henry]

Me encontraba acostado en mi habitación, sentía el peso de mis párpados, que le quitaba las ganas a mi cuerpo de despertar, sino fuera por la luz de una pequeña ventanilla en la parte superior de mi pared nunca habría tratado de dar ese último esfuerzo, abrí mis ojos poco a poco hasta que un último bostezo terminó de despertarme del todo. Me quedé mirando solo a la pared, al armario, a la colorida decoración, y por último a mi cama, rodeada con barrotes pero a la vez con cojines, una cobija que por más que me mueva por las noches siempre me cubre por completo, y lo más importante, mi peluche favorito: Bali. Un cordero algo cabezón de color morado, que es ese gran amigo que siempre hace todo mucho más facil.


Solo con tener estas cosas a mi lado en las mañanas, me daba cuenta de que estaba viviendo mi normalidad, de que no vivía precisamente la realidad normal para un chico que tiene diecinueve años, de hecho lo contrario, confieso que vivo como si tuviera muchos menos años, como si fuera un bebé de un año y medio. Si… usando pañales, biberones y todas esas cosas infantiles.


La forma en la que mi vida se transformó la contaré en algún otro momento, pero en mañanas así… Solo podía sentir que estoy justo donde debería estar, que soy muy feliz y que no lo cambiaría por nada. Aunque lo que sí es verdad, es que hay un par de deseos que aunque me apenaban y se que son una ridiculez, estaría más que feliz si se hicieran realidad. Pero ya era hora de levantarse y aunque no dependía tanto de mí, hay algo que podía hacer para poner en marcha ese proceso.


“Buaaaaaah…” Soltaba un bostezo algo exagerado hacía cierta dirección, esperando lograr captar la atención de cierto aparato, y me sentaba a esperar a que ocurriera la magia.


No tardé mucho en escuchar unos pasos aproximándose a mi habitación, y el sonido de la puerta abriéndose me hizo prestarle toda mi atención a la entrada, podía ver a la persona que se acercaba a mí, que dirigía la sonrisa más brillante de todas e hizo que me asomará sobre los barrotes de la cuna para poder devolvérsela con otra igual de amigable.


“Buenos días, bebé,” decía dando unos pasos y poniendo su mano sobre mi pelo, que se sentía grande y tierna en mi cabeza. No pude evitar dar un balbuceo para devolverle el gesto una vez más, mientras movía la boca recordé el chupón amarillo que sostenía con la lengua, y que se sentía tan relajante cada hora del día. Matty solo se reia suavemente y me lo quito de la boca, dejándolo colgado en el broche de mi pecho con un lazo celeste, a lo que respondí con un quejido suave, “Perdón, bebé, se que te gusta mucho, pero si lo usas toda la noche quiero que tu boca descanse en las mañanitas,” hablaba en un susurro comprensivo que si me calmo un poco.


Matty o Matthew siempre ha sido así, él es amoroso; no como el tipo de persona que solo saluda solo con besos, sino que él verdaderamente ama y aprecia a todos y todas, es siempre super considerado con sus amistades, como yo, y sobre todo con su novia. Con su pelo negro rizado tan bien peinado y su cuerpo tan muscular, siempre transmite lo caballeroso que es, incluso con su gusto algo alarmante por camisetas con estampados de corazones.


Con una breve sacudida desperté de mi estupor, “Vamos Henry, no puedes quedarte ahí todo el día, seguro que tienes hambre,” declaraba al agarrarme de las axilas para cargarme sin dificultad con un solo brazo, que me tenía con mi cabeza posada en su hombro. Balbucee un par de cosas en agrado, no tengo problema con hablar siendo bebé pero aveces siento que es algo opcional que no necesito hacer todo el tiempo, tanto mis cuidadores como el resto de mis amigos entienden eso muy bien.


Matty me mostró otra de sus sonrisas. “Jejeje, agárrate bien al tren Matty, rumbo a ver a nuestra querida Hanna, ¡para poder llenar esta pancita!” Enfatizó esa última parte tocándome con un dedo la barriguita, causando que salieran risas bajas por mi boca. En momentos así, solo puedo pensar en cómo con pequeños gestos me hace sentir tan incluido. Su personalidad es tan… linda, mañanas así siempre me recuerdan a las mariposas que se forman en mi estómago cuando pienso mucho en él…


Mientras trataba de no pensar en el rubor que se formó en mis cachetes y mis orejas, Matty me llevaba a la cocina, donde se encontraba Hanna, que tenía su pelo lacio en un coleta y tenía puesto un delantal de color rosa muy suave, ella volteba a mirarnos a ambos con una mirada muy calida.


“Veo que ya trajiste a Hen. ¿Se despertó bien mi lindo bebito?” Preguntaba mientras me tocaba suavemente la cara, yo solo asentia mientras me derretía en su tacto, a lo que ella reaccionó de forma eufórica. “Aww, que feliz me hace sentir eso, bebé. En un momento voy a acabar con la comida de Matty, y luego de comer pasaremos algo de tiempo juntos, ¿suena bien?” Eso sonaba maravilloso, la verdad es que pasar tiempo con Hannita es una gran experiencia, es el tipo de persona con la que no necesitas romper silencios incómodos, cosa que alguien como yo que no habla tanto valora mucho. Le devolví una sonrisita y volví a acostarme sobre el hombro de Matty. Pude escucharlos conversar, aunque trate de no prestar tanta atención.

“¿Estás seguro de que no pasó nada, Matt?”

“Nop.” Dijo con bastante calma. “Solo confundiste un bostezo con un quejido, el desperto bien en su cuna.”

“Es bueno saberlo, perdona por eso, al menos me preocupe en vano.”

“Hanna… sabes cómo es él, Henry no es despertarse con quejidos ni nada así.”

“Ya se, ya se. Solo quería asegurarme de que no haya tenido una pesadilla ni nada, como esto aún es nuevo para todos…”


En eso último si que enfoque mi atención. ¡Ay no! Que tonto fuí, mi plan del bostezo para traer a Matty preocupo a Hannita de más… las lágrimas que se forman en mi ojos son tentadoras pero se que puedo aguantarlas y resolver esto… Solo tengo que hacer que se sienta mejor, de alguna manera.


Me quede maquinando en el hombro de Matty hasta que llegó Hannita con su comida, “Huele demasiado delicioso…” Decia levantándose, dejándome a mí en una silla para comer muy colorida, no sin antes darme un beso en la frente. Me distraje momentáneamente por el pequeño espejo que se apoyaba sobre la mesa de mi silla, ahí me veía a mi mismo, el hoyuelo de mi mejilla izquierda, mi pelo café oscuro corto tan desorganizado y mi ropa azul claro, con el chupón amarillo que colgaba de una cuerda en mi pecho. Sino mal recuerdo, el espejo estaba ahí para que me sienta cómodo, que me auto acepte a mi mismo si estoy de bajón. En verdad no me ayuda mucho ahora, tenía que hacer sentir mejor a Hanna, ser mi “mami” para ella no es solo un rol, es algo que de verdad le fascina y que no podía arruinarle por mis estupideces en la mañana.


“Ya se que te deje esperando, bebé, ¡Pero ya te traje tu comidita!” Se me acercó Hanny dejándome una cuchara en la mano, mientras ponía varias papillas y un néctar enfrente mio. Pero yo tenía un objetivo claro, incluso aunque tenía que hacer algo que no me solía gustar, se que le sacaré una sonrisa con esto.


Le acerque mi cuchara a su mano más cercana, “Nono, mira,” dije con voz aguda, mientras hacía gestos de avión con la mano, esperando que se me entendiera bien, aunque sentí algo de pena por hacer eso.


Me miraba mientras parecía considerarlo, “¿Quieres que te de comer yo?, ¿estás seguro, Henry?” Por como me veía sabía que no me hablaba solo como al bebé que cuidaba con Matthew, sino también como a su mejor amigo con el que estaban haciendo un juego de roles.


Yo solo asentia de forma directa, mientras juntaba las manos suplicando un poco, Hanna se veía demasiado alegre, como si le acabara de entregar la solución a todos sus problemas, sin una palabra más, acercó una cuchara cargada con un puré mientras hacía sonidos de avión muy animados. “Vamos, Henry, el avión va a aterrizar en 3, 2…” Sentia entonces el sabor de la comida en mi boca, mientras sonreía de forma infantil e inocente para Hanna, en el fondo comer así me da algo de intranquilidad, que alguien tenga que dedicar tanto tiempo a que yo coma todo bien en lugar de solo limpiarme al final me parece que debería ser algo cansado para la otra persona, pero yo haría lo que fuera para que Hanna sea feliz, juro que esas carcajadas le dan sentido a todo mi ser…


Tantito apenado pero bastante lleno después de comer, Hanna me traia un biberón lleno de leche caliente, que acepte sin mucha contemplación, abrí la boca y ella metio la tetilla, sosteniendo el bibi por debajo. Podía sentir el sabor de forma clara, mientras la temperatura estaba en un punto ideal, cuando no quedaban sino un par de gotas, Hanna habia separado el biberón de mi boca, dejándome con la sensación de mi barriguita verdaderamente llena, y escuche a Matty levantándose de la mesa, ”Ambos opinamos lo mismo de tu comida, no la cambiaríamos por nada del mundo,” su gran sonrisa se suavizó mientras acercaba sus labios a la mejilla de Hanna, que lo recibió gustosamente. “Yo tampoco cambiaría nada,” dijo ella sosteniendo la mano de Matty de forma suave mientras trazaba círculos con su pulgar.


Pese a lo genial que era mi forma de vivir, sin estrés, aceptación y cariño, los momentos de afecto puro entre ambos seguían siendo super incomodos para mi… Si no fuera por eso, no tendría que confrontar lo que siento por ambos, podría vivir en ignorancia o incluso tener algo más que amistad con uno de los dos, aunque eso es solo ambición… Parecía dificil, pero se que si lo intentaba eventualmente dejaré ir esas ideas tan tontas, ambos son felices el uno y con el otro, y ambos me quieren, tanto como amigo, o cómo su bebé… Es una suerte que yo sea quien esté aquí con ellos, cualquier otra persona los merece más.


“¿Que te tiene tan interesado en tu sillita, bebé?” La voz de Matty me hizo sobresaltarme un poco, haciendo que me le quedara viendo con una expresión de sorpresa, que pena que pena quepena quepena, ¿como se supone que actúe como parte de su maravillosa familia si verlos a ambos quererse tanto me deja con la cabeza por las nubes?...


“Uuuuaaah…” Trate de usar mi opción más confiable para desviar atención, un bostezo algo bajo mientras llevo de forma lenta el chupón a mi boca, esperando que olviden lo que pasó, aunque siento que no tuve mucha suerte…


“Vamos Hen, te acabas de levantar, mi bebé es muchas cosas pero no un perezoso," me hacia saber mientras se agachaba y posaba sus labios en mi naricita, haciéndome sentir demasiado bonito, “Perdón por asustarte, seguro ver a tus papis tan enamorados te dieron ganas de sentir cariñito.” Sentí un pequeño temblor al oír eso y no pude evitar imaginarmelo, yo y Matty dándonos un beso de amor verdadero… Nuestros labios tocándose de forma lenta y amorosa, fue una imagen demasiado poderosa, hasta sentía como todo mi cuerpo se derretia con su tacto, y cómo sus palabras propagaban calor sin ningún esfuerzo.


Podía escuchar los zapatos de Hanna que se acercaban a nosotros, mientras yo mantenía los ojos cerrados y una expresión de esfuerzo, como si estuviera analizando mis pensamientos para que se quedaran siempre conmigo en mi memoría. “Ustedes dos ya han pasado mucho tiempo hoy, yo y Henry también merecemos un momento entre ambos, y yo se donde empezar,” pude sentir un toque suave que desabotonaba todos los botones de mi pañelero en la parte baja, aunque no pude reaccionar tanto hasta que me di cuenta muy tarde de lo que pasaba.


“Sip, sip. ¡Es la hora del cambio!” Ese tono y esa palabra si me hizo despertar del trance, baje la mirada y pude ver los indicadores de que estaba muy mojado, mientras los dibujitos de mi pañal parecían lucían tan coloridos como si buscaran que alguien les prestara atención. Solo pude succionar mi chupete mientras Hanna sin mucho esfuerzo me sacaba de mi sillita y agarraba mi pecho con ambos brazos, dejándome en frente de ella mientras me llevaba a mi habitación.


El calor tan acogedor que sentí antes se había convertido en ese sentimiento que tanto detesto, incomodidad sin ningún escape, mi pañal ni siquiera es tan molesto de cargar, el problema es ser cambiado por ellos dos… Esa posición de vulnerabilidad es simplemente demasiado. Hanna me había dejado parado enfrente del espejo para rebuscar mi armario no sin antes pasar una mano por mi pelo que dejo algunos mechones de pelo asomarse. Ahí pude observarme en el espejo, un tiempo ha pasado desde que iniciaron con lo de hacerme revisar mi propio reflejo, y aún no se como sentirme al respecto.


Mi pelo marrón tan alborotado y sin control, como si mis rizos ni siquiera trataran de ocultar mi inocencia detras de ellos, la suavidad de mi piel, cuyas marcas y puntos no recordaban a la pubertad, todo lo contrario, me hacían parecer incluso más joven. Mi ropa es la mayor culpable; un pañalero color azul claro, con botones y detalles blancos, y mis calcetines amarillos color intenso. Con los botones desprendidos solo podía enfocar mi vista en mi pañal, cuyo tono blanco ya tomaba un pequeño matiz de amarillo, acompañado de los simbolos más infantiles, las primeras letras del abedecedario y unos bloques tricolor con números, diciendole al mundo acerca de mi incontinencia y total dependencia a este tipo de vida.


Todo eso es la verdad, pero yo sé más, sabia que estaba viendo a un chico de diecinueve años que le gusta vivir como si tuviera menos de dos, que le tiene demasiado miedo a las expectativas y a los riesgos como para ser un adulto de verdad, que se ha dejado consumir por sus comforts más profundos, y que sigue siendo demasiado cobarde como para confesarle a las dos personas sus sentimientos…


“Henry, ¿estás aquí?, ¿hola?” El sonido de la voz de Hanna y como mi cuerpo se mecia de adelante a atrás siguiendo su mano fue lo que me recibió al volver a la realidad, junto a la sensación de la marca de una lágrima que recorría mi cachete, decidí voltearme a verla, esperando sin éxito que su cara no esté tan preocupada por algo que no lo amerita.


Solo vi su mirada solemne mientras su mano agarraba la mía, hasta que no pude verla más, y me centré solo en nuestras dos manos.


“Estabas haciendo eso de nuevo… Te viste en el espejo y te empezaste a sentir mal, ¿no?” La llave de mis ojos pareció abrirse del todo, causando que algunas lágrimas cayeran al suelo, ya no necesitaba el espejo, sabía que mi cara era patética, el puchero que hacía con mi boca era prueba suficiente…


Hanna solo adoptó una voz calmada, sin ni un ápice de condescendencia o burla, “Necesito que no saques conclusiones y me escuches, ¿puedes hacer eso por mi, Henry?” Sentí su mano levantando mi mentón suavemente, fijando mi mirada del suelo al espejo. “No puedo saber lo que piensas a no ser que quieras contarmelo tu mismo, pero solo quiero que sepas algo,” vi por el reflejo como ella parecía tomar aire, y solo con ello sentí que se aproximaba algo que Hanna necesitaba sacar de su sistema.


“El reflejo del chico que ves ahí, es una de las personas más importantes de mi vida…” Ella continuó, hablándome a mí con una sonrisa sincera, “Él es alguien que aunque no pueda dar muchas palabras por ser callado y tímido, siempre da el resto de sí mismo a los demás, se pone en su lugar no solo para comprenderlos, sino también para ayudarlos.” Ahí dejó de sostener mi mentón y en su lugar me dio un abrazo, entonces note lo lento de sus movimientos, como si fueran a un ritmo que estaba compuesto para calmarme.


“Se que crees que es muy egoísta de tu parte cuando le prestas atención a tus propios deseos, pero dejame decirte que no es así.” Sentí un dedo limpiando las lágrimas que se me acumularon en la cara. “Espero tratarte cada día con el amor que te mereces, y que así te ames tanto como yo te amo a ti, nada en el mundo me haría querer otro bebé, ni otro gran amigo con el que vivir junto a Matthew.”


Sentí que mis rodillas temblaban como si se rindieran ante algo que me costaba aceptar. Esta no es la primera vez que me confrontan con que me debería amar a mi mismo, ni será la última vez que el discurso de que soy un gran amigo se va a repetir, ¡pero se siente tan dificil para mi!, recibir amor era tan sencillo cuando éramos solo yo y mi mamá, ella me hacía sentir tan especial con la condición de que me fuera bien en el colegio, ¿como se supone que me sienta bien al ser amado si renuncie a esa vida y a sus responsabilidades?, ¿puede alguien verme y sentir orgullo verdadero en lo que me convertí?… Ese mismo orgullo que mamá albergaba hacía mi desvaneció con solo verme con un chupón en la boca.


Por supuesto esto no fue lo que salia de mi boca, solo salieron unos llantos inconsolables mientras recostaba mi cabeza sobre Hanna, y ella me envolvía con su acogedor tacto en un abrazo mientras le daba palmadas a mi espalda. “Tranquilo mi amor, todo estará bien… Estamos aquí para ti.” en ese momento me tranquilicé, sentí como hablaba de quitarme el pañal para ponerme más cómodo, pero el sonido llegaba a mi en segundo plano, y solo registraba la sensación de ser cargado hasta la mesa de cambios.


Veía la boca de Hannita moverse formando palabras, pero escuchaba todo como si una nube de algodón insonorizara todo a mi alrededor, hasta que el cansancio mental finalmente me alcanzó, bostezos salían de mi boca, y observaba como todo el cambio de pañal pasaba frente a mis ojos, pero no registraba nada realmente, los paños húmedos y el talco si que se sintieron, estar limpio de repente me dejo soltar otro peso más, hasta que mis ojos se cerraron, y sabía que todo lo que me acompañaría al despertar sería la sensación de algodón y la bella inocencia de la infancia.

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