Paraíso en las montañas +18

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Summary

Leyre siempre a odiado a sus hermanastros. Hermes y Eros siempre han odiado a Leyre. Pero ¿todo seguirá igual después de las vacaciones de invierno? Un bosque. Una cabaña. Un deseo reprimido. ¿Qué podría salir mal?

Status
Ongoing
Chapters
34
Rating
5.0 6 reviews
Age Rating
18+

1

Leyre



–¿Enserio tienes que ir?-- pregunta mi mejor amiga Marina, por décima vez. Suspiro derrotada.


–Si, mis padres insistieron– ella rueda los ojos.


–¿Con que te amenazaron esta vez?-- sus ojos lanzaban llamas. Termino mi maleta y la cierro.


–Esta vez con nada– sus ojos se abrieron de sorpresa. Reí por su reacción.


–Que extraño– susurro para si misma, me encogí de hombros con indiferencia.


Mis padres habían planeado unas vacaciones en las montañas, mi padrastro era dueño de una cabaña privada, situada en medio de la nada. No me molestaba pasar tiempo con mis padres, el problema eran mis dos hermanastros mayores.


Nuestra relación no era la mejor, de hecho era pésima.


Iba a agregar algo más cuando el timbre de mi departamento sonó.


–Voy yo– los rizos pelirrojos de Marina se agitaron al incorporarse de mi cama. Corrió hacia la puerta mientras tomaba las últimas cosas para el viaje. Escuché la puerta abrirse y unas voces llenaron la estancia.


–¿Cómo va el trabajo?-- una voz ronca y varonil habló primero. De inmediato reconocí a Hermes.


–Excelente, la señora Hathor es una jefa maravillosa– sonreí por la emoción de mi amiga. Salí al pasillo con rumbo a la sala, ahí los encontré a ambos.


Hermes fue el primero en notarme. Vestía unos jeans oscuros y una gabardina que cubría la parte superior de su cuerpo. Su cabello azabache estaba despeinado.


–Leyre– pronunció mi nombre lentamente, parecía quemarle la lengua. Sus ojos marrones me repasaron de arriba a abajo, evaluando mi vestimenta. Llevaba unos jeans claros y un abrigo de lana abrigador. Asintió con aprobación, ganándose de mi parte un resoplido.


–Nos vemos en un par de semanas Mar– me gire y la abrace. Ella me estrechó fuerte.


–Cuidate– nos separamos con una sonrisa. Hermes también se despidió.


Salimos del departamento y tomamos el ascensor. Un silencio tenso nos envolvió en cuanto las puertas se cerraron.


–¿Cómo va la empresa?-- decidí romper el silencio. Él me observó con una ceja arqueada, al parecer le había sorprendido mi pregunta.-- No se para que pregunte– cruce mis brazos y rodé los ojos.


–Va bien– respondió después de un rato.-- Conseguimos nuevos inversionistas en los últimos dos meses– relaje mi postura.


–Me alegro– fue mi única respuesta. Él asintió dando por terminada la conversación.


Mi padrastro, en conjunto con mis hermanastros, son dueños de una de las cadenas hoteleras más prestigiosas del continente: Zúrich Hotel.


Mientras el ascensor baja me dedico a observar con atención al hombre a mi lado.


Su atuendo es poco usual en él, generalmente utiliza trajes hechos a medida. Aunque debo admitir que no se ve nada mal. Su rostro parece haber sido tallado por los dioses. Su mandíbula está bien marcada, dándole un aire serio y misterioso, su nariz respingona siempre me llamó la atención, y sus labios, tan carnosos y sexys...Miro al frente abruptamente.


Pensar de esa forma sobre una persona que me odia no está bien. ¿O si?


–Eros está en el estacionamiento– avisa una vez que el ascensor se detiene. Al estar sumida en mis pensamientos, perdí por completo la noción del tiempo. Él sale primero. lo sigo. Unos metros más adelante observo la Ford Bronco de los hermanos. Eros está recargado a un costado de esta.


–Por fin– comenta extendiendo los brazos en señal de agradecimiento. Me detengo confundida.


–¿Viajaremos los tres juntos?-- observo a ambos, interrogante.


–Nuestros padres viajarán más tarde– se encoge de hombros Eros. Su cabello castaño se mueve ligeramente. Hermes toma mi maleta y la sube en la cajuela. Camino hacia el asiento delantero. Eros se me adelanta y abre la puerta del copiloto.


–Adelante princesa– su gesto me sorprende. Creí que él tomaría el lugar y por eso se había adelantado, al parecer me equivoqué.


–Que caballeroso– susurre asombrada. El castaño me guiñó un ojo.


–Solo para ti– tomó mi mano y le dio un beso galante.


–Eros– lo riño el pelinegro. -- Aún no.


¿Aun no?, ¿Había algo que me ocultaban?. Ciertamente me confundio la actitud coqueta del castaña, y más aún la molestia del mayor. Una idea alocada cruzó mi mente, pero desapareció tan rápido como surgió. Mi corazón dio un vuelco ante mi pensamiento repentino.


–Los dos arriba– ordenó Hermes con voz firme, obedecimos rápidamente. Una vez que estuvimos todos listos, arrancó.


Abandonamos el complejo de apartamentos en poco tiempo y tomamos la carretera que nos llevaría a las afueras de la ciudad. Observaba por la ventana del auto los edificios que íbamos dejando atrás, pronto fueron sustituidos por extensa vegetación. Los enormes edificios fueron sustituidos por pinos y abetos de diversos tamaños y colores. Recargue mi cabeza en la ventana, admirando el paisaje. Una llamada resonó por todo el auto. Hermes respondió y lo puso en altavoz.


–¿Papá?– mi padrastro soltó una risita baja.


–¿Están en camino?– cuestionó risueño. A pesar de que no podíamos verlo, por su tono de voz sabía que estaba sonriendo.


–Nos falta aproximadamente una hora– respondió Hermes.–¿Pasa algo?


–No vamos a poder acompañarlos– soltó suspirando. El ambiente en la camioneta cambió drásticamente. Había sentido comodidad dentro, ahora nos había envuelto un silencio tenso.–Surgieron algunos inconvenientes en el hotel de Múnich.


–¿Por qué no nos lo dijiste antes?– habló el castaño detrás de mí. Su voz sonaba preocupada.


–Surgió de último momento– el pelinegro resoplo.–Además, les vendrá bien un cambio de ambiente– suspire.


Había aceptado este viaje solo por mi madre. Ahora tenía que pasar todo un mes con mis dos hermanastros.


–¿Mamá tampoco podrá venir?– cuestioné esperanzada. Mi padrastro se rió.


–No cariño, ella insiste en acompañarme– así era mamá.


Hablamos durante un rato más con él, nos recomendó arreglar nuestra relación y pasarla bien. Complicado.


Cuando colgamos, nos encontrábamos en un silencio absoluto.


–Supongo que podemos hacerlo– susurró Eros rompiendo el silencio.


–No lo creo– cruce mis brazos en señal de protesta.


–¿Por qué nos odias tanto?– cuestionaron ambos a la vez. Hermes tenía la vista fija en el camino, Eros me observaba a través del espejo retrovisor.


–¿Por qué lo hacen ustedes?– ataque de vuelta.


–Lo hablaremos en cuanto lleguemos a la cabaña– propuso el mayor de nosotros.


El silencio volvió a envolvernos, y así permanecimos por el resto del camino.


Solo esperaba poder tener unas vacaciones tranquilas. Aunque lo dudaba.


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La cabaña está en un área privada, la cual, está delimitada por un espeso bosque. El lugar está decorado con un estilo minimalista, los colores neutros destacan en todo el lugar.


La cabaña consta de dos plantas, en la primera se encuentran la estancia, la cocina-comedor, un cuarto de baño con jacuzzi y la terraza. En la segunda, hay cuatro habitaciones, cada una con su respectivo cuarto de baño. La habitación principal cuenta con un balcón además.


Caminé hacia la estancia y observé la cabeza de un ciervo decorando el lugar.


–Bien, es hora de aclarar nuestras diferencias– los hermanos tomaron asiento en los sofás dispuestos por la estancia.


Tome una bocanada de aire, sin duda alguna sería una conversación  agitada.