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Vendida al ranchero

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Sinopsis

Madison Whitaker nunca imaginó que tendría que sacrificar su libertad para salvar a su familia. Obligada a casarse con Jackson Whitmore, un viudo millonario y padre de un pequeño niño, acepta un matrimonio sin amor, sin promesas y lleno de reglas. Jackson solo necesita una esposa que cuide de su hijo y mantenga las apariencias. No busca amor, mucho menos después de perder a la mujer que alguna vez fue todo para él. Pero Madison guarda un secreto: antes de convertirse en su esposa, ya había compartido con Jackson una noche de pasión que ninguno debería recordar. Ahora, bajo el mismo techo, tendrán que enfrentarse a sus secretos, sus heridas y a una atracción que amenaza con destruir las barreras que ambos levantaron. Él no quiere volver a amar. Ella no piensa entregar su corazón. Pero ninguno imaginó que el destino tendría otros planes.

Genero:
Romance
Autor/a:
Sheyla García
Estado:
hace 15 horas
Capítulos:
11
Rating
n/a
Clasificación por edades:
18+

Capítulo 1: Una boda que no elegí


El encaje del vestido de novia me pica en el cuello, pero me duele mucho más el estómago por los nervios.

Me miro en el espejo de mi habitación, la misma donde crecí, donde pegué recortes de revistas y donde soñé con un futuro que hoy parece un chiste de mal gusto. El vestido es hermoso, blanco marfil, con una tela suave que debería hacerme sentir feliz. En cambio, me siento como si me estuvieran disfrazando para entregarme a un hombre que ni siquiera amo.

Mañana, a esta misma hora, ya no seré Madison Whitaker. Seré la señora Whitmore. La esposa de un hombre al que solo he visto una vez, de lejos, y que me dio muchísimo miedo con solo mirarlo.

Los comentarios que escucho sobre él no son nada buenos. Dan miedo de verdad.

—Quédate quieta, Madison. Si sigues suspirando así, voy a terminar pinchándote con un alfiler —gruñó mi madre, Evelyn.

Estaba arrodillada a mis pies, arreglando el dobladillo del vestido con movimientos rápidos y sin demasiada delicadeza. Para ella esto no era un drama, era un negocio. Se estaba asegurando de que todo estuviera perfecto para la entrega.

Mi madre siempre ha sido así: una mujer práctica que solo piensa en el dinero y en tener la vida asegurada.

—No entiendo por qué tiene que ser mañana, mamá —dije, y la voz me salió finita por las ganas de llorar—. Ni siquiera he tenido tiempo de asimilarlo. Hace dos días estaba estudiando para mi examen final de la universidad y ahora...

—Ahora estás salvando a tu familia —me interrumpió, levantándose para mirarme directamente a los ojos—. Tu padre se metió en negocios que no debía. Firmó papeles que no entendía. Si no te casas con Jackson Whitmore, pasado mañana vendrá un camión a sacarnos todo de esta casa. ¿Eso quieres? ¿Ver a tu hermana Chloe y al pequeño Noah durmiendo en la calle?

Bajé la mirada.

Ese era el peso que me habían puesto encima. No era solo una boda; era pagar las deudas de la casa.

Mi padre, por querer darnos más de lo que podía, terminó pidiéndole dinero a la gente equivocada. Durante años trabajó como conductor de camiones de carga, transportando mercancías de un estado a otro. Era un trabajo duro, pasaba días enteros fuera de casa y apenas tenía tiempo para descansar. Pero el alcohol y las malas decisiones terminaron arruinándolo.

Hace un tiempo provocó un accidente en carretera mientras conducía borracho. Una persona estuvo a punto de morir y, desde entonces, las cosas nunca volvieron a ser iguales.

Jackson apareció con la solución. Él pagaría las deudas y nos dejaría conservar nuestra casa, pero el precio era yo.

Necesitaba una esposa que cuidara de su hijo, un niño que se quedó sin madre al nacer.

Noah tenía apenas ocho años y mi hermana Chloe veinte. ¿Cómo se suponía que yo, siendo la mayor, no hiciera lo imposible por protegerlos?

—Es viudo, Madison. Un hombre respetado, con propiedades y dinero. No te estamos enviando a sufrir —añadió mi madre con una frialdad que me dio escalofríos—. Deberías estar agradecida de que ese hombre, entre tantas mujeres, decidiera escogerte a ti.

—Me están mandando con un hombre que ni conozco —susurré.

Pero ella ya estaba saliendo de la habitación, ignorándome como siempre hacía cuando no quería discutir.

Me quedé sola frente al espejo y toqué la tela del vestido. Mi mente se fue de inmediato a Ethan.

Ethan era todo lo contrario a Jackson Whitmore. Llevábamos tres años juntos. Era el chico que me llevaba flores cuando me estresaba por los estudios, el que me escuchaba hablar durante horas sobre mis ganas de viajar y conocer otros lugares.

Con él todo era sencillo, sin deudas ni compromisos raros.

No era millonario como el hombre con el que querían casarme, pero sabía muy bien que podía ser feliz a su lado.

¿Cómo iba a decírselo?

Esta noche me escaparía para verlo por última vez como una mujer libre. Me dolía el pecho de solo imaginar su cara.

Ethan siempre decía que nos iríamos de Port Aransas para empezar de cero en una ciudad más grande. No tenía mucho dinero; trabajaba en el taller mecánico de su tío y apenas le alcanzaba para sus cosas, pero a su lado era donde yo me sentía segura.

Él era mi única esperanza. Lo único que me mantenía tranquila mientras mi madre me probaba el velo era saber que Ethan me amaba.

Quizás, si él me pedía que huyéramos, yo conseguiría el valor para dejarlo todo.

Quizás él era mi forma de salir de este problema.

Escuché los pasos pesados de mi padre en el pasillo. Se detuvo frente a la puerta abierta, pero no entró.

Me miró desde la entrada, cansado y envejecido. Sus manos, marcadas por los años de trabajo y las largas jornadas al volante de camiones de carga, le temblaban un poco.

—Te ves... muy bien, hija —dijo con voz baja.

—¿Pago la deuda con esto, papá? —le pregunté sin mirarlo—. ¿Alcanza para salvar la casa?

Suspiró. Aquel sonido lleno de culpa me dolió más que cualquier regaño.

—Whitmore es un hombre serio. Te dará una vida que yo nunca pude darte. No vas a pasar trabajo por dinero ni por comida.

—A mí me importa mi felicidad, papá. ¿Eso no vale nada?

No respondió.

Se dio la vuelta y se fue. Mi padre siempre fue de pocas palabras, pero su silencio esta vez me dolió como una traición.

Me había criado para estudiar y salir adelante por mi cuenta. Y ahora me estaba usando para tapar sus errores.

Chloe, mi hermana menor, entró corriendo al cuarto un momento después. Ella siempre había sido la que le daba vida a esta casa, o al menos lo era antes de que todo esto pasara.

—Maddie, no llores —me dijo, abrazándome por la cintura y apoyando la cara contra mi vestido—. Si te vas, esta casa se va a sentir horrible.

—No tengo opción, Chloe. Mamá dice que es por el bien de todos.

—Es una injusticia. Le dije a papá que yo podía buscar trabajo, que podíamos vender cosas... pero dice que Jackson te eligió a ti. Que te vio en el centro de Port Aransas hace meses y preguntó por ti.

Ese detalle me dio escalofríos.

Así que esto no era solo un arreglo de dinero. Jackson Whitmore me tenía en la mira desde antes.

Me sentí acorralada. Ese hombre no era solamente un viudo serio; era alguien acostumbrado a conseguir lo que quería.

Me quité el vestido despacio, cuidando de no dañar nada de aquella ropa que, de alguna manera, ya parecía pertenecerle a Jackson. Me puse mi ropa de siempre: unos jeans viejos y una camiseta sencilla.

Me sentí más yo, aunque el espejo me recordaba que al día siguiente mi vida cambiaría por completo.

Miré por la ventana. El sol se estaba ocultando y el cielo comenzaba a oscurecerse sobre la costa de Texas.

Era la hora.

Ethan me estaría esperando en el muelle, nuestro lugar de siempre.

Él me va a ayudar, pensé mientras bajaba las escaleras en silencio para que mis padres no me vieran salir.

Si todo se estaba yendo a la mierda, Ethan me apoyaría. Me diría que todo iba a estar bien y que buscaríamos una solución.

Tenía que haber una manera.

No podía creer que mi vida ahora consistiera en cuidar al hijo de un desconocido y vivir con un hombre que ni siquiera se molestaba en hablarme.

Caminé hacia la calle con el corazón a mil por hora. El aire salado que llegaba desde la costa me golpeó la cara mientras avanzaba por las calles tranquilas de Port Aransas.

Cada paso me acercaba a la única persona que me quería por quien era y no por lo que podía pagar.

Ethan tenía que salvarme.

Tenía que hacerlo.

Porque si él no podía, no me quedaba más opción que irme a aquella enorme propiedad de los Whitmore, en las afueras de Port Aransas, para cumplir un matrimonio que nunca había querido y que, estaba segura, terminaría arruinándome la vida.

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