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Un amor bajo el cielo de Neuilly-Sur-Seine

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Sinopsis

Una promesa junto al lago. En Neuilly-sur-Seine, un encuentro junto a un lago daría inicio a una historia que ninguno de los dos esperaba. Lysander no imaginaba que aquel muchacho llamado Edward llegaría a ocupar un lugar tan especial en sus pensamientos. Entre encuentros, silencios y momentos compartidos, nació un vínculo que parecía tener todo el tiempo del mundo. Pero la distancia, los secretos familiares y unas cartas que nunca llegaron a su destino podrían cambiarlo todo. A veces, una promesa basta para mantener viva la esperanza de volver a encontrarse.

Estado:
hace un día
Capítulos:
1
Rating
n/a
Clasificación por edades:
16+

Un encuentro junto al lago ➤ Cap 1

La familia Besnier era uno de los linajes más reconocidos de la alta sociedad francesa. Su apellido estaba vinculado a importantes inversiones, propiedades y negocios que se extendían mucho más allá de las fronteras de Francia.

Su residencia, situada en una extensa propiedad de Neuilly-sur-Seine, era tan imponente como su reputación. Sin embargo, entre sus elegantes salones y enormes jardines vivía alguien que difícilmente compartía el ritmo de aquella familia: Lysander Besnier.

A sus veintidós años, Lysander era el menor de cinco hermanos y el único Omega. Desde su infancia había presentado una salud delicada, siendo especialmente vulnerable a los cambios de temperatura y a las enfermedades respiratorias. No padecía ni |

nguna condición terminal, pero su organismo requería cuidados constantes.

Su padre, Marcel Besnier, era un Alfa de carácter firme y presidente de un importante conglomerado empresarial dedicado a las inversiones inmobiliarias, hoteleras y financieras. Louis, su otro padre, era un Omega de distinguida elegancia, antiguo diseñador de alta costura y actual director de una fundación dedicada al arte y al patrimonio francés.

Sus hermanos mayores, Hugo, Gabriel y Raphaël, de veintinueve, veintisiete y veinticinco años respectivamente, también eran Alfas y compartían con sus padres una preocupación casi excesiva por el bienestar del menor.

Lysander había crecido rodeado de afecto, pero también de numerosas precauciones. Sus salidas siempre requerían compañía, sus paseos rara vez excedían los jardines de la propiedad y cualquier señal de malestar bastaba para que alguien acudiera a comprobar su estado.

No era infeliz. Simplemente había ocasiones en las que deseaba algo tan sencillo como caminar sin que alguien le preguntara constantemente si tenía frío.

Y aquella tarde era una de ellas.

El cielo comenzaba a adquirir tonalidades grisáceas cuando Lysander decidió abandonar la mansión sin informar a nadie. Se colocó un abrigo de lana color marfil, acomodó su bufanda alrededor del cuello y salió por uno de los senderos laterales de la propiedad.

Conocía el camino hacia el lago. Lo había visto en varias ocasiones desde los terrenos de la mansión y llevaba tiempo sintiendo curiosidad por visitarlo.

El trayecto no era demasiado largo, aunque el aire de noviembre resultaba considerablemente más frío de lo que había imaginado.

Al llegar, se detuvo unos instantes.

El lago se extendía frente a él, rodeado de árboles y pequeñas flores que todavía resistían el cambio de estación. La superficie del agua reflejaba el cielo nublado y algunas hojas secas flotaban lentamente cerca de la orilla.

Era precioso.

Lysander avanzó unos pasos, observando cada detalle con una expresión casi infantil de fascinación. Se inclinó ligeramente para contemplar unas pequeñas flores junto al sendero y después levantó la mirada hacia el otro extremo del lago.

Entonces lo vio.

Había un hombre sentado sobre el césped, cerca de un puente de madera. Su postura era relajada, aunque conservaba una elegancia natural incluso en aquella posición. Llevaba un abrigo oscuro y parecía completamente ajeno al paso del tiempo.

Un Alfa.

Lysander se quedó quieto.

No lo reconocía. Tampoco parecía alguien del personal de la propiedad, ni un conocido de sus hermanos. Su apariencia era claramente extranjera, y había algo en sus facciones que le4 hizo pensar inmediatamente en Inglaterra.

Lo observó con curiosidad.

Era atractivo. Bastante más de lo que Lysander habría esperado encontrar durante un paseo improvisado.

Nunca había tenido demasiadas oportunidades de conocer a personas desconocidas, mucho menos de encontrarse a solas con un Alfa que despertara semejante interés en él. Por eso, cuando el hombre movió ligeramente la cabeza y sus miradas estuvieron a punto de encontrarse, Lysander apartó los ojos con rapidez.

Demasiado tarde.

—¿Hm?

El Alfa había notado su presencia.

Levantó la mirada y encontró a un joven Omega de pie junto a las flores. Su cabello castaño chocolate se movía suavemente con el viento, y su rostro, de facciones delicadas, destacaba bajo la luz tenue de aquella tarde.

Pero fueron sus ojos los que terminaron capturando su atención.

Un azul turquesa luminoso, con matices aguamarina que parecían cambiar ligeramente según la luz.

El desconocido no pudo evitar contemplarlo durante unos segundos.

Lysander, por su parte, sintió que las mejillas comenzaban a calentársele. Bajó la mirada, fingiendo interesarse nuevamente por las flores, aunque su atención seguía puesta en aquel hombre.

El Alfa se incorporó.

Cruzó el pequeño puente de madera con paso tranquilo y se acercó al joven, deteniéndose a una distancia prudente.

—Buenas tardes.

Su voz grave y serena llevaba un marcado acento inglés.

Lysander levantó la cabeza.

—B-buenas tardes...

El Alfa inclinó ligeramente la cabeza, con una cortesía natural.

—Disculpe si lo he sorprendido. No esperaba encontrar a alguien más por aquí.

—No... No pasa nada.

El Omega apretó suavemente los dedos alrededor de su bufanda. Tenía tantas cosas que quería preguntar que, por alguna razón, no encontraba ninguna palabra apropiada.

El Alfa reparó en su timidez y dejó escapar una pequeña sonrisa.

—¿Es de por aquí?

—Sí... Vivo cerca.

—Entonces debo haber tenido suerte de encontrar un lugar tan bonito cerca de donde me estoy hospedando.

Lysander ladeó ligeramente la cabeza.

—¿No es francés?

—No. Soy inglés.

—Ah...

La pequeña expresión de sorpresa del Omega resultó particularmente encantadora.

—¿Nunca había conocido a alguien de Inglaterra?

Lysander negó con suavidad.

—No creo...

Aquella respuesta despertó cierta curiosidad en el Alfa, aunque no tuvo oportunidad de preguntar más.

Una ráfaga de viento atravesó el sendero y agitó el cabello del Omega. Lysander intentó continuar como si nada, pero apenas unos segundos después tuvo que cubrirse la boca.

Una tos fuerte irrumpió repentinamente en el silencio.

Su cuerpo se inclinó ligeramente hacia delante. Intentó contenerla, pero otra sucesión de accesos le impidió hacerlo. Sus ojos se humedecieron y tuvo que detenerse para recuperar el aliento.

La expresión del Alfa cambió de inmediato.

—Un momento... ¿Se encuentra bien?

Lysander tardó un poco en responder. Se acomodó la bufanda, intentando disimular la molestia de su garganta.

—Sí... disculpe.

—No tiene que disculparse.

El Alfa observó su rostro con atención. El joven parecía demasiado sensible a aquel clima.

—¿Ha estado caminando mucho?

—Un poquito...

—¿Y ha venido solo?

Lysander asintió.

—Quería conocer el lago.

La respuesta hizo que el Alfa guardara silencio brevemente.

Había algo curioso en aquel muchacho. No solamente su aspecto, sino la manera en que observaba todo a su alrededor, como si incluso aquel pequeño paseo representara una experiencia extraordinaria.

—Comprendo —respondió finalmente—. Aunque quizá debería regresar antes de que el frío empeore.

Lysander bajó ligeramente la mirada.

—Pero acabo de llegar...

El comentario salió con una pequeña nota de decepción que no pasó inadvertida.

El Alfa lo contempló unos instantes antes de ofrecerle una sonrisa discreta.

—Entonces, al menos permítame acompañarlo mientras disfruta un poco más del paisaje.

El Omega levantó los ojos hacia él.

—¿De verdad?

—Por supuesto.

Hubo una pequeña pausa.

—Por cierto, todavía no me he presentado. Mi nombre es {User}.

Lysander se quedó mirándolo un instante antes de responder.

—Lysander... Lysander Besnier.

El apellido resultó familiar para el Alfa. Besnier. Había escuchado hablar de aquella familia incluso antes de llegar a Francia.

Sin embargo, no hizo ningún comentario.

—Es un placer conocerlo, Lysander.

El Omega sonrió discretamente.

—Igualmente...

Y mientras ambos permanecían junto al lago, rodeados por el viento frío y el aroma de las flores, ninguno de los dos imaginaba que aquel encuentro aparentemente insignificante terminaría convirtiéndose en el comienzo de algo mucho más importante.

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