Introducción
WARNING: THIS STORY IS ENTIRELY IN SPANISH. THERE ARE LOTS OF RUDE VOCABULARY, HIGH SEXUAL CONTENT AND ETC. IF YOU ARE A SENSITIVE PERSON TOWARDS SEX MATTERS, PLEASE, DO NOT CONTINUE FROM THIS POINT.
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ENJOY!
Sinceramente Claire no recordaba cuando fue la primera vez que empezó todo. Las caricias, los gemidos, los escalofríos... la música de su alrededor era tan sensual...
Qué tema tan exquisito de Piaf! El mini vestido que llevaba dejaba que la mitad de sus muslos rozaran con el terciopelo del que estaba tapizado la silla. Una fragancia a jazmín inundaba la sala.
Una sala llena de gente.
Desde que había llegado a Tokyo por trabajo y había descubierto ese restaurante, al menos iba una vez a la semana; normalmente los viernes a la noche. ¿Por qué? Porque el pianista le encantaba. Al principio quedaba embelesada con las piezas que tan delicadamente tocaba pero normalmente tras cenar y tomar dos copas, sus ojos viajaban a sus manos, preguntándose si sería tan diestro tocando otras cosas.
Más de una vez se había sorprendido a si misma abrazándose el torso, cerrando los ojos y tirando la cabeza atrás. Imaginando que esas manos se cuelan en la tela fina y cálida de los modelitos que expresamente vestía para la ocasión.
Puesto que el local era un lugar exquisito de Ginza en el que cada mesa estaba separada por unos buenos metros y la iluminación era tenue, nadie se percataba del furor interior que clamaba salir de dentro de Claire. En más de una ocasión se había encontrado fantaseando con montarselo con el pianista allí mismo, delante de todo el mundo pero el final de las piezas la solía despertar de su sueño placentero.
Descubriendo que casi siempre salía con la ropa interior empapada de excitación.
A pesar de que solía ser de las últimas clientas en abandonar el local, precisamente para poder tener oportunidad de hablar con el pianista, nunca se atrevía a tomar la iniciativa. Se sentía simplemente ridícula: excitada, sola, bebida... Como una mujer desesperada que lo único que quería era metérsela por algun lado.
Aquél día estaba especialmente excitada, llevar lencería adulta por primera vez en 25 años junto con aquel modelito, los taconazos y el maquillaje "flawless" la hacían sentir imparable, y aún así, no se atrevió a decirle ni una sola palabra cuando el joven pasó por su lado y le dedicó una sonrisa. Fue ahí cuando explotó y sientió que no podía más.
Se levantó, recogió su clutch, apuró su copa y se fue al baño. Sentía como su corazón iba a mil, y su intimidad pulsaba a un ritmo de locos. Llegó a descubrir que su lubricación, su jugo se deslizaba pesadamente por la mitad de los muslos que ya no estaba cubriendo el vestido y sintió en cierta manera como sus pechos se hinchaban, se endurecían sus pezones y su piel se perlaba de sudor.
Cualquier movimiento que hiciera con sus piernas que provocara el roce cercano a su vulva, la hacía gemir. No había podido moverse de delante del lavabo, con el grifo de agua abierto, para disimular el ruido de sus gemidos.
No había tiempo. El restaurante iba a cerrar pronto y ella no se podía quedar allí eternamente, pero tampoco podía salir en ese estado. Hizo el ademán de abrir su bolso, luego recordó que era un clutch, un bolso de fiesta donde no llevaba más que el tarjetero, las llaves de casa, el teléfono móvil y pañuelos. En un bolso así no cabía el vibrador.
Se lavó las manos a consciencia y decidió poner solución temporal a eso, y empezó a acariciarse la piel. Desde la cara, bajando por el cuello, paseando sus dedos y uñas por encima de la tela ajustada hasta llegar a sus prominentes pero redondos (y operados) senos. Y lleno sus manos con ellos. Al principio se los masajeaba suave, con delicadeza pero pasado unos segundos empezó a jugar con ellos como si fuera pelotas anti-stress, empezó a gemir tan fuerte que tuvo que parar y encender los otros dos grifos para asegurarse de que nadie la oía.
Sintió que su clitoris se hinchaba y demandaba atención, y su vagina pulsaba por dentro desbocada.
Siguió apretandose los pechos con deseo y rozando sus caderas con el mármol del lavabo mientras de sus labios salían gemidos ininteligibles, llenos de lujuria.
- Ah, ah, dios... Solo con mis tetas y ya me pongo así... Ah! -mientras se empezó a estirar los pezones con fuerza. Ah! Joder!
Mientras se seguía masajeando los pechos busco con la mirada algo que hubiese en el baño con lo que consolar su subidón. No había absolutamente nada. Solo un dispensador de papel y dos retretes separados. Entonces se fijó en el mármol enorme con los lavaderos tan profundos y esos grifos tan hermosos y largos...
Se le pasó la idea por la cabeza pero el orgasmo estaba a la vuelta de la esquina, y ni siquiera se había tocado el clitoris ni se había introducido ningún dedo.
Siguió apretandose los pechos, moviendolos arriba y abajo violentamente, lamiéndose los pezones mientras rozaba sus caderas cada vez más rápido contra el borde del mármol.
- Ah! Sí! Ya llego! Ah! Ah! Ryuji! Fóllame!! Fóllame más duro!! Ah! Ahhhh! Aaaaaaaaaaah!
Puso los ojos en blanco y se corrió con una intensidad como nunca la había sentido antes, sentía por unos instantes, que el orgasmo no iba a terminar y francamente, no queria. Mientras todavía se sentía en éxtasis se recostó boca abajo sobre el mármol del lavabo mientras simulaba los movimientos de estar teniendo sexo con alguien. Simulaba sentir embestidas contra el mármol hasta que sintió que ese dulce placer la abandonó para dejarla con todo el cuerpo latiendo, luchando por volver a la normalidad. Pero no podía. Seguía sintiéndose ardiendo.
¿Qué la pasaba?
Se desvistió y se bajó de sus tacones para intentar refrescarse el cuerpo y poder aguantar hasta llegar a casa.
Se le estaba yendo de las manos. Y en cuanto fijó la vista en los grifos que chorreaban agua a toda potencia volvió aquella idea tan atrevida y se subió a ella.
Con cuidado se sentó con las piernas abiertas delante de uno de los grifos, mientras se miraba al espejo, por alguna razón la excitaba mucho. Y acercó lentamente sus caderas al torrente de agua tibia. Cuando una sola parte de esa corriente rozó su clítoris, estalló en un orgasmo increíble.
Todo el cuerpo le empezó a temblar, necesitaba más, necesitaba un pene y lo quería ya.
Siguió con el grifo otras dos veces más, hasta que cuando iba por la cuarta ronda, alguien tocó a la puerta
- Señorita Walker? Se encuentra bien? -dijo una voz joven.
Inmediatamente supo que era la de uno de los camareros de la sala. Claire no podía escapar de la trampa sexual que se había tendido ella misma, y volvió a acercar sus caderas al grifo.
- Mmmm, ah.. -soltó mientras intentaba reprimirse. Ah... Ah... S-señor Tanaka, ya... Ya... Salgo. Es que me he mareado... Ah!
El camarero Tanaka sintió muy extraña la voz de aquella clienta pero a su vez sintió que era indecoroso entrar sin permiso en el servicio de señoras. Podía incluso peligrar su trabajo. Así que apoyó su oreja en la puerta para discernir que era lo que Claire estaba balbuceando.
A los pocos segundos, Tanaka estaba rojo de sudor y en sus pantalones había una hinchazón que era imposible de disimular. Aquella clienta vip, se estaba masturbando en el baño y el la estaba espiando? Su instinto lo tentaba a abrir la puerta y tomarla, pero estaba en el trabajo y no era reacción profesional ni aceptable. Pero la clienta seguía gimiendo y ya no se molestaba en disimularlo.
Tanaka disimuladamente empezó a masajearse por encima de los pantalones para descubrir lo increiblemente sensible que se sentía las caricias incluso encima de la ropa con ese nivel de excitación.
- Ah, ah, ah! Me corro señor Tanaka, me corro -se le escapó de los labios a Claire.
Tanaka inspiró hondo y se agarró con fuerza el pene, por encima de la ropa.
- Señora, córrase. Piense en que estamos practicando sexo pasionalmente y que la lleno con mi semilla hasta que no le quepa más. Córrase, córrase para mí, señora. -dijo Tanaka, susurrando delante de la puerta y mientras se empezó a masturbar violentamente.
- Ah! Ah! Señor Tanaka, métamela hasta el fondo! Quiero sentirlo todo! -gritó Claire, sin cuidado.
- Ah! Ah! Tómelo todo de mí! Ah! Joder! Si lo hago tan rápido me correré yo también! -Tanaka sumamente incómodo por estar masturbándose de esa manera tan incómoda decidió traspasar la línia.
Abrió la puerta para correrse a los pocos segundos de contemplar aquella escena grotescamente sexual y excitante de Claire abierta de piernas, haciendo "squirting" mientras le temblaba todo el cuerpo, teniendo los ojos en blanco, balbuceando que quería más y la boca y el cuello empapados de su propia saliva.
El semen salió con tanta fuerza y salió tal cantidad, que manchó parte del mármol y los muslos de Claire.
Claire empezó a recoger el semen de su piel con los dedos y lo lamió, saboreandolo cual caramelo para fijar la mirada en Tanaka, mudo ante aquella situación.
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