Chapter 1
La voz del capitán resonó por todo el avión. El único sonido lo suficientemente fuerte como para tapar el miedo que se sentía en la cabina era el estruendo del motor derecho, que parecía estar envuelto en llamas. Los gritos desgarradores de los pasajeros hicieron que mi cuerpo empezara a temblar. Cada vez se oían más fuerte, pero pronto me di cuenta de que era porque yo también estaba gritando. Cuando el avión cayó en picada, las luces de la cabina parpadearon y las máscaras de oxígeno cayeron automáticamente. Las maletas de los compartimentos superiores se desplomaron sobre la gente, mientras el carrito de la comida salía disparado por el pasillo.
Lexi, mi mejor amiga, me agarró de la mano y me miró con lágrimas en los ojos. —Te quiero, Kaylee.
—Yo también te quiero, Lexi.
De repente, el capitán gritó por el altavoz. Su voz estaba llena de un terror innegable: —¡Prepárense! ¡Prepárense! ¡Prepárense! ¡Agachen la cabeza! ¡Manténganla abajo!
EL DÍA ANTERIOR
—Es nuestra última noche aquí. Deja que te invite a salir para que te olvides de lo que pasó.
—No creo que pueda, Kay.
—Entonces, ¿qué fue exactamente lo que escuchaste por teléfono?
—Gemidos, muchísimos —respondió ella con la voz rota.
—No puedo creer que te haya hecho eso. ¿Has hablado con ella?
Conocí a Lexi cuando empecé a trabajar en un restaurante muy conocido de Nueva York, y desde el primer día nos volvimos inseparables. Ella llevaba un año con su novia, y mientras estábamos de vacaciones, decidió llamarla solo para descubrir que se estaba acostando con otra persona.
—No. Ya me encargaré de eso cuando volvamos.
—Vale, pero esta noche vamos a salir.
Lexi respiró hondo y suspiró derrotada: —Está bien.
—¿Qué te parece ese club al que no hemos podido ir? Creo que se llama Eternity.
—Ah, he oído hablar de él. Quizá encontremos a alguien decente para que puedas tener un poco de acción —dijo Lexi guiñándome un ojo.
Negué con la cabeza y abrí mucho los ojos: —¡Oye! No me importa ser virgen. No he encontrado a nadie a quien haya deseado tanto.
—Eres demasiado exigente.
Puse los ojos en blanco y me crucé de brazos: —No soy nada exigente.
—Sí, lo eres. No había nada malo en Adrian.
—Lo pillé besándose con Chelsea en la fiesta de Navidad del trabajo. Diría que había muchas cosas mal en él.
A Lexi se le cayó la mandíbula y me dio un golpecito en el brazo: —¿Por qué no me lo habías contado?
—No importa. Vamos a olvidarnos de Adrian y de Nicole. Esta noche vamos a disfrutar y a divertirnos.
—Trato hecho. Ahora, ¿qué te vas a poner?
Me mordí el interior de la mejilla: —Mmm...
—Vamos, Kay. Atrévete un poco más. Nadie se va a fijar en ti si sigues escondiéndote.
—Quizás es justo lo que quiero.
—No, no lo es. Tienes veintiún años, eres guapísima y estás soltera. Si fueras de mi equipo, iría tras de ti sin dudarlo.
Una sonrisa pícara apareció en mis labios: —Tal vez debería pasarme al lado oscuro.
—No me provoques, chica.
Me reí y luego abrí mi equipaje, rebuscando entre las cosas hasta encontrar un vestido negro de encaje que nunca me había puesto: —Lo traje por si acaso.
Lexi se quedó boquiabierta: —Kay. ¿Por qué no te he visto esto puesto antes? El vestido es precioso.
—Voy a probármelo ahora.
Me quité la ropa y me deslicé dentro del vestido. Me di la vuelta y me puse frente a Lexi mientras ella me subía la cremallera.
—Oficialmente me has puesto cachonda.
—¿Cómo me veo?
—Honestamente, Kay. Estás preciosa.
Lexi se puso un impresionante vestido rojo. El escote se curvaba hacia sus pechos y el largo quedaba justo por encima de los muslos: —Te ves perfecta. Tienes un cuerpo increíble.
—¿Has visto el tuyo? Créeme, cariño. Dicho por alguien a quien le gustan las chicas, estás cañón.
El resto del día pasó volando. Después de arreglarnos, Lexi y yo fuimos dando un paseo tranquilo hasta el club, que no estaba muy lejos del hotel. Cuando llegamos, había una cola considerable de gente esperando para entrar.
—No puedo creer lo popular que es este sitio.
—Al menos es una noche cálida y no se nos va a congelar el culo.
—Bueno, eso es bueno, ya que parece que vamos a estar aquí un buen rato.
Mientras seguíamos hablando, dos hombres pasaron justo por nuestro lado. Era imposible no verlos. Uno de ellos se rio en cuanto me vio. Sus ojos recorrieron mi cuerpo de arriba abajo antes de dirigirse directamente a los porteros, que los dejaron pasar a los dos inmediatamente.
—Capullo —dijimos Lexi y yo al unísono, antes de que desviara mi atención hacia mi vestido. Dudando de mi ropa, pensé que había algo que no encajaba en mi aspecto.
—Estás bien, Kaylee.
—¿Cómo lo sabes?
—Conozco cómo piensas, Kay.
Le sonreí a mi mejor amiga: —Gracias.
Tardamos otros cuarenta minutos esperando afuera hasta que finalmente nos dejaron entrar. Miramos alrededor y notamos que el sitio estaba a rebosar. Había gente pidiendo copas, e incluso más en la pista de baile, perreando y morreándose.
—¡Oh, Dios mío! ¡Mira! —gritó Lexi.
—¿Qué estoy mirando?
Lexi señaló hacia el otro lado del club. Había un tubo grande que daba hacia la pista de baile.
—¿Para qué coño es eso?
—No creo que debiéramos habernos arreglado tanto —dijo ella.
—¿Por qué lo dices?
—Es una fiesta de la espuma.
Se me cayó la mandíbula al notar más tubos que salían del techo justo encima de la pista de baile: —Espera. ¿En serio?
—La mayoría de la gente se queda solo en sujetador y bragas. No te preocupes, nuestros vestidos no se arruinarán.
—¿Esperas que me quite el vestido delante de toda esta gente?
—Es nuestra última noche aquí. No es como si fuéramos a ver a esta gente otra vez. —Lexi miró a su alrededor un momento antes de divisar el baño de señoras—. Vuelvo enseguida. ¿Quieres pedirnos unas copas?
—Claro. ¿Lo de siempre?
—Hazlo doble. Lo necesito esta noche.
Lexi se dirigió al baño mientras yo iba hacia la barra. De repente, alguien me empujó deliberadamente, casi tirándome al suelo: —¡Ah! ¡Qué cojones! —dirigí mi atención hacia el tipo, que resultó ser la misma persona que estaba afuera del club.
Su sonrisa arrogante llegó a sus ojos antes de que las palabras salieran de sus labios: —Disculpa. Estás en mi camino.