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Inesperadamente tú | kookmin

Sinopsis

Jungkook pensaba que tenía una vida perfecta. Le habían ascendido en el trabajo, se iba a casar el mes que viene con el amor de su vida y se habían comprado juntos el piso de sus sueños. Sin embargo, esa vida perfecta se vio hecha añicos cuando, una noche de tormenta, descubre a su prometido acostándose con otra persona. Meses después del desengaño amoroso, Jungkook está decidido a retomar las riendas de su vida. Centrado en su carrera, no tiene tiempo para salir con nadie y mucho menos con ese nuevo compañero de trabajo que le hace perder la paciencia. Park Jimin es tan atractivo como borde y, cuando se ven obligados a trabajar juntos en un proyecto de la empresa, saltan chispas entre ellos. Jungkook trata de alejarlo de su vida porque sabe que una persona como Jimin lo único que dejará son secuelas, pero no es capaz de ignorar el deseo que siente cada vez que están cerca. Y así, entre discusiones acaloradas y besos furtivos, Jungkook descubrirá que quizá encontrar a su prometido en la cama con otra persona fue lo mejor que le podía haber pasado. ⭐⭐⭐⭐⭐⭐

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
cris!
Estado:
Completado
Capítulos:
15
Rating
5.0 1 reseña
Clasificación por edades:
18+

01| La felicidad y la tristeza son momentáneas

A Jungkook le temblaban las piernas. Tenía miedo, eso era un hecho. ¿Pero cómo no lo iba a tener si hacía apenas un par de minutos su compañero Taehyung le había dicho que el presidente Choi lo estaba buscando? A él. ¡El mismísimo presidente Choi!

Joder, le iba a dar un infarto.

Acomodó por decimocuarta vez la camisa azul que aquel día vestía y se arregló con los dedos el pelo antes de dar dos golpes suaves en la puerta del despacho del señor Choi. En el fondo Jungkook deseaba que no hubiera nadie al otro lado de la puerta, pero esas esperanzas se vieron destrozadas cuando ésta se abrió dejando a un hombre sonriente.

—¡Jungkook, te estaba esperando! Venga, pasa.

Abrió la puerta totalmente, dejando espacio para que el nombrado pudiese entrar en la estancia y una vez lo hizo, cerró la entrada y caminó con paso decidido hasta su escritorio. Con un gesto, le excluyeron al azabache que se sentara en una de las sillas que había delante de su mesa y él rápidamente obedeció.

—¿Quieres algo para beber? Te noto un poco pálido.

—G-gracias por su preocupación, pero no es necesario.

Woo Shik levantó una ceja. —¿Estás seguro?

—No —confesó en un murmullo.

Jungkook cerró los ojos con fuerza y ​​sintió su rostro arder cuando las carcajadas del presidente resonaron por todo el despacho. Dios, estaba tan nervioso que ni siquiera se lo pensó dos veces antes de contestar y había hecho el ridículo delante de su jefe. Lo iban a despedir, estaba claro.

—Agradezco que seas tan sincero —le había dicho una vez terminó de reír—. Entonces le pediré a Wang que nos traiga unas infusiones. ¿Te parece bien? —Jungkook asintió tan rápido que se mareó un poco. —¡Genial entonces!

Choi de una palmada mientras sonreía extensamente y luego agarró el teléfono que tenía en su mesa y le dio a un botón—Wang, ¿me harías el favor de traer dos tés a mi despacho?

Enseguida voy, señor Choi. —se escuchó al otro lado de la línea.

—Muchas gracias.

Y una vez más la habitación se quedó en silencio, aunque Jungkook estaba seguro de que su jefe podía oír a la perfección los latidos debocados que daba su corazón. Estaba tan nervioso y lo peor es que el hombre que tenía enfrente parecía no percatarse del nerviosismo que él sentía. ¿O quizás sí que lo hacía y estaba disfrutando de ello? No lo sabía.

—¿Sabes por qué te he llamado, Jungkook?

—No, señor.

Pero podía hacerse una ligera idea .

Woo Shik apoyó los codos en la mesa y entrelazó sus manos, apoyando la barbilla en la unión para después observarlo fijamente. El azabache tragó saliva. Sí, su hipótesis era correcta. Lo iban a despedir.

—Jun Jihyun ha solicitado el traslado de sucursal.

Jeon frunció las cejas sin comprender lo que el presidente le acababa de decir. ¿La jefa de su departamento había pedido el traslado? ¿Por qué? Según sabía, todo el departamento adoraba a esa mujer. Aunque a veces los hiciera trabajar de más y exigiera mucho, siempre había un ambiente cómodo en la oficina y cada vez que terminaban un proyecto, los invitaba a cenar. ¿Entonces por qué había solicitado el traslado? ¿Y por qué se lo estaba contando el señor Choi a él? Antes de que pudiera preguntarle nada, el secretario Wang entró en el despacho sujetando una bandeja. Dejó con delicadeza cada taza y luego se marchó no sin antes hacer una pequeña reverencia.

—Un familiar suyo se ha enfermado y ella es la única que tiene la posibilidad de vivir cerca y cuidarlo —dijo Choi, retomando la conversación. Acercó la taza a sus labios y sopló con suavidad—. Asi que su puesto se ha quedado libre.

—Ya veo...

—¿Te interesaría ocuparlo tú?

A Jungkook le habría encantado contar que respondió de forma elegante a la pregunta que le había hecho su jefe, pero no fue así. Desgraciadamente para él, justo cuando el señor Choi había soltado esa pregunta como si nada, estaba dándole un sorbo a su té y terminó atragantándose. Dejó la taza con fuerza en la mesa y miró hacia el techo mientras tosía frenéticamente. ¿Había escuchado bien? ¿El presidente realmente le acababa de ofrecer el puesto de la señora Jun? ¿Le había dicho que podía ser jefe de departamento?

—¿Estás bien?

Maldita sea, claro que no lo estaba.

—S-sí, señor.

Choi asintió como si creyese en las palabras de Jungkook, aunque a través de sus ojos el azabache pudo distinguir un brillo de incertidumbre, pero no lo pudo culpar. Jungkook había estado a nada de morir atragantado. Su padre tenía razón al decir que los seres humanos eran animales débiles. Sobre todo él. Si existiera un premio a la persona más torpe del planeta, Jungkook estaba seguro de que podría ganarlo sin apenas esforzarse. No entendía cómo es que todavía no había tirado la taza de té encima de sus pantalones negros. Aquello eran un milagro.

El azabache también contempló como un milagro las palabras que dijo el señor Choi tiempo después.

—¿Entonces te interesa el puesto? Porque creo que eres el más indicado para ocuparlo.

Joder, joder, joder, joder, joder y joder. ¿En serio le estaba ofreciendo ser jefe de departamento? El azabache sintió que podría ponerse a llorar en ese mismo momento. Sus esfuerzos habían valido la pena, por mucho que su prometido dijera que jamás le ascenderían por ser demasiado joven. A Jungkook le entraron unas ganas tremendas de ir hacia su casa y gritarle en la cara a Yugyeom que estaba equivocado. No solo eso, sino que deseaba salir corriendo del despacho y gritar por toda la empresa que lo habían ascendido.

—Dios, por supuesto que me interesa el puesto, señor Choi. Muchísimas gracias por pensar en mí — respondió sin poder disimular la emoción en su voz y estaba seguro de que sus ojos habían adquirido ese brillo que siempre delataba cuando algo le gustaba.

Una enorme sonrisa estiró las comisuras de Woo Shik.

—No las des, hombre. ¡Si eres uno de mis mejores empleados! ¿Cómo no iba a pensar en ti? El puesto de jefe de departamento te quedará como un guante, ya verás.

Jungkook sonrió como un niño pequeño y asintió con la cabeza efusivamente.

Sí, aquel puesto estaba hecho para él.

Lo sabía.


Jungkook había conocido a Yugyeom cuando aún estaba en segundo año de carrera, en una de las típicas fiestas universitarias. Acababa de cumplir veinte años y Hoseok, quien había sido su mejor amigo desde antes de que se le cayesen todos los dientes, se había pasado toda una semana insistiendo para ir a una fiesta a celebrar su cumpleaños a lo grande. Jungkook al inicio se negó. No llevarían ni siquiera un mes de clase, ¿cómo era posible que su amigo pensara que ir de fiesta era una idea grandiosa? Cuando se lo preguntó, Hoseok se río.

—Tómate esta fiesta como si fuera de bienvenida, Kook —le había contestado con su característica sonrisa adornándole el rostro—. Además, es la mejor época para emborracharse porque los profesores todavía no han mandado ningún trabajo.

Contra aquello no podía discutir así que terminó aceptando la solicitud del pelirrojo ese mismo día. Y cuando llegó el viernes por la noche, ambos se subieron a la moto de Hoseok y fueron rumbo a la hermandad que aquel día organizaba la fiesta. Ahí, entre jóvenes borrachos y botellas de alcohol, conoció al que sería su novio durante cuatro largos años y después, una noche de luna llena en el restaurante más hermoso y caro de todo Seúl, le pediría matrimonio.

Qué rápido pasa el tiempo.

Fue lo único que pensó Jungkook cuando aquellos recuerdos surcaron su mente. Con la felicidad extendiéndose por todo su pecho, entró al edificio dando pequeños saltitos y le dio al botón para pedir el ascensor. Se balanceó de un lado hacia el otro con impaciencia. Estaba desenado llegar a casa, lanzarse a los brazos de su prometido y contarle lo que había sucedido aquella mañana. Una sonrisa tonta estiró sus comisuras cuando pensó en la cantidad de formas en las que Yugyeom podía felicitarlo y en todas ellas ambos estaban desnudos.

Subió al ascensor y apretó el botón del séptimo piso repetidas veces hasta que por fin se cerraron las puertas. Jungkook sintió que esos segundos en el ascensor fueron los más largos de su vida. Prácticamente se lanzó fuera de éste cuando llegó a su planta y corrió hasta que tuvo delante la puerta número 109. Mientras tarareaba una canción, tecleó el código para abrir la puerta y entró al piso de sus sueños, ese que tanto trabajo les había costado comprar. Observó la entrada con ojos soñadores, recorriendo todo lo que estaba a su alcance. Desde los cuadros colgados en las paredes hasta el jarrón con margaritas que estaba situado en el mueble donde guardaban los zapatos. Fue entonces cuando bajó la mirada y se dio cuenta de un detalle.

Ahí había dos pares de zapatos colocados de forma apresurada.

Ninguno era suyo.

Sitió todos los músculos de su cuerpo tensarse mientras se quitaba las zapatillas con las manos temblando. Jungkook se obligó a mantener la calma. Se dijo a si mismo que debía tratarse de algún amigo del trabajo de Yugyeom. Al fin y al cabo no sería la primera vez que invitaba a alguien a casa para beber.

Pero siempre le avisaba.

Una vez descalzo, se adentró por el pasillo y cuando estuvo en el salón, se le cayó el alma al suelo justo donde se encontraban un par de pantalones. Escaneó toda la estancia y pudo ver que una camiseta se encontraba encima del sofá. Ese sofá color crema que tanto amaba. Además, cerca del mueble de la televisión se encontraba una camisa que fue capaz de distinguir a pesar de la oscuridad. Ese era el regalo que le había dado a su novio por su cumpleaños hacia poco menos de un mes. Su primer instinto fue acercarse hacia el mueble, pero un ruido proveniente de una de las habitaciones le hizo detenerse de golpe. Se quedó estático y con un nudo asentándose en la base de su garganta. ¿Eran imaginaciones suyas o aquello que estaba escuchando eran risitas? Agudizó el oído. Sí, definitivamente eran risas y sí, todas venían de la habitación principal.

Maldita sea. Mierda. Joder.

¿Aquello iba en serio? ¿Realmente estaba pasando?

Caminó de puntillas hasta que estuvo enfrente de la puerta que daba a laque era su habitación. Quiso reírse cuando vio que no estaba cerrada del todo. Era como si su destino se estuviese riendo de él, como si estuviera disfrutando de aquel momento. Frunció el ceño cuando sitió sus mejillas húmedas. Joder, ¿cuánto tiempo llevaba llorando? Daba igual, eso era lo de menos. Asomó la cabeza a través del hueco, viendo atentamente lo que sucedía dentro de la habitación. Iluminados por la lámpara de la mesilla de noche del azabache, Yugyeom se encontraba tumbado en la cama con un hombre encima de él besándolo. No pudo reconocerlo porque le daba la espalda, pero podía ver a la perfección su piel desnuda.

Su prometido tuvo que darse cuenta de que los estaba observando, porque en menos de un minuto alzó la cabeza y sus ojos conectaron. En ese mismo instante, Jungkook se rompió.

Soltó los sollozos rotos que había estado conteniendo durante todo el tiempo sin siquiera haberse dado cuenta, dio varios pasos hacia atrás y corrió hacia la salida. Una mano tirando bruscamente de su brazo le hizo detenerse cuando había estado a punto de llegar a la puerta. Giró su cabeza, observando por encima de su hombro a Yugyeom. Estaba con el pecho descubierto, el pelo enredado y con marcas de mordiscos en su cuello. No se atrevió a bajar más la mirada. Trató de zafarse del agarre, pero lo único que consiguió fue que los dedos del castaño se apretaran más en su brazo.

—¡Suéltame!

—No hasta que me escuches.

Una mueca de asombro se instaló en su rostro, dejándolo descolocado. ¿De verdad esperaba que Jungkook fuera obediente y se quedara escuchando la mierda que tenía pensada decirle? ¿Aquello iba en serio? La rabia corrió por su cuerpo, haciendo que tuviera la fuerza suficiente como para lograr soltar el agarre por sí mismo.

—No.

—Jungkook...

—He dicho que no.

Caminó con pasos decididos hasta la entrada y se colocó con prisa los zapatos. Sentía la mirada de Yugyeom atravesándole la espalda, pero no se giró. Lo último que quería era mirarlo.

Amor, te lo ruego. Quédate y deja que te explique esto.

La palabra “amor” resonó por su cabeza durante un par de segundos haciendo que se quedase quieto. El castaño, que había entendido el silencio de Jungkook como una señala para continuar hablando, se acercó hacia él y lo abrazó por la cintura, pegando su pecho desnudo contra la espalda de azabache, dejando un beso en su cabeza.

—Podemos arreglarlo, amor. No es la gran cosa —murmuró contra su pelo.

Por muy dolido y roto que estuviera, Jungkook no era estúpido. Sabía que su novio (¿debía seguir llamándolo así?) intentaba restarle importancia a lo que acababa de ver, llenándole la cabeza de mentiras. Porque Yugyeom siempre había sido así y Jungkook como buen novio lo había soportado, pero ya no. Se negaba a escuchar las tonterías que le iba a decir, es por eso que dijo con la voz cargada de odio:

—Eres un puto sinvergüenza.

Los brazos que lo rodeaban se tensaron.

—Controla esa lengua, Jungkook.

—Lo haré cuando tú logres controlar tu polla.

Sin decir nada más, tiró la cabeza hacia atrás de forma brusca y le golpeó con la coronilla la nariz. Rápidamente se apartó de Jungkook, llevando sus manos a la zona golpeada y mirándolo incrédulo.

—¿Me acabas de golpear?

—Agradece que no te he cortado los huevos, porque es lo que te mereces.

La ceja del castaño se crispó y sus ojos adquirieron un brillo oscuro. Aquello le había molestado. ¡Fantástico, al menos así no era el único molesto ni dolido! Aunque Jungkook podía jurar que la nariz de Yugyeom en aquellos momentos no dolía tanto como lo hacía su corazón.

—¡¿Quieres dejar de exagerar, joder?! —gritó Yugyeom mientras daba un paso hacia él y le agarraba nuevamente del brazo— ¡Tanto escándalo por follarme a otra persona!

—Estás loco —fue lo único que le salió decir.

—¡No, el único loco aquí eres tú que vas rompiendo narices porque sí!

—¡¿Porque sí?! —joder, esa conversación se estaba volviendo surrealista. Era increíble que tuviera que recordarle a su novio lo que acababa de pasar hacía apenas unos minutos— ¡Te has follado a otra persona cuando estás comprometido conmigo! ¡Y no en cualquier parte, sino en nuestra puta casa! ¡¿Y te parece que estoy exagerando?!

—Ni que fuera la primera vez que hago algo así.

Aquello hizo que toda la rabia que tenía Jungkook en el cuerpo se disipara de golpe y fuera sustituida por incredulidad, decepción y tristeza, mucha tristeza. Observó a través de sus pestañas el rostro de Yugyeom y se oyó sollozar.

—¿C-cómo has dicho?

El castaño puso los ojos en blanco, exasperado.

—¿No me escuchas cuando hablo? Te digo que no es la primera vez que hago algo así. No entiendo cómo es que estás tan sorprendido.

—¿Me has...?¿Me has puesto los cuernos más veces, Kim Yugyeom?

El agarre en su brazo fue perdiendo fuerza hasta que finalmente quedó liberado.

—No te he puesto los cuernos.

Jungkook rio más por la incredulidad del momento que porque la situación le hiciese gracia en sí.

—No, claro que no —dijo entre risas— Solo te has acostado con otras personas mientras estabas saliendo conmigo. Pero eso no es ponerme los cuernos, ¿verdad?

—No.

Esa situación carecía de pies y cabeza. Se sentía al borde de la locura. Su novio desde hacía casi cinco años le había confesado que se había acostado con otras personas como si no fuese la gran cosa, cuando sí que lo era.

Joder si lo era.

—Adiós, Yugyeom. Espero no volverte a ver en la vida —fue lo último que dijo antes de salir por la puerta. Sin embargo, retrocedió los pocos pasos que había dado y entró de nuevo en la estancia, sobresaltando al castaño que aún seguía de pie en el pasillo—. Por cierto, el piso me lo quedo yo. Quiero toda tu mierda fuera de mi casa mañana a primera hora.

Dicho esto, dio media vuelta y salió, dando un portazo que resonó por todo el edificio. Camino, pidió el ascensor y cuando estuvo dentro de él, se sentó en el suelo metálico y empezó a llorar ya reír a la vez. Pero nadie podía culparlo, le acababan de romper el corazón el mismo día que le habían ascendido y su cabeza era un cúmulo de pensamientos sin sentido.

¿Cómo pudo haber comenzado el día tan bien y haber terminado tan mal?

Definitivamente el destino disfrutaba haciéndolo sufrir.

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