El contrato del mejor amigo

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Sinopsis

Aidan, el multimillonario CEO de Empire, es conocido por ostentar el título de uno de los "Top 5 Hottest Bachelor", mientras que Kenna, su mejor amiga, es una doctora que nunca ha encontrado el momento adecuado para el amor. Ambos han sido muy unidos desde niños, tras un incidente que los hizo inseparables al instante. A medida que crecieron, las cosas empezaron a cambiar, pero los mejores amigos son para siempre... sin importar las circunstancias. ¿Qué sucede cuando Aidan propone un contrato y quiere que Kenna forme parte de él?

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
athrhteera
Estado:
Completado
Capítulos:
41
Rating
4.7 1.23k reseñas
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Hace 20 años...

Kenna está sentada en silencio en el asiento trasero del coche, jugando con sus dedos pequeñitos mientras espera a que su madre salga del edificio de oficinas que posee su padre. Ha esperado durante los últimos treinta y cinco minutos, pero su madre aún no aparece. Kenna sabe lo mucho que ella se desvive por su trabajo.

Justo cuando está a punto de soltar un suspiro profundo, una mujer conocida, de cabello castaño oscuro y ojos azul claro, comienza a caminar hacia el coche. Los labios de Kenna se curvan en una sonrisa al ver a su madre subir al vehículo, quien le dedica una sonrisa de disculpa.

—Lo siento, Kenna. ¿Me perdonas? —dice su madre. Kenna asiente con la cabeza. Aunque solo tiene seis años, entiende bastante sobre la ajetreada carrera de sus padres. Ya ha escuchado suficientes excusas.

De hecho, Kenna tiene un corazón muy noble, algo que sabe bien Jeffrey, el chófer de la familia. Ella se encariña rápido con la gente y los perdona a la velocidad del rayo en cuanto le piden disculpas... por eso Jeffrey le tiene tanto cariño.

—¿Directo al jardín de infancia, ma’am? —pregunta Jeffrey, mirando el retrovisor mientras aprieta el volante con ambas manos.

Jeffrey ha trabajado para la familia desde que terminó el instituto. Tiene más o menos la edad del padre de Kenna, o quizás un par de años más. A pesar de que no se llevan tantos años, Jeffrey tiene unas arrugas marcadas cerca de los ojos y en el centro de la frente que, de alguna manera, lo hacen parecer mayor de lo que es.

—Sí, Jeffrey —responde su madre, aplicándose otra capa de pintalabios rojo antes de cerrar el espejo compacto y guardarlo en su bolso de cuero.

Kenna observa a su madre, fijándose en la elegancia y el aplomo con los que se sienta. Su cabello castaño oscuro cae en rizos suaves sobre sus hombros, dándole un aspecto profesional y casual al mismo tiempo. Aunque pasa más tiempo en la oficina que en casa, nunca la ha escuchado pedir un descanso ni quejarse.

—¿Emocionada, sweetheart? Podrás conocer gente nueva y hacer amigos —dice ella, girándose para ver a Kenna, que juega con la goma de pelo que tiene en la mano. Siempre la lleva a todas partes; es su goma de la suerte, algo que no es fácil de conseguir.

—¿Y si me odian? ¿Y si no consigo amigos nuevos? —pregunta Kenna, con una voz lo suficientemente clara, aunque algo baja por si su madre estuviera más lejos.

Su madre le agarra la mano, apretándola como señal de apoyo antes de dedicarle una sonrisa. —Kenna, honey, eres la niña más maravillosa del mundo. Eres inteligente, guapa, talentosa, divertida... aunque tenemos que trabajar un poco en la parte de lo divertida, pero eres capaz de todo. —Tanto Kenna como su madre sueltan una risita, felices de que ella le esté subiendo el ánimo para que pueda hacer amigos.

El coche se detiene. Jeffrey se gira hacia ellas con una sonrisa en cuanto sus ojos se posan en Kenna. Luego, madre e hija bajan del coche y caminan hacia la entrada del jardín de infancia, tomadas de la mano.

—Hola, usted debe ser la señora Roosevelt —dice una mujer que se acerca hacia donde están paradas—. Soy la señora Cooper. Es un placer conocerla al fin —continúa, mientras la madre de Kenna le estrecha la mano, dejando a Kenna de pie con una sonrisa tímida.

—Igualmente, señora Cooper —asegura la madre de Kenna.

La mujer llamada «señora Cooper» se gira hacia Kenna con ojos brillantes de diversión. —Tú debes ser Kenna —dice, poniéndose a la altura de la niña—. Hay un par de niños que también se inscriben hoy, Kenna... ¿por qué no vas con ellos al patio? —Señala el patio, que se puede ver desde el interior a través de una ventana de cristal.

Kenna mira a su madre, quien asiente. —Ve, Kenna. Haz algunos amigos —dice su madre. Kenna camina directo al patio, aunque echa un par de vistazos atrás a su madre, que sigue hablando con la señora Cooper.

En cuanto Kenna sale al patio, se encuentra con un par de niños jugando cerca del arenero y otro que juega solo cerca de los toboganes. Kenna frunce el ceño al darse cuenta de que allí solo hay chicos. Se dirige hacia los columpios y se agarra con fuerza a los lados mientras se sube.

El columpio empieza a moverse de adelante hacia atrás mientras ella mira el cielo azul, que le llama la atención. Sus manos se aflojan, sus labios se curvan en una pequeña sonrisa y disfruta escuchando el trinar de los pájaros en las ramas.

—Ese columpio es mío —dice un niño. Antes de que ella pueda reaccionar, cae al suelo e intenta apoyarse para no golpearse la cara. Sus ojos buscan al responsable detrás de ella y ve a un niño de cabello castaño y ojos color café mirándola con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Qué te pasa? —pregunta Kenna, con los ojos llenos de lágrimas que intenta retener. Mira hacia otro lado y se limpia los ojos, intentando ponerse en pie mientras nota un raspón y un corte en su rodilla derecha.

—¡Aidan Gabriel Ashton! —Una mujer desconocida sale al patio con los ojos muy abiertos y se acerca a toda prisa. Agarra a Aidan por el brazo y mira a Kenna—. ¿Qué has hecho? —le pregunta a su hijo, quien se limita a poner los ojos en blanco, sin importarle en absoluto.

—Estaba en mi columpio —responde Aidan, cruzándose de brazos rápidamente.

La mujer camina hacia Kenna con expresión preocupada al ver la sangre en su rodilla. Sus ojos se abren de par en par al girarse hacia su hijo: —No se trata así a las chicas, Aidan. ¿Qué te he dicho...? —Justo cuando iba a hablar, Aidan la interrumpe.

—No es de caballeros hacerle daño a una chica y es una falta de respeto lastimar a cualquiera sin motivo, pero nunca se daña a una chica —suelta él, un poco harto de repetir siempre lo mismo.

—¿Kenna? —Los ojos de Kenna se desvían hacia su madre, que los mira a los tres con sorpresa antes de acercarse. Mira el rasguño en la rodilla de Kenna—. ¿Qué ha pasado? —pregunta preocupada.

Poco después, Kenna está sentada sola en el aula, con los ojos vagando por la habitación y luego hacia su rodilla, que ya tiene una tirita. Frunce el ceño al escuchar a su madre hablar sobre cómo se hizo daño sin motivo alguno.

—Ahora mismo —dice alguien. La puerta se cierra de nuevo y todo queda en un silencio absoluto al instante.

En cuestión de segundos, Aidan aparece cerca de la puerta, lo que hace que Kenna levante la vista. Él juega con la punta de sus dedos, pero la mira fijamente. Luego, se sienta frente a ella. —Hola.

—Hola... —responde Kenna lentamente.

Kenna y Aidan se miran el uno al otro con expresión seria, pero, siendo niños, no sienten nada más que una cierta atracción por la belleza del otro.

—Siento haberte tirado del columpio —dice él. Kenna mira hacia la puerta y ve a su madre junto a la madre de Aidan, que también los observan. Ella se agarra los dedos pequeñitos debajo de la mesa antes de mirar a Aidan, que parece pensar en otra cosa antes de ofrecerle la mano—. ¿Amigos? —pregunta.

Como bien sabía Jeffrey, Kenna siempre era la primera en perdonar. La habían educado con buenos modales y siempre los seguía. —Amigos —dice, mientras estrecha su mano.

—Tienes unos ojos muy bonitos —dice Aidan inclinando la cabeza, lo que hace que Kenna sonría.

—Los tuyos también —responde Kenna. Ambos empiezan a hablar de otras cosas y Kenna se siente cómoda muy pronto. Nunca se había sentido así, especialmente con alguien que la había tirado del columpio, pero, por alguna razón, siente que serán amigos por mucho tiempo.

Ambas madres los miraban sonriendo mientras se hacían amigos. Ninguna de ellas sabía que, desde aquel día... lograron convertirse en mejores amigos. Fue un viaje que valió la pena, y fue su propia historia.