El porqué odio el café | Los Intocables #4

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Sinopsis

Necesitaba un empleo... y rápido. ¿Por qué? Papá no me quería comprar un auto. Según él porque soy totalmente irresponsable para tener uno. ¿Qué le dije yo? Buscaré un empleo y te demostraré que si puedo. Veinte días, veinte días pasaron hasta que pude obtener un empleo... Nada mejor que ser una mesera en una cafetería, soy la nueva chica del café. Un empleo que se volvió fijo con las semanas, adoraba mi trabajo, conocer nuevas personas y oírlos hablar horas y horas de diferentes anécdotas. Hasta que llegó George. Cometí la equivocación de preguntarle qué tipo de café quería, pero, ¿quién va a una cafetería si no es a tomar café? Bueno, George Adams es la excepción y me quedó claro cuando me dio sus razones del porqué odia el café.

Genero:
Romance/Humor
Autor/a:
littlemaple
Estado:
Completado
Capítulos:
49
Rating
4.9 24 reseñas
Clasificación por edades:
16+

Prólogo

Start writing hSegunda semana de trabajo.

Me gusta la navidad, y más por la razón de los regalos. Deseo con todas mis fuerzas un auto, todos mis compañeros tienen uno menos yo. Por ser época navideña le pedí a papá que me regalara uno, pero él me dijo que no estaba lo suficientemente lista para obtenerlo. Tampoco estaba a mi favor que ya tenía dieciocho años y por ley, ya debía hacerme cargo de mi misma.

Tengo dos semanas sin hablarle a papá, después de que le dijera que había conseguido un trabajo y me tachara diciendo que estaba trabajando en un burdel, se burló de mí. No tengo nada en contra de esas señoritas que trabajan ahí, pero yo no sería capaz de trabajar en un lugar así y estoy segura de que papá lo sabe.

—Cris, atienda la mesa ocho, por favor—ordena Collen.

—Voy para allá.

Collen es mi jefa, una muy increíble jefa. Decidió contratarme aun en cuando no tenía experiencia de mesera. La semana pasada fue de prueba y la pasé, di lo mejor de mí para quedar en este lugar, necesito el dinero. Es un sitio agradable y tengo buenas compañeras, bueno, exceptuando a Lili, esa chica siempre me mira mal.

Me acerco a la mesa ocho, dos chicos se encuentran ahí, ya los había visto antes pero era Lili la que los atendía. Siempre he visto que Lili miraba con una sonrisita coqueta a uno de los castaños, pero siempre me aguantaba la risa al ver que el chico no le prestaba ni la más mínima atención.

—¡Hola! Bienvenidos a Gallo’s, la cafetería que te mantiene calentito. Hoy seré su mesera—digo como si fuera mi mantra, solo me tomó dos clientes para aprendérmelo—. ¿Que desean pedir?

—¿Eres nueva?—pregunta uno de los castaños.

—Algo así, estoy aquí desde la semana pasada.

—Bueno, yo siempre pido un café con leche y un pastel de zanahoria.

Anoto en mi libreta su pedido aunque también lo hago mentalmente por si en otra ocasión me toca atenderlos.

—Por cierto, me llamo Connor—se presenta con una sonrisa.

—Yo soy Cristine, es un gusto—le devuelvo la sonrisa y ahora observo a su amigo—. ¿Qué café deseas?

—¿Por qué crees que quiero un café?

—George.

—No, Connor. ¿Por qué siempre que voy a una cafetería piensan que voy a tomar un café?

—Ujm, porque estás en una cafetería—contesto, pero sueno dudosa.

—En las cafeterías también se toman jugos y gaseosas—porfía él. Connor suspira negando con su cabeza.

—Tráele un jugo de naranja—murmura Connor.

—El café es asqueroso. Lo odio.

Y me ofendo. ¿Cómo puede decir que ese manjar de los dioses es asqueroso?

—El café es divino, tú eres el único que viene a una cafetería que se especializa en el café, que huele a café y que sus clientes adoran su café, a insultar el café—reclamo algo enfadada. Cuando estoy enfadada me gusta hacer trabalenguas.

—El café es una porquería, todos están locos aquí.

—Tú estás loco. ¿Por qué demonios odias el café? ¿Los granos te hicieron algún tipo de daño?

—Te daría mil razones del porqué odio el café.

—Pues perfecto, porque trato de entenderte—suspiro—. Escuchen, iré por sus pedidos.

Me voy rápidamente de ahí. Ese chico está demente. ¿Odia el café? Preparo todo rápidamente y tomo un pequeño pedazo de pastel de zanahoria, lo coloco en una bandeja de plástico para dirigirme de nuevo al chico guapo y el demente del café.

—Aquí tienen—susurro.

Me retiro sin esperar unas gracias. Me dirijo a atender otras mesas cuando observo que los chicos de la mesa ocho se han ido, voy hacia allá y tomo la bandeja. Unas letras en una servilleta me llaman la atención.

Razón número uno del porqué odio el café:

Aunque le eches azúcar, sigue sabiendo amargo. No me gusta lo amargo, bonita. Me recuerda a ti, pareces una dulzura, pero con el carácter que te cargas, espantas a cualquiera.

—G

Si será...ere…