Capítulo Uno
—¿Qué ha pasado, LuHan? —Matt sonaba como si estuviera apretando los dientes mientras bombeaba dentro de él—. ¿Quieres que te frote un poco más?
La frustración congeló el interior de LuHan como avena fría. No estaba en ninguna parte cerca de estar excitado, y cada vez que Matt le preguntaba qué hacer, su orgasmo retrocedía aún más. No tenía sentido continuar.
—Oooh —LuHan suspiró, sacudiendo sus caderas hacia arriba y hacia abajo, apretando su agujero.
—Oh sí —gimió Matt en respuesta, y otra vez cuando se corrió en su interior un segundo después.
Bueno, ¿no había sido esto emocionante? No. Cuando Matt dio la vuelta sobre el colchón con un gemido satisfecho, LuHan consideró obligarlo a irse de la cama. Pero no era su culpa. Matt lo había intentado. Siempre lo intentaba, preguntándole si esa técnica funcionaba o aquélla otra. ¿Cómo podría decirle que no quería decirle exactamente qué hacer en el sexo?
Sí que no podía decirle que simulaba una buena medida de sus orgasmos. Estaba resentido por no poder decírselo, lo que era aún más injusto. LuHan no se calentaba de una manera inconfundible, después de todo. Para LuHan, un orgasmo se sentía más como un estornudo, ciertamente no el terremoto que sus amigos describían, y ni de cerca como los gritos de placer desde el apartamento de al lado. ¿Cómo se sentiría? ¿Estar tan abrumado como para gritar de verdad?
Matt dijo lo que pensaba como si hubiera seguido su tren de pensamientos.
—Tú sabes, LuHan, nunca pareces demasiado entusiasmado cuando follamos. Y mi técnica es fantástica.
Así había sido informado por todos sus anteriores amantes, sin duda. Era bueno saberlo. Gracias, Matt. Ahora se sentía realmente fuera de lugar. ¡Qué diablos! Justo habían firmado conjuntamente un contrato de arrendamiento y se habían mudado juntos hacía sólo un par de semanas, y Matt ya estaba aburrido de él. LuHan tragó para pasar el nudo en su garganta.
—Tal vez no somos una buena pareja —se levantó y miró por la ventana de su dormitorio, donde el edificio de apartamentos de al lado resplandecía por la puesta de sol.
—Oh, no te pongas así —Matt le dio unas palmaditas en su hombro—. Estamos muy bien juntos. ¿Dónde encontraría a un chico que pudiera ser tan cortés durante las cenas de negocios?, ¿y qué otro tipo te permitiría arrastrarlo por una amplia muestra de arte?
—Bueno, eso es verdad —LuHan había pensado que eran una pareja perfecta casi desde el principio.
Imitando a su terriblemente práctica madre, LuHan había creado una lista de las características de su hombre ideal, y cuando conoció a Matt, se había sentido aturdido por lo bien que acertaba con sus requisitos. Matt era agradable y encantador. Con un sentido del estilo. Disfrutaban de las mismas películas, libros y amigos. Ambos tenían empleos profesionales, ganaban la misma cantidad de dinero, aunque Matt era más bisexual que gay. Realmente podía conversar acerca de temas de películas, y le gustaba la comida china.
Tal vez debería haber incluido el sexo en algún lugar de la lista, pero nunca lo había considerado muy importante. Dejando a un lado el sexo, él y Matt eran muy compatibles. LuHan se volvió con un suspiro.
—Supongo que tienes razón.
Tendido de espaldas, Matt tenía un aspecto bien cuidado con su cabello rubio recortado en un moderno salón de belleza, los músculos formados con dedicación en el gimnasio, y un persistente bronceado de un viaje de negocios a San Diego. Al día siguiente él se levantaría, comería algo bajo en grasas y asquerosamente saludable, y se dirigiría a su trabajo en la agencia de bolsa, satisfecho con la vida.
Su satisfacción coincidía con la de él. Realmente. Después de todo, el gerente general de su agencia de publicidad lo estaba considerando para el puesto de director general de arte, acelerándole su llegada a la cima. El viento azotaba las cortinas hacia el interior. LuHan vivía en la mejor ciudad del mundo.
—Tengo una idea, pero es probable que a ti no te guste —Matt se volvió hacia él y se apoyó sobre un codo—. Yo pertenezco a un grupo, y vamos a pasar el fin de semana largo en las montañas.
—Recuerdo que me dijiste que estarías afuera de la ciudad —se mordió el labio. Tal vez ellos no eran tan compatibles como había pensado. Matt nunca había mencionado pertenecer a otra cosa que no sea su gimnasio y a algunas asociaciones empresariales—. ¿Qué grupo es ese?
—Es un club de Swingers.
—Muy gracioso —sólo que Matt no mostraba ninguna sonrisa. No estaba bromeando—. ¿En serio? ¿Swingers, del tipo de intercambio de parejas, swingers?
Se encogió de hombros, medio avergonzado y medio presumido.
—Eso es todo. Nos reunimos un fin de semana cada dos meses... Uh, me parece que la última vez que nos reunimos, tú estabas en China para un seminario. De todos modos, somos alrededor de veinte en el club y...
—¿Has estado jodiendo con otras veinte personas y sólo ahora me lo haces saber? Matthew, ¿cuántas enfermedades me podrías haber contagiado?
Matt levantó la mano.
—No te enloquezcas, LuHan. Todos usamos condones y nos hacemos los exámenes de forma rutinaria. No es así.
El puño que apretaba sus entrañas se relajó un poco.
—Oh, eso es bueno.
—Y no es como que tú y yo tengamos una relación exclusiva. ¿No?
—Cierto —sólo porque LuHan no salía y follaba con el vecindario no significaba que Matt no podía hacerlo. Ellos habían estado de acuerdo en mantenerse sin ataduras. Sin embargo, ¿quién hubiera pensado que Matt solucionaría esa pequeña discrepancia de tal manera?
Y aquí LuHan había creído que Matt tenía fobia al compromiso debido a que su última relación había salido mal. Se había estado obligando a sí mismo a no empujarlo. ¡Bien por ti, LuHan!
—¿Así que vas a marcharte para tener una orgía?
En la penumbra del pasillo de la sala lo vio poner los ojos en blanco.
—No es una orgía. Hacemos intercambios, y en algunas ocasiones dos parejas se unen en un cuarteto, pero no más que eso. Por lo general —expresó con una sonrisa.
—Ah, bueno entonces, eso está bien —dijo LuHan secamente.
—Puede ser muy divertido. Ven conmigo esta vez, LuHan —Le tomó la mano—. Reservaremos un grandioso lugar arriba de las montañas. Hay lindas casas tradicionales dispersas entre los árboles, y seremos las únicas personas allí. Nos vamos el viernes, pasamos el fin de semana, y hasta el miércoles regresamos. Personas agradables, sexo increíble. Podrías incluso llevar tus pinturas
—No lo sé —LuHan lo miró fijamente con incredulidad. Vacaciones, no es que hubiera tomado un descanso desde que terminó la universidad, debería pasar unos días en algún lugar cálido y soleado, con servicio de habitaciones. Pero se estaba saliendo de tema. Matt estaba hablando sobre sexo—. ¿Brincando dentro y fuera de la cama con otras personas? Matt, no estoy en eso.
La sonrisa de su rostro murió.
—LuHan, necesitamos añadir algún condimento a esta relación. Es...
Inadecuada. Insatisfactoria. El eco del portazo detrás de su padre hace veintitantos años parecía reverberar en sus oídos. Tú eres gorda y aburrida, y así es LuHan. Me voy. Sus costillas parecían apretarse hacia adentro, comprimiendo sus pulmones hasta que no podía respirar. LuHan negó con la cabeza hacia él.
—Bueno —añadió Matt—, esto así no funciona para mí.
Lo que quería decir era que LuHan no funcionaba para él. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta, no haber visto venir esto?
—¿Qué pasa con mis gustos y mis planes? ¿Qué pasa con nuestro contrato de arrendamiento? —Preguntó LuHan con los labios entumecidos.
—Oh, no vayas por aquí —dijo Matt a la ligera—. Ven conmigo. Será bueno para ti. Tal vez te ayude a perder algunas de esas inhibiciones.
Se mordió la lengua para hacer retroceder su primera respuesta de ninguna manera porque, tan contundentemente como lo había expuesto, Matt tenía un punto. En la vida sexual de ellos faltaba algo... No, para ser honesto, a él le faltaba algo. ¿Pero divertirse con un grupo? ¿Ir a la cama con extraños? LuHan no podía hacer algo así.
—Matt...
—Vamos. Dale una oportunidad.
Una oportunidad. LuHan trató de imaginarlo... Es probable que un desconocido entrara en su habitación. Y tal vez dudaría, así que lo agarraría, clavándolo contra el colchón, obligándolo a cooperar. Su polla empezó a despertar.
—Bueno, tal vez...
Matt le frotó el hombro.
—Realmente he estado esperando que te unas a nosotros.
Y si LuHan no iba, su relación terminaría. Eso estaba muy claro. No más aburrimiento.
—Sexo estupendo ¿eh? ¿Por qué no?