Med sencami🐞
(𝑬𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒔𝒐𝒎𝒃𝒓𝒂𝒔)
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Med sencami🐞 (𝑬𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒍𝒂𝒔 𝒔𝒐𝒎𝒃𝒓𝒂𝒔)

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Notes d'histoire

En el año 1873, se desenvuelve esta historia, una época distante, que ya se olvida, pero que en su memoria siguen resonando los ecos del misterio y la magia. Artemisa, una joven de 16 años, se verá arrastrada por un mar de secretos, emociones profundas y encuentros que desafiarán tanto su corazón como su mente. Su camino, rodeado por la sombra y la luz, se entrelaza con seres tan complejos, marcando una historia donde la realidad se confunde con lo sobrenatural. Inspirada por el estilo gótico de Sheridan Le Fanu y la inquietante narrativa de Carmilla, esta narración fluye como un río de pensamientos y emociones, entrelazados en versos que danzan entre la libertad y la desesperación . Aquí, cada palabra busca evocar no solo la atmósfera del tiempo, sino también el alma misma de sus personajes, esos que viven atrapados entre lo visible y lo invisible, entre lo permitido y lo prohibido. A través de estas páginas, quiero que se sumerjan en un espacio donde los secretos se desvelan lentamente y donde cada rincón esconde algo más de lo que parece a simple vista. Un viaje hacia lo desconocido y conocido, hacia lo misterioso y lo magnífico, hacia lo que nunca se dice en voz alta.

Résumé

Artemisa, dime: ¿qué es la magia? ¿Existe realmente? Estoy a punto de mostrarte miles de paisajes, entrelazados en lo salvaje de poesía y fantasías, misterios que se ocultan entre las sombras. Vida y muerte son mares distintos, pero si buscas la verdad y la libertad, ¿qué estarías dispuesta a sacrificar? Me responderás cuando estés lista. —De un amor indeleble.

Genre :
Fantasy,Mystery
Auteur :
Nico
Statut :
il y a 2 ans
Chapitres :
3
Rating
5.0 (1 avis)
Classification par âge :
16+

Capítulo 1 Existo:

Martes, 13 de octubre de 1873

10:00 de la noche


Es de noche. Me siento culpable por haber escapado, mientras mis padres duermen, igual que Silvana y Perla. Agotadas de tanto barrer y trapear, cayeron rendidas en esas inmundas sábanas de sus alcobas. Siento lástima por ellas; no entiendo por qué a la gente buena casi siempre le toca lo peor. Son tan dulces conmigo y, sin embargo, deben ser esclavas de mi padre, mi madre, mis hermanas y... bueno, también de mí.


Artemisa, una joven astuta, perspicaz e insubordinada de 16 años, escribía como de costumbre en su diario todas las noches, a la tenue luz de su lámpara. Esta vez, estaba sentada a la orilla de un río, bajo un viejo árbol. Sentía que lo que hacía era indebido, pero no dudaba en hacerlo.


Ay, diario, estoy harta de las malditas clases de piano... y de todo lo demás. Prefiero escribir, aunque sea cualquier cosa que no sean cartas de agradecimiento o correspondencia formal. Mis padres quieren conseguirme un esposo; eso parece, con todas esas lecciones de administración del hogar. Tal vez soy estúpida, ya que nada de eso me interesa. La verdad, sólo quiero estar aquí y ver el cielo ennegrecido.


Si mi madre se enterara de que me escapo por la ventana y camino por los tejados hasta llegar al suelo, ten por seguro que me mataría. Pero no lo hará; no se enterará. Este es nuestro pequeño secretito...


Al día siguiente, Artemisa yacía en su habitación. Había regresado alrededor de la medianoche.


Buenos días, mi querido... Son las 7:25 de la mañana. No pude seguir durmiendo, aunque en realidad ni siquiera tengo opción. A las 8, tengo mi lección de piano, en la que debo practicar la Sonata en Mi mayor, K.380 de Domenico Scarlatti. Una tediosa pieza que, según George, mi tutor, “es hermosa, lírica, melódica y adecuada para mostrar la expresividad del piano”. ¡Tonterías! Bueno, tengo que cambiarme. Nos vemos.


P.D.: En la noche, en el Río Negro...


Miércoles, 14 de octubre de 1873

10:30 de la noche


Las lecciones fueron terriblemente sofocantes. Además, tuve que cocinar; hice un pastel de carne junto a Melisa, una amiga de la familia, tres años mayor que yo. Le encanta hablar de vestidos y joyas, estilos de peinado, postura y formas de caminar, "para ser una dama ejemplar".


Como bien sabes, vivo en un castillo y me rodeo de lujos. Sé que hay personas que no poseen lo que yo tengo, y es triste... porque nunca sabré lo que se siente no tener nada o ser pobre. Ser mujer con pocos recursos es muy distinto a ser una mujer rica, aunque ser mujer en esta vida es un castigo de todas formas.

No tengo hermanos; somos sólo mujeres, y a mi padre no le gusta. Lo sé. Finge ser feliz, pero en el fondo anhela un hijo varón que pueda mantener el nombre y el dinero de la familia.

Me pregunto cómo habría sido si yo fuese un niño... A veces pienso que estoy loca, o que mi mente tiene pensamientos discordantes que no debería tener. Me han hecho creer que estoy mal, que debo cambiar. Pero si lo que ellos dicen no es lo correcto, ¿por qué tengo que conformarme con ser una buena esposa o una ama de casa bella? ¿Por qué no puedo ser algo más? Me gustaría ser una escritora, escribir libros... ¡Qué ridículo! ¡Es imposible!


Artemisa escribía con intensidad, cada pensamiento en su mente se entrelazaba, haciéndola cuestionar por qué no era feliz con su vida. ¿Qué era lo que realmente le faltaba?


Miércoles, 14 de octubre de 1873

11:05 de la noche


Es muy tarde, diario, y hace mucho frío. La corriente del río está muy alta, y la luna brilla con su luz llena. El viento hiela. Recuerdo haber leído un libro a escondidas la semana pasada. Decía que, en una luna como esta, los espíritus crepusculares surgían y renacían. El libro, *Med Sencami*, hablaba de entes con corazones desolados, carentes de vitalidad. Eran seres arcanos que se alimentaban de la sangre de animales, e incluso de campesinos...

Si yo fuera una de esas criaturas, ¿qué haría? ¿Y si fuera una sirena o un hada? ¿Qué haría?


¡Puf! Cierra el diario.


Murmullo: “¿Qué hace sentada aquí, señorita? Debería tener cuidado a estas horas tan altas de la noche. Los extraños pueden aparecer.”


Artemisa tembló por dentro. Su diario cayó sobre una piedra, a un metro del río. *¿De quién diablos es esa voz?*, pensó. Su espíritu estaba aterrado, pero, aún así, se armó de valor y respondió al murmullo que había escuchado entre las sombras.

"¡Extraños como tú! ¿Quién eres? Mi padre está por llegar y trae una escopeta."


Murmullo: "Tu padre duerme junto a tu familia. No trates de engañarme, chica lista... Ja, ja, ja... Soy Apolo."


El extraño salió de las sombras, revelándose bajo la luz de la luna. Era un chico de unos 17 años, con cabello castaño oscuro, piel trigueña clara, ojos pardos y párpados caídos. La impresión de Artemisa fue inmediata: dejó de sentir miedo y, en cambio, una sensación de familiaridad la embargó. La belleza del muchacho la dejó helada; nunca había visto a alguien así.

"¿Qué haces aquí? ¿Quién eres tú?"


Extraño: "Ya te dije, soy Apolo."


"Me refiero a quién eres y cómo llegaste hasta aquí. Más allá no hay más que bosque, y por aquí sólo vivo yo, mis criadas y mi familia."


Extraño: "Ja, ja, ja, señorita, me da la impresión de que está usted un poco loquita. Un placer poder verla por fin a los ojos y hablar con usted."


El joven, Apolo, se alejó entre las sombras, dejando a Artemisa con una rara, pero intrigante incertidumbre. ¿Debía sentir miedo o emoción?


Al llegar a su casa alrededor de la medianoche, Artemisa se quitó su vestido de seda color malva, el corsé casi ajustado, los botines de cuero, guantes y sombrero, que cayeron al suelo a los pies de su cama. Se tumbó sobre ella, pero no podía dejar de pensar en aquel muchacho. ¿Cómo podía haberle inspirado miedo y, al mismo tiempo, una extraña compañía? ¿Quién era él?


Jueves, 15 de octubre de 1873

3:30 de la tarde

Ay, diario, ayer ocurrió algo demasiado extraño. Mientras estaba en el río Negro, justo cuando te hablaba del libro sobre criaturas mágicas y la noche, de repente escuché la voz de un joven que me advertía que “tenga cuidado, los extraños pueden aparecer” o algo así. Me asusté. Le dije que mi padre estaba en camino y traía una escopeta, pero no me creyó, porque sabía que ellos duermen en el castillo. Ese idiota ha estado espiándome, y no sé qué tiene en mente. Estoy algo asustada; he leído muchos libros sobre desconocidos que secuestran y asesinan gente.

Jajaja, aunque no creo que él sea un asesino, no tenía la apariencia de uno y parecía de mi edad. Debe ser simplemente un tonto que me observó uno o dos días y dedujo que me escapaba.


Artemisa escribía sentada en el césped a las afueras de su castillo, rodeada de un jardín lleno de rosas y lirios, relatando los eventos de la noche anterior.

Dites à Nico ce que vous avez pensé de ce chapitre !

HAYLLI RUMI
HAYLLI RUMI

Me gusta, vamos a ver en los siguientes capítulos, me gusta el suspenso.

2 ans

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