Cuando Jimin nació sus padres lo amaron con todo su ser. Era el hijo que durante años esperaron y que vino a cambiar la palabra matrimonio por familia. Su madre tenía cuarenta y tres años cuando lo dio a luz. Su padre se acercaba a los cincuenta.
Jimin creció con amor a raudales, era el pequeño tesoro de sus padres. Su familia era su lugar seguro. Sus padres le enseñaron lo que era el amor, el respeto, la empatía, y Jimin creció con esas enseñanzas grabadas a fuego en su corazoncito.
No digamos que todo era color de rosa, aunque era uno de sus colores preferidos junto con el amarillo que le hacía pensar en los cálidos rayos del sol. Su vida fuera de su hogar era bastante solitaria, no porque lo hubiera elegido sino porque los demás lo excluían. Su forma de vestir estrafalaria, su contextura delgada y frágil como de una niña, su excesiva dulzura y bondad lo hacían para los demás un bicho raro, y como bien es sabido todo aquello que nos hace ver nuestra propia pobreza de espíritu es apartada sin siquiera darle una oportunidad.
Jimin lo aprendió rápidamente y se automarginó, no era su problema si los demás no lo comprendían, aunque a veces anhelaba tener aunque fuera un amigo con quien hablar y a quien darle todo el amor que tenía almacenado en su interior. Sus padres eran muy viejos y no se percataron de lo solitario que era su niño, a ellos no les importaba si su hijo era más delicado y sensible que los otros niños de su edad, para ellos solo era su fuente de alegría y orgullo, y para Jimin eso siempre sería una bendición.
Como todos los viernes, se encontraba en la azotea de su colegio. Era la hora de educación física y se había eximido al ser opcional. En realidad lo había hecho para evitar los comentarios burlones y malintencionados de sus compañeros, ¿para qué soportarlo si tenía suficiente todo el resto de la semana?. La azotea se convirtió en una especie de refugio donde se sentía en libertad para bailar. Sí, le encantaba bailar y se sabía de memoria todas las coreografías de sus películas de baile favoritas. Footloose, Flashdance, Amor sin barreras, El cisne negro, Moulin Rouge, El lado luminoso de la vida, pero su favorita de todas ellas era Dirty Dancing. Soñaba con encontrar un Johnny para él. Porque sí, también era gay razón por la cual sus compañeros le decían marica en vez de dirigirse a él por su nombre, como si su condición fuera algo vergonzoso, lo que no sabían era que para él no suponía ninguna vergüenza.
Con sus mesadas se había comprado unas zapatillas de baile de color rosa y un tutú del mismo color. Los sacó de su mochila y se los puso. Tan sólo eso lo hacía sentirse feliz y dueño de su mundo de sueños, que nada ni nadie podía arrebatarle.
Buscó en su celular la pista de una de una de sus canciones guardadas y empezó a improvisar un baile con los ojos cerrados. Se sentía como una pluma dando giros y piruetas, sentía tal libertad que se comparaba a un ave alzando el vuelo.
El "clap" "clap" de unas manos lo dejaron frío. Al abrir los ojos se encontró con unos ojos negros mirándolo desde el borde de la azotea. ¿Tan concentrado había estado que no lo había visto y ni siquiera sintió el olor al humo del cigarrillo?
- Eso fue...- el chico pegó un silbido y luego de un salto se puso de pie y apagó el cigarrillo a medio consumir y le sonrió- ... brillante.
Jimin sintió las mejillas ardiéndole. Tenía frente a él al chico malo de la escuela. Jeon Jungkook. ¿Quién no lo conocía?, incluso él sabía quién era. También otro solitario inadaptado. La diferencia es que a él nadie lo molestaba porque su figura musculosa y llena de tatuajes los intimidaba. Pero al final al igual que a Jimin también lo habían marginado.
- ¿También vas a burlarte y decirme que me veo ridículo?- preguntó tímidamente Jimin, aún con sus cachetes arrebolados.
- ¿Porqué haría eso?- Jungkook sonrió- te ves...umm...¿un poco lindo?
Ahora Jimin sentía la cara incendiándosele. ¿Jungkook le había dicho un cumplido?¿a él?
- Me gusta bailar- balbuceó Jimin cohibido- sólo me gusta.
- ¿Y siempre lo haces solo?- le preguntó Jungkook acercándose a donde Jimin.
- No es como si alguien quisiera hacerlo conmigo- dijo Jimin sonriéndole.
- Pues ellos se lo pierden. Lástima que tengo dos pies izquierdo, sino capaz lo intentaría- Jungkook le cerró un ojo.
Jimin sintió cierta tibieza en el corazón ante el único comentario amable que había recibido de alguien que no fueran sus padres.
- ¿Y tú?¿vienes a la azotea con frecuencia?, no te había topado antes- Jimin se atropellaban al hablar rápidamente.
Jungkook sonrió.
- Eres un pequeño duende parlanchín, ¿eh?. No, es la primera vez que subo. Me mandaron fuera de la sala por responderle mal a un compañero. Pero no me arrepiento. El hijo de puta se merecía más que eso.
Jimin le sonrió.
- Se lo merecía seguramente. Si yo tuviera tus músculos haría lo mismo.
Jungkook entrecerró los ojos. Jimin había logrado sorprenderlo. No lo había juzgado ni condenado por su actitud. Había solidarizado con él. Eso se sentía condenadamente bien. ¿Cómo no habían coincidido antes?. Bueno era lo lógico con toda la mierda que cargaba. Jimin a leguas gritaba inocencia y dulzura y ni en un millón de años sus vidas habrían coincidido de no ser por este encuentro en la azotea. Ahora el haber sido expulsado del salón se le antojaba lo mejor que le había pasado en el día. Después lidiaría con la reprimenda de su madre al hacerla nuevamente venir al colegio para que no lo echaran.
- Gracias...umm...¿y tú no me tienes miedo? Con la fama que me cargo hasta los gusanos huyen despavoridos.
Jimin soltó una risita y se tapó la boca con su mano pequeña.
- No. No te conozco. No tengo porqué.
- Es bueno saberlo- Jungkook sonrió aliviado, por alguna razón no quería que Jimin le temiera- ¿te gustaría conocerme?
- Claro, ¿porqué no?. Eso sí no te da vergüenza que te vean conmigo...
- Shhh...- Jungkook le estiró la mano- Jeon Jungkook un placer conocerte- y se llevó la mano de Jimin a la frente e hizo una reverencia.
Jimin se puso a reír ante la mirada divertida de Jungkook.
- Park Jimin, alias marica, también es un placer.
- Yo también soy gay, eso no te define. Lo que esos pedazos de mierda digan o opinen me importa un bledo. Que se jodan. ¿Amigos entonces?
Jimin sonrió de oreja a oreja. Jungkook sintió que el mundo se iluminaba.
- Amigos- dijo Jimin y lo abrazó sin saber que era el primer gesto de cariño que alguna vez había recibido Jungkook.
De esta forma los dos marginados se convirtieron en un dúo inseparable. Dónde estaba Jungkook estaba Jimin y dónde estuviera Jimin estaba Jungkook. Y por primera vez dejaron de molestar a Jimin, seguramente por no estrellarse contra los puños de Jungkook.
El día que conoció a los padres de Jimin, Jungkook estaba aterrorizado. Y conste que a él pocas cosas o personas le hacían temblar. Pero ahí estaba asustado de que al conocerlo le prohibieran volver a ver a Jimin.
Pero sus temores se disiparon rápidamente ante la cálida bienvenida de los padres de Jimin. También comprendió de dónde venía esa dulzura en Jimin. Su propia madre siempre lo había visto como un inconveniente, como si el le hubiera pedido ser concebido. Eran sólo él y su madre, y en vez de ser unidos al sólo tenerse a ellos, había sido todo lo contrario. Lo había tenido a los dieciséis años como una flamante madre soltera que sus padres habían echado apenas se le notó el vientre abultado. Su vida no había sido fácil, pero eso no era una excusa por darle una vida vacía y sin ningún atisbo de amor. Se había criado por su cuenta y gracias a Dios no se había convertido en delincuente. Se volcó en el ejercicio y en los tatuajes. Esas eran sus vías de escape a la vida de mierda que tenía en casa y en el colegio.
Jimin era como un colibrí girando en torno a sus padres y también en torno a Jungkook. Era alegría, inocencia, dulzura. Jungkook sentía el pecho cálido junto a él. El ni siquiera podía llevarlo a su casa. Su madre pondría el grito en el cielo por otra boca más para comer, y eso que desde que pudo había trabajado para aliviarle la carga que se suponía que era. No, Jimin no necesitaba conocer el lado lúgubre de la vida y él no sería quien se lo enseñara, menos al ver el hogar que el tenía. Un hogar acogedor donde se respiraba amor hasta en las paredes.
De a poco esa familia pasó a ser también la suya. La mayor parte de su tiempo ahora lo pasaba en casa de Jimin y nunca sus padres pusieron alguna objeción, incluso repetidamente le decían que Dios les había enviado otro hijo y así lo hacían sentir.
Jimin por otro lado vio junto a Jungkook toda su colección de películas cuando los fines de semanas se quedaba a dormir en su casa. Por eso los fines de semana eran su cosa favorita.
Con Jungkook se montó por primera vez en una moto, se hizo su primer tatuaje y por primera vez se enamoró. Jungkook también se había enamorado del "duende parlanchín" , como lo llamaba cariñosamente.
Fue una calurosa noche de noviembre cuando Jungkook se atrevió a robarle su primer beso. Fue dulce y cálido a pesar de la evidente inexperiencia de Jimin. Pero sus ganas de disfrutarlo a concho, lo hicieron el mejor beso que Jungkook había dado en su vida.
Jungkook ahora tenía una meta en su vida. Quería que Jimin, ahora novio, se sintiera orgulloso de él. Así que se aplicó duramente a los estudios, evitó meterse en problemas y postuló a una beca para estudiar mecánica automotriz en una universidad local. Lo mejor de todo que con sus dieciocho años cumplidos se largaría de su casa, sabía que su madre no lloraría por eso. Jimin deseaba estudiar danza, lógico, era su pasión y Jungkook sabía que lo lograría porque talento tenía de sobra.
Así entre besos, mimos y arrumacos llegó el día de su graduación y el esperado baile.
- ¿Porqué no quieres quedarte al baile mi pequeño duende parlanchín?- le preguntó Jungkook mientras le daba tiernos besitos en su brazo.
- Nunca fui parte de ellos, no tengo amigos, ¿qué voy a hacer ahí?
Jungkook llegó a su boquita fresa y le dio un dulce beso que fue correspondido de inmediato por Jimin.
- Iremos. Le mostraremos a esa tropa de imbéciles lo felices que somos, lo hermoso que eres y lo bien que bailas- Jungkook lo miró con adoración.
Jimin pegó una risita y lo abrazó con fuerza.
- Te amo mi chico malo. Les haremos hablar por muchos años de la pareja de marginados.
- ¡Así se habla mi duende parlanchín!- convino Jungkook y volvió a besarlo por mucho, mucho rato.
Cuando Jungkook llegó a buscarlo en su moto para llevarlo al baile se quedó con la boca abierta. Jimin se veía simplemente espectacular.
- ¡Guau!- fue lo único que articuló Jungkook.
Jimin pegó su risita tímida y se puso su manito en la boca. Ese gesto era tan de él, pensó Jungkook.
- ¿Me veo bien?
- ¿Bien?, ¡Diablos!, te ves increíble- Jungkook de dos zancadas estuvo a su lado y lo besó para mostrarle cuanto lo amaba.
- Tú también te ves increíble- le susurró Jimin. Jungkook había hecho el esfuerzo y se había comprado un smoking y le quedaba como un guante de calce perfecto.
Los padres de Jimin simplemente los miraban suspirando con ternura. Cuando los vieron irse se abrazaron y entraron a la casa tranquilos. Sabían que su hijo estaba seguro y era amado intensamente por aquel chico de aspecto rudo.
Cuando entraron al salón donde se celebraba el baile de graduación se hizo un silencio que luego fue roto por un tropel de murmullos bajos. No podían creer lo que veían. El marginado, raro y estrafalario se veía como un príncipe que opacada hasta la más hermosa de las chicas del salón. Y que decir de Jungkook, vaya el chico resumaba clase y elegancia.
Pero a Jimin y a Jungkook no les podía importar menos y como en un cuento se desplazaron a la pista de baile y comenzaron a bailar. Si Jungkook tenía dos pies izquierdos a Jimin no parecía importarle. Para él era su Johnny y el era su Frances, nada más importaba. Jimin ahora ya no bailaba solo.
Después de un buen rato se escabulleron al lugar donde su historia había comenzado. La azotea del colegio. Y allí bajo la luz tenue de las estrellas hicieron el amor por primera vez, con un Jungkook temblando emocionado y un Jimin trémulo de amor.
¿Quién diría que el lugar que los había marginado sería el qué con el paso de los años les traería los mejores recuerdos de sus vidas?
Porque sí, ellos se la jugarían por permanecer juntos sin importar los obstáculos. ¿Cuál era la razón?. Simple. Ellos se amaban.
FIN ♡♡♡