Capítulo Único
Es demasiado tarde.
Estaciono el auto lo más rápido que puedo y me apresuro a tomar el enorme ramo de flores frescas que acababa de comprar. Otra pequeña bolsa adorna el asiento contrario y sonrío al imaginar tus hermosos ojos color avellana brillando de emoción.
Tomo lo que hay en el interior de esta y lo guardo en el bolsillo interno de mi abrigo. Aún se me hace increíble cómo es que me ha costado tanto tiempo decidirme por algo tan pequeño, pero es que no podía escoger cualquiera, necesitaban ser los perfectos para el chico perfecto.
Una vez listo, salgo del auto, cierro la puerta y activo la alarma antes de guardar las llaves en mi bolsillo. Doy una última olfateada al ramo de flores en mis manos mientras camino hasta el ascensor.
Pinto mi rostro con una enorme sonrisa que sería imposible de borrar y presiono el código de acceso que me llevará hasta el cómodo pent-house que comparto contigo..
Una pequeña cantidad de nervios se apodera de mi cuerpo cuando visualizo la hora que marca la pantalla del ascensor.
Es demasiado tarde, me repito.
Las puertas del ascensor se abren y doy un pequeño saltito en mi lugar cuando me encuentro de frente con el mejor amigo de mi chico.
– Joder… – exclamo llevando mi mano libre a la altura de mi corazón - Pero que susto me has dado, Taehyung.
– Puedo decir lo mismo – añade él, claramente se había asustado también.
Sonrío divertido por la mueca en su rostro y salgo del ascensor para saludarlo con un abrazo. La verdad es que le tenía un gran aprecio a Taehyung. Aunque es tu mejor amigo, se ha convertido también en un buen amigo para mí.
– ¿Minie? – pregunto una vez me separé de él.
El de cabellos rojizos sonríe divertido antes de entrar en el ascensor y girarse una vez más a mí.
– Está en la cocina – sonríe de medio lado y señala el ramo de flores en mis manos – Necesitarás más que eso si quieres llegar vivo a tu boda – una carcajada escapa de sus labios antes de que las puertas del ascensor se cerraran.
Trago grueso observando las puertas de metal. Sí, era demasiado tarde y Taehyung me lo acaba de terminar de confirmar.
Giro sobre mis pies y respiro profundo antes de obligarme a caminar hasta la cocina abierta de nuestro precioso hogar.
Solo esperaba que no estuvieras tan enojado.
– ¿Amor? – mi voz sale temblorosa por lo que aclaro mi garganta – Amor, ya estoy en casa…
Conforme me acerco a la cocina, puedo escuchar el momento exacto en el que el sonido del agua corriendo se detiene. Estás parado justo frente al fregadero quitándote los guantes y mirándome con ojos entrecerrados, acusadores.
– Te traje tus flores favoritas – te di mi mayor sonrisa de disculpas mientras extendía la preciosa combinación de flores amarillas y azules envueltas en papel blanco con hermosos detalles.
– Llegas tarde. – dices tajante.
Sí, estabas enojado.
– Tengo una buena razón para ello – afirmo rascando mi nuca en clara señal de nerviosismo.
Me miras con tus pequeños ojos entrecerrados, te ves tan hermoso enojado que no puedo evitar sonreír por ello. Dejo a la vista mis dientes en forma de conejo, como sé que te encanta y espero que haga efecto.
Tú resoplas y sé que he logrado mi objetivo. Tus brazos dejan de estar cruzados sobre su pecho y tus pies se mueven con gracia, dando unos cuantos pasos hasta estar cerca de mí. Tus hermosos ojos avellanados brillando levemente mientras observas tus flores favoritas.
– ¿Me dirás que te entretuvo tanto como para no llegar a tiempo? – preguntas frunciendo el entrecejo.
– ¿Me aceptarás las flores primero? – pregunto de vuelta extendiendo el enorme ramo hacia ti – Son tus favoritas – las agitó un poco.
No puedo evitar enternecerme y que mi corazón salte enamorado cuando tu rostro se relaja y una pequeña sonrisa asoma en tus pomposos labios. Con tus pequeñas manos tomas el ramo y acercas tu nariz de botón hacia los pétalos, una olfateada de ese exquisito aroma y ya estabas sonriendo enormemente, tus ojos llenos de ese brillo que tanto me encanta.
– No es justo – tus gruesos labios se abultan en un precioso puchero – ¿Cómo es que no puedo pasar más de 5 minutos enojado contigo?
Una risa divertida se me hace imposible de retener. Siento mis mejillas arder y la comisura de mis labios doler de la enorme sonrisa que adorna mi rostro. Estaba seguro que mis ojos brillaban de amor puro porque tus preciosas mejillas se estaban tornando color carmesí.
Tomo el ramo de entre sus manos y lo dejo descansar en la barra de la cocina antes de volver hacia ti y envolver mi brazo en tu delgada cintura, atrayéndote hacia mí. Llevo mi mano derecha hasta tu rostro y acaricio tu preciosa mejilla, mientras no puedo apartar mis ojos de los tuyos.
Estoy tan enamorado de ti.
Como si fuera posible, mi sonrisa se hace más grande mientras te miro inclinarte hasta mi toque, tu puchero había desaparecido y tus ojos se habían cerrado. Incluso creí que podría sentirte ronronear.
Siempre tan receptivo a mi toque.
– Lo siento, amor – susurro dejando un corto, pero suave beso en tu frente – Tuve que comprar algo de último momento.
Tus ojos avellanados se abren con tanta gracia que me hace contener la respiración. Nunca he entendido como lo haces, pero todos y cada uno de tus movimientos son tan delicados, suaves y hermosos que me dejan sin aliento.
En definitiva, estoy total y completamente enamorado de ti.
– ¿Qué cosa? – preguntas, tu ceño frunciéndose de nuevo – Las flores, la comida, los arreglos, los trajes… todo está listo – enumeras con tus pequeños deditos y yo muero de ternura.
– Lo sé – aseguro antes de tomar tu dulce rostro con ambas manos y llenarlo de muchos besitos fugaces.
Tus mejillas se encienden. Tan precioso.
– ¿Entonces qué? – preguntas con un puchero. Puchero que desaparece cuando tus ojos se abren en grande – ¡No me digas que olvidaste comprar nuestros anillos!
Mi boca se abre en sorpresa por unos segundos antes de comenzar a reír como un desquiciado.
– ¡Jungkook! – gritas – ¡No es gracioso!
No lo era, pero por alguna razón no podía dejar de reír. ¿Cómo podías pensar que iría a comprar nuestros anillos de bodas la noche antes del día de nuestra boda?
Cuando puedo volver a respirar y la risa me permite hablar nuevamente, me apresuro en disculparme en cuanto veo que estás enojado de nuevo. Pero antes de que puedas decir algo, te tomo de los muslos e impulso tu cuerpo hacia arriba.
Tú liberas un suave jadeo antes de aferrarte a mi cintura con tus fuertes piernas y cruzar tus brazos detrás de mi cabeza. Uno mis labios con los tuyos en un beso hambriento, desesperado, pero también lleno de mucho amor, antes de incluso darte tiempo de reaccionar.
Tus gemidos ahogados en mi boca son la puta gloria y mis manos no pueden quedarse quietas, acariciando todo a su paso. Sonrió entre besos al sentir un conocido bulto contra mi abdomen, pero por más que quisiera hacerme cargo de él ahora mismo, todavía hay algo que debo entregarte primero.
Sin romper nuestro delicioso beso, uno que ahora era dominado por ti, camino a ciegas por nuestro departamento hasta llegar a nuestra habitación. Una vez siento nuestra cama detrás de mí, me siento en ella aún contigo entre mis brazos.
Tus suaves manos se vuelven inquietas, sosteniéndote de mis hombros para después bajar y acariciar descaradamente todo mi pecho. Como lo supuse, se detienen cuando palpan la pequeña cajita en el bolsillo interno de mi abrigo.
Permito que rompas nuestro acalorado beso y sonrío divertido al notar la confusión en tu rostro. Confusión acompañada de mejillas sonrojadas y ojos vidriosos. Simplemente perfecto.
– ¿Qué es? – preguntas mirándome a los ojos, tu respiración agitada y tu muy dura erección presionando contra mi estómago.
– Lo que compré de último momento – sonrío sujetándote de las caderas y atrayéndote más a mí.
Tu gemido fue mi premio.
– ¿Qué es? – vuelves a preguntar – Tiene que ser algo demasiado importante como para que faltaras a las últimas indicaciones de nuestra organizadora de bodas.
¿Ya te había dicho que tus pucheros son para morirse de ternura?
Me acerco a morder ese trozo de jugosa carne que se me pone en bandeja de plata y aunque no quería separarme de mi lugar favorito en el mundo, debía dejar ir tus labios para poder hablar.
– Eres lo más valioso que tengo en mi vida – afirmo antes de dejar un último beso en tus hinchados labios.
Bajo tu vidriosa mirada y tus mejillas sonrojadas, tomo la pequeña cajita de terciopelo escondida en mi abrigo y la tiendo en su dirección.
Tus ojitos brillan emocionados y tus abultadas mejillas se colorean aún más, dejándolas completamente rojas y hermosas. Más hermosas.
Mi sonrisa se hace aún más grande, era exactamente esa la reacción que estaba buscando. Nada me hacía más feliz que ver la felicidad bailando en el rostro de mi hermoso prometido.
Tú tomas la suave cajita con manos temblorosas y me das una última mirada con tu labio inferior atrapado entre tus dientes. Buscas mi aprobación para abrirla y yo te la concedo con un suave asentimiento de cabeza, sin perder mi sonrisa.
La pequeña cajita cede rápidamente a la fuerza ejercida y se abre, dejando ver su interior. Un jadeo de sorpresa rompe el silencio y tus pequeños ojitos se abren de sobremanera antes de conectarlos con los míos.
– No lo hiciste – jadeas con asombro – Jungkook, esto es…
– ¿Perfecto? – pregunto sujetando tus caderas por debajo de tu ropa.
– Demasiado – aseguras, pero tus preciosos ojitos no dejan de brillar observando los dos pequeños pendientes de diamantes – ¡Debieron costarte una fortuna, Jungkook!
Un beso. Dos besos. Tres besos. Fueron los que necesité para borrar esa expresión angustiada en tu rostro y reemplazarla por una totalmente atontada de mejillas ruborizada.
– El precio no importa cuando se trata de hacer feliz al futuro señor Jeon – aseguro con toda la convicción de este mundo.
– No necesitas comprarme cosas costosas para ser feliz – dices con un pronunciado puchero – Soy completamente feliz con solo tenerte a mi lado.
Dios, ¿Ya había dicho que amo a este hombre?
– Y tú eres mi felicidad – agrego con mi corazón latiendo a mil por horas de amor por él.
Sonríes con esa preciosa sonrisa que esconde tus pequeños ojos detrás de tus grandes mejillas. Sonrisa que me deja ver ese perfecto diente chueco que me encanta tanto.
– Te amo, Jungkook – dices antes de pegar más tu cuerpo con el mío en un cálido abrazo – Están preciosos, muchas gracias…
Reparto suaves besos por tu hombro y la parte expuesta de tu cuello mientras te rodeo con mis brazos. Me dejo embriagar por el exquisito aroma de tu piel por unos segundos antes de responder.
– Y yo te amo mucho más, mi precioso Minie. No puedo esperar más para casarme contigo.
Escucho una suave risita de tu parte antes de separarnos y observar de nuevo tus avellanados ojos brillando felizmente.
– Tampoco puedo esperar – aseguras sonriente – ¿Quieres que me los pruebe? – preguntas devolviendo tu atención a los diamantes.
Yo niego sutilmente con mi cabeza y mis manos regresan a tu pequeña cintura, acariciando la suave piel con mis dedos.
– Quisiera que los uses en nuestro día especial, mañana, cuando finalmente seas mío.
Tú sonríes antes de estirarte y dejar la pequeña cajita en nuestra mesa de noche. De regreso, enrollas tus brazos en mi cuello y te acercas tanto que puedo sentir nuestros alimentos mezclándose.
– Ya soy completamente tuyo – afirmas para después unir tus labios con los míos en una promesa.
Una promesa de amor eterno.
La noche había pasado más rápido que ninguna otra y a la vez tan lento que pensé que me volvía loco.
Rápido porque entre tus brazos cada segundo se me escurría de los dedos como mantequilla. Lento porque ya no podía esperar para que llevaras mi apellido.
Pero hoy es el día. Hoy es nuestro día.
Ajusto el nudo de mi negra corbata y me miro por última vez al espejo. Tenías razón, el traje que escogiste para mí me queda perfecto. Siempre has sido tan detallista y perfecto.
Perfecto para mí.
La puerta de la habitación se abre y un muy estresado Taehyung se deja ver. Mi mirada viaja entre el pálido rostro de tu mejor amigo y mi reloj de muñeca.
Es tarde de nuevo.
– ¡Es tarde! – exclamo sintiendo mis piernas de gelatina en tan solo segundos.
Toda la confianza me había abandonado para dejar a su paso nada más que nervios.
– Todos los invitados están en su sitio, los chicos y el padre también, solo faltas tú y… Jimin.
Asiento rápidamente, sin notar que la palidez del rostro de Taehyung se debía a algo más que solo unos minutos de retraso. No le presto atención y salgo del pequeño camerino para dirigirme a toda prisa hasta el lugar de la ceremonia.
Mis lustrados zapatos hacen eco sobre el suelo de madera pulida. Fue tu idea celebrar la ceremonia de nuestra boca en una pequeña capilla rústica situada no muy lejos de nuestro departamento.
Es pequeña, pero acogedora y no podía pedir nada más.
La decoración que elegiste es simplemente perfecta. Delicados arreglos florales en tonos blancos y lila decoraban cada rincón del lugar.
Escucho a Taehyung tartamudear palabras que al final no logro retener, no cuando mi corazón palpita tan rápido en mis oídos y la anticipación me está matando.
Acelero el paso por la alfombra roja que decora la capilla, mis ojos fijos en el lugar que debo ocupar antes de que la ceremonia comience y te vea a ti entrar por la puerta luciendo tan hermoso y perfecto como siempre has sido.
Cuando llego, me inclino respetuosamente ante el padre que llevara acabo nuestra boca y nos unirá en santo matrimonio. Me coloco en mi posición, como el novio orgulloso que soy.
Al fin, después de seis años de hermosa relación, después de pasar seis maravillosos años a tu lado, al fin podré gritarle al mundo con orgullo que eres mi esposo.
Mi sonrisa se ensancha aún más a pesar de que mis manos están sudando. Mis ojos viajan entre todas las personas que serán testigo de nuestra unión, familiares, amigos y conocidos están presentes y sonriendo en mi dirección.
Desde la parte principal veo a Taehyung agitando sus manos y haciendo expresiones exageradas. Frunzo el ceño y ladeo mi cabeza en señal de que no le estoy entendiendo nada.
El parece resoplar antes de intentarlo una vez más. Sus dedos van hasta la comisura de sus labios y la levanta de manera exagerada antes de cerrar sus ojos en una muy mala imitación de Jimin, pero para mi sorpresa le entiendo. Asiento sutilmente en su dirección cuando abre los ojos y él parece aliviado, pocos segundos después levanta su mano izquierda y le da leves golpecitos a su reloj.
Estás demorado.
Yo enarco una ceja y él logra entender que estoy preguntando la razón de su tardanza. Taehyung hace una mueca antes de llevar sus manos a sus orejas para después hacer una seña que entendí como que tú has salido.
Has ido a buscar tus pendientes.
Mis labios se vuelven una delgada línea y utilizo todas mis fuerzas para no mostrar mi preocupación en mis facciones. Asiento en dirección a Taehyung en un movimiento casi robótico y él sale del lugar, dejándome con un mal sabor de boca.
De un momento a otro comienzo a sentir más frío de lo que debería, un horrible escalofrío me recorre por completo de pies a cabeza. Me estremezco mientras mis manos comienzan a temblar ligeramente, así que las cierro en puños mientras las mantengo cruzadas frente a mí.
Un nudo comienza a formarse en mi garganta conforme las manecillas del reloj siguen su curso. La impaciencia comienza a reflejarse en el rostro de todos los invitados y mi piel comienza a sentirse pegajosa por la cantidad de sudor que me recorre.
Estoy a punto de moverme, de recorrer de nuevo esa alfombra roja con dirección a la salida, con dirección a ti, con intención de ir por ti y asegurarme de que te encuentras bien, de que estás a salvo y solo estás retocando tu maquillaje, asegurándote de lucir perfecto en nuestro día especial.
El primer paso no lo llego a dar, no cuando las puertas se abren de par en par y Taehyung está mucho más pálido que nunca antes. Mi respiración se detiene, al igual que los latidos de mi corazón cuando lo veo correr a través del pasillo por donde deberías estar caminando tú.
Cuando llega a mí, yo soy imposible de pronunciar palabra alguna cuando el nudo en mi garganta amenaza con cortar mi respiración. Me tiende un celular con una llamada en curso y mis piernas se tambalean, mi vista se nubla a causa del ligero mareo que me ataca y mi cuerpo comienza a temblar notablemente.
No tengo que preguntar quien es, no cuando tu mejor amigo me lo confirma sin aliento.
– Es Jimin – dice él con desesperación y yo siento mi corazón detenerse.
Podía jurar que más de una persona emitió un jadeo y muchas más murmuraban cosas que no logré entender porque mis oídos estaban ocupados en escuchar el acelerado golpeteo de mi corazón contra mi pecho. Mis manos temblaban tanto que pensé que no podría sostener el celular, pero lo hice.
Y cuando logré llevarlo hasta mi oreja, sentí como mi sangre se congeló al escuchar las sirenas del otro lado de la línea.
– ¿J-Jimin? – tartamudeo casi sin voz con el más puro terror recorriéndome el cuerpo – ¿Amor?
No escucho tu dulce voz al otro lado de la línea y comienzo a desesperarme, las gruesas lágrimas que corren por el rostro de Taehyung no están ayudando en nada a mis nervios.
– Ji…
– J-Jungkookie… – escucho al fin, pero en lugar de sentirme aliviado, siento un enorme peso sobre la boca mi estómago.
Tu voz, tu voz suena tan lastimera, tan baja y tan falta de esa alegría que siempre la ha caracterizado. Mi mano libre se vuelve un puño mientras que mis pulmones suplican por el aire del que se han visto privados.
– ¡Jimin! – grito ya fuera de mí , preocupado, confundido, aturdido. Asustando a todos los presentes – ¿Qué ha pasado amor, dónde estás?
– Kookie, l-los olv-olvidé en casa… – tu toses y yo me siento perder la cabeza – Quería u-usarlos, quería que hoy fuese perfecto…
– Jimin, amor, dime dónde estás – suplico mientras mis pies se mueven de un lado a otro sintiendo como el pánico me consume – Solo dime donde estás y estaré allí en segundo.
Siento las primeras lágrimas humedecer mi rostro cuando te escucho gemir y el caos parece intensificarse en el lugar donde estas.
– N-No… – otro gemido – No vengas, amor…
Mi corazón se estruja y lo siento doler con cada latido. Nuestros familiares comenzar a rodearme tratando de saber que sucede y yo siento que me ahogo. Siento que la vida se me escapa con cada gemido de tus labios, con cada sonido estridente de las sirenas y con cada exclamación de asombro que se cuela por todo el ruido.
– Jimin, por favor… – mi voz se quiebra y las lágrimas inundan mi rostro – Dime donde estás, por favor.
– Jungkookie… – dices suavemente, pero no es suficiente para calmar el terror que me gobierna – Quiero ca-casarme contigo, siempre lo he querido… – toses y un gemido lastimero se escapa de mis labios – ¿Quieres… quieres aún casarte conmigo?
– Siempre – respondo sin dudarlo, sin siquiera esperar un segundo – Es lo único que he deseado desde que te vi por primera vez.
Mi sangre se hiela en el momento en el que escucho gritos de hombre dando instrucciones que no logré entender.
– ¿Aunque no podamos envejecer juntos? – preguntas y yo caigo de rodillas con el alma escapando de mi cuerpo entumecido.
Aprieto fuertemente el celular entre mis dedos, pero inmediatamente controlo mi fuerza por miedo a perder la comunicación contigo. Respiro profundo, aunque nada de aire llega a mis pulmones, como si… como si estuviera muerto en vida.
– J-Jimin… – gimo tu nombre con dolor – ¿Dónde estás? Por favor… por favor dime donde estás, amor, por favor…
Un sollozo lastimero escapa de mis labios sin yo poder retenerlo y escucho como intentas calmarme con susurros suaves, pero no es suficiente, no cuando lo que necesito es llegar hasta a ti y tenerte entre mis brazos, saber que estás seguro y que estás bien.
– ¿Podemos… podemos casarnos? – preguntas, tu voz tiembla, sé que estás llorando – Sé que no es lo que imaginamos, pero… solo… por favor… no quiero irm… no quiero… – sollozas y mi corazón se rompe en mil pedazos.
Me levanto del suelo con toda la fuerza restante que me queda, que no es demasiada y me tambaleo en mi lugar. Unas manos me sostienen y poco después me doy cuenta que es tu mejor amigo, sus ojos rojos, su húmedo rostro y su expresión destruida, desolada es quizás solo un reflejo de mi mismo.
Logro colocar el altavoz después de varios intentos, mis manos no dejan de temblar. Jadeos de sorpresa resuenan por todo el lugar al escuchar el caos al otro lado de la línea. Intento tragar el nudo en mi garganta, pero me es imposible. Sostengo el celular frente a mí y me dirijo hasta el padre que sostiene una pequeña biblia entre sus manos.
– Puede comenzar la ceremonia – le pido y él asiente en comprensión.
Nadie dice nada, nadie podría hacerlo cuando toda la situación está clara, aunque nadie sepa realmente qué está sucediendo. La desolación en mi rostro, mis lágrimas, el temblor en mi cuerpo y mis ojos vacíos son suficientes pruebas de que nada estaba bien.
– ¿Puede escucharme bien? – pregunta el padre, refiriéndose a ti al otro lado de la línea.
– ¿Jimin? – llamo intentando sonar tranquilo.
– S-sí – respondes y escucho el gemido lastimero de tu madre. Muerdo mi labio inferior para no emitir el mismo sonido – Por favor, continúe…
– La versión corta, por favor – suplico al borde del colapso.
Él asiente en mi dirección antes de abrir el libro sagrado y comenzar a recitar palabras que no podía retener. Mis oídos agudizados a cada mínimo ruido, voz y grito de sorpresa que se escuchaba a través del celular.
– Jeon Jungkook – dice el padre y mi atención vuelve a él – ¿Aceptas a Park Jimin como tu futuro esposo, para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
Un sollozo escapa de mis labios cuando la palabra “muerte” me atraviesa el corazón como una lanza en llamas.
– Acepto – respondo lo más rápido y claro que puedo. Mi garganta duele como si mil espinas hubieran creído en esta.
– Park Jimin – continúa él – ¿Aceptas a Jeon Jungkook como tu futuro esposo, para amarlo y respetarlo hasta que la muerte los separe?
Los estridentes sonidos se siguen escuchando del otro lado, pero tu voz ya no está opacada por ellos, tu voz ya no sobresale entre ellos y yo me siento morir.
– ¿Amor? – pregunto con un gemido lastimero – ¡¿Jimin?! – te llamo entrando en pánico, pero tú sigues sin contestar.
Mis pies se mueven por sí solos y sin importarme nada más, comienzo a correr hacía la salida mientras aún intento escucharte a través del celular.
Al salir, las sirenas se escuchan no muy lejos y me maldije a mí mismo por no haberlas escuchado antes. Escucho los gritos de mis padres y de Taehyung, pero ya yo había comenzado a correr hacia el sonido.
– ¿Hola? – escucho una voz gruesa salir de las bocinas del celular y yo me detengo abruptamente pensando que eres tú quien me habla.
– ¡¿Jimin?! – te llamo una vez más – ¿Amor, estás ahí?
– ¿Usted es el señor Jeon? – pregunta alguien. No eres tú y ya yo me siento desmayar.
– ¿Quién es, qué está ocurriendo, dónde está Jimin? – habló tan rápido como puedo, de verdad dudo que quienquiera que esté al otro lado haya podido entenderme.
– Escuche, la situación es bastante delicada. El señor Park acaba de tener un accidente y está muy grave – dice él y mi mundo se derrumba, mis piernas tiemblan y mi boca se seca. – Necesitamos que esté aquí cuanto antes.
Quiero hablar, quiero responder, pero es demasiado difícil. Demasiado difícil cuando sientes que estás fuera de tu cuerpo, mirándote desde el exterior como si no fueras más que el fantasma de alguien que acababa de morir. Mi lengua pesa un tonelada y el mareo no me deja organizar mis pensamientos.
– Pero se pondrá bien ¿Verdad? – solo necesitaba saber eso, saber que no 8ba a perderte, saber que mantendríamos nuestra promesa de vivir una larga vida juntos – Él estaba hablando por teléfono conmigo hace unos instantes… ¡no puede estar mal si estaba hablando conmigo!
Trato de engañarme a mí mismo con palabras, pero algo dentro de mí sabía que no funcionaría. El miedo me condena y la desesperación me ahoga.
– Venga lo más rápido que pueda – pide y yo asiento rápidamente como si pudiera verme mientras gruesas lágrimas siguen cayendo de mis ojos.
Pocos segundos después la dirección me es dada y me doy cuenta que tenía razón. Las sirenas que ahora escuchaba provenían del mismo lugar.
Estás tan cerca, mi amor.
– Estaré allí en minutos – aseguro antes de comenzar a correr de nuevo, pero antes de que incluso pusiera un pie delante del otro, las palabras del desconocido me dejan helado.
– Señor Jeon, esté preparado…
Y sin más, la llamada se cuelga y el tono que queda retumba en mis oídos como una bomba que acaba de explotar, llevándose lo poco que quedaba de mí.
Nunca había corrido tan rápido en mi vida, tampoco sabía que podía alcanzar esa velocidad. En minutos que parecieron años, había llegado al lugar.
Autos policiales, una ambulancia e incluso bomberos rodeaban el lugar. La multitud era enorme y yo no podía encontrarte. El accidente parecía ser un choque, pero no pude encontrar nuestro auto.
¿Dónde estás, mi amor?
La desesperación irradiaba de mí como un aura espesa, casi visible y comencé a gritar tu nombre, a llamarte, esperando que respondieras.
– ¡JIMIN! – gritaba mientras empujaba a cualquiera que se interpusiera entre tú y mis brazos – ¡JIMIN!
Pero tú nunca respondiste, ni siquiera cuando llegué a la franja amarilla que rodeaba el lugar. No podía ver nada, no podía ver más allá del camión de bomberos y la ambulancia.
Me escabullo por debajo de la cinta e intento correr hacia a ti, pero no es mucho lo que logro avanzar cuando un fornido cuerpo se coloca frente a mí.
– Señor, no puede pasar – me detiene uno de los oficiales en el lugar.
– Usted no entiende – le digo irritado, con un nudo en la garganta – Mi Jimin… mi Jimin está…
Él no parece entenderme, yo tampoco lo hago. Solo sé que soy un desastre, un desastre de lágrimas, ojos hinchados, temblores, miedo y desesperación.
Intento una vez más correr hacia ti, pero él me detiene utilizando su cuerpo más grande que el mío. Intento empujarlo, intento apartarlo, de verdad lo intento, pero no tengo fuerzas.
Nunca fui fuerte sin ti.
– ¡JIMIN! – grito una vez al punto de sentir mi garganta desgarrarse.
– ¿Señor Jeon? – escucho esa voz conocida y detengo mi forcejeo.
– ¡Soy yo! – aseguro antes de darle un último empujón al oficial.
Este me suelta y por órdenes del hombre, que parece ser un bombero, se aleja del lugar.
– ¿Dónde está? – lo tomo por los hombros sin darle tiempo a reaccionar – ¿Dónde está Jimin?
– Señor Jeon, tiene que calmarse – me pide, pero eso era imposible. Tú eres el único que puede calmarme en estos momentos – Verá, su novio…
– Mi esposo – le corrijo tajante – Jimin es mi esposo.
Eres mi vida.
Él asiente despacio y da un paso hacia atrás, librándose del fuerte agarre de mis manos. Su expresión es casi indescifrable, pero puedo ver lástima en sus ojos. Mi corazón se detiene, se congela y se deshace en pedazos filosos que cortan todo a su paso.
– Necesito que esté preparado para lo que verá – me pide y me siento desconectar del mundo.
– Jimin… ¿Él está…? ¿Está…? – no puedo, no puedo pronunciar la palabra.
No puedo, no puedes, no puedes dejarme. Me prometiste que siempre estaríamos juntos, me prometiste llevar mi apellido, me prometiste que envejeceríamos juntos. Simplemente… no puedes.
– Señor Jeon – me llama, pero mis ojos no pueden enfocarlo – Un conductor ebrio se ha quedado dormido al volante… – mis oídos zumban, pero su voz sigue penetrando a través del ruido – Su esposo… él quedó atrapado mientras esperaba para cruzar la calle. El auto causó mucho daño en la parte inferior de su cuerpo.
No mi amor, no tú.
– ¿A qué se refiere? – pregunto con el poco aliento que me queda.
– El cuerpo de su esposo… está atrapado entre el vehículo que lo arrolló y una muro de concreto.
Ese fue el momento en el que mi vida se acabó. El momento en el todo cambió.
– ¿Quiere decir que…? – mi boca se cerró, mi cuerpo dejó de temblar, pero mis ojos no dejaron de llorar.
De llorarte.
– Está consciente – dijo él y yo levanté la cabeza tan rápido que mi cuello dolió, pero poco después supe que no era una buena noticia – Debería despedirse…
Él me indica el camino y yo lo sigo por inercia. La presión en mi pecho es tan intenta que mi corazón no tiene espacio para latir, si es que aún lo hace. Aunque eso sería mucho pedir.
De nada me sirve un corazón si este no descansa en tus pequeñas manos.
Respiro hondo y limpio mis lágrimas, no quiero que me veas llorar, no quiero que me veas débil. Quiero ser tu fuerza, quiero ser tu alivio, quiero que sigas viendo al hombre fuerte que siempre creíste que era.
La verdad es que tú eres mi fuerza.
Cuando todo el panorama de hizo claro ante mis ojos y te vi. Pensé que los pedazos de mi corazón roto no podían hacerse más pequeños, pero me equivoqué… estos prácticamente se pulverizaron convirtiéndose en fina arena.
Allí estabas, como lo había dicho el hombre. Vistiendo ese hermoso traje color blanco que muchas veces intenté ver antes de nuestra boda, pero que siempre supiste ocultar bastante bien.
Tu hermoso cabello dorado brillaba con la luz del sol. El suave maquillaje en tu rostro hacia lucir tu piel de porcelana aún más hermosa.
Eres tan hermoso, mi amor.
– J-Jmin… – trato de que mi voz no salga lastimera, pero fracaso completamente – Mi amor, soy yo…
Me arrodillo en el suelo y tomo tu mano extendida por sobre el capó del auto y tú me dejas ver tus preciosos ojos color avellana. Una suave sonrisa aparece en tu rostro y yo siento que soy tragado por mi dolor.
– Kookie… – dices tan suave que lo único que quiero es explotar en llanto desgarrador – Lo siento… yo… yo solo quería ver tu sonrisa cuando me vieras usar los pendientes…
– Lo sé, amor – sostengo tu delicada mano entre las mías – No es tu culpa, no lo es… – dejo un beso sobre la suave piel de tu mano y la primera lágrima resbala por mi mejilla – ¿Te… te duele?
Uso todas mis fuerzas para no quedarme en ese preciso instante.
– No – respondes con una sonrisa triste – No siento dolor, Jungkookie…
Yo asiento mordiendo mi labio inferior y sostengo tu mano con más fuerza, aferrándome a ti.
– Dile a Taehyung que no fue su culpa, aunque me hubiera encerrado, hubiera salido por la venta.
– Jimin, por favor no lo hagas, no te despidas…
– Dile a Jin que lamento haber arruinado el traje que diseñó para mí...
– Amor… – el primer sollozo escapa de mis labios y las lágrimas que caen de tus ojos me destrozan una a una.
– Dile a mis padres que lamento romper mi promesa de hacerlos abuelos...
– Minie, por favor… – suplico entre sollozos.
– Lo siento, mi amor – te disculpas y yo no puedo evitar que todas mis barreras caigan, que el dolor se apodere de mí – Lamento no haber llegado al altar, lamento no haber podido casarme contigo, lamento…
– Lo hiciste – te interrumpo con un gemido lastimero – Nos casamos Jimin, lo hicimos, eres mi esposo ahora, así que por favor… solo… por favor…
Te suplico, suplico por una oportunidad, suplico porque no me abandones porque sin ti no puedo vivir.
Porque sin ti no vale la pena vivir.
– Se te olvidó traer el anillo… – bromeas y no puedo evitar una sonrisa triste – Te amo, Jungkookie. Siempre lo he hecho.
– Tambien te amo, mi amor – beso nuevamente tu mano – Te amo y te seguiré amando siempre, estarás bien, estaremos bien, vas a salir de esto, vas a…
Soy testigo de la hermosa sonrisa que me das mientras sigo prometiéndote que seguirás a mi lado. Soy testigo de cómo esa sonrisa se va apagando poco a poco y como el agarre de tu mano sobre la mis se va haciendo más débil.
Soy testigo de como tu vida se apaga y como la mía te acompaña.
Soy testigo de como nuestra historia termina justo el día de nuestra boda.
Soy testigo de como tu promesa se rompe.
Y soy testigo de como la muerte te puede arrebatar a la persona que más amas cuando menos te lo esperas.
Estás en mi imaginación
Tus recuerdos parecen estar vivos
Siento como si estuvieras aquí
Así que extiendo mi mano
Pero de repente desapareces
Todos los recuerdos que tengo en mi corazón
Los reuniré y haré que sean solo uno
Imagino cada uno de ellos en esta habitación
Y te siento en cada estallido de dolor
Film out - BTS