El comienzo
Perú
Cuando era pequeño, vivía con mi madre y mis dos hermanos: Chile, mi hermano mayor, y Bolivia, mi hermano menor. Mi padre alfa, España, no lo veía mucho porque siempre se iba de viaje. A veces regresaba a casa muy cansado, y mi madre omega, Tahuantisuyo, solo se dedicaba a cocinar y a cumplir todos sus caprichos. La veía esforzarse para darle lo mejor a mi padre. Chile era uno de los mejores estudiantes de la primaria y yo también lo era.
Una noche, mi padre regresó de uno de sus viajes. Venía muy molesto; podía olerlo desde el cuarto que compartía con Bolivia y Chile. Escuchaba las discusiones hasta el día siguiente. Mi madre tenía una marca en el rostro, pero solo ponía una sonrisa débil.
Todo iba casi perfecto, pero un día trágico cambió nuestra vida.
—Mami, tengo sueño y Bolivia tiene hambre—dije.
—Está bien, mi niño, duerme, ¿sí? Ahorita te sirvo la comida—respondió Tahuantisuyo.
—Está bien, mami—respondí.
El pequeño Bolivia se fue a su dormitorio. La omega le daba de comer a su bebé y vio a su hijo mayor llegar del colegio.
—Hola, mamá—saludó Chile.
—Hola, mi niño. Cámbiate y luego baja para que comas—respondió ella.
—Sí, mami—dijo Chile.
El pequeño Bolivia intentaba hablar y su madre lo miraba con pena. Tal vez no éramos una familia muy unida, pero ella estaba más feliz de tener a sus cachorros a salvo. Por la noche, la omega acurrucó a su bebé junto a mí, mientras Chile hacía su tarea. No sabíamos que España llegaría, pero lo hizo.
Al azotar la puerta, la omega se asustó. El olor que emanaba era furia y alcohol. Simplemente, el alfa llegó borracho y molesto. Tahuantisuyo trató de calmarlo con su olor, pero España la empujó contra la pared. No reaccionaba. El hijo mayor escuchó el ruido, bajó rápidamente y vio una escena que jamás olvidaría.
España golpeaba con fuerza a Tahuantisuyo, gritándole cosas muy hirientes:
—“Omega poca cosa”, “No sirves para nada”, “Jamás te amé“.
La omega se resistía, veía su vida pasar pero no quería rendirse. Quería que sus pequeños estuvieran a salvo. Con un fuerte golpe, hizo que España cayera al piso e intentó correr, pero vio a su pequeño Chile con lágrimas en los ojos.
La omega escapó de los brazos del alfa. Chile quiso ayudar a su madre, pero España, sin ver que su hijo estaba junto a la omega con un cuchillo que tenía como arma para defensa, le cortó el ojo izquierdo. Tahuantisuyo defendió a su hijo.
En el dormitorio, Perú se despertó por el gran alboroto. El olor era muy intenso e hizo que el bebé Bolivia llorara. Perú, asustado, trató de calmar a su hermano. Chile corría por las escaleras para advertir a su hermano que se escondiera.
Al ver a su hermano herido y con mucha sangre en su ojo izquierdo, Perú preguntó:
—¿Qué pasó?
—Escóndete con Bolivia en el armario—le ordenó Chile.
—¿Y mamá?—preguntó Perú.
—Papá... mamá... ya no está.—respondió Chile, susurró y con lágrimas en los ojos.
Mi corazón se rompió.
En medio de ese caos, tomé el teléfono y marqué el número mágico que mamá me había enseñado.
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Al otro lado de la línea, ONU escuchó mi llamada con urgencia.
—Perú, mantente a salvo. Ya estamos en camino—me dijo con voz firme pero cálida.
Pocos minutos después, oí el estruendo de la puerta siendo derribada. FBI y un grupo de policías irrumpieron en la casa. Me abrazaron mientras subían corriendo las escaleras.
España, aún fuera de control, forcejeó con ellos, pero la presencia firme de los agentes logró detenerlo.
Chile, malherido, fue rápidamente atendido por paramédicos que llegaron junto a la ambulancia. Bolivia, llorando en los brazos de ONU, fue consolado suavemente.
ONU se acercó a mí, sus ojos llenos de comprensión.
—No estás solo, Perú. Estamos aquí para protegerlos.
Su voz calmada fue un bálsamo para mi corazón roto.
Mientras miraba a mis hermanos, sentí que aunque nuestra familia había sido destrozada, no estábamos completamente perdidos. Había alguien dispuesto a cuidarnos.
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Después de la detención de España, ONU organizó una reunión urgente en la que convocó a todos los Countryhumans para decidir el futuro de los pequeños Chile, Perú y Bolivia.
El gran salón se llenó de miradas serias y silencios incómodos. La tragedia había conmocionado a todos, pero nadie parecía dispuesto a asumir la responsabilidad de cuidar a los niños. Las palabras flotaban en el aire, pesadas y tensas.
—Entiendo que esta situación es difícil para todos—dijo ONU con voz firme pero amable—. Sin embargo, Chile, Perú y Bolivia necesitan un hogar seguro y estabilidad. No podemos dejarlos desamparados.
Los presentes asintieron en silencio. Algunos miraban hacia otro lado, incapaces de enfrentar la realidad.
—Sé que la mayoría tienen sus propios problemas y responsabilidades—continuó ONU—,pero estos niños son inocentes y merecen una familia que los proteja.
Después de un largo momento de silencio, ONU tomó una decisión que sorprendió a muchos.
—He decidido que, hasta nuevo aviso, yo misma asumiré la custodia de Chile, Perú y Bolivia. Tengo la capacidad y los recursos para brindarles un hogar estable y seguro.
Hubo un murmullo general. Algunos expresaron su apoyo, otros simplemente aceptaron la realidad.
—Soy un omega estéril y estoy marcado por FBI, tengo una casa grande con varias habitaciones y toda la disposición para cuidar de ellos—finalizó ONU con una sonrisa cálida y alentadora.
FBI asintió con respeto y confianza, y todos los Countryhumans presentes comprendieron que, aunque dolorosa, esta era la mejor solución para el bienestar de los niños.
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Perú
Mientras lloraba abrazado a Bolivia, un recuerdo me vino a la mente. Aquella vez que un pequeño alfa chocó conmigo en los pasillos del edificio de ONU. No me habló mucho, pero su olor cálido me había calmado. Quizás, en medio de todo esto, ese encuentro era una chispa de esperanza.
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