Vodka Naranja, OS Omegaverse Larry Stylinson

Summary

Harry es un hermoso alfa con un gran problema. Louis es un lujurioso omega frustrado. ¿Son lo que busca y necesita el otro?

Status
Complete
Chapters
4
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
18+

Vodka + Naranja


El fuerte aroma a alcohol empezaba a marearlo. Tanta era su frustración, que su propio olor lo estaba torturando, dificultando aún más lo que debería ser un agradable momento. Llevaba intentando masturbarse una hora, y no podía. Sus grandes dedos apenas lograban envolver su miembro, y eso que ni siquiera estaba totalmente duro. Subía y bajaba su mano, mientras sentía su suave piel goteando un lubricante artificial que logró comprar por internet. Era inútil, no lograba excitarse. Y ese enojo hacía que su atrayente aroma a vodka, tuviera fuertes tintes amargos, que provocaban sus propias náuseas.

Harry Styles, uno de los últimos alfas puros, de la casta más antigua de Inglaterra. Alto, largos rizos, y maravillosos ojos verdes, tenía 28 años, y lo que parecía ser un gran atributo entre sus piernas, se había convertido en su peor enemigo. Su pene era realmente grande y grueso, y no había encontrado ningún omega, hombre ni mujer, que pudiera complacerlo. Se había aburrido de buscar, y trató de convencerse de que podía darse placer por sí mismo. Es claro que fracasó rotundamente. Buscaba en su cabeza imágenes que lo llevaran a algún momento de placer, pero llegaba siempre al mismo lugar: Omegas llorando, la mayoría desgarrados, a pesar de ser muy cuidadoso siempre, omegas sufriendo, y omegas alejándose. No sabía lo que era correrse dentro de alguien, apenas lograba enterrar la mitad de su miembro cuando tenía una buena noche. Sólo una vez tuvo un poco más de suerte, cuando una omega le hizo sexo oral bastante bien. Sin embargo, él tuvo que alejarse, porque el olor de ella le repugnaba y no pudo soportarlo.

Dejó de intentarlo, y se acostó. Leyó un poco, hasta dormirse, en su cómoda cama de suaves sábanas blancas. Despertó sobresaltado con el ruido de su teléfono. Eran un montón de mensajes de su mejor amigo, otro alfa, no puro, Liam Payne. Entre medio de la niebla de estar aún dormido, poco pudo entender lo que decían los mensajes. Sólo pudo notar, cómo estaban llenos de signos de exclamación e interrogación, al parecer, nada urgente. Decidió ignorarlo, y seguir durmiendo.

Apenas despertó, se duchó rápidamente, se vistió con unos de sus trajes negros que le quedaban a la medida de su hermoso cuerpo. Sus suaves rizos acariciaban sus hombros. Tomó su maletín y salió a su oficina. Era dueño de H&L, una empresa de informática muy importante en el mercado, que se encargaba de la seguridad online de distintas empresas, desde pequeñas oficinas, hasta algunas áreas del gobierno o de la milicia. Ahí también trabajaba Liam. Se conocieron hace dos años, en una entrevista que Harry le hizo, tuvieron una conexión inmediata, y se llevaron bien rápidamente. Liam era bastante alocado a veces, pero sabía ponerse serio cuando era necesario. Tenía un rico aroma a lluvia, que calmaba a su lobo en sus peores momentos.

Se encontraron en la entrada, y se fueron a la oficina de Harry. Pidieron café, y conversaron brevemente.

—No leíste mis mensajes, —dijo Liam.

—Estaba durmiendo, y parece que estabas enloquecido, —contestó Harry.

—Era importante. Hoy vamos a salir y no puedes negarte.

—Liam, no tengo ánimos.

—Te prometo que si las cosas no pasan como deberían, no te invito a ninguna fiesta por tres meses.

Harry lo miró fijamente. Podía confiar en su amigo, por lo que aceptó. Se dedicaron a sus trabajos, y quedaron de reunirse a las ocho en el lugar de la fiesta.

A esa hora, entraban en el lugar tres amigos. Un alfa hermoso, Zayn Malik, con olor a menta, y dos omegas. Uno, Niall Horan, un bello de celestes ojos traviesos, con olor a tierra mojada, y Louis Tomlinson, uno de los últimos omegas puros, de la casta más antigua de Escocia, aunque desde la época de sus abuelos, su familia vivía en Londres.

Louis era hermoso. Su piel suave era perfecta para el color castaño de su pelo liso. Ojos preciosos, de un azul que cambiaba según su ánimo, de más a menos intenso; labios delgados pero atrayentes, y un cuerpo de infarto. Su aroma era a naranja, pero pocos lo lograban notar. Siempre estaba enojado, por lo que su olor se volvía en extremo amargo, alejando a cuanto alfa intentó acercarse. ¿El porqué de su mal humor? Frustración sexual. A sus 26 años, sólo había estado con tres alfas en total, pero fue suficiente para aburrirse. Estuvo con ellos para que lo ayudaran en algún celo, pero ninguno pudo complacerlo. Era tremendamente carnal y lujurioso, nada común para los típicos alfas que se creían imbatibles, y eso lo molestaba. Prefería sus vibradores y juguetes, así evitaba lidiar con egos inflados que se volvían enojo al verse superados por un omega como él. Estaba en esa fiesta para acompañar a sus mejores amigos, sobre todo a Niall, que había conocido a un alfa especial, y se verían en esa fiesta. Esperaba que una vez encontrándose, pudiera retirarse y volver a su departamento, porque no le agradaban este tipo de lugares llenos de alfas incompetentes.

El lugar estaba repleto, y la música era demasiado estridente. A través de mensajes, decidieron juntarse en el patio trasero del lugar, donde había una fuente de agua de piedra tallada, muy bonita y bastante grande, con hermosas luces en tonos cálidos.

Liam, se acercó a Niall mientras los demás esperaban las aburridas presentaciones. No había duda de que tenían una conexión especial, y sus aromas combinados eran maravillosos, lluvia y tierra mojada. Luego de su pequeño saludo, Niall presentó a Zayn, y luego a Louis. Liam hizo lo propio con Harry, quien estaba pendiente de un mensaje en su teléfono, de uno de sus clientes más importantes. Le dio la mano a Zayn casi sin verlo, pero Louis no aguantó su actitud.

—Podrías ser más amable, y por lo menos mirar a quien saludas.

Le costó un par de segundos conectar la mirada con ese atrevido omega, cuya voz le hizo acelerar los latidos de su corazón.

—Lo lamento, era importante.

Sus manos permanecieron unidas un minuto completo, mientras sus ojos estaban perdidos en los del otro. Sus lobos aullaron de manera desgarradora, llamándose. Todos pudieron notar como el verde de los ojos de Harry se volvía azul, y los azules de Louis cambiaban a verdes. Sólo un par de segundos bastaron para entender que eran destinados. El aroma a vodka se fundió con la naranja, sólo provocando que quisieran tenerse más cerca.

Algo despertó en Louis. Siempre fue un omega rebelde, independiente y feroz. Pero cuando tuvo a Harry frente a él, sintió cómo se sometía. No era algo negativo, se sentía natural, cómodo, idílico. Supo en el primer instante que ése alfa, era todo lo que no sabía que quería. En los dos segundos siguientes se vio rodeado de cachorros, y una dulce calidez se apoderó de su cuerpo y de su mente.

Harry supo que era el amor de su vida. La persona que defendería y cuidaría cada día, quien sería su compañero hasta su último suspiro.

Liam sonreía. Cuando Niall le contó de su amigo omega con olor a naranja, inmediatamente hizo la conexión con el vodka de su rizado amigo. Algo en su interior le dijo que podía resultar, no quería ver mal a su amigo, no se lo merecía: era un gran alfa lleno de virtudes y mucho amor por entregar. Se llevó a Niall y Zayn para buscar unas cervezas, así les daban tiempo a sus amigos para conocerse.

—Eres hermoso omega.

—También lo eres alfa.

Tenían suficiente edad y demasiadas malas experiencias para desconocer que estaban sintiendo algo distinto. El mal humor de Louis desapareció por completo con la cercanía de Harry, mientras en este se despertaba el instinto más primitivo y posesivo de su lobo. Se acercó peligrosamente, siguiendo los deseos de Bourka, quien demandaba contacto con su omega que tanto necesitaba sentir.

“Tócalo, mío, mi omega”

“Tuyo alfa, sólo para ti”

Louis se sintió extraño, porque Ohen, su lobo, sólo hablaba para quejarse. Pero una calidez lo recorrió, al saber que había reconocido a Bourka.

La mano de Harry acarició la mejilla sonrojada de Louis, quien ronroneó ante el contacto. Estaba a un paso de tomarlo en brazos y llevárselo, y eso hizo. Louis no opuso resistencia, aferrándose con fuerza a los fuertes brazos que lo apretaban como siempre lo deseó. Sus lobos estaban alborotados, felices moviendo sus colas.

Irresponsablemente, se subió a su auto con el omega en su regazo, no estaba dispuesto a alejarse ni un solo segundo. Agradecía estar cerca de su departamento, por lo que llegó en cuatro minutos exactos. Abrió la puerta y fue directamente a su habitación, donde suavemente recostó a Louis en su cama. Se acostó a su lado, sólo para admirarlo, mientras en su mente comenzaba a aparecer el miedo.

—Nunca había actuado así, pero te siento como mío, como mi omega, como mi destinado. Bourka reclama a Ohen, y Dios, eres hermoso omega.

—Lo sé alfa, siento lo mismo.

—Sé que esto puede resultarte más extraño aún, porque no sé nada de ti, pero necesito estar contigo, necesito saber si vas a resistirme...

Su voz sonó ligeramente triste, preocupando a Louis, quien dejándose llevar, se subió sobre Harry. Lo miró con cariño, pero también había deseo, haciendo que sus ojos fueran de un azul índigo brillante. Sin perder más tiempo, lo besó, se besaron, fuerte, rápido con urgencia. Los dos necesitaban encontrar la respuesta a sus temores. Si no resultaba, no tendrían otra oportunidad.

Las manos de Harry apretaban su trasero, sintiéndolo húmedo. Eso lo enloqueció, pero antes de lograr empezar a desnudarlo, lo sorprendieron las manos del omega soltando el botón de sus pantalones y bajando el cierre. Su corazón se detuvo, y el miedo hizo chillar a su lobo. Cerró los ojos para no ver la reacción del omega frente a su gran erección, pero no pudo evitar abrirlos cuando sólo había silencio. Louis estaba babeando, mientras observaba ese gran pedazo de carne palpitante tan cerca de él. Ohen también chilló, de puro placer. Al segundo siguiente, lo tenía entre dos manos y su boca, desesperadamente lo chupaba, pasando su lengua por todas partes. La saliva chorreaba por sus labios, mojándolo completamente. No podía tomarlo por completo, pero sus manos se encargaban de que eso no fuera un problema. Lo envolvían y masajeaban con seguridad, con un ritmo constante, mientras el alfa gemía como nunca. Jamás le habían hecho sentir así, se sentía en las nubes, necesitaba y quería más, y más le daba Louis, quien parecía drogado de placer, ya que no paraba ni un segundo de poner su lengua en cada centímetro húmedo que encontraba. Chupaba con desespero, como si quisiera comerlo, con lujuria asfixiante, soltando fuertes gemidos que sólo lograban llevar al límite al alfa. Un minuto después la boca de Louis estaba llena de semen caliente y espeso. El omega sonrió satisfecho, tomando hasta la última gota del delicioso néctar que le fue concedido. No se dio cuenta de que su ropa estaba totalmente empapada de su lubricante natural. Cuando Harry lo notó, gruñó fuerte, reclamando el cuerpo de su omega. Conteniéndose, lo desnudó. El aroma a vodka naranja los tenía ebrios de ellos mismos. Puso a Louis en la cama, quien abrió sus piernas mientras lo miraba y mordía su labio. Sus pequeñas y hábiles manos tiraban sus rosados pezones, dándole al alfa, la imagen más erótica del mundo. Su miembro estaba duro como una roca, pero debía preparar a su omega antes de intentar penetrarlo. El delicioso lubricante tenía un ligero sabor dulce, mezclado con cítrico, demasiado perfecto pensó Harry, mientras dos de sus dedos comenzaban a abrir el pequeño anillo suave y mojado. Metió dos dedos más, mientras sólo escuchaba gemidos de placer, pidiendo más. No podía aguantar, así que era ahora o nunca. Muy delicadamente colocó la cabeza caliente de su pene en la entrada, y comenzó a entrar. El lubricante tenía manchadas las sábanas, y eso que recién empezaban. Poco a poco fue llenando a su dulce omega, hasta que estuvo por completo en su interior. Por primera vez alguien era capaz de recibirlo. La sensación era la mejor de la vida, no podía ni siquiera gemir o articular palabras. Louis seguía gimiendo sin parar, lo hacía por los dos, con una sonrisa inmensa. Y comenzó a moverse. Despacio al principio, y cada vez con más fuerza, dejando sus dedos marcados en la cintura de Louis. Sintió y vio el hermoso cuerpo debajo de él, arqueándose y explotando de placer. Un momento después, Louis había acabado, cubriendo su estómago y pecho de semen. Al ver eso, llegó a su orgasmo, que se disparó ardiente y en montones desproporcionados en el interior de su pequeño omega, comenzando a anudarlo. Se quedaron así, hasta que bajó el nu.

Ninguno era capaz de hablar, a pesar de haber tenido los mejores orgasmos de sus vidas, sabían que se estaban conteniendo. Lo que había pasado entre ellos no mostraba ni la décima parte de lo que eran capaces de entregarle al otro en la cama, apenas se habían besado, apenas se tocaron, apenas gimieron. Tenían claro que juntos eran una bomba explosiva de sexo, y eso los tenía ligeramente perturbados. Lo único que tenían claro, era que se habían encontrado, por fin tenían a su lado quien complementaba sus cuerpos y sus deseos. Pero, ¿se complementarían también en lo demás? Era demasiado en muy poco tiempo y aunque tenían ganas de más, decidieron dormir. Louis se acurrucó, pegándose al pecho de Harry, mientras éste lo abrazaba con fuerza y ternura al mismo tiempo.

Despertaron en mitad de la madrugada, sudando, acalorados. Harry recordó que su celo debía llegar en una semana, se le había adelantado. Louis estaba sorprendido, porque su cuerpo se había saltado su último celo debido al estrés, y no pensaba tenerlo tan pronto. Por fortuna para los dos, Harry se había inyectado supresores el día anterior.

Fue rápidamente a la cocina, a buscar botellas de agua, frutas y chocolates. Sabía que una vez que empezara lo más fuerte, no sería capaz de dejar a su omega solo. Cuando volvió a la habitación, Louis era un ovillo apretado en el suelo.

—Alfa... duele... alfa...

Los ojos de Harry cambiaron de verde a rojo, sintiendo el cada vez más fuerte olor a naranjas. Era un olor dulce, con notas cítricas y jugosas... Se le hacía agua la boca. Se acercó al cuerpo dolorido, y lo levantó fácilmente, lo acostó, y por fin lo miró bien.

—Eres el omega más delicioso de esta tierra...

Empezó a acariciarlo por todas partes, también a besarlo. Sus manos fueron directamente a su trasero, y su boca devoró por completo su rosado pene.

—Eres delicioso... Mmmm...

—Sólo para ti alfa, cómeme.

En cinco minutos había logrado que Louis se corriera dos veces, solo con su boca.

—Alfa, te necesito...

Harry se sentó y apoyó su espalda en el respaldo de la cama.

—Ven aquí, móntame mi hermoso omega.

Con un poco de dificultad, Louis logró empalarse por completo. El grito de los dos fue ensordecedor, el sudor los tenía resbalosos, pero necesitaban más.

—Tan bueno mi omega, tomándome tan bien.

—Me llenas tanto alfa... Ahhh... sí, sí, sí...

Tenía una mano en la cadera de Louis, y la otra en uno de sus bonitos pezones. Lo acercó para poder besarse, y fue el beso más caliente de la vida. La saliva corría por las comisuras de sus labios, mientras sus lenguas se peleaban por ser la más fuerte; sólo sentían como sus pieles quemaban, y sólo se calmaban bajo las caricias del otro. Increíblemente, Louis no dejó de moverse en ningún momento, parecía no cansarse de sentirse lleno, y gemía escandalosamente. No podían culparlo, era primera vez que disfrutaba tanto, por lo que estaba descargando toda su frustración. Harry no estaba mejor, para ser alfa, sus gruñidos sonaban desesperados, pero necesitaba soltar todo lo que tenía guardado. Su tamaño parecía ser perfecto para ese hermoso omega. Su pene estaba cada vez más lubricado, entraba y salía del cuerpo del más pequeño a una velocidad impresionante. Louis se levantó, dejando solo la punta en su interior. Lamió el cuello del alfa, y de una vez se volvió a sentar sobre él

—¡Mierda! Sí omega, sí...

—Mi alfa, quiero tu nudo... lo necesito... Ahhh, ahhh...

Repitió lo mismo tres veces, hasta que los dos gritaron su orgasmo sin pudor, sintiéndose complacidos. El nudo parecía más hinchado aún, pero el omega ronroneaba feliz de sentirlo.

Aprovecharon el pequeño descanso para hidratarse, comer un poco y limpiarse. Recién empezaban su celo, y aún no venían los calores más fuertes. Harry le envió un mensaje a Liam, y Louis a Niall, para avisar que estaban en celo, pero ninguno dio explicaciones ni respondieron preguntas.

Louis quería una ducha rápida de agua fría, y mientras sentía el agua correr por su cuerpo, sintió las manos de Harry sobre su cuerpo.

—No te escapes omega.

—Nunca de ti, alfa.

—Mío, —gruñó.

—Tuyo, —susurró.

Lo giró para buscar sus labios, mientras acariciaba su entrada. En esos momentos de calor solo necesitaba penetrarlo, no había tiempo de más. Lo tomó de la cintura, haciendo que el omega enredara sus piernas en su cintura. Contra la pared de la fría ducha lo afirmó, y de una vez lo embistió, lo penetró duro y fuerte, mientras sus brazos prácticamente lo asfixiaban. No quería ni que el aire tocara a su delicioso omega. Aumentaba la velocidad a medida que los gemidos de Louis aumentaban de volumen, y sus mordidas en su hombro eran más profundas. Sentir sus uñas rasguñando su espalda hasta hacerla sangrar lo estaba desquiciando. El lubricante se mezclaba con el agua, volviendo el piso resbaloso. Un par de estocadas más para que Louis volviera a correrse, mientras un minuto más tarde, él lograba descargar su semilla. Esperaron que bajara el nudo entre besos calientes y salivosos. Volvieron a la cama después de secarse, y lograron dormir un par de horas. Cuando Harry despertó, ya estaba duro otra vez. Louis le daba la espalda, y por fin pudo observar el perfecto, magnifico y gran trasero que se le ofrecía ante sus ojos. Su boca salivó, y un gruñido grave y ronco salió de su pecho, logrando despertar al omega y al mismo tiempo haciéndolo lubricar.

—Mírate, eres perfecto omega hermoso ¿Por qué no me habías mostrado tu magnifico culo?”

—¿Quieres comértelo alfa? Es solo para ti.

De manera osada, se colocó con su estómago en la cama, y con sus manos abrió sus mejillas, para que el alfa admirara mejor su trasero.

—Eres un omega travieso y caliente.

Lamió y bebió en su entrada, disfrutando el sabor, la suavidad y el olor que emanaba del cuerpo del omega. Pero no duró mucho, porque necesitaba entrar en él con urgencia. Volvió a penetrarlo, sin prepararlo, y al parecer, Louis disfrutaba como loco con esa manera brusca del alfa. Sintió el cuerpo sobre el suyo, que le daba fuertes estocadas, mientras mordía su cuello haciéndolo gritar de placer.

No sabían cuánto tiempo pasó, ni pudieron contar cuántas veces cambiaron de posición o cuántos nudos esperaron que bajaran. Un nuevo día había llegado, y con él, el fin de sus celos.

Se dieron una deliciosa ducha, cambiaron las sábanas, y pidieron comida. Cuando llegó, se acurrucaron en la cama, y por fin, pudieron conversar.

Harry le contó de su trabajo; de su familia con quien tenía una buena relación, pero no cercana, ya que aún les costaba aceptar que le gustaran los omegas hombres. También le contó de su frustración y de los miedos que tenía de no conocer nunca a quien pudiera tomarlo.

Louis se dio cuenta, mientras lo escuchaba, de lo dulce que era el alfa, además de educado. Para qué hablar de lo hermoso y atractivo que era. Cuando llegó su turno, le habló de sus amigos, de su familia que constaba de su madre y dos hermanas, a quienes amaba con su vida y con quienes se llevaba maravillosamente. Su trabajo es la escultura, expone en la galería más importante de Londres. También le habló de su propia frustración sexual antes de él.

Y Harry sabe que ese omega es independiente y seguro, lo que lo hace más perfecto aún, pero su lobo grita por marcarlo y llenarlo de cachorros. No quiere que jamás salga de su habitación, y sabe que va a ser un problema, porque acaba de descubrir su lado alfa posesivo y controlador.

—¿Cachorros mi hermoso Ohen?

—Aún no Bourka, tonto.

—¿Mordida?

—Tal vez...

—¿Puedo amarte?

—Me encantaría mi lobo.

Louis y Harry se miran, mientras sienten a sus lobos en su propia burbuja.

—Nunca me he transformado, —dijo el omega.

—Yo lo hice una vez, hace muchos años. ¿Quieres intentarlo?

—Sí, quiero, pero por ahora debo irme. Tengo una gala de venta esta noche.

—No te vayas...

Harry acariciaba el cuello de Louis con su nariz, embriagándose con su olor. Louis buscó sus labios, para besarlo suave y dulce. Un beso rico, un beso que lleva mariposas al estómago.

—Eres un alfa posesivo, no me puedes tener encerrado.

—¿Seguro que no?

—¡No! —La risa de Louis era la más linda del universo. —Puedes acompañarme, y después podemos ir a mi departamento.

—Me encantaría. Vamos, te llevo de una vez.

—No voy a poder librarme de ti, ¿verdad?

—No, nunca, Mío...

La noche llegó, y la gala era todo un éxito. Decir que Harry no se alejó de Louis, es solo un detalle, que tenía al omega alucinando y a Ohen ronroneando, estaba amando su lado posesivo. El alfa compró varias esculturas, porque eran realmente fantásticas. Luego de eso, fueron al departamento de Louis. Apenas entraron, Louis lo llevó a su dormitorio, era tremendamente acogedor y cálido. Harry lo tomó en brazos y lo acostó con toda la suavidad del mundo.

Se miraron con complicidad, mientras sus labios se buscaban. Se besaron despacio, rápido y despacio, tratando de demostrarse lo cómodos y ansiosos que estaban. El alfa comenzó a bajar por el cuello, dejando pequeñas mordidas que hacían jadear el omega. Sus manos acariciaban con profundo deseo el cuerpo pequeño pero fuerte debajo de él, mientras lo desvestía en cámara lenta. Volvía sin cesar a buscar sus acogedores labios, después de acariciar sus brazos, de morder sus clavículas, de rozar su cintura. Una sinfonía de hermosos gemidos llenaba sus oídos y su corazón, su cuerpo aún vestido, y la figura desnuda de su omega, irradiaban amor. No necesitaban hablar, no necesitaban saber nada más del otro, el pasado no importaba, sólo su presente y el futuro que empezaban a construir juntos.

Harry besó y acarició cada poro de la piel de Louis. Su lengua ávida de placer lo marcó en cada una de sus suaves curvas, sus dientes marcaron sus puntos máximos de placer. Bebió el lubricante directo de su fuente, calmando la sed que por años había sentido. Louis reaccionaba a cada caricia recibida, no podía dejar de gemir de satisfacción. Era un mundo nuevo, completamente placentero, sólo para él, de parte de su hermoso alfa.

“Eres perfecto, tan suave... tan mío, mi omega”

Antes de que pudiera tener una respuesta, los labios de Louis lo tenían prisionero. Invadió su boca con su lengua, probándose en ella, saboreando su esencia. Vio como su alfa comenzaba a desvestirse. En otro momento lo hubiera ayudado, pero ahora sólo quería mirarlo y deleitarse con la vista de su fantástico cuerpo. Sólo verlo le erizaba la piel, y cuando sintió el calor de ese cuerpo sobre el suyo, comenzó a sollozar despacio, derramando dulces lágrimas que se unieron a las de su alfa. La conexión que tenían les llegaba a doler. Aún sin la marca de ellos ni de sus lobos, se sentían, y podían reconocer las emociones del otro como propias.

Cuando Harry entró en Louis, el mundo paró por un instante y el mar detuvo su caudal. No era la primera vez, pero se sentía así, especial, distinta, íntima. Sus ojos, sus bocas, sus cuerpos y sus mentes lo sabían. El ritmo perfecto de las caderas de Harry, el sonido sinigual de los gemidos de Louis, sus cuerpos sudando, sus labios vibrando. Así se sentía hacer el amor, así debería sentirse siempre.

—Alfa, mi alfa...

Su voz entrecortada, su respiración dificultosa, sus labios hinchados y húmedos...

—Mi dulce omega, mi amor...

Su voz enamorada, el temblor en sus manos que acarician con fervor sus mejillas sonrosadas...

El momento de su liberación estremeciéndolos, enloqueciéndolos. Los colmillos del alfa apareciendo, el cuello de su omega dándole espacio. El orgasmo golpeando fuerte, llevándolos al máximo éxtasis, revolucionando sus mundos, redefiniendo sus conceptos de placer. Un par de segundos más y la mordida profunda y fuerte, regalándoles un segundo clímax, más intenso que el primero, dejándolos sin poder respirar mientras sus palpitaciones se sincronizaban. La lengua de Harry lamiendo la sangre, y sanándola al mismo tiempo, mientras Louis acariciaba suavemente los largos y sedosos rizos, conmovido hasta su última célula de tantas emociones. Ya no sabía cuáles eran propias y cuáles de su alfa, lo que no importaba en realidad, porque todas se sentían bellas y perfectas.