I surrender who I've been for who you are

Summary

"Harry es un alfa y prestigioso abogado, decide tomarse un descanso de su trabajo viajando a Holmes Chapel, su ciudad natal y donde actualmente viven su hermana y sobrinos. Louis es un omega y famoso repostero que trabaja en Holmes Chapel, con una gran sonrisa y dulce actitud es capaz de iluminar hasta el día más nublado. o, dónde Harry no pudo evitar enamorarse de ese hermoso repostero que ocasionalmente trabaja como niñera de sus sobrinos." Este OS pertenece al #BLSFF2021

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
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18+

I surrender who I've been for who you are

Cuando el alfa Harry Styles cierra a su favor el caso de Douglas Pattinson –un alfa de veinte años que quería recuperar la herencia que le dejaron sus padres de manos de su albacea– él está por fin listo para arrojar los casos pendientes a sus colegas y alejarse del bufete por al menos un mes.

Con treinta y dos años a cuestas, Harry ha logrado más de lo que hubiera imaginado para su edad. El bufete que heredó de su padre antes de lo planeado, luego del accidente aéreo que le quitó a Desmond y Anne, lo supo sacar a flote con sólo veintidós años y un poco de ayuda de los amigos de su padre. Tanto el señor Payne como el señor Cyrus incorporaron a sus propios hijos al bufete cuando Harry ya empezaba a hacerse su propio espacio entre los abogados más importantes de Londres y para cuando tenía veintiséis él junto a Liam y Miley tomaron las riendas de SCP Abogados por ellos mismos. Con una carrera de once años, Harry Styles ha trabajado sin descanso para que respeten su nombre en cada bufete de la ciudad y en el Tribunal de Justicia.

Ahora necesita un descanso.

Últimamente siente que su mente podría estallar en cualquier momento y aunque él ama su trabajo, su cuerpo empieza a gritarle que necesita detenerse o colapsará. Es por eso por lo que ha evitado abrir otro caso luego de terminar con el de Douglas, el lobo de Harry le grita que debe de tomarse un respiro o enfermara.

—¿Malik?— llama Harry a través del intercomunicador de su oficina hacia el pequeño cubículo de su asistente personal.

—¿Sí, señor?— le responde rápidamente el chico.

—Ven a mi oficina, por favor. Trae la agenda— suspira Harry luego de decirlo, cortando la comunicación.

No más de tres minutos después su asistente está tocando la puerta de su oficina, entrando sólo cuando él lo permite, con la agenda del bufete en una mano y en la otra una taza de té Yorkshire que Harry no ha pedido pero que sin duda necesita. A pesar de ser un alfa, Zayn Malik es el asistente perfecto para Harry; al chico le encanta aprender todo lo que Harry hace en cada caso, siempre está atento y listo para dar su propia opinión y ayudar a su jefe. Aunque tiene veintisiete, Zayn empezó a estudiar leyes no hace mucho y fue Miley quién lo invito al bufete para aprender más luego de ver su potencial en una clase que atendió como maestra suplente en la universidad pública de Londres, una de las últimas clases a las que asistía el alfa antes de graduarse con honores. Y Zayn no es sólo inteligente, todos en el bufete pueden notar su pasión por las leyes y sus ganas de ser un abogado tan reconocido como todos en SCP sino que también es excelente en cuidar de todos, asistiendo a cada uno a pesar de ser sólo asistente de Harry –Miley y Liam siempre han alegado que no necesitan de uno, pues no tienen tanto trabajo como Harry, pero sin duda Zayn les hace la vida más fácil también–.

—Gracias, Malik, eres un héroe— lo halaga Harry recibiendo con agradecimiento su taza de té.

—¿Qué se te ofrece, Harry? ¿Ya vas a abrir otro caso?— pregunta Zayn, desechando el halago a pesar de que sonríe. También, a pesar de su pregunta, hay una mirada de preocupación en sus ojos ya que si alguien ha notado que Harry se está sobrecargando de trabajo ese es él.

—De hecho no, Z— sonríe Harry, dando un sorbo a su taza antes de hundirse con comodidad en su silla, mirando al joven alfa—. Anda, siéntate. Vamos a hablar de algo importante— dice, señalando hacia las sillas del otro lado de su escritorio.

Zayn le mira con sospecha pero hace lo que su superior le indica, dejando sobre el escritorio la agenda y recargando sus manos sobre la cubierta de esta, atento a cualquier próxima indicación.

—Tienes esa mirada que Liam y Miley dicen que debo de temer— Zayn acusa, mirándolo aún de forma sospechosa lo que hace reír a Harry.

—Patrañas, eso es lo que dicen esos dos— dice Harry de manera desdeñosa, señalando con la mirada la agenda—. ¿Hay muchos pendientes?— pregunta genuinamente.

—No tantos como el mes anterior, es una temporada tranquila— admite Zayn, encogiéndose de hombros antes de abrir la agenda—. El caso de Douglas era el más fuerte de tus pendientes, ahora sólo tienes tres solicitudes de divorcios de betas y una de ellas incluye la pelea por la patria potestad de unos gemelos— ambos hacen una mueca ante eso, ya que los casos que involucran niños siempre suelen ser los más difíciles, sobre todo para los cachorros.

—Ese caso lo llevaría muy bien Liam— suelta Harry casi sin pensar, ganándose una mirada rápida de Zayn que frunce el ceño.

—Liam tiene sus propios casos que resolver— Zayn salta rápidamente en defensa de Payne, haciendo sonreír a Harry. Sí Zayn odia involucrarse en casos que involucren niños, odia aún más que el único omega del bufete lo haga a pesar de lo bueno que es Liam con ellos.

—Bueno, alguien tiene que resolverlo si yo pienso irme a Holmes Chapel como te la has pasado sugiriéndome luego de hablar con mi hermana a mis espaldas— se encoge Harry de hombros, sonriendo socarronamente al alfa frente a él que se pone un poco pálido antes de sonrojarse furiosamente, mirándolo molesto.

—Bueno, de nada por preocuparme por tu salud, jefe— escupe Zayn, enterrando su rostro molesto en la agenda.

Harry se ríe de su asistente, estirando una mano le da un par de palmadas en la cabeza que hacen bufar al chico. A veces es fácil olvidar que Zayn es menor que él casi siete años, otras veces es demasiado obvio como ahora. El alfa menor gruñe entre las hojas por la muestra de afecto del mayor que se ríe más alto, retirando su mano.

—Creo que tú también serias perfecto para llevar ese caso, o cualquiera de los otros— le dice Harry, haciéndole alzar la cabeza rápidamente.

—¿De qué estás hablando?— pregunta Zayn, atragantándose un poco con su propia saliva.

—Miley tiene su mes lleno entre el bufete, las clases que da en la universidad y Stella— empieza Harry, mirando a Zayn atentamente—. Sé que tomaría uno de los casos si se lo pidiera, ella igual que tú me ha dicho que necesito un descanso, pero eso deja dos casos libres y has dicho que Liam tiene los propios. Esa gente necesita un abogado capaz de resolver sus problemas y posiblemente habrá más gente que llegue después a necesitarlos, si yo no estaré tú eres capaz de ayudarlos…

—No, Harry, no, yo-...— Zayn trata de negarse.

—Calla y escucha, Malik— le pide Harry, haciéndole bajar un poco la cabeza y tragar saliva. Él nunca utilizaría su voz de rango para ejercer aún más su poder como superior en Zayn, pero el alfa menor de todos modos se queda en silencio ante la gravedad de su seria voz—. Llevo años trabajando sin tomarme un descanso de verdad. Lo que escuchaste de Gemma, eso de que sólo me alejo del trabajo en Navidad y los cumpleaños de sus hijos y el de ella es jodidamente cierto. Tú tienes poco más de un año trabajando aquí y eres consciente de eso y de cómo me llevo el trabajo a casa, fuiste el primero en hacerme notar el exceso de trabajo al que me estaba sometiendo— Harry se toma un respiro, sonriendo a medias cuando Zayn se atreve a mirarlo de nuevo—. He decidido hacerte caso y tomarme unas vacaciones, iré a visitar a Gemma y su familia y me quedaré lejos del bufete lo más que pueda. Pero no puedo irme sin solucionar esto y yo sé que tú puedes ayudarme, sé que tienes el conocimiento y la pasión necesaria para empezar a ejercer ya tu profesión.

—¿Y si hago algo mal sin ti aquí?— pregunta Zayn de inmediato, dejando salir su inseguridad—. No es lo mismo ayudarte con los casos como tú asistente que resolver yo solo el trabajo— prácticamente chilla, haciendo reír a Harry con cariño.

—Z, amigo, prácticamente resolviste tú solo el caso Smith-Thompson, puedes con los que hay en la agenda y con cualquiera que pueda llegar— le alienta Harry, recordándole el caso anterior de divorcio que tuvieron que atender antes de resolver el de Douglas Pattinson—. Es tu momento de demostrarle a Londres que estás en este bufete para ser otro grande, hazte oír en el tribunal y si algo va mal te aseguro que estaré a una llamada para ayudarte— promete, tranquilizando al joven alfa que sonríe un poco, con los ojos brillando ante las palabras de su jefe—. Además, Miley estará aquí y Liam también. Te aseguro que ambos podrán ayudarte, de hecho seguro que Liam necesitará que estés cerca si yo no estoy y Miley está yendo y viniendo, tú sabes que luego hay cada cliente que no está contento de ver a un omega exitoso capaz de resolver sus problemas.

—Hijos de puta— gruñe Zayn con enojo, recordando a un par de ellos.

El alfa mayor sonríe socarronamente ante la molestia del menor. Es tan obvio para él lo enamorado que está Malik de Payne que sinceramente Harry nunca ha entendido como no están juntos aún. Fue una sorpresa enorme en los primeros días de Zayn en el bufete el descubrir que el moreno está destinado a Liam, una sorpresa que al parecer el omega no termina de digerir pues sigue rehuyendo de Zayn aunque no rechaza ningún pequeño regalo de cortejo del alfa. Harry espera que pronto cambie eso y estén por fin juntos, por el bien de la tensión sexual que tienen que sufrir todos cuando están cerca de ese par.

—¿Entonces cuento contigo, colega?— pregunta Harry con una sonrisa, haciendo reír a Zayn cuando le estira una mano que el alfa moreno se apresura a apretar entre una de las suyas.

—Vete tranquilo de vacaciones, jefe, yo tendré todo bajo control— promete el menor, inflando el pecho con orgullo.

⚖️

El último día de noviembre Harry llega a Holmes Chapel, que lo recibe con sus suelos pintados de blanco por una reciente nevada. Por ella es que Harry no pudo llegar antes, pues su viaje por carretera tuvo que posponerse por las malas condiciones del clima en la pequeña ciudad. Pero ahora el alfa respira el frío aire invernal de su ciudad natal, sonriendo tras su bufanda cuando baja de su auto y ve a su hermana mayor esperándolo en la primera gasolinera que hubo en Holmes Chapel y que aún conserva ese viejo letrero que da la bienvenida a la gente que visita el lugar.

Gemma corre a abrazarlo al verlo salir, dándole un golpe en la cabeza al mismo tiempo.

—Hey— se queja el alfa, sobando su cabeza y mirando mal a la omega que se ríe.

—No puedo creer que me hayas hecho tener que esperarte aquí sólo porque tienes tanto sin venir que te pierdes para llegar a mi casa— se queja Gemma, soltándolo sólo para cruzarse de brazos y mirarlo mal.

—Oye, este sitio ha crecido mucho— trata de defenderse.

—Y tú tanto sin venir— su hermana mayor le muestra la lengua infantilmente, tomándolo del brazo después—. Noah me dejó aquí hace poco, en realidad. Quería esperarte conmigo, pero tenía cosas que hacer así que sólo esperó un poco para no dejarme sola— le cuenta Gemma sobre el paradero de su cuñado, un buen alfa que Harry sinceramente aprecia.

—¿Y mis sobrinos?— pregunta Harry extrañado, dándose cuenta de que Gemma los guía de vuelta a su Mercedes, sin rastros de su mamá-van.

—Oh, los dejé con su niñera para poder venir por ti— se encoge de hombros la mayor, abriendo la puerta del auto color medianoche—. Lou vive en un piso arriba de la floristería, así que los cuida cuando tengo cosas que hacer y luego los lleva a casa o a veces va a casa y los cuida ahí— informa antes de subirse.

—¿Ahora iremos nosotros por ellos?— quiere saber Harry, preguntando cuando ya está en su propio asiento.

—No, no te preocupes— sonríe Gemma, palmeándole el brazo—. Maneja hacia mi casa, quiero que te instales antes de que vuelvan o no van a dejarte tranquilo. Estoy segura de que no has parado a comer en el camino, así que déjame alimentarte.

La voz aparentemente desinteresada de su hermana mientras dice eso último lo hace sonreír. En una actitud infantil digna de un cachorro, Harry se inclina hacia Gemma y reposa un momento su cabeza en su hombro besándola en la mejilla con cariño, sonriendo cuando la ve rodar los ojos.

Siguiendo las indicaciones de la mayor, Harry maneja por las viejas calles de Holmes Chapel hasta llegar al barrio nuevo donde está la casa de su hermana y su familia. Aunque la casa –de dos pisos con fachada color coral con un amplio patio delantero de arbustos con flores coloridas y un único roble del que cuelga un columpio de madera– sigue siendo sumamente familiar para el alfa, destacando entre las demás casas de dos pisos pintadas de colores más claros, Harry tiene que reconocer que sin Gemma se hubiera extraviado para llegar.

Con una sonrisa compartida ambos bajan del Mercedes luego de que Harry lo estaciona en donde la mayor le indica. Siguiendo a su hermana hacia la puerta de la casa, después de tomar su maleta del coche, el alfa no puede evitar sentirse nostálgico puesto que le sigue pareciendo extraño, a pesar de ya tantos años, el volver a Holmes Chapel para llegar a otra casa que no es la que compartía en su infancia con sus padres.

—Ven, vamos a subir tus cosas— le dice Gemma en cuanto están dentro del hogar, tirando de la manga de su abrigo e impidiéndole que siquiera piense en quitárselo.

Sigue a su hermana al segundo piso, cargando con su única maleta en una mano y su móvil descargado en la otra. Sí bien le dijo a Zayn que pensaba darse un tiempo lo más alejado posible del bufete, sus manos pican por poner a cargar el aparato electrónico y encenderlo para verificar que no tenga alguna llamada o mensaje de uno de sus colegas solicitando su ayuda o asesoría. Trata de pensar en otras cosas, alejar su mente del trabajo como debería hacer, sin embargo de momento aún le resulta imposible.

—Tus sobrinos se encargaron de acondicionar la habitación para ti, así que prepárate— le dice Gemma, sacándolo de sus pensamientos, antes de abrir la puerta de la habitación de huéspedes para él, esa donde se queda siempre que viene.

Una sonrisa se pinta en su rostro ante esas palabras, sonrisa que crece hasta mostrar el par de hoyuelos que adornan sus mejillas cuando puede entrar a la habitación. Las paredes, de un suave color azul cobalto, están tapizadas de hojas blancas con muchos dibujos. Algunas hojas están algo amarillentas por el paso del tiempo, otras son de un blanco impoluto manchado únicamente por las obras maestras más recientes de sus sobrinos. Cada hoja lo muestra a él junto a un par de niños realizando diferentes actividades, las vistas lo enternecen y divierten a partes iguales. Además del arte en las paredes, en la cama matrimonial de cobijas color marino hay una pequeña loba de peluche con un lazo rosa al cuello y una frazada de Spiderman que entibian su pecho al pensar en sus sobrinos dándole sus prendas de seguridad para que él pase la noche sin temores lejos de su propia casa.

—Tus hijos son algo más— le dice a su hermana con ternura, dejando la maleta al pie de la cama para tomar después a Lulú la pequeña lobita de peluche de Melanie, su sobrina omega.

—Están tan emocionados de tenerte aquí por más de una semana que no pude evitar que hicieran todo esto— se ríe Gemma, abriendo el pequeño clóset de la habitación que permanece vacío—. Limpiamos todo muy bien para ti y así quiero que se quede, ¿de acuerdo?— Gemma habla con su voz de mamá, haciendo reír a Harry que asiente—. Guarda tu ropa, ponte cómodo, yo iré a calentarte la comida. Baja cuando estés listo— le dice, cerrando de nuevo las puertas del clóset para verlo de soslayo con una sonrisa antes de salir de la habitación.

—Gracias, Gems— le dice Harry a su hermana antes de que salga.

Gemma lo mira de vuelta con una gran sonrisa que muestra unos hoyuelos en sus mejillas idénticos a los suyos. Sus ojos verdes, también idénticos, brillan de felicidad y ternura.

—No tienes nada que agradecer, hermanito. Estamos contentos de tenerte en casa— es lo único que dice, dejándolo solo.

Harry la puede oír alejarse de la habitación y luego bajando las escaleras, de modo que él hace lo pedido y se pone cómodo. Primero sube su maleta a la cama para poder mantenerla abierta y tomar sus prendas sin agacharse, luego saca un chándal gris y una sudadera negra y desgastada para cambiarse la ropa semiformal que porta. Y aunque Gemma le ha dicho que acomode su ropa y mantenga la habitación limpia, sólo por esta ocasión hace caso omiso a su hermana mayor y deja tal cual la maleta, escapando al minúsculo baño del cuarto para hacer sus necesidades. Para cuando baja las escaleras, luego de haber conectado su móvil a la corriente, y entra en la cocina, Gemma ya tiene la comida servida en la isleta lista para que él se siente en uno de los altos banquillos a comer.

—Espero que te guste— le sonríe la castaña, señalando el plato con spaghetti Alfredo para luego girarse y tomar un vaso de un gabinete mientras él se sienta—. Estoy segura de que en Londres te has de mantener a base de comida a domicilio— acusa sirviéndole un poco de agua.

—Tienes razón, pero es Zayn quien pide por mí así que puedes estar tranquila, no me deja comer porquerías— sonríe, pensando en su asistente personal y, sin poder evitarlo, también en el bufete.

—Recuérdame enviarle un regalo de navidad a Zayn para agradecerle— sonríe Gemma con cariño, pasando por detrás de él. Harry hace una mueca cuando su hermana enreda los dedos entre los rizos chocolate de su cabeza, desordenándolos aún más de lo normal—. Ese asistente tuyo me cae bien, ¿ya está saliendo con Liam?— quiere saber.

—Mhmmm— tararea Harry con un bocado del delicioso spaghetti en la boca—. Aún no, pero espero que pronto— responde luego de tragar.

Harry come tranquilamente charlando con su hermana mayor sobre la vida de ambos. Así como el alfa se hizo cargo del bufete de abogados de su padre al morir éste, la omega tomo el lugar de su madre frente a su floristería, de modo que Gemma le cuenta cómo van las cosas con la pequeña tienda que dejó Anne y Harry le plática uno que otro caso atendido en el bufete. Es una charla amena que les sirve para reconectarse y reírse juntos de los chismes que Harry tiene para Gemma sobre sus socios.

—Dame un momento, sigue comiendo— corta Gemma a Harry en determinado momento, cuando el timbre del teléfono del hogar suena interrumpiendo su plática y ella se apresura a responderlo, dejándole solo en la cocina para ir a la sala donde se encuentra el aparato sonante.

Sigue con su comida en un tranquilo silencio y con el rumor lejano de la voz de su hermana mayor en la otra habitación. Para cuando Gemma vuelve, con una mueca en el bonito rostro que hace suspirar a Harry, él ya ha terminado.

—¿Qué sucede? ¿Quién era?— pregunta a su hermana, sabiendo que esa mueca en su cara no presagia nada bueno para él.

—Era Fatty— suspira Gemma, confirmando las sospechas de Harry—. Ha llegado un cargamento de tulipanes que esperábamos hasta mañana, debo de ir a ayudarla porque es demasiado para ella— le explica sin perder la mueca en su rostro, formando una igual en Harry por sus palabras—. Odio tener que dejarte solo, pero en serio me necesita.

—Está bien, lo comprendo— Harry sonríe a medias, tratando de quitarle la pesadumbre a su hermana—. No tardarás mucho, ¿o sí?— quiere saber.

—No lo creo, pero de cualquier modo le pediré a Lou que te traiga a los niños ya— dice Gemma, guiñándole un ojo a Harry que ríe—. Yo sé que amas la compañía de tus sobrinos.

—Nada me hace más feliz que pasar tiempo con esas pulgas— confirma Harry, haciendo gruñir a su hermana ante el apodo dado a sus hijos lo que lo hace reír más.

—Entonces los haré venir— Gemma le muestra la lengua infantilmente luego de decir eso.

Harry aprovecha el quedarse solo para ordenar su ropa en el clóset de su habitación prestada. Normalmente no la acomodaría, pues sus visitas suelen no durar más de un par de días, sin embargo en esta ocasión tiene intenciones de quedarse al menos un mes de modo que saca todo de su maleta y lo ordena. Sin nadie a su alrededor, cae en la tentación y enciende su móvil solamente para decepcionarse al no encontrar ningún mensaje de trabajo. Zayn debe estar haciendo una labor excelente para evitar que los clientes o cualquier otra persona le llame a su número privado.

Con un suspiro, que no sabe si es de alivio o resignación ante la falta de algún pendiente laboral, decide volver a bajar y husmear un poco. Aunque Gemma le haya dicho que mandaría a los niños con la nana, Harry sabe que no lo hará inmediatamente para darle algo de tiempo a solas de modo que curiosea alrededor de la casa, mirando fotografías y admirando los pocos cambios que su hermana ha realizado en la casa en todo el tiempo que él no los ha visitado. Para cuando se aburre de eso los niños siguen sin llegar, de modo que toma del frigorífico una cerveza de su cuñado y se recuesta sobre el sofá de tres plazas del salón. Sus pies quedan colgando del reposabrazos al ser él más largo que el sofá pero no le toma importancia, se pone lo más cómodo que puede en una casa que le es ajena y enciende el televisor en busca de algo decente que ver en lo que espera a sus sobrinos.

Por fortuna para el aburrimiento del alfa, Harry no tiene que esperar mucho tiempo puesto que pasados unos veinte minutos –en los que lo mejor que ha hallado en la tv. ha sido un canal de vídeos musicales de los años 90′s– escucha un pequeño coche aparcar. Agudiza sus sentidos tratando de confirmar que quien quiera que sea si se dirija a la casa, más no es necesario cuando unas bien conocidas risas infantiles se escuchan del otro lado de la puerta. Rápidamente se pone de pie para ir a abrirla, sin embargo es sorprendido a medio camino cuando escucha el tintineo de unas llaves y luego la chapa moverse. La nana, quien sea que sea, debe de ser de la absoluta confianza de Gemma como para tener llaves de su hogar, Harry no lo cuestiona mucho y sólo se encoge de hombros sin preocuparse, caminando con pesadez hacia el living.

Para cuando está frente a la puerta y esta se abre, Harry no sólo es sorprendido por el asalto de dos pares de cortos y flacuchos brazos envolviéndose en sus caderas, sino también por un olor increíble que enciende sus sentidos de inmediato.

—¡Tío Harry, tío Harry!— canturrean sus sobrinos a su alrededor, pero las voces llegan a él de manera lejana, atravesando apenas la bruma en la que el nuevo y espectacular olor lo ha sumergido.

Sin detenerse a sentirse avergonzado Harry inhala el delicioso aroma a manzanas caramelizadas al tiempo que, con sus ojos del color del olivo abiertos en demasía, busca la fuente del olor sólo para toparse con un omega de ojos azules como el añil que le sonríe divertido.

—Hola, tío Harry— saluda risueño el omega, con voz aguda y cantarina que hace martillear el corazón del alfa.

Harry se siente sonrojar ante el tono de voz del omega, sin embargo eso no le impide repasarlo con la vista rápidamente. Es bajito, tan sólo dos cabezas más alto que James que a sus diez años mide un metro con veinte centímetros; lleva un suéter color lavanda que le va grande y un pantalón de mezclilla ancho, la ropa lo hace ver aún más pequeño pero Harry puede asegurar que bajo toda la tela debe haber curvas definidas y tal vez una suave pancita. Lo recorre desde los pequeños pies enfundados en unas vans negras hasta los cabellos lacios y castaños escondidos bajo un beanie gris, deteniéndose en su rostro que por poco le arranca un suspiro por su belleza pues los ojos azules no son lo único hermoso del omega, también sus finos labios rosados, su pequeña y respingona nariz de botón así como sus pómulos afilados adornados por diminutos besos de sol. Las pequeñas arrugas en las comisuras de sus ojos añiles son divinas, hechizan a Harry tanto como su preciosa sonrisa.

—Hola, soy Harry— saluda torpemente sin poder apartar su vista de esa belleza de olor delicioso.

Repara vagamente en la charola cubierta que sostiene el omega en los brazos, pero aunque de esta sale un aroma también delicioso Harry sabe que las manzanas caramelizadas provienen del castaño que sigue mirándolo divertido.

—Hola, ya sabía eso— responde la voz aguda con una risita mal disimulada que sólo logra hacer sonreír muy amplio al alfa.

—Él es Louis— le presenta James, llamando acertadamente la atención de su tío.

James se abre paso en el hogar entonces, apenas empujando a su tío un poco, Melanie le sigue después gritando algo sobre Lulú que Harry no logra comprender pues toda su atención está en el omega parado en el umbral que no pierde su diversión.

—¿Me dejas entrar? Los postres que preparamos para ti pesan un poco— dice Louis, sacando de su estupor a Harry que avergonzado se hace a un lado, dejándole el campo libre que atraviesa con una risita.

—¿Postres?— atina a preguntar, siguiéndolo de inmediato luego de cerrar la puerta.

El omega sigue su camino hasta la cocina, moviéndose con confianza que le confirma a Harry que no es su primera vez en ese hogar. Tararea un asentimiento, dejando la charola sobre la isleta antes de girarse a ver al alfa.

—Selva negra, tus sobrinos han dicho que es de tus favoritos. Le agregué un toque de Kirsch para hacerlo más divertido— anuncia, alzando la tapa transparente que cubre la charola, dejándole apreciar el pastel así como una docena de cupcakes de vainilla—. Pasamos toda la tarde cocinando para ti, espero que te guste todo.

—Me gusta todo— asegura Harry, sin apartar la vista del bonito omega que gira sus ojos en fingida molestia, soltando un bufido más parecido a una risa.

—Ni siquiera has probado nada— se ríe, dándole una mirada a través de sus largas pestañas que hace saltar el corazón de Harry—. No puedes decir que algo te gusta sin haberlo probado— le reprueba con una sonrisa, moviéndose para lavar sus manos en el fregadero y luego sacar un plato de un gabinete donde el alfa jamás habría buscado nada, demostrándole lo bien que conoce la casa.

—Tienes razón, debo probar— responde Harry, con un esfuerzo para no conjugar mal ese verbo diciéndolo en la manera en que le gustaría.

—Tío Harry, no tienes que dejar a Lulú sola en tu habitación porque le puede dar miedo— escucha la voz de Melanie decir mientras sus pequeños pies bajan rápido las escaleras.

—Melanie, no corras por las escaleras, cariño— le reprende Louis con voz dulce al verla entrar en la cocina justo cuando está sirviendo un buen trozo de selva negra en un plato.

—Lo siento, Lou— responde la niña, deteniéndose junto a Harry—. Tío Harry, yo le dije a Lou cuál es tu postre favorito y lo hicimos juntos— le cuenta a Harry con orgullo.

—Eso es asombroso, pulguita, estoy seguro de que entonces sabe delicioso— sonríe a la niña, mirando por el rabillo del ojo a Louis hacer lo mismo mientras deja el plato frente al alfa—. Pero ven aquí, no me has saludado como es debido— se queja con falso enojo, abriendo los brazos para la niña.

Melanie salta a sus brazos con una risita, dándole un sonoro beso en la mejilla que él le regresa besando toda su regordeta carita. La pequeña omega de cinco años se ríe entre su abrazo, apretujándolo por el cuello.

—Vas a ahorcar al tío— llega entonces James, reprendiendo a su hermana con un ceño fruncido y una mueca molesta.

—Nada de eso, ven y únete al abrazo— dice Harry, abriendo un brazo para cobijar al pequeño alfa.

El niño no se hace del rogar, se une al abrazo con entusiasmo y la escena debe de ser graciosa, puesto que Harry mira por encima de las cabezas de sus sobrinos a Louis reteniendo la risa, con sus lindos ojos arrugados.

—Mamá nos dijo que venías más tiempo, ¿es cierto, tío?— le pregunta James interesado al separarse.

—Así es, amigo. Voy a quedarme un buen tiempo, tanto que querrás correrme— bromea con su sobrino, haciéndole reír divertido.

—¡No lo haría!— responde James entre risas, con los ojos castaños brillantes—. ¡Me gusta tenerte aquí!

—¡Y a mí!— agrega Melanie, besándole sonoramente una mejilla.

Louis mira a ambos niños con ternura y como Melanie se queda sobre las piernas de Harry, Louis pone un cupcake para ella sobre el plato del postre del alfa, dándole a James otro sobre una servilleta. El alfa procura no ser muy obvio cuando inhala de nuevo el olor del omega cuando Louis se estira sobre la isleta para acercar el postre a James, sin embargo no debe hacerlo muy bien por la sonrisa de suficiencia que se pinta en el bonito rostro del omega que le da una mirada divertida aunque la atención de Louis pasa rápido a los cachorros cuando los niños toman su cupcake con anhelo, llevándolos a su boca rápidamente soltando ruiditos de regocijo al probarlos, Louis los observa satisfecho.

—¿No vas a probarlo?— le pregunta a Harry, señalando el postre del alfa que no ha comentado nada sobre el platillo, en su lugar Harry sólo desea enterrar su nariz en la fuente del delicioso olor a manzanas con caramelo.

Harry tiene una vaga idea del porqué el olor de Louis le resulta tan atrayente, más no hace comentario alguno y sólo se dedica a observar al omega, con el corazón martilleando cada vez que atrapa a Louis observándolo también con interés.

Decidiendo hacer caso al precioso omega, Harry toma la cuchara que le han dado y toma un trozo del postre que lleva a su boca. La combinación de sabores del mouse de chocolate blanco y la mermelada de cerezas le sorprende tanto como la suavidad del bizcocho Gioconda de chocolate con almendras humedecido con Kirsch, todo junto es un asalto a su paladar que lo hace cerrar los ojos un momento y aullar de gusto como un cachorro.

—¿He de suponer que te gustó?— inquiere Louis con un tono de voz entre la burla y el orgullo que hace sonreír a Harry sin poder evitarlo.

—Es delicioso— admite sin perder la sonrisa, regodeándose internamente cuando eso hace sonrojar al omega.

Lamentablemente para Harry, los niños se roban tanto su atención como la de Louis de modo que aunque quiere no puede hablar con el omega. Su boca quema con las ganas de preguntarle al castaño mil cosas, desde la más trivial hasta la más profunda y absurda. Lo que quiere es saber al derecho y al revés todo sobre el omega que ahora posee su corazón y su alfa.

Todo lo que quiere es vivir envuelto por siempre en ese delicioso olor a manzanas caramelizadas.

—Tío Harry, mamá dice que es grosero olisquear a los omegas— le llama la atención James por lo bajo mientras eligen una película a petición de Melanie que está en un sofá comiendo su segundo cupcake bajo la supervisión de Louis que cuida para ella un vaso de leche.

—Lo es— lo admite en un susurro pero al oír una amortiguada risa desde el sofá sabe que tienen la atención de cierto omega sobre ellos.

—¿Entonces por qué no dejas de oler a Louis cuando crees que no se da cuenta?— el cachorro alfa frunce el ceño, realmente confundido y Harry no puede molestarse con él por tal impertinencia que lo deja en evidencia ante Louis y sus agudizados oídos.

—Porque huele muy dulce, ¿no lo crees?— pregunta casualmente sabiendo que la respuesta será positiva y escuchando el ritmo acelerado de un corazón que no es de ningún cachorro—. Es delicioso, me recuerda a mi infancia, a mi hogar.

Hay un pequeño ruido proveniente del sillón, una tos inesperada que tratan fuertemente de acallar y que cohíbe a Harry de voltear, sabiendo que sus palabras han afectado de alguna manera al omega de ojos azules.

—Huele a las manzanas que compras para nosotros en los parques— admite James con una enorme sonrisa que hace sonreír a Harry, que después abraza por los hombros al menor.

—Anda, busquemos alguna película— cambia de tema, no queriendo incomodar más a Louis

Miran El Rey León, aunque a media película Melanie se queda dormida por lo que Louis la lleva a su habitación en el segundo piso y se queda a hacerle compañía hasta que llega Gemma, justo al final de la película, encontrando a James acurrucado contra el costado de Harry mientras el mayor le cuenta cuáles eran sus partes favoritas de la película cuando era niño.

—Tu tío lloraba en la muerte de Mufasa— se burla Gemma con cariño, sorprendiéndolos a ambos con su repentina presencia en el salón pues ninguno la escucho entrar.

—¡Yo también lloré!— exclama James, sonando orgulloso por haber hecho algo igual a su tío provocando una gran ternura a su madre.

—Vas a llorar más si te castigo por estar despierto tan tarde— le regaña Gemma, señalando el reloj del salón que marca poco más de las diez de la noche—. Tu padre no tarda en regresar y si te encuentra fuera de la cama a estas horas va a molestarse.

—¡Pero estoy con mi tío!— gruñe el cachorro con fastidio.

—No le gruñas a tu madre, James— le llama la atención Harry, pinchándole el estómago con un dedo juguetón hasta sacarle una risa al niño—. Anda, te acompaño a tu habitación.

James lo ve con algo de sospecha ante eso y, siendo tan imprudente como todo niño, dice:

—Tío, tú sólo quieres pasar cerca del cuarto de Melly para oler a Louis— acusa.

—¿Qué?— pregunta Gemma rápidamente, mirando a su hermano menor con ojos asombrados que, junto a las palabras dichas por el cachorro, sonrojan profundamente a Harry.

—Al tío Harry le gusta el olor de Lou, dice que es muy dulce— responde James, echándolo de cabeza frente a Gemma otra vez.

Gemma no es capaz de esconder su asombro ante esas palabras, con sus ojos lo más abiertos que Harry los ha visto nunca, pasa saliva ante la información dicha por el cachorro, mirando fijamente al alfa mayor que a su vez es incapaz de disimular su sonrojo.

Y es que en un mundo donde alfas y omegas encuentran a sus parejas por medio de olores, Gemma no puede tomarse la información a la ligera. A su cabeza llegan miles de recuerdos de su pequeño hermano buscando confort en ese peculiar postre durante el pasado, un desfile del alfa en diferente edades comiendo manzanas con caramelo danzan por su mente; desde un Harry de cinco años comiendo una por primera vez en el parque de diversiones dónde a ella la llevaron a celebrar su noveno cumpleaños, otro Harry de catorce años escapando al parque cercano a la secundaria para comerse un par de manzanas con caramelo luego de un día difícil de clases, hasta un Harry de veintiún años temblando en un cementerio luego de haber guardado por horas una manzana que compró afuera de la iglesia donde oficiaron la misa de cuerpo presente de sus padres. Cada imagen tiene sentido ahora para Gemma mientras mira a su hermanito con sus mejillas sonrojadas y las aletas de la nariz dilatadas tratando de captar hasta la última partícula de la esencia dejada en el salón por el omega que se encuentra en el segundo piso velando el sueño de Melanie.

Harry tampoco puede tomarse el asunto a la ligera. Su corazón sigue martilleando fuertemente mientras él sigue buscando la suave y rica esencia de Louis. El alfa de Harry está despierto y ansioso, muriendo de ganas de subir las escaleras y estar de nuevo en presencia del omega que ahora reclama como suyo. En su cabeza danzan todas las preguntas que quiere hacer para conocer más a su compañero al tiempo que se forma toda una película de la vida que quiere junto a Louis.

—Te llevaré yo a tu habitación, cielo. El tío Harry puede llevarte otro día, se quedará aquí mucho tiempo— resuelve Gemma, dando una mirada inquisitiva a su hermano menor que suelta un apenas imperceptible bufido que la hace rodar los ojos mientras se acerca al sofá junto a ellos para ayudar a su refunfuñón cachorro a ponerse de pie—. Dale un abrazo a tu tío, lo verás en la mañana.

James se abraza con fuerza al cuello de Harry mientras Gemma le espera, después ambos se dirigen escaleras arriba dejando al alfa solo en la estancia donde se escucha en cada rincón el suspiro que suelta a la repentina soledad.

Echando su cabeza hacia atrás en el respaldo del sofá, Harry se estira lo más que puede hasta que sus pies chocan con la mesa ratona que está al centro del semicírculo que forman los sofás de la estancia. Cierra los ojos mientras trata de relajar su mente y domar a su lobo, sin embargo la hazaña no rinde frutos cuando unas suaves pisadas provenientes de la escalera lo hacen erguirse de inmediato, abriendo sus ojos en expectativa.

Los ojos azules de Louis se chocan con los verdes del alfa cuando llega al rellano de las escaleras. Sin despegar los ojos del otro, Louis termina de bajar las escaleras y se queda al pie de ellas con sus manos a la espalda y sus mejillas sonrojadas como un par de manzanas. La respiración de Harry se atora en su garganta ante la vista, causando una suave sonrisa en el rostro del omega que, con pasos tímidos, se acerca a él para sentarse a su lado en el sofá.

—Mi cafetería está junto a la floristería de Gemma— es lo que dice Louis para romper el silencio ansioso de ambos. Harry le dirige una mirada rápida, con las pupilas dilatadas al igual que sus fosas nasales que tratan de acaparar todo lo que les sea posible del aroma a manzanas caramelizadas. Louis sonríe divertido ante eso, luego simplemente vuelve a ponerse de pie y se inclina para besar la mejilla del alfa que se queda estático ante el gesto—. Búscame mañana, creo que tenemos un asunto lobuno que atender— dice mientras guiña uno de sus ojos azules, dejando sin habla a Harry.

Atinando a asentir solamente, Harry se apresura a ponerse de pie cuando ve a Louis girarse hacia la salida de la casa. Tropezando con sus propios pies, el alfa se apura a alcanzarlo para abrir la puerta para él haciéndole sonreír sonrojado.

—Nos veremos mañana— promete Harry antes de que Louis salga de la casa, sonriendo amplio con sus hoyuelos a la vista cuando le ve asentir.

Aún sin irse a dormir, Harry está seguro de que tendrá una buena noche de descanso con sueños dulces por primera vez en años.

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Desde que era un cachorro, el mes de diciembre siempre ha sido el más emocionante para Louis. Más que emocionarlo por la época navideña, al omega lo emociona su cumpleaños que es el día de Noche Buena; esa es la razón por la que diciembre es su mes favorito. Cada año Louis jura que diciembre es el mes más brillante de todos, desde el día uno se siente pletórico y festivo, desempolva sus adornos navideños y decora hasta el último rincón, contando los días ansioso por su cumpleaños. A Louis no lo aflige el pasar del tiempo, piensa que tal vez lo hará cuando llegue a los treinta pero mientras aún está en la veintena de su vida le gusta festejar sus vueltas al sol.

Sin embargo cuando abre los ojos el primer día del vigésimo quinto diciembre de su vida, Louis sabe que ningún otro diciembre ha sido tan brillante como lo será éste.

Con el aroma del jengibre fresco impregnado en su memoria, Louis se levanta de la cama con las mejillas sonrojadas y el recuerdo de unos ojos verdes como esmeraldas encontrando su alma lobuna. En su pecho hay una sensación de tranquila felicidad que le pinta una sonrisa genuina que no se borra de su rostro mientras hace su rutina mañanera antes de encontrarse con su mejor amiga en el salón de su apartamento, listo para abrir Louabbey.

—Buenos días, solecito— le saluda Abbey al verlo, con dos tazas de té Yorkshire en las manos y su cabello rojo aún envuelto en una toalla, secándose—. Pareces demasiado radiante hoy para ser un lunes por la mañana— le acusa, mirando su sonrisa con sospecha mientras él le roba una taza.

—Ya empezó diciembre— se excusa Louis con una sonrisa que esconde tras su taza.

—A mí no me mientes, tenías esa cara ayer que llegaste— Abbey entrecierra los ojos mientras lo ve, dando un sorbo a su taza igual.

—Porque estaba con los niños de Gemma, tú sabes que amo cuidarlos— los niños nunca han sido una excusa, de hecho no lo son, pues Louis de verdad disfruta cuidar de ellos ya que lo inyectan de felicidad con su energía infantil—. Hicimos postres, Melly me ayudó a hacer un selva negra. Le preguntaré a Gemma si guardo para que lleve un pedazo para ti.

—Creí que habías adelantado diciembre y hecho algunas galletas, apestabas a jengibre anoche— inquiere Abbey, midiendo la reacción de Louis que traga rápido su té quemándose la lengua lo que hace reír a carcajadas a la pelirroja—. Eres tan malo para mentirme, cariño. No creas que porque Griffin estaba aquí no me di cuenta de que te viste con alguien, venías por demás feliz.

—¡No me vi con nadie!— chilla Louis escandalizado, mirándola mal mientras deja su taza de té encima de la barra de la cocina—. Estuve en casa de Gemma cuidando a Melly y James, lo juro.

—Y al hermano de Gemma también, seguro— se burla ella, bufando de la risa cuando Louis se sonroja hasta la raíz del pelo, con sus ojos azules muy abiertos.

—¿Cómo sabes tú de Harry?— pregunta Louis rápidamente, golpeándose la frente internamente cuando su mejor amiga le lanza una mirada que le hace saber al instante que Abbey puede leerlo mejor que nadie.

—Pero si tiene nombre el hermanito— ríe Abigail, palmeando la mejilla de Louis cuando pasa junto a él—. Gemma llamó preguntando si habías llegado ya, pensaba que habías dejado a sus niños con su hermano. Cuando llegaste oliendo tanto a jengibre pensé por un momento que habías dejado a los niños para irte por ahí con algún alfa, pero al parecer estabas cuidando muy bien del tío de esos cachorros— se ríe, soltando su cabello pelirrojo de la toalla, sacudiendo la larga melena que lanza pequeñas chispas de agua al rostro de Louis que lanza un chillido.

—¡Abbey!— le riñe Louis por mojarlo, pero cuando su mejor amiga vuelve a verlo con una suave sonrisa en su rostro no le queda más que suspirar, dándole una sonrisa igual, y simplemente contarle la razón de su felicidad—. Dios, Abbey, él es mi alfa— cuenta con voz soñadora, riendo bajito cuando Abigail por poco se desnuda al girar rápidamente su cabeza para verlo.

—Pero, ¿qué me estás diciendo?— pregunta Abbey con un chillido, saltando para sentarse sobre uno de los taburetes de la barra, señalando el otro a Louis para hacerlo sentarse—. Toma asiento y cuéntame todo, ¡TO-DO!

—Eres una cotilla, tenemos que abrir la cafetería— se excusa Louis, queriendo escapar de ella junto a su taza pero sin éxito pues Abbey lo detiene poniendo su larga pierna en su camino al fregadero—. Abigail…

—Oh, vamos, Lou— súplica ella, mirándolo con un puchero—. Yo te conté todo cuando encontré a Griffin, es tu deber contarme todo sobre este alfa tuyo. ¿Cómo es? ¿Cómo supiste que es tu alfa? Anda, dime— le pide, dándole un toque infantil a la última petición alargando las vocales.

—Pues igual que tú, por su aroma— confiesa Louis, sonrojándose nuevamente y haciendo reír bajito a su mejor amiga—. Por Dios, Abbey, lamento haberme burlado tanto de ti cuando encontraste a Griffin. Siempre creí que eran cuentos lo de los olores, pero te juro que cuando percibí el olor de Harry todo en mí se removió. Fue como si hubiera sacado a mi omega de alguna burbuja en la que no sabía que estaba, pero que me impedía percibir todo con nitidez— trata de explicarse bajo la atenta y soñadora mirada de Abbey que le sonríe con ternura.

—¿Y es guapo?— pregunta ella rápidamente, riéndose cuando lo ve asentir con rapidez—. Pero que pregunta, siendo hermano de Gemma debe de serlo si ella es tan hermosa.

—Harry lo es más, te lo juro— suspira Louis, recordando el rostro del alfa que tomó su ser—. Te juro por la Luna que con sólo mirarlo y olerlo mi omega ya quería presentarse ante él— admite, poniéndose rojo granate ante la carcajada de su mejor amiga—. Oh, basta. No te rías, tú hiciste eso con Griffin— refunfuña.

—Y me diste un sermón por eso, ¿recuerdas?— se ríe Abigail, bufando entre risas escandalosas cuando Louis rueda los ojos y la deja ahí, casi cayendo del taburete por sus carcajadas, para irse de nuevo hacia su habitación.

Cinco minutos después él está de vuelta en el salón de su apartamento con su cartera y móvil en los bolsillos y un mandil limpio en la mano derecha, perfectamente doblado en comparación con el mandil en el regazo de Abbey a la que encuentra abrochando sus zapatillas sentada en el sofá de una plaza. Apoyando sus malditos piecitos en la mesa ratona, Louis a veces odia a esta omega.

—Vámonos, debimos abrir hace cinco minutos— se queja Louis.

—Joder, Lou, la cafetería está justo abajo— rueda los ojos Abbey, poniéndose de pie y tomando con desorden su mandil en la mano izquierda para hacer un gesto totalmente innecesario señalando el camino hacia la puerta para Louis—. Por favor, madame, pase usted primero— se burla.

—A veces no te soporto— se queja Louis liderando el camino, con los ojos en blanco ante la risa de la pelirroja.

Abre la puerta y entrecierra los ojos ante el frío que lo recibe en el rellano de las escaleras. Aunque el segundo –y último– piso del edificio estaba pensado para que fueran bodegas de los únicos tres establecimientos del primer piso, Abbey y Louis lo arrendaron completo para transformarlo en un apartamento. Llegaron a un acuerdo con el dueño del edificio y en lugar de pagarle el total de la renta de las tres bodegas, pagan el precio de una sola y lo demás se lo han ido dando con las reformas que hacen. Tan sólo el primer año ellos lograron hacer un par de baños para un par de habitaciones, luego fueron agregando más detalles como la cocina integral y la barra, así como las paredes divisorias que distinguen el salón de la cocina y el comedor. Lo único que no lograron hacer, a petición del arrendatario, fue una escalera que conecte su piso con la cafetería de modo que cada día Louis sufre con el clima al tener que bajar por las escaleras traseras del edificio, como hoy.

—Algún día voy a tener una cafetería en una ciudad donde haga menos frío que aquí— refunfuña Abbey, que odia el frío casi tanto como él.

Louis sonríe a medias. Antes esas palabras eran una buena broma pero desde que Abigail encontró a su alfa, hace trece meses, dejaron de serlo pues Louis sabe que es cuestión de tiempo para que su camino y el de Abbey se separen, teniendo en cuenta que Griffin y ella planean enlazarse pronto para juntos recorrer el mundo.

Se pregunta por casualidad qué planes hará él junto a su alfa ahora que sabe que tiene uno. A su mente llegan como un bombardeo todas las preguntas que quiere hacer a Harry para conocerlo, para saber qué le depara el destino a su lado. Se siente temeroso al respecto, pues aunque es la primera vez que ve a Harry siente que ya lo conoce por todo lo que Gemma y los niños le han hablado de él. Sabe que es un abogado importante en Londres, lo suficientemente importante para que Louis ya esté extrañando su cafetería mientras abre las cortinas color terracota y destraba la puerta para girar el letrero en ella que anuncia la apertura de Louisabbey al público.

—Siete diez— canturrea, mirando por encima de su hombro a Abbey—. Si me necesitas, búscame en la cocina. El especial del día son galletas navideñas.

Si Abbey le sonríe cómplice, no hay quien los mira.

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Son las once de la mañana y Louis está molesto. Su primera ronda de galletas acabó en la basura porque fueron un total fracaso, a pesar de la experiencia de Louis con ese postre; está seguro de que se debió a lo mucho que continua pensando en Harry. Fue por culpa del recuerdo de sus ojos verdes el que Louis se volviera torpe en sus acciones. Y aunque logró mejorar los postres en las rondas posteriores, la mañana de Louis empeora en el momento que decide salir al frente y ayudarle a Abbey y Griffin con los clientes. Lleva dos horas desde entonces y cada vez que ha sonado la campana de la puerta entra alguien que no es la persona que él espera con ansias, así que su ánimo sólo se vuelve peor.

Se molesta aún más cuando la siguiente vez que suena la campana, y él mira hacia la puerta esperanzado, entra Edwin, un alfa que lo ha pretendido por meses sin éxito.

—Buenos días, Louis. Hoy luces más deslumbrante que ayer— lo halaga el alfa de cabellos rubios y ojos color miel.

Louis hace una mueca apenas perceptible mientras el alfa camina hacia el mostrador, donde se encuentra acomodando sus postres en la vitrina. Se abstiene de rodar los ojos cuando llega frente a él, en cambio muestra una sonrisa cortés cuando devuelve el saludo.

—Buen día, Edwin. ¿Vienes por tu muffin y tu café acompañado del rechazo diario?— pregunta sin perder la agradable sonrisa, escuchando la risa mal disimulada de Griffin que se encuentra en la cafetera.

Edwin no se ofende por las palabras de Louis, en cambio su sonrisa crece pero no dice nada. Pasea su mirada por la vitrina, haciendo ruidos apreciativos con su boca al ver cada postre, hasta subir de nuevo la vista a Louis y guiñarle un ojo que está vez no evita que el omega ruede los suyos, hastiado con el alfa.

—Dame tu especialidad del día y un café americano, precioso— le responde el alfa por fin, haciendo que Louis bufe por el sobrenombre. Edwin sólo ensancha más su sonrisa ante el gesto del omega.

A pesar del trato que recibe Edwin por parte de Louis, el alfa es persistente. Mientras Louis prepara sus galletitas en un recipiente desechable, el alfa se dedica a parlotear sin dejar de halagarlo hasta por el más pequeño movimiento. Y aunque Louis realmente nunca se había molestado por el trato del alfa, en esta ocasión lo único que puede desear, junto a su omega interior, es que Harry aparezca ya y ahuyente para siempre a Edwin y a cualquier otro alfa que pueda intentar cortejarlo.

Y esta vez sus plegarias son escuchadas porque, cuando está entregando su pedido a Edwin, el alfa que ha estado ansiando ver toda la mañana entra a Louabbey en el momento justo que Edwin intenta invitarlo a salir nuevamente.

—Entonces qué, Louis, ¿vas a salir conmigo este viernes? Te llevaré al mejor restaurante de la ciudad— habla Edwin, ajeno al ruido provocado de la puerta al abrirse.

—Yo…— pero Louis no es ajeno al ruido, su contestación queda a la mitad cuando Harry entra en su local, en su campo de visión, y todo olor queda opacado por el intenso aroma a jengibre que viene en compañía de un ceño profundo que se borra al instante que Louis, feliz, dice—: Alfa— y una gran sonrisa amenaza con romper su bonita cara.

—Omega— responde Harry al momento, con un suspiro pesado de adoración que deja a Edwin perplejo por la interacción.

Louis mira a Harry acortar la distancia hacía él con su corazón latiendo desbocado, pensando en toda la razón que tuvo cuando la noche anterior se refirió a su presentación como un asunto lobuno ya que en su interior su lobo se pavonea feliz ante la vista de Harry. Le cuesta un gran esfuerzo no gemir de necesidad al verlo, en cambio da un suspiro tembloroso mientras repasa de nuevo a su alfa, confirmando a la luz del día cuán hermoso es.

Sus ojos de un intenso verde hechizan a Louis tanto como la noche anterior. Los hoyuelos mostrados en sus mejillas, apareciendo por su gran sonrisa blanca, podrían ser el sitio perfecto para que Louis ponga su hogar. Harry es tan bello que Louis no puede creer su suerte. Su pequeño estómago se contrae con las mariposas que revolotean en su interior mientras no deja de ver a su alfa. A pesar de las descripciones de Gemma, y los niños, de un alfa siempre formal, Harry va en ropa deportiva de invierno y Louis ya prepara en su cabeza como tomar para él la sudadera Adidas color verde musgo que trae puesta sobre un jogging gris jaspe acompañado de unos Vans blancos.

—No acordamos hora ayer, omega— dice Harry al llegar frente a él, el mostrador se interpone entre ambos y Louis debe alzar un poco su rostro para verlo a los ojos y nada más existe ahora. Louis se olvida de Edwin que se hace a un lado con su ceño fruncido, ni nota a Griffin acercándose a cobrar la compra del alfa rubio, olvida que está en su cafetería y que hay otros clientes sentados alrededor en las mesas disfrutando los postres que ha hecho con esmero hoy. Lo único que existe es Harry y su aroma enloquecedor que atrapa a Louis en una nube placentera—. Pensé en venir a primera hora, sin embargo mi hermana y sus niños me convencieron de lo contrario, dijeron que viniera a una hora sensata.

Louis se ríe suavemente de esas palabras, sonrojándose mientras se encoge de hombros y, poniendo los mismos ojos soñadores de los que se burlaba de Abbey cuando la pelirroja conoció a Griffin, responde sonriendo:

—Las siete de la mañana es una hora sensata, incluso las cinco lo hubieran sido— su sonrojo aumenta cuando la sonrisa de Harry crece ante sus palabras y no puede evitar admitir—: No he dejado de pensar en ti, alfa. He ansiado toda la mañana que llegaras.

💞

Ni Harry ni Louis son capaces de creer lo que han encontrado en el otro ahora, ni pueden entender esa fuerza que tira de ellos hacia los brazos del contrario, y aun así se toman las manos sobre el mostrador de la cafetería, dedos entrelazados con fuerza y encajando a la perfección, como si se hubieran conocido desde hace años y no tan sólo un día atrás.

—He soñado contigo toda la noche, has estado en mi mente todas las horas, Louis— admite Harry, en una voz baja de terciopelo sólo para Louis que se siente acariciado por ella—. Vamos a hablar, omega. Quiero tenerte pronto conmigo.

Louis se sonroja ante sus palabras pero asiente con vigor. Harry deja ir sus manos entonces y aunque Louis ya las extraña, da un paso atrás para quitarse su mandil y llamar a su mejor amiga. Sin embargo antes de que pueda pronunciar el nombre de Abbey, tanto ella como Griffin aparecen a sus espaldas.

—Hola, Harry— saluda Abbey con confianza, agitando su mano derecha con entusiasmo en dirección a Harry que le sonríe cortés, sin mostrar extrañeza por el gesto—. Soy Abigail, la mejor amiga de Louis. Él es mi alfa, Griffin— presenta a su rubio compañero que sólo da un asentimiento de saludo.

—Se quedan a cargo— dice Louis rápidamente, dando su mandil a Abbey que lo toma sin preguntas, guiñándole un ojo que lo sonroja y provoca una risa ligera en Harry—. Vuelvo pronto, no incendien el local sin mí.

—Largo— gruñe Abigail bajito, haciéndole reír.

Louis se gira con nerviosismo hacia la puerta, sintiendo a Harry seguirlo sin decir palabra.

—Creo que lo mejor es hablar en otro sitio o tendremos a Abbey encima todo el rato— se excusa al salir del local, correspondiendo la sonrisa que le da Harry—. Tal vez podríamos... mhmm, podríamos ir arriba, a mi apartamento— sugiere sonrojándose.

La mirada que le da Harry es tan intensa que casi siente sus piernas como gelatina, de modo que trata de mantenerse lo más firme posible en su sitio en la acera, tomándose las manos detrás de la espalda en un gesto nervioso que lo hace lucir sumamente tierno a ojos del alfa.

—Por más que quisiera, omega— comienza Harry, llamando su atención por lo que lo ve directo a los ojos, alzando apenas un poco su cabeza para lograrlo—, creo que hoy lo mejor sería hablar en un sitio abierto. No confío en mí mismo teniendo tu aroma envolviendo todo mi alrededor, me vuelve loco— confiesa, haciendo que las mejillas de Louis ardan—. Podría asaltar tus labios y creo que antes de eso lo mejor es hablar de nosotros.

Louis se muerde la lengua para no decirle que no tendría ningún problema con que Harry asalte sus labios, en cambio da un tímido asentimiento y emprende de nuevo el camino.

—Vayamos entonces a un parque, hay uno a la vuelta— responde con un suave encogimiento de hombros, sobresaltándose un poco cuando Harry se sitúa justo a su lado.

—¿Puedo tomar tu mano mientras caminamos?— pregunta Harry tratando de aparentar que no tiembla de nervios por la respuesta, vulnerable y avergonzado, pero sosteniendo con firmeza la mirada azulada del omega, que asiente con rapidez y las mejillas sonrojadas.

El encuentro de sus pieles hace estallar fuegos artificiales y cantar a los ángeles, los hace detenerse un momento para admirar la perfección con que encajan y la dulce diferencia de tamaños que lanza en una carrera desbocada el corazón de ambos que se miran a los ojos, fascinados.

Así caminan en un silencio tranquilo hacia el parque, recibiendo una que otra mirada de los habitantes de Holmes Chapel que nunca, en tantos años, habían visto al mejor –y más bonito– repostero del pueblo andar de la mano de un alfa.

Al llegar al parque, sin mediar palabra, se dirigen hacia una banca bajo la sombra de un encino donde toman asiento, aún tomados de la mano, y permanecen en silencio algunos minutos, con sus corazones aun latiendo presurosos por la cercanía del contrario, hasta que es Harry quien rompe el tímido y agradable silencio.

—Cuando llegué ayer, sólo esperaba poder pasar algún tiempo lejos del trabajo para poder relajarme— inicia, mirando sus manos unidas a pesar de sentir la mirada del pequeño omega sobre él—. Soy un abogado muy solicitado en Londres, no lo digo por echarme flores frente a ti, realmente soy bueno— dice con una risa nerviosa que hace sonreír suavemente a Louis—. Tengo años trabajando sin descanso y nunca sentí que debiera detenerme a hacerlo, sin embargo mi asistente y Gemma creen lo contrario. Si...— se pausa un momento, alzando su mirada al encuentro de los preciosos zafiros que le esperan—. Si hubiera sabido que te encontraría aquí, omega… si lo hubiera sabido, mi hermana se habría hartado de verme tan seguido en el pueblo.

Louis rompe en una suave risa con mejillas sonrojadas que hace alucinar a Harry que lo ve maravillado. Si es sincero consigo mismo, Harry no esperaba encontrar a su omega en un futuro próximo, por no decir que pensaba que nunca lo encontraría, pero estar ahora frente al pequeño humano que posee el alma lobuna que completa la suya es algo sin igual. La sola compañía de su omega lo hace sentir invencible, lleno de una vitalidad que desconocía. Su aroma a manzanas caramelizadas lo mantiene en una nube deliciosa que le llena la mente de recuerdos gratos de su pasado en el que nunca imagino que encontraría a un omega que oliera tal cual lo hace una de sus golosinas favoritas desde niño. Y es que así se siente junto a Louis, como un niño al que lo están dejando comer su dulce favorito antes de la cena.

—Yo tampoco esperaba encontrarme contigo— confiesa Louis con sus mejillas sonrojadas, mirando a los ojos de Harry que le sonríe suavemente en comprensión—. Si te soy sincero, alfa— comenta, saboreando la íntima palabra que, aunque conozca muy poco al mayor, le sabe dulce y es precisa—, a mí me han hablado tanto de ti que siento que ya te conozco pero no puedo creer que seas tú mi alfa. No puedo creer que hayas aparecido, que te t.…— se corta un poco, pero murmura al final—, que te tenga.

—Soy tuyo— pronuncia Harry con facilidad que sorprende al omega, haciéndolo abrir muchísimo sus ojos azules que hechizan a Harry y lo convencen de decir—: Puede ser que te haya conocido tan sólo ayer, pero lo soy. Te pertenezco, omega.

El corazón de Louis se desboca ante esas palabras. Y aunque a su omega le encantan, su parte sensata –esa que involucra la conciencia humana– le dice que no puede confiarse de las palabras bonitas de un alfa atractivo al que en realidad no conoce. Por mucho que quiera treparse sobre su regazo y besarlo hasta el fin de los tiempos, tiene que ponerse límites a sí mismo.

—Pues yo a ti no— suelta frunciendo el ceño, agregando con rapidez—, aún no. Aunque sienta que conozco todo de ti gracias a Gemma, tengo que conocerte mejor. Porque por lo que sé, bien podrías sólo quererme para ser la esposita perfecta en Londres mientras te desvives trabajando en un despacho— resopla molesto—. He visto muchos matrimonios fracasar y muchos lazos dañados gracias al exceso de trabajo. No quiero ser el omega que cuida de los hijos, desviviéndose en un hogar al que su alfa sólo llegará a dormir y a anudarlo cuando tenga ganas de mojarla.

Harry mira asombrado a su compañero por esa perorata, sin embargo una gran sonrisa se pinta en sus labios. Pese a que Louis está claramente molesto y con justa razón, pues sus pensamientos y sentir son muy válidos, Harry no puede evitar pensar en el pequeño omega esperándolo en su casa, con su vientre hinchado por cargar a sus cachorros. Siempre ha deseado una familia como la de Gemma, ahora no puede creer que tenga alguna posibilidad de lograrlo.

—¿Por qué sonríes así?— gruñe Louis, como un gatito molesto que enternece a Harry.

—Realmente serías una esposita perfecta para mí— sonríe Harry, tirando de la mano de Louis cuando el omega hace el intento por soltar su agarre—. Omega, teniéndote a ti en casa, ¿por qué querría estar encerrado en una oficina? Me volvería loco estar más de ocho horas lejos de ti, querría estar todo el tiempo en la cama contigo— dice lo último con voz sugerente que hace sonrojar a Louis que, sin embargo, no deja de verlo algo cabreado—. Soy tuyo incluso si tú aún no eres mío, Louis. Yo ya no podría vivir sin tu aroma guiándome en esta vida, así que tendrás que pensar qué hacer conmigo porque por mi parte a ti todo te lo daré. Lo que quieras, lo tendrás— asegura, llevando la pequeña mano que sostiene hacia su rostro para besar su dorso, mirando fijamente a los cautelosos ojos de su nuevo y único amor—. Déjame cortejarte, omega. Te mostraré quién soy, me aseguraré de demostrarte que puedo ser el esposo perfecto para la esposita perfecta— le guiña un ojo, haciéndolo sonrojar.

—Demuéstralo— concede Louis, desafiante.

💞

Luego de haber pasado gran parte de la tarde juntos, conociendo lo más básico del otro, ambos se separaron acordando verse al día siguiente. Ésta vez, para fines más prácticos, sí acordaron la hora, por lo que Harry llega a Louabbey a las nueve de la mañana, hora en que Gemma abre su floristería, apareciendo en la pequeña cafetería de Louis con un gran ramo de girasoles y narcisos amarillos.

—¿Qué…?— es lo único que atina a salir de labios de Louis al verlo, sonrojándose por completo ante la vista de su muy atractivo alfa, vistiendo un pantalón de vestir color negro y un abrigo chocolate con botas del mismo color cargando el enorme ramo de flores, esparciendo su delicioso aroma que hace temblar sus rodillas—. Alfa— intenta de nuevo.

—Buenos días, Lou— le saluda Harry con una enorme sonrisa de hoyuelos, estirando el ramo hacia Louis con una mano mientras la otra la usa para acomodarse el cabello rizado con nerviosismo—. Espero aceptes este ramo y aceptes mi cortejo, omega— dice firmemente, temblando en su interior por los nervios que le produce la respuesta de Louis que lo mira con sus preciosos ojos azules brillando en su dirección, haciéndole latir el corazón con locura ante lo bonito que luce con sus mejillas rosadas y sus delgados labios rojos separados en una pequeña o sorprendida, luciendo adorable con su mandil rosado y su enorme suéter beige.

El aroma de Louis, sobreponiéndose al aroma de los postres, los granos de café y las tisanas, le da una sensación cálida que no le permite borrar su sonrisa en ningún momento, luciendo como un niño.

—Lo acepto— asiente Louis sin dudar, sonriendo de oreja a oreja con sus mejillas rojas y pequeñas arruguitas en sus ojos azules resplandecientes.

En alguna esquina de la solitaria cafetería Abbey aplaude y Griffin les chifla en festejo, pero la nueva pareja sólo puede centrarse en ellos mismos. Louis toma su ramo de flores, apreciando lo bonito que luce y agradeciendo en un susurro sonrojado, pensando en agradecer después a Gemma sabiendo que seguro fue ella la encargada de hacerlo.

Luego de poner sus flores en agua, dejándolas justo sobre el mostrador con orgullo, esperando que todos los visitantes de la cafetería al verlas sospechen que, en efecto, Louis está siendo cortejado. Y nada menos que por el alfa Harry Styles, aquel chiquillo que salió de Holmes Chapel antes de lo previsto para hacerse cargo del bufete de abogados de su padre.

Esperando corresponder el gesto de las flores, Louis invita a Harry a sentarse en una de las mesas aún libres y lo consciente con un capuccino calentito y dulce repostería que hace al mayor ronronear de gusto entre bocados, tibiando el pecho de Louis que se siente feliz de poder alimentar a su alfa. Porque a pesar de haberse quejado el día anterior, alegando no querer ser sólo una ama de casa, su instinto omega es más fuerte con la presencia de Harry y lo único que quiere Louis ahora es cuidarlo, alimentarlo y llevar a sus cachorros en el vientre con la promesa de una vida juntos, por siempre.

De modo que de esta tierna manera empiezan una rutina durante el paso de la semana, con Harry llegando cada mañana a la cafetería con un nuevo y fresco ramo de flores –también con dulces y tarjetas, con profundos poemas que sonrojan a Louis al leerlos– y con Louis recibiendo a su alfa cada día con un manjar nuevo –demostrándole a Harry que sus habilidades en la cocina no son exclusivas de la repostería–.

Con su rutina viene también la oportunidad de conocerse, tomando cada día más confianza para preguntarse el uno al otro todo lo que quieren saber de su nuevo compañero. Así, entre citas en la cafetería e idas de paseo con los cachorros de Gemma, aprenden desde lo más básico hasta lo más complicado del otro, siempre maravillándose por todas esas pequeñas cosas en que descubren que encajan y se complementan.

Uno de esos días, en que Harry sorprende a Louis con narcisos amarillos –demostrando recordar que son sus favoritos– terminan su tarde en la feria del pueblo, con James y Melanie jugueteando entre ellos. La idea de ir fue de Louis, que luego de saber que su alfa gustaba de pasar tiempo ahí cuando era un niño sugirió una visita al lugar con la esperanza de poder escuchar los recuerdos de su compañero.

—Mi mamá pasaba horas siguiéndome de un lado a otro y siempre terminábamos en el carrusel— Louis escucha atento la voz de su alfa, llena de nostalgia y dulzura que le hace sonreír mientras lo aprecia bajo el arrebol, luciendo increíblemente atractivo como cada día hasta ahora, totalmente abrigado con ropa deportiva—. Mi papá iba y venía cada día desde Londres, así que a veces veníamos después de clases y nos quedábamos hasta la hora de la cena, cuando sabíamos que papá iba a volver.

Louis aprieta los dedos de la mano de Harry que sostiene la suya, consolándolo de alguna manera. Sabe que al mayor hablar de sus difuntos padres aun le cuesta y duele, incluso si Harry dice lo contrario en presencia de sus sobrinos o su hermana, Louis puede saberlo porque lo siente; la congoja de su alfa es la de su omega, que sólo busca que Harry sonría de verdad y cuidarlo.

—Tienes las manos heladas, omega— se ríe Harry con cariño al sentir el apretón de su pequeña mano.

Soltándolo un momento, Harry toma entre sus manos las dos pequeñas de Louis. Llevándolas hacia su rostro, besa ambas antes de soplar aire cálido entre ellas y juntarlas, ejerciendo a penas un poco de presión sobre las manos del omega con las propias para calentarlas. Aunque el clima es frío y ha nevado recientemente otra vez, Louis se ha negado a ponerse guantes al salir de la cafetería y al tener los cuidados de su alfa, cree que podría negarse a usar guantes siempre.

Ambos toman asiento en una banca cercana al carrusel cuando James y Melanie piden subir al juego mecánico. Desde su asiento pueden echarle un ojo a los cachorros, de modo que se ponen cómodos sabiendo que los niños querrán pasear en el juego más de una vez. Recargando su cabeza en el hombro de Harry, Louis escucha atento todo lo que el alfa tiene para decir sobre sus recuerdos en el pueblo. A pesar de que en Holmes Chapel recuerda a sus padres más que en cualquier otro sitio, Harry le ha asegurado a Louis que se encuentra contento en el pueblo por primera vez en mucho tiempo. Saber que se debe más que nada a su encuentro, hace que el pecho de Louis se tibie y su corazón lata siempre emocionado.

Mientras están sentados contemplando a los niños en el carrusel, hablando ambos de sus recuerdos en Holmes Chapel, Harry se siente infinitamente afortunado de poder sostener las manos de Louis entre las suyas, de poder cortejarlo.

Llevan poco más de una semana de cortejo y con los días su relación se vuelve más táctil. A Louis lo sorprendió gratamente darse cuenta qué Harry es una persona de tacto tanto como él, pero al ser tan repentino el encuentro de su lazo ambos se cohibieron un poco con ello por lo que no fue hasta el cuarto día de conocerse que se permitieron un largo abrazo que abrió la confianza para volverlo algo frecuente. Aun así, van a pasos pequeños en esto por lo que ahora, once días después de su primer encuentro, Harry se muestra tímido mientras reposa su enorme mano derecha sobre uno de los gruesos muslos de Louis que se mantiene recargado en su hombro. El menor no respinga por el toque, pero las mejillas sonrojadas de ambos evidencian los nervios de ambos ante lo nuevo. Cuando Louis pone una de sus manitas sobre la de Harry, es casi lógico que el alfa crea que va a alejarle la mano de su muslo, sin embargo se sorprende cuando Louis sólo entrelaza sus dedos juntos mientras sigue contándole como ha sido vivir por años con su mejor amiga.

—Últimamente habla más de cómo quiere poner una cafetería en una ciudad más cálida, así que trato de prepararme mentalmente para cuando me anuncie que se irá con Griffin de aquí— suspira Louis, evitando mirar a Harry a pesar de que siente la mirada del alfa sobre él atento a todo lo que dice—. Sé que será más pronto de lo que espero, a veces no puedo evitar verla y sentir que ya la extraño— admite.

—¿Y tú que quisieras, omega?— le pregunta Harry con voz suave y sin dejar de mirarlo, esperando en valde que Louis le devuelva la mirada.

Que me beses, Louis piensa en responderle sólo para distraerlo de la plática que ya siente que se avecina. También porque realmente –real, realmente– lo desea, desde el primer día. En cambio decide ser sincero, aunque lo que menos quiera sea enturbiar la buena tarde que tienen con un tema serio, porque si algo ha aprendido en estos días de su alfa es que Harry es demasiado terco como para dejar pasar un tema importante como lo es el futuro de ambos.

—Realmente no lo sé, Harry— dice con sinceridad, atreviéndose a ver al mayor a los ojos—. Odio el frío pero no quiero dejar Inglaterra. Odio las ciudades grandes pero últimamente me sueño en Londres— admite sonrojado y Harry tendría que mentir para no decir lo mucho que eso lo ha emocionado—. Odiaba pensarme como la esposa perfecta de un alfa aristocrático y ahora sólo me imagino como sería esperarte en una casa llena de niños a que vuelvas de tu importante trabajo— los ojos de Harry brillan tan hermosamente ante eso que Louis no puede arrepentirse por ser tan abierto—. Nunca pensé en dejar Holmes Chapel, se fuera Abbey o no, y ahora creo que podría ser un repostero tan bueno en Londres como aquí— se encoge de hombros, como si no fuera tan importante—. Quisiera hacer una vida a tu lado, para ser sin…

—Voy a besarte— le corta Harry, mirándolo con los ojos oscurecidos de emoción. Las palabras se atoran en la garganta de Louis ante lo repentino que ha sido el alfa, pero mientras ve su rostro y las diferentes emociones que cruzan su verde mirada, el omega no necesita más que eso para saber lo mucho que han movido en su compañero sus palabras—. ¿Puedo besarte?— se corrige Harry, con un rubor suave subiendo a su rostro ante la mirada sorprendida de Louis.

—Sí, por favor— acepta Louis de inmediato.

Es una sorpresa para Harry que sea Louis el primero en echarle los brazos a los hombros para atraerlo a su rostro. El encuentro de sus bocas causa un gran revoloteo de mariposas en ambos. Su beso es dulce y lleno de un amor que hasta el momento los dos desconocían que pudieran merecer, llenándoles de dicha los corazones y volviendo locos de gusto a sus lobos que aúllan en sus pechos, pidiendo a gritos enlazarse.

Se besan despacio y sin prisa, con Harry tomando el rostro de Louis con una mano y sonriendo entre cada ruidito que sus labios y lengua juguetona roban de su omega, que trepa sobre sus piernas sin vergüenza para abrazarse mejor a su cuello mientras se besan. El alfa lo recibe con gusto en su regazo, trasladando sus brazos a la estrecha cintura de Louis para pegarlo más a él y, a la vez, protegerlo del aire frío.

—¡Tío, tío! ¿Me compras una manzana con cadamelo?— llega Melanie, interrumpiéndolos y gritando de emoción al verlos besándose—. ¡Tío, estás besando a Lou como en las pelis!

Eso hace que se separen entre un suspiro y una risita. Louis oculta su sonrojo en el cuello oloroso de su alfa, suspirando de gusto y con los labios aun cosquilleando por su beso. Una sonrisa se plasma en su rostro cuando siente una mano pesada de Harry posarse en su espalda baja, manteniéndolo aún contra él e impidiéndole el siquiera pensar en bajarse de su regazo.

—Melly, pulguita, ¿qué te parece si vas por tu hermano primero?— sugiere Harry a su sobrina con paciencia, distrayéndola fácilmente del beso que ha presenciado—. No puedo comprarte un dulce si él no está para recibir otro— le recuerda.

Louis escucha como Melanie corre gritando el nombre de su hermano mayor, sin embargo se niega a salir de su cómodo escondite y Harry se niega a soltarlo también. Se mantienen así abrazados incluso cuando los niños vuelven arrastrando al joven omega que vende los dulces. De hecho, es entonces cuando más se niega Louis a dejar su lugar. En su interior, su omega gruñe ante la presencia de un igual cerca del alfa que ahora está marcando como suyo con su acto posesivo. A Harry no le importa, él ni siquiera le presta atención al vendedor de dulces mientras éste le da las manzanas a los niños.

—¿Deseas una, mi amor?— pregunta con dulzura en el oído de Louis que asiente y apenas saca el rostro de su cuello, mirando con timidez a Harry que sonríe, besando sus labios en un suave pico que le marca una sonrisa feliz.

El vendedor entonces saca una tercera manzana que le da a Louis, quien agradece por lo bajo apenas conteniendo el gruñido territorial que quiere soltarle su lobo.

—¿Usted quiere una?— pregunta el chico a Harry mientras recibe el pago por las golosinas.

Harry contiene su risa cuando escucha el retumbar del pecho de su compañero. Él sabe que todos los omegas son tan posesivos con sus compañeros como los alfas, es algo que enseñan a todos en la escuela básica, sin embargo ser objeto de eso lo emociona más que ninguna otra cosa. Apretando su agarre sobre su omega, besa la mejilla de éste mientras responde con una sonrisa:

—Gracias, pero ya tengo la más rica de las manzanas con caramelo aquí.

⚖️

—Mhmmm cariño— Harry intenta llamar la atención de su omega mientras ambos ven una película.

Se encuentran en la sala de estar del menor y están solos por completo por primera vez. Abbey y Griffin han salido con algunos amigos del alfa a cenar, por lo que es seguro que vuelvan algo tarde al piso, y los cachorros están con sus padres pues luego de que Melanie los encontrara besándose en la feria todos parecen considerar que lo mejor es dejarlos más tiempo a solas que con un par de niños con tendencia a interrumpirlos.

La idea de aprovechar su tiempo solos mirando películas fue de Louis y Harry acepto de inmediato, puesto que hay nieve otra vez en todos lados y no quiere que su compañero pase frío. Había sido todo una idea perfecta hasta que resulto contraproducente para Harry en el momento que Louis decidió mudarse a su regazo para mantenerse más tibio, removiéndose contra su cuerpo en busca de comodidad. Ahora Harry está luchando por concentrarse en la película, en cualquier otra cosa, para que cierta parte de su anatomía que está siendo rozada por el trasero del omega no despierte.

—¿Si, alfa?— responde Louis a los segundos, apartando su mirada de la pantalla para prestarle atención.

Y esa es la cuestión, que Louis realmente ha estado centrado en la película por lo que sus actos no han sido realmente con el afán de excitar al mayor aunque eso sea lo que haya logrado. Harry suspira, pensando la manera adecuada para pedirle que se mantenga quieto en su sitio y no se mueva o le pondrá dura la polla. Negando con la cabeza decide mejor dejarlo estar, dando un beso en la mejilla de Louis que sonríe feliz.

—Nada, sólo quería decirte te quiero— contesta en cambio, disfrutando de ver el sonrojo de Louis.

Los “te quiero” son algo nuevo en su relación, casi tanto como los besos, sin embargo son palabras que para ambos han sido fácil pronunciar por su total veracidad. Louis sonríe aún más amplio al oírlo y, acariciando sus mejillas juntas para marcarlo con su aroma, deja un rápido beso sobre los labios de su alfa.

—Yo también te quiero— dice Louis sonrojado, regresando rápidamente la vista a la pantalla.

Es una tortura para Harry el seguir viendo la película de esa manera, pero se contiene lo mejor que puede ante la comodidad evidente de Louis. Resulta un alivio y casi una bendición cuando su móvil suena en la mesa de centro del salón y Louis se pone de pie para alcanzárselo.

—Toma, alfa. Es Zayn— le dice Louis al pasarle el móvil, tomando el control remoto para ponerle pausa a la película.

Harry le agradece con un beso en la frente cuando se pone de pie, respondiendo la llamada de inmediato. En los quince días que lleva fuera de Londres su asistente no le ha llamado para nada, tan sólo se han comunicado por medio de mensajes en los que Zayn siempre le asegura que todo va bien pidiéndole que disfrute las vacaciones, por lo que el hecho de que le esté hablando ahora lo alerta de inmediato. Miley y Liam no suelen llamarlo, lo cual es lógico considerando que ellos atienden sus propios casos, de modo que Harry se pregunta, mientras responde la llamada, quien de sus clientes le estará dando problemas a Zayn.

—Malik, ¿qué hay?— saluda al responder, sentándose de nuevo en el sofá cuando Louis aprovecha el momento para ir hacia el baño.

—Hey, jefe— saluda Zayn y por el tono de su voz Harry está seguro de que odia interrumpirlo—. ¿Cómo estás?

—Maravillosamente, Z. Pero estoy seguro de que no me has llamado para eso— responde, acomodándose en el sofá cuando está seguro de que la plática, aunque posiblemente corta, será tensa.

—Tienes razón— suspira Zayn y Harry puede escucharlo acomodándose en su silla de escritorio—. Ha llamado el señor Richards. Tiene un problema, pero se niega a hablarlo conmigo. Dice que te necesita a ti aquí, lo más pronto posible.

Un gruñido involuntario escapa de la garganta de Harry al oírlo. Andrew Richards es un omega actor de teatro ya retirado, que continuamente se mete en problemas con la ley por posesión de drogas o escándalos en la vía pública, fue un cliente de su difunto padre por años y Desmond sí que se encargó de ayudarlo en problemas realmente graves; ahora por la más mínima cosa quiere que sea Harry el único que le ayude, aunque conoce a todos en el bufete y sus capacidades desde hace años. Harry no puede estar sorprendido, la verdad.

Se encarga de tranquilizar a Zayn asegurándole que tratara de arreglar todo desde dónde está, sin embargo cuando cuelga la llamada con su asistente no se siente muy seguro de que pueda hacer eso sin obtener un escándalo del omega. Con un suspiro, mira su teléfono pensando en cómo comenzar esa llamada.

—¿Estás bien, alfa?— le pregunta Louis apareciendo de nuevo en el salón.

El omega parece percibir rápidamente su angustia, así que Harry suspira con agradecido alivio cuando trepa sobre su regazo tomándole el rostro entre sus pequeñas manos para inspeccionarlo preocupado, dejando un pequeño beso entre sus cejas fruncidas.

—Hay un problema con un cliente— le comenta con sinceridad.

Harry le cuenta entonces lo que sucede con el señor Richards y le hace un resumen de todo lo que le ha tocado atender en la corte por ese omega desde que su padre falleció. Louis le escucha con atención, relajándolo con suaves caricias en las mejillas y continuos besitos en su frente. El alfa mismo no puede evitar afianzarse con fuerza a las caderas de su compañero, con el corazón latiendo de emoción ante tanta atención. Ha pasado muchos años sólo, trabajando sin cansancio diariamente para llegar a una casa sola en donde no tiene nadie con quien desahogarse, que en este momento, en que puede hablar de lo mucho que lo frustra un cliente con alguien más que no sea uno de sus compañeros –con alguien que lo escucha y reconforta a partes iguales– se siente dichoso.

—¿Tendrás que irte?— le pregunta Louis con voz tranquila.

Y todo Louis se muestra tranquilo, es algo que sorprende a Harry. Hace una mueca, tomando las pequeñas manos de su omega entre las propias dándoles un beso mientras se encoge de hombros.

—Todavía no lo sé, amor— admite con la misma tranquilidad. Aunque sabe que será difícil hablar con Richards, con los mimos y la paz de su omega Harry puede estar en calma—. Tengo unas llamadas que hacer y, no voy a mentirte, posiblemente tenga que ir si no puedo resolverlo.

—¿Cuántos días?— pregunta Louis rápidamente, mirándolo con mucha atención—. ¿Estarás aquí en mi cumpleaños? No quiero pasarlo sin ti, además le dijimos a los niños y a Gemma que iríamos a su casa en Navidad— habla, mostrando por primera vez en su charla un temor que Harry se encarga rápidamente de apaciguar.

—Por supuesto que estaría de vuelta en tu cumpleaños, precioso omega— lo tranquiliza Harry, besando sus manos y después su frente fruncida con la preocupación—. Es más, si me fuera mañana estaría aquí el sábado por la tarde. Serían sólo cinco días, tal vez menos— sonríe, dándole un pequeño beso en los labios.

Louis tararea en el beso y cuando se separan se apresura a ponerse de pie desconcertando un poco a Harry.

—Anda, ve a hacer tus llamadas a otro lado— le alienta, tomándolo de una mano y haciendo el intento de ponerlo de pie lo que arranca una risa en Harry—. Yo seguiré viendo la película, seguro ni te importa. No le prestabas nada de atención— se burla Louis.

—La estaba viendo— miente Harry, pero ya está con el móvil en la mano y a medio paso hacia la cocina.

—Mentiroso, estabas más preocupado por no ponerte duro— bufa Louis con una sonrisa radiante y traviesa que detiene el corazón de Harry un segundo antes de latir tan rápido bombeando toda su sangre a su rostro, pues ante las palabras de su omega se sonroja profundamente ocasionándole una risa a Louis que en ningún momento es tímida—. Anda, a trabajar— le reprocha en juego, dando un par de palmadas en el aire y guiñándole un ojo.

Pero por supuesto que Louis lo notó en el momento y no dijo nada al respecto.

🍪

Mientras Harry hace sus llamadas en la cocina del apartamento de Louis, él por supuesto que deja de ponerle atención a The Painted Veil. Sabe la película de memoria así que, ahorrándose el llanto que el final le provoca, Louis barajea en su mente todas las posibilidades que puedan surgir con las llamadas que su alfa está realizando.

Esto es una de las cosas que más ha temido en secreto estos días: Harry volviendo a Londres. Si bien el alfa le ha dicho que de hacerlo serían no más de cinco días, Louis teme que en ese tiempo surjan otras cosas que impidan que Harry vuelva con él. No nada más teme que no vaya a estar en su cumpleaños, sino que se dé cuenta que su vida en Londres es más valiosa que un omega repostero en su antiguo pueblo natal. Son miedos que no puede evitar, aunque otra parte de él le diga que Harry no lo dejaría atrás jamás.

Y aunque Louis siempre se prometió que no sería el tipo de omega dependiente de su alfa, son esos miedos los que lo llevan a tomar una repentina decisión cuando ve a Harry aparecer de nuevo en el salón. El corazón de Louis martillea nervioso y sabe que Harry puede oírlo, lo demuestra el gesto confundido en su rostro mientras se sienta a su lado en el sofá, sin embargo se contiene de decir palabra alguna hasta que sea Harry el que hable.

—Entonces…— comienza Harry, mirándolo inquisitivo. Louis se muerde una mejilla por dentro, mirándolo con suma atención, con la respiración entrecortada cuando el alfa toma una de sus manos entre las suyas comenzando a jugar con sus delgados y cortos dedos—. Richards al parecer tiene un acosador rondando por su casa— Harry hace una mueca de disgusto mientras habla—, y este tipo golpeo a un alfa que se encontraba en la casa atendiendo un celo de Richards. Fue algo grave, porque el pobre tipo termino en el hospital y el acosador se echó a perder. No se sabe si Lucas, el alfa que está en el hospital, va a sobrevivir o no.

—Oh, pobre hombre— no puede evitar murmurar Louis, apretando sus dedos contra uno de los dedos de Harry.

—Si— concuerda con un suspiro, encogiendo un hombro—. Aunque Andrew aceptó que Zayn empiece a hablar con las autoridades para iniciar la búsqueda del acosador, hay mucho que hacer y ni Zayn ni yo creemos que sea pertinente que lleve solo el caso— Harry se corta un momento, mirando fijamente a Louis y éste ya sabe que es lo que viene—. Tendré que ir, cariño. Pero te prometo que estaré de vuelta para tu cumpleaños, omega— asegura seriamente.

—Llévame contigo— dice Louis con facilidad y rápidamente, tomando desprevenido a Harry que parpadea aturdido.

—¿Qué?— pregunta Harry y antes de que pueda decir algo, agrega—. ¿Estás seguro, cachorro?— y hay tanta esperanza en su voz que Louis no puede pensar siquiera en retractarse.

Ni quiere hacerlo.

—Por supuesto, alfa— responde de inmediato.

Así que esa misma noche en lugar de continuar viendo películas Louis prepara una pequeña maleta y luego, junto a Harry, habla con Abbey y Griffin cuando éstos vuelven de su salida, para informarles sobre su viaje y pedirles que mantengan en pie la cafetería. En los años que llevan con ella, ni Louis ni Abbey se han ido más de un par de días; por alguna razón siente que este viaje es otra manera de empezar a despedirse de todo lo que lo ha mantenido en Holmes Chapel.

No puede decir que le importe ahora.

Se despide de su alfa a la medianoche, con Harry prometiéndole pasar por él por la mañana para partir a Londres. Decir que a Louis le fue fácil dejarlo ir seria mentir, porque el omega tuvo que morderse la lengua para no sugerirle a Harry quedarse a pasar la noche o irse con él a casa de Gemma para dormir juntos.

—Así que— Abbey lo atrapa en la cocina, preparándose un té para irse ya a dormir—, te vas cinco días a Londres.

—Tal vez sea menos— se encoge Louis de hombros, sorbiendo de su taza caliente—. ¿Te parece una locura?

—Claro que no, bobo— se ríe ella y por el rostro que tiene Louis, labios apretados contra la taza y tez sonrojada, suspira poniendo los ojos en blanco—. Hey, cariño. Nada de lo que sientas o quieras ahora que has encontrado a tu alfa está mal o es una locura. No importa que ni siquiera tengan un mes de conocerse, cuando haces click no hay vuelta atrás, todo es ir hacia delante juntos. Lo que sea que estés sintiendo ahora, háblalo con Harry en lugar de darle vueltas en tu cabeza— le reprende suavemente.

Louis da un asentimiento tras su taza, aceptando gustoso el abrazo que le ofrece después su mejor amiga. Ambos se desean buenas noches compartiendo un beso en las mejillas, resguardándose luego en sus propias habitaciones. Y aunque Louis creyó que le costaría dormir por las cosas en su cabeza, las palabras de Abbey las terminan por ahuyentar de manera que logra quedarse dormido tras algunos minutos dando vueltas en su cama tratando de calentarla.

Su último pensamiento esa noches es que, de haberse quedado Harry Louis no pasaría nada de frío.

Por la mañana se levanta automáticamente a su hora habitual, queriendo despedirse de Abbey y Griffin que llega más temprano de lo habitual ese día. Louis les repite hasta el cansancio todo lo que tienen que hacer para mantener en pie la cafetería cuando no va a estar él para hacer todos los postres que normalmente se venden, y para cuando la pareja se marcha Louis se queda esperando a su alfa, tratando de confiar en la palabra de Griffin que ha prometido hacerse cargo de su cocina durante su breve ausencia.

Sabiendo que su alfa llegara pasadas las ocho de la mañana, sino es que después de las nueve pues despegarse de sus sobrinos siempre le cuesta, Louis se vuelve a dormir un rato pero esta vez en el sofá. Su siesta es breve, puesto que al marcarse las ocho cuarenta y seis en el reloj de la estancia, Harry anuncia su llegada suavemente. Harry lo sorprende no sólo llegando más temprano de lo que Louis imagino que lo haría, sino también lo sorprende con una bolsa rosa pastel de regalo.

—¿Otro regalo de cortejo?— pregunta Louis con sus mejillas sonrojadas, tomando la bolsa y aceptando gustoso el pequeño beso que Harry deposita en sus labios—. Buenos días, alfa.

—Buenos días, cachorro— saluda Harry, acunando su rostro en una mano al besarlo y manteniéndolo así para verlo—. En realidad no es tanto un regalo, sólo son cosas que creí que necesitarías para el viaje— responde Harry, con las mejillas suavemente sonrojadas.

No es tan habitual el mirar a su alfa sonrojarse, ya que Harry siempre es muy seguro en todas sus acciones y palabras, por lo que en las contadas ocasiones en que Louis lo ha podido presenciar no puede evitar sentirse muy afortunado de ser el causante de tan adorable acto. Alzándose sobre las puntas de sus pies besa en una mejilla a su alfa antes de darle un rápido beso en sus labios también.

—Muchas gracias, alfa. Eres muy considerado conmigo— agradece con una pequeña sonrisa.

—Sólo quiero ser el mejor para ti— le responde Harry con su voz y mirada llenas de adoración.

Salen del apartamento a las nueve quince, después de que Louis haya preparado un par de batidos para su camino luego de haber acordado desayunar en un pequeño lugar que Harry ha decidido mostrarle aprovechando su viaje. El alfa carga con su pequeña maleta mientras bajan las escaleras, después la acomoda junto a la suya en la cajuela del Mercedes mientras Louis se sube en el asiento del copiloto y lo espera.

—¿Estás listo, dulce?— le pregunta Harry al sentarse, tomando su mano suavemente mientras enciende el auto.

—Lo estoy— asegura Louis, sonriendo radiante mientras disfruta del revoloteo de las mariposas en su vientre.

A pesar de los miedos que lo atacaron anoche sobre el viaje, hoy se siente realmente emocionado por él. Puede no estar al cien por ciento seguro de qué sucederá en Londres, pero sin duda está seguro de que esta vez no extrañara en ningún momento Holmes Chapel.

💞

Se detienen poco después de una hora de camino, en un pequeño poblado llamado Hassall, justo en una agradable cabaña a la orilla de la carretera boscosa. La cabaña no es más que una pequeña fonda atendida por una pareja de betas con una excelente habilidad culinaria, que miman a la pareja con un delicioso desayuno que les da el ánimo para seguir con su resto del viaje, logrando llegar a Londres poco antes del mediodía.

—Debo reportarme cuanto antes en el bufete, amor— dice Harry cuando se incorporan en el tráfico de la gran ciudad—. Pero podría primero dejarte en casa, regresaré por ti para llevarte a comer.

—No quisiera estar ahí sin ti— se niega Louis rápidamente tomando la mano de su alfa, encima de la palanca de cambios, para darle un suave apretón—. ¿Te puedo acompañar, alfa?— pregunta con timidez.

—Sólo si estás seguro, cachorro— acepta Harry, dándole después una pequeña sonrisa de disculpa—. Pero estaré algo ocupado, podría ser aburrido para ti— advierte.

—No importa, alfa. No quiero dejarte— Louis sonríe grande, feliz de que Harry haya aceptado su compañía.

Sin más palabras Harry los dirige hacia el edificio donde se encuentra su bufete. Dicho edificio es una propiedad de los Cyrus, quienes además de dedicarse a las leyes también se dedican a los bienes raíces. Es una estructura de siete pisos de cristal, donde los últimos dos pisos están dedicados al bufete y los primeros cinco a diferentes comercios, de los cuales su gran mayoría son restaurantes y cafeterías gourmets que le han salvado el trasero –y el estómago– a Harry más de una vez. También hay pequeñas joyerías y otras tiendas de productos caros que obtienen la mayoría de sus ganancias de todas las parejas que llegan al bufete por algún divorcio, y deprimidas van a gastar sus tristezas.

—Este sitio es…— Louis ni siquiera tiene palabras para describirlo mientras baja del coche hacia la acera con ayuda de su alfa, mirando hacia arriba a toda la enorme e imponente estructura en el corazón de Londres—. Wow.

Un valet parking se acerca a Harry cuando ambos están en la acera, haciendo saltar a Louis por su repentina aparición. Louis ve con asombro al chico, sin poder creer que en el edificio cuenten con ese servicio. Observa como Harry le da las llaves al joven alfa que lo saluda con un cortes “buen día, sr. Styles” antes de subir al Mercedes y llevarlo a resguardo. Harry mira entonces a Louis con una sonrisa tímida, como si estuviera avergonzado de trabajar en un lugar tan elegante o ser una persona tan importante en una ciudad tan grande como Londres.

Louis lo ama.

—Es de uno de los socios del bufete, el padre de Miley— explica Harry, dándole la mano con confianza para guiarlos al interior del edificio donde a Louis ya no le sorprende ver una linda recepción en el primer piso luego de haber visto al valet parking. Louis para este punto ya sabe quién es Miley, de modo que da un suave asentimiento con la cabeza haciéndole saber a Harry que está prestando atención a la información dada—. El bufete no siempre estuvo aquí, cuando papá, Ray y Geoff comenzaron, el bufete estaba en un pequeño piso no muy lejos de aquí. Este sitio lo abrieron un par de años antes del accidente— murmura al final, y ante la mención del accidente donde perdió a sus progenitores Louis le aprieta la mano con suavidad, tan sólo un recordatorio de que ahora está él ahí para compartir sus tristezas. El apretón con que le corresponde Harry es un silencio y cariñoso “gracias” que les hace sonreír.

—Buen día señor Styles, bienvenido otra vez— saluda el bonito omega rubio tras el escritorio de la recepción.

La suave y agradable voz del omega saca del momento a Louis, que se gira a verlo con su ceño fruncido, escaneándolo inmediatamente con una mirada crítica. El omega es tan bonito, con suaves rizos rubios y unos enormes ojos dorados que hacen doler el estómago de Louis ante la sensualidad de su mirada sumada a su sonrisa de labios llenos y coquetos. La manera en que ha saludado a su alfa, con tanta confianza y galantería casi lo hacen gruñir de disgusto. Una de las cosas que Louis ya había considerado ante la vida de Harry era saberlo rodeado de omegas hermosos en una ciudad tan grande, omegas que Louis no conoce pero que han tenido a su alfa cerca, disfrutando su presencia antes que él; confirmarlo con este chico es un golpe fuerte. La idea de encontrarse con más omegas así, que estén a la altura de un alfa tan hermoso e importante como Harry, le molesta. No le gusta competir, no le gusta sentirse en una competencia con otros omegas, y aunque sabe que no hay ninguna competencia en si porque Harry le pertenece por destino, no puede evitar sentirse así mientras observa al rubio sonreírle a Harry tan cálidamente.

Sin embargo Harry no permite que los pensamientos intrusivos arruinen su día ni por un momento, pues con orgullo en su voz lo presenta amorosamente cuando responde el saludo del rubio:

—Buen día, Robin, gracias— saluda Harry sonriendo, apegando más a Louis a su lado cuando lo presenta—. Éste ángel aquí es mi omega, posiblemente lo miraras algunas veces aquí. Espero— susurra la última palabra con mejillas sonrojadas que hacen sonreír amplio a Louis.

—Louis Tomlinson, mucho gusto— dice su nombre al rubio que le sonríe con cortesía.

—El gusto es mío, señor Tomlinson— asiente el rubio y sus siguientes palabras hacen sentir a Louis un idiota por haberse puesto siquiera un poco celoso de él—. Me alegra que el gran jefe lo haya encontrado, se ven hermosos juntos.

—Hermoso sólo él— responde Harry con adoración.

Louis se sonroja hasta la raíz del cabello ante el cumplido. Con los ojos en blanco, tira con disimulo de la mano de su alfa que ríe con suavidad ante su vergüenza. A pesar de ello, Harry cumple su silenciosa petición y los aleja de ahí despidiéndose de Robin con una sonrisa amplia.

Se dirigen entonces al elevador que al ser hecho también de cristal le permite a Louis una rápida mirada de los pisos que avanzan hasta llegar al séptimo, el cual es su destino. Llegar no les toma mucho tiempo y cuando las puertas se abren, en las oficinas más elegantes que Louis ha visto nunca, hay un alfa alto de piel apiñonada esperándolos.

—Jefe, bienvenido— saluda solemne al ver a Harry, dando un asentimiento hacia él mientras aprieta ansiosamente una agenda contra su pecho—. Es un alivio tenerlo aquí— admite sin rodeos, y por la manera en que su respiración parece sosegarse ante la sola presencia de Harry, bueno, Louis puede creerle.

—Zayn, buen día— le saluda Harry con profesionalismo y al notar que Zayn da una tímida mirada hacia Louis, lo presenta con una gran sonrisa—. Este es Louis Tomlinson, mi omega.

—Hola— saluda Louis con timidez al alfa.

El rostro ya bello de Zayn se ilumina con genuina felicidad ante la presentación. Su voz es alegre y sincera cuando se dirige a Louis con un cálido saludo.

—Es un gusto conocerlo, señor Tomlinson— le tiende una mano que Louis estrecha con suavidad—. Todos aquí hemos esperado conocer al omega del señor Styles por años— dramatiza para consternación de Harry que le gruñe juguetón.

—No me hagas despedirte, Malik— bromea Harry, haciendo reír a Louis por lo bajito.

—¿Acaso he oído al siempre solitario Harry Styles presentar a alguien como su omega?— pregunta una voz femenina a espaldas de Louis que se gira de inmediato, sólo para ver a la más hermosa y deslumbrante alfa caminando hacia ellos.

Miley Cyrus es todo lo que Louis se imaginó que sería cada vez que Harry hablaba de su compañera de trabajo y amiga; una mujer hermosamente ruda e imponente, de porte elegante y seguro. La alfa de cabello teñido de rubio con raíces oscuras, facciones de reina élfica y aroma a jengibre con azúcar morena deja a Louis con la boca abierta mientras la ve acercarse, vistiendo con tanta seguridad un smoking azul medianoche hecho a medida, resaltando su esbelta figura.

—Pero mira nada más, si eres una preciosura— exclama Miley con asombro cuando está frente a ellos, mirando a Louis con maravilla que lo hace sonrojar—. Teniéndote a ti, ahora tendremos que rogar porque Harry venga a trabajar en lugar de rogar que se vaya a descansar a casa— bromea.

—Joder con ustedes— gruñe Harry a sus compañeros, aunque no puede estar realmente molesto por sus bromas cuando escucha a Louis reírse de las palabras de Miley, con sus mejillas gratamente sonrojadas—. ¿Dónde está Liam? Necesito un amigo que no me haga quedar en vergüenza— refunfuña.

—El señor Payne está con unos clientes ahora, pero ya ha sido notificado de su llegada hoy— responde Zayn rápidamente con profesionalismo y unas mejillas rosas que, si Louis no estuviera al tanto de su enamoramiento gracias a Harry, ya lo habrían delatado ante cualquiera.

—Muy bien, entonces vayamos a mi oficina por favor— pide Harry, envolviendo los hombros de Louis con un brazo para guiarlo—. Ponme al tanto de todo lo que ha pasado con Richards, Malik.

—Por supuesto, jefe— la voz de Zayn va de la sana burla al profesionalismo rápidamente.

—No aburran mucho al muñequito— les dice Miley cuando hacen amago de irse, guiñándole un ojo a Louis que se enrojece—. Si te aburres, querido, puedes venir a mi oficina. Mi omega no tarda en venir a comer conmigo, la sala de juntas tiene espacio para ti— le dice amablemente antes de seguir ella su camino también.

—Si te aburres, omega, puedes tomar su palabra— le dice Harry al oído, mientras lo guía a su oficina con Zayn encabezando el camino.

—No quiero estar lejos de ti— es lo único que responde Louis, negándose a la idea.

Harry sonríe, sintiéndose tan amado con sólo eso. Da un beso en los suaves y dorados cabellos de su omega, sintiéndose dichoso de tenerlo ahí.

💞

La oficina de Harry resulta ser tan bonita y elegante como Louis imagino que sería ante la primera vista que tuvo del edificio. Con muebles negros de madera y sillas amplias y cómodas de cuero negro, espaciosa y con las mejores vistas de la ciudad como sólo la oficina de un alfa poderoso podría ser. A Louis le encanta, se sienta en un sofá con una vista impresionante del Ojo de Londres y se pone a leer un poco de una novela de misterio que encontró al curiosear en el enorme librero que recubre una pared completa del habitáculo.

Pero a pesar de la comodidad del sofá, la bella vista y la atractiva lectura, Louis se obliga a sí mismo a llamar la atención de su alfa cuando empieza a tener señales de hambre. Una mirada al reloj de su móvil lo sorprende al darse cuenta de que su alfa, aunque han transcurrido poco más de cuatro horas de su exquisito almuerzo en Hassall, se ha enfrascado tanto en su trabajo que debe estar ignorando su propio estómago puesto que no ha dado señales de querer o necesitar más alimento. Louis sin embargo no está dispuesto a que su alfa se descuide estando él presente, de modo que por el beneficio de su estómago y la salud y cuidado de su compañero alfa, se pone de pie y se acerca a Harry dispuesto a interrumpir su charla con Zayn. Incluso si hacerlo le da un poco de nervios. Joder, como odia interrumpir conversaciones…

—¿Qué sucede, cachorro? ¿Te has aburrido?— le pregunta Harry al sentirlo cerca, levantando rápidamente su mirada de unos papeles para verlo a él. Sus ojos se iluminan al encontrarse con los de Louis y en su rostro aparece una sonrisa tan hermosa, acompañada de sus bonitos hoyuelos, que le roba un poco el aliento al menor—. Ven aquí, dulce— tararea Harry, extendiendo su mano a él y echando hacia atrás su enorme silla para darle espacio.

Un poco cohibido, Louis da una rápida mirada hacia Zayn sólo para encontrar al alfa moreno enfrascado en unos documentos. Bueno, es eso o Zayn les está dando su espacio. Como sea, a Louis le basta ver que Zayn está prestando atención a algo más para tomar asiento en las piernas de su alfa y olisquear su cuello con un suave ronroneo. Harry lo cubre con sus brazos rápidamente, olisqueándolo a su vez e impregnándolo de su rico aroma a jengibre.

—¿Podemos tomar un descanso para comer, alfa?— pregunta Louis por lo bajito, sintiéndose avergonzado por haber interrumpido su trabajo por ello, pero aun así seguro de haber sido oído por los dos alfas en la habitación.

—Por supuesto, cachorro— accede Harry de inmediato, separándolo un poco sólo para verlo. Hay una mirada casi de pánico en su rostro que por poco hace reír a Louis—. Lo lamento tanto, mi amor. Cuando estoy aquí suelo olvidar que debo comer, debiste decirme antes, no fue mi intención privarte de alimento tanto tiempo.

Louis silencia su verborrea con un suave beso, cubriéndole una mejilla con una de sus pequeñas manos.

—Estoy bien, alfa. Apenas sentí hambre— le tranquiliza—. Ahora que me tienes a mí, yo no dejaré que olvides comer. Te voy a cuidar— dice con las mejillas sonrojadas y una sonrisa dulce.

—Eres el mejor omega para mí, cariño— dice Harry agradecido.

Se despiden de Zayn luego de eso pues aunque Harry, con más frecuencia de la que debería, suele comer en su oficina, no está dispuesto a que su omega pase por eso. Para Harry, Louis se merece sólo lo mejor así que eso le dará siempre.

⚖️

Son las siete de la tarde cuando Harry y Zayn deciden dar por finalizada su jornada, luego de que el moreno haya logrado poner al tanto de todo el caso de Richards al alfa ojiverde.

Para Harry ha sido fácil estar en la oficina después de tantos días de descanso, o al menos lo fue hasta la hora de la comida. Tener a Louis cerca durante la mañana no fue ninguna distracción, sino hasta el volver del restaurante. Como Liam ya estaba desocupado llegó a saludarlos para conocer a Louis, ambos omegas hicieron buenas migas rápidamente por lo que Louis se animó a ir con Liam a recorrer los otros pisos del edificio. Todo eso mantuvo distraído a Harry que, incluso en este momento en que está ordenando su papeleo con Zayn, no puede dejar de preguntarse dónde estará Louis ahora.

Incluso no ha podido preocuparse por el hecho de que Andrew Richards no haya llegado a la cita que Malik había agendado para la tarde de hoy, todo en lo que piensa es en lo que podría estar haciendo su omega lejos de él.

—¿Volverás a Holmes cuando terminemos esto?— la pregunta de Zayn sirve para sacar a Harry de sus pensamientos, que parpadea aturdido hacia él, dejando en una pila los documentos que han estado viendo.

—Sí, Gemma no me perdonaría que no pasara Navidad con ellos— responde sencillamente y con una sonrisa, agrega—. Además, el cumpleaños de Lou es un día antes de Navidad. Queremos estar juntos, voy a conocer a sus padres— dice con orgullo, aunque su asistente puede ver en su mirada sus nervios.

—¿Y en Año Nuevo volverás? Han estado preguntando por tu asistencia en la fiesta del Real Tribunal— quiere saber Zayn.

—¿Puedo perdérmela?— quiere saber Harry aunque la respuesta es obvia. Ante la negación de cabeza de Zayn, suspira con pesadez—. Estaré de vuelta, aunque no podrás acompañarme esta vez. Traeré a Louis conmigo— tan sólo espera que su omega acepte.

—No te preocupes, tengo una invitación— murmura Zayn, haciendo que Harry lo vea de inmediato con sospecha.

—Irás con Liam, ¿cierto?— le pregunta a su asistente con una sonrisa que se convierte rápidamente en una risa ronca cuando el alfa más joven se sonroja y rehúye su mirada—. Hombre, ¡al fin!— se ríe, dándole un par de palmadas en la espalda—. ¿Cómo has hecho para obtener el sí de tu terco omega, eh?

—El omega irlandés, de la nueva tienda de chocolates del piso cinco, intento ligar conmigo en el elevador mientras Liam y yo íbamos llegando al edificio de una audiencia en el Tribunal— cuenta Zayn con sus mejillas sonrojadas.

No necesita decir nada más para que Harry sepa el desenlace de eso. Con una risa acompañada de una incrédula negación de cabeza, Harry dice:

—Bueno, colega, de haber sabido que esa era la clave…— deja inconclusa su frase, haciendo reír a Zayn—. Anda, vamos a buscar a nuestros omegas. Me temo que Liam le cuente cosas vergonzosas de mí a Louis— bufa cuando sus palabras hacen reír aún más a Zayn.

Pero cuando encuentran a ambos omegas, en la sala de juntas del sexto piso, Louis y Liam están acompañados por Andrew Richards y una cara botella de champaña. Tanto Harry como Zayn se muestran sorprendidos cuando entran en la sala y hallan al trío de omegas, sin embargo ninguno de los alfas puede decir que sea una vista que les moleste, pues las risas de los omegas y sus rostros sonrosados por el alcohol es algo sublime de presenciar.

—¿Pero que han hecho con mi dulce omega?— pregunta Harry gratamente atónito ante la enorme sonrisa de mejillas rosas que su omega le da, con su mirada azulada empañada por las burbujas de la champaña.

Harry tararea mientras se acerca a Louis, riendo por lo bajo cuando su omega se pone de pie rápidamente al mirarlo e intenta correr hacia él. Lo cubre con sus brazos cuando lo tiene de frente, sorprendiéndose aún más cuando Louis se pone sobre las puntas de sus pies para besarlo intensamente.

—Ah, el amor joven— escucha Harry que Andrew dice, sus palabras pintan las mejillas de Louis de un intenso y bonito tono rosa que hace suspirar al alfa mayor.

—No puedo decir que sea precisamente joven, Andrew— comenta Harry con una sonrisa cuando se separa de su omega que se refugia en la calidez de su pecho para esconder su sonrojo.

—Oh vamos, Styles. Tienes poco más de treinta, estás en la flor de la juventud y tu omega también— sonríe Andrew, poniéndose de pie con su copa de champaña en la mano para saludar a ambos alfas—. Es un gusto verte de nuevo, querido. Y ha sido todavía un gusto mayor conocer a la joya que tienes como omega— dice con una gran sonrisa, tendiéndole una mano a Harry que se apresura a tomarla para besar su dorso, como a Andrew le gusta ser saludado, sin dejar de abrazar a su pequeño compañero—. Malik, querido. Liam me ha contado todo sobre su nueva relación, estoy tan feliz por los dos.

Sus palabras hacen sonrojar a Zayn que mira en dirección de un ebrio Liam que lo mira desde uno de los asientos de la sala de juntas, con su mirada chispeante y una copa en la mano. El omega castaño de ojos miel le lanza un guiño descarado que hace reír nervioso a Zayn, es toda una escena que Harry disfruta ver con diversión.

—¿Qué han hecho contigo, amor?— divertido Harry le pregunta a Louis.

—Liam me llevo a recorrer el edificio, alfa. Y encontramos a Andrew en el camino, él es tan amable, Harry— suspira Louis, alzando su rostro para mirar a Harry pero sin dejar de abrazarlo—. Se puso muy contento cuando le dije que soy tu omega, ¡compró champaña para celebrarlo!— se ríe Louis, dando un pequeño beso en la mandíbula de Harry—. Pero, ¿te digo un secreto, alfa?— pregunta bajando su voz un par de octavas, haciendo que Harry irremediablemente se incline hacia él para escucharlo mejor, frunciendo el ceño por el misterio repentino y la sonrisa bobalicona en el rostro de su amor—. La champaña me hace sentir tan flojito— ríe bajito, cubriendo su boquita con una mano—. Sólo quiero que me lleves a casa y acurrucarme contigo. Creo que no tolero muy bien el alcohol, ¿me cuidas, alfa?— pregunta inocentemente.

Esa pregunta y el hecho de que Louis llame su casa a un sitio que aún no conoce, pero que le pertenece ya como todo lo que Harry es y posee, tienen al alfa pletórico en cuestión de segundos. Asiente de inmediato, tomando el rostro de Louis entre sus manos para darle un suave beso en los labios antes de dirigirse a las demás personas en la habitación.

—Ha sido un día largo para mi omega, iremos a casa— anuncia Harry rápidamente y sin dudar, asintiendo en dirección de Andrew cuando éste eleva su copa en su dirección con una sonrisa conocedora que tiñe un poco de carmín las mejillas de la joven pareja—. Andrew, por favor ven mañana a la hora que desees. Necesitamos detallar algunas cosas, necesito oír tu versión de todo— pide Harry—. Liam, Zayn, nos vemos mañana.

Únicamente Zayn le presta atención, pues Liam se encuentra más interesado en el cuello del alfa que lo abraza por los hombros. Harry se ríe un poco de la pareja, pero se concentra en guiar a su compañero fuera de la sala y luego fuera del edificio que, por la hora, poco a poco irá quedándose vacío.

Subir al Mercedes no les toma mucho, puesto que Louis prácticamente tira de Harry hacia el estacionamiento con su euforia por llegar a casa. Entre risas Harry abre la puerta de copiloto para que suba su omega que se acurruca dentro del auto, entre el abrigo que el alfa le puso al salir.

—¿Estamos muy lejos de casa, alfa?— quiere saber Louis cuando Harry se acomoda sobre su propio asiento.

—Un poco, dulce. Está en los suburbios, pero en auto no nos toma mucho llegar— le sonríe Harry, encendiendo el auto.

Harry maneja hacía su casa con la mano de Louis entre la suya que sostiene la palanca. Louis ríe cada vez que Harry debe moverla, su risa de campanillas llenando el auto con su dulce vibra. Ellos no hablan mucho, pues Louis pone algo de música en la radio y canta por lo bajo tarareando las canciones que no conoce. Es cómodo y familiar, hace que Harry imagine más momentos así en su auto. Los imagina yendo al supermercado para hacer la despensa de su hogar juntos, yendo a citas para que Louis conozca la ciudad, conduciendo hacia cualquier lugar sólo los dos, siempre estando juntos desde el primer momento hasta el final.

—Alfa, ¿podemos pasar a comprar una pizza a algún lugar antes de llegar a casa? Quiero una pizza Margarita tan mal— Louis corta su tranquilo silencio antes de llegar a casa, por fortuna aun cuando están en la ciudad.

—Por supuesto, cachorro— asiente Harry de inmediato, llevando la mano de Louis a sus labios.

Encuentran una pizzería pronto y sólo Harry baja, ya que Louis se niega a dejar la tibieza de su coche. Por fortuna conseguir la pizza no le toma mucho tiempo al alfa, y llegan a su casa tan sólo cuarenta minutos más tarde de lo que Harry habría contemplado.

Cuando llegan a los suburbios, Harry no se pierde ninguno de los gestos de su omega. Louis mira a su alrededor con ojos muy abiertos, sin perder detalle de las grandes casas tan separadas entre ellas. El rostro de Louis es bastante complacido al ver la distancia entre una y otra casa, así que entonces Harry no le da tanta importancia al hecho de que su vecino más cercano esté a dos kilómetros. Lo que sí parece preocupar al pequeño omega es el tamaño de las residencias, Harry puede saberlo por las veces que frunce el ceño.

Cuando por fin entran en el camino de su casa, Louis suelta un bajo silbido de asombro ante su vista. Sin poder evitarlo, Harry se pone un poco nervioso ante el silencio de su compañero. Estaciona el Mercedes en el sitio que le corresponde, secretamente complacido de lo bien que luce el jardín a pesar del frío y de los días que ha estado fuera –está seguro de que Zayn llamó a Joan para hacer la limpieza antes de su llegada, una beta que ha trabajado para Harry por años–. No se sorprende entonces cuando abre la puerta de su hogar y este luce igualmente impecable.

—Bienvenido, omega— murmura, sintiendo sus mejillas calentarse ante el silencio de Louis—. Mhmm, bajaré nuestras cosas— dice con torpeza cuando Louis no responde nada.

Louis se adentra en silencio a su hogar inspeccionándolo todo con mirada crítica y eso lo pone sumamente nervioso. El omega deja la caja de pizza que lleva en sus manos en la isleta de la cocina y Harry lo deja que inspeccione todo mientras vuelve a salir de vuelta al auto. Si se toma más tiempo del debido en bajar sus maletas no cree que alguien pueda culparlo.

Cuando vuelve dentro, encuentra a Louis al pie de las escaleras. Sus miradas se cruzan y Harry forma una línea tensa con sus labios cuando no puede interpretar la mirada de su omega lo que lo pone más nervioso. Sin saber bien que hacer, deja que la puerta se cierre tras él mientras suelta sus maletas en el suelo, sintiendo sus manos sudorosas. Louis lo ve atentamente en todo momento, ladeando su cabeza como un cachorrito. Harry sonreiría ante la comparación acertada, pero en otro momento.

En este momento que Louis camina hacia él con su intensa mirada, Harry boquea como un pez.

—¿Has vivido en esta casa muchos años, alfa?— pregunta Louis cuando está frente a él.

Harry frunce el ceño, confundido por la pregunta. Trata de hacer memoria, hace un cálculo mental de cuantos años lleva ahí y le es difícil precisarlo. Son tantos, Harry nunca ha tenido que calcularlos.

—Mhmm sí, cachorro, creo que tal vez una década o un poco más— asiente Harry con torpeza.

La mirada de Louis por un momento se torna triste pero es tan sólo una fracción de segundo que Harry termina preguntándose si no lo imagino.

—¿Has vivido tú solo todo ese tiempo?

Harry no sabe cómo interpretar esa pregunta, si Louis lo hace por celos repentinos o algo más, sin embargo le es fácil responder:

—Sí, todo este tiempo— sonríe a medias.

Esta vez Harry no imagina la mirada de tristeza de Louis, pues esta viene acompañada de un sonido lastimero que Louis se apresura a esconder en su pecho cuando se abraza repentinamente a él con fuerza.

—Oh, alfa— murmura Louis contra su pecho.

Y Harry está muy confundido pero lo abraza con fuerza aun así, bañándolo en su aroma para despejar esa tristeza repentina. Su omega había estado tan feliz ese día, siendo un hermoso rayo de luz para todos en el bufete –así como lo es todo el tiempo cuando está en su cafetería–, Harry sólo quiere que esté así de nuevo, que esté así todo el tiempo.

—Hey, cachorro— murmura, alejándolo de su pecho sólo para tomar su rostro entre sus manos y besar su frente, su nariz y luego sus suaves labios—. ¿Qué sucede, amor? No estoy entendiendo. Pensé que decirte que nunca ha habido ningún otro omega en esta casa hasta ahora que has llegado tú, te haría feliz— admite confundido.

—Claro que no, bobo— niega Louis con su cabeza, sorbiendo un poco su nariz mientras Harry seca sus pequeñas lágrimas con sus pulgares—. Te imagino en esta enorme casa, solo, sin nadie que cuide de ti luego de un largo día de trabajo y se me encoge el alma— confiesa Louis, su voz sonando tan triste como molesta, sin rastro alguno de mentira.

—No siempre estoy solo, a veces está aquí la señora de la limpieza— farfulla Harry tímidamente.

Louis se ríe en medio de sus lágrimas, mirándolo con un puchero.

—Eso no ayuda, alfa— suspira Louis, estirándose sobre la punta de sus pies para alcanzar sus labios. Harry se inclina hacia él rápidamente, besándolo suave y dulce—. Pero ahora me tienes a mí, alfa— Louis dice dulcemente al separarse, mirando a Harry con chispeantes ojos ilusionados—. Yo voy a cuidar de ti. Siempre— promete sonriendo.

—¿Ah sí, dulce?— sonríe Harry y, tomándolo por sorpresa, lo levanta en sus brazos. Louis se ríe, enredando sus piernas en sus caderas con rapidez para no caer. Harry los guía hacia la cocina, sentando a Louis en uno de los taburetes altos de la isleta, dónde lo besa nuevamente. Su beso es más profundo que el anterior, Harry se toma su tiempo en saborear el interior de la boca de su omega, mordisqueando suavemente sus labios cuando lo deja ir por aire, sonriendo al verlo sonrojado—. ¿No eras tú el mismo omega que me dijo hace semanas que no quería ser la esposita perfecta de ningún alfa de trabajo importante?— se burla Harry, pero hay dulzura en toda su broma que hace sonreír suave a Louis.

—Tal vez sólo estaba tratando de protegerme, porque no te conocía realmente— admite Louis tímidamente, jugueteando con sus dedos en medio de sus cuerpos, siendo tan tierno siempre para Harry—. Pero quiero ser tu esposita perfecta. Quiero ser quien te espere con la cena lista y quien mantenga caliente la cama para ti— se sonroja.

—Dios, omega, no tienes idea de lo que me haces— se lamenta Harry, tomándolo de nuevo en un ardiente beso que hace gemir a Louis. El omega se afianza a sus bíceps, arqueándose en su lugar y dejándose hacer de la mejor manera—. Yo también quiero ser tu esposo perfecto, amor— dice Harry entre el beso, trasladando sus labios hacia el cuello suave de su omega que gira su cabeza, dándole más espacio para besar—. Quiero dártelo todo, que no te falte nunca nada— su voz se vuelve ronca cuando la excitación comienza a invadirlo. Ni siquiera puede pensar en detenerse cuando puede oler lo afectado que está Louis, que se aprieta contra él—. Quiero llenarte de cachorros, omega. Mantenerte lleno y feliz, cuidando de nuestro hogar, de mí, de nuestros preciosos hijos, ¿quieres eso?— pregunta, subiendo sus labios hacia el oído de Louis que suelta un dulce gemido, asintiendo frenético.

—Quiero tener tres bebés— confiesa Louis sin pensar, parpadeando sorprendido cuando Harry se aleja. Hace un puchero, mirándolo en espera de su cercanía—. Alfa— su labio inferior resalta.

—Serás el más lindo omega embarazado— suspira Harry, mirando a Louis con adoración—. Joder, cachorro. Estoy tan enamorado de ti, quiero darte toda mi vida— confiesa con seriedad.

Louis se vuelve tímido ante esa confesión. Sonríe suavemente, pero su sonrisa pronto se transforma en una risita que contagia a Harry cuando su pequeño estómago gruñe, recordándole que aún quiere la pizza que descansa a unos centímetros.

—Te amo— dice Louis con las mejillas sonrojadas cuando Harry abre la pizza para él con una sonrisa, acercándole un trozo de ella en una servilleta que funge de plato.

—Tanto como te amo yo— responde Harry sin dudar, besando su mejilla.

💞

Contrario a lo que tal vez les habría sucedido con otras personas, el prepararse para ir a dormir juntos por primera vez resulta algo tan tranquilo y cotidiano como si lo hubieran estado haciendo igual por años.

Aunque es palpable el deseo de ambos, es un acuerdo tácito que esa noche únicamente dormirán. El cansancio puede más con ellos, el día ha sido largo para ambos y el viaje en auto de la mañana ya se ve reflejado en el sueño que inunda la mirada de ambos. Además es tarde ya y Harry debe estar temprano en el bufete, de manera que toman sus pertenencias y suben al segundo piso luego de terminar su cena y asegurar la casa.

—Me daré un baño, cachorro— dice Harry cuando por fin entran en su enorme habitación. Esta vez no se siente nervioso por lo que Louis podría pensar de lo grande de ella, ni puede preocuparse por encontrar desorden cuando la hallan impecable—. ¿Quieres ducharte también, omega?— pregunta cortes, sonriendo cariñoso cuando ve a Louis con la suficiente confianza como para sentarse en la cama y dejarse caer de espaldas, con los brazos extendidos y suspirando, tan pequeño en la enorme cama king sice.

—¿Es necesario que lo haga?— pregunta Louis dramáticamente, más su tono es interrumpido por un bostezo que lo hace cerrar los ojos después, Harry sólo se ríe suavemente.

—No si estás muy cansado, amor— sonríe Harry, acercándose a él para besar su frente—. Ponte cómodo mientras me ducho rápido. No te quedes dormido así, cachorro— reprende cuando ve que Louis no pretende abrir sus ojos.

—Sí, sí, sí— murmura Louis soñoliento—. No te tardes, alfa.

Trata de tardarse lo menos posible para cumplir la petición de su omega. Harry se ducha con agua caliente en menos de cinco minutos y se envuelve en una suave y mullida toalla al salir. Cuando sale sonríe al comprobar que Louis se vistió ya para dormir y que lo espera aún despierto, acurrucada bajo las mantas de la enorme cama con la televisión encendida en una caricatura que Harry reconoce como la favorita de James, Gravity Falls.

Louis se ríe a carcajadas con una ocurrencia de Depper cuando Harry sale del baño, el omega desvía por un momento su mirada de la gran pantalla de televisión para ver a su alfa. Sus mejillas se calientan cuando se da cuenta de la parcial desnudez de Harry que sonríe al contemplarlo.

Ninguno dice nada mientras Harry busca su ropa para vestirse, sin embargo es palpable en el aire la tensión sexual que los envuelve con Louis viendo a Harry vestirse de espaldas a él. El omega muerde sus labios mirando la espalda de su alfa, su boca se hace agua mientras observa los músculos trabajando mientras Harry se agacha en un cajón. Cuando Harry se levanta, su boca se abre al verlo desenredar la toalla que usa después para secar sus hombros y cabello.

En la habitación se escucha el tartamudeo de la respiración de Louis cuando Harry se inclina un poco para ponerse un bóxer. La vista de los fibrosos glúteos del alfa deja alucinando a Louis que se esconde rápidamente bajo las mantas cuando escucha a Harry reír. Con un puchero que su compañero no ve, Louis ya no termina de ver a Harry ponerse un simple pantalón de pijamas azul.

—¿Me haces un espacio, dulce?— pregunta Harry parándose a su lado junto a la cama.

Louis asoma apenas sus ojos de las mantas, mirando tímido a su alfa que le sonríe amoroso. Se apresura a asentir, haciéndose a un lado para dejar subir a Harry que se acomoda bajo las mantas, haciéndolo dar un gritito sorprendido cuando lo toma en brazos, poniéndolos de costado de manera que Louis se vuelve la cuchara pequeña. Sonríe al sentir a Harry besando su nuca y luego sonríe aún más cuando los labios del mayor se arrastran hacia su oreja, que apresa suavemente entre sus labios haciéndole reír.

—No te tienes que poner nervioso por verme vestir, cachorro— le dice Harry al oído, haciéndole temblar al sonido de su ronca voz—. Todo lo que soy, es tuyo. Para ver, tocar y probar cuando quieras.

Girando apenas un poco su cabeza, Louis logra conectar su mirada con la de Harry que le sonríe paciente.

—Yo soy tuyo también— sonríe Louis, mirándolo por debajo de sus pestañas.

—Claro que lo eres— responde Harry con voz ronca, mirándolo con adoración y hambre a partes iguales.

Louis sonríe mientras siente la mirada de su alfa. Se remueve entre sus brazos, buscando estar de espaldas, entonces eleva una de sus manos y la deja en la mejilla de su alfa. Harry parece entender su gesto, porque entonces se inclina y le concede el beso de su pedido silencioso.

Su beso es suave al principio, lo es hasta que Louis aventura su otra mano al pecho desnudo de Harry. No puede evitar soltar un pequeño gemido cuando siente bajo sus dedos la firmeza de su abdomen. Harry aprovecha eso para aventurar la lengua al interior de su húmeda boca que le recibe gustoso.

Pero a pesar de que la temperatura entre ellos comienza a elevarse, ambos se detienen cuando escuchan el reloj de muñeca de Harry anunciar la medianoche desde el tocador.

—¿A dormir?— pregunta Louis con timidez cuando se alejan de la boca contraria. Su voz sale más aguda que de costumbre y totalmente afectada. Su rostro sonrojado hasta el cuello, con los labios hinchados y rojos, es una visión exquisita para Harry que se lamenta al separarse, haciéndolo reír—. ¡Alfa!— exclama Louis entre risitas cuando el mayor se esconde en su cuello, aspirando su dulce aroma y apretando su cintura por encima de la camisa que lleva por pijama.

—Aquí voy a dormir— habla Harry con un gruñido juguetón contra su piel.

—Bueno— se encoge Louis de hombros, con algo de dificultad por el abrazo de Harry que se mueve sobre él cuando realiza su gesto. Echa sus brazos tras la espalda de Harry, abrazándolo más cerca. Dejando un pequeño besito en su frente, sonríe y cierra sus ojos—. Buenas noches, alfa. Te amo— esas palabras a Harry le saben a miel.

—Mhmm buenas noches, cachorro— tararea Harry, dispuesto a dormir así cuando Louis claramente no se opone—. Te amo más— besa su cuello como un juramento.

💞

El primer despertar juntos es aún más maravilloso de lo que cualquiera de los dos habría imaginado.

Harry es el primero en despertar, ganándole algunos minutos a la alarma del reloj junto a su cama. Silencia el aparato antes de que se atreva a sonar y perturbe el sueño del ángel entre sus brazos. Durante la noche se han tenido que mover, porque Harry ha despertado con Louis acurrucado contra su pecho, siendo la cuchara pequeña, y animando un poco cierta parte de su anatomía con su firme trasero presionado contra él. El alfa tararea, tratando de pensar en las tareas que le esperan para bajar su erección, sin embargo no ayuda mucho cuando aspira el dulce aroma de su compañero, tan delicioso y cálido en su primera mañana juntos.

Reparte pequeños besos en la nuca de su omega, lamiendo su cuello cuando llega a esa zona que en un futuro próximo espera poder morder. Escucha a Louis suspirar en sueños, removiéndose contra él, presionando más contra su semidura erección. Harry traga saliva con fuerza, tratando de apartarse cuando cree que su autocontrol podría estar en peligro.

Tiene un asunto que resolver hoy en el Tribunal, se recuerda.

—No me dejes, alfa— es lo primero que dice Louis cuando intenta salir de la cama, abriendo sus ojos azules de golpe y mirándolo con un lindo puchero que hace a Harry volver para besarlo.

—Buenos días, mi amor— le saluda, dando un suave beso en sus labios seguido de un beso en su frente y otro en su pequeña nariz que se arruga de disgusto—. No te estoy dejando, cariño. Pero tengo que ir al trabajo.

—Voy contigo— hace un puchero Louis.

Por más que a Harry le guste la propuesta, niega suavemente con la cabeza y vuelve a besar a Louis cuando su puchero se profundiza. Su beso es suave y sin profundidad, ya que no cree que su omega quiera saborear su aliento mañanero.

—Sólo vas a aburrirte, dulce. Tengo que ir al Tribunal, no creo que te agrade— dice Harry al separarse, acomodando sus mechones de suave cabello castaño para que no cubran el bonito rostro del omega—. Prometo que estaré aquí para almorzar contigo, entonces si necesito volver a la oficina y aún lo deseas, podrás ir conmigo. Mientras quédate en casa, explora lo que quieras y llénala de tu dulce presencia— besa su sien—. Hazla tu hogar— murmura.

Louis sonríe radiante ante eso, asintiendo entusiasmado. Picotea los labios de Harry una vez más, dejando que esta vez el alfa si logre ponerse de pie. Mira a Harry marchar a la ducha, echándose de nuevo en su espalda y admirando el techo de la habitación. Se siente alegre por haber dormido por primera vez entre los brazos de su compañero, y dándose vuelta entre las mantas disfruta de la agradable mezcla de olores que ahora impregna la cama que anoche encontró impoluta.

Cuando escucha la ducha abrirse tararea, decidiendo salir de la cama para poder ir hacia la cocina. Tiene la sospecha que así como alguien vino a dejar la casa limpia, esa misma persona tuvo que encargarse de surtir la despensa y planea averiguarlo, dispuesto a realizar un desayuno para que su alfa no se marche a su despacho con el estómago vacío. Así que baja a la cocina vistiendo su corto pantalón de pijama y una amplia camisa de su alfa, que fue uno de sus primeros presentes de cortejo. Aunque hace algunos pares de días Louis le dijo a Harry que no era necesario seguir con su cortejo, puesto que él ya ha aceptado que quiere pasar toda su vida en compañía del alfa, Harry aceptó un poco a regañadientes pero sigue atendiendo a Louis con nada más que amor y admiración, igual desde el primer momento. De cualquier manera, los presentes que obtuvo hasta ese momento Louis los atesora muchísimo, como la camisa que lleva ahora y que se ha convertido en su pijama favorita.

Tal como lo sospecho encuentra una pequeña despensa en el refrigerador, como si la señora de la limpieza –Joan, como Harry le dijo que se llamaba la beta ayer durante su cena– supiera perfectamente que el alfa estará en la ciudad poco tiempo y que, entre ese tiempo, es casi seguro que sólo coma fuera. Bueno, Joan no sabe que Louis está aquí y que él hará todo lo viable porque Harry coma lo mejor posible estos días, y siempre.

Harry frunce el ceño cuando sale de la ducha y no encuentra a su compañero, pero un rico olor que comienza a subir hasta su habitación lo hace sonreír sorprendido y apresurarse para vestirse. Tiende la cama luego de haberse puesto uno de sus trajes habituales para trabajar y sus zapatos favoritos para días de invierno en el Tribunal. Se peina los rizos que han crecido casi hasta sus hombros en estas últimas semanas antes de ponerse antitranspirante y por fin bajar las escaleras, con su estómago gruñendo contento por el olor de la comida que viene de la cocina.

La vista que Harry encuentra es tan preciosa que él está dispuesto a apreciarla cada día de toda su vida. Louis está frente a la estufa, tostando un poco de pan en un sartén y tarareando alegremente mientras remueve una cacerola con huevos revueltos. En otro sartén, tapado y alejado ya del fuego, Harry ve un poco de tocino y salchichas con tomates. Su estómago gruñe de nuevo, poniéndolo en evidencia con su omega que voltea a verlo con una sonrisa que se transforma en una o sorprendida cuando lo repasa con la mirada.

—Te ves guapísimo— suspira Louis, por poco babeando.

Aunque el día de ayer Harry se vistió un poco más formal que otros días en Holmes Chapel, la ropa que llevaba no era nada comparada con el traje azul marino que lleva ahora, perfectamente planchado y ajustándose de forma perfecta a cada ángulo de su anatomía. Louis sonríe cuando mira su corbata aún desamarrada, no sabe si ha sido a propósito o si su alfa batalla con ellas normalmente, pero de cualquier manera se acerca a Harry y lo toma por ésta, estirándose para darle un suave beso en la barbilla antes de hacerle el nudo con destreza.

—Gracias, cachorro— le sonríe Harry, tomando su rostro con una mano para mantenerlo en su sitio mientras se inclina a besarlo. Louis suspira en el beso, haciéndolo sonreír—. ¿Desayunamos?

Louis asiente al separarse, dándole otro pequeño beso antes de alejarse por completo. Harry le ayuda a poner la mesa, y en su interior tanto él como su lobo se encuentran felices al darle uso a ese mueble tan olvidado de su casa; el alfa, siempre tan solitario, muchas veces llego a comer solo en la oficina y en casa, a falta de más personas a su alrededor, se conformaba con comer en la isleta de la cocina. Ahora Louis ilumina cada espacio de la cocina, del comedor y de toda la enorme casa que Harry muchos años sintió tan vacía.

—Todo sabe muy rico, omega. Gracias— agradece Harry en medio de un bocado de comida, haciendo reír a Louis que niega con la cabeza, estirándose para limpiarle la boca con una servilleta.

A pesar de que Harry es un alfa de ciudad, con un importante trabajo y gente a su servicio, es un poco idiota para comer pero no puede decir que a su omega le importe mucho cuando parece todo el tiempo tan dispuesto a limpiar el desorden de su rostro con una sonrisa cariñosa. Harry no puede evitar pensar en lo asombroso que será Louis cuando tengan sus propios cachorros. Será una madre fabulosa.

—Qué bueno que te gusté, alfa— sonríe Louis, dándole un beso en la mejilla después de limpiarle.

A pesar de lo poco que Harry desea dejar a su omega solo en casa, terminando de desayunar debe marcharse puesto que tiene que ver a Andrew lo antes posible para ir después al Tribunal. Tiempo atrás una ida al Tribunal de Justicia podía ser lo más emocionante en la vida de Harry, ahora eso ha cambiado totalmente y él lo único que desea es pasar un emocionante día llenando de mimos a su omega.

—Por favor no tardes mucho, alfa— le pide Louis en medio de su beso de despedida, con un pequeño puchero que por poco hace que Harry envíe un mensaje a Zayn alegando una intoxicación estomacal para faltar.

—Estaré aquí para comer contigo en un par de horas, cachorro— promete en cambio, besando la frente de Louis en un amoroso gesto que hace sonreír al pequeño—. No dudes en llamarme si algo ocurre, ¿ok? Te amo.

—Te amo mucho más— asegura Louis, soltando su abrazo con reticencia.

Ambos se dicen que entre más pronto logre irse Harry, antes volverá a los brazos de Louis. Si es que eso tiene sentido.

🍪

Louis trata de dormir luego de que su alfa se marchara al bufete, sin embargo no lo logra. Está sólo una hora de vuelta en la cama antes de ponerse de pie nuevamente y comenzar a curiosear.

A la luz del día la grandeza de la casa no resulta tan tenebrosa, aun así su tamaño sigue siendo demasiado para Louis. Es consciente de que ha visto casas más grandes, varias de las casas que vio anoche antes de llegar sin duda son más grandes que la casa de su alfa, pero es el pensamiento de su compañero solo por años en una casa de tal magnificencia lo que le resulta tan poco grato.

De cualquier manera, Louis tiene que reconocer que es una casa bastante bonita.

Primero recorre el segundo piso, tomándose su tiempo en la habitación principal –admirando los pequeños detalles de la vida de su alfa– antes de dirigirse a las otras habitaciones del pasillo. Encuentra dos habitaciones más, cada una con un pequeño cuarto de baño, sin tina a comparación del cuarto principal. Además de dichas habitaciones, equipadas con lo mínimo, Louis encuentra una pequeña oficina cuya única ventana da con vistas al patio trasero al igual que el pequeño balcón de la habitación grande. En la oficina Louis encuentra más pequeños detalles de su alfa, que admira con cariño. Recorre el lomo de cada libro que encuentra, imaginando a su alfa concentrado leyéndolos, y procura no mover mucho ninguna cosa al observar algunos papeles en el escritorio, como si estuviesen esperando a que Harry los lea.

Luego baja al primer piso, disfrutando de los espacios abiertos y la acogedora mezcla de colores beige y turquesa en las paredes. La sala de estar, con sus acogedores sillones de terciopelo chocolate le permiten a Louis un reconfortante descanso antes de decidir asaltar la cocina. Piensa tomar la palabra de su alfa sobre hacer suya la casa empezando por ese pequeño rincón donde ya se ha imaginado cocinando diferentes comidas para consentir a su compañero.

Así que Louis se pone manos a la obra, más que dispuesto a reclamar como suya la enorme casa.

⚖️

—¿Hay algo por lo que deba volver pronto a la oficina?— le pregunta Harry a su asistente mientras salen del Tribunal, dirigiéndose hacia el Mercedes del mayor.

—No, jefe. Andrew no irá hasta las cinco, conociéndolo llegara casi a las seis— se ríe Zayn, y su comentario no es con mala intención sino con causa de conocimiento—. Así que puede irse tranquilo a comer, puedo irme en un taxi— se encoge de hombros.

Harry ve a su asistente como el salvador que siempre es y, aunque Zayn se opone un poco, Harry saca un billete que le da para el taxi, prácticamente corriendo hacia su auto luego de eso.

Aunque tan sólo ha pasado cuatro horas lejos de Louis, lo siente como una eternidad. Maneja lo más rápido que puede, sin salirse de los límites de velocidad establecidos en la ciudad, buscando llegar lo antes posible con su compañero. Espera que su omega haya tenido una buena mañana sin él y que se encuentre cómodo en la casa que, Harry espera, van a compartir juntos.

En todo el camino Harry trata de pensar que podría haber estado haciendo Louis en su ausencia, y ninguno de sus pensamientos le hizo justicia a lo que encuentra en casa al llegar.

Harry aparca el Mercedes en su sitio habitual, bajando su maletín y abriendo la puerta de casa con destreza practicada. El aroma que lo envuelve nada más entrar le tibia el corazón y le plasma una sonrisa. La deliciosa mezcla de manzanas con caramelo se impregna por cada espacio, delatando el paso curioso de Louis por cada pequeño rincón de la casa. Sin embargo, a pesar de que su aroma se encuentra por todos lados, Louis no se encuentra a la vista. Harry lo busca en el salón y en la cocina con el ceño fruncido, dispuesto a subir a las habitaciones para seguir buscándolo aunque antes toma un trozo de pechuga de pollo que encontró asada en un sartén de la estufa. El estómago del alfa gruñe cuando percibe el olor de la comida preparada por su compañero, así que lo entretiene con un poco mientras busca, poco dispuesto a comer más sin su omega acompañándolo.

Sube las escaleras con una mano en su pedazo de comida y otra en el nudo de la corbata, deshaciéndolo con más facilidad de la que tiene para hacerlos pero muy dispuesto a quitarse la prenda por las siguientes cuatro horas que planea pasar en su hogar con su precioso omega. Sus pasos son rápidos y pronto está en el segundo piso. Se dirige primero a su oficina cuando nota la puerta abierta, pensando que quizá su compañero se ha entretenido con algún libro –pues ahora sabe que Louis es un aficionado a la lectura– sin embargo vuelve sobre sus pasos rápidamente cuando en un solo vistazo nota la habitación vacía.

Con el ceño fruncido va directo a su habitación, ya que de las otras habitaciones no percibe ningún ruido. Cree que quizá Louis está tomando una siesta y por eso el silencio de la casa, aunque se inquieta un poco al pensar en que igual podría haber salido. Se dice a sí mismo que el omega no lo habría hecho sin antes avisarle, y su respiración se corta cuando abre la puerta de la habitación principal y a primera vista la ve vacía.

—¿Cachorro?— pregunta adentrándose en la oscuridad del cuarto, con un nudo en la garganta ante el silencio.

Tantea la pared en busca del interruptor y enciende la luz, tanteando a la vez sus bolsillos en busca de su móvil para llamar al menor. Aunque eso no es necesario cuando puede ver la cama con la reciente iluminación.

El suspiro de Harry es mitad de alivio y la otra mitad de asombro cuando ve la nueva disposición de su cama, ahora pegada a una esquina, y el pequeño nido que Louis ha armado y donde ahora duerme pacíficamente acurrucado. Se acerca con cuidado de no despertarlo y se detiene en la orilla, inclinándose para tocar la mejilla de su pequeño omega que suelta un pequeño ronquido que le hace sonreír.

—Cachorro, estoy en casa— dice Harry con dulzura, acariciando el afilado pómulo de piel suave.

Louis suspira en su sueño y Harry cree que no va a despertar, pero entonces la pequeña nariz de Louis lo nota y el alfa contiene su risa cuando ve el movimiento de nariz idéntico al de un conejito que realiza el omega cuando se percata de su presencia, abriendo sus ojos con demasiada rapidez, provocándole un pinchazo agudo ante la luz.

—Hey omega, cuidado— murmura Harry, sonriendo cuando le ve cerrar los ojos de nuevo—. No quise despertarte, cariño.

—No te oí llegar— responde Louis en cambio, con voz ronca por el sueño. Se frota los ojos con sus pequeños puños, sentándose en medio de su nido para después ver hacia Harry que aún permanece a su lado fuera de la cama—. Hola— sonríe tímidamente.

—Hola, dulce— sonríe Harry a su vez, inclinándose para darle un suave beso en los labios—. ¿Puedo entrar en tu nido y abrazarte, cachorro?— pregunta con respeto.

Louis suelta un risita ante su pregunta y se sonroja profundamente. Asiente de inmediato sin embargo, y se mueve para dejarle espacio al mayor. Harry se quita los zapatos a patadas y se deshace de su saco que deja doblado al final de la cama antes de subirse en ésta y entrar en el improvisado y cálido nido.

—Necesitamos más prendas para tu nido, cachorro— observa Harry mientras toma a Louis entre sus brazos, apegándolo a él y besándole la frente cuando el omega alza su cabeza para mirarlo.

—No quise tomar muchas cosas de tu closet por si tenía que deshacerlo— comenta Louis muy bajito.

—¿Por qué tendrías que deshacerlo, amor?— pregunta Harry confundido, mirando a Louis sonrojarse más.

—Por si no te gustaba— responde avergonzado—. O por si no lo querías.

Harry frunce el ceño ante eso y tararea suavemente, dando otro beso en la frente de Louis antes de besar su pequeña nariz que se arruga ante el gesto. El alfa ama que Louis haga eso.

—Cachorro, tú tienes la total libertad de hacer lo que quieras en esta casa— le dice Harry, tomando su barbilla entre dos dedos para alzar su cabeza y centrar sus miradas—. Es tu hogar si lo quieres, omega. Y yo soy tuyo si me quieres. Puedes hacer lo que sea con ambos— asegura.

—Quiero vivir aquí, alfa— responde Louis con sinceridad, sintiendo sus ojos aguarse de emoción—. Sé que apenas llegue ayer y es muy rápido para estar así de seguro, pero siento que aquí pertenezco, ¿sabes?— pregunta y Harry asiente con una sonrisa, sabiendo bien a que se refiere su omega.

Harry nunca ha sentido su casa más suya que ahora que Louis está en ella, y no quiere deshacerse de esto.

—Nunca había querido dejar Holmes— confiesa Louis con una pequeña sonrisa, mirando a Harry a través de sus pestañas—. Y tampoco había querido venir a vivir aquí a pesar de que mis padres me lo pedían— se ríe y Harry abre los ojos atolondrado, haciéndole reír más—. Mis papás viven aquí en Londres, alfa— la nueva información hace a Harry fruncir el ceño—. Si yo también hubiera sabido que te encontraría aquí, me habría venido hace años. Aunque creo que hubiera tardado más en encontrarte de lo que tú tardaste en encontrarme en Holmes— razona Louis.

—Es posible, pero la Luna nos habría unido tarde o temprano porque eres mío y yo tuyo, cachorro— sonríe Harry, besando su frente—. No me habías dicho que tus padres viven aquí en Londres, deberíamos visitarlos antes de que ellos vayan a Holmes. Me gustaría conocerlos pronto— pide Harry.

—No lo había creído tan importante hasta que vinimos aquí— se encoge Louis de hombros y con una sonrisa conocedora y un sonrojo revelador, dice—. Además, quería guardarlo como mi última carta si es que tú no querías que viviéramos aquí. Gemma me dijo que creía que tú podrías querer vivir en Holmes ahora que me tienes, y yo también estaba seguro de que lo sugerirías en algún momento sólo por hacerme feliz.

—Tienes razón, lo habría sugerido— se ríe Harry, mirándolo con ternura—. Si no me hubieras dicho tú antes que creías que Abby se iría pronto y que pensabas que era buena idea venir aquí conmigo, lo habría hecho. Habría renunciado a mi vida aquí por la tuya en Holmes, sin dudarlo.

—¿Habrías dejado de ser un importante abogado en Londres sólo por mi trabajo de repostero en Holmes?— pregunta Louis asombrado.

—Podría ser un abogado importante en Holmes— se encoge Harry de hombros con una sonrisa tranquila, paseando sus dedos por la espalda de Louis cubierta de una fina blusa de seda con tirantes.

—Bueno, yo podría ser un excelente repostero aquí— sonríe Louis y en un rápido movimiento, que deja sin habla a Harry, se trepa sobre el regazo del mayor, con sus piernas a los costados del alfa que traga saliva al verlo, sonriendo tembloroso cuando Louis recarga sus manos en su pecho para inclinarse hacia su rostro y hablar—. Liam me dijo ayer que había varios locales del edificio disponibles para rentar, ¿tú crees que podría tener una nueva cafetería ahí, alfa?— pregunta su sugerencia con un suave puchero que Harry arrebata con un beso.

—Podrías tener lo que sea que me pidas con esa cara, cachorro— responde Harry sin duda, atrapando en un beso la risa de campanillas de su amor.

⚖️

Harry y Louis se reúnen con los padres del menor un par de días después, el viernes, cuando Harry por fin cierra a su favor el caso de Andrew mandando un par de años a su acosador a la cárcel luego de que el alfa en el hospital fuera dado de alta con secuelas graves por sus golpes. Louis hizo que Harry le comprara los ingredientes necesarios para una tarta de arándanos luego de enterarse que el pobre hombre quedó en silla de ruedas por algún tiempo. Con los ingredientes sobrantes preparo otra tarta para sus padres.

Dicha tarta está ahora en las manos de Harry mientras Louis toca la puerta de la casa de sus padres. Acordaron su visita ayer por la noche y aunque Harry fue quien pidió conocerlos pronto, ahora mismo puede sentir sus manos sudando de nervios. Reza por que la charola de la tarta no se le resbale mientras espera que la puerta sea abierta.

—¡Mi niño!— grita una voz de omega antes de que la puerta se abra de un tirón, dejando a la vista a una mujer castaña un poco más bajita que Louis y que tiene toda la cara de ser su madre si contamos el parecido sorprendente. La omega aprieta a Louis en un abrazo cuando lo tiene delante y Louis se ríe feliz correspondiéndolo.

Harry sonríe al mirarlo, repentinamente sintiéndose menos nervioso al ver la felicidad de su compañero. Louis rompe el abrazo con su madre y se gira a verlo, tomando de sus manos la tarta mientras lo presenta a su madre.

—Mamá, este es Harry— dice con una nota de orgullo y Harry es sorprendido entonces por los brazos sorprendentemente fuertes de la omega que lo envuelve en un abrazo.

—¡Que alegría conocerte, Harry!— dice la mujer mientras lo suelta, sonriéndole amplio—. Antes de que te atrevas a lo contrario, llámame Jay, ¿de acuerdo?— le sonríe, tomando entonces el postre de manos de su hijo—. Anda, dame esto para llevarlo a la cocina— dice olisqueándolo con un tarareo—. Huele delicioso, cielo.

—Gracias, mamá— responde Louis sin perder su sonrisa, tomando la mano de Harry para tirar de él hacia el interior de la casa—. ¿Dónde está papá?— pregunta siguiendo a su madre.

Su pregunta es respondida con un carraspeo proveniente de la sala. Louis suelta a Harry para correr a brazos de su padre, un alfa robusto de cabello oscuro y ojos igual de azules que los de su esposa e hijo. El hombre abraza con fuerza a Louis pero por encima del delicado hombro del omega mira de pies a cabeza a Harry que se queda a una distancia prudente, parado con firmeza en una actitud cordial y profesional que suele usar cuando está nervioso en el Tribunal. Harry es consciente del escáner al que está siendo sometido por el padre de Louis, así que trata de no mostrar lo jodidamente nervioso que lo tiene eso.

Cada vez más cree que hubiera sido mejor esperar al cumpleaños de Louis para conocer a sus suegros.

—Papá, él es Harry Styles, mi alfa— Louis interrumpe el escrutinio de su padre presentando a Harry que no puede evitar sentirse orgulloso al ser presentado así.

—¿Styles de SCP Abogados?— pregunta el alfa más grande.

—Así es, señor— asiente Harry, tendiéndole una mano—. Mucho gusto, sr. Tomlinson. Le agradezco que me reciba en su casa.

—Bueno, no tenía de otra considerando que has resultado ser el alfa de mi hijo— dice el hombre con una sonrisa aparentemente cordial para su comentario.

—¡Papá!— le reprende Louis al tiempo que Jay lo hace.

—¡Mark Tomlinson! Modales— le regaña la mujer, volviendo de la cocina sin la tarta.

—Está bien— concilia Harry, negando con la cabeza y teniendo una suave sonrisa en su rostro—. Entiendo que no sea agradable conocerme, tampoco para mí sería agradable conocer al alfa de mi único hijo si fuera el caso— se encoge de hombros y atrapa la mirada de Louis que le sonríe dulcemente, dándole todo el valor que necesita para esforzarse por el aprecio de su suegro—. Estoy seguro de que usted debe esperar al mejor de los alfas para Louis, sr. Tomlinson, y espero demostrarle que yo lo soy. Porque desde el primer momento en que me encontré con Lou le pertenezco, así que tendrá que lidiar conmigo por muchos años porque ahora su hijo no tiene como deshacerse de mí— termina con una sonrisa apretada.

A Harry lo sorprende la risa repentina de Mark Tomlinson por sus palabras. El alfa se ríe a carcajadas y la joven pareja comparte una mirada confundida, y cuando Louis sonríe ampliamente Harry se siente tranquilo.

—Bienvenido a la familia, Styles— le dice Mark cuando deja de reír, teniéndole una mano que Harry se apresura a estrechar, sorprendiéndose cuando le tiran en un abrazo—. Si serás tan buen alfa para mi hijo como eres tan bueno de abogado, no creo tener queja alguna de ti, muchacho— le sonríe Mark cuando se separan.

—¿Todo Londres te conoce o qué?— pregunta Louis con un bufido.

Harry se ríe, encogiéndose de hombros y estirando una mano hacia el menor que se apresura a tomarla, acercándose a él con una sonrisa y abrazándose a su costado.

—La fama de tu alfa es buena, hijo— asiente Mark, mirando a su hijo con cariño—. Aunque supongo que eso es en lo que menos has pensado, luces muy feliz. Te hace feliz— no pregunta.

Tal afirmación hace a Harry inflar el pecho de orgullo, mirando a su omega con adoración.

—Lo hace, es el mejor para mí— sonríe Louis, mirando hacia Harry con los ojos más brillosos.

Los ojos de Harry, cree él, brillan igual cuando ve a Louis.

🍪

—¿Alfa?— llama Louis a Harry mientras entra en su oficina.

Han vuelto de casa de los padres de Louis hace un par de horas y Harry se encuentra ahora guardando unos papeles, ya que parten a Holmes por la mañana y aún no sabe cuándo volverá a su trabajo de nuevo.

Louis quiere hablar justo de eso.

—Hola, cachorro— le sonríe Harry, echando su silla hacía atrás y mirándolo con una sonrisa. El omega se apresura a su lado, aprovechando el espacio para sentarse sobre el regazo de su compañero que sonríe enorme al verlo, dándole un beso suave en la sien—. ¿Qué sucede, omega?— pregunta Harry en un tarareo, besando repetidas veces su piel.

—Quiero hablarte de algunas cosas antes de irnos a Holmes— comenta Louis tímidamente, mirando a Harry con sus mejillas ruborizadas y a través de sus pestañas, provocando sin saberlo que el corazón del alfa se salte un latido.

—Dime, cachorro. Podemos hablar de lo que sea— asegura Harry, envolviendo los brazos en su pequeña cintura y recargando su barbilla sobre el delicado hombro de Louis, su aliento choca con la piel de Louis cuando habla de nuevo—. ¿Necesitas algo, omega?

—Sólo…— Louis se queda en silencio un momento, tratando de ordenar su cabeza para poder expresarse—. Yo…

—Hey, no estés nervioso— le calma Harry, besando su hombro y apretándolo más contra él, sus feromonas flotan a su alrededor e impregnan a Louis, tan efectivas como un sedante—. ¿Qué es lo que quieres, cachorro? Puedes pedirme lo que quieras, ya deberías saberlo.

Louis se muerde el labio inferior. Aunque Harry le diga constantemente esas palabras, Louis no sabe que tanto puede pedir sin poner en aprietos a su alfa. Él sabe que si pidiera un auto, por ejemplo, Harry se lo conseguiría sin dudar porque si algo ha hecho su alfa durante la última década solo ha sido una buena fortuna; pero no cree que Harry pudiera darle con la misma rapidez y agrado la vida que ya quiere y que sólo recordó al hablar con su madre esta noche mientras la ayudaba a lavar los trastos.

—Sólo me preguntaba si podemos hablar sobre cuando volveremos aquí, alfa— murmura Louis su pregunta, jugueteando con los botones de la camisa azul celeste que aún lleva puesta su alfa—. Sé que le dijimos a mis padres que vendríamos para tu fiesta en el Tribunal de Año Nuevo pero, ¿nos quedaremos permanentemente aquí después de eso?— quiere saber, mirando con timidez a Harry en espera de una respuesta.

—No he pensado en eso realmente, mi amor— admite Harry, su voz es tranquila y pensativa, Louis sonríe suave cuando Harry besa su mejilla antes de volver a hablar—. ¿Te gustaría eso, cachorro?— pregunta con el ceño fruncido y Louis se muerde el labio, encogiéndose de hombros.

No sabe realmente que es lo que quiere. O tal vez si lo sabe, pero no está seguro de que sea el momento. A veces siente como si se estuviera apresurando, sin embargo no puede evitar querer ya todo lo que siempre soñó ahora que tiene a Harry a su lado para vivirlo juntos.

Y es como si Harry pudiera leer sus pensamientos, porque pone en palabras todo lo que inunda ahora la mente de Louis.

—Cachorro, aunque yo mismo quisiera que nos quedásemos a vivir en Londres ya mismo, siento que estás precipitándote mucho. Y no digo que esté mal, amor, nada de eso— se apresura a decir, como si temiera que el omega se moleste pero, a pesar de que Louis hace un pequeño mohín, no puede enojarse por esto—. Has construido toda una vida en Holmes, y no quiero que te apresures a dejarla y que luego te arrepientas. Te seguiría sin dudarlo si quisieras volver, no tengas dudas de ello. Pero si pudiera evitarlo, sería mejor para ambos— Harry se encoge de hombros, tomando el rostro de Louis entre sus manos—. Sólo quiero lo mejor para ti, omega. Por eso creo que lo mejor es que hablemos con Abbey, tienen que ver que harán con su patrimonio si tanto tú como ella van a abandonar Holmes. Y mientras le pones solución a Louabbey, nos quedaremos en el pueblo, ¿te parece bien?— pregunta, asegurándose ante todo que Louis esté de acuerdo.

—Sí, alfa— acepta Louis sin dudar, agradecido por un compañero tan comprensivo que piensa en todo, incluyendo el bienestar de Louis, mejor que él mismo—. Pero alfa— se apresura a añadir Louis, pensando rápidamente en otra de las cosas que quería hablar con Harry, que lo mira atento ante su arrebato—, ¿podrías quedarte conmigo en mi piso en lugar de con Gemma, por favor?— pregunta tímidamente, añadiendo con sus mejillas sonrojadas—. No quiero dormir sin ti nunca más.

—Cómo si pudiera negarte eso— responde Harry con voz ronca, dándole un beso en los labios que le roba el aliento a Louis. El omega chilla entre el beso cuando Harry se levanta, tomándolo de las piernas para no dejarle caer—. Si hemos terminado aquí, déjame llevarte a la cama entonces— le sonríe, dando un rápido vistazo al escritorio—. He terminado aquí, y si no lo he hecho puedo hacerlo mañana antes de irnos— se encoge de hombros con una sonrisa cómplice.

—Eso me recuerda— añade Louis, mirando a Harry con lo que espera sea su mejor mirada de sensual convencimiento—, ¿podríamos quedarnos mañana y adelantar mi cumpleaños? Me apetece celebrar sólo contigo, alfa— bate sus pestañas, haciendo un pequeño puchero. Su actuación surge buen efecto, porque Harry lo mira embelesado—. No me importaría sí viajamos por la mañana en mi cumpleaños, si un día antes me mimas por completo— guiña un ojo, riendo coqueto.

—Vas a ser mi muerte, cachorro— gruñe Harry, tomándolo por la nuca para besarlo con fuerza sin dejar de sostenerlo con el otro fuerte brazo para no dejarlo caer en medio de su oficina—. Voy a mimarte como te mereces, dulce.

—No tengo dudas de eso— sonríe Louis grandemente, refugiándose en el cuello de su alfa mientras lo lleva a la cama.

💞

Fiel a su palabra, Harry mima a Louis desde el despertar.

Aunque ambos son personas mañaneras, ese día tratan de quedarse lo más que pueden en la cama, sin embargo desde las nueve de la mañana Harry no ha podido seguir durmiendo por lo que ha dedicado su tiempo a recorrer con sus labios y manos el cuerpo divino de su omega. Sabe que como él, Louis ya no duerme, pero aun así el menor mantiene sus ojos cerrados y en sus labios una sonrisa satisfecha ante las caricias.

—Buenos días, omega— tararea Harry en el oído de Louis cuando el menor se voltea entre sus brazos, arqueando su espalda sobre el colchón, estirándose como un tierno minino.

—Buenos días, alfa— Louis sonríe radiante, Harry ni siquiera necesita descorrer las cortinas de la habitación para ver al sol cuando lo tiene entre sus brazos vistiendo su enorme ropa.

Recorre distraídamente la cintura de Louis bajo la ropa con dedos suaves mientras se inclina para dar un dulce beso en los labios sonrientes de su compañero.

—¿Te apetece desayunar fuera, cachorro?— pregunta Harry al alejarse, recibiendo un rápido asentimiento entusiasmado.

Se toman unos minutos en prepararse. Debido al frío, antes de salir de casa Harry protege a Louis bien del clima con un gran abrigo suyo; la prenda le queda enorme a Louis pero no puede quejarse cuando lo rodea el aroma de su alfa que lo ve maravillado por lo pequeño y seguro que luce entre su ropa, al salir de casa el omega se refugia entre el peluche del abrigo con una gran sonrisa.

Van a un restaurante en el centro de la ciudad, con una bonita terraza que se permiten disfrutar debido al tenue sol de invierno que ilumina el día. Comparten la tortilla española de papa con pimientos que ordena Harry y los panqueques de plátano con ensalada de frutas de temporada que elige Louis. Ya que es un desayuno tardío el lugar es prácticamente sólo para ellos.

—¿Quieres ir a algún lugar en especial después de aquí, dulce?— le pregunta Harry a Louis mientras disfrutan su comida, tarareando cuando su omega acerca a su boca un par de arándanos con un tenedor.

—No lo sé, alfa— se encoge de hombros el menor, sonrojándose levemente—. No lo pensé ayer que te pedí que nos quedáramos, sólo quería estar contigo y disfrutar el día solos— admite.

Harry sonríe ante eso, acercándose a su compañero para darle un dulce beso en los labios que hace sonreír al menor. Al alfa dicha sonrisa lo desarma por completo, Harry cree que siempre va a sentirse igual de dichoso al ver a su omega sonreírle así, con sus ojitos chispeantes de alegría y su bonita boquita dejando ver sus pequeñas perlas, una sonrisa sólo para él.

—¿Te parece bien si te llevo a recorrer un poco la ciudad, cachorro?— pregunta Harry amablemente, siendo él esta vez el que toma un poco de comida en su tenedor para alimentar a Louis.

—Me parece bien, alfa— acepta Louis antes de tomar el bocado en su boca.

De esa manera terminan yendo al National Gallery después de desayunar, dónde pasan varias horas recorriendo los pasillos admirando las obras. Aunque es más bien Louis quien lo hace, maravillándose de todo al ser su primera visita; Harry en cambio disfruta más viendo a su omega. Si le preguntan al alfa, el verdadero arte está en los ojos resplandecientes de su omega que feliz recorre el museo. Así que es por eso por lo que Harry se dedica a sacarle fotos a Louis con su móvil, capturando cada momento; en algunas fotos Louis no nota la cámara, es sólo él contemplando las obras, en otras el omega sí que la nota y le regala enormes sonrisas o muecas bobas que el alfa atesora con el lente.

Logran recorrer todo el lugar y mirar cada obra antes de que a Louis le vuelva a dar hambre, de modo que buscan un nuevo sitio dónde comer. Por fortuna encuentran un pequeño lugar no muy lejos, donde los reciben sin necesidad de previa reservación. El restaurante es bonito y modesto, un sitio completamente nuevo para Harry y ese hecho alegra al pequeño omega.

—Este es un sitio nuevo para los dos, lo hace especial— declara Louis con una enorme sonrisa, estirándose en su sitio para alcanzar la boca de Harry y besarlo.

Harry lo mantiene en su sitio tomándolo por la nuca y ni siquiera escuchan el suave carraspeo del beta que los llevó a su mesa, que abochornado deja un menú en la mesa antes de huir de la amorosa pareja.

La comida resulta ser estupenda y el servicio muy bueno, de modo que cuando terminan y se marchan, Harry promete que volverán pronto lo que hace feliz a Louis.

Al haberse quedado cerca de Trafalgar Square y siendo aún temprano, deciden recorrer la plaza aprovechando la ausencia de nieve y el buen clima. Pasean de la mano mirando las luces encenderse poco a poco.

—Mira, alfa— señala Louis en algún punto, deteniendo su caminata para enseñar algo a Harry.

—Manzanas con caramelo— se ríe Harry cuando divisa al vendedor que le señala Louis.

—Compremos unas, por favor— pide Louis con una gran sonrisa.

Resulta bueno que esta vez el vendedor es un señor de edad avanzada y beta, porque de ese modo Louis pide su postre felizmente mientras balancea sus manos unidas infantilmente.

—Está muy rica— tararea Louis cuando da su segundo bocado, con su camino reaprendido.

—He probado mejores— descarta Harry y cuando Louis lo mira con el ceño fruncido, tal vez un poco ofendido por la declaración, el alfa toma sus labios en un beso—. Tú eres la más rica de las manzanas con caramelo, amor— declara sin ninguna duda cuando se separan.

Louis niega con la cabeza y se ríe, sonrojado de pies a cabeza. Sin embargo, a pesar de la vergüenza que dicho halago le ha provocado, echa sus brazos al cuello de su alfa –su manzana a medio comer se tambalea en su mano derecha con tal acción– y besa a Harry de nuevo entre risitas.

💞

Justo como en su primera noche en la ciudad deciden volver a pasar por una pizza en su camino a casa cuando la noche avanza. Son casi las diez cuando vuelven a su hogar, pero no pueden decir que eso importe cuando disfrutaron tanto de su día juntos recorriendo el centro de la ciudad como un par de turistas.

—Me duelen los pies— se queja Louis, dejándose caer en uno de los sofás del salón.

Harry lleva la pizza hasta ahí, dejándola en la mesa de centro antes de tomar asiento junto a su omega. Sorprende a Louis subiendo sus pequeños pies a su regazo, masajeándolos por encima de los calcetines.

—Sí yo te masajeo, tú debes alimentarme, cachorro— reprende Harry a Louis divertido cuando el menor cierra los ojos con un suspiro de satisfacción.

—Voy— murmura Louis, pero en realidad se toma un par de minutos de disfrute.

El alfa se ríe divertido pero no detiene su masaje. Con sus enormes manos puede fácilmente masajear ambos pies sin problemas al mismo tiempo, por lo que Louis realmente lo disfruta antes de enderezarse un poco y abrir la caja de pizza. Así entre risas, bromas y trozos de pizza acompañados de masaje de pies, ambos piensan que sus noches podrían ser de ese modo por siempre y ellos felizmente las amarían todas.

Retozan perezosamente la pizza viendo un programa de comedia al azar que encuentran en la televisión, aunque dicho programa queda de lado para el alfa que prefiere concentrarse mejor en la bonita presencia de su compañero. Distrae un poco a Louis cuando se acerca primero a sus cabellos a olisquearlo, pasando rápidamente a su cuello. Cuando la lengua de Harry prueba tentativamente la piel, Louis cierra los ojos sintiendo su pulso aumentar.

—¿Disfrutaste de tu precumpleaños, cachorro?— pregunta Harry a Louis al oído, dando un beso detrás de éste mismo.

—S-sí— asiente Louis con un tartamudeo ansioso, girándose en su lugar en busca de los labios de su alfa.

Louis en realidad ha tenido más de lo que esperaba para este día, pero sigue sin ser suficiente para su lobo. Se mueve inquieto, subiendo con facilidad al regazo de Harry sin despegar sus labios envueltos en un beso ansioso. Harry lo toma de las caderas de inmediato, manteniéndolo estable sobre su asiento.

—¿Qué deseas de regalo, dulce?— pregunta Harry dejándolo ir por aire.

A este punto, Louis ha aprendido a conocer lo suficiente a su alfa para saber que, a pesar de su clara mirada llena de deseo, va a comenzar a distraerlo para inevitablemente ir a la cama sólo a dormir. Louis no sabe porque Harry hace esto, no tiene dudas de que su alfa lo desea tal vez más de lo que Louis lo desea a él –se lo ha demostrado cada erección que sin querer le provoca y que Harry siempre se esfuerza en esconder– así que el omega está dispuesto a cambiar esto hoy.

Louis sabe lo que su lobo necesita para sentirse satisfecho por este día de festejo y planea conseguirlo. Porque, siendo honestos, era realmente en esto en lo que pensaba cuando pidió un día más en la ciudad. Piensa jugar su carta de cumpleañero, porque si Harry cree que él no está listo para este paso en su relación necesita cambiarlo y demostrarle lo contrario. Porque no importa si ellos terminan viviendo en Holmes o Londres, Louis está seguro de que quiere estar con este hombre para siempre, cada maldito y bendito día de su vida. Entonces, sólo necesita pedirlo, ¿no es así?

Sólo espera que todos en Holmes los perdonen si mañana llegan demasiado tarde. (Spoiler Alert: lo harán.)

—A ti, alfa— suelta Louis con facilidad, llevando sus pequeñas manos a la hebilla del cinturón que lleva puesto Harry.

Harry traga saliva con un ruido entrecortado de sorpresa que en otro momento haría reír a Louis. Cuando el menor ve que el alfa va a abrir su boca, seguramente para objetar algo, Louis vuelve a besarlo.

El alfa no tiene ninguna escapatoria cuando Louis comienza a moverse ondulantemente sobre su regazo, al tiempo que su beso se transforma en algo urgente y húmedo. Harry no puede evitar gruñir entre el beso cuando Louis chupa su lengua provocando un ruido sucio que hace gemir al omega. Sus aromas mezclados se vuelven más intensos al igual que su beso y Harry no puede más que rendirse cuando logra captar por primera vez el olor del lubricante de Louis comenzar a fluir.

Si Harry creía que el simple olor de Louis podría volverlo loco, ahora cree que el aroma de su excitación bien puede mandarlo al manicomio. Se siente como un animal por volver a gruñir, tomando con fuerza las caderas de Louis para presionarlo contra su creciente erección, pero por la sonrisa que su compañero da entre su beso sabe que no le importa sino por el contrario, eso parece animar a Louis para alejarse de su boca sólo para comenzar a besar su cuello, dando pequeños mordiscos en su piel hirviente.

—Vas a volverme loco, omega— jadea Harry cuando lo siente succionar debajo de su oreja, provocando una marca.

Louis no responde con palabras, el omega simplemente gime cuando las manos de Harry se aventuran a su trasero, apretando su carne a manos llenas y presionándolos juntos. Se traga un grito de victoria cuando Harry se pone de pie con él así, emprendiendo camino a su habitación.

—Necesito saber qué es lo que deseas de mí realmente antes de hacer cualquier cosa, omega— dice Harry al separarse de su boca, subiendo con facilidad las escaleras incluso con Louis en brazos.

Louis se queda callado un momento, enterrando su rostro en su cuello y gimiendo al sentir el apretón ansioso sobre sus nalgas que da Harry al no obtener una respuesta inmediata. El omega se aleja de su escondite para verlo a los ojos cuando escucha la puerta de su habitación ser abierta, y sólo cuando Harry se adentra con él en la poco iluminada recamara es que responde, esperando que su sonrojo pase desapercibido.

—Quiero que me tomes, que me reclames tuyo para siempre— Louis se alegra enormemente de que su voz no titubee.

Da gracias al cielo cuando ve las pupilas de Harry dilatarse en deseo. No quiere dejar que Harry le interrumpa ni que tenga dudas sobre lo que pide. No hay alcohol en su sistema al cual culpar por su pedido, ni un celo que le nuble los sentidos como para pedir algo así precipitadamente. Pocas veces hace realmente caso a lo que le dice su mejor amiga, pero está dispuesto a tomar su consejo esta vez. No importa que lleven tan poco tiempo juntos, jamás dejará a escapar a este alfa.

Su alfa.

—Quiero tu marca, alfa. Por favor— pide sonrojado pero tan, tan sincero.

Harry gruñe ante el pedido. Pero no es un gruñido molesto, ni mucho menos. Su excitación es evidente en él así como la sorpresa por ese pedido. Se apresura a dejar a Louis dentro de su nido antes de unirse al omega, encarcelándolo entre sus brazos antes de besarlo con profundidad. Con manos ansiosas Louis se aferra a los rizos de Harry, tirando de sus cabellos para mantenerlo más cerca mientras siente las manos de Harry empezar a danzar por su cuerpo.

—Hueles delicioso— Harry respira su aroma al alejarse, con su boca haciéndose agua ante el olor húmedo de Louis.

—Estoy tan mojado, alfa— balbucea Louis, removiéndose en su sitio. Es una pena que su pequeño e improvisado nido vaya a mancharse todo con su lubricante, con lo orgulloso que Louis estuvo de él por ser el primero que hace en su vida siguiendo sus instintos.

—Entonces es mejor que te quite esto, ¿no es así, dulce?— tararea Harry, llevando sus manos a sus jeans.

Louis asiente rápidamente, alzando sus caderas para ayudar a Harry a deshacerse de la prenda. Se muerde el labio inferior con fuerza cuando la mirada de su alfa cae en su ropa interior. A pesar de dormir juntos toda la semana, y de las varias veces que Louis pudo deleitarse al ver a su alfa salir de la ducha, es la primera vez que Harry aprecia lo que lleva debajo de cada pantalón, chándal o pijama. Y por la mirada oscura que le da el alfa, Louis puede estar seguro de que le ha gustado más que nada descubrir que la prenda más íntima que porta es de delicado encaje azul.

—Joder, cachorro— Harry se atraganta con su propia saliva ante la visión, llevando instintivamente sus manos a los tersos muslos que se presentan ante él, subiéndolas con seguridad a la cinturilla del bóxer de encaje que lleva Louis—. Eres absolutamente precioso. El omega más hermoso que he visto, y todo mío— alaba, llevando sus labios a la piel expuesta de su estómago gracias a su suéter revuelto.

Los besos húmedos que Harry empieza a dejar en el vientre de Louis conforme le quita su suéter tienen al omega a punto de la combustión. Es difícil sacar la prenda cuando Louis tira de Harry para un beso intenso, pero al final se las arreglan para que la prenda termine en algún lugar de la habitación y Louis quede únicamente en sus bonita ropa interior.

—Quítate esto— pide Louis ansiosamente, tirando de la camisa de su alfa para sacarla fuera del pantalón.

Harry se ríe roncamente ante su apuro, sin embargo hace caso a su petición y se deshace rápidamente no sólo de su camisa sino también de su pantalón, desabrochando con eficacia el cinturón que Louis abajo ni siquiera pudo intentar quitar. Louis babea un poco cuando ve a Harry solamente en su bóxer blanco, gime con necesidad cuando nota la humedad que ha dejado su polla dura que gracias a eso se vislumbra seductoramente a través de la tela.

El alfa es grande, sin duda alguna el más grande que Louis ha tenido, y aun así abre sus piernas ansioso por sentirlo, moviendo sus caderas con desespero cantando un dulce gemido.

—Shhh cachorro, tranquilo— le sonríe Harry, tirando abajo la última prenda antes de subir a la cama con él, con su erección orgullosa presionándose en el muslo derecho de Louis cuando se acomoda entre sus piernas.

Ninguno de los dos puede evitar pensar que ahí es donde pertenece el alfa exactamente.

—Te necesito, por favor— suplica Louis.

Se siente caliente y húmedo, puede sentir como su lubricante sólo aumenta en cantidad y su agujero punza en necesidad por ser llenado por el nudo creciente de su alfa. Su respiración se entrecorta en un grito ahogado cuando Harry tira de su braga, buscando quitarla. Eleva sus caderas en ayuda, gimiendo cuando Harry besa sus piernas conforme va quitándole la pequeña prenda, moviendo sus piernas con facilidad hasta tener sus tobillos en un hombro, procediendo a besarlos.

Harry le da una mirada hambrienta al verlo por completo desnudo, un gruñido retumba en su pecho, soberbio y posesivo cuando Louis baja sus piernas sólo para apoyarlas en el colchón y abrirlas nuevamente. El omega se presenta sin vergüenza y con orgullo ante su alfa, mirándolo con anhelo.

—Tan hermoso— arrulla Harry, acomodándose de nuevo entre las piernas de su omega sólo para cernirse sobre él y besarlo con hambre en la boca.

Louis se arquea en la cama con un gemido que muere en la boca de Harry cuando el mayor lo toma por las nalgas, estrujándolas a su gusto antes de darle una suave palmada que le hace poner los ojos en blanco y volver a gemir. Puede sentir a Harry sonreír ante eso así que no es una sorpresa que la segunda nalgada venga un poco más fuerte. Cuando luego de un par de palmadas en cada una de sus mejillas Harry aventura un dedo entre su raja, para burlarse de su agujero después, Louis solloza con necesidad.

Quiere quejarse cuando Harry se aleja de él, pero al contrario termina dando un jadeo cuando siente la húmeda boca de Harry en el interior de su muslo derecho. Cierra los ojos con fuerza ante la sorpresa y anticipación, aunque los abre al escuchar a Harry hablar.

—Dime si algo es demasiado para ti, cachorro— le dice Harry como única advertencia antes de elevar más sus caderas al tomarlo por sus redondas mejillas que separa para sumergir su cara.

La pura visión de la cabeza rizada de Harry entre sus piernas podría haberlo vuelto loco, pero lo que lo hace es el primer lengüetazo que Harry da en su agujero. Louis grita ante la sensación, agradecido nuevamente por la grandeza de su casa alejada de vecinos indiscretos que puedan oírlo, no va a avergonzarse ante nadie por sus gritos de placer cuando su alfa tararea de gusto y satisfacción entre sus húmedas mejillas, moviendo su lengua de manera enloquecedora.

Agarra a puños las prendas que recubren su nido, moviendo sus caderas al encuentro de la lengua de Harry cuando el alfa comienza a follarlo con esta. Los sonidos de succión y lengüetazos suenan en la habitación y eso sumado al olor de sus excitaciones es un afrodisiaco para ambos.

Cuando Harry tantea su borde con un dedo travieso Louis cierra los ojos con fuerza, retorciéndose en su sitio. Su respiración aumenta cuando ese mismo dedo se aventura más allá, traspasándolo con facilidad más allá de un nudillo. Le resulta inevitable el correrse cuando Harry presiona la punta de dicho dedo contra su próstata. Ni siquiera tiene tiempo de avergonzarse por haberse corrido tan rápido y sin que su pequeña polla haya sido tocada ni una sola vez, cuando el rostro sonriente y orgulloso de Harry se asoma de nuevo, mirándolo con hambre.

Mirándolo a los ojos, Harry comienza a mover su dedo en su interior sin darle ninguna tregua ante su orgasmo. Louis no puede decir que le importe, pues pronto está sollozando, pidiendo por más.

—Voy a prepararte muy bien para mi nudo, amor— dice Harry antes de succionar el interior de su muslo, adentrando otro dedo en él—. ¿Vas a tomarme, omega? ¿Me dejaras llenarte?

—Sí, sí, alfa— asiente Louis sin dudar, llorando de gozo cuando dos dedos se vuelven fácilmente tres gracias a su humedad.

Harry da un gemido ronco de satisfacción ante su respuesta, moviendo sus dedos expertamente en su interior tocando su próstata cada vez en su búsqueda por dilatarlo. La pequeña polla de Louis se hincha nuevamente ante la situación y Louis gime en sorpresa cuando Harry sube su rostro hasta tomarla con facilidad en la boca por completo.

—Alfa, a-alfa— lloriquea Louis, llevando sus manos a los cabellos de Harry tratando de alejarlo o acercarlo, ni siquiera lo sabe. Es demasiado la boca de Harry sobre él y sus dedos clavados en su interior, su voz se rompe en un sollozo cuando trata de hablar nuevamente a pesar de la sobreestimulación—. A-alfa, vo-voy a correrme— tartamudea.

Bufa molesto cuando se le priva del orgasmo en el momento que Harry se aleja. Da un grito sorprendido cuando Harry abre más sus piernas, tomándolo por debajo de las rodillas, para luego arrodillarse entre su cuerpo y acercarse a él. Louis espera ansioso que entre en él, sin embargo Harry se toma un momento, jugando con su borde y sin dejar de mirarlo con intensidad. Puede percibir que su alfa está pensando en algo por lo intenso de su mirar y sólo suplica que no esté por arrepentirse de tomarlo en este momento.

Sus miedos sobre ello se calman cuando Harry habla aclarando sus dudas.

—Debí preguntar esto antes, pero supongo que sigue siendo un buen momento— dice, frunciendo un momento el ceño.

—Lo que sea, ¿no puede esperar hasta después de que me hagas tuyo?— pregunta Louis con desesperación, sintiendo su agujero cerrarse ante la nada.

Lloriquea cuando Harry se ríe, inclinándose a besarlo en la mejilla sin dejar de presionarse contra él. Louis lo empujaría con sus piernas si tan sólo Harry no tuviera el control de ellas en este momento.

—Sé que no tomas supresores, omega— habla Harry, y Louis se queda estático ante eso. Parpadea ante su alfa, sin saber que decir y rogando internamente que esto no se eche a perder gracias a eso. Su alfa parece sentir su ansiedad ante eso, por lo que sigue hablando, buscando explicarse mejor y calmarlo—. Amor, no hay nada que quiera más ahora mismo que anudarte y llenarte de mis cachorros, pero si no quieres tener hijos aún puedo ir a buscar un cond…

—¡No!— le corta Louis rápidamente, ni siquiera dejándolo terminar su pensamiento. Estira sus brazos, tomando el rostro de su alfa para acercarlo a su boca. Harry, un poco confundido por su grito, se deja llevar—. Quiero tus cachorros, ahora. Por favor, hazme tuyo ya— demanda antes de besarlo con fuerza.

Los dos gimen al unísono cuando Harry comienza a enterrarse en Louis. Va despacio pero no para ningún momento hasta estar hasta el fondo, presionándose desde el primer instante y con éxito contra la próstata de Louis que gime alto y largo, con los ojos en blanco debido al placer. El gruñido de Harry al sentirse atrapado en su interior es música para los oídos de Louis que jadea cuando se mueve experimentalmente, sintiendo a su alfa en su interior.

Harry comienza a moverse al ver que no le causa ningún dolor. El fluir de su lubricante y su previa preparación han ayudado a que Louis lo tome fácilmente, gimiendo de gusto cuando lo siente salir únicamente para volver a penetrarlo profundamente, repitiéndolo una y tres veces más.

El ritmo de sus embestidas aumenta rápidamente conforme los gemidos de Louis se vuelven más incontrolables. Si mañana no puede hablar, no va a importarle. Grita el nombre de su alfa cada vez que su próstata es machacada, y busca sostenerse de la espalda de éste con sus cortas uñas. Harry toma sus labios en un beso exigente, gruñendo cuando siente su espalda ser abusada por sus uñas.

Cuando la cercanía no es suficiente, Harry lo insta a enredar las piernas en sus caderas para poder inclinarse mejor hacia él. Su polla ignorada comienza a ser acariciada entonces entre sus pechos unidos mientras Harry busca su boca, asaltando su interior con su lengua lasciva.

—¿Te sientes bien, omega?— pregunta Harry en un gemido ronco al dejarlo ir por aire, inclinándose a su cuello para lamerlo.

—B-bien— asiente Louis, sollozando de placer. Enreda sus dedos en los rizos de la nuca de Harry para mantenerlo presionado contra su cuello cuando el mayor llega con su boca a su punto de enlace—. Por favor, alfa, por favor— pide al sentir los dientes de Harry dando una tentativa y pequeña mordida.

—¿Realmente estás seguro?— Harry se las arregla para preguntar, sus embestidas trastabillan cuando Louis asiente presionándolo con más fuerza en sus pequeñas manos.

—No hay n-nada que q-quiera más— asegura Louis con un sollozo ansioso.

Si Harry no quiere morderlo ahora, Louis no sabría que hacer luego de estarlo suplicando en la última hora. Por fortuna para él, Harry lame una gran franja de su piel con un gruñido soberbio antes de clavar sus colmillos crecidos en la dulce piel de su cuello que se abre con facilidad para él.

Louis ni siquiera siente dolor ante la mordida, cegado por un placer abrasador cuando siente el nudo de su alfa hincharse en su interior y comenzar a disparar su corrida. Él también se corre con un sollozo y sus mejillas se bañan en lágrimas de felicidad y plenitud cuando la lengua de Harry comienza a lamer su reciente mordida, calmando el ligero flujo de sangre y sellando su unión.

—Shh amor, shh— le arrulla Harry al oírlo llorar, separándose de su cuello para lamer sus mejillas mojadas—. Háblame, mi amor, ¿estás bien?— pregunta atento, recargándose sobre sus codos para liberarlo un poco de peso.

Louis jadea al sentir como se mueve su nudo en su interior y eso parece recordarle al alfa lo unidos que siguen, porque entonces los gira de costado, librando a Louis de cualquier incomodidad con éxito. Eleva una pierna de Louis acomodándola en su propia pierna, haciendo que la presión de su nudo sea menos. Louis está agradecido por ello.

—Te amo— es lo único que dice por respuesta, sorbiendo su nariz antes de cerrar los ojos de agotamiento.

Harry ríe suavemente y se inclina de vuelta a su cuello, lamiéndolo nuevamente cuando ve una pequeña gota de sangre volver a fluir. Su polla sigue pulsando su corrida en el interior de Louis pero éste luce tranquilo y cómodo, con una sonrisa satisfecha en su rostro soñoliento. En cualquier momento va a dormirse, Harry lo sabe.

—Feliz cumpleaños, esposita. Te amo más que a nada— susurra Harry contra su oído cuando en un rápido vistazo al buró se da cuenta que pasa la medianoche.

Su única respuesta es un suave ronquido que le hace sonreír.

🍪

—Sigo sin poder creer que se hayan enlazado— dice Gemma sin dejar de mirarlos como si les hubiesen crecido dos cabezas o fueran unos siameses.

Louis cree que podría ser más lo último, considerando que Harry parece orbitar alrededor de él en todo momento sin dejar de tocarlo de alguna manera. Y no es como si Louis pudiera dejar de tocarlo también. Están tan unidos ahora que no se sabe dónde termina uno y empieza el otro, resulta asquerosamente cursi para los demás en la sala de Gemma, donde están reunidos todos para celebrar el cumpleaños de Louis.

Han llegado tarde. Mucho. Incluso más tarde que sus padres, a quienes encontraron en casa de Gemma al llegar.

Todos se sorprendieron al verlos enlazados, casi tanto como se sorprendió Louis al descubrir que su mejor amiga también lo había hecho. Abbey luce orgullosa la marca de Griffin, que al igual que Harry parece orbitar alrededor de su omega y no tener ojos ni manos para nadie más que la pelirroja. Louis puede entender porque Gemma parece tan incómoda ante las cursis parejas, aunque ella misma resulta repugnantemente linda al lado de Noah.

—A mí no me sorprende nada— responde Abbey a las palabras de Gemma, dando una mirada cómplice a Louis.

Y de hecho los padres del omega parecen poco sorprendidos también. Todos lo han tomado bien, aunque claro, los más felices por la nueva pareja enlazada han sido los niños.

—Tío Lou, ¿podemos hacer galletas de Navidad mañana?— le pregunta Melanie adorablemente.

De ser sólo Lou, ahora es su tío Lou. Louis se siente tan querido cada vez que escucha a los pequeños niños llamarlo así.

—Por supuesto, cariño— le sonríe Louis, desde el sofá en su lugar junto al costado de Harry.

La noche pasa tranquila, tienen una pequeña cena en familia y todos le obsequian algo a Louis. Obtiene un libro de repostería moderna de parte de Griffin, una colección antigua de los libros de Jane Austin en un estado excelente de parte de sus padres, Gemma y su alfa le regalaron un walkman nuevo para que pueda oír su pequeña colección de discos así como otro par de discos de una de sus bandas favoritas, de los niños obtuvo cientos de dibujos que le hicieron sonreír hasta lagrimear.

Abbey, por otro lado, prefirió tejerle ella misma un par de cardigans, segura de que los necesitara para su nueva vida en Londres. Incluso si aún no se han sentado a hablarlo, su mejor amiga ha leído a través de él igual que siempre, de modo que ninguno de los dos ha podido evitar llorar un poco mientras se abrazaban cuando Abigail le dio su regalo.

Harry, aunque el día anterior lo consintió muchísimo y Louis le dijo que no era necesario que le regalase nada, no pudo contenerse de hacerle un gran obsequió. Louis no pudo evitar jodidamente gritar cuando su alfa lo sorprendió con unos boletos a Roma, para pasar juntos la primera semana de enero en la ciudad italiana.

—Ya que parece obvio que Harry se mudara al piso de Louis, sugiero que ustedes se queden aquí. No puedo permitir que se vayan a un hotel teniendo espacio aquí— Gemma le dice a los padres de Louis al finalizar la noche.

Louis agradece lo bien que su familia encaja con la pequeña familia de su alfa. Los niños han comenzado a tratar a Jay y Mark como si fuesen sus abuelos y sus padres no parecen tener ninguna queja sobre ello. Es algo que hace muy feliz a Louis, pero lo que lo pone aún más contento es ver a su alfa siendo mimado por su madre; Jay lo ha acogido como otro hijo, así que Harry ha podido encontrar en ella el amor maternal que le fue arrebatado hace años. El alfa es tan atento con sus padres, como un hijo modelo y obediente, Louis sabe que incluso su padre lo ama ahora. Él no puede quejarse.

—Mañana nos espera un gran día— anuncia Louis con entusiasmo, aunque sus palabras son cortadas por un bostezo.

Todos concuerdan con él y pronto se están organizando para irse a dormir. Louis deja a sus padres en casa de Gemma luego de que Harry haya hecho de nuevo sus maletas para partir a su apartamento. Abbey y Griffin se van con ellos en el Mercedes y aunque no es tan tarde cuando llegan al piso, ambas parejas se despiden en la sala para irse a dormir.

—Nos vemos mañana, hay que ir al mercado temprano por las cosas que faltan para la cena— le dice Abbey a Louis al darle un suave abrazo de buenas noches.

—Lo tengo, te veo temprano— asiente Louis, besándola en la mejilla.

Ayuda a Harry a meter sus maletas en su habitación, sorprendiéndose ante la incomodidad que lo invade al entrar en la pequeña recamara. Nunca la había sentido ajena, pero una mirada a la cama le hace extrañar la gran cama que compartió con su alfa en Londres, donde dejo hecho un bonito y tibio nido.

La falta de un nido en su habitación molesta a su lobo y causa curiosidad en su alfa, que mira curioso cada rincón del cuarto, descubriéndolo por primera vez.

—No tienes nido— balbucea asombrado, mirando con el ceño fruncido la cama.

Louis hace un pequeño mohín, sin saber cómo responder. No sabe si es gracias a su nuevo lazo o si es el hecho de que Harry parece leerlo mejor que cualquier otra persona, pero su alfa parece adivinar sus pensamientos y con una sonrisa, abre una de sus maletas y comienza a sacar de ella varios abrigos. Louis lo ve un poco curioso, sin embargo no puede evitar sonreír cuando Harry alza la mirada para verlo con una enorme sonrisa.

—Anda, ¿qué esperas, omega? Saca todas las cobijas que tengas, no podemos dormir sin un nido— su sonrisa es tan enorme que los hoyuelos de sus mejillas resultan casi dolorosos.

Los instintos de omega de Louis nunca habían sido tan fuertes, ni siquiera durante sus celos, como para empujarlo a construir un nido; él cree que es increíble que sus instintos han despertado en las últimas semanas con la cercanía de Harry mucho más que en diez años de haberse presentado como omega. Como si Harry supiera exactamente que botones apretar en él para que desee anidar y comenzar a criar a sus bebés.

Pero Louis no sabe realmente que para Harry resulta igual. Tantos años solo le habían hecho olvidar lo que era ser un alfa y no sólo un abogado. Ahora cada vez que mira a Louis, está listo para protegerlo y darle cualquier cosa que su pequeño compañero pida. Nunca había sentido la necesidad de proveer a alguien de total bienestar, resulta abrumador de la mejor manera. Cree que podría volverse fácilmente adicto a los mimos que recibe por parte de Louis cada vez que lo hace feliz.

—Nunca había sentido la necesidad de anidar hasta ahora que estoy contigo— admite Louis a su alfa, con las mejillas sonrojadas y los brazos llenos de cobijas que deja caer sobre el colchón.

—Me siento feliz y honrado por eso, omega— sonríe Harry, alcanzándolo para rodearlo en un suave pero fuerte abrazo que regocija a Louis—. Haremos un buen trabajo, será el mejor nido que nadie haya hecho jamás, esposita— asegura, besando el tope de la cabeza de Louis que se ríe por sus palabras.

Harry se encarga de arrinconar la cama de Louis, moviendo los muebles para que ésta quede pegada a la pared. Luego entre los dos se encargan de acomodar las cobijas y algunas de las prendas de ambos, formando su nido. Al final, resulta un trabajo mejor hecho que el nido que hizo solo Louis en Londres, ambos se sienten orgullosos de su creación, sobre todo Louis que piensa que echando a perder se aprende. Tal vez, cuando se mude permanentemente a Londres y le toque hacer un nuevo nido, quede incluso mejor que éste.

—¿Te gusta, omega?— pregunta Harry, mirando atento y con ojo crítico cada rincón del nido.

—Me encanta, alfa. Nos quedó muy bien— asiente Louis, cortándose con un bostezo.

Su alfa se ríe cariñosamente al verlo, inclinándose a darle un beso tierno en los labios.

—Bueno, ahora es hora de dormir— le sonríe Harry, acomodándole su flequillo con dedos suaves.

Louis asiente rápidamente, comenzando a quitarse la ropa con movimientos torpes. Se siente realmente cansado y soñoliento luego de su largo día, lo que debe resultar muy evidente pues Harry se acerca a él y le ayuda. Termina siendo vestido por Harry, que saca de la maleta que llevó a Londres la camisa que usa ahora de pijama.

—Descansa, mi amor— Harry le desea buenas noches, besando su cuello y lamiendo con amor su marca cuando están por fin acostados en su nido, acurrucados—. Te amo, omega.

—Te amo, alfa— la respuesta de Louis se corta con un pequeño ronquido que hace reír a Harry muy bajito.

💞

Si Harry creía que Louis cambiaria de opinión sobre mudarse a Londres al estar de regreso en Holmes, estaba muy equivocado.

Una vez pasada la Navidad con éxito, Louis se reúne con Abbey para hablar sobre el futuro de su cafetería. Aunque Harry es el compañero destinado de Louis, y Griffin el de Abigail, los dos omegas comparten un vínculo tan fuerte e incomprensible para los alfas, por lo que decidir el futuro de su pequeño local es algo que no les da muchos problemas.

Una vez que Abbey estuvo segura de que Louis tendría con quien pasar su futuro siendo feliz, tomo la decisión de por fin ser marcada y preparar sus maletas para volver a su natal Escocia junto a su alfa. Ella se adelantó un poco a Louis mientras él estaba en Londres, consiguiendo algunos posibles compradores del local. En Holmes Chapel la gente está tan encariñada con la pequeña cafetería, gracias a que hay muy pocas realmente, que varias personas están poco dispuestas a que Louisabbey cierre sus puertas y se desperdicie.

Así que antes de que Louis vuelva a marcharse a Londres por la fiesta de Año Nuevo y después a sus pequeñas vacaciones en Roma, donde tiene previsto pasar su celo –por primera vez, ambos mentirían si dijeran que no están nerviosos por ese hecho–, Louis y Abbey llegan al acuerdo de vender la cafetería con toda su mobiliaria al mejor postor y dividirse la ganancia a partes iguales para que ambos puedan emprender algo más adónde sea que vayan al decirle adiós a Holmes Chapel.

⚖️

—Tu omega es arrebatadoramente hermoso, Styles.

Harry sonríe tenso ante las palabras de unos de sus colegas. Sabe que es un halago y el propio Louis no parece molestarse por la cantidad de veces que palabras similares han salido de boca de los asistentes a la fiesta de Año Nuevo del Tribunal. El alfa, sin embargo, está increíblemente celoso.

¿Pero cómo no estarlo si Louis luce deslumbrante esta noche? El traje completamente negro se ciñe a su figura a la perfección y la camisa de cuello alto que lleva, negra igualmente, le da un toque elegante y sobrio que lo hace ver como alguien de la realeza. Harry sólo lamenta que su mordida no esté expuesta, sin embargo el frío de la noche amerita que Louis esté bien cubierto. Y, por fortuna, el olor del omega basta para dejar claro a cualquiera lo bien tomado que está.

—Y es todo mío, colega— sonríe Harry engreídamente, palmeando la espalda del alfa (tal vez con más fuerza de la debida) antes de caminar hacía su omega que le llama con una sonrisa en su bonita boca.

Evita efectivamente a quienes buscan su atención en su camino, yendo directamente a los brazos de Louis que lo espera cerca de uno de los ventanales del salón donde se realiza la fiesta, alejado algunos pasos de Liam y otros omegas asistentes.

—Hola, precioso— dice antes de envolver al pequeño omega en sus brazos y asaltar sus labios con alivio.

Puede sentir a Louis temblar de risa entre sus brazos, pero eso no evita que su omega le devuelva el beso con fervor. Los gira de manera que su espalda es lo único que ven las personas cuando Louis comienza a darle pequeños mordiscos a sus labios, riendo bajito y muy ebrio. Harry contiene un gruñido, sintiéndose afectado por la cálides de su compañero y su actitud atrevida luego de algunas copas de champaña.

—Llévame afuera a ver los fuegos artificiales— pide Louis con ilusión cuando se separan, mirando por el ventanal hacia afuera, esperanzado.

—No puedo negarte nada, cachorro— suspira Harry, acariciando su rostro con ternura antes de darle un corto beso en sus labios sonrientes, tomándolo de la mano para salir.

Roba un par de copas de un camarero en su transcurso a la salida, dirigiendo a Louis entre el gentío bajo un brazo protector. No se pierde de las miradas ni murmullos de algunos colegas que siguen sin poder creer que el solitario Harry Styles esté ahora enlazado con un omega tan hermoso; Harry infla el pecho con orgullo, besando la sien de Louis que sonríe feliz. Toma sus abrigos de uno de los percheros de la puerta, cubriendo bien a su omega antes de ponerse el propio y salir al jardín.

Sorprendentemente hay varias personas afuera, Harry distingue a varias parejas, entre ellas Miley y Stella que se acurrucan en su propia burbuja, mirando hacia el cielo en espera del espectáculo. Los guía hacia un espacio desocupado y alejado del resto, abrazando a Louis por la espalda al detenerse.

—No debe faltar mucho para que empiece, amor— consulta su reloj—. Sólo cinco minutos— se sorprende.

—Vinimos justo a tiempo— dice Louis con una risita, girándose entre sus brazos para verlo. Le toma el rostro entre sus pequeñas manos, ejerciendo presión para hacerlo hacer una mueca graciosa que incrementa sus risitas, Harry no puede quejarse porque está enamorado de su risa—. ¿Ya sabes cuáles son tus propósitos de Año Nuevo, hm?— pregunta inocentemente, dándole un pequeño besito en los labios apretados.

—Mi propósito es hacerte feliz cada día, ayudarte a poner la mejor cafetería de Londres y llevarte a más viajes, no sólo a Roma— sonríe Harry grandemente, besando su pequeña y tierna nariz cuando es libre de moverse. No habla sobre como otro de sus propósitos es dejarlo embarazado, y mantenerlo así tan lleno de él—. ¿Cuáles son los tuyos, omega?— pregunta en cambio.

—Los míos son cuidarte y hacerte feliz— empieza Louis, sonriéndole ampliamente con sus ojitos arrugándose y luciendo aún más brillantes que las estrellas en el cielo despejado—. También abrir otra cafetería y contratar a personas que me ayuden en ella, porque otro de mis propósitos es tener un bebé contigo, si te parece bien— termina, sonrojándose hermosamente.

Harry no puede responder con palabras a eso, simplemente toma a su omega en un beso abrasador que tiene a Louis gimiendo bajito rápidamente. Así los sorprenden los fuegos artificiales anunciando el Año Nuevo, iluminando el cielo y todo por encima de sus cabezas, proyectando una imagen preciosa de pura felicidad.

—Feliz Año Nuevo— se desean ambos entre su beso.

💞

Les toma todo el mes de enero poner en orden las cosas en Holmes para poder marchar a Londres. En ese mes, además de ir a Roma y pasar el celo de Louis juntos, el omega junto a su mejor amiga venden Louisabbey a una joven pareja que, a su ver, querrá la cafetería tanto como ellos.

La mudanza a Londres resulta algo agridulce para Louis al tener que despedirse de Abbey. Y es gracias a su humor alterado y las muchas lágrimas que derrama, que comienzan a sospechar que el celo de Louis dejó un fruto a su paso.

Sin embargo no es hasta un día antes de marchar a Londres, en el antepenúltimo día del mes, que Louis se hace una prueba casera en compañía de su mejor amiga, necesitando de la compañía de ella para un momento así.

—No tienes que estar nervioso, si lo estás o si sólo lo estás imaginando, Harry te ama y no va a dejarte— le recuerda Abbey, acariciando su espalda en círculos mientras esperan a que la prueba arroje su resultado.

Harry ha ido por algunas cosas a casa de Gemma, y Louis sabe que no cuenta con mucho tiempo. Es raro que Harry salga sin él, Louis sabe que su alfa tratara de tardarse lo menos posible gracias a ello. Pero Abigail ya tenía la prueba a la mano previendo esto. La omega pelirroja es una bendición en la vida de Louis y él no sabe qué hará sin ella, así que no pueden culparlo si ahora está llorando por ello y por la prueba que sostiene en sus manos. Cinco minutos nunca habían pasado tan lento.

—Lo sé— lloriquea Louis, tallando sus ojos con furia para deshacerse de sus lágrimas mientras sorbe su nariz y mira a Abbey a través de sus pestañas mojadas—. Estoy llorando porque no vas a estar cerca de mí y mi hijo no conocerá a tus hijos porque vas a vivir muy lejos— moquea.

Abbey tiene el descaro de reírse, así que Louis infla sus mejillas en un pequeño berrinche. La omega le acomoda el flequillo con ternura, dándole un beso en la frente.

—Lou, querido, estás loco si crees que eso podría pasar— le reprende con cariño—. Haremos muchas visitas, vendré a verte y ustedes irán a verme. Haremos vacaciones familiares y muchas mierdas así para que nuestros hijos crezcan juntos y cuando seamos viejos, les contaremos a nuestros nietos como fuimos amigos desde la maldita secundaria— sus palabras hacen sonreír a Louis—. No importa que ahora seamos omegas enlazados, tengo tu espalda.

—Y yo la tuya— promete Louis con una sonrisa llorosa.

—Siempre— sonríe Abigail guiñándole un ojo, entonces toma de sus manos la pequeña prueba—. ¿Listo?— pregunta, cubriendo el resultado de ambos hasta que Louis asiente.

—Sí, estoy listo— toma aliento, mirando con seguridad a su mejor amiga.

La omega alza la prueba a la altura de ambos, que ven el resultado al mismo tiempo.

—¡Lo sabía!— grita Abbey, opacando el lloroso “¡sí!” que emite Louis siendo fuertemente abrazado por ella.

💞

Louis está muy nervioso. Harry puede sentirlo pero no pregunta nada, suponiendo que es por la mudanza, el omega agradece que sea así porque está seguro de que si el alfa le pregunta algo, él soltara su secreto sin más y no quiere que sea así. Lleva todo el trayecto pensando en la mejor manera de darle la noticia de su embarazo a su alfa, sólo se detuvo cuando bajaron a almorzar a la cabaña en Hassall, así que no quiere arruinarlo.

Ha pensado en que sería bueno tal vez hornear algo al llegar a casa. De esa manera no sólo podría anunciarle su embarazo a Harry sino también sería un festejo por la mudanza.

De tanto pensar se queda dormido y ni siquiera siente cuando Harry se detiene en la entrada de su casa, bajando para hacerle señas a los del camión de mudanza que les acompañó. Harry sonríe al mirarlo dormir tan tranquilo en el asiento de copiloto del Mercedes, besa su frente y luego su marca, oliendo su cuello con un suspiro.

—Esposita, llegamos a casa— dice Harry en su oído, sonriendo cuando ve que Louis ni siquiera se inmuta.

Pensando en lo cansado que debe estar su omega por toda la mudanza, no lo despierta. Abre la puerta de la casa, indicándole a los chicos de la mudanza el camino para que empiecen a bajar sus cosas antes de volver al coche y tomar a Louis en brazos, dejándolo en uno de los sofás de la sala antes de ir a supervisar todo, esperando que su omega pueda descansar un poco a pesar del ajetreo.

No son realmente muchas las cosas que trajeron desde Holmes, la mayoría de los muebles del apartamento de Louis se los dejaron al casero como parte del último pago de renta, así que en su mayoría son sólo algunos utensilios de cocina de los que Louis no se quiso deshacer, un librero nuevo que no quiso dejar, varias cajas de libros y otras tantas de ropa, ropa de cama, y otras chuches como él mismo las llamó.

Harry se encuentra en la acera despidiendo a los de la mudanza cuando Louis se despierta. Escuchando a su alfa hablar afuera, estira su espalda y brazos al ponerse de pie y se encamina por un vaso de agua antes de subir las escaleras, dispuesto a continuar con su siesta en su nido.

Un fuerte chillido alerta a Harry cuando entra en casa de nuevo. Sube corriendo las escaleras, asustado al no saber identificar el sonido. Nunca había oído a su omega de esa manera, gritando como si estuviera llorando pero a la vez tan, tan furioso. La mente de Harry corre a mil mientras se apresura a llegar junto a su compañero, el alfa respira rápidamente para cuando abre la puerta de su habitación, con los ojos muy abiertos en pánico.

—Omega, ¿qué sucede? ¿Qué pasa?— pregunta alarmado, recorriendo con la mirada rápidamente a Louis en busca de algún signo de dolor.

Sin embargo nada ha lastimado a Louis, aparentemente, aunque su bonito rostro está transformado por la furia y sus ojos brillan por las lágrimas contenidas. Gruñendo con enojo, Louis tiene los brazos en jarras y mira a Harry como si fuese el único culpable de lo que sea que lo esté molestando. Harry está tan perdido.

—¡¿Dónde está mi nido, alfa?!— pregunta molesto, señalando con la barbilla la cama acomodada al centro de la habitación y con sabanas prolijas, luciendo tan impersonal como una cama de hotel, otra vez—. ¿Por qué lo han deshecho sin mi permiso, hm? ¡Estoy seguro de que fue esa beta que limpiaba antes!— exclama furioso, alzando las manos al aire con dramatismo y señalando la cama—. ¿Es que no sabe que no debe de tocar el nido de un omega o qué?— gruñe, mirando de nuevo a Harry que está pasmado y en silencio, sin saber qué hacer ante tal situación. Eso es algo que al parecer no le parece bien a Louis, que explota de nuevo—. ¡Pero di algo, alfa! ¡Llámala y pregúntale porque lo hizo!— exige, pero entonces con una sonrisa siniestra, pide—. No, mejor, ¡dile que ya no vuelva aquí! Es mi casa, yo me encargo de ella ahora— resopla, cruzando los brazos de nuevo.

—Yo…— balbucea Harry, parpadeando con asombro. Nunca había visto a Louis así de molesto, aunque debe de reconocer que los últimos días el humor de su omega ha sido algo susceptible, Harry ha estado suponiendo que se debe al celo pasado del menor sumado a todo el estrés de la mudanza, aunque ahora se pregunta si no estará equivocado—. Omega, lo siento. No tenía idea de que Joan vendría a limpiar de nuevo, o le habría pedido que no moviera nada de la habitación— se disculpa torpemente.

—Pero por supuesto que es culpa tuya por no decirle— Louis bufa, poniendo los ojos en blanco—. ¿Pero es que ella no pudo sumar dos más dos o qué? Incluso si no le dijiste, ¡todo mundo sabe que los nidos no se tocan por nadie más que el omega que lo hizo!— gruñe.

Harry se acerca a Louis despacio, sinceramente con miedo de que su omega le dé algún manotazo. Sin embargo Louis sólo lo ve con molestia, con los brazos fuertemente cruzados sobre el pecho que no baja ni siquiera cuando Harry llega a él y le da un abrazo.

—Lo lamento, omega— comienza, acomodando los mechones de cabello desordenados por su siesta—. Te prometo que hablare con Joan, y te ayudaré a hacer un nido nuevo y mejor— promete, besándole la nariz fruncida en molestia—. Será incluso más bonito que el que habíamos hecho en Holmes— asegura sin dudar.

—Más te vale que así sea, alfa, porque es el nido donde irá creciendo tu cachorro en mi vientre— anuncia Louis sin poder guardarlo más, dejando de lado su molestia por el amor y la ternura que le causa su alfa tratando de contentarlo.

Louis se ríe travieso cuando ve a Harry procesar las palabras. Da un gritito a la par del grito jubiloso de Harry cuando lo levanta del piso, envolviéndolo en sus brazos con fuerza.

—¿Estás embarazado? ¿Ya?— pregunta Harry emocionado para confirmar.

—Me hice una prueba ayer, tengo cuatro semanas— confirma Louis feliz.

Harry lo besa con ganas luego de eso, y su beso transmite tanto anhelo y felicidad que Louis no puede evitar lagrimear un poco, feliz de haber hecho así de feliz a Harry.

—Vamos a hacer el mejor nido para mis cachorros— anuncia Harry feliz cuando se separan, mirando con adoración a Louis que se ríe de sus palabras—. Te amo tanto, cachorro. Gracias por esto, no tienes idea de lo feliz que me haces. Te prometo que seré el mejor padre para nuestro bebé, y el mejor alfa para ti— promete solemnemente con su voz cargada de emoción.

—Ya lo eres, alfa— sonríe Louis, besando sus labios otra vez suavemente—. Te amo también.

Felizmente se ponen a sacar la ropa de cama que trajo Louis de Holmes y otras del armario de la habitación, dispuestos a hacer su nido en ese mismo momento. Harry mueve los muebles, llevando la cama a un rincón cercano al balcón de la habitación por petición de Louis.

El instinto protector de ambos está en funcionamiento mientras elaboran el nido. Louis buscando que sea lo mejor para su cachorro y Harry buscando que sea lo mejor para su pequeña familia. Cuando terminan han hecho un nido mucho más grande que el primero que hizo Louis y que el que ambos hicieron en Holmes. Las cobijas de colores pastel de Louis más las oscuras que guardaba Harry contrastan perfectamente, dándole encanto a la habitación de tonos dorados y cafés. Ambos sonríen orgullosos viendo su trabajo.

—¿Te gusta, esposita?— pregunta Harry melosamente, abrazando por la espalda a Louis mientras observan críticamente el nido. Louis arruga la nariz ante el termino, haciendo sonreír a Harry que lame antes de besar su marca de unión, disfrutando de la manera en que Louis se estremece ante eso—. ¿Por qué no le ponemos nuestro olor, hm? ¿O quieres ducharte antes?

—Quiero ducharme— asiente Louis, girando entre sus brazos—. Tú también hazlo, no quiero olores de fuera en mi nido— exige, pensando en los chicos de la mudanza que interactuaron con su compañero.

—Como usted ordene, mi linda esposa— sonríe Harry, besando sus labios castamente aunque Louis ruede sus bonitos ojos haciéndole reír.

Se duchan juntos aunque rápidamente, ansiosos por llegar a su nuevo nido y perfumarlo juntos.

Harry seca el pequeño y curvilíneo cuerpo de su omega al salir de la ducha, prestando especial atención a su vientre. Incluso si aún está plano, ahí está ahora su cachorro y él no podría estar más feliz. Reparte besos amorosos en la piel de caramelo, olfateándola en busca de algún aroma. Sabe que es demasiado pronto para que lo encuentre, sin embargo no se molesta al sólo encontrar el delicioso aroma de manzanas con caramelo de su hermoso compañero tan risueño.

—¿Por qué no me llevas ya a nuestro nido y me haces un nudo, hm?— pregunta Louis, soltando una risita ante la rima inevitable. Acaricia los cabellos húmedos de su compañero, tirando con suavidad de ellos cuando comienza a sentirse afectado por los besos de mariposa en su vientre plano—. Te necesito, alfa— inhala su deseo, sintiéndose mareado.

Incluso si es pronto para que Harry encuentre el olor del embarazo en Louis, eso no significa que el omega no sienta ya varios de los síntomas de éste, como la alteración de hormonas que lo hacen prenderse cuál fosforo ante las más suaves caricias de su compañero. Aunque no es que eso moleste al alfa, si se puede decir por la rapidez con la que se pone de pie y toma en un beso ardiente a Louis, tomándolo por los muslos para elevarlo y así cargarlo hasta la cama.

—Voy a disfrutar tanto de tus hormonas alborotadas— se ríe Harry, más hay un rastro de incredulidad asombrada en su voz que a su vez hace reír a Louis.

—Espero pienses eso cuando te exija cumplir otros antojos o cuando me enoje por la más mínima cosa— se burla Louis, ayudándole a apartar las cortinas de su nido y soltando un suspiro cuando Harry lo deja caer suavemente en la acolchada superficie de su creación.

—Bueno, lo de hace rato fue realmente caliente— admite Harry, subiéndose encima de Louis para cubrirlo parcialmente con su peso. Su polla semidura desde antes de entrar en la ducha habla por él—. Voy a follar cada molestia fuera de ti— promete con voz ronca, inclinándose a lamer su marca.

—Eso suena divertido— responde Louis con voz entrecortada por un gemido cuando Harry succiona sobre su marca, apretando sus muslos para abrir aún más sus piernas y presionar su polla ahora dura contra él, que al toque suelta una ola de lubricante, preparándose para la pronta intromisión.

Harry no dice nada a eso, demasiado ocupado en reclamar su cuello y clavículas con pequeños mordiscos de amor, presionándose contra la humedad de su compañero en un suave vaivén. Para cuando sube a los labios de su alterado omega, lleva sus dedos a su agujero ansioso, jugueteando con él mientras reclama la boca de Louis.

—Mi esposita perfecta— tararea, introduciendo sin dificultad un primer dedo que hace resoplar a Louis. Harry se divierte ante eso, sabiendo que tal resoplido se debe más al termino que ha utilizado. Louis se ha quejado de eso cada vez desde que Harry comenzó a usarlo desde que se enlazaron, sin embargo el alfa sabe lo mucho que a su omega le gusta aunque se esfuerce en hacer creer lo contrario—. Joder, amor, eres tan precioso.

—No hables y dame otro— demanda Louis, haciéndole reír.

—Todo lo que tú me pidas, omega— cumple agregando otro dedo, tomándose en serio su trabajo para dilatarlo.

Su excitación conjunta altera sus feromonas volviéndolas más intensas, su aroma penetrándose en cada cobija componente de su nido, perfumándolo a la perfección con el olor natural de los dos. Harry vuelve a besar a Louis, distrayéndolo cuando inserta un tercer dedo en él. Louis arquea su espalda, gimiendo y ondeando sus caderas al encuentro de los dedos de su alfa.

—Por favor— pide Louis entre el beso, abriendo lo más que puede sus piernas.

No sabe que pide con exactitud, pero Harry si parece saberlo porque mueve más rápido sus dedos, llevándolos en la dirección correcta cada vez dando con su próstata. Louis prácticamente aúlla ante eso, poniéndose frenético. La cantidad de su lubricante aumenta y podría comenzar a lamentarse por desordenar su recién hecho nido pero Harry lo facilita todo, previniendo el desastre al alejarse de su boca para agacharse y perderse entre sus muslos, haciendo gritar a Louis cuando suma su boca a sus dedos, tomándolo todo.

—Estoy listo, e-estoy listo alfa, por f-favor— dice entre gemidos, arqueándose en la cama y tirando de sus cabellos ante el asalto enloquecedor. Grita cuando se viene sin previo aviso, jadeando cuando Harry no lo deja de comer a pesar de ello—. ¡A-Alfa!

Harry se vuelve implacable, demostrando su dominio cuando los mueve con facilidad sin darle tregua a Louis, sentándose y llevándolo a su regazo, presionándolo contra su polla resbaladiza y dura.

—Vas a montarme como la buena esposita que eres, ¿de acuerdo?— gruñe, ayudándolo únicamente al entrar en él, siendo fácil por la preparación anterior.

Louis asiente sin dudar, llevando sus manos a sus hombros para apoyarse de ahí. Sólo se toma unos segundos para acostumbrarse al tamaño de la polla de su alfa, que lo estira aún más de lo que sus dedos ya lo hicieron. Es un poco doloroso, pero Louis disfruta de la sensación de sentirse estirar alrededor de su alfa que aprieta sus caderas, reclamando su cuello fácilmente gracias a la posición. El omega jadea y gime cuando su alfa presta especial atención a su marca de unión, es algo que lo incentiva a moverse con más rapidez, empezando a rebotar sobre el regazo del mayor.

—Me tomas tan bien, cariño— alaba Harry, empezando a ayudarlo con sus saltos al sentir como comienzan a temblarle las piernas. Louis presiona su frente contra su hombro, salivando de gozo; él solloza de placer cuando Harry aumenta aún más su ritmo, taladrando su punto—. No puedo creer que lleves a mi bebé— gruñe Harry en su placer, llevando una mano a su vientre y sonriendo cuando siente sobresalir su polla—. Pronto no podremos hacer esto— se lamenta con un puchero que Louis borra con un beso desordenado.

—Nos las ingeniaremos de otras maneras— promete, su voz rompiéndose con un sollozo.

Harry parece adivinar lo pronto que está por correrse, porque tomándolo con fuerza de las caderas los mantiene unidos cuando rápidamente cambia de posición, dejando a Louis sobre su espalda mientras que él se mantiene de rodillas entre sus piernas, elevando éstas para afianzarlas en sus caderas y moverse con crudeza.

Louis es definitivamente un desastre húmedo ahora, lloriqueando de placer y salivando sin control mientras es empujado con cada fuerte embiste de su alfa. Ni siquiera tiene que tocar su pequeña y olvidada polla para correrse una segunda vez, siendo suficiente con la manera implacable en que Harry apunta a su próstata con cada embestida. Se aprieta con fuerza alrededor de la polla de su alfa al venirse, gritando en su placer el nombre de su alfa que gruñendo vuelve a morderlo, sintiendo su explosión.

El nudo de Harry los atrapa entonces, mientras Louis llora de placer exponiendo su cuello a su alfa que lame la herida recién abierta, gruñendo mientras se siente expulsar dentro de su compañero satisfecho. Harry acaricia las piernas de Louis mientras las baja y los acomoda, tomando al pequeño entre sus brazos y girándolos de costado. Louis rápidamente echa una pierna sobre las de Harry, buscando su comodidad mientras están unidos por el nudo del mayor que empieza a acariciar la espalda de Louis en círculos.

—Gracias, omega— suspira Harry, escondiéndose en el cuello de Louis e inhalando su aroma, disfrutando al encontrar el suyo tan bien mezclado.

—¿Por qué, alfa?— inquiere Louis y Harry sonríe al escucharlo tan somnoliento.

El sol apenas comienza a esconderse, pero luego de un viaje en carretera, de ser follado tan bien y por fin alejado del estrés de una mudanza, Louis está más que listo para dormirse. A Harry no le sorprende nada, así que busca su rostro suave para verlo a los ojos antes de que estos inevitablemente se cierren por el sueño. Acaricia el rostro de su omega con ternura, acunando su mejilla para darle un suave beso en los labios que procura ser tierno.

Harry se toma su tiempo para besarlo, disfrutando de su boca dulce y de la intimidad de estar unidos por su nudo en el nido que han hecho para que Louis, su perfecto y bello omega, geste a su cachorro. Es el alfa más afortunado.

—Por amarme y darme todo lo que creía que no merecía pero tanto necesitaba— dice suavemente al separarse, con una sonrisa deslumbrante.

—No tienes nada que agradecer, es un placer— sonríe Louis ampliamente, riendo por la formalidad de sus propias palabras y contagiando a Harry con su bonita risa.

No toma mucho más tiempo luego de eso para que Louis viaje esta vez al país de los sueños, siendo arropado por los brazos amorosos de Harry que se mantiene dentro de él incluso cuando el nudo baja, disfrutando de estar unido a su compañero de esa manera tan natural.

Pero Harry no puede dormirse con la facilidad de Louis aunque él mismo se siente cansado por haber manejado a la ciudad y además haber ayudado a bajar las cosas del camión. Sabe que hasta el día siguiente se preocuparan por comenzar a desempacar todo, y sabe que tomara al menos una semana antes de que Louis empiece a con la planeación de su nuevo negocio, también sabe que los próximos meses muchas cosas van a cambiar y son esos pensamientos lo que lo hacen permanecer despierto, mirando con amor a su compañero durmiente, aún sin poder creerse toda su fortuna.

Hace dos meses, cuando llego a Holmes, iba como un alfa solitario que tan sólo buscaba descansar de su sobrecarga de trabajo autoimpuesta gracias a su deprimente soledad. Jamás creyó que al llegar a casa de su hermana toda su vida cambiaria al conocer al amor de su existencia, sin embargo aquí está ahora, a escasos días de cumplir cuarenta y tres años, con su dulce esposita entre sus brazos, acunando el vientre aún plano que alberga a su primogénito y siendo más feliz de lo que nunca creyó que fuera posible.

Besando la marca que ha dejado para siempre en su omega, se siente orgulloso por todo lo que ha obtenido en tan poco tiempo. El futuro luce brillante para sus ojos y él está ansioso por vivirlo todo con su compañero.

—Gracias por aceptar ser la esposita perfecta de un alfa aristocrático— Harry habla con voz baja, sonriendo divertido ante el recuerdo de aquella primera charla seria con su compañero que juraba no querer eso—. Me has salvado de una vida amargada entre las paredes de mi aburrido trabajo— admite sin perder la sonrisa, observando con fascinación el rostro hermoso y tranquilo de su omega—. Me lo has dado todo ahora, omega. Y yo te daré una vida demostrándote lo agradecido y orgulloso que estoy por ser tuyo, para siempre— promete, dejando otro beso en su marca.

Abrazando a su perfecta esposa, cierra los ojos en busca del sueño que llega fácilmente, con sueños preciosos sobre un futuro con su dulce compañero y todos los cachorros que espera quiera tener.

La vida puede ser buena.