It's bittersweet, black on gold

Summary

(Donde Louis, después de un difícil embarazo y parto, sufre de depresión postparto y debe lidiar con la culpa de sentir que no quiere a su bebé y de observar cómo el matrimonio que tanto había atesorado, poco a poco se derrumba. Eso hasta que su esposo decide pedir ayuda profesional.) Este OS pertenece al LOUMMY FIC FEST 2022. No se aceptan traducciones ni adaptaciones.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

It's bittersweet, black on gold

—Eres el bebé más esperado y amado de todos, bichito— Louis sonríe al escuchar las palabras de su esposo, sintiendo su aliento tibio contra la piel estirada de su vientre. Harry acaricia su enorme barriga con ambas manos, elevando su rostro para verlo con una hermosa sonrisa que muestra los hoyuelos de sus mejillas, esos que Louis desea que su hijo herede—. He estado pensando en algunos nombres, ¿te gusta Sebastián?— pregunta Harry un poco tímido.

—Creo que suena bien, amor— asiente Louis, llevando sus delgadas manos al cabello de Harry, enredando sus dedos entre los rizos chocolates—. Yo he estado pensado en algunos también. Tal vez podríamos hacer una lista, y cuando lo tengamos con nosotros decidimos— sonríe.

—Es una buena idea, precioso— responde Harry, dejando un beso sobre su barriga, dispuesto a seguir hablando con su bebé como hace cada tarde al llegar del trabajo—. Ya quiero tenerte con nosotros, pequeño. Quiero cargarte y llenarte de besos, sé que serás el bebé más hermoso de todos porque tu madre es el más hermoso de todos— esas palabras hacen reír a Louis, que se sonroja cuando su esposo voltea a verlo rápidamente para guiñarle un ojo—. No tienes idea de lo maravilloso que es tu mami, es la persona más sorprendente del mundo— las lágrimas pican tras los ojos de Louis al oír a Harry hablándole a su vientre, contándole a su bebé sobre él—. Lo amo tanto, bichito. Desde que lo conocí, sabía que iba a formar una hermosa familia con él. No hay nadie más que quisiera para madre de mis hijos, cuando crezcas sabrás de que hablo, porque será asombroso contigo. Vas a amarlo, pequeño. Tendrás la mejor madre del mundo, tus compañeritos en la escuela envidiaran que tengas una mamá inteligente, amoroso y tan, tan hermoso— Louis solloza con esas palabras, alejando una de sus manos del cabello de su esposo sólo para secarse las lágrimas, haciendo que Harry voltee a verlo con una tierna sonrisa—. Te amo tanto, Louis Styles. Gracias por todo lo que me das, mi amor.

Louis sonríe ampliamente entre sus lágrimas, suspirando de felicidad cuando Harry vuelve a besar su vientre, susurrando dulces palabras a su bebé mientras la mente de él divaga, pensando en su vida tan maravillosa.

Cuando Louis Tomlinson descubrió a los dieciséis años que era del 3% de la población masculina que podía concebir hijos, inmediatamente empezó a soñar con el momento en que encontraría al hombre ideal para formar una bonita familia. Con unos padres amorosos apoyando todos sus pasos, fue fácil crecer con esos sueños. Tenía un don perfecto que le había regalado la vida, sólo necesitaba construir unas bases solidas para su futura familia y, claro, encontrar a su príncipe azul.

Decidiendo centrarse primeramente en sus estudios, buscando ser uno de los mejores diseñadores de moda y asesores de imagen personal de Londres, Louis no se tomo en serio su búsqueda del príncipe azul hasta que terminó su carrera universitaria a los veintidós años. Claro que él había salido con algunas personas en su adolescencia, pero nunca tuvo una relación real, siempre demasiado centrado en sus estudios. Fue algo bueno realmente, porque de cualquier modo ninguna persona se había sentido correcta para algo tan importante. Le habían gustado algunos chicos, sin embargo nunca sintió nada ni remotamente cercano a su propio concepto de amor, así que estudiar y convertirse en el más joven y mejor diseñador y asesor de imagen de Londres fue fácil, tal vez demasiado.

Pero es que la vida de Louis no ha sido nada menos que perfecta, siempre. Por eso cuando conoció a Harry, Louis estuvo seguro de que su vida seguiría siendo perfectamente maravillosa. Y así lo fue, de verdad.

Harry Styles llegó a la vida de Louis a sus veinticuatro años, pidiendo su asesoría de imagen como si no fuese un absoluto dios griego –o la fantasía de cualquiera–. Como el recién nombrado CEO de la más grande empresa de seguridad privada de toda Inglaterra, el hombre de veintinueve años buscaba dar una mejor impresión a todas las personas de alto rango con quienes comenzaría a relacionarse, de esa manera termino encontrando a Louis.

Lo de Harry y Louis podría considerarse amor a primera vista, ya que fue evidente para todo el mundo que al verse quedaron prendados el uno del otro. Sin embargo, casi siete años después, ambos saben que su amor ha sido más que eso. Aun así, con la belleza despampanante de los dos –Louis con su cabello castaño muy lacio y suave, de ojos azules como el cielo primaveral, pómulos afilados en un rostro angelical de labios delgados muy rosados todo en un empaque pequeño y curvilíneo de piel acaramelada de porcelana; Harry de rizos color chocolate, con los ojos más verdes que cualquier bosque inglés, su rostro masculino de facciones duras y angulosas con una nariz griega y labios gruesos, en un cuerpo fuerte de hombros anchos y espalda musculosa, atlético y en forma con piel lechosa y unos hoyuelos infantiles que enamorarían a cualquier criatura– fácilmente se volvieron una de las parejas favoritas de la prensa local de Londres, que siguió cada paso de su relación.

Durante el primer año de conocerse, Harry y Louis forjaron una estrecha amistad. Aunque ambos estaban seguros de querer entablar una relación para toda la vida con el otro, el reciente ascenso de Harry les orillo a tomarlo todo con calma. La falta de tiempo del rizado por su nueva agenda de trabajo fue uno de los motivos para que iniciaran su relación con pequeñas citas que eran distantes por semanas unas de otras hasta que Harry cambio nuevamente su agenda, haciendo todo el espacio posible para mirar más tiempo a Louis, hasta que sus citas en restaurantes y zonas públicas de interés común mutaron a acogedoras citas en casa –a veces casa era el apartamento de Louis y otras veces el apartamento de Harry– para ver películas y cenar comida preparada por ambos o pedida a domicilio y terminando con ellos acurrucados y durmiendo, o compartiendo acaloradamente la cama.

Luego de convertirse en novios –hecho que fue anunciado por la prensa cuando en un evento de moda al que fue invitado Louis se vio a Harry en el sitio, y no precisamente porque su empresa fuera la encargada de brindar toda la seguridad del evento sino porque acompañaba al lacio castaño, ambos confirmaron entre risitas y besos ebrios estar en una relación– Louis compartió a Harry sus sueños sobre formar una familia. Con casi dos años de conocerse y ya varios meses de una bonita relación, Louis quería estar seguro de compartir la misma página con Harry. Su rizado le demostró estarlo no sólo al hablar con él seriamente sobre sus sueños, sino proponiéndole matrimonio al cumplir un año de noviazgo.

Su boda se realizo por todo lo alto ocho meses después de la propuesta flagrante de Harry, en una bonita hacienda a las afueras de Londres entre el bosque. Luego de su boda y de una luna de miel de un mes recorriendo Grecia, comenzaron su vida de casados en una bonita casa comprada por ambos en uno de los barrios más seguros de Londres.

No fue hasta sus casi tres años de feliz matrimonio que Louis y Harry tomaron la decisión de sumar un nuevo y pequeño miembro a su ya perfecta familia de dos. Fue una decisión muy meditada, en la que se tomaron en cuenta pros y contras de su vida actual, y que les llevo algunas semanas tomar, sin embargo una vez que decidieron hacerlo no hubo pareja en la ciudad más feliz.

Queriendo hacer todo bien, ambos fueron al médico y se sometieron a diferentes estudios que les aseguraron su completa salud y bienestar para formar una nueva vida. Louis dejo los anticonceptivos que había estado tomando por algunos años, ambos mejoraron su alimentación y sencillamente se pusieron manos a la obra, con toda su buena práctica.

Batallaron algunos meses, pero en la víspera de su tercer aniversario de bodas Louis sorprendió a Harry cuando, entre sus regalos de aniversario, le obsequio unas pequeñas botas amarillas de estambre. Siete meses después, Louis aún puede recordar con una sonrisa las lágrimas de su esposo cuando miro el pequeño par al abrir una pequeña caja que él creyó guardaría alguna corbata.

Volviendo al presente, después de tres años y ocho meses de matrimonio, Louis cree que su vida es perfecta, incluso si tiene ya varias semanas en cama, con su barriga creciendo cada vez más al igual que la hinchazón de sus pies.

A las veintiún semanas de gestación, su bebé no sólo dejo saber que sería un precioso niño sino también su médico le detectó varios síntomas de preeclampsia por lo que le recomendaron mayor reposo al tiempo que le mandaron hacer algunos análisis. Sólo una semana después del diagnostico del Dr. Michael, Louis volvió al hospital entre lágrimas y acompañado de un Harry histérico; había tenido un pequeño desmayó en casa, mientras caminaba de la cama al baño, y habían detectado una pequeña mancha de sangre en sus bragas blancas de algodón.

Desprendimiento de placenta, fue lo que dijo Michael. A Louis todavía lo recorre el miedo cada vez que piensa en ello.

Ahora su cama es su segundo hogar y tiene una dieta rigurosa y estricta. Su esposo se ha vuelto aún más cuidadoso con él, Louis diría más bien paranoico; cuando Harry no está en casa, que es normalmente durante las mañanas, una enfermera viene a casa para cuidarlo por órdenes de Harry. Louis sabe que es enfermera porque Rosemary se lo confesó a los pocos días de trabajar para ellos, el menor sólo pudo rodar los ojos ante la información habiendo sospechado desde que Harry la había presentado como una nueva cocinera para su hogar.

No es que Louis pueda quejarse de la sobreprotección de su esposo, no cuando él mismo está tan temeroso porque le pase algo a su bebito. Aunque odie pasarse el día tirado en cama, saliendo en compañía de Rosemary por pequeños baños de sol que resultan tan cortos que Louis ni siquiera puede saborearlo, comiendo tan saludable cuando todo lo que quiere es una grasosa hamburguesa o una pizza rebosante de queso, bueno, Louis lo hará todo sólo por mantener bien a su niño.

Lo cierto es que, incluso si su vida siempre ha sido perfecta, Louis ahora tiene miedo de que eso cambie. Sabe lo peligroso de su condición, y nada lo preparo para esto. Cuando planeaba su embarazo con su esposo, meses atrás, nunca imagino que las cosas se podrían complicar. Ahora nada es como él lo hubiera esperado y querido.

Actualmente el miedo está presente en un rincón de su corazón, susurrando en su mente diferentes escenarios a futuro y Louis sabe que, sea lo que sea que le depare el día de su parto, él no podrá escapar. Suena fatalista y trata de pensar de manera más positiva, acariciando su vientre y hablando dulcemente a su bebé, pero el miedo ha llegado a su vida y no parece querer irse pronto. Sus pensamientos sólo se vuelven peores ahora que faltan semanas para su cesárea.

—Hey amor— Harry llama su atención con una sonrisa, ajeno a los pensamientos que lo embargan pero logrando alejarlo con éxito de su bruma cada día más fatalista—, ¿quieres que te dé un masaje de pies?— sugiere coqueto, haciéndole reír.

—Sólo si también me vas a poner aceite de almendras en mis estrías— pide con un puchero.

🧸

—¿Ya sabes que nombre le van a poner?— le pregunta su mejor amigo Niall, acurrucado junto a él en uno de los sofás del salón, acariciando su panza suavemente mientras se supone que ven un reality show.

Louis tararea, encogiéndose de hombros. Él y su esposo han pensado en muchos nombres, pero a pesar de la pequeña lista que ya han hecho siguen esperando a conocer a su bebé para darle uno. Tal vez su mejor amigo, a quien conoce desde la secundaria, pueda ayudarle a decidir también así como él le ayudo a elegir el nombre de su pequeña hija de tres años, Valerie.

—Tenemos varios nombres, pero todavía no hemos decidido— le sonríe a Niall, palmeando su mano suavemente—. Llévame a la cocina por un trozo de ese pastel saludable que hizo Rosemary, en el refri tenemos pegada la lista, puedes ayudarnos a acortarla un poco, ¿eh?— pregunta, escondiendo una mueca de dolor en una sonrisa.

Las patadas de su bebé se han vuelto más frecuentes y ha tenido unas pequeñas contracciones está mañana muy temprano, aunque Rosemary dijo que estaba bien. Son las famosas Braxton Hicks, sólo es su útero preparándose para tener a su bebé en un par de semanas más, pero han sido jodidamente dolorosas. O tal vez Louis sólo es muy débil, se lo ha preguntado mucho últimamente cada vez que quiere llorar por su condición.

—Bueno, vamos a pararte— responde Niall sonriendo ampliamente sin haber detectado su repentina incomodidad. Se pone de pie antes de levantar a Louis con suavidad, preguntando—. ¿Y Rosemary?

—Debe estar por ahí limpiando algo o preparando algún batido nutritivo y asqueroso, sólo Dios sabe— bufa de mal humor, tan sólo por pensar en dichos batidos, pero su mejor amigo se ríe de eso. Louis contiene un gemido cuando por fin se yergue, sintiendo repentinas ganas de hacer pipí—. Sabes que, primero acompáñame al baño— pide sin evitar sonrojarse, no acostumbrado a tener que pedir ayuda para ir a hacer sus necesidades.

Niall se carcajea, dándole unas palmaditas en la mejilla.

—Querido, durante la high school te ayude tanto a ir al baño estando ebrio que esto no te debería dar vergüenza— le sonríe su querido irlandés, leyendo sus pensamientos como siempre.

Lentamente y con un gran esfuerzo por parte de Louis, logran llegar al baño cercano al salón. Niall abre la puerta para él, acompañándolo al interior sin dificultad. Soltándole la mano, Niall cierra la puerta detrás de ellos mientras Louis se acerca, no sin algo de conflicto, a la taza de baño. Sin embargo, antes de que pueda levantar su flojo camisón de seda azul un jadeo sorprendido de Niall lo detiene.

—¿Qué?— pregunta asustado, buscando en el piso alguna cucaracha o bicho que haya asustado a Niall.

—Lou— la voz de Niall es tan atemorizada que Louis gira su cabeza para mirarlo confundido cuando se corta—. Lou, estás sangrando.

Como si esas palabras fueran un hechizo, hacen que el miedo de Louis se dispare dejándolo en un shock momentáneo que lo vuelve un autómata. Mirando a su mejor amigo con sus ojos brillando de temor, responde en un hilo de voz:

—Quiero hacer pipí.

Niall asiente, como si él estuviera bajo el mismo hechizo. Se acerca a Louis, y el castaño puede notar como las manos de su mejor amigo tiemblan un poco mientras se acercan a sus anchas caderas para subirle el camisón. Le ayuda a bajarse las bragas rosa pastel, y los dos jadean simultáneamente cuando las encuentran manchadas de rojo también.

La visión del intenso color de la sangre lanza la mente de Louis en un frenesí histérico. Vagamente escucha que Niall y Rosemary hablan y gritan al mismo tiempo, y el ruido de la puerta del baño abrirse.

—No creo que sea pipí— dice Niall.

—¡Louis!— grita Rosemary.

Pero Louis no puede responder a ninguno, porque su visión se pone muy blanca, tan brillante, cuando un sudor frío lo recorre completo antes de que todo se vuelva negro.

🧸

Cuando Louis vuelve a abrir los ojos, es sólo un pequeño momento, en el que puede registrar que está dentro de una ambulancia con Niall y Rosemary acompañándolo junto a otras dos personas. Paramédicos, Louis cree.

Registra también el dolor increíble que lo recorre cuando lo sorprende una contracción que interrumpe sus pensamientos. Él no puede seguir pensando si acaso su esposo habrá tenido prevista una ambulancia fuera de su casa para algo así o si Rosemary y Niall tuvieron que esperar a que llegara a su hogar, Louis cree que podría ser más lo primero sin embargo el dolor de las contracciones es tanto que lo distrae.

—¡Duele! ¡Haz algo!— cree que grita por ayuda aunque no sabe a quién, tampoco podría estar seguro porque hay un pinchazo repentino en uno de sus brazos que no había sentido que fuera tomado.

Con el pinchazo viene un alivio repentino que lo devuelve todo al negro.

🧸

Louis no podría estar seguro de que es lo que pasa o hacen con él al llegar al hospital. Vagamente es consciente de los gritos de los médicos y del fuerte olor característico de hospital. Su mente es una neblina confusa, densa y pesada.

Otra cosa de lo que puede ser consciente es de los pinchazos que recibe, aunque ha perdido la cuenta de cuantos son y de dónde los ha recibido. Su cuerpo le es ahora ajeno, hay un dolor que hace que llamas recorran sus venas pero que es a la vez lejano. ¿Realmente es él quien lo está sintiendo o es un espectador del martirio de otro? Su mente está flotando lejos, pero su cuerpo tiene tanto dolor encima de la superficie en la que lo tienen que sabe que hay algo que está mal.

—Quiero a Harry— pide en un sollozo cuando cree que puede ver a Rosemary.

No sabe si tiene una respuesta, porque la anestesia lo sumerge en un extraño delirio.

Sin embargo, aunque Louis no lo sabe, Harry ya se encuentra en el hospital. Y muy histérico, ya que no lo dejan entrar a la sala de parto con él.

Harry se tira de los cabellos con preocupación, caminando de un lado a otro en la recepción del hospital esperando que lo guíen. No sabe a dónde se han llevado a Louis porque llegó después que la ambulancia. No tiene rastro de Rosemary ni de Niall, por lo que tiene que esperar a que la enfermera detrás del ordenador encuentre respuesta.

Eso no es hasta cinco minutos después, cuando llega otra enfermera para guiarlo. El corazón de Harry late frenético, está tan asustado que ni siquiera quiere ni puede imaginar como debe de estar su esposa. La cesaría había estado programada para dentro de veinte días, su niño se ha adelantado bastante. Sabe de antemano que es un parto complicado, pero sólo desea que haya un médico que le diga que tanto.

El pobre futuro padre no sabe si estar agradecido o soltarse a llorar cuando por fin puede hablar con un doctor al llegar a una sala de espera donde encuentra a Niall y a Rosemary.

—Señor Styles, necesito que me acompañe para firmar algunos papeles— le comenta un médico al verlo, guiándolo amablemente a un escritorio alto similar al de la recepción donde estuvo esperando antes. El semblante del hombre es muy serio mientras caminan, alejándose de Niall y Rosemary antes de que Harry pueda hablarles.

—¿Dónde está mi esposa, cómo está?— pregunta con voz temblorosa, su miedo y ansiedad filtrándose en cada palabra.

—Está ahora mismo en el quirófano, siendo atendido por nuestras mejores manos como usted previamente lo solicito— responde el hombre, pero con un suspiro observa fijamente a los ojos a Harry—. Le seré sincero, señor Styles, el parto de su esposo es más riesgoso de lo que teníamos previsto. Sangro bastante antes de llegar aquí y en el camino la fuente reventó, su presión arterial llegó muy elevada y aún estamos trabajando para controlarla.

La presión de Harry hace algo similar con esa información. Siente su vista empañada, y rápidamente se da cuenta que son lágrimas. Tiene tanto miedo por su esposa que quiere llorar.

—¿Qué necesita que firme? Quiero la verdad, creí que ya había firmado todo lo que se tenía que firmar para este momento— pide carraspeando para mantener un buen volumen de voz.

—Es una hoja en la que usted es consciente de los riesgos que pueden ocurrir— responde el médico y ante la mirada interrogativa de Harry, se explica con algo de vergüenza—. Los riesgos podrían ser la muerte de alguno de ellos o incluso de ambos.

—¡¿Qué?!— grita Harry, muy molesto. Una voz dentro de él le dice que lo sabía, se los dijeron a ambos cuando la preeclampsia fue detectada, pero también se supone que por eso tomaron tantas medidas y tantos cuidados, para evitar esto en este momento dado—. ¡Eso no puede ser posible! ¡Tiene que salvar a mi esposa a toda costa!— su voz está llena de espanto, un miedo tan profundo que no es consciente cuando las lágrimas escapan de sus ojos—. No me importa que suceda allá adentro, tienen que salvarlo. No puedo vivir sin mi Louis, ¡¿lo entiende?!

Rosemary se acerca a ellos en ese momento, tomando del brazo amablemente a Harry y mirándolo con una mirada de simpatía y conocimiento. Hay lastima y pena también en su mirada, pero Harry trata de no concentrarse en eso ni en el profundo llanto que sacude a Niall a unos metros de ellos, encogido en un sillón.

—Rose, dile que tiene que salvar a Louis— balbucea al verla, con una voz tan frágil como la de un niño herido.

—Tiene que firmar los papeles que le piden, señor Styles, no podemos hacer esperar más al doctor— le habla Rosemary tranquilamente, mirando al médico en un pedido silencioso—. Ellos van a salvar al señor Louis, saben que hacer ahora. Nosotros tenemos que esperar, su madre y la señora Tomlinson están en camino con el resto de su familia.

Con el corazón dividido, y con un miedo increíble recorriendo su torrente sanguíneo, firma los papeles que el médico le da siendo lo más firme que puede mientras repite, en una súplica:

—Haga que mi esposa salga bien de ahí, los dos por favor, pero más Louis.

Sabe que Louis estaría muy molesto si lo escuchara elegir su vida por encima de la vida de su pequeño bebé, sin embargo Harry no puede preocuparse por ello en este momento. Ama a su hijo sin conocerlo, lo hace realmente, pero el amor que siente por su esposa es tanto que Harry sabe que no podría vivir sin él. Sería nada sin su precioso ojiazul, su dulce amor.

—Salven a Louis— solloza.

🧸

El tiempo pasa lentamente para Harry en la sala de espera, en una tortura silenciosa. Niall está cerca junto a su esposo, Zayn. Johannah y Mark han llegado también, al igual que sus padres. Rosemary se ha ido a la residencia Tomlinson para cuidar de las hermanas menores de Louis, que en casa esperan con la misma ansia que se sepa algo del castaño.

Aunque el aire que se respira en la sala es de pura ansiedad y todos tienen semblantes serios, desesperados, nadie la está pasando tan mal como Harry. Sentado solo en un sofá, pegado a la puerta por donde miró irse al doctor, tiene la cabeza gacha con sus rizos enredados entre sus dedos, tira de ellos con desespero mientras que su labio inferior está siendo machacado entre sus dientes. Su corazón late con miedo y por más que ha querido, no ha podido reprimir por más tiempo las lágrimas. Nadie se ha atrevido a acercarse, respetando su sentir. Ni siquiera Johannah, que parece pasarlo similar.

Harry trata de pensar positivo, pero cada vez que su mente vaga hacía lo que podría estar pasando en el quirófano comienza a hiperventilar. Él salta de su asiento cuando una mujer vestida de pies a cabeza con un traje quirúrgico color menta sale por las puertas que tanto custodia.

—¿Familiares de Louis Styles-Tomlinson?— pregunta con voz cansada, retirándose el gorro de la cabeza.

—Yo soy su esposo— se apresura a responder, mirándola expectante.

—Señor, su esposo actualmente sigue siendo atendido pero se encuentra ya fuera de peligro— las palabras de la doctora le hacen respirar mejor—. Su hija ha sido pasada al área neonatal, puede verla ahora mismo si lo desea.

—¿Hija?— pregunta desconcertado, y toda la familia detrás de él hacen diferentes exclamaciones de sorpresa—. Creí que tendríamos un niño.

—Muchas veces los padres terminan llevándose esta sorpresa— sonríe la mujer con calma, palmeando su espalda—. Su hija ha pesado tres kilos exactos y mide cuarenta y cuatro centímetros, es una niña hermosa y saludable. Al parecer los ultrasonidos no son lo único que pudo engañarlos con su bebé, ya que según parece su esposo tenía más tiempo de gestación del creído, aproximadamente ya los nueve meses.

—Eso es un alivio— exclama Johannah, parándose detrás de Harry para oír las noticias de su hijo—. ¿Falta mucho para que mi hijo esté en un cuarto de descanso?— quiere saber.

—Una vez termine la transfusión de sangre y hayan terminado de coser su cesárea será trasladado a piso— le informa con paciencia, luego dirige su vista de vuelta a Harry—. Puede acompañarme si quiere ver a su hija, una vez que su esposo esté en reposo podrá pasar a verlo, aunque permanecerá dormido por la anestesia.

—Anda Harry, ve a ver a tu bebé— le anima Johannah con una sonrisa.

—De acuerdo, sí— asiente Harry y por primera vez en lo que le ha parecido una eternidad, aunque sólo fueron casi cinco horas, se permite sonreír.

🧸

De lo primero que es consciente Louis cuando despierta, es del arrasador dolor que envuelve a su cuerpo. En una escala del uno al diez, Louis puede decir que su cuerpo se encuentra probablemente en un nueve en la escala de dolor. Decir que siente como si un camión lo hubiera arrollado ni siquiera podría acercarse. Cada centímetro de su ser duele de la peor manera, siente sus músculos en fuego como si su temperatura sobrepasara los cuarenta grados pero a la vez es consciente del frío en la habitación que lo ha despertado.

No abre los ojos de inmediato, tratando de poner orden en su cabeza mientras hace un repaso de las partes que más le duelen sólo para darse cuenta de que lo que más le duele es el vacío que siente en el pecho cuando se da cuenta que ya no tiene a su bebé en su vientre.

Ha dado a luz y ni siquiera puede recordar cómo fue.

Siente en su espalda un pinchazo que le recuerda la epidural. Su mente está llena de imágenes vagas y muy poco claras de su paso por el quirófano. Un nudo se forma en su garganta cuando se da cuenta que, por más que se esfuerza, no recuerda el nacimiento de su hijo. Trata de hacer memoria, su cabeza comienza a palpitar de lo mucho que trata de recordar, pero no puede evocar el momento en que su bebé llegó ni su llanto aunque su cuerpo tiene memoria de la dolorosa cesárea.

No sabe en que momento comienza a sollozar, acostado de costado en la incomoda cama de hospital, pero se sorprende un poco cuando siente la familiar mano de su esposo en su cadera y su presencia inclinándose hacía él.

—¿Cariño? Lou, ¿qué pasa, amor?— le habla suavemente, acariciando su cabello y echándolo hacia atrás para besar su sien con ternura—. ¿Bebé, por qué lloras?

—M-me d-duele— balbucea llorosamente, evitando moverse a toda costa para no sentir más dolor.

—Shh bebé— le arrulla Harry, y Louis puede sentirlo mover su mano por encima de sus almohadas para apretar un botón, llamando a algún enfermero—. Tranquilo, ahora viene alguien a revisarte y darte algo para el dolor, ¿sí?— le tranquiliza con dulces besos en su cabeza—. Tuviste un parto complicado, mi amor, pero fuiste tan valiente. No puedo creer que estés aquí conmigo— la voz de Harry trastabilla al final.

Louis se permite mover su cabeza, buscando con su mirada a su esposo. Se encuentra con los ojos verdes de su marido, rojos e hinchados por lo que sólo podrían ser lágrimas. Harry parece cansado pero su mirada sin duda luce aliviada, cómo alguien que estuvo sufriendo para luego ser recompensado por un maravilloso tesoro. Se pregunta que tan complicado fue su parto para que su marido luzca así.

—No recuerdo mucho pero me duele todo— murmura con el nudo en su garganta que parece permanente ahora.

—Es mejor que no lo recuerdes, bebé. Estuviste muy grave, perdiste mucha sangre y la cesárea se complico por tu presión tan alta, estuviste a punto de dejarme— la tristeza cruza la mirada de Harry cuando dice eso.

No puede responder nada ante eso porque tocan la puerta de la habitación antes de que se abra lentamente, dejando a la vista a una mujer de cabello azabache con una bata médica y detrás de ella a un enfermero.

—Con permiso, señores Styles— sonríe la doctora, adentrándose a la habitación—. Buenos días, Louis, soy la doctora Sloane. Yo atendí tu alumbramiento junto al doctor Michael. Voy a revisarte, ¿está bien?

—¿Dónde está Michael?— no puede evitar preguntar, pese a ello asiente cuando el enfermero se acerca a él para ayudarlo a acomodarse en la cama. Gimotea ante el dolor, pero el chico es rápido y suave en su tacto, evitando que se mueva más de lo debido y dejándolo sentado con su espalda acomodada entre las almohadas.

—Él se fue a descansar, estuvo a cargo de ti toda la noche desde que saliste de quirófano y toda la madrugada para revisar tu evolución— responde Sloane, acercándose también—. Dime, ¿cómo te sientes?

—Como si hubiera ido al infierno y regresado— admite en un quejido cuando la mujer levanta su bata para revisar su cicatriz—. ¿Podría darme algo para el dolor?

—Tranquilo, Charles ya está poniendo algo en tu suero— sonríe ella, mirando su vientre—. Tu cicatriz está bien, ningún punto ha reventado así que supongo que no te moviste mucho mientras dormías. Fue una herida limpia y los puntos son pequeños, apenas y dejara marca. Con una crema especial, eventualmente desaparecerá, aunque si en un futuro quieres otro hijo deberán abrirla otra vez.

—¿Dónde está mi hijo?— pregunta esta vez ante la mención de otro embarazo. La doctora sonríe divertida y voltea a ver a Harry, que abre los ojos como platos—. ¿Qué pasa? ¿Dónde está? ¿Está bien?

—Creo que tu esposo no ha tenido tiempo de darte la noticia.

Louis mira hacía Harry de manera interrogante, por un momento asustado, pero la sonrisa contenida de su esposo es suficiente para decirle que, lo que sea, está bien.

—El ultrasonido donde se dejó ver no fue del todo bueno, tuvimos una niña, amor— responde Harry, sonriendo ampliamente.

La noticia no debería de poner tan mal a Louis como lo hace, sin embargo no puede evitarlo. Comienza a llorar, y todos parecen creer que es de conmoción por las palabras de Harry, pero no es más que enojo. Nada en su parto fue lo que Louis esperaba cuando tantas veces se imagino embarazado, ahora ni siquiera el sexo de su bebé.

—Oh amor, mi amor, no llores— le calma Harry, remplazando al enfermero para acercarse a él y besarle dulcemente las mejillas—. Ella es tan bonita, es la niña más hermosa— le asegura con una sonrisa amorosa.

—No compramos nada para niña— refunfuña Louis entre sus lloros, luego asustado dice—. Ni siquiera pensamos en nombres para niñas— vuelve a llorar y Harry ni siquiera sabe cómo responder.

—Louis, necesito que te tranquilices, no podemos permitir que tu presión arterial se eleve nuevamente— le pide la doctora, interrumpiendo su conversación—. Has pasado muchas horas fuera de combate, debes tomártelo con calma. Tu parto fue muy complicado y aún debemos de cuidarte, ¿de acuerdo?

—¿Cuántas horas he estado así?— quiere saber luego de haber asentido a las palabras de Sloane.

—Llegaste aquí ayer a las cinco de la tarde con veintidós minutos y saliste de quirófano a las once de la noche con trece minutos, desde entonces has estado dormido. Ahora son las once con veinte— responde el enfermero con facilidad, sonriéndole cálidamente—. Soy Charles, el enfermero a cargo de tu cuidado. Cualquier cosa que necesites me la puedes pedir, ¿está bien? Ahora iré a traerte algo de comida, necesitamos alimentarte aunque tendrá que ser con alimentos blandos para que no realices ningún esfuerzo que vaya a abrirte la cicatriz— Louis repasa al chico, un joven de aproximadamente veinticuatro años, cabello rizado rubio y ojos color miel, un poco más bajo que Harry pero quizá más alto que Louis, algo delgado. Su voz y su rostro son amables, por lo que Louis se siente cómodo con él de inmediato—. Después de que comas algo, podremos traer a tu bebé. Ella ahora está en los cuneros, la hemos tenido en observación igual que a ti pero está muy bien, ansiosa por conocerte así que la sacaremos pronto de ahí— sonríe Charles.

—Gracias, Charles— le dice al chico, con una sonrisa un poco tensa.

—¿Necesitas algo, Louis?— pregunta Sloane.

—No lo creo, el dolor se ha ido mientras hablábamos— responde, aliviado por sentir ahora sus músculos libres de dolor aunque algo adormecidos. Es como si después de haber estado en las llamas del dolor lo pasaran al frío del alivio.

—Te he dado algo para el dolor pero no para dormirte— le tranquiliza Charles—. ¿Tienes alguna preferencia sobre lo que te gustaría comer o hay algo que quieras que evitemos?— pregunta gentil.

—Quisiera huevos, y no me gusta la sandía ni la toronja ni el apio— hace una mueca de pensar en ellos.

—Muy bien, enseguida volveré con algo para ti— sonríe Charles, encaminándose a la puerta.

Sloane sonríe al chico cuando pasa, hojeando después la tabla en su mano. Vuelve a revisar el monitor en la habitación y luego comprueba una vez más a Louis que se deja en silencio.

—Tu presión está estable y tu dolor de momento está controlado, vamos a tener que darte continuamente algo para la dolencia porque vas a estar así algún tiempo. De cualquier forma, vas a tener que permanecer aquí un par de días, igual tu bebé. Es sólo para asegurarnos de que ambos estén totalmente bien antes de dejarlos marchar— les informa Sloane con una sonrisa paciente—. Me retirare por ahora, pero vendré en un par de horas a revisarte nuevamente. Si me llegas a necesitar estoy disponible totalmente, con permiso— asiente la doctora hacía ellos.

Louis da un suspiro de alivio cuando vuelven a quedarse solos, entonces Harry se acerca junto a él y Louis se mueve un poco, pidiéndole con la mirada que se siente en la cama con él. Harry por fortuna lo conoce tanto como para entender su mirada enseguida y subirse junto a él, rodeándolo suavemente con un brazo y besando su cabeza con amor, respirando su aroma. Él trata de alejarse, seguro de que debe de oler a sudor y a fármacos, pero Harry se aferra a él y luego de un momento Louis se aferra también a su esposo. Es algo que parecen necesitar ambos, considerando lo cerca que parece haber estado Louis de la muerte.

Su enfermero los encuentra así luego de algunos minutos, les sonríe mientras se adentra en la habitación con un carrito con comida. Acomoda rápidamente la mesa pegada a la cama, dejando sobre esta la charola del carrito. El estómago de Louis gruñe hambriento ante el olor de los huevos estrellados y el jamón asado, aunque se decide a tomar primero algo de fruta cuando ve el cuenco con fruta picada.

—Yo le ayudaré a comer, Charles— asegura Harry cuando el enfermero acerca los cubiertos a Louis.

—Por supuesto, sr. Styles— asiente hacia Harry, luego mira a Louis—. Dejaré que comas tranquilo mientras iré a los cuneros, cuando estés listo puedes llamarme— sonríe suavemente, alejándose otra vez.

Harry comienza a ayudarle con su comida tan pronto como Charles se va, sosteniendo cerca de Louis el cuenco de fruta para que el menor pueda tomar pedazos de durazno, mango, fresas y bayas. Cuando Louis se da cuenta que al final hay algo de yogurt, le pide a Harry dejarlo para el final, así que comienza en su lugar a cortar los huevos y el jamón para ayudarle con ello. Louis da pequeños sorbos de su jugo de naranja, encontrándolo agradablemente dulce.

—¿Tú ya conoces a nuestra bebé?— pregunta Louis luego de un rato, queriendo saber todo lo que su esposo tenga por decirle de ella. Aunque es difícil aún hacerse a la idea de que es una ella y no un pequeño él.

—Sí, amor— sonríe Harry ampliamente, dándole un beso en la frente mientras come—. Ella es tan bonita, tu madre la vio también aunque sólo a través del vidrio del cunero. Dice que tiene tu cabello, yo creo que tiene tu nariz y tus labios. Es una cosita adorable, aunque cuando me dejaron cargarla aún no había abierto sus ojos— hace una pequeña mueca—. No pude tenerla mucho tiempo, la han tenido en observación más que nada, porque tuvo algo de reflujo al nacer, entonces hay que tener mucho cuidado con ella.

—No puedo creer que se haya equivocado el ultrasonido— niega Louis con la cabeza, incrédulo aún—. Estuvimos tan seguros esa vez que se dejo ver, que ya no pedimos confirmación las otras veces que tuve cita.

—Tampoco es que se dejara ver mucho ahí, amor— se ríe Harry suavemente, con una mirada tierna—. Ella ya está aquí y vas a amarla, cariño.

🧸

Luego de haber comido e ir al baño con ayuda de Harry, el rizado vuelve a llamar a Charles. Louis se acomoda sobre la cama ansiosamente, no sin algo de dificultad, esperando que el enfermero llegue con su hija.

No tiene que esperar mucho, tan sólo algunos minutos después Charles anuncia su llegada tocando quedamente la puerta antes de abrirla y entrar trayendo consigo un cunero. El corazón de Louis se acelera ante la vista, y puede notar la mirada cautelosa que Charles da al monitor que detecta sus signos vitales cuando su presión aumenta un poco. Trata de tranquilizarse, respirando acompasadamente.

—¿Estás preparado para ver a tu pequeña, Louis?— pregunta Charles con una sonrisa, acercando el cunero hacia la cama.

Louis asiente, aunque en realidad no está tan preparado como debería. A pesar de que le han dado tiempo, sigue sin poder asimilar del todo que es una niña. Tal vez sea superficial, pero sigue preocupado por todos los cambios que tendrán que hacer a la habitación que ya habían acondicionado para un niño.

Respira profundo cuando Charles levanta entre sus brazos un pequeño bultito envuelto en amarillo. Se siente tensar un poco cuando su enfermero se acerca más, Louis acomoda sus brazos y contiene la respiración cuando Charles por fin deposita a la pequeña bebé entre sus brazos.

El primer pensamiento de Louis es que de verdad es una bebé bonita. El segundo es que no puede ser suya.

No sabe de dónde su madre ha sacado que la bebé tiene su cabello, porque el cabello cobrizo de la criatura le parece desconocido. Es como una pequeña llamarada en su cabeza. Su piel sonrosada luce saludable y cree que tal vez si tiene su nariz, pero los labios no. Sus labios son demasiado gruesos, no cree que se parezcan tampoco a los de su esposo. Las pestañas de la bebé son inmensas y rojizas también, igual que sus cejas.

—Es tan preciosa— arrulla Harry, acercándose a él para contemplar también a la bebé con ojos repletos de amor.

—Lo es— concuerda Louis con un nudo en la garganta, porque a pesar de sentirla ajena puede reconocer que es bella.

Pasa un dedo suavemente por las regordetas mejillas y por encima de la nariz, frunciendo el ceño en concentración mientras la ve. Al sentir sus caricias, la pequeña abre sus ojos que se clavan en los suyos. Son grises y supone que tendrá que esperar un poco para averiguar si tendrá los ojos de él o de su marido.

—Hola, niña— murmura con voz quebrada. Carraspea un poco, hay una sensación extraña recorriéndolo mientras observa a la bebé que no le gusta—. Es muy pelirroja— comenta, sin poder ocultar la sorpresa molesta en su voz.

—Tu madre ha dicho que tenías el cabello igual de pequeño, yo creo que se parece al de mi hermana cuando era pequeña también— sonríe Harry, pasando sus dedos por los cabellitos pelirrojos, encantado con la criatura.

—Les dejaré un momento a solas con su bebé— Charles les interrumpe con una sonrisa, mirando a Louis—. ¿Quieres darle algo de pecho? Sería un buen momento— le alienta.

Louis frunce el ceño, sin apartar su mirada de los pequeños ojos grises. La beba hace un puchero, bostezando suavemente después con su boquita en una perfecta o.

—No sé si pueda, nunca me salió leche— admite, mirando por un momento a Charles con una mueca.

—A veces lo que la madre necesita es que el propio bebé estimule su pecho para que la leche pueda brotar— le explica Charles con una mirada paciente—. Tu bebé nació con algo de reflujo y necesitamos saber si tu leche puede ayudarla con ello o no. Sabemos que algunos hombres portadores no pueden darla, algunos sí. Si por alguna razón no puedes hacerlo, vamos a darle formula, buscando la mejor para ella.

—Vale— asiente Louis con un suspiro, mirando a la bebé con sus cejas unidas en concentración—. ¿Sólo tengo que pegarla a mi pecho?— pregunta.

—Sólo eso, acércala a ti y ella sabrá que hacer cuando tenga tus pezones al alcance— sonríe Charles felizmente—. Les daré privacidad por si quieres intentarlo, y cualquier cosa no dudes en hablarme.

Vuelven a quedarse solos, esta vez con su bebé con ellos. Louis se concentra en ella, mirándola con atención centrándose en cada pequeño detalle, buscándose a sí mismo y a su marido en ella. Sin embargo no puede encontrarlos, ¿de verdad ella salió de él?

—Deberíamos de pensar en nombres para ella, amor— dice Harry con entusiasmo, sentándose en la cama junto a él para envolverlo en un medio abrazo y estar cerca de la bebé también.

—No tengo idea de ninguno— bufa Louis, sintiéndose incomodo ante los pequeños ojos grises que no dejan de observarlo con atención—. ¿De que crees que tiene cara?— Harry se ríe de su pregunta.

—No lo sé, bebé— ríe su marido, acariciando con su mano libre la pequeña cabeza pelirroja—. Estuve pensando, me gusta el nombre de Fiama para ella, ¿qué te parece?— pregunta con ilusión—. Fiama Styles-Tomlinson, ¿te agrada?

—Fiama Styles-Tomlinson— repite Louis, mirándola. Ella mira a Harry cuando lo escucha hablar, con una pequeña sonrisita que encanta al mayor que le hace una cara divertida—. No suena mal, ¿qué significa?— quiere saber, aprovechando que su marido está tan encantado con ella para pasarla a sus brazos, sintiéndose repentinamente aliviado cuando la tiene lejos de su cuerpo. Se siente un poco mal por ello.

—Es latín, con una m. Significa la que resplandece como llama— Harry ríe tiernamente, embelesado con su hija—. Creo que le va bien, ya sabes, por su cabello tan rojito. En italiano, Fiamma con dos m significa llama, ¿te parece mejor?

—Creo que en latín me gusta más— se encoge Louis de hombros, aunque a penas, porque se siente pesado para moverse pero sin dolor—. Me gusta ese nombre, es corto y poco común. Nunca lo había escuchado— y le va perfecto, piensa, considerando que tener a esa niña lo hizo sentirse en llamas de dolor.

—Te vas a reír de mí si te digo como lo encontré— se ríe Harry, alejando su mirada por un momento de la bebé para mirarlo a él con diversión. La felicidad de la paternidad le sienta bien a su esposo, Louis quisiera decir lo mismo de sí mismo, pero no se siente feliz para nada.

—Sorpréndeme— pide con una sonrisa, esperando cualquier cosa boba de su bobo esposo. Louis lo ama así.

—Busque toda la noche nombres para pelirrojos, luego de haber visto su cabello— admite Harry con una sonrisa boba.

Tal como predijo, Louis no puede evitar reírse ante eso. Se sacude un poco, y es algo doloroso, pero las risas vienen a él mientras rueda los ojos ante las palabras. Se imagina a su esposo pegado a su celular buscando nombres para una niña nacida que no tenían contemplada, mientras pasaba la noche en vela por él. A Harry parece no molestarle que su hija sea extrañamente pelirrojiza, así que Louis trata de tampoco tomarle importancia a ese hecho, aunque el llamativo cabello le haga gritar en su mente que no puede ser suya.

Se rasca el lóbulo de la oreja entre dos dedos, ansioso y molesto por sus propios pensamientos. Harry no nota ese gesto, que tan bien conoce luego de años y años de relación, o le preguntaría qué sucede, sin embargo está demasiado ocupado babeando sobre su hija.

Harry se pone de pie con Fiama en brazos, mientras Louis trata de acostumbrarse a la presencia de la niña y a ese nombre. Siente un poco de celos al ver a su esposo tan enamorado de la niña, cuando él no puede ni siquiera sentirse feliz porque haya nacido. Y así como siente celos, también siente un poco de enojo por ver a Harry moviéndose tan libremente con ella en brazos, tan tranquila, cuando a él el parto lo ha dejado tan adolorido, casi destruido.

Cuando Fiama parece cansarse de las caras bobas de su padre, comienza a inquietarse. Harry abre los ojos enormemente, aunque igual de maravillado, cuando la pequeña empieza a ponerse roja de enojo antes de estallar en un estridente llanto que hace que Louis haga una mueca molesta al oírla. Harry trata de ayudarla, sin verlo, por lo que Louis puede recomponer su rostro antes de que su esposo se gire para mirarlo por ayuda.

—¿Crees que tenga hambre?— pregunta intranquilo, mirándola de nuevo.

Aunque lo que menos quisiera Louis en estos momentos es tenerla pegada a su pecho, suelta un suspiro cansado mientras se acomoda poco a poco. Harry se apresura a ir a su lado nuevamente, ayudándole a desatar la bata que trae puesta para que pueda sacar únicamente los brazos, dejando su pecho al descubierto.

A Louis realmente no le creció mucho el pecho por la lactancia, apenas y llegó a llenar la copa A de los brasieres de maternidad, y nunca tuvo que drenarlos porque estuvo seco todo el tiempo. Piensa que es un caso perdido intentarlo, pero también cree que seria bueno hacerlo si con eso van a cesar los lloriqueos. Toma a Fiama de nuevo en sus brazos y ella deja de gritar al sentirlo, mirándolo atenta con su boquita soltando sollozos. Louis la pega a su pecho sin pensarlo mucho, tratando de no apartar la vista como le gustaría.

Fiama hace todo por él. Ella encuentra su pequeño pecho derecho y lo sostiene en sus dos manitas mientras su boquita busca a ciegas su pezón, cuando lo halla se pega a él y comienza a succionar con avidez. Louis por un momento casi se siente mal por ella, sabiendo lo seco que está, pero entonces para su sorpresa siente un tirón extraño por dentro de su pecho a la par que Fiama muerde con sus encías su pezón y hace brotar leche. Se queda mirando sorprendido como Fiama succiona, con las comisuras de su boquita poniéndose blancas por el liquido que se le escapa.

—Tengo leche— exclama sorprendido, mirando a Harry que ya los está viendo. Louis se sorprende de las lágrimas que escapan de los ojos verdes de su marido, pero la sonrisa enamorada en sus labios le hace saber que no es malo—. ¿Qué pasa, Hazz?— pregunta curioso.

—No tienes idea de lo precioso que te ves con ella en brazos, amor— le dice Harry, carraspeando su llanto—. Es la mejor vista de todas. Es maravilloso. Eres una madre increíble, Lou.

Louis no se siente así, pero de todos modos sonríe en respuesta y acepta de buena gana cuando Harry se agacha para besarlo suavemente en los labios.

—Te amo.

🧸

—¿Louis? Buenos días, traigo tu desayuno y medicamento— habla Charles al entrar en la habitación.

Louis bosteza mientras parpadea, acostumbrando a sus ojos recién abiertos a la tenue iluminación del cuarto. Se cubre la boca con las manos cuando su bostezo es más largo de lo habitual, dándole una sonrisa tímida a Charles.

—Buenos días— asiente Louis hacia el rubio, irguiéndose un poco para aceptar su desayuno.

Un par de días se convirtieron en cinco, desde que el dolor de su parto no ha terminado de menguar. Aun le cuesta mucho moverse para caminar y debido a que Fiama aun tiene reflujo, Harry no ha querido que ninguno de los dos se vaya aún del hospital donde los están cuidando tan bien a ambos.

Louis no puede quejarse porque gracias a su persistente dolor y la condición de la niña, él casi no ha tenido que pasar tiempo con ella ya que Fiama continuamente está en los cuneros siendo vigilada por las enfermeras. Louis únicamente está con ella cuando debe alimentarla, y es poco tiempo, por lo que puede descansar después.

En estos cinco días no ha dejado de sentirse extraño con su niña, y sabe que es algo que ha comenzado a notarse, porque cuando Charles sale de la habitación para volver a los cinco minutos con el cunero de Fiama, luego de que Louis terminó su desayuno y tomo las pastillas para el dolor, le da una mirada suspicaz que no se le escapa a Louis.

—¿Dónde está mi esposo?— pregunta a su enfermero, pues normalmente es Harry quien le ayuda a darle de comer a su hija cada vez que la traen a la habitación.

—Se fue muy temprano a su empresa, pidió que te dijéramos cuando preguntaras por él— le sonríe Charles amable, acercándose a él para ayudarle a descubrirse los pechos.

A pesar de que Louis había creído durante su embarazo que nunca podría lactar, como muchos otros hombres portadores, y que se tendría que perder de ese vinculo con su hijo, estos días ha comenzado a producir toda la leche que antes no produjo. Su leche es suficiente para llenar a Fiama cada vez que la niña es traída a comer y eso debería de alegrarlo, después de todo durante su embarazo quiso esto y leyó tanto sobre la lactancia queriendo forjar este vinculo con su bebé, sin embargo no parece funcionar. No logra conectar con su hija.

Por la mirada que Charles le vuelve a dar mientras le pone a Fiama entre sus brazos, Louis cree que su enfermero puede leerle los pensamientos. A pesar de ello, Charles no parece juzgarlo mientras lo mira.

—¿Estás cómodo?— le pregunta Charles amablemente a lo que Louis asiente—. He oído con sus enfermeras que Fiama ya está mejor, podrían ser dados de alta muy pronto— comenta.

Louis no puede leer los pensamientos de Charles pero tras años de convivir con un CEO de una agencia de seguridad se le han ido pegando algunas habilidades de quién fuera un guardaespaldas privado, por lo que no se le escapa el tono de voz del enfermero ni su lenguaje corporal, y no es que Louis sea paranoico, pero sabe que Charles está buscando reacciones de su parte aunque no sabe exactamente que es lo que espera el rubio de él. Trata de mantenerse neutral por lo mismo, sin querer ser juzgado porque no quiere irse a casa y tener que estar a solas con su hija.

—Eso es bueno, Harry ya quiere tenernos en casa— responde, evadiendo la mirada del enfermero para mirar a su hija.

—¿Y tú, Louis?— pregunta, haciéndose el distraído mientras ordena el carrito donde había traído su comida—. ¿Ya quieres irte a casa? ¿Cómo estás?

—Me siento mejor, ya no me duele tanto moverme y he podido caminar mejor. Será bueno estar en casa— trata de convencerse a sí mismo con eso último.

—No pregunté como te sientes, Louis, sino cómo estás— ante la voz suave y amable de Charles, Louis le mira con atención encontrándose con una sonrisa.

No sabe como responderle a Charles. Mordisquea su labio inferior y se encoge a penas un poco de hombros, mirando a Fiama que sigue chupando ávidamente de su pezón, totalmente ajena a los pensamientos de su madre.

—No lo sé— responde sincero. No sabe cómo se siente realmente.

—Dime, Louis, ¿leías durante tu embarazo?— pregunta Charles con paciencia, acercándose a él y quedándose cerca de la cama, a sus pies, observándolo sin juicios.

—Sí, lo hacía. Leí mucho sobre lactancia y cuidados durante los primeros meses, porque soy mamá primeriza— dice con facilidad, recordando la cantidad de libros que hizo que su esposo le comprara. El haber estado tanto tiempo en cama por lo complicado de su embarazo le dio mucho tiempo para leer.

—Y dime, ¿leíste algo sobre baby blues?— quiere saber Charles y ante el rostro de confusión que hace Louis ante el termino, le sonríe suavemente y se explica—. El baby blues es la tristeza postparto. Es algo muy común en madres primerizas, aunque en sí cualquier madre lo puede experimentar. Hay muchos factores para que se dé, y uno de ellos es un parto traumático. El hecho de que las cosas no hayan salido como la madre tenía previsto les puede afectar mucho.

—¿Tú crees que tengo eso?— Louis se atreve a preguntar, sin temor de ser juzgado cuando Charles le está hablando tan suave y amable, informándolo de algo de lo que no tenía ni idea.

—¿Te sientes preocupado y agotado? ¿No estás feliz?— le pregunta suavemente.

—Me siento triste, porque siempre quise ser mamá y Harry y yo planeamos esto por mucho tiempo pero no planeamos que fuera a ser tan complicado. Sabía que tendría una cesárea sí o sí, pero no creí que fuera a perder sangre en el proceso o que estaría tan drogado que no iba a recordar nada— admite, sollozando cuando todo eso sale de su boca.

—Oh, querido— la voz de Charles trastabilla cuando lo escucha. El rubio se acerca más a él, rodeándolo suavemente con un brazo para que Louis se acurruque en su costado, siendo reconfortado—. Mi madre pasó por esto cuando tuvo a mi hermano menor, y en estos días que te he tratado pude verla en ti. Sabía que tenía que hablar contigo antes de que te fueras, asegurarme de que supieras que lo que sientes ahora es normal.

—Gracias, Charles— le agradece Louis sinceramente, sorbiendo su nariz.

—No hay de qué, Louis— responde el rubio con una sonrisa—. El baby blues normalmente sucede en las primeras semanas, pero si tu sentir se prolonga y aumenta, podría ser depresión postparto. Quisiera que al llegar a tu casa te informes de eso y estés alerta. Recuerda que es normal sentirte triste, pero si te afecta demasiado considera buscar ayuda profesional.

—Nunca he ido con un psicólogo— le interrumpe Louis, arrugando la nariz ante la idea.

—Y espero que no tengas que visitar uno, pero debes considerarlo. Vi el matrimonio de mis padres venirse abajo porque mi madre lo hizo, tan triste y reacia a tener ayuda profesional. No seas ese tipo de persona, la salud mental es tan importante como la salud física. Debes de cuidarte a ti mismo, no sólo preocuparte por ser una buena madre y esposa— la voz de Charles se vuelve algo dura con sus palabras, pero Louis es consciente de que lo hace por su ayuda. Asiente a lo dicho por su enfermero, mirando fijamente a su hija que se aleja de su pecho izquierdo para ir por el derecho rápidamente, mirándole con sus ojitos grises muy atentos.

Louis nunca había oído hablar sobre baby blues. Su madre jamás pasó por algo así en sus tres embarazos, ni ninguna madre que él conozca, o al menos no que lo sepa. Charles le ha abierto la mente a algo ajeno y desconocido, pero que parece responder el porque se siente tan extraño mientras está con Fiama. Y porque le cuesta hacerse a la idea de que sí, es suya.

🧸

Luego de haber vuelto a casa a la semana de haber dado a luz, el tiempo ha pasado relativamente rápido. Louis casi se siente igual a cuando estaba en el hospital, ya que su madre y su suegra se han quedado en casa ayudándole con Fiama mientras se cumple su tiempo de cuarentena. Gracias a la presencia de las mujeres, su esposo ha podido atender algunos asuntos de su trabajo que requirieron su presencia sin falta, a pesar de su previo permiso por paternidad.

En este tiempo de cuarentena, Louis ha leído un poco sobre baby blues dado que su sentir no parece mejorar. Si bien ha tenido que pasar más tiempo con Fiama a solas y dándole pecho, sigue sintiéndola ajena. A veces se encuentra a sí mismo observándola a detalle, aun buscándose en ella sin encontrarse.

Ha leído que algunas madres encuentran a sus hijos feos en esta etapa, pero él no lo hace. Fiama es posiblemente la niña más adorable que ha visto alguna vez. Su cabello se ha ido oscureciendo un poco con el paso de los días, de modo que ya no es tan rojizo como al nacer sin embargo sigue siendo extraño para él. Sus ojitos al principio grises se han ido aclarando más y Louis está seguro de que pronto verá en ella los ojos de su esposo.

A pesar de lo bonita que es la niña y de lo dulce que es –Fiama no causa ningún problema, pocas veces llora y siempre tiene una mirada atenta, ávida de ver todo a detalle– Louis suspira de alivio cada vez que alguien la aleja de él.

La charla que tuvo con Charles sobre la tristeza post parto sigue presente en su memoria, aunque cada vez más lejana.

🧸

Louis no está seguro de cuando empieza, pero una ira irracional se suma a su tristeza. Se encuentra irritable por todo, sobre todo por la presencia de su madre y su suegra en casa. Ahora que puede moverse mejor, luego de veinte días de reposo con Fiama durmiendo en la misma habitación de él y su esposo, empieza a andar por la casa y es evidente en su rostro cada vez que se molesta porque hay algo fuera de lugar.

Al principio trato de dejar de tomarle importancia a esa y otras cosas, pero cuando comenzaron a hacer más cosas en su casa sin dejarle hacer nada a él más que alimentar a su hija, en lugar de sentirse agradecido su paciencia llego a límite.

¿Cómo se supone que él creara un lazo con su hija y dejara la tristeza atrás si no le dejan hacer nada? Fiama tiene ya un mes y poco más, y él lo único que ha hecho con ella es alimentarla y sólo eso.

A pesar de sentirse abrumado al imaginarse atendiendo solo a Fiama, únicamente con ayuda de Harry, una noche se arma de valor para hablar con su esposo luego de haber discutido con su madre durante la mañana, discusión que luego involucró a Anne y que los mantuvo a los tres enfurruñados el resto del día.

—Te he notado tenso toda la cena, cariño— fue Harry quien comenzó la charla, ya vestido con su pijama luego de haberse quitado la ropa de oficina. Ha vuelto a trabajar, aunque menos horas; decide la cantidad de horas y un nuevo horario cada día según lo que necesite hacer—. ¿Estás bien?

—Quiero que nuestras madres se vayan— es sincero y directo, alejando su vista del moisés de Fiama donde la niña ya se encuentra en un nuevo mameluco y dulcemente dormida. Nada parece perturbarla nunca, ni siquiera el mal humor continuo de su madre.

—¿Qué?— pregunta Harry sorprendido, sentándose junto a él en la cama y encontrándose con su mirada—. ¿Por qué, amor? ¿Qué ha pasado, discutieron?

—¡No me dejan hacer nada, Harry!— explota ante las preguntas de su esposo. Si bien Harry únicamente quiere saber, a Louis le molesta que le pida una explicación. Es su casa, ¿y qué si quiere que la gente se vaya de ésta?—. Agradezco que hayan estado aquí mientras todavía me costaba moverme, pero ahora estoy bien y ni siquiera me dejan cambiar a Fiama o lavar su maldita ropa. Voy por la casa encontrando cosas fuera de lugar que mueven mientras limpian sin dejarme mover un dedo en ello. Dime, ¿cuándo fue la última vez que comiste algo que yo haya preparado?— habla molesto.

Harry boquea, sin saber como responder. Desde antes del parto Louis dejo de poder hacer las comidas y cenas, puesto que tuvo que estar en reposo mucho tiempo, sin embargo Harry no había notado que ahora tampoco puede. A Louis le molesta darse cuenta de ello, notar que Harry no ha distinguido entre las comidas que preparan sus madres y las que antes preparaba él.

—¿Qué quieres que haga, mi amor?— pregunta Harry dócilmente luego de su arrebato, poco dispuesto a sumar él algo más a su enojo y molestarlo más.

—Habla con ellas y pídeles que se vayan, por favor— pide sin titubear, aliviando cuando Harry asiente sin chistar.

🧸

Anne es la primera en irse, sin oponer resistencia ni presentar más molestias. A pesar de la discusión que tuvieron ese día junto a Johannah, ella no se muestra molesta con Louis cuando se marcha. Él le agradece por su ayuda en ese tiempo, sin querer verse malagradecido a pesar de haberle pedido a su esposo que echara a su madre de casa.

Johannah, por otro lado, presenta batalla. Louis tiene que lidiar con su presencia unos días más, en los que Harry se encuentra huyendo como cobarde a su oficina para no verlos discutir. No puede culpar a su esposo, su madre y él pueden ser realmente asfixiantes juntos y Harry ya hizo mucho por él al hacer que Anne se marchara, así que lidia con su madre hasta que se une a su padre para hacer que la mujer deje su casa.

Para cuando Fiama cumple dos meses, en casa son sólo ella, Harry y Louis.

🧸

Es un día cualquiera cuando Louis termina en llanto.

El día inicia como cualquier otro. Es el primero en levantarse cuando Fiama lo hace y la escucha desde su moisés. Va al baño rápidamente antes de tener que alimentarla, volviendo luego de haberse cepillado los dientes también. Se mira en el espejo vagamente mientras se quita el sueño de la cara con agua, fijándose en sus ojeras con un ceño fruncido antes de secarse las manos e ir por su hija.

Cuando Harry se despierta, Louis ya está abajo en la cocina con Fiama en su columpio mientras él hace el desayuno. Sonríe mientras ve a su esposo llenar de besos a Fiama, pero se queda con el ceño fruncido en la puerta de su hogar cuando Harry se marcha al trabajo sin besarlo a él a pesar de haber estado tan dulce durante el desayuno.

La incomodidad se instala en él mientras se queda solo con su hija. Fiama es una niña tan tranquila que Louis puede ponerse a ordenar su casa sin problemas ahora que no tiene que preocuparse porque ella se ahogue con vomito gracias al reflujo. La deja en su columpio mientras limpia la cocina, echándole un ojo de tanto en tanto y la mueve con él por cada cuarto de la casa que va ordenando.

Pone música mientras limpia y se encuentra sonriendo un poco cuando observa a Fiama alegrarse con algunas canciones desde dónde está acostadita en su columpio.

Para cuando vuelve a la cocina para planear la comida, toma a Fiama en brazos para darle pecho. Es una acción que ha comenzado a hacer casi mecánicamente. No puede decir que le moleste alimentar así a su hija, pero no es su actividad favorita como imagino que sería. No hay esa unión mágica que tanto leyó, sólo es un deber.

Su móvil suena cuando la ha dejado de nuevo en el columpio y él está frente a la estufa asando unas pechugas de pollo. Contesta rápidamente cuando reconoce la melodía destinada a su esposo, sonriendo alegre por escucharlo.

—Hola, mi amor. Estoy haciendo la comida— responde contento.

—Hola, cariño. Me temo que no podré llegar para comer contigo— le dice Harry luego de oírlo, borrando la sonrisa de Louis—. Me ha surgido algo aquí, no puedo irme hasta resolverlo.

—Oh, está bien— se encoge de hombros, regresando a su empaque la pechuga que estaba por asar para su marido.

—Lo lamento, bebé. Te prometo que tan pronto como pueda iré a casa con ustedes. Ya extraño a nuestra pequeña— Louis puede detectar la sonrisa en la voz de Harry cuando menciona a Fiama, él mira hacía ella al oírlo—. ¿Cómo están los dos?

—Bien, ella está tranquila mientras cocino— responde, mirando a Fiama mover sus manitas alegremente al ritmo de la música que tiene de fondo—. Le gusta la música que he puesto, está bailando— dice con voz plana, aunque su marido no detecta su timbre de voz, demasiado enfocado en lo que cuenta que hace la niña.

—Debe de verse tan linda mi niña— se ríe Harry antes de agregar—. Debo dejarte ahora, amor.

—Está bien, te veo pronto— responde Louis, escuchando la voz de uno de los socios de Harry al fondo—. Te amo— agrega con voz dulce y una sonrisa.

—Y yo, te veo al rato— es la respuesta vaga de Harry antes de colgar.

Louis se queda viendo su móvil luego de eso, con un nudo formándose en su interior mientras piensa en la respuesta tan simple que le dio su esposo. Harry siempre ha sido el más amoroso de los dos, a veces rayando la cursilería; no ha sido algo de lo que Louis se queje, siempre le ha encantado sentirse amado por su esposo y que éste le reafirme su amor con palabras dulces y actos lindos. Que Harry apenas y haya respondido su “te amo” y de tal manera lo hace sentirse mal mientras se fuerza a comer lo que terminó preparando sólo para él.

Sube a su habitación luego de haber comido y lavado los platos, dejando en el piso de abajo la lavadora trabajando con una carga de ropa. Cambia a Fiama de pañal cuando le da mal olor y la cambia de mameluco. Su pediatra le aconsejo no bañarla tan seguido por el clima frío que persiste en abril, y ya que la baño ayer hoy sólo la limpia bien con toallitas húmedas antes de vestirla y dejarla en su moisés, donde se queda rápidamente dormida.

Aprovecha el sueño de su hija para meterse a bañar. Se desnuda rápidamente en el baño, sin apenas prestar atención a algo que no sea estar bajo el chorro de agua pronto. Luego de haber estado limpiando casi todo el día se siente sucio, así que se concentra en lavarse bien el cuerpo y el cabello.

Louis sólo le presta atención a su reflejo en el espejo cuando sale de la ducha y toma su toalla para secarse. Observa la imagen que se le muestra delante y por primera vez en un tiempo se ve realmente con atención. Sus ojos se abren demasiado cuando nota la flacidez de su vientre y las ojeras que tiene bajo los ojos, hace una mueca cuando observa sus pechos hinchados que le dan una apariencia extraña a sus vista. Sigue siendo curvilíneo, pero el embarazo ha dejado su huella en su cuerpo y darse cuenta de ello enferma a Louis.

No puede evitar recordar el comportamiento de Harry este día y su mente va a días pasados, haciendo memoria para saber si ha habido otro día en que su marido se comportara así. Comienza a relacionar la falta de atención que Harry tiene hacia él con su imagen, pensando que su marido no lo quiere ahora que se encuentra tan feo.

Ha pasado ya su cuarentena, y contrario a otras parejas que no pueden esperar apenas eso para ponerse las manos encima, Harry apenas y le ha tocado. Ahora ya ni siquiera lo besa.

Louis no se da cuenta cuando comienza a llorar, abrazándose a sí mismo con tristeza. Se viste con rabia, con tantas prendas como puede ponerse para tapar cada centímetro de su cuerpo, luego vuelve a la habitación y se mete en la cama, haciéndose un ovillo bajo las mantas sin dejar de llorar.

Se siente tan feo.

🧸

Si Louis creía que las cosas mejorarían con pasar tiempo con su hija, atenderla sin ayuda de su madre o suegra, y con el pasar del tiempo, bueno, él estuvo muy equivocado.

Con el pasar de los días, en lugar de que su ánimo mejore todo va en decadencia. Su autoestima se encuentra por los suelos y cada día, cuando está solo en casa con Fiama y ella se encuentra dormida, llora frente al espejo mientras se autocrítica mirando sus nuevas imperfecciones. Tiene arranques maniáticos también, en los que después de llorar se pone a hacer abdominales sobre la alfombra de la habitación hasta que se cansa o su hija despierta pidiendo comida.

Harry no se ha dado cuenta de nada, todavía, y Louis no sabe si debería estar agradecido por ello o llorar una vez más por la falta de atención que tiene su esposo hacía él.

Ahora su marido parece sólo tener ojos para Fiama. Su tiempo en casa lo pasa enteramente con ella, y si bien es una excelente ayuda para Louis, a él le duele que ahora toda la atención de Harry sea para ella. Está celoso, sí, y se siente solo.

Pero ni siquiera piensa en buscar ayuda.

🧸

Para finales de junio, todo comienza a salirse realmente de control para Louis.

Fiama tiene ya cuatro meses, recién cumplidos el día veinticinco del mes, y Louis ya no puede consigo mismo y con todo lo que sucede a su alrededor. Últimamente ha comenzado a discutir con Harry por las más pequeñas cosas, y aunque Harry la mayoría de las veces trata de evitar las peleas y apaciguarlo, Louis ya no lo soporta. Quiere alguna reacción de parte de su marido, aunque no está seguro de cuál. Sólo quiere tener su atención nuevamente.

Sus ataques de llanto y episodios de ejercicio excesivo han ido en aumento ahora que Harry ha vuelto a sus jornadas laborales normales de nueve horas. Y si es sincero a veces que se queda dormido, luego de llorar tanto o matarse un poco con abdominales, deja a Fiama llorando largo rato pasando algo de hambre o molesta por su pañal; luego él se siente culpable cuando despierta y corre a atenderla.

Durante la última visita al pediatra por el cuarto mes de Fiama, su doctora les dijo que era bueno y muy importante hablar con la niña aunque ella no pudiera responder o entender, para motivar el desarrollo de su habla, sin embargo Louis no habla con ella cuando están a solas. Harry, por otro lado, rompe todo silencio con sus charlas unilaterales en las que Fiama lo mira con tanta maravilla como su padre a ella. Louis se traga sus lágrimas, de rabia y tristeza, cuando es testigo.

Harry ha empezado a referirse a él únicamente como mamá o mami cuando Fiama está presente. A Louis le gusta, aunque no se sienta realmente la madre de la niña. Es un sentimiento y pensamiento que persiste en él. En ocasiones está tentado de ir al hospital y reclamar que le den a su hijo, que Fiama debe ser de otra madre; Fiama parece adivinar todos sus pensamientos, mirándolo con sus enormes ojos verdes y su puchero de rana idéntica a su padre y cuando la baña, y empieza a descubrir que el cabello cobrizo cada vez es más ruloso, como que empieza a creer que si la tuvo él así que abandona la idea de ir a reclamar al hospital. Entonces se encuentra a veces sonriendo cuando Harry le llama de esa manera, también sigue llorando cuando se queda solo porque Harry apenas y lo besa cuando se va a trabajar.

De modo que sus emociones lo hacen sentir en descontrol. Siente como si estuviera consumiéndose, no se reconoce a sí mismo frente al espejo. No se siente una buena madre ni esposa, no se siente como el Louis que era antes de su embarazo.

Ahora, con frecuencia, se pregunta si después de todo ser madre fue una buena idea.

🧸

Si Louis creía que Harry no se daba cuenta de lo que le pasaba, también estaba equivocado.

Cada día al irse de casa, Harry se pregunta si va algo mal. Sigue creyendo que de haberlo Louis hablaría con él, como lo han hecho siempre con cada problema que han tenido que enfrentar en su relación, sin embargo cree que ahora lo que menos hace con su esposa es hablar.

Ha empezado a notarlo más distante cada día y tan irritable que Harry no sabe que hacer. Trata de ayudarlo lo más que puede con Fiama, sabiendo lo difícil que es atender a un bebé, para que de esa manera Louis tenga más tiempo de descanso y esté cómodo y feliz. Lo primero funciona, puede notar que cada día al volver del trabajo Louis se pone cómodo sabiendo que Harry va a ayudarlo con Fiama, sin embargo Harry ya no recuerda cuando fue la última vez que miro a su esposa realmente feliz.

Sin que ninguno de los dos se dé cuenta la falta de comunicación y la depresión postparto de Louis, de la que Louis no habla o más bien no reconocen, ha comenzado a pasar factura en su matrimonio, distanciándolos y volviéndolos ariscos.

La situación difícil en casa ha comenzado a reflejarse en el rendimiento de Harry en su trabajo. Aunque va sus horas regulares, su asistente y muchos otros trabajadores pueden notarlo decaído y perdido en sus pensamientos continuamente, enajenado por completo. Aunque esté presente físicamente su mente está ausente y comienza a preocupar a todos puesto que en todos sus años en la empresa, desde que ingreso como un guardaespaldas más hasta que llegó a ser el CEO, nadie lo había visto así.

Por eso, aunque no lo diga en voz alta, para Harry resulta vergonzoso estrellarse con su realidad cuando recibe una visita inesperada de una de las chicas de Recursos Humanos de la empresa.

—Buenas tardes, señor Styles— le saluda Sasha, quién además de ser la jefa de Recursos Humanos, y la encargada de cada prueba psicométrica hecha a los aspirantes y empleados, es una de las pocas amigas de verdad que Harry tiene dentro de la empresa. El hecho de que su amiga entre ahora en su oficina, llamándolo tan formalmente y evitando su nombre de pila le hace saber que hay algo mal de inmediato—. ¿Cómo está?

—¿A qué vienes, Sasha?— pregunta Harry suspicaz y sin rodeos, señalando la silla frente a su escritorio para ella.

—Vengo a saber como estás— dice y es totalmente sincera, lo que ocasiona el ceño fruncido de Harry.

—Estoy bien, S. ¿Tú cómo estás?— pregunta cortes.

—Harry, no pareces estar bien— ella también de deja de rodeos y es directa, ese rasgo de su personalidad ha contribuido mucho a su amistad pues la sinceridad y las personas directas es algo que Harry aprecia mucho en su ámbito laboral.

—¿A qué te refieres?— se hace el desentendido, mirando unos papeles en su escritorio. Ni siquiera está seguro de que tiene que hacer con ellos, debería de preguntarle nuevamente Orlando, su asistente.

—H, sinceramente— resopla la mujer, rodando sus oscuros ojos. Harry la mira de soslayo, casi sintiéndose culpable al ver su bonito rostro de piel oliva deformarse por la exasperación—. No puedes negarme que hay algo mal y que te preocupa— le acusa y con una mirada triunfal, agrega—. Si no quieres decírmelo como amiga, entonces vas a tener que decirme como empleada. Aunque seas el CEO de esta empresa, yo soy la encargada de Recursos Humanos y mi deber es saber lo que sucede con todos aquí para asegurarme de que estén funcionando apropiadamente para su trabajo.

—¿Y yo no lo estoy haciendo?— indaga bromeando, aunque sabe la respuesta y la confirma con una mirada a su amiga.

—Estás preocupando a la gente a tu alrededor, H— suspira Sasha, atreviéndose a tomar sus inquietas manos sobre el escritorio y mirándolo atentamente—. Sólo quiero ayudarte, Harry. Como tu empleada y como tu amiga, estoy preocupada también. Nunca te he visto tan perdido como en este último mes, tienes a Orlando subiéndose por las paredes de preocupación— sus palabras le arrancan una suave risa.

De ese modo, Harry se libera con su amiga. Sasha lo escucha atentamente, cada una de sus palabras. Harry le relata todo lo que ha pasado en los casi cinco meses de Fiama, desde lo difícil que fue su llegada al mundo hasta hace dos noches, cuando llegó a casa y la encontró llorando a gritos en su habitación mientras Louis parecía ignorarla tomando un baño. Su pecho se aprieta ante ese recuerdo y la fuerte discusión que tuvo con su esposa, la indiferencia con la que Louis lo trato al final aun le forma un nudo en la garganta.

Se desahoga por completo con su amiga que no lo juzga en ningún momento, ni a él ni a su esposa. La mirada de Sasha es amable y comprensiva, no lo interrumpe para nada aunque ocasionalmente suelta asentimientos que le hacen saber a Harry que realmente lo está escuchando por más deprimente que esté resultando su perorata. Sabe que no está hablando únicamente con su amiga o con la jefa de Recursos Humanos, está hablando con la psicoterapeuta profesional en ella lo que le reconforta mientras le cuenta como se ha dado cuenta que su esposa llora todos los días y que se arrepiente de haberle pedido, hace mucho tiempo atrás mientras planeaban el embarazo, que se tomara un descanso de su trabajo durante sus primeros dos años de maternidad. Sasha no lo juzga mientras él si se juzga a sí mismo, lo escucha recriminarse por ser tan egoísta y no pensar en que su esposa tal vez extraña su trabajo, encerrado en casa por petición de Harry. Son cosas que no se ha atrevido a hablar con Louis, pero que le traen la cabeza dando vueltas continuamente cuando llega a casa y ve los ojos de su esposa rojos y a veces hinchados aunque éste le regale una sonrisa y un beso.

Sasha no luce incomoda ni siquiera cuando Harry empieza a contarle como extraña a su esposa de manera intima, pero como no se atreve a tocarlo por temor a lastimarlo. A pesar de lo que sus doctores dijeron cuando le dieron el alta, Harry se da cuenta que su esposa aun está débil, sino físicamente si de manera emocional y no quiere abrumarlo de ninguna manera, ni siquiera por su calentura cada vez que lo ve siendo una buena mamá. Porque, entonces, Harry le hace saber a Sasha que a pesar de las discusiones que han tenido y los pequeños traspiés que Louis ha tenido con Fiama, su esposa es una mamá asombrosa y él lo sabe por la manera en que su hija lo mira como si Louis bajara las estrellas para ella.

—Harry, amigo— le interrumpe Sasha suavemente cuando Harry se toma un momento para respirar y ordenar de nuevo sus pensamientos que se han desviado al preguntarse que estarán haciendo en este momento su esposa e hija—. Aunque soy psicoterapeuta, hay cosas en las que no estoy del todo especializada por el área de trabajo que elegí— se excusa a sí misma pero por su mirada seria Harry no se atreve a interrumpir—. Pero, querido, por lo que me dices Louis podría estar pasando una depresión postparto que ha ido escalando.

—¿Depresión postparto?— pregunta incrédulo.

—Hay un termino llamado baby blues con el que los profesionales se refieren a la tristeza postparto— le explica, aunque de forma algo vaga para lo que le gustaría a ella—. Esta tristeza viene cuando el parto no es como la madre hubiera querido pero suelen sobreponerse algunas semanas después, normalmente para el final de cuarentena están bien. Cuando eso no sucede, la madre entra en lo que se llama depresión postparto. La mamá no sólo sigue pensando en que su parto no fue el que esperaba, sino que empieza en ocasiones a culparse o exigirse algo a sí misma por ello. Su tristeza ahora viene acompañada de ira. Están tan tristes que inconscientemente se descuidan, entonces su autoestima baja. Y aunque atiendan a sus hijos de buena manera, tienen muchos cuestionamientos en su cabeza— con cada frase que suelta Sasha, el corazón de Harry se oprime dolorosamente pensando en Louis—. Escucha, te repito que no soy una experta en ello y mi conocimiento es vago pero el suficiente para saber que Louis necesita ayuda profesional. Sé cuanto lo amas, H, y cuanto te ama él. Con la ayuda adecuada van a pasar por esto, no tiene que seguir afectando tu matrimonio ni la maternidad de Lou. Tengo una amiga que puede ayudarlos— Sasha toma sus manos nuevamente, apretándolas con cariño.

Harry no sabía que necesitaba que alguien le diera ese tipo de esperanza.

—Estaría eternamente agradecido, S— murmura a través del nudo en su garganta, Sasha niega con una sonrisa.

Tal como dijo, Sasha le da el contacto de su amiga antes de darle un suave abrazo de despedida.

—Oh, y Harry— dice la morena, deteniéndose en la puerta de su oficina para mirarlo—. Ve a casa temprano hoy, hazle ese favor a Orlando que el pobre necesita un descanso de tu cara— sus palabras le hacen reír—. Y asegúrate al llegar de hacerle saber a Louis lo amado y deseado que sigue siendo por ti. Incluso si no te lo ha dicho, o tú no lo has pensado, estoy segura de que te extraña tanto como tú me has dicho que lo extrañas a él.

Harry asiente ante las palabras de su amiga, mirándola partir después. Sigue su consejo y ordena su oficina un poco antes de tomar sus cosas y salir. Se encuentra a su asistente en su escritorio habitual, con la cabeza sumergida en su computadora. Orlando brinca en su sitio cuando Harry carraspea para llamar su atención.

—¿Ya se va, señor?— pregunta algo sorprendido.

—Así es, a menos de que haya algo que necesite mi atención hoy— dice, ante todo preocupado por sus pendientes.

—Para nada, señor. Puede irse tranquilo— asegura Orlando y Harry casi se ríe de su cara de alivio.

—Muy bien, entonces nos vemos m…— se corta, pensando por un momento en el que Orlando se queda esperando con atención sus siguientes palabras—. ¿Hay algo importante para mañana?— pregunta con duda y permite que Orlando dé una rápida hojeada a su agenda, cuando lo ve negar, agrega—. Nos vemos pasado mañana, entonces. Me tomaré el día de mañana libre, puedes hacer lo mismo— le sonríe a su estresado asistente.

—¿De verdad, señor? Muchas gracias— los ojos castaños de Orlando se iluminan haciendo reír a Harry cuando lo deja, caminando hacia el elevador.

Tiene planeado llegar a casa y hacerle saber a Louis lo mucho que lo ama, y pasará todo el día siguiente recordándoselo también porque un día no podría ser suficiente cuando tiene algunos meses que recomponer.

Cuando llega a casa a pesar de lo mucho que su charla con Sasha lo puso a pensar su mente queda agradablemente en blanco cuando, al abrir la puerta y seguir el sonido de la música de fondo que lo recibe hasta la cocina, se encuentra a su esposa moviendo las caderas al ritmo de la música mientras adorna unos muffins con Fiama mirándolo atentamente desde su columpio, donde agita sus manitas y balbucea al ritmo de la canción. Louis parece brillar esta tarde, un brillo que Harry hace tiempo no veía. Es, por un momento, como si todos estuvieran equivocados y su esposa no pudiera tener esa depresión postparto que comento Sasha. Pero Harry no se deja engañar ahora que sabe, aunque aprecia el momento.

Atraído por la imagen y el balanceo de las caderas de su esposa, Harry vuela hacía Louis como lo haría un pájaro azul.

—Hey, amor— saluda al momento que lo toma por las caderas, sonriendo suavemente cuando Louis salta a su toque, sorprendido por no haberlo visto llegar.

—Hola, me asustaste— Louis dice con una risita.

Hay harina manchando su mejilla derecha y su cabello, ahora crecido hasta sus hombros, está amarrado en una descuidada coleta que hace que mechones se escapen y vaguen por su rostro. Las arruguitas junto a sus ojos cuando sonríe le arrebatan el aliento a Harry y sin pensarlo mucho, incapaz de contenerse, se inclina ante esos bonitos labios rosados que por años lo han vuelto loco. Cubre la sonrisa en ellos con sus propios labios, besando a su esposa como hace días, meses, no lo había hecho. Harry se deleita cuando su beso arranca un jadeo de Louis, que lleva sus manos a sus hombros para sostenerse, Harry así lo abraza mejor, envolviendo sus caderas con sus brazos antes de pegarlo más a él, haciendo que Louis arquee su espalda presionando sus pechos juntos. Están en el cielo de nuevo.

Quisiera seguir besando a su esposa de está manera por siempre, sin embargo Louis se aleja de él con una risa cantarina cuando el temporizador suena. Harry trata de retenerlo, pero cuando ve que Louis estira una mano hacía la llave del horno lo deja ir con un suspiro. Años de experiencia le han dejado claro que no debe de interrumpir a su esposa cocinando.

—¿Qué haces, mami?— pregunta yendo tras Louis y pese a no querer interrumpirlo, sus manos encuentran su lugar en las anchas caderas de su esposa que revisa el horno.

—Tu madre y la mía vendrán pasado mañana, por el cumplemés de Fiama— dice Louis, y aunque su voz es tranquila y su rostro está lejos de su vista, Harry sabe sin verlo que es una idea que no le agrada—. Estoy haciendo postres para una sesión de fotos que dicen que quieren hacerle, y por si vienen mis hermanas— se encoge de hombros.

—No tienen porque venir— no lo piensa mucho antes de decir esas palabras, pero no se retracta cuando Louis voltea a verlo y hay un pequeño brillo de esperanza en sus ojos—. Dime, mi amor, ¿quieres que vengan?— pregunta para asegurarse y sonríe suavemente cuando Louis hace un pequeño puchero y niega con la cabeza. Harry lo envuelve entre sus brazos de nuevo, dando un pequeño beso a sus labios—. Entonces las llamaré y les diré que queremos pasar el día sólo nosotros. Son sólo cinco meses, no es como si fuera su primer cumpleaños, esa dichosa sesión de fotos puede esperar a entonces, ¿hm? A Fiama ni siquiera le importará, ¿verdad, mi niña?— pregunta, echando un vistazo a Fiama que sigue en su mundo feliz por la música.

—¡Am!— grita feliz cuando se da cuenta que la atención de sus padres está en ella, aplaude felizmente en su columpio.

—¿Estás seguro?— pregunta esta vez Louis y hay una mirada temerosa en sus ojos mientras mira a su hija cuando habla de nuevo—: Tal vez si sería bueno, así ella lo recordará y no me odiara por creer que no era lo suficientemente importante para mí como para festejarlo— su voz es tan pequeña y frágil.

Harry lo aprisiona un poco más fuerte en su abrazo, hasta que Louis lo mira con sus ojos un poco acuosos. En todos los años que tienen de conocerse, Harry nunca había visto a Louis así de vulnerable. Tener un vistazo, aunque pequeño, de cómo se siente su esposa con su nueva maternidad le da un nudo en la garganta que se obliga a pasar. Sonriéndole cálidamente, vuelve a besarlo esperando disolver sus pensamientos en un beso.

—Cariño, Fiama nunca podría odiarte, menos por algo como eso— le asegura al dejarle ir, deleitándose con la vista de las mejillas sonrojadas y los preciosos ojos como cielo que tanto ama—. Ella no recordará ese día, te lo aseguro. Podríamos hacer cualquier cosa en su cumplemés y Fiama seguirá viéndote como si escupieras arcoíris.

Ahí lo logra. Louis suelta una carcajada ante su frase, mirándolo con desconcierto mientras ríe, esa mirada que Harry siempre ha interpretado como un “¿de verdad eres tan tonto? No puedo creer que así te amo” y su corazón se siente cálido mientras su pecho se infla de orgullo por haber hecho reír así a su esposa. Fiama se une a su madre, riendo fuertemente sabiendo que también está involucrada en este pequeño momento de felicidad.

Louis la mira entonces, aun temeroso pero mucho más suave. Le sonríe a su bebé, antes de mirarlo a él con amor.

—Es preciosa, ¿hm?— tararea su esposa.

Sus mejillas siguen sonrojadas y sus ojos están brillando tan hermosos como a Harry le gustaría que siempre brillen. Harry le acomoda unos mechones de cabello mientras asiente, dándole un beso fugaz antes de responder:

—Tanto como su mami.

🧸

Louis cree que está soñando una vez más con su marido, como ha estado haciendo tanto últimamente, cuando siente una cálida boca familiar tomando sus bolas con experiencia. Suelta un gemido mientras sus caderas se agitan y se siente tan bien que quiere seguir soñando.

Cuando las manos fuertes de su marido lo sostienen contra el colchón evitando que se mueva, tomándolo inmediatamente dentro de su boca sin titubeos, Louis abre los ojos por fin. Se sorprende al encontrar los ojos verdes de Harry ya pendientes en su rostro y Louis sólo puede volver a gemir al mirarlo bajar hasta que su polla está chocando con su garganta. Los ojos de Louis se ponen en blanco del placer y se hunde contra las almohadas.

Antes de que el sexo les fuera prohibido por Michael durante el embarazo, despertar así era algo normal para Louis. Ya comenzaba a creer que nunca tendría esto de nuevo. Su mente nebulosa por el sueño le permite entregarse al momento sin pensar en nada más que la boca de su esposo engulléndolo, saboreándolo como si su polla fuera su paleta favorita.

Es vergonzoso lo rápido que Harry lo lleva al borde al tomarlo en su boca. Louis grita el nombre de Harry al correrse sin aviso, y por un momento le invade el pánico cuando su mente le recuerda a Fiama así que la busca con una rápida mirada sólo para darse cuenta de que su moisés no está pero si hay un monitor de bebés en la mesita de noche. Suspira aliviado por ello y gime en alivio cuando siente a Harry tomar su venida sin protesta, limpiando con su lengua lo que al final se le escapa. Louis se estremece contra el colchón, pero cuando siente que Harry sube con sus labios por su pelvis hasta llegar a su vientre, la realidad de su cuerpo le golpea e intenta apartarse.

—¿Qué hora es? Debes ir al trabajo— dice con su voz ronca, por el sueño y por los gemidos y gritos provocados hace poco.

—Estoy tomándome el día libre, mi cielo— tararea Harry, tomándolo con fuerza de sus caderas para mantenerlo quieto y volver a besar su piel. Louis se estremece e intenta apartarse una vez más, sólo para que Harry suspire y se aparte. Se muerde el labio creyendo que lo ha hecho molestar, pero Harry lo mira entonces con ojos suaves mientras se sienta en el colchón y le toma una mano, tirando de él—. Ven aquí, amor— pide suavemente.

Siendo consciente de su desnudez, pues sin darse cuenta Harry se deshizo por él de su camisón para dormir y de sus bragas de algodón, se pone de rodillas sobre la cama con timidez y jadea cuando su esposo lo lleva hacia su regazo apenas vestido por sus sencillos Calvin Klein blancos que siempre le hacen agua la boca.

—Hey— se queja a través de su jadeo sorprendido, sólo para ser silenciado por los labios de Harry que sólo se presionan sobre los suyos en un beso suave.

—Quiero que hablemos, amor— le pide Harry y Louis abre sus ojos enormemente, sorprendido y asustado por esas palabras. Harry se apresura a calmarlo al notarlo—. No es nada malo, lo prometo. Sólo siento que hace mucho no hablamos como deberíamos hacerlo. Sé que hay algo aquí— habla con voz dulce y tranquila, señalando su cabeza con un dedo que presiona su sien antes de que sus labios lo remplacen después—, que te está atormentando y me gustaría que lo compartas conmigo— continúa.

—No hay nada— responde Louis rápidamente, poniéndose a la defensiva cuando las palabras de Harry se sienten como golpes contra las murallas que ha levantado.

Si esperaba alguna reacción de su esposo cada vez que ha iniciado una discusión, no fue esto. No esperaba que Harry viera a través de él y lograra darse cuenta de que hay algo mal con Louis. Se aferra a sus murallas, sin querer ser descubierto.

—Te olvidas de que llevo años conociéndote, compartiendo cama contigo. Sé cuando me mientes a la cara, Louis Styles, y ahora lo estás haciendo— le reprende Harry, sin perder la tranquilidad de su voz—. Cariño, sólo quiero saber para poder ayudarnos. Estoy cansado de pelear contigo, nosotros nunca hemos sido así, extraño a mi esposa— Louis lo voltea a ver rápidamente ante sus palabras, mordiéndose el labio inferior cuando este amenaza con temblar, Harry lo toma entre sus dedos mientras habla—. Somos un equipo, bebé. Podemos solucionar cualquier cosa, juntos.

—¿Dónde está Fiama?— pregunta en un murmuro tembloroso. Sabe que va a romperse en cualquier momento y sólo quiere asegurarse de que Fiama no vaya a estar presente cuando él hable.

—Está visitando su habitación, la deje dormida en su cuna. Creo que es un buen momento para que comience a dormir allá, su pediatra lo recomendó para que no le cueste dormir sola cuando esté más grande— responde Harry con un encogimiento de hombros, voz despreocupada. Louis lo ve con algo de sorpresa, su esposo sólo sonríe—. Si despierta el monitor nos avisa, son muy útiles.

—Supongo— la sorpresa es evidente en su respuesta.

—Así que, ahora que hemos asegurado que nuestra hija está a salvo y no puede interrumpirnos, me gustaría de verdad que hablemos, mi amor— pide Harry nuevamente, acariciando su rostro con una mano, la que tiene libre porque su brazo no sostiene a Louis por la espalda manteniéndolo en su sitio.

—Lo siento— es lo primero que dice Louis, con voz temblorosa. Harry lo ve interrogante y dispuesto a interrumpir antes de que Louis se adelante—. Lo siento por hacernos pelear. Sé que es porque hay algo malo conmigo y me desquito contigo cuando tú siempre eres tan bueno. Eres el mejor esposo del mundo, Harry, y yo estoy mal y lo echo todo a la mierda y no te quiero perder— solloza.

—Escúchame bien, Louis— Harry interrumpe su perorata, tomándolo por la barbilla para hacerlo ver su rostro—. No hay nada, absolutamente nada malo contigo— asegura Harry con voz firme, mirándolo sin vacilación—. Eres el hombre más asombroso que he tenido la fortuna de conocer. Eres tan fuerte, cariño, tan tenaz e inteligente, tan valiente. Tu mente es una genialidad, la he visto trabajando tantos años creando las cosas más asombrosas para lucir en una pasarela, volviendo dioses sobre la tierra a simple terrenales. Mírame, soy prueba de ello— esas palabras le hacen reír un poco—. Podría decir mil cosas sobre esa cabecita tuya y sobre tu deslumbrante belleza, amor. Eres arrebatadoramente hermoso. Robaste mi aliento y mi corazón con una sola mirada, lo sabes. Tengo sólo cosas buenas que decir de ti, bebé, porque sigo tan enamorado de ti y lo estaré más cada año, por siempre. He sido tuyo desde el día uno, Lou. Jamás podrías perderme.

Y bien, Louis es sólo un simple mortal también así que nadie puede culparlo por lo mucho que llora tras esas palabras. Harry lo envuelve con ambos brazos, pegándolo a su pecho y Louis se permite tirar todas sus paredes y ser tan vulnerable como sólo ha podido ser frente a su esposo.

🧸

—Mami, anoche no mentía cuando te dije que ella jamás podría odiarte— las palabras de Harry le hacen sonreír.

Fiama lo mira con sus ojos verdes, sonriendo aun con su pezón en su boca. Pronto podrá comenzar a darle papillas y empezaran a salirle sus dientes, pero de momento Louis sigue alimentándola con su leche. Es una fortuna que siga generando tanta, y una sorpresa también.

—Mírala como te ve— la voz de su esposo está llena de asombro mientras los observa.

—¿Cómo si escupiera arcoíris?— se burla.

—Y como si le bajaras todas las estrellas— asegura.

Los ojos verdes más pequeños brillan, como si confirmaran esas palabras.

Louis se siente más ligero ahora que ha compartido todos sus pensamientos y sentimientos con su esposo. Eso no los ha hecho desaparecer, pero si hacen que respirar sea más fácil sin ese peso sobre su espalda.

—Eres una madre asombrosa, mi amor. Sé que no lo crees, que no me crees, pero ella te lo hará saber muy pronto, estoy seguro— la seguridad en la voz de Harry le hace sonreír a pesar de todo—. Estoy aliviado de que hayas hablado conmigo, y muy orgulloso también. Sé ahora que no está siendo fácil, pero juntos lo haremos mejor.

—Gracias por no dejarme— agradece Louis, aunque Harry ya le ha asegurado antes que eso es algo que no podría hacer.

Hay algo que cambia en la mirada de Harry con sus palabras. Louis lo mira un poco confundido pero Harry sólo toma la mecedora que ha traído del cuarto de Fiama, remplazándola por el moisés, y se sienta frente a él tomándole su mano libre para darle un apretón. Lo conoce lo suficiente para saber que tiene algo que decir, por lo que Louis sólo espera.

—Hay algo que quiero decirte— ahí está.

—Lo que sea, amor— pide Louis, un poco ansioso.

—No creí que esto fuera necesario de decir, no ahora ni en ningún momento, porque he estado tan aliviado de tenerte conmigo que me permití olvidar que por un momento estuve por perderte— empieza, carraspeando un nudo en su garganta e interrumpiendo a Louis cuando trata de preguntar de qué habla—. El día que diste a luz a nuestra hija, no sólo fue un día traumático para ti, Lou. También lo fue para mí. Cuando llegué al hospital, un médico me hizo firmar unos papeles nuevos. Tu parto fue más peligroso de lo previsto, eso ya lo sabes, pero lo que no sabes es que en ese momento tuve que firmar un documento en el que se me informaba que cualquiera de los dos podía morir ahí.

—¿Cómo?— pregunta Louis sorprendido, mirando los ojos de Harry cristalizarse.

—Tuve que elegir, mi amor. Me hicieron elegir entre si tenían que salvarte a ti o a Fiama si llegaba el momento— las palabras son una sorpresa para Louis tanto como las lágrimas que derrama Harry de sólo recordar el dolor que enfrento en ese momento—. Y te elegí a ti, Louis, y lo haría mil veces más porque eres mi vida y no podría existir sin ti. Sabía que si algo pasaba, que si la perdíamos a ella ibas a estar tan triste y molesto, y aun así fui egoísta y elegí tu vida sobre la de ella porque no estaba, ni estoy ni estaré nunca, dispuesto a vivir sin ti. Porque te amo más de lo que cualquiera de los dos ha podido imaginar, y preferiría vivir con tu odio que saberte muerto.

—¿Me elegiste sobre nuestra hija?— es una pregunta estúpida luego de todo lo que ha dicho Harry pero Louis necesita hacerla, necesita una respuesta que Harry da sin titubear.

—Te elegiría sobre cualquier persona, bebé.

Una sonrisa enorme y acuosa se plasma en el rostro de Louis ante esas palabras. Si en algún momento dudo del amor de Harry por él, si alguna vez sintió celos de que tuviera más atención para Fiama que para él, todo se esfuma en ese momento tras cada palabra de su esposo.

—Tienes razón, habría estado tan enojado y triste— responde con seguridad, sin embargo sonriendo—, pero lo habría superado, porque tampoco podría vivir sin ti. Y sé que me habrías ayudado a superarlo si hubiera pasado.

—Por supuesto— asiente Harry, dando un beso en su mano y luego mirando a Fiama, tranquilamente dormida con su boquita aun succionando de repente su pezón—. Afortunadamente los tengo a los dos conmigo. Y los voy a cuidar por siempre, y amarlos por siempre.

—Nunca tuve dudas de que eras el prospecto ideal para darme la familia que soñé desde que me supe un portante— Louis se ríe, mirando a su esposo con cariño—. Gracias también por no rendirte conmigo ahora. El haberte dicho como me siento y saber que no me juzgas y que sólo quieres lo mejor para mí, amor, no tienes ni idea de lo mucho que significa.

—Eres el amor de mi vida, Louis Styles— asegura Harry poniéndose de pie para tomar asiento ahora en la cama, envolviendo a Louis en un cálido abrazo que abarca también a su pequeña—. Jamás me rendiría contigo, mami, porque sé que tú no lo harías conmigo. Somos un equipo, recuerda. Vamos a resolverlo todo, lo principal ahora es que has aceptado que necesitamos una ayuda externa.

—Mientras esa ayuda sea profesional y no nuestras madres— se burla Louis con un estremecimiento que hace reír a Harry.

—Estoy seguro de que Rosemary también podría ser una excelente niñera, hay que preguntarle— dice Harry moviendo las cejas sugerentemente.

Louis tiene que contener su carcajada para no despertar a su hija.

🧸

Louis no va a mentir nunca y a decir que superar su depresión postparto es fácil, sin embargo puede decir con orgullo que su esposo está con él en el proceso como la mejor red de apoyo.

Rosemary accedió a volver a trabajar para ellos en el mismo horario que Harry tiene de oficina. Louis dudó que lo fuera a hacer, pero se llevó una sorpresa cuando Rosemary le dijo que su especialidad era el área neonatal y que estaría feliz de ayudarle a cuidar a una bebé tan preciosa como la suya, después de todo por desgracia no tenía un empleo fijo en ningún hospital y los ingresos extras siempre eran bienvenidos por ella. Estuvo feliz de que ambos le ofrecieran algo más estable, y con gusto muy dispuesta a ayudar a Louis a superar su bache.

Con Rosemary llegó también en su ayuda Gianna, la psicóloga que le recomendó Sasha a Harry. Con citas regulares, en las que Louis se toma siempre un tiempo a solas para ir dejando a Fiama con Rosemary y sabiendo a su esposo en su oficina, las cosas poco a poco han ido mejorando. Gianna le inspiro mucha confianza desde la primera cita, sin juzgarlo en ningún momento y siempre con palabras útiles lo ha ido ayudando.

Han pasado tres meses desde la primera cita y Louis sabe que aún hay un camino que recorrer, pero en estos momentos puede decir que ahora no duda en reclamar a una bonita bebé de rizos cobrizos y ojos verdes como suya.

—¡Am’má!

—No, bebita, mamá. Ma-má— corrige con paciencia a Fiama mientras le cambia su pañal.

Con seguridad sabe que no le importa si tiene que ir a mil citas más o tomar por más tiempo las pastillas que han venido también con su terapia, pasará a través de todo para lograr superar su depresión postparto y disfrutar al cien su maternidad sin sentirse triste, enojado o culpable por nada.

—Entre más nos escuche, más rápido nos llamara. Aunque creo que ahora eso es lo mejor que podrás conseguir— Harry interrumpe sus pensamientos al hablar mientras lo toma por las caderas, pegándose a su espalda para mirarlo cambiar a Fiama—. ¿No es así, nena? Dile a mamá que tu primera palabra será papi, quieres.

—Estás loco si eso va a pasar, a mí me dolió tenerla, tengo que ser su primera palabra— reclama Louis, aunque hay una sonrisa juguetona en sus labios.

Lo que fue un trauma ahora puede ser motivo de bromas, incluso si Harry sigue rodando los ojos al oírlas. Louis se ríe, su esposo debería de estar acostumbrado considerando que siempre ha preferido reírse de sus desgracias que llorarlas, esto es ahora una de ellas. Gianna dice que está bien, después de todo, cualquier cosa que pueda ayudarlo a pasarlo.

—¡Má!— grita Fiama aplaudiendo feliz cuando tiene por fin puesto su bonito vestido violeta. Louis sonríe de verla tan preciosa, aunque hace una mueca cuando Fiama lo mira asustada al verlo sacar una diadema—. ¡Má!— el grito antes feliz es ahora uno de rabieta.

—Buena suerte con eso— se ríe Harry, sacando del closet una camisa gris que comienza a ponerse.

—Tal vez podemos darla por perdida, sus abuelas no tienen que enterarse, ¿hm?— Louis se encoge de hombros, sin corazón para hacer llorar a su hija al peinarla—. Te echaré la culpa, estaremos bien— se encoge de hombros.

—¿A mí?— pregunta Harry escandalizado, aunque su queja muere cuando ve a Louis cargando a una muy preciosa Fiama, ambos combinando su ropa ya que Louis lleva una bonita corbata del mismo color que el vestido de su hija sobre su camisa gris en conjunto con su traje del mismo color. Harry se vestirá igual—. Se ven preciosos. Mis amores, los más hermosos.

Louis sonríe ampliamente ante las palabras de su esposo, caminando con su hija en brazos hacia él para darle un beso. Fiama se ríe alto cuando Harry los envuelve entre sus brazos y Louis sólo puede suspirar, disfrutando del beso que es dejado en su cabeza y de su hija babeando la mejilla de su padre con entusiasmo mientras Harry se inclina al oído de Louis para decirle palabras dulces que le hacen sonrojar.

—Soy tan afortunado de tenerte, eres la esposa perfecta— se acicala con esas palabras—. Te amo, mami.

—Te amo más, papi— sonríe Louis.

Louis cree que la comida para celebrar los ocho meses de Fiama, organizada por Anne en su casa, puede esperar un poco, porque él en definitiva no va a apurar este pequeño momento celestial.

Mientras escucha a su hija riendo y a su esposo reafirmarle su amor, Louis está seguro de que superará todo. Por ahora va por buen camino y con unos maravillosos compañeros de apoyo, sus mayores amores: su esposo y su hija.

—¡Mamá!

🧸