Shall We Dance? | SanSang

Summary

¿Cómo terminas con un pie del tamaño de un melón después de tu primera clase de baile? Kang YeoSang puede dar dos respuestas a eso. La clásica y más obvia, torpeza de principiante, o la menos clásica e inesperada. Una que incluye a su caliente profesor de baile Choi San, más un vestidor, y la posibilidad que haya hecho algo más que solo bailar. ¿Quieres descubrir la respuesta correcta? Mejor aún. ¿Quieres descubrir que sucedió después de la primera clase?

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6
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n/a
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18+

Capítulo 1

San. Choi – jodido- San.

Así se llamaba. Bueno, el jodido estaba demás.

Ese era el nombre de su profesor de baile.

Guapo y con unos movimientos de infarto, no era raro que la clase de San fuera la más concurrida en ese nuevo estudio de danza que estaba a solo un par de cuadras de su departamento. Aunque el lugar no era muy conocido por recién estar comenzando, San ya se había hecho un nombre en la zona. Lo suficiente para que, conseguir un espacio en su clase, fuera casi imposible.

Pero él lo había conseguido. Mejor dicho, su mejor amigo WooYoung se lo había conseguido como regalo de cumpleaños.

“Siempre dices que te hubiera gustado aprender a bailar. Esta es tu oportunidad”, le había dicho con una sonrisa brillante, auspiciada por la botella de Soju que se habían bebido entre los dos.

Fue así que una semana después de su cumpleaños, de comer tarta y emborracharse con su mejor amigo, YeoSang se veía corriendo para llegar a tiempo a la susodicha y exclusiva clase de baile. Había tenido que hacer malabares en el trabajo para salir a tiempo y aun así se veía corriendo por las atestadas calles de Seúl, repletas de personas que igual que él, se apresuraban en llegar a sus casas, terminando todos apiñados como sardinas en medio del transporte público.

Sudoroso y jadeante, se preguntó si llegaría a la hora. No quería llegar atrasado. No solo porque era vergonzoso, sino también no le gustaba hacerlo. Además, WooYoung le había insistido toda la puñetera semana que fuera y no se le olvidara.

No dejes ir el baile otra vez”, le había dicho más de una vez. Y tenía razón. Cuando era adolescente YeoSang había tomado algunas clases por propia voluntad y le había encantado. Le hacía sentir la cabeza liviana y conectada con los movimientos, su cuerpo liberándose para fluir y seguir el ritmo de la tonada. Pero sus padres no lo habían entendido. Lo vieron como un pasatiempo que pronto le quitaron, para que invirtiera su tiempo en algo realmente significativo, sus estudios. Luego, en la universidad no tuvo ni un minuto y cuando ya comenzó a trabajar, el dinero se iba en pagar cuentas y no en caprichos como clases de baile.

Había dejado ir el baile.

Por eso es que WooYoung había decidido regalarle una clase y con un buen profesor. Para que se diera la opción de probar una vez más.

“Si te gusta, te consigo más. Si te aburre, no vuelvo a insistir”, le había dicho.

Así que ahí estaba, corriendo porque no quería perder esa única posibilidad. Esa única prueba que podía demostrarle que, pese a su apretado horario laboral, podía hacerse un espacio e ir a una clase de baile un lunes por la tarde. Aunque si era sincero, si es que lograba llegar y le gustaba, vería de cambiar el horario al fin de semana.

¿Por qué WooYoung no le había conseguido otro día?

- Nunca te quejes de un regalo – se reprochó mentalmente mientras subía las escaleras de dos en dos para llegar al segundo piso de ese edificio donde estaba el salón de baile en que se daría la clase, la recepcionista del primer piso indicándole como llegar.

Con solo cinco segundos para la hora indicada, YeoSang abrió la puerta de vidrio que daba hacia el pulcro salón de piso pulido y paredes blancas. La mayoría ya estaba ahí, o eso supuso, porque había bastante personas, hombres y mujeres, la mayoría siendo más jóvenes que él.

Con una ligera inclinación de cabeza, algo cohibido, se movió hasta el fondo del salón, pasando por entre algunos alumnos que se encontraban estirando y calentando previo a la clase. Se veían más experimentados de lo que esperaba y por un instante pensó si había sido bueno ir a esa clase. Cuando WooYoung se la comentó, él había pensado que era una clase de baile común, que cualquiera sin conocimiento previo, podía tomar sin complicaciones.

Ahora no estaba seguro si era así.

Si eran tan básicas…como él quería que fueran.

- Voy hacer el ridículo- pensó mientras iba más al fondo. Entre más lejos, mejor. En ese punto quería ocultar su inexperiencia lo más posible, al tiempo que se repetía mentalmente que debería haber averiguado más antes de aceptar ir a la clase.

Agradeciendo al menos de haberse cambiado en su trabajo por algo más cómodo, YeoSang dejó su bolso en el piso justo cuando escuchó que la puerta se abría y el murmullo general disminuía, todos moviéndose a sus posiciones.

El famoso profesor Choi San, había llegado.

Siendo la primera vez que lo veía en persona, YeoSang debía admitir que no le pareció nada del otro mundo. De estatura promedio y cabello negro, desde esa distancia se veía como cualquier coreano. Nada espectacular. O al menos no tenía el inconfundible sex appeal del actor Lee MinHo.

Supuso que eso pasaba con los rumores. Hacían que algo insignificante se volviera enorme. Y considerando que WooYoung tendía a exagerar, seguro lo aumentó aún más hasta subir sus expectativas, cuando la realidad no era tan increíble.

- No es que importe en verdad – pensó encogiéndose de hombros – Después de todo, solo vengo a bailar

Y eso pensó. Hasta que la música empezó a sonar.

¿Cómo una persona podía cambiar tan radicalmente?

En un minuto tenía frente a él a un hombre común, con una sonrisa amable y hasta sosa, para el siguiente tener al Dios del baile, con movimientos fuertes y fluidos que le hacían pensar dos veces si estaba frente al mismo profesor o si en un acto de magia lo habían cambiado por alguien más.

Boquiabierto, se quedó observando como el profesor de baile se movía en total sintonía con la música, mientras indicaba los tiempos y cómo realizar los pasos, YeoSang quedando estático en su lugar, sin procesar absolutamente nada, hasta que alguien lo empujó, eso recordándole donde estaba y obligándolo a moverse.

Tropezando con sus propios pies, por tener la cabeza en otra parte, YeoSang intentó ponerse al corriente e intentar imitar los pasos lo mejor posible. Pero no había caso. Con la mirada fija en esa esbelta figura que se reflejaba en el espejo, junto con su cabeza que parecía no querer procesar nada que fuera relacionado a mover su cuerpo, terminó tropezando más de una vez. También disculpándose cuando pisaba o empujaba a alguien.

Si, definitivamente no estaba funcionando.

Y cuando San movió su cadera…

Pobre del alma que estaba a su lado, porque estuvo seguro que algo crujió cuando lo pisó.

¡Ese movimiento no debería ser legal! ¡¿Es que acaso el resto eran ciegos que podían seguir bailando como si nada después de eso?!

Lo peor, es que no solo estaba prácticamente matando los pies de todos a su alrededor y babeando por el profesor, sino que San lo vio. Sus agudos ojos de lince lo vieron a través del reflejo del espejo, YeoSang viendo a lo lejos como su ceja se arqueaba interrogante.

Su sola mirada deteniéndolo.

- Deben ser impresiones mías – se dijo – Por favor que no me esté mirando a mí, que sea otro…

Pero, no. Lo estaba mirando a él. Y lo supo, porque se dio media vuelta sus ojos pasando a verlo directo, sin un espejo entre medio. Haciendo un gesto con la mano, dio a entender que siguieran repitiendo la secuencia antes de comenzar a caminar. ¡A caminar!

Bien, por supuesto que podía caminar. Si podía bailar así, caminar era algo tan sencillo cómo respirar.

Sudando a mares, YeoSang intentó aparentar. De mover algo su cuerpo, de imitar de alguna forma a quien bailaba unos pasos más adelante. Cabe decir, que su imitación fue más que desastrosa y su baja capacidad de aparentar llevó que se viera más sospechoso aún.

Sobre todo, cuando tuvo a San frente a él, eso sin ayudarlo ni un poquito.

Porque ahí, con esa mirada penetrante, junto el sudor y la camiseta negra adhiriéndose como una segunda piel, San se veía como un puto dios y YeoSang casi se mata con sus propios pies por eso. El sujeto era increíble y estaba claro que él tendría que ir al oculista por no haberlo notado antes. Empezando por sus anchos hombros, esos de por sí siendo pecaminosos. Si a eso sumaba que la tela empezaba a marcar sus abdominales y los fornidos brazos, estaba perdido. Qué decir sus pantalones negros que, aunque sueltos, no eran lo suficientes para ocultar el gran…

Un carraspeo, lo hizo alzar rápidamente la mirada hacia los sagaces ojos oscuros. Tragó con dificultad.

- ¿Todo bien?

- Amm…si…excelente – respondió medio sonriendo intentando seguir lo que fuera que estaba haciendo, porque baile no era.

San inclinó su cabeza, mientras YeoSang sentía que estaba aleteando igual que gallina bajo su mirada. En serio, le faltaban las plumas. Estaba perdido. No había forma de aparentar su incapacidad para seguir la coreografía, pero no porque fuera difícil, sino porque no había prestado atención.

- Me parece que tienes que venir más adelante

¡¿Qué?!

- No, aquí estoy muy bien. En serio – reafirmó moviendo la cabeza tan entusiasta, que le dolió. Aceptaba cualquier cosa, incluso que lo echara del salón. Todo menos estar más cerca de San. Si ya de lejos lo tenía todo perdido, no quería imaginar cómo sería tenerlo a solo un metro de distancia, con esos movimientos.

Especialmente de cadera.

- Insisto. Desde aquí parece que…no puedes ver muy bien los pasos. De esa forma te puedo guiar

YeoSang tragó una vez más con dificultad. No estaba seguro qué se había imaginado con la palabra “guiar”, pero no se relacionaba a baile. Le gustaría que San lo guiara, pero de una forma donde no hubiera un millar de ojos mirándolos y solo tuvieran el salón para ellos con la música de fondo, mientras San hacía esos movimientos contra su cuerpo…

¡Jesús! ¿De dónde había venido eso?

WooYoung no debió regalarle una clase de baile, sino una cita. O mejor, un vibrador con pilas recargables.

Con el rostro caliente, carraspeó. San lo seguía mirando, esperando una respuesta y él estaba teniendo los pensamientos más indecentes posibles con su profesor de baile. Cuando llegara a casa se daría una ducha muy larga. Extra larga. Tan larga como lo que se vislumbraba en los pantalones de San…

¡Dios! ¡Para ya!

- Esta bien – cedió finalmente sabiendo que no tenía ningún argumento válido para negarse.

O al menos, no le apetecía decirle a San; “lo siento, no quiero estar cerca de ti, porque me imagino que lo montamos en medio del salón. Y si, solo te he vito por quince minutos y ya nos imagino follando.”

Si, sonaba perfecto. Podría hasta agregarle al final; “soy pervertido, pero no peligroso”.

Ni siquiera era adicto al sexo o algo así. De hecho, era la primera vez que le sucedía algo como eso.

¿Sería el síndrome de abstinencia?

¿Cuándo fue la última vez…?

Negó. No iba a empezar a sacar cuentas ahora.

Venía de una temporada larga sin sexo, punto final. El problema, es que no pensó que lo afectaría tanto. O al menos no al nivel para tener esos pensamientos con su profesor de baile, un completo desconocido, por lo demás.

Un sexy desconocido.

En fin, lo que fuera no importaba, porque de todas formas ya estaba avanzando entre medio de los alumnos para quedar en un extremo de la segunda fila, San indicándole que desde ahí lo vería mejor y que se fijara en los movimientos que hacía (¡Uf! Si supiera). También que lo hiciera a su propio tiempo si le dificultaba seguirlo con la música.

Medio asintiendo, YeoSang aceptó sus indicaciones. También agitó su cabeza, esperando que eso lo despejara antes de retomar los pasos.

No estaba seguro si mejoró, pero al menos no pisó a nadie. Ese era un avance.

Hasta podría decir que le cogió cierto ritmo. Excepto cuando San movía las caderas. Ahí olvidaba hasta su nombre y como respirar.

Cuando la clase llegó a su fin, YeoSang simplemente quería recostarse en el piso y no volver a levantarse jamás. Estaba agotado tanto física como psicológicamente. Adolorido también y considerando lo sudado que estaba, la ducha que había pensado en un inicio, no le vendría nada mal ahora.

Apresurándose a ir por sus cosas y viendo que el profesor se encontraba rodeado de alumnos, conversando, decidió que era su mejor opción para escapar de ahí sin ser notado. Sobre todo, para no ser interceptado por San y caer en la clásica e incómoda conversación de, “qué le pareció la clase y como le fue después del cambio de puesto”.

Apresurándose, salió del salón y de igual forma bajó las escaleras hasta el primer piso. Hasta que vio al exterior y luego su ropa. No le hacía mucha ilusión caminar todo sudado a su casa por una ducha, aun cuando solo eran unas cuadras de distancia.

Mejor se cambiaba.

Mirando hacia todos los lados, buscó unos vestidores o un baño para ello.

- ¿Necesita algo?

Volteando la mirada, se encontró de nuevo con la recepcionista.

Sacando a relucir su bonita sonrisa, la recepcionista inclinó su cabeza con curiosidad, dispuesta a sacarlo de su atolladero. Sintiendo que la vergüenza lo embargaba por unos breves segundos, YeoSang dudó, antes de finalmente acercarse al mesón donde ella estaba.

- Me preguntaba si tenían…¿vestidores? – consultó al final, azorándose.

Claro, podía tener pensamientos de los más sucios con su instructor de baile, pero cuando se trataba de hacer una pregunta de lo más sencilla, se volvía un manojo de nervios. ¿Quién lo entendía?

Al menos, él no lo hacía.

Para su suerte, la recepcionista sonrió más amplio. Tal vez lo encontró tierno. Quien sabe.

- Están en el tercer piso. Subiendo, al final de la escalera va a dar con ellos

¿Subir?

Eso significaba que tendría que pasar de nuevo por el segundo piso, ¿no es así?

Conteniéndose de hacer una pregunta tan obvia, YeoSang simplemente asintió y agradeció con un amago de sonrisa antes de voltear y mirar hacia la escalera. Tomando aire y diciéndose que estaba siendo ridículo, sin contar que llamaría la atención si se quedaba como una estatua al frente de la escalera, pasó a subirla. Aumentando la velocidad a propósito, pasó lo más rápido que pudo frente los amplios ventanales que daban al salón de baile y continuó su camino como un poseso.

Por suerte, sus pasos no resonaban mucho ya que la escalera tenía movimiento, la mayoría siendo de estudiantes que habían salido de la clase y se dirigían también a los vestidores.

Al llegar al tercer piso se dirigió directo al vestidor de varones y agradeció que este no tuviera muchas personas. Al parecer la mayoría de las estudiantes eran mujeres, y los varones que llegaban hasta ahí se cambiaban rápidamente y obviaban la ducha, eso entregándole espacio y privacidad en pocos minutos.

Observando esa ventaja, decidió tomar una ducha rápida ahí y luego volver a su casa.

En serio, el ir todo sudado y apestoso, no le apetecía ni un poco.

Revisando con alivio que había agregado una toalla a su bolso, pasó a desvestirse y entrar en la primera ducha que vio desocupada. Dejando la toalla colgada sobre la barra de la cortina, pasó abrir la llave. Haciéndole el quite al chorro de agua fría inicial, esperó hasta que esta estuvo a una temperatura adecuada, sus músculos agarrotados agradeciéndolo al instante de entrar en contacto con esta.

Era el puto Cielo.

Con el agua sobre su cabeza, YeoSang se permitió borrar toda la incomodidad cargada, al igual que el cansancio acumulado. Dejó que sus agarrotados músculos se relajaran ante el paso del agua por sobre su piel, al igual que dejaba su mente en blanco.

Blanca de recuerdos, excepto por la imagen de cierto bailarín que se empeñaba hacer su aparición en medio del vapor de la ducha.

Uno con unos movimientos de infarto y ojos sagaces, como los de un felino.

Y con la música…

- Ah…- mordiéndose el labio con rapidez, YeoSang medio contuvo ese gemido inesperado, sus pensamientos llevándolo demasiado lejos, al igual que su mano.

Bajando la mirada, notó que se estaba tocando. ¿Cuándo su mano había llegado hasta ahí?

Supuestamente, no debería estar haciendo eso. Supuestamente, era un ducha corta para irse a su casa más limpio, no para masturbarse pensando en su profesor de baile que estaba un piso más bajo…¡ugh!

Mal hecho. No recuerdes al culpable de tu calentura y casi erección.

- Esto es una locura – masculló con dientes apretados, pero aún así, no se detuvo.

Ya estaba a mitad de camino, no se iba a detener ahora. Mucho menos irse con una erección entre los pantalones hacia su casa. Así que, poniéndole empeño, continuó con su labor, sintiéndose el mayor pervertido de la historia.

Entre caliente y culpable, YeoSang esperó que el ruido de la ducha aplacara un poco su sofoco.

¿Por qué no había esperado hasta llegar a la seguridad de su casa?

No te preocupes. Cuando lleguemos lo volverás hacer, le respondió una malvada vocecita desde su interior, YeoSang casi teniendo escalofríos por ello.

Negando, se concentró en terminar pronto, cuando en eso una vocecita lo distrajo. Y esta vez no era una voz proveniente de su pervertido subconsciente, sino del exterior. Para ser más específicos, de la regadera que estaba al lado de la suya.

Una voz melodiosa se alzaba por sobre el vapor y YeoSang se fue perdiendo en ella. Apoyando su cuerpo contra el frío muro que las dividía - YeoSang siseando ante el choque de temperaturas -, se dejó llevar por esa voz al mismo tiempo que se masturbaba y se imaginaba con su profesor de baile. Se lo imaginaba ahí mismo, con sus ojos oscuros, con ese cuerpo hecho para el pecado, el agua corriendo y haciendo caminos sinuosos por su bronceada piel mientras su mano tomaba con fuerza su miembro y hacía el trabajo por él.

Mordiéndose el labio, su dedo pulgar acariciando su glande, tal como le gustaría que San lo hiciera, YeoSang definió que su cabeza debía estar muy trastocada. O tenía las hormonas revolucionadas.

Lo que fuera, igual lo estaba disfrutando.

Le hacía olvidar tantas otras cosas. El estrés, su torpeza en la clase de baile y otro sin fin de hechos, que ahora se volvían tan lejanos, que parecían un recuerdo deslavado comparado con la excitación contra su mano y la agitación en su cuerpo entero ante su fructífera imaginación.

En las imágenes que se sucedían en su mente pervertida, de San aprisionándolo contra el muro con su cuerpo húmedo, su mano alzando una de sus piernas mientras lo jodía fuerte y duro…

- ¡Ah!

YeoSang abrió los ojos con espanto. No podía ser.

Culpable, se llevó su mano a la boca al darse cuenta que había gemido más fuerte de lo que debería, su esencia corriendo por su otra mano.

Oh. No.

No. No. No.

Sintiendo la vergüenza carcomiéndole las entrañas hasta llegarle al rostro, se limpió de una y de igual forma cerró la llave. Debía escapar antes de que la persona al otro lado saliera.

Apresurado se dio media vuelta y tomó su toalla, con tanta prisa que terminó resbalando entre medio, sus pies tropezando por inercia. Haciendo una pirueta de lo más estúpida, con un gritito igual de vergonzoso, terminó cayendo de golpe contra el piso.

El sonido resonó por el baño prácticamente vacío, YeoSang sintiendo que este rebotaba de igual forma en su cabeza.

Como si su orgullo ya no estuviera suficientemente dañado y la vergüenza acorralándolo por todas partes, la cortina de la ducha contigua se abrió.

YeoSang cerró los ojos con fuerza, antes de volver abrirlos y hacerle frente a su peor pesadilla.

O sueño, según como se viera.

Porque ahí, en medio del vapor de la ducha, las gotas de agua corriendo por sus cincelados rasgos hasta perderse por su cuello y pecho, estaba San. El culpable de su calentura y de su triste masturbación en la ducha. También de ese terrible último gemido.

Ahora sí que estaba perdido.