(◣1◢)
Es una noche bastante agitada. Como todas en el club. El sudor corre por mi espalda, se desliza con suavidad hacia mi diminuto short de cuero rojo, la prenda que junto a mi camisa de satén negro previenen mi desnudez.
Desde el momento que me contrataron, me aclararon que nunca bailaría desnudo. Tal vez podían pedirme alguna playera, camisa incluso un corset, pero nunca desnudo. El club no es un prostíbulo, el manager había dicho tratando de agregarle cierta seriedad inexistente a este antro. Yo tuve que contener una carcajada.
Si daba bailes privados de tanto en tanto, al cliente dispuesto a pagar.
Generalmente eran tipos pasados de maduros que olían a rancio. Se sentaban en el sofá del salón con la boca semiabierta y yo rozaba mi cuerpo contra su regazo lentamente, haciendo que se volvieran locos con muy poco esfuerzo.
Pero esta noche no hay ninguna solicitud privada. Gracias al universo.
No se si alegrarme o preocuparme por ello; la comida no se paga sola, tampoco la renta. Ni hablemos de la cuota del conservatorio de música, pues hace más de un semestre que no puedo pagarla y lo más probable es que tenga que abandonar…
No, no pienso abandonar las clases.
El baile es mi vida.
Es por eso que estoy aquí ¿verdad? Pude haber elegido cualquier otro
empleo para pagar la escuela de ballet; lavar platos, ir a un centro de
llamadas…pero aquí estoy, siendo un stripper en un club nocturno.
Las luces se apagan por unos breves segundos y el DJ hace mi
introducción.
Un gran aplauso para uno de nuestros chicos más solicitados: poco se
resisten a esos ojos oscuros, esos muslos fuertes ¡Y a ese glorioso trasero!:
¡Dark angel!
Gritos alcoholizados y eufóricos del público, las luces neón resplandecen y yo hago mi aparición en el escenario.
Hago la rutina de siempre; meneo las caderas, acarició mi torso y mis piernas. La gente se vuelve loca. Con el rabillo del ojo distingo a algún que otro tipo masturbándose. Me inclino para que se luzca mi culo, eso siempre hace que los alaridos se multipliquen.
Confieso que me gusta ser observado por miles de ojos hambrientos, desesperados por follarme.
No puedo negar que me levanta la autoestima. Aunque no lo crean, nunca me he considerado un chico bonito, ni popular. No tuve mi primer novio hasta mi primer año de la universidad. Y siempre he tenido algo de sobrepeso que hacía que los hombres me rechacen. Por supuesto, las clases de baile me han ayudado a tonificar mis muslos y espalda, pero estoy lejos de ser uno de esos muchachos delgados y perfectos con los que nos bombardean en los medios.
Y el baile también me ha otorgado algo más; no me importa.
No me importa si mi cuerpo no luce una delgadez extrema, o si no encajo en las normas de lo que los hombres consideran bello. No necesito la aprobación de los hombres, solo necesito su dinero. Y el baile me ha enseñado a amar mi cuerpo, a verlo hermoso y sentirme hermoso.
La música golpea mi cabeza y yo sigo moviéndome, fundiéndose con ella con movimientos sinuosos y rápidos. Me sujeto del caño en el centro del
escenario y giro alrededor de él. Otra oleada de gritos. Otro giro más lento,
otro meneo de mi cadera.
Cuando cierro los ojos, olvido donde estoy. Olvido que soy una chico gogo en un antro de mala muerte, sacudiendo el culo para un puñado de perdedores.
Olvido las deudas y los problemas de dinero.
Olvido completamente quién soy y formo uno con la música, como si mi
cuerpo se desvaneciera en una energía palpitante e invisible. Ya ni siquiera soy humano, soy una danza viviente. Mi cuerpo se mueve por su cuenta, sin necesidad que yo le ordene nada. La música me maneja como si yo fuera una marioneta.
Es la mejor sensación del universo. Entregar todo control y simplemente
dejarse ir, dejar que la música me lleve donde desee llevarme.
Pero eventualmente tengo que abrir los ojos, para no caerme del
escenario. Cuando lo hago, siento una mirada penetrante perforar en el centro de mi pecho. Tengo miles de ojos sobre mí hace más de tres minutos, pero esa mirada se destaca entre la multitud como dos chispas de hielo seco, resplandecientes bajo las luces de neón.
No puedo ver bien su rostro, pero
asemeja a un demonio acechando desde la oscuridad. Me doy cuenta que ese hombre estuvo observándome hace bastante, y por algún motivo, me siento desnudo. Es algo idiota, pues de hecho estoy casi desnudo sobre el escenario, pero la mirada de aquel hombre me hace sentir indefenso, vulnerable.
Y esa sensación hace que mi miembro comience a palpitar.
Me gusta que me esté mirando, me gusta sentirme acechado, deseado con
tantas ansias. Es ridículo, pues hay fácil una decena de hombres que quieren follarme en este preciso instante, pero esa sola mirada es la que me importa.
Decido dedicarle este baile, por lo menos dentro de mi cabeza. Decido
brindarle la mejor actuación de toda mi puta vida. Así que refuerzo cada uno de mis movimientos; deslizo mis manos por mis pezones duros y mi abdomen fantaseando que son sus manos tocándome.
Utilizo toda la flexibilidad que años de ballet me han dado, y entrego mis movimientos más osados. Me inclino una vez más, ofreciéndole mi culo a su disposición. Giro una y otra vez alrededor del caño.
Estoy goteando y duro como el acero bajo mi pantaloncillo, mi miembro vibra bajo la textura del cuero. Deslizo mi mano sobre mi entrepierna mientras bailo, y la multitud enloquece. Yo cierro mis ojos y me fundo con la música una vez más.
Entregó cada uno de mis movimientos a la canción, y a aquel misterioso
extraño que está encendiendo todo mi cuerpo, todo mi ser.
Estoy tan inmerso en mi trance que ni siquiera me doy cuenta cuando termina la canción.
Abandonó el escenario luego de que las bailarinas del siguiente acto prácticamente me empujaron fuera de él. Doy tumbos tras bambalinas, con mi excitación todavía palpitando entre mis piernas. Muy poco profesional de mi parte pero siento que todo mi cuerpo arde. Con discreción, asomo mi rostro desde detrás del escenario, buscando al misterioso extraño entre en público, pero me temo que ha desaparecido.
Siento un extraño pesar en mi cuerpo; me hubiera gustado ver esos ojos
una vez más tal vez hasta le hubiera ofrecido un baile privado gratis ¿Por qué no? No tengo novio ni nada por el estilo, y he bailado para tantos viejos
desagradables ¿por qué no bailar para un hombre más joven y atractivo?
Después de todo, es solo bailar. Yo no hago más que eso.
Pronto vas a tener que hacer más que eso para pagar las cuentas….
De cualquier forma, es en vano. No hay rastros el hombre misterioso en
ninguna parte del club. Lo busco durante el resto de la noche con ojos
hambrientos, pero no lo vuelvo a ver. Doy unos cuantos bailes privados;
asombrosos para los clientes, aburridos y rutinarios para mí.
Subo al escenario un par de veces más, bailó junto a unas chicas. Pero no vuelvo a tener noticias de mi atractivo admirador.
Unas horas antes del amanecer el antro cierra sus puertas. Los gorilas se encargan de echar a los últimos borrachos renuentes, y llega la hora de cambiarse y vestirse.
El manager del club me entrega mi paga del día; fue una jornada bastante
fructífera, propinas incluidas, pero aun así me siento decepcionado. Llegó a mi piso con una extraña frustración.
Y una calentura como no he tenido en años.
Minutos después de cerrar la puerta, estoy tumbado en mi cama frotando
mi propio miembro. Ni siquiera estoy seguro de haber cerrado bien la puerta pero no me importa. No me he sentido así de caliente desde que era un adolescente. Escupo en mi mano y froto mi miembro, arriba y abajo una y otra vez Normalmente me gusta empezar despacio, pero esta noche no doy más.
Hace horas que estoy palpitando con necesidad urgente. Así que mi mano se mueve a un ritmo frenético, dejando que el placer me inunda por completo.
Cierro los ojos y solo puedo pensar en él. En esos ojos claros devorando
cada rincón de mi cuerpo mientras bailo. Imagino que en efecto, mañana lo encontraré una vez más en el club, y podré ofrecerle ese baile privado.
Imagino sus manos grandes y fuertes recorriendo mi pecho, retorciendo mis pezones con la presión justa, sujetando mi cintura mientras yo froto mi culo contra su erección. Imagino su boca en mi cuello, sus dientes hundiéndose en mi carne. Imagino su polla, dura contra mi cuerpo mientras bailó en su regazo ... .imagino su polla dentro de mí….
Y me corro en mi propia mano.
Dejo escapar un gemido lastimoso y todo mi cuerpo se arquea de placer.
Un placer efímero y solitario, pero el único que he tenido en meses.
Mi cuerpo está exhausto, no solo por el baile sino por mi orgasmo. Hace
mucho no tenía uno. Los músculos de mis piernas tiemblan despacio,
mientras mi corazón poco a poco retorna a su ritmo habitual. Y en ese trance tan delicioso, solo puedo pensar en él.
Sonrío para mí mismo, con la esperanza de volverlo a ver mañana.
—Oh Jimin….que idiota eres…. —suspiro en la soledad de mi cama,
mientras mi entrepierna aun pulsa con suavidad.
Continuará....