Capítulo 1
EDÉN.
Toda historia tiene un inicio y un final. Así que, cuando Edén conoce a Cristal no la tragaba ni un poco, porque creía que era alguien de mal gusto e incluso mala influencia. Sin embargo, su mejor amigo hizo que la aceptará. Y desde ese momento algo cambio.
Esa fiesta, fue donde por primera vez la trato, hablo con ella. Y lo reto.
Las luces a su alrededor brillaban con espontáneo colores que solamente le aturdían hasta hacer que perdiera un poco el sentido de orientación. E incluso el vaso que traía en su mano, había desaparecido por cubrir sus ojos.
Su mirada tuvo que ir al piso para tratar de dominar las luces, se sentía patético por marearse por esos colores que iban de aquí a allá tan rápido.
Gruñó en fastidió.
¿Como es que su amigo Hernán lo había arrastrado a una fiesta de tal magnitud?
Ni el mismo se podía responder a esa cuestión y él ni siquiera se forzaba en responderla. Así que hizo de lado el tema. Se enfoco en buscar a su amigo, para largarse de ese lugar desastroso y mal oliente como le había dicho a Jazmín.
Su olfato no era muy tolerante para el olor a nauseabundo que era una mezcla de sudor, alcohol y tabaco. Que apenas podía soportarlo.
Aparte que el lugar estaba abarrotado de gente, lo cual permitía apenas moverse en ese casa.
Al final encontró la salida y pudo respirar un poco mejor. Vio al cielo y cuando se repuso del repentino mareo, llevo su vista al jardín de pasto mal cuidado color amarillento, alumbrado por la luz atenuante que salía de la casa.
Dio un suspiro pesado al observar a su amigo sentado bajo el único árbol de la propiedad, apenas y se reconocía.
—Hernán, me tengo que ir —informo acercándose a al nombrado con pasos firmes.
—¿Tan temprano? —Interrogo el chico de cabello café obscuro, las palabras las arrastraba con tanta dificultad. Le observo bien, parecía estar orinado en los pantalones y su aspecto era un desastre.
—Estas espantoso.
—Yo nunca, nunca t-te digo cosas —dijo hipeando, el solo dio un suspiro de derrota.
—Vamos Hernán —se acerca más a su amigo y se agacha a su altura—, te ayudo — le tomo de la cintura estirándolo del brazo y pasándolo por la cabeza.
—No te gustaría conocer una amiga, te hace falta diversión en tu vida.
—Ahora no, vamos.
Pero la voz insistente de su amigo seguía resonando. Solo tuvo que respirar para no ponerle un calcetín en la boca.
—Después hablamos de tu amiga —trata de zanjar el tema. Sin embargo Hernán no parecía querer dejarlo.
—No, no, no —indica este. Zafándose del bruscamente —, a quién quiero presentarte —da un hipeo —. Ahorita está aquí, le encanta andar de fiesta.
—¿Estás hablando de...?
—Así es... Vamos, te caerá bien.
Al terminar su oración da vuelta para volver a dónde estaba, así que no tuve otra opción que seguirle. Aunque no habíamos caminado mucho.
—Te presento a Cristal — Dijo extendiendo su mano en forma de darle la bienvenida.
—Ya me la presentaste, ahora vámonos —Indico, al no verla. Él le sonríe con burla mientras hipeaba.
Al ver a un lado de él, la vio. Era una chica de tez blanca que resaltaba ante la multitud si estuviera dentro de una, también sus ojos violeta cautivan tanto que te hacían alucinar. O eso pensaba al verla sonreírle sin emoción.
Su corazón se aceleró a tal magnitud que temía que se le saliera de su pecho. Se contuvo de sonreírle y solo se limitó a darle un asentimiento de cabeza.
—Nos vamos —dice firme a su amigo, Hernán ciñe su rostro en confusión.
—Otro momento.
—Vas a desafiar mi poder —se sorprendió al escuchar la voz de esa chica, era tan firme y mandona.
—¿Cuál poder? No eres mi tipo —respondió de mala gana.
Mientras su amigo se vuelve a sentar en su sitio, observándolo con curiosidad.
Su celular emitió un sonido, haciendo romper el contacto que tenía con Cristal. Sabía que estaba retándolo con la mirada, y eso no le estaba agradando.
Observo la pantalla y el nombre de Jazmín parpadeo dando señal de un nuevo mensaje.
Jazmín: ¿Edén?
—Demuéstramelo pasando solo está noche con nosotros sin irte tan temprano.
Alzo su vista del aparato al volver a escucharla, guardo el celular en su bolsillo bloqueando la pantalla y viéndola con determinación.
«Dios santo, Jazmín me va a odiar por esto» pensó asustando.
—De acuerdo.
Y, sin embargo, acepto el reto. El reto que haría su vida mas deleitable de vivir.